¿Una generación?
Monday January 29th 2007, 2:54 pm
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39899.gifPor: Mario Granda

En el conversatorio convocado por la Editorial Matalamanga el jueves pasado, en la que participaron como invitados los escritores Augusto Effio, Johan Page, Edwin Chávez, Leonardo Aguirre, Carlos Yushimito y Ezio Neyra, se ventiló la posibilidad de pensar en los escritores que han publicado en la década del 2000 como una generación. Se referían, sobre todo, a los autores jóvenes que han publicado en esta década y ya tienen uno o dos libros. La pregunta surge automáticamente: ¿por qué pensar en una generación? ¿Por qué pensar ya?  

Al parecer, esta inquietud parece surgir de una necesidad de reconocimiento. Esto es, de una primera lectura de lo que se ha escrito en estos años, y, por lo tanto, de una posible descripción del paisaje literario actual. Hablar de una generación implicarí­a establecer cierto parecido entre las obras, cierto lazo histórico o estético que las pudiera agrupar y presentarlas a un público como algo conocido.  

La mayoría estuvo de acuerdo con la idea de que los autores de ahora ya no están tan preocupados con el tema de la violencia de los años ochenta, que, en realidad, pertenece más a las generaciones anteriores, sobre todo a los escritores de los noventa. Este tema ya es pasado y no existe, por lo tanto, una situación de carácter histórico que la marque, como sí­ ocurrió con las anteriores. Los escritores de ahora, al parecer de Chávez, se definen mejor a partir de un aspecto de la forma, como se refleja en su formalismo o el esteticismo. Yushimito también reconoció este rasgo, pero también dijo que la evasión, caracterizada sobre todo en la literatura fantástica, no siempre implica un alejamiento de la realidad sino más bien otro tipo de referencia, muchas veces más intuitiva que la del realismo. Hubiera sido más interesante escuchar otras opiniones al respecto, pero la mesa tocó otros temas. Solo después, primero hacia la mitad y luego casi al final de la charla, Chávez presentó otras hipótesis. Tal vez podríamos llamar a esta generación la Generación del Messenger (o del Blog, como añadió Aguirre), a diferencia de la de los noventa, que, citó a Santiago Rocangliolo, podí­a ser la generación de la cocaí­na. El otro distintivo serí­a que la literatura de los de la generación del 2000 serí­a la de la falta de “feeling” o sentimiento, ya que sus textos son frí­os, poco comprometidos con las personas y las cosas, solitarios. Esta última idea tal vez fue la más interesante, aunque, como las otras propuestas, faltó ejemplificarlas.  

Pero lo que más llamó la atención se produjo cuando, al parecer, no se habí­an encontrado más rasgos comunes para hablar de una generación y el tema de la generación persistió. En otras palabras, ya no interesaba hablar de una generación en sí­ sino de por sí­, y la pregunta cambió de ¿Se puede hablar de una generación en el 2000? a ¿Formamos nosotros una generación? Si bien la mayorí­a dijo que no se podí­a hablar de generación todavía también se dijo que los autores de ahora forman un interesante grupo que vale la pena considerar. Y no se trata de cinco o diez escritores sino de veinte o veinticinco, algo que antes no se hubiera podido imaginar. Si para la próxima década se recuerdan quince de estos escritores, según dijo Aguirre, es suficiente.  

Reitero que resulta curioso que se hable de una generación -sin insistir en los rasgos que la defina- porque, primero, creo que no es trabajo de los escritores hacerlo. Si tanto hablamos de incentivar la literatura, ¿por qué crear ya una categoría? En el Perú la costumbre es conocida: autor joven más década es igual a generación. Una vez más caemos en el vicio. Se trata de autores jóvenes, con grandes expectativas, prometedores, ¿por qué encerrarlos? La generación recién se vislumbra, pero ya se asume. Está claro que en este paí­s solo lo que tiene el velo académico tiene valor artí­stico (una generación, por ejemplo), pero resulta mucho más increíble que hasta los mismos escritores se lo invistan. Y si en realidad se quiere hablar de una generación, la generación no está hecha tanto de los mejores escritores sobrevivientes (¿quedaremos diez, quedaremos cinco?) sino de todos sus elementos, “buenos” y “malos”, ya que una definición como esta es de rasgo histórico y no estético. Al estudiar la generación del 50 debemos leer a los “buenos” y a los “malos” escritores porque nos acercamos a una generación y no observamos el gusto. Además, se trata de estudiar, no de leer, gozar o vivir la literatura, el arte (en este sentido, todos los que han publicado en el 2000 pueden sentirse aliviados, ya que ya han ingresado a la historia). Pero todos, también, serán leí­dos a partir de un gusto y a partir de allí­ quién sabe cuál será el aire que tomarán. En este aire no están ya los nombres, las inquietudes personales, las generaciones sino aquello que queda, tal vez la verdad. “Un buen verso pierde su género”, decí­a Ví­ctor Hugo. Un buen autor pierde su generación, ya que esta no es lo más importante. Generación es academia.

Muchas mesas, pocos temas

La mesa a la que nos acabamos de referir también nos da pie a hablar de otro factor importante. Hoy son frecuentes los conversatorios en los que se invita a escritores jóvenes, editores de nuevas editoriales y directores de revistas literarias para que hablen sobre su experiencia como escritores, la historia de la creación del sello editorial o las razones por las que se decidió publicar una revista o un periódico. Espacios como estos son los más adecuados para que los invitados a la mesa compartan sus puntos de vista respecto al tema que los convoca, y, sobre todo, para que los asistentes al evento conozcan las razones -o las intuiciones- por las cuales llegaron a ellas. Sin embargo, la mayorí­a de las veces estas oportunidades se desperdician en conversaciones vagas sobre asuntos que ya se conocen o que no es muy difícil de imaginar si nosotros también nos preguntáramos sobre ellos.  

La mesa comenzó con la presentación de cada uno de los escritores, hecha por ellos mismos, y sus opiniones acerca del tema de la generación. Ya revisamos el desarrollo de esta. Pero poco después pareciera que ni los mismos invitados supieran cuál era el tema que seguí­a. Yushimito, que ya habí­a intervenido, preguntó algo sobre las nuevas editoriales, y este pareció el nuevo tema. Algunos dijeron que era sobre todo beneficioso para los escritores de provincia, quienes podrí­an hacerse conocer de forma más rápida (Neyra); otros, en cambio, respondieron que los lectores tendrán la oportunidad de leer con más facilidad a autores jóvenes, algo que antes era imposible de imaginar (Page, Chávez).  

Sin embargo, la pregunta de Yushimito no se referí­a al beneficio que brindaran las nuevas editoriales (Estruendomudo, Matalamanga, Solar, Sic) sino a si las facilidades que hay hoy para publicar un libro -a diferencia de hace diez o veinte años- influyen en la calidad literaria del escritor. Mientras que el escritor de antes debía preocuparse por aprovechar las pocas oportunidades de publicación, el escritor de hoy puede publicar sin mayor reparo, pregunta que nos interesa a todos, pues todos, se sobreentiende, estamos interesados en la calidad de nuestros textos. Este es un ejemplo de lo que sucede cuando los invitados no saben de antemano cuáles son los temas que se tocarán.

Un conversatorio no se desarrolla de por sí (de nuevo al de por sí­) sino en función o en dirección a un tema. Hace poco, en un coloquio sobre revistas literarias, sucedió lo mismo. Aquí están los directores, estas son sus revistas, ¿y después? Los temas surgen arbitrariamente, algunos con un desarrollo feliz, otros con un triste final. El afán de los organizadores, y está bien, está en juntar en una misma mesa a diversos escritores, sea por generación, década o tipo de experiencia, pero la preocupación solo queda en eso, en agruparlos. Son nuevos, son jóvenes, pero esto no es suficiente ya que nuevo es una vieja palabra del mito juvenil. Los más perjudicados son los concurrentes, quienes han ido hasta allá para escuchar algo nuevo de algo, no solo a verlos y decir algo ya conocido (somos jóvenes) sino a decir algo de algo, algo pensado.  

No planear las mesas hace también que los participantes le tengan miedo a arriesgar ideas. Si no hay ningún tema, cualquier novedad, ahora sí­ una novedad intuitiva, será percibida como algo que está fuera de discusión. Pero, ¿cuál es la discusión? La mesa en cuestión también presentó este sí­ntoma, pues se tocaron temas “fuera del libreto” que luego fueron olvidados o rápidamente reprimidos.  

Chávez tocó, varias veces, el tema de la tecnología. Mencionó el chat, la Internet, habló de páginas web, un joven McLuhaniano a todas luces. ¿No podría hablarse del papel de la tecnologí­a en la literatura actual? Si la máquina de escribir cambió la forma de escribir, ¿no ha ocurrido nada con la computadora? Aguirre y Effio dijeron que incluirí­an algunas series de televisión como fuentes de inspiración para su obra, pero, inmediatamente, dijeron que esto “tal vez se deba a mi formación en comunicaciones”, ¡¡¡increí­ble!!! El velo académico ¿Acaso la literatura solo surge de los libros? ¿Y nuestra vida? ¿Por qué no también lo audiovisual? Pueden escogerse como temas autores, directores de cine, músicos, música, teatro, las ciudades, la pintura, etc. Basta que se fije el tema y los invitados lleguen medianamente preparados. Pueden invitarse a una mesa a personas de distintos ámbitos, literatura, plástica, música. El año pasado la Alianza Francesa hizo un ciclo de charlas sobre Jean Paul Sartre. Cada mes invitaron a un especialista distinto: un filósofo, un escritor, un sociólogo, un dramaturgo. 

Problema: en mesas de muchos invitados es inevitable que dos o más escritores se escondan detrás del micrófono. ¿Por qué no menos invitados y mejores temas? En una época que se acusa de virtual e impersonal hay que aprovechar los espacios fí­sicos.  

Comentario: Nietzsche ya hablaba de una “ley draconiana contra los libros”, debido a la cantidad de libros innecesarios que se publicaban en su época. 

Paradoja: Ezio Neyra, quien organizó la mesa y propuso el tema de la generación, dijo que esta discusión era una idiotez.  

Yushimito preguntó pero no se le escuchó, Chávez propuso pero no se le siguió. Retomemos estos temas, llevémoslos a las conversaciones. Hagamos de un conversatorio un conversatorio y de un coloquio un coloquio. Hagamos de una reunión una reunión literaria y no una reunión literal. 



Entrevista a Enrique Congrains
Saturday January 27th 2007, 11:51 pm
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congrains2.jpgMe he propuesto hacer literatura no peruana, muy conscientemente
Enrique Congrains Martin (Lima, 1932) ha protagonizado uno de los retornos literarios más insólitos de 2006. Insólito en el sentido de que estamos frente a un escritor aparentemente distinto del iniciador de la temática urbana en la narrativa peruana contemporánea, puesto que acaba de incursionar, con tres nuevos libros, en un campo totalmente alejado del convencional realismo literario: Gallinita portahuevos, El narrador de historias y 999 palabras para el planeta Tierra. El humor, el absurdo y los futuros posibles caracterizan esta nueva etapa, quizás la más productiva y la más entusiástica en cuanto a la propia vitalidad literaria de Congrains se refiere.

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Puta linda
Saturday January 27th 2007, 6:56 pm
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put.jpgFernando Ampuero
Puta linda
Editorial Planeta, 2006, Lima, 127 p.

No es la primera vez que Fernando Ampuero incursiona en el género de la novela negra. Ya en Caramelo Verde se encuentran algunos de sus elementos, regidos por la violencia, la corrupción y la intriga. Pero ninguna de estas caracterí­sticas completarí­a la definición si se deja de lado la presencia de la pareja, un hombre y una mujer quienes, por suerte o por desgracia, entrecruzan su camino. En Puta linda, Ampuero cuenta la historia de Luis Alberto, un joven trabajador que se propone escribir sobre las putas. El requisito para esta empresa, sin embargo, es tener como tema a una “puta linda”, para lo que comienza a frecuentar algunos bares nocturnos de Lima, y en ellos conoce a Noemí­. La historia de esta joven norteña que hace poco tiempo ha llegado a Lima marcará el verdadero inicio de la novela y le otorgará un orden a la narración, pues en sus visitas al prostíbulo Luis Alberto escuchará la historia a través de los propios labios de esta mujer.

Autor: Mario Granda
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Todas mis muertes
Saturday January 27th 2007, 6:49 pm
Filed under: Publicaciones,Reseñas

neyra.jpgEzio Neyra Magagna
Todas mis muertes
Lima, 2006. Alfaguara. 160 páginas.

Esta es la segunda obra de Ezio Neyra Magagna, joven autor cuyo sólido debut literario (Habrá que hacer algo mientras tanto, Solar, 2005) mereció el interés y la expectativa de la crí­tica nacional. Lamentablemente, su inicio en las letras se ve opacado con esta nueva entrega, publicada a menos de un año de la anterior.

Todas mis muertes (Alfaguara, 2006) desarrolla aspectos de la novela de aprendizaje o Bildungsroman, así­ como de un género poco explorado por escritores de la generación del autor: el policial. Escrita en primera persona y con tiempos y espacios que se intercalan por capí­tulos, la obra presenta fragmentos en la vida de Francisco Neyra, un joven periodista vehemente y rebelde que va descubriendo de a pocos una mínima y tediosa existencia, producto de las tempranas derrotas tanto en lo profesional como en su vocación -por un lado, el rencor y la desdicha al haber sido despedido y posteriormente repuesto en el periódico para el que trabaja; por otro, el abatimiento tras el rechazo de una novela suya por una editorial-. Dicha existencia, por demás pasiva, cambiará radicalmente cuando éste deba, a raíz de un trabajo informativo que no le despertará mucho interés (tendrá que encontrar al autor de un robo millonario), confrontar su pasado, especí­ficamente, su niñez en un pueblo costero al sur del paí­s, Camaná, un territorio que parece haberse estancado en los inicios del siglo XX y en el que se entremezcla la ilusión y la inocencia con el drama y la tragedia de su familia.

Autor: Alberto Villar Campos
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Sanhattan y la chica más linda de Chile
Saturday January 27th 2007, 5:57 pm
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Por: Francisco Izquierdo Quea

El 24 de octubre se inauguró la Feria de Libro de Santiago en la Estación Mapocho, un recinto clásico que se erige en el centro de la ciudad. El invitado especial de esa edición, la número 26, era, como todos deben conocer, nuestro paí­s, Perú.

Mi avión habí­a aterrizado en la capital chilena ese mismo día, a las dos de la mañana. Era la tercera vez que estaba en Chile y la primera que visitaba Santiago. Distinta a otras ocasiones, en donde mi viaje a Chile implicaba visitar a la familia que nunca conocí­ por implicancias de la guerra, esta vez el motivo de mi llegada se ceñí­a, básicamente, a la presentación de El Hablador en la feria. Paco Ángeles, editor de la revista, me acompañ­aría en el evento. Pero para ese entonces, Paco Ángeles aún estaba en Lima: su avión llegarí­a a Santiago recién la madrugada del viernes 27.

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Subjetividad oficial: Exilios, desintegraciones y otros. Una lectura de la crisis social en la narrativa breve limeña de los ochenta
Saturday January 27th 2007, 5:45 pm
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Por: Carlos Yushimito del Valle

Quisiera que el epí­grafe que he tomado doblemente prestado sirviera para esbozar, como planteamiento liminar, dos aspectos que animaron la escritura del presente ensayo. Me refiero, desde luego, a una situación hermenéutica y a un lugar de enunciación.

La primera tiene que ver con un llamado de atención acerca del vací­o, más o menos corriente, en el que la crí­tica especializada ha dejado a la narrativa breve de los ochenta. A mi entender son dos fenómenos claramente diferenciados los que han terminado por originar el estado actual de este confinamiento. Por una parte, dicho periodo (que en términos de renovación generacional se concentra casi exclusivamente en el terreno de los cuentos) tiende a ser observado con suspicacia, más como una etapa de consolidación de autores previos “un lugar de madurez y continuidad para los novelistas de los 50s y los 60s” que como un periodo propicio para el surgimiento de nuevos narradores.

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El Hablador N° 13
Thursday January 25th 2007, 4:25 pm
Filed under: Publicaciones

no_U_turn.pngEl Hablador Nº13 – Enero 2007
Después de un tiempo, que por momentos se hizo interminable, vuelve a aparecer nuestra revista virtual, con mucho material de interés. Francisco Izquierdo Quea esboza una crónica sobre la presentación de la revista en la Feria del Libro de Santiago de Chile. Francisco escribe: “Entonces todos los temores se me fueron. No me importó lo que me preguntara la audiencia respecto a mafias y ese rollo, no me importó hablar cualquier piedra sobre literatura, no me importó que Sharey me tomara tantas fotos. Y fue como quitarme un gran peso de encima.”

Mientras tanto, Carlos Yushimito aborda un territorio poco explorado por la crí­tica literaria peruana, como la visión de los narradores de la década de 1980 acerca de la crisis social y económica de aquellos años. Desde el lugar de enunciación que corresponde al de la clase media tradicional, y a través de sus productos culturales, más especí­ficamente su narrativa breve, este acercamiento quiere entender lo que aconteció en un periodo especialmente crí­tico y estructuralmente colapsado de nuestra historia. En tal sentido, se concordará que 1980 es un año fundamental, por cuanto se trata de un año clave desde su apertura democrática, y por cuanto de simbólica y representativa tiene para una colectividad unida por un mismo pensamiento, afectividad y comportamiento.

Entregamos también un artí­culo del escritor y docente Armando Francesconi de comparación entre las novelas policiales del inglés Wilkie Collins y del escritor argentino Guillermo Denevi, similares pero separadas en el tiempo. De igual modo, desde Brasil, la estudiosa Laisa Fernandez Toissin ofrece algunos apuntes sobre la poética de Ferreira Gullar. En tanto, la docente Laura M. Martins estudia la complejidad de la escritura de César Vallejo en “Trilce XIV”  con los aportes del pensamiento rizomático de Gilles Deleuze.

Enrique Congrains Martin nos explica su retorno a la literatura “no peruana”, como él dice, en una extensa entrevista con Giancarlo Stagnaro y Johnny Zevallos. Congrains relata su salida del Perú, los motivos del exilio y cómo éste ha imbuido su actual producción literaria.

En nuestro dossier, dedicado a la narrativa histórica, encontramos textos de Mario Suárez Simich, Johnny Zevallos y una conversación con el narrador español Antonio Orejudo. Suárez Simich marca un panorama sobre la centralidad que ha venido cobrando la narrativa histórica nacional que da cuenta de las contradicciones sociales del Perú. Zevallos pone el énfasis en la construcción de comunidades imaginarias en la novela Sol de soles, de Luis Enrique Tord. En tanto, Antonio Orejudo distingue entre novela histórica y producto de la industria cultural. “El escritor, de esta manera, realiza una oportuna distinción entre la novela histórica propiamente dicha y la superficial. Esto obedece, evidentemente, al auge contemporáneo de las -novelas detectivescas- que no contribuyen a la formación de una cultura de la memoria y que sólo formarí­a parte económica importante de la industria editorial y la cultura del best seller”, escribe Jack Martí­nez.

Nuestros reseñadores se aproximan a una serie de textos aparecidos en la última curva de 2006. Enumeramos: Comparación y sentido, de Wladimir Krysinski; Franqueando fronteras. Garcilaso de la Vega y La Florida del Inca, notable contribución de Raquel Chang-Rodrí­guez a los estudios coloniales latinoamericanos; y Alberto Hidalgo. El genio del desprecio. Materiales para su estudio, compilación de Álvaro Sarco.

De igual modo, en el plano de la ficción reseñamos dos novelas: Todas mis muertes, de Ezio Neyra; y Puta linda, de Fernando Ampuero.




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