No al veto, sí al diálogo

Publicaciones, Debate July 22nd, 2008

quemar un libroDurante las últimas semanas hemos sido testigos de la controversia entre la ALPE (Alianza Peruana de Editores Independientes) y la Cámara Peruana del Libro (CPL). Como se sabe, el problema ha surgido a partir de que la CPL no quiere reconocer la figura de la representación comercial, en la que la editorial Peisa representa a los sellos independientes.

Al respecto, véanse los posts que Iván Thays, Paolo de Lima y Marco Sifuentes dedican al tema.

Para Carlos Yushimito, miembro de ALPE por la editorial Mundo Ajeno, no se trata de la figura del subarriendo, como lo señala la CPL, sino de un acuerdo de distribución comercial: “Peisa no nos ha alquilado el espacio, sino que le pedimos que lo alquilara para que en esos stands pudieran venderse nuestros libros; Peisa vende todo con sus boletas o facturas, no nosotros”.

Por otro lado, si no se permitiera a las editoriales hacer representaciones comerciales de otras similares, los libreros y distribuidores tampoco podrían alquilar un stand en la feria porque ellos también venden libros de distintos sellos.

Esperamos, como publicación cultural, que esta situación se resuelva pronto, aún a pesar de los visos que indican lo contrario. La CPL ha emitido un comunicado, pero este, a su vez, ha sido reconvenido por la carta –hecha pública– que envía Rosario Torres, editora del Fondo de Cultura Económica, quien llama al orden y a la buena disposición de ambas partes para alcanzar un entendimiento que no empañe tanto el buen trabajo de las editoriales independientes como la vitrina que representa la feria. Citamos:

Señores Consejo Directivo
Cámara Peruana del Libro
Presente.-

Estimados Señores Directivos:

Preocupada por la situación de conflicto que vive nuestro gremio, me dirijo a Ud. a fin de exigir una pronta y justa solución al problema que se ha generado con los editores independientes; de tal manera que no se siga mellando la imagen de la Cámara ni se ponga en riesgo el éxito de la Feria Internacional de la cual todos tenemos muchas expectativas.

En este sentido me permito proporcionar los siguientes elementos de juicio que espero sean de utilidad para dar por terminada esta situación:

1. En primer lugar debo expresar que considero que la expectativa de los editores independientes de contar en esta Feria Internacional con un punto de exhibición y venta se ajusta a los fines estatutarios de la CPL, que establecen que uno de los fines institucionales es promover el desarrollo de la cultura en el país.

2. Debo recordar también que en la Feria del año 2006, por acuerdo de la junta directiva de la cual formé parte, se propició la participación de los editores independientes rentando el stand a Punche Editores, quienes, además, no eran socios de la Cámara, otorgándoles un 25% de descuento (Acuerdo N° 43- 2006, Acta del 26 de junio del 2006).

3. Señalo también que resulta inaceptable que mientras los editores independientes de Chile tendrán un espacio en la Feria, pues asisten formando parte de la delegación del país invitado, a nuestros editores independientes peruanos se les niega esta oportunidad.

Invoco al Consejo Directivo a preservar el prestigio del gremio y no poner en riesgo el éxito de la Feria Internacional, atendiendo el justo reclamo del asociado PEISA (Representante Comercial de los editores de ALPE) y, sobre todo, permitiendo la participación de los editores independientes peruanos. Es una solución que las circunstancias exigen que se tome de inmediato, sin mayor dilación, porque ante la opinión pública se da la imagen de que la CPL no apoya a nuestros editores independientes.

Atentamente.

Rosario Torres Pesantes
Fondo de Cultura Económica del Perú

Está de por medio, como señala Torres, la imagen de la CPL, sobre todo si recordamos que dicha entidad logró la dación de la Ley del Libro y que en los últimos años ha ganado notoriedad gracias a las ferias internacionales en las que el Perú ha participado, yendo de menos a más, y que gracias a ellas nuestros libros puedan adquirir mayor presencia en el mercado editorial internacional. Lo cual es un logro notable si lo comparamos con la situación de las décadas de 1980 y 1990. No perdamos eso por conflictos que cada vez aparecen como de índole personal.

Es de esperar que esta situación halle una solución prontamente, conseguida gracias a un diálogo franco y abierto entre las partes enfrentadas. (Con textos de Mario Granda y Giancarlo Stagnaro).

Más sobre la actividad editorial independiente en El Hablador:

Nuevas editoriales (el caso de un boom remecedor), por Francisco Izquierdo.

Piratas y pirateados. Libros informales e industria editorial, por Jack Martínez.

El libro en el Perú, por Jack Martínez.

La piratería de libros y la ausencia de lectura: en contra del mercado, en defensa de la vida, por Víctor Hugo Quintanilla.

Actualización 22.07: Primó el diálogo entre la CPL y Alpe.

Misterios de la novela

Publicaciones, Reportaje July 10th, 2008

Miguel Gutiérrez.JPGGiancarlo Stagnaro

A principios de año, el escritor Miguel Gutiérrez (Piura, 1940), autor de La violencia del tiempo y El pacto con el diablo, sufrió un impasse hospitalario que hizo temer lo peor. Ya más recuperado de ese trance, vuelve a los fueros literarios con la republicación de su novela El mundo sin Xóchitl y hoy, a las 18.30 horas, presenta la reedición del libro de ensayos La generación del 50. Un mundo dividido (Arteidea, 2008), en el centro cultural de San Marcos.

Después del susto que pasó a inicios de año, en el que fue derivado de un hospital a otro para tratar una dolencia sencilla y que terminó complicándose, esta mitad del año pinta bien para la reanudación de las actividades literarias de Miguel Gutiérrez. Acaba de republicar, en una edición más asequible para el gran público, El mundo sin Xóchitl, una historia de amor incestuosa entre dos hermanos, Wences y Xóchitl, que aborda de paso las costumbres e imaginarios de la Piura de mediados del siglo XX.

Entre los próximos proyectos de Gutiérrez figura una reedición del ensayo La generación del 50. Un mundo dividido, que en su momento despertara polémica por las calificaciones que su autor hacía sobre distintos actores culturales de aquella época. De igual modo, está por concluir la novela Confesiones de Tamara Fiol, cuyo adelanto el Fondo Editorial del Congreso publicara a fines de 2006.

La generación del 50… sale tal como está. No he hecho ningún cambio, salvo dos adjetivos, y revisé la ortografía que estaba un poco descuidada. También explico por qué publico un libro 20 años después de haber recibido tantas críticas. También tengo ya avanzadas dos novelas más y otros proyectos. Espero el próximo año tener buena salud para terminar uno más”, confiesa.

Gutiérrez recuerda que desde muy niño fue un lector exigente y esto se patentiza en su faceta ensayística. Recordemos que es uno de los pocos narradores actuales que se dedica a este fructífero género.

“Hay un tipo de lectura que sigo y seguiré haciendo: una lectura ideológica del texto literario. Sin embargo, planteo cómo en mi tesis y artículos sobre la generación del 50 una lectura ideológica no agota otras lecturas. Las discrepancias que pueda haber con un autor desde el punto de vista de mis percepciones ideológicas no descalifican estéticamente su obra. La otra línea es incentivar al lector mediano a meterse en el mundo de la novela.”

Regreso a Piura
El mundo sin Xóchitl retoma ese mundo que fue retratado con proporciones épicas en La violencia del tiempo. Pero, en esta ocasión, la aproximación a la Piura del pasado usa como pretexto la relación de Xóchitl y Wenceslao, convertida en manuscrito por este último. “Su incesto es puro, carnal, filial, hasta cierto punto. No implica una crítica social, porque este hecho se da en todas las clases sociales. En el prólogo aludo a ello con un tono de elegía, de la pérdida de un pasado. Para mí, el desafío de esta novela era ponerme en ese horizontal mental emotivo.”

La historia de ambos hermanos sedujo durante muchos años al escritor, pero éste, según confesión propia, “no se sentía capaz”. Hasta que la contemplación de unas fotos familiares le dieron el ánimo y la técnica necesarios para abordar tan compleja temática. 

“Escribí con mucha paciencia. Me informé sobre cosas externas, como mi propia educación sentimental con la ópera, cuyo gusto era muy extendido entre los hombres y mujeres de las clases altas de Piura. Hubo mil cosas que debí aprender, incluso para composición y lenguaje.”

El mundo representado también implicó un acercamiento emotivo a esta clase social. “Para mí fue un desafío escribir sobre una clase social que no conozco directamente, procurando no caricaturizarla, sino entenderla. El autor del prólogo, el editor del manuscrito de Wenceslao, sí está más cercano a mi pensamiento. Es un buen recurso literario para esos casos.”

Temáticas y filiaciones
El incesto no es considerado un tema tabú por la literatura occidental. De hecho, Gutiérrez sostiene que El mundo sin Xóchitl pertenece a esa vasta serie de alegorías literarias que se inician con la tragedia griega y se trasladan, por ejemplo, a obras como El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell.

 “Hay un momento clave para mí, que es el momento de la escritura. La novela comienza a existir en el momento en que escribes la frase. Los caminos subterráneos, de los cuales no eres consciente, entran con una serie de elementos que son parte de tu vida y tu cultura, y se cristalizan en una forma nueva. Lo que sale difiere de lo que está animado por la tradición; y el momento misterioso ocurre cuando te dejas llevar por la frase. Te inmolas totalmente por ella.”

En la escritura de Gutiérrez intervienen una serie de procesos de filiación literaria. “No te das cuenta de que eso está ahí hasta que sale. Por ejemplo, en el libro, el personaje de Doña Matilde pertenece a un linaje literario, el tipo de mujeres de una alta posición moral, enamoradas y apasionadas, tan caro a Stendhal, Balzac, Flaubert y Joyce. En Piura, cuando era niño, las mujeres eran extraordinarias. Creo que trato de suplir una falta en la literatura peruana, de personajes muy planos.”

Ediciones masivas
La oportunidad de publicar en el formato de Punto de Lectura, semejante a un libro de bolsillo, surgió luego de que se considerara que la primera edición de El mundo sin Xóchitl (2001) había sido más cara por la inclusión de las fotos que le habían servido de “llave de entrada” a la escritura. En esta ocasión, se han dejado de lado las imágenes.

Sin embargo, eso no lo libró de algunas críticas por haber publicado en un sello transnacional. “Se dice que cómo es posible que Miguel Gutiérrez, que tiene tanta bibliografía y tal postura, publique en un sello así. Seguiré publicando en estas editoriales en la medida que respeten mi pensamiento, porque quiero llegar a mayor público y necesito sobrevivir. No soy hombre de fortuna. Claro que hay contradicciones, pero, como decía el viejo Mao, hay diferentes tipos de contradicciones.”

En todo caso, lo esencial para Gutiérrez es su relación con el poder. “Organizo mi propia vida haciendo las concesiones indispensables para sostener lo mismo que cuando tenía 17 años. Que haya contradicciones, admito que las puede haber. Renuncié a todo esto desde joven a plena disposición del arte de la novela. Lo importante es no traicionar mi pensamiento y la manera de encarar mi vida.”

Dixit

“Me gusta mucho el ensayo como forma, en el que trato dos temas fundamentales: comentarios de mis novelas predilectas; y reflexiones en torno al acto creativo.”

“En Celebración de la novela, reflexiono sobre el acto creativo a partir de mi propia experiencia, teniendo en cuenta lo dicho por otros escritores.”

“Quiero que mis libros representen en conjunto una iniciación literaria, que a mis quince años hubiera querido tener.”
 
“La novela total como paradigma no ha muerto. Las benévolas, de Jonathan Littell (Premio Gouncourt de Novela 2006), sólo es un relato sobre la situación contemporánea, sino que también funciona como imagen general de la vida.”

“Lo que falta es un ensayo sobre la mujer en la narrativa peruana. En la revista de la BNP, hago una revisión de la heroína de la novela latinoamericana, como La Maga y Alejandra. Comencé con una introducción y salió un artículo.”

Publicado en el suplemento Variedades de El Peruano, 30 de junio de 2008.

Foto: Miguel Gutiérrez en la Feria del Libro de Guadalajara, noviembre de 2005.

Respuesta a Silva y Pollarolo

Publicaciones, Debate July 4th, 2008

CornejoJosé Rosas Ribeyro

Un artículo mío que pone a la luz el origen de los tres poemas más conocidos y celebrados de María Emilia Cornejo, publicado en la quinta entrega de la excelente revista Intermezzo Tropical, y una entrevista posterior sobre el mismo tema editada por la también excelente revista virtual El Hablador, han provocado la reacción de dos escritoras peruanas a las que no conozco personalmente, pero que parecen odiarme desde ya por haber osado revelar lo que se oculta en el mito María Emilia Cornejo. Sirvan estas líneas, pues, para responder a las señoras Rocío Silva Santisteban y Giovanna Pollarolo. Lo haré, espero, con menos odio y furia que ellas y tal vez hasta con unas notas de humor.

Si detrás de las reacciones airadas de Silva y Pollarolo no se escondiera uno de los dramas del Perú, la negativa a ver y aceptar la verdad, la polémica con ellas podría ser eminentemente humorística, ya que algunas de las cosas que dicen son para morirse de risa. Una muestra es, por ejemplo, la jocosa paranoia de la señora Silva: termina su artículo escribiendo que “pronto se dirá” que Carmen Ollé no ha escrito sus poemas ni tampoco los suyos Giovanna Pollarolo ni Victoria Guerrero (directora, precisamente, de la revista Intermezzo Tropical que publica mi artículo sobre los tres poemas de Cornejo). Como el asunto parece angustiarla y no soy tan malo como me pintan, voy a empezar por declarar que no tengo la menor duda de que Carmen Ollé escribió Noches de adrenalina, un libro fundamental de la poesía contemporánea en castellano. Puedo añadir, además, que otro gran poeta del Perú es una mujer, se llama Blanca Varela y todos sus poemas los escribió sola consigo misma. Y puedo incluso ir más lejos y confesar que entre los poetas posteriores a los ochenta que he leído (y no he leído a todos, lo siento) me han impresionado mucho Montserrat Álvarez, Victoria Guerrero y Andrea Cabel, tres mujeres. Que entre mis poetas preferidas no figuren Silva ni Pollarolo no me lleva a pensar ni por un segundo que no hayan escrito ellas mismas sus obras, sino todo lo contrario.

La señora Silva hace referencia en su nota publicada en La República a “una reiterada e insistente campaña contra la imagen de poeta de María Emilia Cornejo”. No sé, yo vivo hace mucho tiempo en el extranjero y sigo a medias lo que ocurre en los círculos literarios del Perú, y debo decir que no me había dado cuenta de dicha campaña, ¿o será que para ella el sólo hecho de que Intermezzo Tropical, en su cuarta entrega, haya convocado a diversos escritores a reflexionar un poco sobre M.E.C. es ya una campaña negativa? En todo caso, mi artículo no forma parte de campaña alguna y lo que digo en él se viene diciendo en voz baja y entre sonrisas desde hace treinta años. Intermezzo Tropical tuvo el coraje de prestarme algunas de sus páginas para exponer con claridad y sin hipocresías lo que se venía murmurando.

Silva da rienda suelta a su mala fe y dice luego que, supuestamente, Elqui Burgos y yo ensamblamos los poemas con “restos de versos”, lo cual no tiene nada que ver con lo que digo yo en el artículo ni en la entrevista mencionados. Reitero: nosotros recibimos una serie de textos en bruto de M.E.C. después de su suicidio y de ellos, con mucho respeto, con cariño incluso, seleccionamos algunas líneas, algunos versos, escritos por ella, y los ensamblamos para dar como resultado los tres poemas que después se han hecho famosos. Esa es la verdad, ni más ni menos.

En otro momento la señora Silva, haciendo referencia a los demás textos de M.E.C que conforman En la mitad del camino recorrido, escribe: “Según Rosas Ribeyro estos poemas no valen nada…”. Es evidente que mejor sería para ella leer con los ojos y el cerebro y no sólo con el hígado, porque lo que yo digo es que, según diversos poetas y críticos que menciono, los demás textos de M.E.C. no están a la altura de los tres archiconocidos. Y esto, por cierto, no es lo mismo que lo que con mala leche me atribuye Silva.

Queriendo hacer humor (del malo), la señora Silva nos trata a Elqui y a mí de “Pigmaliones” que “insuflaron” su talento “para crear a una poeta paradigmática”. Otra vez la escritora prefiere sus mentiras a la verdad. Nunca, en ningún lugar, me he referido yo al talento de Elqui ni al mío, por la sencilla razón que nada tiene que ver eso con el tema tratado. El trabajo que hicimos al alimón fue una humilde labor de artesanos para construir en base, por supuesto, al material de M.E.C, unos poemas que a nosotros nos gustaran. Eramos jóvenes, habíamos conocido un poco a Cornejo, que era sanmarquina como nosotros, su suicidio nos había estremecido, y esa fue nuestra manera de rendirle homenaje. Anónimamente, humildemente, sin imaginar que esos poemas se utilizarían luego para construir un mito.

A Silva le choca que yo haya dicho que M.E.C. en vida sólo había publicado (digo “publicado” no “escrito”, estimada señora) “unos cuantos poemitas sociales”. Sin embargo, es estrictamente cierto. Según ella, yo utilizo el diminutivo “poemita” para desacreditar a Cornejo, lo cual no tiene nada que ver con mis intenciones que no buscan desacreditar a nadie, sino establecer la verdad de las cosas. Cuando digo “poemita” hago referencia a que se trata de composiciones pequeñas, de pocos versos y de versos cortos, ni más ni menos. Ese espíritu limeño deslenguado no tiene nada que ver conmigo, que dejé Lima hace más de treinta años. ¿No será más bien lo que ve Silva cuando se mira ante el espejo?

Decir, como hace Silva, que yo pongo en duda “toda la literatura escrita por mujeres” es una tontería tan grande (ya mencioné al empezar algunas de las escritoras que admiro, y hay muchas más en los más diversos universos literarios y, entre ellas, incluso algunas feministas) que produce más risa que indignación. La señora Silva es a veces una humorista a pesar suyo que recurre también a términos insultantes (mi supuesto “macrocefalismo ególatra”, “su amigo mudo” para referirse a Elqui Burgos, a quien antes, en Caretas, había calificado de “mi amigo”) a falta de verdaderos argumentos.

Y ahora pasemos a las notas de Giovanna Pollarolo en Perú 21. Esta conocida poeta y guionista se pregunta: ¿quién escribió los poemas de M.E.C.? Y sin ponerse roja responde ella misma: “Los verdaderos autores, afirma Rosas, son él mismo y el poeta Elqui Burgos”. Es decir que la señora Pollarolo miente sin tener vergüenza, porque ella sabe muy bien que nunca he dicho ni escrito que los “verdaderos autores” de los poemas de Cornejo seamos Elqui y yo. He dicho, y lo repito ahora, que los materiales son de Cornejo y sólo de ella, pero que la arquitectura de los poemas, su construcción, su estructura, la hicimos Elqui y yo al alimón. No es lo mismo y ella lo sabe muy bien porque no es tonta, pero miente para tratar, a como dé lugar, de que el mito no se quiebre.

En su segunda nota en Perú 21, la señora Pollarolo pretende que yo digo que Elqui y yo, supuestos “verdaderos poetas”, habrían hecho que “meros testimonios de una adolescente alcancen las alturas de la poesía.” Nada más lejano de lo que yo verdaderamente digo, es decir, que Elqui Burgos y yo, casi tan adolescentes como María Emilia Cornejo, quisimos meternos en su mundo, un mundo que en parte compartíamos, salvo que ella era mujer y nosotros no lo somos. Y lo hicimos porque éramos compañeros de generación, de San Marcos, y estábamos viviendo la misma explosión liberadora que a ella la llevó a hacer osadas anotaciones. ¿Qué “verdaderos poetas” podíamos ser Elqui y yo que por entonces sólo habíamos dado a conocer unos cuantos poemas en revistas? Teníamos algunas lecturas, probablemente más en poesía que M.E.C. que se había dedicado a otras cosas, eso es todo. Y eso poco que conocíamos lo pusimos al servicio de un universo, el de M.E.C., que nos había estremecido. ¿Podemos dos hombres sentirnos identificados con lo que escribió una mujer a tal punto de terminar siendo los arquitectos de sus mejores poemas? Pues sí, les guste o no a las feministas sectarias, lo cual me tiene sin cuidado.

Para terminar, quiero precisar que mi artículo en Intermezzo Tropical no es un testimonio personal salido de no se sabe dónde, sino la puesta en claro (”noir sur blanc”, se dice en francés) de algo que ya sabían muchos en el mundo literario peruano. ¿Carente de pruebas? La mejor prueba de todo es que no existe manuscrito alguno de los tres poemas famosos y que si se han conservado aún los “originales” que recibió Isaac Rupay para la publicación en su revista, se puede comprobar que estos están mecanografiados con la misma máquina, la mía, con la que lo están algunos textos míos de la época. Como por milagro conservo algunos, así que la constatación es posible hacerla. ¿Lo que digo es confuso?, como lo pretende Pollarolo. No, la confusión está en otra parte: en quienes se aferran a un mito por simples razones ideológicas: un feminismo oscurantista y ya nada liberador.

Lo positivo de todo esto podría ser el anuncio que hace Giovanna Pollarolo de la próxima publicación de un “estudio filológico” de la obra de Cornejo. El problema es que no se puede ser juez y parte. Susana Reisz se sitúa en el mismo campo ideológico de quienes han levantado el mito de María-Emilia-Cornejo-la-poeta-feminista y no es, pues, la persona más adecuada para analizar sin anteojeras lo que hay detrás de sus textos y detrás del mito. María Emilia Cornejo merece un análisis científico, serio, feministamente desideologizado. Un análisis en el que se considere en lo que valen las precisiones que he hecho en mi artículo de Intermezzo Tropical N° 5, la entrevista de El Hablador y en estas líneas, y en el que se incluyan las reflexiones de otros estudiosos y lectores de María Emilia Cornejo.

París, 4 de julio de 2008

Organizan conversatorio sobre María Emilia Cornejo

Debate July 3rd, 2008

La revista Discursiva, una publicación escrita por estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, viene anunciando la realización de un conversatorio sobre María Emilia Cornejo, poeta cuya autoría ha sido puesta en debate en la revista Intermezzo Tropical y, recientemente, en este último número de El Hablador, en entrevista de Francisco Izquierdo a José Rosas Ribeyro.

Ambas publicaciones han originado una serie de opiniones y artículos de Rocío Silva Santisteban, Giovanna Pollarolo y Paolo de Lima (revisar links al final del artículo arriba citado “Cuando cae el mito”).

Para este interesante conversatorio, que se realizará el martes 8 de julio y que se ha denominado “La polémica de María Emilia Cornejo”, participarán Diana Miloslavich e Hildebrando Pérez, así como María Cecilia Trinidad y Jimmy Barrios. La cita se iniciará a las 18.30 horas en el auditorio principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM.

Tiempos de melodrama en El Hablador 15

Publicaciones, Debate, presentaciones May 30th, 2008

15Tiempos melodramáticos los que vivimos, con demostraciones afectivas en directo y dramas de la vida privada convertidos en alimento público de los medios. Sobre las relaciones entre melodrama, cultura popular y literatura versa esta nueva edición de la revista virtual de literatura El Hablador, que de este modo alcanza su edición 15.

Además de nuestro dossier temático, también contamos con numerosos artículos en las secciones de Debate, Estudios, Otros Habladores (entrevistas) y Reseñas. Hemos dedicado este número 15 a la memoria de José B. Adolph, sobre quien presentamos un texto acerca de su narrativa.

En esta ocasión, la Biblioteca o dossier sobre el melodrama latinoamericano. La estudiosa peruana Rocío Quispe-Agnoli –autora de un libro sobre Felipe Guaman Poma de Ayala– revela precisamente los vericuetos de la telenovela contemporánea y su relación con la catarsis del espectador, hecho que demuestra la vigencia del melodrama. Complementan esta sección un estudio del crítico y escritor peruano Alejandro Susti sobre la presencia del tango en la obra de Borges y otro de la investigadora venezolana Adlin de Jesús Prieto sobre el bolero en el novelista cubano Guillermo Cabrera Infante.

La sección Estudios viene, en primer lugar, con un “mini-dossier” de ciencia ficción peruana con un artículo de Christian Elguera sobre XYZ, la novela sobre la clonación de Clemente Palma, un texto que ha sido rescatado por la reciente edición de la PUCP. Luego, tenemos el homenaje al escritor José B. Adolph (1933-2008) sobre su novela Mañana, las ratas, con la firma de Elton Honores. Ambos textos fueron leídos durante el Segundo Congreso de Narrativa Peruana celebrado en octubre de 2007 en Huanchaco, a propósito de una mesa sobre ciencia ficción en nuestro país.

También incluimos textos varios acerca de estudios coloniales –el surgimiento de la conciencia criolla y el barroco americano en Bernardo de Balbuena, por Jaime Zapata Fajardo–, literatura del siglo XIX –la lectura y la educación de la mujer con la novela de folletín, por Johnny Zevallos– y una aproximación a la poesía peruana de vanguardia –La casa de cartón de Martín Adán como documento social, por Richard Parra–. A ello se añade un artículo en francés sobre Salón de belleza, de Mario Bellatin, aproximación desde el psicoanálisis de Jesús Martínez Mogrovejo.

Los Otros Habladores –en esta oportunidad, internacionales– son de lujo. En primera instancia, la escritora chilena Diamela Eltit, en conversación con Claudia Salazar, quien revela su preferencia sobre la poesía de Vallejo y devela la actualidad de la narrativa chilena. Por otro lado, la estudiosa argentina Lilian Fernández Hall dialoga con el colombiano Héctor Abad Faciolince para desvelar los secretos de la escritura autobiográfica, la relación con los blogs y la actualidad de su país natal. En la otra esquina, Carlos Monsiváis sondea el momento cultural latinoamericano: la vigencia del melodrama (como catarsis), el rol de las humanidades y la ecología, y un comentario sobre el presidente venezolano Hugo Chávez y la opinión de los intelectuales mexicanos.

En nuestra sección Debate, incluimos una entrevista al poeta José Rosas Ribeyro, efectuada por Francisco Izquierdo, a propósito del caso de la autoría de los poemas de María Emilia Cornejo. También figura el artículo de Gabriela McEvoy acerca de dos novelas sobre el exilio chileno tras la dictadura de Pinochet, Cobro revertido (Leandro Urbina) y El jardín de al lado (Donoso). Asimismo, Fabio Vélez utiliza la perspectiva deconstructiva para aproximarse al paradigma de la modernidad en la poesía y el pensamiento de Baudelaire. La estudiosa brasileña Gisene Santana nos acerca a un texto fundacional de la literatura de su país: el Ianarana.

Colaboradores y miembros de El Hablador han reseñado textos aparecidos el año pasado: Kafka en el jardín (Murakami), El huevo de la iguana (Calderón Fajardo), Pelando la cebolla (Grass), Lo propio y lo ajeno (Tania Franco Carvahal), El arte de leer a García Márquez (Cobo Borda), “Seré millones”. Eva Perón: melodrama, cuerpo y espectáculo (Susti), Punto de fuga (Gamboa), Bonitas palabras (Izquierdo) y Luna llena (de Miguel Almeyda, escritor de Villa El Salvador).

Finalmente, en la parte de Creación, incluimos poemas de Enrique Sánchez Hernani, José Picón, Pablo Salazar Calderón, Jorge Alberto Collao, Néstor Málaga y John Cuéllar. Asimismo, relatos de Claudia Salazar Jiménez, Raquel Morán, Elena de Yta, Daniel Alejandro Gómez, Tomás V. Richards y Pedro E. Moreno-Vásquez.

Como se ve, se trata de un número variado y con contenido de primer nivel. Esperamos que lo disfruten.

Internet, la lectura y el libro

Debate, Hablablog April 24th, 2008

AmazonKindleGiancarlo Stagnaro

Hará cosa de un mes, en el avión que me traía de Cusco a Lima, estuvo sentada a mi lado una pareja de esposos estadounidenses, ya entrados en años. Cada uno de ellos venía leyendo: el esposo, un libro convencional; y la señora llevaba en sus manos un aparato que a primera vista se me antojó desconocido, si no fuera por la marca reconocible de un portal web: Amazon. Se trataba del famoso Amazon Kindle, un dispositivo para descargar, guardar y leer libros electrónicos.

Resulta difícil que un objeto así deje de llamar la atención. No es cotidiano su manejo en el Perú, ya que sólo se puede adquirir en el referido portal. Me llamó la atención no sólo la destreza con que la señora manejaba el dispositivo, sino la manera en que avanzaba en su lectura, desplazándose con un cursor. Pensé entonces que quizás marido y mujer podían haber estado compartiendo la misma lectura, sólo en soportes distintos. En ese sentido, la imagen se asemeja notoriamente al futuro utópico planteado recientemente en El País, y cuya visión optimista Edmundo Paz Soldán sintetiza de la siguiente manera:

Los nuevos lectores digitales (…) harán esto más fácil y transformarán no sólo nuestra forma de leer; también la idea que tenemos de la literatura. Pronto, no será extraño estar leyendo una novela en un lector digital y encontrarnos con un enlace a un vídeo en YouTube o a un dato en Wikipedia. Tampoco que los lectores puedan mandar, en tiempo real, sus comentarios al autor de un relato o un poema, y que, debido a ello, este decida cambiar la trama de un relato o la rima de un soneto. El autor no morirá, pero la literatura se hará más interactiva. No hay razones para alarmarse: la creación literaria ha demostrado una extraordinaria inventiva para adaptarse a los desafíos de otros medios.

La historia de la literatura demuestra que también es “compatible”: si pudo adaptarse a los cambios de Gutemberg –la primera expansión del libro que originó un cambio sin precedentes en el pensamiento feudal europeo– y luego a la explosión gráfica de los siglos XIX y XX –que derivó en el experimentalismo vanguardista–, también es capaz de hacerlo en estos tiempos de ritmos digitales. Una posición similar es planteada por el narrador argentino Ricardo Piglia:

Lo que ha cambiado básicamente es el acceso a los textos que se pueden leer (…). Las nuevas tecnologías democratizan el acceso a la cultura en sentido amplio y establecen una relación personal muy dinámica con todo ese conocimiento disponible. Ahora, aceptado esto, hay que decir que la velocidad con la que se lee no ha cambiado. El lenguaje escrito tiene un tiempo para ser descifrado que no se puede cambiar. La velocidad de la lectura, más allá de los formatos y de las diferencias entre los lectores, es básicamente la misma. Como sabemos, la técnica de la lectura veloz resultó un chiste idiota. Porque la lectura establece una temporalidad que es la del cuerpo. El lenguaje define nuestra relación con la temporalidad, no sólo porque la tematiza en los tiempos verbales, sino porque tiene un tiempo propio que no se puede cambiar.

Es un hecho que el tempo de la lectura no ha cambiado. Buena fe puede dar de ello la señora que pausadamente, sin la prisa neurótica de las 500 palabras por minuto, leía su libro en el Kindle, seguramente con la finalidad de entender cabalmente el propósito del texto que venía leyendo. Sin duda, uno de los desbarajustes que genera la lectura compulsiva es que, poco a poco, el lector entienda menos y abandone al fin lo que conocemos como el placer del texto.

Ahora, el problema, para algunos, es que Internet hace imposible llegar a ese placer: quienes suscriben esta idea, como el historiador de la lectura Alberto Manguel, sostienen que Internet sólo es capaz de proveernos “una lectura necesariamente superficial”. Manguel rechaza el postulado de que los libros electrónicos permiten una mayor interactividad: “Un libro se puede comenzar por donde se quiera, se puede meter en el bolsillo y llevarlo a otro sitio, se puede asociar con otro; mientras que la lectura en Internet es interactiva sólo en el sentido que permite el programa”.

¿Cuál es la intención de Manguel de criticar Internet o el libro electrónico? Ya en nuestro artículo “Una aventura intelectual” señalábamos lo siguiente:

En su artículo “Homo legens”, el escritor ecuatoriano Bolívar Echevarría sostiene que quienes fungen de detractores de Internet y las nuevas tecnologías en verdad son aquellos que sienten nostalgia por un modo peculiar de entender la cultura, cuando a ésta sólo accedía una elite determinada, cuya educación evidenciaba superioridad ante el resto del cuerpo social. Nos encontramos aquí ante la noción de ciudad letrada enunciada por Ángel Rama (1984). El muro levantado por las instituciones letradas –universidades, medios de comunicación, industrias editoriales, camarillas de poder– genera expresiones de resistencia cultural que, o bien son desdeñadas por la cultura oficial o bien son recicladas (pervertidas, sería el término más exacto) para convertirse a su turno en mecanismos de legitimación.

De ahí que la desconfianza hacia Internet no sea otra cosa que la angustia frente a la pérdida de esferas representativas e institucionales que la potencial expansión de la red desestabilizaría. Por ello, ya se han producido intentos de asimilar los contenidos del ciberespacio, como reglamentarlos desde una usanza jurisdiccional que permite, si no reprimirlos, al menos mantener cierto “control” sobre ellos. Otra estrategia reside en condicionar los sitios web adscribiéndolos a una institución determinada, como sucede con las versiones en línea de algunas publicaciones, que se cuelgan de un patrocinador para obtener prestigio simbólico, pero a la larga limitan su capacidad crítica y están condicionados a los requerimientos institucionales del sponsor.

¿Cuánto ha cambiado esta percepción con el auge de la Web 2.0? En ciertas partes del mundo, el acceso a páginas como YouTube o Wikipedia está restringido. Por otro lado, se encuentran las discusiones sobre la generación de contenidos o de cómo estos son administrados. Si bien se ha venido planteando una mayor interactividad con la Web 2.0, sus efectos “reales” no han sido del todo esperados, al menos no en el Perú, que en la esfera sudamericana posee el menor índice de penetración por país (a pesar del auge de las cabinas). Después de todo, lo que el usuario más usa cuando entra a una cabina es el correo electrónico y el chat.

En ese sentido, es atendible la observación que formula Sandro Marcone, de la Red Científica Peruana, en un artículo publicado la semana pasada en El Comercio. Es cierto que el problema pasa por una evidente cuestión de infraestructura, pero también es cierto que, en comparación con otros países, la presencia peruana en Internet es muy baja. Es decir, no sólo no generamos acceso, sino que también brillamos por nuestra ausencia en lo que a contenido, inventiva y rigurosidad se refiere.

Pero también ese cuestionamiento que propone Marcone se vincula inexorablemente con la manera en que interpretamos el problema. Por lo general se suele creer que Internet es un subproducto de la cultura juvenil masiva –ellos, después de todo, componen la mayoría de usuarios–, que contiene evidentes roles comunicativos, pero que no se entiende o no es percibido como un factor de cohesión social. Y lo puede ser, dado que las herramientas están ahí, pero no se le entiende de ese modo.

Lo que al fin y al cabo tenemos es un problema de lectura. De igual modo nos comportamos frente al libro, cuyo potencial de fomento ciudadano aún resulta terra incognita para muchos de nuestros compatriotas, como los aún “exóticos” Kindle o Sony Reader, que en otras latitudes coexisten pacíficamente con el libro impreso. Es evidente que con una mayor capacidad lectora, fomentada por una cultura democrática del libro, aumentarán exponencialmente nuestras competencias en el manejo de la virtualidad. Y ese es un reto no de mañana, sino de nuestro presente urgente e inmediato.

Porta 9

Publicaciones April 3rd, 2008

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Acaba de aparecer Porta 9, un nuevo espacio para la literatura virtual. Dirigida por Francisco Ángeles, esta página web ofrece un anticipo de las entrevistas en formato de video con diversos escritores nacionales.

Por el momento, sólo podemos ver un avance promocional. Pero se anuncia que, desde el lunes 7, el portal iniciará sus publicaciones periódicas. Estaremos esperando.

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