La
escritura de poesía presentada en la forma
de un diario íntimo guarda relación
con el género autobiográfico pero se
descarga de las características que como narración
éste conlleva, pues la escritura en verso no
es lo propio del género autobiográfico,
sino la narración en prosa. Philippe Lejeune
en su ensayo teórico "El pacto autobiográfico"
presenta cuatro condiciones para reconocer este género.
La primera dice que su forma de lenguaje es la narración
en prosa; la segunda, que el tema tratado es la vida
individual; la tercera, que constituye la historia
de una personalidad; la cuarta, y más importante
en su teorización, que esta escritura manifiesta
la correspondencia entre la identidad del autor, la
del narrador y la del personaje.
En
el caso de Diario de poeta no se cumple con la primera
condición, pero sí con las otras. El
yo del enunciado plantea a través de sus sonetos
el desarrollo de una identidad que se torna compleja
al utilizar la noción de poeta como una entidad
dentro de la cual evolucionan metáforas ontológicas
(1).
Hay que recordar que dichas metáforas se utilizan
para entender acontecimientos, acciones, actividades,
estados, emociones e ideas. La configuración
del poeta como una entidad por medio de metáforas
ontológicas, plantea límites que no
pueden ser esclarecidos y visualizados fácilmente.
Así el poeta dice:
Si
yo vengo a vivir a cada cosa, y vivo,
Yo vivo como el aire, que se está en cada
cosa.
A partir de estos versos podemos decir que el poeta
vive en las cosas, por el azar del devenir, su experiencia
vital se refleja en todo su entorno. Sin embargo,
también se puede determinar un otro viviente
que implica una voluntad en manifestación.
En este sentido la identidad del poeta es conflictiva
porque vive entre la idea de hombre como eternidad,
ya que su ser esta en las cosas, pero también
en la del hombre que desea determinar una personalidad
esencial que se va haciendo en el presente, aunque
enfrentando los límites expresivos del lenguaje
verbal. En consecuencia, dice:
Vivir
me es agitarme, y por eso lo escribo,
Para que quede algo... como el perro que hoza
Interminablemente, como en dios o en esposa,
Como buscando el propio hueso de que es cautivo.
Hay
que mencionar que la poesía puede ser lo más
cercano a la autobiografía porque supone un
reconocimiento de la desfiguración que produce
un yo representado (esta es la idea de Paul de Man
sobre la escritura autobiográfica), la poesía
al ser experiencia vital pura que busca encontrar
el sentido más esencial a las palabras, traslada
a dicha elección el tono y la forma más
adecuada y coherente con que se puede expresar un
universo interior. El discurso de la poesía,
como dice Todorov, es principalmente presentativo
y luego representativo. En consecuencia logrará
enunciar el nivel profundo que la identidad manifestada,
expresa.
En
Diario de Poeta la identidad se encuentra en una exploración
que se realiza durante el tiempo de la escritura.
Adán por ello, constantemente presenta algunas
ideas de eternidad, conjuntamente con la idea de una
personalidad que desea enunciarse, al contener en
su escritura el desconcierto que lo rodea, metaforizando
todo el entorno de sus vivencias. El poeta guarda,
entonces, en las palabras toda la actividad experimental
que le produce su estar en el mundo. Por ello su discurso
es en momentos sumamente oscuro y se siente como un
flujo constante que revela la intensidad de una situación
límite. Adán hace del caos metáfora
como una necesidad de expresión personal. Veamos:
La
letra no la sé. Es como el pie, Alma Mía.
No sé a donde me lleva, pero sé que
es lo mío,
Lo más mío, Amor Mío; lo que
hago y lo que fío.
Pero no sé
mi letra de dolor o alegría.
Sólo
que soy y que ando por la vía
Cualquiera, como el viento rastrero a su desvío.
Soy terrestre, Mi letra, Mi lama, Mi Pío,
Mi zancada, mi ser, ¡ ay mi filosofía!
Nunca
volé, que soy duramente de tacto.
Escribo con la letra, pero no soy el acto...
Este desconocido que me habita ninguno.
Y
como la madera de cada bar, escucho,
Escucho como eterno lo inaudito de mucho,
De todo...Y yo sé de nada y de consumo.
O
este otro:
La
vida no se elige: la vida se padece.
¡ Ay, cuando sé que creo!... ¡
y el saber se me olvida!
¡ y cada mañana es como a su fin la
vida!
¡Y me estoy esperando al principio que empiece!
Y
así voy todo tiempo porque la uñe
crece,
Porque aún soy la sombra de cada escena sida...
Y vivo porque soy eterno entre la ida
Cosa y la por venir como entre zeta y ese...
Dios
es tenaz como su creatura.
Y la mujer que lava la ropa del esposo
Y el agua que se está contenida e impura...
Y la vida es eterna, aunque yo no lo diga.
Y la vida es lo que soy, en el llanto o el gozo.
Y la vida es cualquier instante que se siga
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(1)
La categoría metáfora ontológica
ha sido trabajada eficazmente por George Lakoff y
Mark Johnson en Metáforas de la Vida Cotidiana.
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