Entonces,
usted cree que en la mayoría de casos la literatura
peruana actual no logra conectar al lector con el
texto
Para
hablar de literatura peruana tendría que haber
leído más de lo que he leído
y no me atrevo. Escribí un articulito para
Caretas hace tres semanas. No sé si
ustedes saben que Stephen King ha ganado un premio
literario muy prestigioso en Estados Unidos. El crítico
más célebre del New York Times, Harold
Bloom, dijo que cómo era posible que sucediera
eso si era pura basura. Yo escribí un artículo
sobre el esnobismo en la crítica literaria.
Pero más que esnobismo o pedantería,
hay un problema muy serio de muchos críticos,
con pocos lectores, pero muchos críticos, y
es que aborrecen la idea del entretenimiento en la
literatura. Para volver a citar a María Elena
Walsh, todo tiene que ser profundo... o haberse venido
abajo, una de dos. Ya sólo el hecho de que
una novela sea entretenida e interesante los pone
nerviosos.
Porque
en cierto modo les están quitando a los críticos
capacidad de decir cosas. Es decir, pierden peso
Quieren
demostrar que ellos son tan profundos como el autor.
Y si bien ellos no han podido escribir la novela,
por lo menos saben criticar las de otros. Entonces,
lo que procuran es encontrar la profundidad del alma
humana en cada novela. Lo malo es que en el entretenimiento
también se encuentra la profundidad del alma
humana.
Es
lo que se critica a textos como El señor
de los anillos. Es algo que dijo, por cierto,
el mismo Bloom...
Sí,
mucha de esa gente se ha olvidado de cuál fue
el verdadero origen de la literatura, un viejito ciego
que en una aldea cuenta cuentos, oralmente, para entretener
y en cierta forma educar a sus oyentes en el mercado.
Ese es el origen de literatura. Después la
lectura empezó a independizarse. Primero vino
el romanticismo alemán con sus demonios, término
que también hemos visto en autores peruanos,
mis demonios. Como no tengo muchos demonios, estoy
cagado, ¿no? Yo le daba el ejemplo a Vargas
Llosa de George Simenon, el autor francés,
no sólo de novelas policiales, sino otras muy
buenas. Ha escrito unas 400 novelas, un autor prolífico,
compulsivo, casi patológico. Le decía:
¿cómo es el asunto de los demonios con
George Simenon? ¿Tantos demonios se puede tener
o es el mismo demonio que vuelve una y otra vez? Existan
o no, eso nació con el romanticismo alemán.
Con el tiempo vino el nouvelle roman, toda
esa macana francesa, parisina, no francesa ni siquiera
parisina, de un par de barrios de París...
donde lo importante no eran los personajes ni los
hechos, sino los textos. Los 'texteros', los llamaban.
Por supuesto, son experimentos que contribuyen al
desarrollo de la literatura como experimentos, pero
que luego mueren, porque la gente quiere seguir leyendo
historias. Esto también pasa con las artes
plásticas: aparece una tendencia en pintura
de vanguardia que luego muere y reaparece en publicidad.
La vanguardia sirve para hacer avisos de la Coca Cola
o al mismo McDonald's. En eso estoy bastante en la
retaguardia, la verdad. Por ejemplo, a mí me
gusta una obra teatral de ser posible en tres actos.
Pero cuando comienzan a dar saltos y contorsiones
sobre el escenario, como que digo: "Al circo,
muchachos". Yo odiaba a los pobres Yuyachkani,
que eran tan buena gente, por los zancos. ¡Ya,
carajo, bájense de los zancos de una vez! Son
mis problemas de conservadurismo.
¿Cómo
siente el paso desde Marita en el parque hasta
un Ejército de locos, dos de sus novelas
más representativas, en retrospectiva? ¿Cómo
se puede evaluar ese recorrido? Hay continuos elementos
de sorpresa, por ejemplo, que siempre se manifiestan...
Sí,
soy muy "o'henriesco"... El final sorpresa
me gusta mucho. Aunque no siempre lo uso. Justo estaba
revisando un cuento de mi último libro sabe
Dios cuándo saldrá que termina
sin sorpresa, pero que intenta crear una atmósfera
especial. Sobre sectas, para variar. Una secta rarísima,
basada en la sabiduría de los caldeos. En fin,
se trata de crear una atmósfera entre religiosa
y erótica en ese cuento, pero sin sorpresa
final. No tengo un estilo muy rígido ¡o
que me nace de las pelotas!, más o menos.
Hay
una suerte de pesimismo y también de fatalismo
en sus historias. Una visión descreída
de la humanidad
Perfectamente
cierto, y corresponde a la realidad de lo que pienso.
Marco Aurelio Denegri dijo una vez, citando a Koestler,
que la humanidad era un error de la evolución.
Me permití discrepar: no, al contrario, somos
un éxito de la evolución. Hemos desarrollado
nuestra crueldad hasta límites maravillosos,
hemos triunfado, hemos poblado la Tierra y estamos
desplazando al pobre oso de anteojos que no tiene
la culpa de nada hacia la extinción. Menos
mal que la mujer no es un animal en extinción.
Pero sí, creo que somos bichos bien raros.
¿Y cómo eso se refleja en sus
escritos?
He
sido calificado como un tipo que hace novelas o cuentos,
no sobre personas o hechos, sobre ideas. Una crítica
bastante lúcida, me parece, y hasta cierto
punto totalmente cierta. Con eso intento reivindicar
la famosa novela de ideas, tan venida a menos últimamente.
Trato de colar, bajo el disfraz del entretenimiento,
la diversión, unas ideas un poquito más
hondas. La gente se las traga bonito como las píldoras,
con su Coca Cola para darles sabor.
En
sus últimos libros hay una relación
muy estrecha con Internet, que tiene un doble juego.
Es un objeto como el Aleph, tiene muchos significados.
Posee una función divina pero también
diabólica, una suerte de creación fáustica,
si cabe el término...
Así
es. Y como todos los inventos humanos, sirve tanto
para el bien como para el mal, con preponderancia
del mal. Como pasa con todo lo que inventan nuestros
compañeros de especie. Es decir, la mayoría
de los grandes inventos son a consecuencia de guerras,
tecnologías militares que luego se aplican
a los civiles. Desde la penicilina hasta los celulares
o la misma Internet. Inventamos cosas maravillosas
pero las usamos preferentemente para "el mal",
como diría Saddam Hussein.
¿Y
cuál sería la naturaleza del mal?
Ja
ja, qué buena pregunta. Los católicos
sólo dicen que es la ausencia del bien, pero
ésa es más bien una perogrullada.
Hay
una idea según la cual el mal es una elección
consciente que se da de antemano...
¡Ahí
está, es mi tema! ¡La programación
del ser humano!
Claro,
es una especie de predeterminación porque uno
elige el mal al creer que está haciendo el
bien
Efectivamente.
O creemos en una clara presencia satánica,
real, personal, o en un dios del bien y un dios del
mal, que fue lo que inventaron los seguidores de Zoroastro;
o si no, una falla estructural del ser humano, en
la linda corteza cerebral que tenemos, que sirve para
todo, bueno o malo.
Pero
la cultura humana ha sabido exteriorizar todos esos
conflictos, ¿no cree? La antigua mitología,
por ejemplo, tenía esa función catártica.
Los dioses y los demonios. Ellos representan las tendencias
del ser humano, las polaridades...
Claro,
ahí está nuestra dualidad, aunque no
sé si es una dualidad tan clara. Hay grises.
Hay bienes que parecen males y males que parecen bienes.
Y peor todavía, hay males que por un tiempo
son bienes. Por ejemplo, las culturas humanas generalmente
reconocen el derecho de matar en determinadas situaciones.
No me refiero a la defensa personal, sino a las guerras.
Entonces, el mismo acto de matar, condenado en todos
los códigos morales y éticos, se convierte
en una cosa maravillosa, muy buena. La definición
de bien y mal, digamos, no es permanente ni estable,
por decir lo menos. La naturaleza del mal, no sé,
eso hace que sea tan difícil de definirse.
Bueno, lo que sí es cierto es que un libro
malo jamás será bueno, aunque eso también
es relativo, ¿no? ¿Quién decide
lo que es bueno? El criterio de juicios de una obra
de arte en general también es relativo. Del
pobre Bach se olvidaron cien años hasta que
alguien lo resucitó por ahí y ahora
es quien es. Entonces, el criterio ni siquiera es
la educación. Estamos hablando de duración.
Estamos hablando de Shakespeare, pero uno dice: carajo,
son quinientos años, pero qué significan...
En fin, lo único seguro es que el criterio
no depende de los críticos. Basta con la lista
de premios Nobel, por lo que falta y lo que sobra.
Jacinto Benavente, ¡por favor!
Podría
hablarnos de su proceso creativo. ¿La investigación
sería el punto de partida?
No,
eso es secundario, "en apoyo de", logístico,
digamos. La creatividad, qué difícil
es eso. En mi caso personal, ocurre que de repente
leo una noticia en el diario o se me ocurre una idea
del famoso: "qué sería si es que...".
Me siento, pues, ya no frente una hoja de papel en
blanco, sino frente a una pantalla y empiezan a fluir
las cosas. Ahora bien, cómo sucede eso es un
poco misterioso. Y por qué fluye en mi cerebro
y no en otros. Porque por cada escritor hay cien millones
de personas que no son escritores, de los cuales muchos
creen que lo son. Lógico. No hay nadie que
no quiera mostrar sus anotaciones, quieren que las
vea, tienen unas ideas para una novela maravillosa.
Y a veces me enseñan cada desastre. Uno no
sabe qué decir, uno no quiere insultar, no
quiere ofender, pero la idea es: "Oye, compadre,
dedícate a la peluquería o a cualquier
otra cosa".
Incluso la publicación es ahora más
fácil...
¡Uf!
Pero la misma imprenta ya facilitó mucho eso,
las publicaciones masivas de libros que verdaderamente
no deberían existir. Pero claro, el lado positivo
es que otros que no hubieran estado, al existir esos
medios masivos, ahora sí pueden estar. Pero
también existe una sobreproducción.
La gente siempre habla de la muerte del libro y nunca
se ha publicado tanto como ahora. No creo que Internet
o los medios audiovisuales sean enemigos de la cultura,
sino más bien un apoyo. Por ejemplo, Harry
Potter, todo el mundo despotrica contra él.
Leí el primer tomo y me entretuvo, me pareció
muy divertido... El problema es que luego se hace
repetitivo. Pero hay millones de niños que
han empezado a leer porque vieron la película.
Muchos de ellos siguen adelante y empiezan a interesarse
por otro tipo de literatura. No es tan malo entonces.
Y
la escritura también se ha facilitado mucho,
los chats, los correos electrónicos, los mensajes
de textos
Sobre
todo el idioma del chat, que es tan divertido. Con
'K' todo. "¿Ké kieres?" Pero
no importa, los idiomas se crean independientemente
de lo que pensemos. Se cambian y se transforman. Ahora,
estoy feliz con la existencia de las computadoras.
Para un escritor es maravilloso. Lo que pasa es que
hay muchos intelectuales que son un poco pedantes:
"No, no voy a usarla, le quita la poesía".
Exactamente lo mismo dijeron de la máquina
de escribir, que le quitaba la poesía a la
escritura. Las cosas cambian no necesariamente para
mal. Se facilita mucho el trabajo de burro, digamos,
del escritor, las correcciones, etc.
Un
crítico francés se quejaba de que la
computadora ya no permite encontrar originales
Se
equivoca. Sí es posible, sólo que las
correcciones ya no estarán escritas a mano,
tal vez. Aunque si eso fuera verdad, de todos modos
no creo que fuera una pérdida tan grande.
Lo
que pasa es que hay un fetichismo de la cultura contemporánea
Del
objeto más que del contenido, sí, claro.
Y eso que yo soy fetichista de libros. A mí
me gustan los libros como objetos también,
el olor. Saramago, que a veces escribe buenas novelas,
pero que generalmente habla cagadas cuando expresa
sus opiniones políticas, decía: "Nunca
un correo electrónico tendrá las huellas
de una lágrima". Puta madre, carajo, puedo
hacer un dibujito de una lágrima ¿no?
(risas) Es la típica protesta antiprogreso.
Los famosos "luditas", que destruían
máquinas textiles en Inglaterra (de Ned Ludd,
que así se llamaba el pata que los dirigía),
estaban furiosos con razón, porque les quitaban
trabajo las máquinas textiles, pues una máquina
hacía lo de treinta obreros al mismo tiempo.
Ellos finalmente perdieron la guerra. Siempre hay
luditas por todas partes. El correo electrónico
a mí me parece una verdadera maravilla. Por
supuesto va a matar al correo tradicional, pero ¿qué
le vamos a hacer? Cada invento mata una serie de cosas.
Ahora,
en su anterior novela parodia la competitividad, una
serie de situaciones muy actuales, así como
la idolatría por la computadora...
La
buena crítica empieza con la autocrítica.
En no tomarse demasiado en serio, cosa que mis compatriotas
nunca practican. Si tú escuchas declaraciones
de intelectuales, hay solemnidad por todas partes.
Todo lo ven como una gran estructura inamovible y
nada lo es; todo cambia, todo se mueve. De ahí
vienen las religiones también, ¿no?
Necesitan algo firme, entonces tienen que inventarse
a Dios y, sobre todo, otra muerte. La muerte, esa
gran broma de humor negro. A la edad de ustedes no
se siente. Esperen a tener más de sesenta años...
¿La
muerte no es un paso más?
Me
haces recordar la frase que se le atribuía
al pobre general Velasco: "Antes de mi gobierno
se había llegado al borde del abismo... nosotros
hemos dado un paso adelante". (risas) Nunca
lo dijo en realidad, pero lo jodían de todos
modos.
©
Giancarlo Stagnaro*, 2004 
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