DESENCANTOS
Friday March 16th 2007, 6:03 am
Filed under: Columnas, Hablablog

columnistas61.jpg  TRES VERSIONES DEL INTELECTUAL AUTORITARIO

Por: José Güich Rodríguez

      I

 Estuve rumiando varios días acerca de lo insoportable -sin alusiones desgastadas a Kundera-. Descubrí, y con esto no fundo la quintaesencia, que soy incapaz de soportar a Martha Hildebrandt. Hay varias razones, más allá de su rostro en permanente estado de avinagramiento, y esa destreza para apabullar con tecnicismos lingüísticos a sus víctimas. Detesto a la Hildebrandt por su autoritarismo de barraca militar. Hace unos meses, demostró hasta dónde era capaz de llegar su intolerancia paquidérmica: en el Congreso, una parlamentaria quechua-hablante materna pidió la palabra, y lo hizo en la vieja y bella lengua andina. La Hildebrandt intervino, no para ahondar en las cuestiones planteadas o enriquecer el debate, sino para enrostrarle al Pleno que ahí solo debía hablarse el castellano. El tono y los modales fueron, como siempre, muy de ella: un Hitler del idioma y con faldas; un Pol Pot de los gerundios que se descalza, aburrida, en medio de las sesiones, como si estuviera en su sala o en su jardín de florilegios latinos. Horrendo espectáculo, al que deberíamos añadir sus bostezos de fiera dispuesta a hundir  colmillos en el primer incauto.  La única representante en quien eso se vería natural y hasta atractivo es la adolescente Luciana León, a quien ningún congresista viejo -libidinoso y fetichista-, criticaría por andar desprovista de zapatos y en puntas de pie por todo el hemiciclo, cual nínfula nabokoviana. Y volviendo a la Hildebrandt, pienso que oculta alguna suerte de piloto automático: cualquier discordancia o anacoluto o error de normativa, ahí está ella, con el cuchillo de su verbo en ristre, saliendo de los brazos de Morfeo, porque es sabido que se despacha largas siestas mientras los patricios discuten. Su capacidad para el ninguneo va de la mano con su apetito por toda forma de despotismo. Y ahora se consagra con ese desgraciado proyecto de ley para acabar de un plumazo con la educación gratuita en las universidades públicas. ¿En qué país vive esta mujer, dioses? ¿Sabrá que una empobrecida clase media ha recalado en ese sistema porque las universidades privadas son inalcanzables para un estrato pulverizado por los gobiernos corruptos, especialmente por el que presidió su maestro y guía Fujimori? Patético final de una mujer que salió de las canteras académicas, y que ahora no diferencia entre un hemiciclo y una chacra.

      
II

Mi segunda elección fue Aldo Mariátegui, el director de Correo. Es fácil detestarlo, pero confieso que sus extravagancias de niño malcriado me hacen reír en ocasiones. Valgan verdades, ni siquiera estoy seguro acerca de si debo llamarlo “intelectual”, a pesar de que a veces me asombra comprobar que ha leído a don Luis de Góngora. El pobre Aldo es nieto de J.C.M. Vaya estigma: sus amigotes de la extrema derecha deben de haberlo cubierto con las más espantosas bromas al respecto. ¿Habrá maldecido alguna vez su destino? Quizás es la infortunada víctima de un espantoso trauma. Solo así se explican las incontables barrabasadas que profiere a los cuatro vientos. Pero aún no he dicho exactamente por qué soy incapaz de soportarlo, tanto como a sus compinches neoliberales, inflados de pedantería, arrogancia, anteojeras, necedad y un egocentrismo del tamaño del cerro San Cristóbal. Y eso, para ser honesto,  es en cierto modo llevadero, pues varias personas que conozco de vista en el mundillo cultural responden también a esos patrones. Ahora llego al punto del problema: abomino de la demencia disfrazada de cordura y de sentido común. Los únicos locos que aprecio y venero son aquellos que lo declaran sin tapujos -no importa si hablan solos, dirigen el tránsito o caminan mugrientos y sin ropa por la calle-.  Estos iracundos de raigambre ochentera -los Ghersi, los Espá, los Tafur-, se autoendilgan la condición de herederos de la gran tradición del liberalismo europeo. Pamplinas. Su fe en el mercado y su rechazo a la participación social del Estado es la misma que profesaría un vendedor de hamburguesas o de celulares, o el dueño de una cadena de supermercados. En sus rabietas fundamentalistas, Mariátegui (éste y no el abuelo), y los  geniecillos nacidos con Beltrán en La Prensa, venden  extracto de culebra: “todo lo resuelve el mercado”. Sus amos, qué duda cabe, ya no son las transnacionales, sino los demonios en legión que se agitan en el interior de sus cuerpos de mutantes. Solamente así se entiende su destreza para escupir esos largos y fatigosos cuentos sobre la libertad económica, mezclados con altas dosis de autosuficiencia y racismo (muy bien disimulado). Es gracioso contemplarlos mientras buscan “caviar” hasta debajo de la cama, suspendiendo a lo mejor una placentera faena (caballeros, eso nunca se hace) y en el mejor momento de la noche. Es sabido que ciertas formas de locura permiten enhebrar relatos saturados de una asombrosa racionalidad. Eso me consuela: detrás de las “sólidas verdades” de estos mercachifles late un estado paranoico. Al final, un loco es un loco, aquí o en Shangai; pero definitivamente en nuestros predios nadie puede tragarse el cuento de Aldito y su pandilla: “si el neoliberalismo no funciona, es porque no se aplica en cantidades suficientes”.  

              III

Mi tercera elección fue más reñida. Me desplacé entre el respeto por una obra literaria importante y mi resistencia al autoritarismo. Resolví la cuestión ladinamente: puedo soportar a Mario Vargas Llosa cuando habla de literatura con brillantez y pasión (aunque sus lamentables juicios sobre Arguedas sean engendros ideológicos, catástrofes de laboratorio). Tolero y aprecio al Vargas Llosa que defiende la libertad de pensamiento a rajatabla (porque ese apartado también es zona intangible de mi credo personal, depurado de liturgias y dogmas hipócritas). Hasta puedo admitir que su discurso antiprogresista de hoy es consecuencia de una violenta conversión del pasado. Fue marxista-ateo-sartreano-revolucionario desde adolescente hasta 1969; luego, defensor de Popper y de las democracias occidentales (un Perú convertido en Suiza). Soy masoquista, qué duda cabe: incluso, admito que podría sufrir sin problemas sus extrañas digresiones sobre los obstáculos que, a su juicio, plantean las diversidades étnico-culturales para su soñado mundo de prosperidad, donde el pensamiento liberal, como varita mágica, resuelve todas las necesidades insatisfechas del hombre. Aún puedo leer algunas de los despropósitos que escribió sobre José María en La utopía arcaica sin sublevarme. En ese libro, reveló sinceramente su incapacidad para entender el complejo y hermoso universo del gran escritor apurimeño, igual que cuando presidió esa nefasta comisión investigadora sobre las terribles muertes de Uchuraccay. Tampoco caigo en el juego de sus oligofrénicos enemigos locales, léase fujimoristas que apenas saben deletrear su nombre, o izquierdistas sectarios que se alegran de que haya señores que se hacen los suecos, y no le otorgan el merecido Nobel. Soporto en menor grado exquisiteces como “MVLL es empleado de la CIA”, que su fanatismo de converso, seguro hasta la exasperación de que la historia ya culminó. Diré la verdad. Admiro su vocación flamígera por la creación, territorio en donde ha dado mil batallas exitosas. Y es por ese respeto y tolerancia -a pesar de sus absolutistas ideas sobre las diferencias culturales- que declaro, con firmeza, lo siguiente: no soporto  al Vargas Llosa que menosprecia a la gloriosa ciencia ficción. Los fantasmas de Verne, Wells, Asimov y Serling han de estar furibundos en la dimensión desconocida. Eso es imperdonable, don Mario. ¿Es que nunca soñó con una humanidad que se eleva sobre su tétrica naturaleza y logra sobrevivir al presente? ¿Nunca se conmovió con “El niño feo”(Asimov) o “El centinela” (Clarke)?  ¿Nunca se extasió con The Twilight Zone? ¿Jamás quiso decirle al capitán Nemo que daría su vida por acompañarlo en aquel viaje inolvidable? Ese autoritarismo intelectual está a la altura de su gran talento literario. En nombre de todos los miembros de este culto laico, libre de homilías y de curas mañosos, protesto enérgicamente (vea que hasta podemos perdonar las idioteces de su retoño Álvaro, que ahora relanza ese insufrible Manual contra los progres). Sé que usted recapacitará y algún día,  dentro de unos años, podremos leer su primera incursión en la fantasía: Lituma en las lunas de Júpiter. Vaya que lo disfrutaremos con intensidad y dejaremos los desencantos a un lado.
 


9 Comments so far
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Los miembros de ese culto laico ahora tenemos un gurú, y se llama José Güich.

Comment by Daniel Salvo 03.16.07 @ 6:52 am

Gran refuerzo, Pepe Güich. Uno anda cansado de los ideólogos despóticos.

Comment by Edgar Salgado 03.16.07 @ 1:56 pm

Hola, Pepe, a los años.

Divertido artículo, aunque debo decir que lo que afirmas sobre los gustos literarios de Vargas Llosa no es exacto. Es verdad que, como género, ha dicho preferir muchos otros antes que la ciencia ficción (y si ese fuera un criterio para juzgar a la gente, sabes que estás del lado de la gran minoría), pero también es cierto que Vargas Llosa ha mencionado a Julio Verne entre los promotores de su propia vocación literaria muchas veces. Y en la selección de sus veinte novelas favoritas de cualquier época incluyó Un mundo feliz, de Huxley, para la que escribió este prólogo:

http://espanol.geocities.com/cifiper2002/mvll.htm

Sus referencias a Verne están por todas partes, sobre todo en El pez en el agua. También lo menciona en esta introducción a las obras completas de VLL en Círculo de Lectores:

http://www.letraslibres.com/index.php?art=9718

De todas maneras me parece que hay una deformación del término en llamar autoritario a MVLL, e incluso a Mariátegui, que es, en todo caso, un liberal recalcitrante y termocéfalo que confunde su sentido común con la verdad irrenunciable.

Entre nuestros intelectuales hay verdaderos fachos que podrían ir a esa lista con más rapidez y razones: los hay incluso quienes han juzgado a Abimael Guzmán el pensador crucial de mediados de siglo: ¿eso no es más autoritario que no ser fan de la ciencia ficción o criticar a Arguedas con una mirada eurocentrista?

Comment by Gustavo Faverón Patriau 03.16.07 @ 2:10 pm

Olvidé añadir: un abrazo y suerte con la columna.

Gustavo

Comment by Gustavo Faverón Patriau 03.16.07 @ 2:10 pm

Existe una forma fujimorista de ser un intelectual autoritario. Es la de dar la cara de políticamente correcto en las grandes ceremonias (digamos la OEA) y en los pequeños conventículos organizar la represión, silenciamiento y promoción de lo conveniente en reunión de íntimos (llamemoslo el SIN). Creo que ese te falto, Pepe.

Comment by corderito 03.16.07 @ 9:02 pm

Grande, Pepe, grande. Una columna amena, que pega de arranque. A pesar de los detalles que puedan o no faltar, estoy por demás agradecido por este texto disponible para los lectores de este portal.

Comment by Juan Carlos Fisher 03.17.07 @ 4:05 am

Bien por la columna, bien por el club de fans, bien por la canonizacion del opinante. ¿Pero es que no hay quién conteste la opinión discrepante?

Comment by anonymous 03.17.07 @ 1:43 pm

Yo aprecio mucho a Pepe Güich, sin embargo, esta columna me deja varias preocupaciones.

Creo que es importante distinguir entre el dogmatismo y las convicciones. Una persona dogmática sabe las respuestas antes de haberla comprobado, de haber examinados los datos empíricos. Ejemplos de dogmáticos: Cristóbal Colón, quien les prohibió a sus navegantes que dijeran que Cuba era una isla. Otro es Fidel Castro, incapacitado para aceptar que está equivocado y rey de la misma isla que descubrión Colón.

La convicción actúa de otra manera: el hombre de convicciones tiene una relación con la experiencia y saca lecciones de ella. Posee un análisis de los datos y está dispuesto a cambiar su opinión si se le ofrece datos que demuestren lo contrario. Yo veo que ha salido el sol y lo digo. Alguien podría responderme: “¿por qué eres tan dogmático? ¿por qué no te pones en la posibilidad de que el sol no haya salido?” Mi respuesta es muy simple: no es dogma, sino convicción. No hay razones para cambiar mis convicciones si no hay ninguna evidencia que me induzca a ello. Yo tengo la convicción de que Sendero Luminoso es un grupo genocida. Un poeta me escribió una vez para decirme cómo podía ser tan fanático. A ese poeta, la convicción le parece fanatismo. A mí me parece un mero sentido común.

Precisamente son los dogmáticos, los fanáticos, los que quieren hacernos creer que las cosas no son como las vemos. Son los primeros en echar las dudas, los primeros en decirnos que somos intolerantes por no conceder a sus ideas. Así proceden los cristianos fundamentalistas, los negacionistas del holocausto y los apologistas de Sendero. Quieren poner dudas donde no es necesario que las haya por la sencilla razón de que no hay evidencias que la permitan.

Yo leo a Aldo Mariátegui y suelo estar en desacuerdo. Leo a Vargas Llosa y rara vez estoy en desacuerdo. Habiendo o no discrepancias, no veo su actitud como autoritaria, sino más bien como basada en convicciones.

Por ello lo que me parece necesario discutir (si queremos una discusión productiva) son las fuentes de las convicciones. Constantemente veo ataques a la “globalización” y al “neoliberalismo”. Veo también que se recurre a la sátira (Pepe Güich convierte el mercado en “una varita mágica”) pero que rara vez se discute con datos en la mano. Cuando observo los datos, yo veo que el proteccionismo y los movimientos anti-globalizadores protegen el interés de unos pocos que no son pobres y promueven que los más pobres no puedan competir y permanezcan en la miseria. 200 pobres del tercer mundo mueren cada hora como consecuencia de su pobreza; mientras tanto, los anti-globalizadores piden protecciones y subsidios con el fin de cerrarles las puertas a quienes no tienen nada. Si queremos combatir el autoritarismo, vayamos a los datos, analicemos los casos de manera concreta. De otro modo, caemos precisamente en el dogmatismo, es decir, en la aceptación de creencias obtenidas por la fe. Lamentablemente, el estilo estrafalario e injurioso de Aldo Mariátegui le da una pésima vitrina a una política que contribuiría a sacar de la miseria a los pobres.

Discutamos, pues, ideas sobre la base de infomración. Invito a Pepe y a los lectores de este blog interesados en el tema, que visiten el Gran Combo Club. Allí encontrarán economistas como Silvio Rendón que nada tienen de derechistas ofreciendo datos precisos y razonamientos. Algunos posts que les recomiendo son uno sobre un sindicato chilenos:

http://grancomboclub.blogspot.com/2007/03/la-empresa-capitalista-asesorando-los.html

y este otro sobre Wal Mart (la bestia negra de los antiglobalizadores):

http://grancomboclub.blogspot.com/2007/03/la-gran-escala-y-los-ms-pobres.html

Los invito a leer y analizar el post y sus comentarios. A mí me han resultado muy iluminadores.

Finalmente, para Pepe: buena suerte y mucha inspiración en las columnas que esperamos leer.

Comment by Daniel Salas 03.17.07 @ 8:06 pm

Coincido con el post de Daniel Salas, analicemos los datos y a partir de alli busquemos las soluciones.
Algo aparentemente tan sencillo y elemental es dejado de lado dia a dia en todo ambito de cosas.
Quiza por ello es que coincido tambien en lo esencial con las ideas de Guich, hay muchas posiciones de fe en las afirmaciones de nuestro mayor literato.

Victor Pretell

Comment by Victor 03.27.07 @ 1:33 am



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