Sin
embargo, el camino del caos y del límite se
expande abiertamente hasta volver constantemente sobre
sí mismo, reiniciando el conflicto que hace
que esta identidad se encuentre siempre en transformación
y se expanda cada vez más a través de
las experiencias que el sujeto del enunciado puede
traducir en su escritura. La experiencia de la escritura
es, en ese sentido, la experiencia de la vida que
sobrelleva los límites para evocarse a si mismo.
Esta experiencia manifiesta la escritura como una
actividad en la que el poeta (sujeto de la enunciación)
revela, a través de la utilización del
lenguaje, la búsqueda de la sustancia de esa
actividad. Al mismo tiempo también nos muestra
el desarrollo de una identidad que desea encontrar
las variaciones metafísicas y estilísticas
existentes que conviertan al lenguaje en el medio
para sentir esa misma existencia y lograr de este
modo la realización de un yo a través
de una presentación totalizadora. Con ese propósito
el yo poético se cuestiona las palabras utilizadas
en su propio discurso, diciendo:
¿No
habrá palabra fácil para decir cual
quiero?
¿No habrá otra esquina, Amor para
dudar de duda?
¿Que
palabra es fácil de decir cuando la motivación
es encontrar a través de ellas las esencias
que permitan la total liberación del poeta?
El poeta como entidad emerge de las palabras y hace
su principal conflicto el sustraer de las palabras
el sentido último de la identidad que expresa.
Dicha identidad no es la de un yo cualquiera sino
la de un poeta que toma la escritura como un acontecimiento
creador de existencia.
La existencia del poeta está vinculada a la
presentación de sus nociones sobre la poesía,
es decir, su poética. En su escritura, la expresión
"poesía es", una metáfora
ontológica, se presenta de modo frecuente:
Sí,
porque Poesía es como ya se dijo.
Ninguno romperá su estructura secreta.
Algún ojo azul se buscará su zeta,
Y alguna rata blanca se buscara su cobijo
Y
un solidario asaz ha buscarse el hijo
Y ha buscarse el reo alguna vida quieta
En que pueda volar y volar la cometa
Yo no sé...porque soy y me alegro y me aflijo...
Alguno
otro dirá la palabra que callo.
Yo losé, lo sé todo que lo vivo yo
el vivo,
Condenado a mi muerte como a crin el caballo.
Poesía
es asá. Ya no sé poesía,
Sino escribir, callando, todo lo que me escribo
Como si fuera real todo lo que querría.
A
través de las metáforas el poeta concibe
la poesía como algo inefable, una instancia
que se auto reproduce en el acto de la escritura,
una actividad que se reaprende para finalmente llegar
al silencio o a el abandono de la existencia en la
dimensión de las palabras. Por ello dice:
Poeta
dime tu oración callada,
Que no hace vana seña de escritura;
La que, en el seno de su noche oscura,
Ver no deja otra luz que su mirada.
Dime
esa tu oración...de deselada
Nube ciega a quien luz íntima apura...
De honda abeja en la flor de su presura,
Que abre a ilusión de su llegada...
Tú,
que lo tienes todo si deseas!...
Tú que lo tienes todo, que lo creas,
Y lo deseas todo todavía...
-Tú,
que lo tienes todo animas en tus aras...
Tú, que todo lo sabes ya y no paras
Tú pregunta perenne, Poesía...
El
poeta como entidad recreadora se sirve del conflicto
de una identidad hecha de palabras que alcanzan niveles
profundos para presentar un destino. Sin embargo,
como ese destino está atado a la mortalidad,
su identidad padece y revela, a través de la
utilización del lenguaje, la búsqueda
de la sustancia que contiene la experiencia de la
escritura.
©
Angélica Serna*, 2004 
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