LA PAPAYA MECÁNICA
Friday March 23rd 2007, 6:23 am
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columnistas91.jpgYo también quiero (tentar) un Oscar

Por: Diego Cabrera

Nunca he sido partidario del Oscar y, gracias a sus traductores locales, menos del que se transmite en el Perú. Lo que sucedió durante la última entrega parecía una broma más cruel que Mario Velásquez emulando a Montesinos en Mariposa negra: El laberinto del fauno de pronto se convirtió en “El laberinto del Pan”, bromato incluido, cortesía de una desubicada “traductora profesional”.

Los señores de Frecuencia Latina deberían ser más cuidadosos al momento de elegir quién le pondrá la voz a la fastuosa ceremonia. Dicen los entendidos que cada veintipico de febrero o primera semana de marzo, el conocimiento y la espontaneidad de Pepe Ludmir se extrañan más que nunca. Lástima que por esos años la palabra Oscar solo me remitiese al tío de mi primo y no al tío de una bibliotecaria de la Academia de Hollywood. Mi afición por el cine es relativamente reciente, mientras que mi indiferencia por El Oscar pareciera ser patrióticamente eterna e insoportablemente crítica. Tengo que admitir que a medida que la fiebre provocada por la estatuilla dorada va en ascenso empiezo a sentirme el crítico más hipócrita del mundo, el más ignorante y el más despreocupado. Y es que a mí El Oscar no me quita el sueño, sino que me lo da. Y mientras más expectativas me genera, más rápidamente quedo rendido.

Me pasa desde que lo comencé a seguir con culposa devoción, allá por el 2001, y este 2007 no fue la excepción. Mis expectativas eran mínimas, pero me hubiera gustado ver más situaciones fuera del libreto, como la del otrora genial Martin Scorsese recibiendo de manos de sus amigos Lucas, Spielberg y Coppola el Oscar a Mejor Director, el mismo que le fuera negado injustamente en varias oportunidades; el loable y emotivo discurso de Ennio Morricone; y a Ellen “DeGenerate” en sus dos momentos memorables, uno al lado de Clint Eastwood, e inmortalizado por Spielberg, y otro con un guión de por medio y protagonizado por el buen Marty.

Justamente, hablando de libretos, antes, durante y después de la ceremonia el crítico local también tiene un papel que desempeñar y que comienza oficialmente el día de las nominaciones. Para  estar al día con la fiesta más grande del cine es necesario conocer a los invitados. Solo despertándose alrededor de las ocho de la mañana y gracias a la televisión por suscripción se podrá confirmar las sospechas que semanas atrás habían comenzado a circular tibiamente en las funciones de prensa, o en algún otro epicentro crítico. Luego, se empezará a tejer conjeturas que se reproducirán como gremlins (a pesar de que siempre irrumpa alguna voz autorizada para postular candidatos ficticios, sobre todo en Plus TV). Finalmente, tras algunas semanas de bisbiseos, llega la noche en la que se conocerán los usualmente obvios ganadores. Es ese día cuando el papel se vuelve más exigente que nunca.

Este año fue casi inhumano. Sentados tres horas y media frente al televisor, soportando estoicamente los alaridos, musicalizados y discursivos, de Jennifer Hudson, juegos de sombras casi tan aburridas como El bien esquivo, deliberaciones paradójicas como la de Infiltrados y un sin fin de torturas que sumadas a una traducción desapasionada, a destiempo y desinformada merecen poco menos que una expiación crítica.

Debo aclarar que mis discrepancias con la premiación norteamericana poco tienen que ver con las que suelen sostener otros cinéfilos, que se basan sobre todo en un snobismo normativo del tipo independiente vs. hollywoodense, irrepetible vs. serial, elitista vs. masivo, serio vs. ligero, espiritual vs mundano, vanguardista vs. anacrónico, etc. Mis diferencias tienen que ver con cuestiones formales, estilísticas y, sobre todo, ideológicas, más aún luego del cinismo demostrado por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas tras la última ceremonia.

Nada más falso que decir que la edición del mes pasado puede ser considerada como la más pluricultural de todas. Si bien es cierto que hubo una gran presencia latina entre los nominados, una vez concluida la ceremonia podemos decir que la misma no fue, y probablemente nunca llegará a ser, determinante. La Academia de Hollywood es incapaz de mirar más allá de lo que les conviene, por ello la máxima distinción que nos corresponde en su empresa es una suerte de “empleado del mes”. Por ello solo son capaces de nominar a directores que recrean la Latinoamérica actual desde su lado mas complaciente, exótico, y miserabilista (Salles, Meirelles, el primer Cuarón, y, sobre todo, Gonzáles Iñárritu). Es una sentencia que nos condena a roles secundarios, a veces no correspondidos con el talento, pero siempre oportunos para un tercermundista.

Por otro lado, dado que el Oscar es un reconocimiento de la industria del cine para la industria del cine, nuestro país está tan cerca de obtener una nominación como de llegar al Mundial de Fútbol. Por estas tierras no solo no cumplimos los requisitos mínimos para ser parte de la lista de invitados, sino que ni siquiera existimos. Un país sin industria, sin un marco legal y gubernamental que la fomente, sin empresas que la respalden, sin universidades y escuelas (privadas y públicas) que formen cineastas capacitados para nutrirla, sin cultura cinematográfica, sin lideres de opinión dispuestos a informar con la verdad y no condicionados por amiguismos nocivos, y sin un público que la demande, jamás será capaz de hacer algo realmente significativo como cinematografía.

A pesar de que en los últimos años el panorama pareciera ser otro gracias a jóvenes realizadores como Josué Mendez, Claudia Llosa o Gianfranco Quatrinni, la gran mayoría de los demás directores no tiene una formación profesional en el exterior. Si no emprendemos un cambio estructural, nuestra cinematografía permanecerá en la inconstancia, la desazón, la marginalidad, la ignorancia y el anonimato. Tendremos que resignarnos, para variar, a sentir envidia sana por nuestros vecinos argentinos, colombianos, brasileros y mexicanos, quienes  esperan un reconocimiento verdadero, mediáticamente fundamental, y económicamente rentable, mientras nosotros esperamos al menos una nominación sentados frente al televisor.




El señor Cabrera pasa por el análisis superficial (con guiños cómicos, de comodín): “Este año fue casi inhumano. Sentados tres horas y media frente al televisor, soportando estoicamente los alaridos, musicalizados y discursivos”.
Pasando por el tono llorón cuasi nacionalista: “Por ello solo son capaces de nominar a directores que recrean la Latinoamérica actual desde su lado mas complaciente, exótico, y miserabilista”
Y termina con las perogrulladas viseralistas del buen crítico efectista: “Por otro lado, dado que el Oscar es un reconocimiento de la industria del cine para la industria del cine, nuestro país está tan cerca de obtener una nominación como de llegar al Mundial de Fútbol.”

Comment by El hombre de la luna 03.24.07 @ 12:34 am

¿Y qué me dicen de Frabrizio Aguilar y del patita ese que dirigió el mamarracho de Talk Show? ¿Dónde queda el sentido mediático con ambos personajes?

Comment by Ex mozo del Chifa 03.24.07 @ 1:23 am

Uno más que se excita con el tal Quatrinni. Por qué no dicen la verdad?

Comment by Cucho 03.24.07 @ 5:34 pm

El cine peruano no necesita una nominación al Oscar, sino un aumento en la calidad de sus películas. Josué Méndez y Claudia Llosa han sido inflados por la crítica local cuando lo único que han hecho hasta ahora ha sido continuar con la mediocridad de nuestro cine.

Comment by anonymous 03.24.07 @ 5:59 pm

Atraco que hayan inflado, y mucho, a la Llosa, pero no se maleen con la chamba de Josué Méndez, quien al menos ha hecho una película bastante decente y bien llevada.

Comment by Osito Bimbo 03.24.07 @ 7:42 pm

Yo quisiera ver de nuevo la película de Quatrinni, pero en Polvos venden una versión malaza. ¿Alguien puede decirme donde puedo conseguir una versión al menos parada?

Comment by El Ciego 03.24.07 @ 7:45 pm

No jodan!! Mendez, Llosa y Quatrini, sin ser ningunas maravillas, han hecho cosas bastantes decentes y q hacen avisorar mejores tiempos… ni punto de comparacion con los mamarachos de TALK SHOW, MAÑANA TE CUENTO o PELOTEROS, q hace tiempo son las peliculas nacionales q inundan nuestras salas

Comment by vitocha 04.01.07 @ 6:39 pm





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