LUCIANO DE SAMÓSATA, O LA VALIDEZ DEL RELATO MENTIROSO
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Por: Carlos Calderón Fajardo
En el artÃculo anterior habÃamos escrito sobre el realismo: el realismo fantástico, el realismo en narrativa, que cuenta sobre lo real, y no sobre la verdad de las mentiras. Lo que implicaba un pacto diferente entre el escritor y el lector al que planteaba M. Vargas Llosa en su Verdad de las mentiras. El presente artÃculo es complemento del anterior y tiene que ver con la mentira absoluta como fundamento en la narrativa, en un texto donde se cuenta una historias totalmente mentirosas. La mentira como delirio narrativo, y a partir de este punto efectuar algunas reflexiones sobre la literatura fantástica.
I) Esperaba que alguien me preguntase (en los comments) si yo me consideraba un escritor realista o fantástico. Porque he escrito textos realistas y también fantásticos. Es el tema el que me pide ser contado de forma realista o fantástico. Yo escribo dependiendo del tema sobre el que quiero contar. Se puede escribir sobre la realidad, pero también sobre lo inexistente. La realidad es terreno de la literatura pero la irrealidad también. Yo dirÃa que si alguna etiqueta se podrÃa utilizar para caracterizar la mayor parte de lo que he escrito, no encuentro otro que el de “realista-fantástico”, aunque el oximoron fastidie a algunos. Alguien comentó, en relación a mi artÃculo anterior, que el problema de la dicotomÃa verdad-mentira es algo fútil. No quiero hacer un recorrido desde Aristóteles a Kant, Heidegger y Pierce y Wittgenstein, por citar sólo algunos nombres. (Hay una entrevista muy interesante a Rose Mary Rizo Patrón, en el último boletÃn de La Católica sobre el tema de la verdad y la mentira. Y a este señor que llama fútil al que es quizás el problema más importante de la historia de la filosofÃa le recomiendo la lectura del libro de Nietzsche: La verdad y la mentira más allá del bien y el mal).
A propósito del comentario sólo quisiera decir que si no hubiese esta distinción entre lo falso y lo verdadero, no sabrÃamos qué es falso y qué es verdadero. Y tampoco qué es verdad y qué es mentira, entonces todo serÃa verdad y mentira al mismo tiempo, y entrarÃamos a un terreno muy peligroso en todos los ámbitos de la existencia. En narrativa es un problema clave, porque se parte de la idea de lo que se cuenta en un cuento o en una novela es una mentira a diferencia de la historia que cuenta la verdad. ¿Es cierto esto? No puedo responder contundentemente. (El asunto existe como problema desde los tiempos de Platón que pensaba que habÃa que expulsar a los poetas de la República por mentirosos.) Sólo puedo dar vueltas alrededor del problema.
II) ¿Qué necesidad hay de decir éste autor es realista y éste otro fantástico? Es necesario porque para conocer y afirmar lo que sea sobre algo es imposible no ponerle nombre a los fenómenos y clasificarlos en esquemas. Cuando estos esquemas no son suficientes entonces son modificados, enriquecidos. (Por supuesto esta idea está muy elaborada en Kant, y se ha ido haciendo compleja de Kant a la filosofÃa contemporánea. Pero dejemos a los filósofos. Evitemos los tragos fuertes. Estamos en un blog). Sin embargo, algo podemos decir, simplificando: que el conocimiento empieza poniéndole nombres a las cosas, o asignando nombres a ideas simples, que luego se combinan, se van convirtiendo en abstracciones complejas que la dan nombre a fenómenos complejos. No es lo mismo decir: perro, caballo, que literatura realista y literatura fantástica. Tengo que repetir: no es posible conocer algo sin ponerle nombre; es decir, sin utilizar conceptos. Tenemos que clasificar, hacer esquemas y correr el riesgo de caer en el esquematismo. Pero no hay otra salida. En el artÃculo anterior habÃa citado una idea del Sartre tardÃo (de 1967) que queremos volver a repetir. Sartre dice: “De la capacidad de la literatura en poner en cuestión lo real dimana el poder de la literatura, tanto la literatura llamada realista, como la fantástica, lo mismo que la comprometida que la de evasión.”
Si recordamos que hubo (y hay) un debate entre “andinos” y “costeños” que es una polémica que me parece más ideológica que literaria, se debe en parte por la utilización de los conceptos “andinos y costeños”. Son categorÃas geográficas, no literarias. Ni siquiera sociológicamente tiene ya mucho sentido hablar de costa, sierra y selva. Actualmente, la realidad, la literatura, la narrativa peruana es algo más complejo que eso. Hablar de literatura de la costa, la sierra y la selva, nos lleva al costumbrismo, al regionalismo. Para estudiar el surrealismo en Puno, por ejemplo, tierra de vanguardias, no alcanza el termino “andino”. Sirve de algo, ciertamente, pero el fenómeno es mucho más complejo. Churata es puneño, Oquendo de Amat es puneño, yo soy puneño. Y decir “costeños”, es mucho más simplificador. Iván Thays es costeño y Gregorio MartÃnez también. Iván es moqueguano y el Goyo es de Nazca, pero ambos narradores tienen muy poco en común. La definición de Sartre abre el esquema clasificatorio, afina las categorÃas y plantea que existirÃa una literatura realista, una fantástica, una comprometida y una de evasión.
Tomemos cualquier narrador peruano y podrÃamos incluirlo en una de estas cuatro categorÃas. Pero Sartre complica este esquema, ya que el poder de la literatura según el filósofo francés estarÃa dado por el hecho de poner en cuestión lo real. Pero a la vez nos dice algo que no estaba en el pensamiento sartreano ni en el nuestro: “La literatura realista, fantástica, comprometida y de evasión pueden ser cuestionadoras de lo real” (antes se pensaba que sólo la literatura “comprometida” cuestionaba lo real). Y esta idea lleva implicada otra idea por extensión: La literatura realista, fantástica, comprometida pueden no ser cuestionadoras de lo real. Pongamos ejemplos: José MarÃa Eguren y Luis Hernán Castañeda ¿se podrÃa decir que escriben literatura evasiva? Probablemente, si. ¿Cuestionan la realidad? Según mi punto de vista, SÃ.
Con respecto a Eguren, José Carlos Mariátegui tenÃa muy claro el asunto: le dedicó un número de Amauta al poeta de “La niña de la lámpara azul”. Mariátegui era un pensador marxista y comprometido con la transformación de la realidad peruana. No creo que le haya dado importancia a Eguren por amiguismo o porque era comprometido en polÃtica y evasivo en literatura. Si hay un pensador muy coherente en sus ideas en la historia del pensamiento peruano, ése es Mariátegui. ¿Y Jaime Bayly? Creo que algunas de sus novelas sà cuestionan la realidad, otras no (recomiendo lo que Roberto Bolaño dice sobre Bayly en uno de sus ensayos). Pero otra pregunta que se deduce es: ¿Toda literatura que no cuestiona la realidad es mala literatura? Creo que NO. ¿Y toda la literatura que cuestiona la realidad es buena literatura? Pienso que NO. Buena literatura es quizás aquella que abre mundos con el poder expresivo del lenguaje, que dice de una manera distinta verdades sobre la vida que sólo la literatura está en capacidad de expresar. La buena literatura siempre es una literatura bien escrita y a la vez una profunda reflexión, desde la literatura, sobre la vida humana, aunque aparentemente no cuestione lo real. Entonces podrÃa decir con Kant (el creador de los esquemas) que “es muy difÃcil establecer esquemas sobre algo que no se puede conocer porque es inefable.” O citar a Pierce cuando dice: “No podemos tener concepción alguna sobre lo absolutamente inconocible”.
Estoy de acuerdo, la literatura es un misterio y especular sobre ella es una tarea ingrata ya que lo que se dice es sólo una aproximación parcial. Sólo el lector, luego de la lectura, en ese sagrado momento de encuentro de una sensibilidad con otra, de ese diálogo, dirá si una obra es buena o mala, y eso dependerá de la sensibilidad, cultura, gustos, ideologÃa , etc, y hasta de la honradez del lector. Sólo el tiempo, que no perdona, dirá finalmente si una obra es buena no lo es. Y ni eso: Bach demoró cien años en ser reconocido y muchos escritores están a la espera de un critico que los recupere y les dé el sitial que les corresponde. De repente ese crÃtico nunca llega a existir, y no hay nada que se pueda hacer. Pero existe verdad con respecto al valor de una obra literaria. Ni queremos explicarla, no se puede. Pero sà se puede interpretar, decir algo sobre las obras literarias. Sobre lo que sea, comprendida la literatura que es parte de la realidad, tenemos que servirnos de conceptos orientadores y de esquemas. Gadamer es una lectura muy recomendable para el fenómeno de la interpretación de los hechos ocurren en la vida, incluyendo a la literatura. Â
III) Planteamos algunas categorÃas para la discusión, sobre todo si estas son utilizados tradicionalmente por la crÃtica, la academia, y los escritores mismos. Como en esta oportunidad la estrella de este artÃculo es Luciano de Somósata, escritor griego del siglo II, d.c. tenemos que decir algunas palabras sobre la literatura fantástica.
Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, elaboraron una memorable antologÃa que publicaron con el tÃtulo de AntologÃa de la literatura fantástica (Sudamericana, 1965). Al hacerlo plantearon que existÃa una forma de expresión literaria que no era “realista” sino “fantástica” y en el prólogo de la antologÃa, Bioy planteó lo que estos tres escritores argentinos entendÃan por “literatura fantástica”. Y Bioy empieza su prólogo de la siguiente manera: “Viejos como el miedo, las ficciones fantásticas son anteriores a las letras.” Y Bioy también dice algo que nos gustarÃa destacar: “Hasta en las novelas realistas de la antigua china como Kin Pin Weng y Sui Hu Chuan hasta los libros de filosofÃa son ricos en fantasmas y sueños”.
Ciertamente las historias sobre “fantasmas” (de donde viene el término “fantástico”) y las historias sobre “vampiros”, cuyos rastros más antiguos se registran en la literatura Sumeria, se los encuentra como tema en las literatura en el mundo y en todos los tiempos ( incluso en las leyendas folklóricas de todas las culturas). Sin embargo, Bioy señala que la literatura como género más o menos definido aparece en el siglo XIX y en idioma inglés. Aunque señala como precursores al Infante Don Manuel en el siglo XVI y a Rabelais en el siglo XVII, son Poe, Walpole y Hoffmann los que establecen las bases del género. Pero pensamos que Bioy, Borges u Ocampo simplifican la idea de fantástico, por la manera como definen lo esencial de este tipo de literatura, cuya idea se puede resumir de la siguiente manera: En la narración de un mundo plenamente creÃble de repente un hecho increÃble surge y altera la vida real. La fórmula es muy interesante, y es utilizada aún ahora por los escritores, -yo mismo la he utilizado en mi último libro Historias de verdugos. Pero lo fantástico es más que eso. La definición de Bioy deja fuera la literatura sobre vampiros, la ciencia ficción, y la literatura que es fantástica de principio a final, de fantasÃa delirante como la de Luciano de Somósata en sus Relatos fantásticos, autor que no aparece en la antologÃa de Bioy, Borges y Ocampo.
La definición de Borges y Bioy saca de lo fantástico, a formas de literatura realista de tendencia fantástica como las novelas de H.G. Wells, las novelas de vampiros como Drácula de Bram Stocker, o Frankenstein de Mary Shelley, los relatos fabulosos, griegos y latinos, se escapan de esta definición de lo “fantástico” efectuada por estos tres grandes excelentes cultores del género (autores de este tipo no son incluidos en la antologÃa. Es curioso, incluyen a Petronio y no a Luciano, y dudo de que Borges no haya conocido a Luciano). Pero tampoco es cierto que el género se define sólo en lengua inglesa. Son franceses escritores de literatura fantástica: Charles Nodier, Gerard de Nerval, Balzac, T.Gautier, Le Fanu y el gran Mauppasant. Y también alemanes: Hofmann, Ludwig Tieck y Adalbert von Chamisso, que cuenta la extraordinaria historia de un hombre que vende su sombra (ancestro de la novela Nocturno Hindú de Tabucchi, en la que un hombre viaja a la India en busca de su sombra).
Pero Bioy, en su prólogo, tampoco se refiere las razones ideológicas, cuestionadoras de lo real, de la literatura fantástica, que podrÃan explicar por qué su consolidación se produce en el siglo XIX. El siglo cumbre de la modernidad es el siglo XIX, el de la revolución industrial, el de la filosofÃa positiva, el de la ideologÃa cientificista, el siglo de la deificación de la Razón, el siglo de Marx, y también el del apogeo de la literatura realista y el de la literatura fantástica. Se produce en el campo de la vida, la ciencia y la literatura una dictadura de la ciencia y del realismo, y una especie de narrativa contracultural que es la literatura fantástica. Esto porque en la vida, como sabemos, existe un lado oscuro, irracional, y muchos fenómenos inexplicables. Freud abre la puerta en el siglo XX al conocimiento aspectos del comportamiento humano y esto tiene influencia en la literatura. Es que desde los griegos, la literatura, la ciencia y la filosofÃa han estado en un intercambio de ideas constantes. Se han producido modificaciones en fÃsica, y en la ciencia en general, que han cuestionado las certezas, las viejas certidumbres, hasta llegar a una teorÃa de las “incertidumbres” muy en boga ahora en fÃsica. Y la filosofÃa es un campo de batalla de las ideas en que existen escuelas que conciben lo real de manera diferente. La realidad entonces no es sólo aquello que sentido común nos dice qué es. Existen algunos problemas muy importantes sobre el que el realismo puede decir poco, para hablar sólo de uno, acerca del más grande de los misterios: qué pasa después de la muerte, que es, probablemente, el momento más grave de la existencia, como decÃa Vallejo. La literatura fantástica se levanta para expresar que la vida humana es más que lo que se ve en la superficie; muchos grandes escritores realistas escriben literatura fantástica como Balzac, Tolstoi, Gogol y hasta el mismo Thomas Mann. La literatura oficial de los estados nacionales abomina la literatura fantástica, la minimiza, la ningunea, porque ésta literatura irrumpe casi de manera subterránea para cuestionar no sólo la idea de lo real basada en la razón, sino también las monstruosidades creadas por la modernidad, por la ciencia. Eso es Frankenstein de Mary Shelley. La novela gótica, una de las tendencias más destacadas de la literatura fantástica aparece en plena época victoriana. Las historias de la literatura soslayan siempre a la literatura fantástica. ¿Y por qué? Porque la literatura fantástica cuestiona lo real, como exigÃa Sartre. Borges, el padre de la literatura postmoderna, -como lo admiten novelistas postmodernos como Thomas Pynchon, Barth, Brautigan, Umberto Eco- es un gran cuestionador de lo real. Borges, narrador ciego como Homero, otro gran escritor fantástico, no cree ni en el progreso ni en lo nuevo. Borges busca la verdad cada vez más atrás en la historia. Sus cuentos son una sublime parodia de la filosofÃa y ensalza por ejemplo a un filósofo irracional como Swedendeborg, y su crÃtica de la vida moderna es demoledora pero en la forma de sátira exquisita. Es una crÃtica literaria de la vida llamada real. Se mofa de aquel pensamiento de certezas absolutas usando sus mismos instrumentos. Borges crea un mundo de paradojas, y es un escritor fantástico, uno de los más grande de todos. Kafka, según Borges, es un escritor fantástico; para Sartre, Kafka es un escritor realista. Kafka es inclasificable. Todo escritor fantástico es un escritor satÃrico. Y por eso hemos elegido como centro de este artÃculo a Luciano de Samósata, escritor satÃrico y fantástico que lleva lo fantástico hasta un lÃmite difÃcil de superar. Es decir a relatos que cuentan sobre un mundo absolutamente fantástico. Para terminar con esta parte de nuestra reflexión diremos que estamos partiendo de una definición in extenso de lo que se considera literatura fantástica. La consideramos que es aquella literatura que trata un mundo que es no el aceptado por el sentido común como real. Elementos fantásticos se encuentran en obras clásicas como La Divina Comedia, de Dante, Los Sueños de Quevedo, o Hamlet y Macbeth de Shakespeare. Italo Calvino, cuyas algunas de sus obras podrÃan ser calificada también dentro del realismo fantástico, llamaba a este tipo de literatura lo “Fantástico visionario”, en el que se podÃa incluir no sólo novelas como El caballero inexistente del mismo Calvino, sino también El elixir de la larga vida, de Balzac, o La cámara de los tapices de Walter Scott. Entonces el concepto de “fantástico” va más allá de la definición dada por Borges y Bioy, abarca toda aquella literatura tiene como referente un mundo alternativo al real, poniendo énfasis en lo oculto e irracional en la vida humana.
La llamada literatura fantástica, como en el caso de Hoffmann y mucha otros, fundamentalmente autores del siglo XIX, no es propiamente fantástica, sino que pretenden una sÃntesis entre realidad y fantasÃa. Para algunos la Novela Gótica no pertenece al género fantástico, para otros lo Gótico es una de las tendencias más destacadas del relato fantástico. Pero la literatura fantástica suele tener en el “fantasma” como su personaje principal, las Historias de fantasmas de Henry James, o las novelas de fantasmas de Arthur Machen, son literatura fantástica, y sobre todo la obra de H.P Lovecraft, máximo exponente del relato materialista de terror. Porque el terror, el horror, es uno de los elementos más caracterÃsticos de lo fantástico. Pero la literatura llamada maravillosa también es fantástica: El señor de los anillos de Tolkien, por poner sólo un ejemplo. Pero lo son del mismo modo los autores de relatos fabulosos, de hace veinte siglos, en los cuales la realidad común y corriente es reemplazada por una realidad alternativa, totalmente imaginaria con elementos inventados y que no existen en la realidad; y que va desde zoologÃas fantásticas a seres extraterrestres, hombres vampiros, hombres lobos, seres artificiales, y entidades que sin poseer vida real poseen existencia imaginaria. Poseen la realidad que les confiere existir en un libro.. Siempre me he preguntado si la literatura por más realista que sea no es fantasmática. Todo personaje creador por la literatura es un fantasma. Entonces la literatura es fundamentalmente una literatura real fantástica. Una cosa es la realidad y otra la literatura. Es un error pensar que una debe ser copia o imitación de la otra. La literatura será siempre autónoma de la realidad, posee reglas de juego distintas a la realidad. La literatura es a la realidad lo que el al hombre es su sombra. Y a veces en nuestra sombra existe lo innominado, lo oscuro, lo terrorÃfico. Lo que nos persigue. Lo que nos espera.
IV) Luciano es un escritor griego nacido en Siria en el siglo II. D.C. (de origen semita). No voy a reseñar las obras principales de Luciano, que según el diccionario Larousse serÃan: Diálogos de los muertos y Diálogos de los Dioses. Voy a referirme solamente a su relatos publicados con el tÃtulo de Relatos fantásticos (Alianza Editorial, 1998). Al parecer en la época de Luciano estaba de moda la literatura fantástica. El mundo de lo real estaba en manos de los filósofos y los historiadores que justamente Luciano parodia y satiriza. Destacaban entre narradores de relatos fantásticos: Yambulo, Ctesias, Diodoro. Estaba muy en boga el relato fabuloso, las aventuras extraordinarias y los viajes exóticos. Los libros de paradojas eran muy solicitados. Y a la gente le encantaba la parodia y la sátira (como hoy los blogs). Se parodiaba a filósofos como Platón, a historiadores como Herodoto. Se parodiaban entre ellos mismos, como los relatos marinos de Diodoro que Luciano parodia a su regalado antojo. Y era frecuente el diálogo intertextual entre escritores y sobre todo con el que era la Biblia de todos los narradores: Homero. Se le parodiaba, se jugaba con pasajes de La Odisea. La Odisea era el paradigma del relato mentiroso. Y no era para menos, Homero les cuenta (en Odisea Cantos IX y XII) a los de Alcinoo sobre la cautividad de los vientos, sobre hombres de un solo ojo, sobre devoradores de carne cruda, sobre animales de muchas cabezas, sobre la metamorfosis de sus compañeros y todo tipo de prodigios. En griego, la expresión: “Un relato de Alcinoo” se convirtió en la designación coloquial del relato mentiroso.
GarcÃa Márquez es un narrador de ese tipo. Cien años de soledad es un tÃpico relato mentiroso. Luciano en sus cuentos es un escritor fantástico, un maestro del relato “mentiroso”. Se burla del lector al titular al primero de sus relatos, -el más alucinantemente mentiroso de todos- “Cuentos verÃdicos”. El Inca Garcilaso de La Vega nos pretende contar la verdadera historia del imperio incaico, es el primer escritor peruano que pretenden novelar la verdad. Nos dice que nos está contando la verdad que él ha vivido. Y Guamán Poma de Ayala desea contarle la verdad al Rey de España. No creo que quisiera mentirle al Rey sobre asuntos tan serios. Ambos “peruanos” escriben para ser leÃdos en España. En el Perú no habÃa lectores peruanos de libros. Los indios no leÃan. El Inca Garcilaso y Guamán Poma vivÃan una realidad que creÃan debÃa ser conocida en España y escribieron, desde posiciones sociales distintas y con propósitos diferentes, pero tratándole de contarle la verdad a los españoles. Los Cronistas, tomados tan en serio por los historiadores, ellos son los verdaderos mentirosos y son de una fantasÃa desbordante. Y no podÃan escribir de otro modo, estaban participando de un viaje fabuloso, y tenÃan que contar maravillas y mentÃan (estaban dentro de la vieja tradición de narradores mentirosos que contaban sobre viajes fabulosos). Eras escritores, los “peruanos” y los españoles en una misma época pero perteneciendo a áreas culturales muy distinta. Los conquistadores estaban hambrientos de maravillas, los conquistados deseosos de decir la verdad. Si los cronistas exageraban, mentÃan descaradamente, por qué el Inca Garcilaso y Guamán Poma tenÃan que escribir sobre la verdad. ¿No estarÃa allà el origen más lejano de nuestro exacerbado realismo? Queremos decirle nuestra verdad al mundo, no mentirle. Queremos que en España se sepa cómo somos realmente. Cueto y Roncagliolo escriben para publicar en España y para que se sepa, a través sus novelas, cómo fue la violencia en el Perú. Y España los recibe de buena manera: los premió por todo lo alto, otorgándoles los galardones literarios más importantes en lengua española. ¿Pero una literatura no realista venida del Perú serÃa igualmente apreciada en España? Espero que algún dÃa Thays tenga éxito en tierras ibéricas, asà como escritores no realistas que escriben muy bien, excelentes novelas. El problema es que los escritores llamados “andinos” hoy, tampoco tienen mucho interés para el público español. ¿Por qué? ¿A qué se debe? Miguel Gutiérrez, Oswaldo Reynoso, Gregorio MartÃnez, Rivera MartÃnez, Oscar Colchado Lucio, y varios más tienen méritos suficientes para ser leÃdos en España, en todo América Latina y no sólo en el Perú. Pero volvamos a nuestra estrella del presente artÃculo. En “Relatos verÃdicos” Luciano rápidamente nos saca del juego de “la verdad de las mentiras”. Para decirnos que todo lo que va a contar son puras mentiras. Para referirse a Homero y a otros autores Luciano escribe: “Concluà por no reprocharles mucho por todas las mentiras que encontré al leerlos, viendo que eso ya es algo habitual incluso entre los que prometen filosofar (Luciano se refiere a los mitos platónicos en La República. Pero no sólo a Platón sino a muchos de los filósofos cÃnicos que con una extraña ironÃa narraban viajes utópicos y visitas al otro mundo.) Pero me extrañaba en ellos que hubieran pensado que pasarÃa inadvertido que no escribÃan la verdad. Por eso es que también yo, empeñado en dejar algo a los venideros, para no ser el único desheredado en la libertad de contar mentiras -puesto que nada verdadero tenÃa que referir- porque nada digno de mención me ha ocurrido-, me he dedicado a la ficción de forma mucho más descarada que los demás. Aunque en una sola cosa seré veraz: en decir que miento” (pg. 27) Y remata de la siguiente manera: (que podÃa estar en el prólogo de la obra de algunos jóvenes narradores peruanos de la generación del 2000): “Escribo por lo tanto de lo que no vivà ni comprobé ni supe por otros, y es más acerca de lo que no existe en absoluto ni tiene fundamento para existir. Con los que me lean no deben de creerme de ningún modo.”
Dejemos por un momento este primer cuento, “Historias verÃdicas” para hacer una reseña somera de las otras historias que comprendidas en los Relatos Fantásticos de Luciano de Samósata. Además de “Relatos verÃdicos” hay cuatro cuentos más: “Ãcaro Menipo o Menipo en los cielos”. El relato cuenta el viaje de Menipo a la luna en donde se encuentra con Zeus, con quien entabla una discusión que es una sátira del panteón griego. En ese viaje imaginario a los espacios siderales (Luciano se adelanta en 1800 años a las novelas de Julio Verne y Wells, que como se sabe se les considera “adelantados”), Luciano no sólo se burla de la mitologÃa griega y de la superstición, sino de los personajes fatuos y de los parajes más venerables. Los filólogos no lo quieren a Luciano. Porque Luciano es demasiado divertido y en consecuencia poco respetable. Es demasiado fácil de leer y entender y poco respetuoso de los grandes hombres. Luciano se burla con ganas de Empédocles, el pitagórico y no deja pasar ocasión para dispararle al sabio más pomposo. Luciano en sus relatos presenta como escena cómica los motivos mÃticos más serios como el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus.
“En cuentistas o el descreÃdo;” es un relato ancestro de las modernas historias de terror. En este relato hay historias de duendes, de estatuas que hablan, de un viaje el infierno, de la aparición de una difunta a su marido, etc. En el tercer relato, “El gallo”, el tema es de la metamorfosis (dicho sea de paso La Metamorfosis de Ovidio, libro capital para entender la literatura moderna, la actual. El libro considerado la Biblia de los temas mitológicos, es del año 46 a. de J. y Ovidio, que es autor de El arte de amar, otro libro extraordinario, es también un escritor que podrÃa ser calificado de fantástico). “El gallo” es un relato en la que Luciano se burla de Pitágoras y de algunas creencias pitagóricas. Pitágoras convertido en gallo, Luciano lo acusa de sofista, vanidoso, mago y charlatán. El último relato, “Lucio, el asno”, trata también de una metamorfosis: un hombre viaja a la región de Tesalia en busca de brujos que los conviertan en un pájaro para ir tras su amada que ha sido antes convertida en ave, pero una bruja lo convierte en asno. El asno vive mil aventuras en las que demuestra que se es más feliz viviendo como un burro que como un hombre. El asno llega al reino de una princesa, pero como este animal sabe tomar vino y tiene comportamientos casi humanos, la princesa lo invita a pasar la noche en su alcoba. El burro y la princesa pasan una fogosa noche de amor que Luciano describe con gozo casi pornográfico. Al dÃa siguiente el asno como unas rosas mágicas que los vuelven a convertir en hombre, y recuperada su antigua forma va en busca de la princesa porque si lo amó cuando era un burro ahora que es humano piensa que será más amado. La princesa lo recibe y le pide que se desnude, y cuando comprueba que los atributos sexuales de ese hombre no son las de un burro, la reina lo manda expulsar de su reino. Y el pobre hombre vaga infeliz por el mundo añorando las épocas en que era un burro y era feliz.
Es momento de volver al primero relato. “Relatos verÃdicos” que es el cuento en el que Luciano desboca su fantasÃa de manera delirante. Es al parecer un viaje a la luna donde el narrador enfrenta a entidades, a seres que no existen en la realidad. Sólo existen en la realidad imaginada por Luciano. No estamos en la literatura fantástica como lo entendÃa Borges y Bioy, porque el autor ha creado un mundo alternativo al de la realidad, absolutamente ficcional, como lo hizo Dante Alighieri al describir el Infierno. El relato de Luciano no es otra cosa que una parodia de los viajes fabulosos. Parodia, caricatura, burla carnavalesca, metaliteratura. Se trata de un viaje a la luna que se inspira probablemente de Antonio Diógenes, pero además el viaje se realiza al interior del cuerpo de una ballena e incluye una visita turÃstica al mundo de los muertos. La fantasÃa de Luciano bordea el surrealismo. Pero el objeto más raro que el viajero ve en la luna es un aparato provisto de un espejo, aparato en el que apretando un botón se ve la cara de seres que están en la tierra. ¡Luciano describe en el siglo II d.c. un aparato de televisión! ¿Cómo pudo haber imaginado algo asà hace 1800 años? ¿Julio Verne se queda chiquito al lado de Luciano? Para gustar a un narrador de este tipo hay que haber visto las pelÃculas actuales de terror, de animales fantásticos creados por efectos especiales. Cualquier página de las 50 que compone el relato es absolutamente delirante: zoologÃas fantásticas, regiones de absoluta locura, combates entre ejércitos de insectos gigantes. La imaginación no tiene limite. No se refiere a la realidad en ningún momento. Todo es fantasÃa.
Coda. ¿Cómo hacemos para interpretar la obra de Luciano de Samósata? ¿A qué teorÃa social recurrimos? ¿A qué esquema filosófico? ¿Lacan podrÃa ayudarnos a entenderlo? No lo sé, quizás. Pero Luciano se merece más atención de la que la historia le ha concedido, porque la suya es literatura y muy buena, original y estimulante. Es un ancestro de la literatura de ciencia ficción, de la literatura de terror, de la literatura satÃrica, de algún modo de la literatura picaresca, y por supuesto de la literatura fantástica. Se puede escribir buena literatura optando por la verdad de las mentiras realistas, pero Luciano es un ejemplo que también es posible buena literatura desde la absoluta mentira, desde la verdad de las mentiras absolutamente fantásticas.
 * Mucho de lo manifestado en este artÃculo es tomado del prólogo para Relatos fantásticos de Luciano de Samósata escrito por Carlos GarcÃa Gual (Alianza editorial, 1998). Para más conocimiento de Luciano se puede acudir también a las Obras Completas (cuatro volúmenes) publicadas por Gredo (Madrid, 1991), con una introducción muy interesante de J. Alsina.
Simpático el “survey” que nos regalas. Quisiera agregar que no es “Lucio el asno” sino “Lucio o el asno” y que tanto Apuleyo posteriormente como el mismo Luciano se apoyaron en la misma fuente común que, les precedÃa, para sus célebres relatos asininos.Esto por aclarar que -según se lee en las enciclopedias- fue P. Bracciolini en 1450 quien, en versión más libertina que libre al latÃn, introdujo en el texto dobles sentidos alejados de la óptica original que se atribuyen ahora erróneamente a Luciano.
Por otro lado creo que cometes extrapolaciones demasiado entusiastas, como imaginar a Luciano precursor de la TV. No me parece en nada inimaginable la tele,antes de ella existir.Se anuncia,por ejemplo,para fines de este año que los comandos de juegos de computadora serán con ondas cerebrales (se baja gratis actualmente la manera de manejar la compu con gestos faciales).Este prodigio estaba ya teóricamente resuelto hace años pero, por deficiencias tecnológicas,no era económica su introducción al mercado.Lo mismo pasa con la fabricación de oro…pero llegará el tiempo en que Fort Knox será como una actual isla guanera.
¿Quién eres tú,primo? ¿por qué coño alteras lo que te escriben sin hacer daño a nadie? Si sigues con alma de propietario próspero vas a terminar con exiguos o cero “comments”, solo te escribirán los pocos gregarios que revolotean en torno a lo que creen,muchas veces equivocadamente,que es “su” circunstancia.
Cordialmente,aunque ya sé que no lo parece.
Definitivamente concuerdo con la validez que Carlos Calderón Fajardo otorga a la literatura fantástica, como alternativa frente a lo real, y que en cierto modo retoma los postulados de Julio Cortázar en el ensayo “Del sentimiento de lo fantástico” (en ese enorme cuaderno de apuntes patafÃsico denominado La vuelta al dÃa en ochenta mundos).
Ya Roland Barthes, en muchos artÃculos y ensayos, pero sobre todo en S/Z, se dedica a desmontar los presupuestos “reales” de la obra literaria, al desmenuzarlos en códigos de significación, a la manera de una gramática de la narración. Calderón Fajardo basa su lectura en la tradición literaria occidental y en los juegos posmodernos planteados por Borges. Argumentos suficientes para explorar un campo medianamente conocido en el Perú y lamentablemente relegado por la escasa atención que ocupa para los estudios literarios. Si los crÃticos no fueran tan prejuiciosos, descubrirÃan el enorme valor de muchos escritores peruanos. Quizás valga recordar el caso de Abraham Valdelomar, quien en el cuento “Finis Desolatrix Veritae” plantea una distopÃa a la visión cristiana del fin del mundo, retomando el magisterio de aquellos relatos post-mórtem de Poe.
Respecto a Luciano de Samósata, Borges sà lo conocÃa y recuerda vagamente su descabellado viaje a la Luna. Lo menciona en el entrañable prólogo a otro grande, las Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, volumen publicado por Editorial Minotauro. Entrañable texto por muchas razones, por el tono elegiaco que Borges detecta en la desaparición de los marcianos descrita por Bradbury. “Toda literatura es simbólica”, nos recuerda el cuentista bonaerense, es decir, toda literatura proviene de otra y reconfigura sus propios sÃmbolos, tal como opera Luciano en relación con la cosmovisión mitológica griega. Al fin y al cabo, es el mito recontado una y otra vez. La poderosa fuente de energÃa del mito, que alimenta las ficciones de todas las culturas.
Comment by Giancarlo Stagnaro 04.06.07 @ 12:47 amllegué a leer el comentario de Gringólatra y me parecieron sus aportes muy interesantes. No sé para qué los intervienen. Háganlo si hay insultos o amenazas o acusaciones sin pruebas, como hacen los demás blogs. Lo peor es que si revisamos los otros comments encontramos comentarios insultantes que no los tocan, pero este de Gringólatra, que aporta, lo modifican. ¿Cuál es el criterio entonces?
Comment by InterNeto 04.06.07 @ 12:55 amMire interNeto, el comment de gringólatra no aporta nada al debate. ¿Y cómo sabe usted que el commet de Gringólatra ha sido modificado? ¿O es que usted mismo es Gringólatra? Se ve que Gringólatra a acudido al Internet o para demostrar que es más culto que Calderón Fajardo, o para desmerecerlo. Calderón Fajardo no está tratando de demostrar que es culto, est poniendo en el debate un tema fundamental, el de la opisición entre realismo y literatura fantática. No toma posición, plantea ideas para el debate. Y el segundo commets de Grigólatra, es un mensaje medio en clave, medio en amenaza. ¿Qué´es eso de qué “de qué te crees primo” en un debate? “Nadie te va a comentar”. Gringólatra no plantea ideas, se disfraza de culto y ataca golpeando bajo. En cambio el comment de Giancarlo Sragnaro sà aporta al debate, incluso recordándole a Calderón Fajardo que Borges sà conocÃa a Luciano, e indicando dónde se puede hallar la referencia. Es decir Stagnaro enriquece el artÃculo de Calderón Fajardo. Grigólatra, ya desde su mismo nombre se delata como un saboteador. La verdad es que nadie puede en el Perú cuestionar el canon. Ni siquiera a atraverse a plantear ideas. Inmediatamente salen los que se consideran afectados y en lugar de debatir, propinan golpes bajos. Es un juego muy viejo, desde los viejos tiempos de San Marcos, cuando silbaban los poemas del camarada Toño Cisneros, que los fastidiaron tanto que se pasó al otro equipo.
Comment by Fénix 04.06.07 @ 1:57 amCalderón Fajardo sostiene que Lacan podrÃa ayudarnos a entender a Luciano. SerÃa interesante que desarrolle esta idea.
Comment by Pablo Burneo 04.06.07 @ 2:00 amACLARACIÓN
Mi segundo mensaje lo di por principio y también porque quise decir al editor que (él) estaba en una vÃa equivocada al censurar cualquier cosa y en particular algo tan inocente como lo que me suprimió. Lo digo aquÃ: “¡Salud, poeta!”, al comienzo y “¡Gracias por tu artÃculo, poeta!”, al final. Eso fue todo. (“poeta” se le dice afectuosamente en Venezuela a todo idealista (amante de las ideas) aunque no haga poesÃa).
Curioso, no hubiera imaginado que esa simple supresión iba a dar lugar a que se pudiera ver una salutación cordial a CCF (Calderón) como poco menos que un ataque a su persona (¡un civil besito, Fénix!) Lo que está claro, me parece, es que sin la dicha supresión no hubiera habido tal posibilidad.
Me digo de la tremenda paja que serÃa el querer dársela de “más culto” que el autor del artÃculo comentado, sin firmar con el nombre propio. A quien quiera “lucirse” siguiendo tan estúpida onda le indico 4 puntos (hay más).
1) La mentira sobre los poetas de Platón, es de otra Ãndole que la tratada en el artÃculo, no alude al hecho mentido sino a la actitud (“El poeta finge por oficio”: B. Gracián)
2) CCF alude pertinentemente a paradojas pero pasa de largo cuando Luciano dice “Yo miento”, es decir, cuando toca una de las más famosas paradojas clásicas, -la del mentiroso-, de la lógica no axiomática, es decir no moderna (es un ejemplo conocido en contra de la pretendida contundencia del “ser o no ser” y era pertinente además de consecuente el mencionarlo).
3)¿Por qué el músico Bach y no Shakespeare?, éste se murió durante mas de dos siglos hasta que lo resucitaron para siempre los románticos, vÃa Hamlet.
4) Eso de “teorÃa de las incertidumbres” es casi una ligereza. Lo que hay es un gran Principio de Incertidumbre de Heisenberg, que estremeció la FÃsica y la FilosofÃa de su tiempo (Gödel, matemático, va muchÃsimo más lejos).
Reitero mi saludo al talentoso Carlos Calderón Fajardo.
Comment by Gringólatra Guggenheim 04.06.07 @ 1:09 pmCreo que las contribuciones de CCF son muy interesantes. Sobre los coments de Gringolatra me parece que son interesantes también, pero su forma de hacer referencia ellos es impertinente y peca de soberbio. Eso nos demuestra que la hermeneutica es un arma que el ser humano en su condición de ser crÃtico aún no aprende a manejar.
El artÃculo me gusta porque te lleva por diferentes lados, no te mete solo en el tema de literatura fantástico, sino que se conecta y se ramifica en otras ideas o conceptos desarrolados por el autor en torno la literatura. Y es cierto que a veces debemos clasificar las cosas para poder hablar de ellas. Pero también es cierto que la literatura es inefable. Hay libros para niños, para adolescentes, para cuando estás deprimido, para alegrarte la vida, libros sinceros, hipócritas, libros que te hacen delirar por su calidad estética (y que son recontra hipócritas), libros que te enseñan a escribir, a leer, a llorar y a reir. A veces uno se olvida de los efectos de un libro en uno. A veces todo va muy rápido y no podemos discernir que es una buena obra literaria.
A veces la gente no se pone a pensar que en el Perú desde hace mas de 20 años no se hace una obra maestra literaria. Y que en el mundo pasa lo mismo salvo algunas excepciones. Falta, falta mucho por decir. Esperamos mas ideas de CCF.
A Gringólatra no le basta atacar a Aguirre y ahora se le prende a CCF. Señala cuatro puntos:
1)Dice, sobre Platón y los poetas, que CCF no dice lo correcto. Gringólatra busca y rebusca con afán hasta qu encuentra en el Internet una referencia a este tema hecha por B.Gracian. Bueno es el punto de vista de Gracián. Lo que Platon dice en La República en libro III es: “No se admitirán en el Estado a los poetas. Se les despedirá pero, antes se es rendirá homenaje con perfumes y guirnaldas”. La razón porque se Platón desea que les expulse es quizas como dice Gracián por su actitud, pero cuál es esta actitud: el de mentir. Pero ahà está Gringólatra buscando la aguja en el pajar para encontrada la aguja hincar.
2)Gringólatra dce que Calderón Fajardo no se refiere a la paradoja principal en Luciano: la de las mentiras. Gringólatra, miente. Lea el artÃculo de CCF, y ahi se cita un largo fragmento de Luciano en la que el griego hace referencia a las mentiras en escritores, historiadores y filósofos. Y Luciano se declara mentiroso. Gringolandia acusa de no haber sido dicho algo que si fue dicho. Sabotaje puro.
3) Qué importa Bach o Shakespeare que fueron ignorados, y recuperados por mucho tiempo, CCF trataba de poner un ejemplo, nada más. No es una falta decir que Bach fue olvidado cien años, y Shakespeare 200, y por lo tanto debio haber dicho Shakespeare y no Bach. ¡Qué falta!
4)Y con respecto a la teorÃa de las incertidumbres, CCF, sólo la nombra, cómo puede haber ligereza de algo que no ha sido desarrollado.
Más bien, Grigólatra hace lo que Platón señala en La Republica, pide que el poeta sea expulsado y luego “lo despide con perfumes y guirnaldas” al mandarle saludos a CCF, después de buscar tres pies al gato en su artÃculo.
ta mare tio, tu texto es muy largo, a ver si me haces un resumen y me lo en envias por correo postal… Tanto les cuesta a los narradores postear en formato pequeño?
Comment by F 04.07.07 @ 7:43 pm¡Epa Ave Fénix! ¿Qué más? Veo que saliste chamuscado de las cenizas esta vez. Y siempre proclive a proferir incoherencias con tu castellano pluscuamimperfecto.
Los 4 puntos indicados de los que me acusas han sido explÃcitamente dados para que los desarrolle algún necio que quiera dárselas de “más culto”, (no improbablemente como tú con tu vecino, pienso), pero veo que cuando quieres GANAR en una discusión, te ofuscas, te pones anteojeras de solÃpedo y no hay razón alguna que te haga entrar en razón,por lo que la razón de la sinrazón a mi razón se hace y de tal manera mi razón enflaquece que con razón me rindo ante tu CERRADURA.
¿Quién cóño es el Aguirre de quien me acusas de ser su enemigo? ¿Max Aguirre, antiguo empresario del box o el Tirano Aguirre de Klaus Kinski, el papá de la mamacita Natasha? Lux in tenebris, patita, que no veo claro, ilumÃname.
Chau Fénix. No vayas a caer en el ridÃculo de acusarme de haber aprendido en Internet la vaina de las cenizas y el Ave Fénix (no seas imprecavido, te sulfuras tanto que pones al descubierto tu fuente de culturosidad).
¡Tómate unas chelas con el oligofrénico
F 04.07.07!
(¡Léete “El criticón” de Baltasar Gracián y no lo reduzcas a citita de la Web! Todo culturoso criollo, alguna huevonerÃa propia de una religiosidad del siglo XV podrá encontrarle pero habrÃa que tener muy malas vÃsceras para negar su honda sabidurÃa)
Gingólatra, qué pasó ¿ y el buen nivel alturado que hasta el momento demostrabas? Se fue al diablo. Era de esperar. Tu careta de intelectual enterado se cayó. Y caiste de nuevo en los niveles del blog basura. Con gente como tú jamás se va a poder debatir, intercanbiar ideas. Te picaste Gingólatra. No pudiste soportar ser descubierto y al verte que te ponÃan en evidencia caiste en el insulto. Asà es, hay gente de tu calaña que pasa por momentos por gente seria, y solito se vende. Demuestra que en el Perú reina la baja estofa. ¡Qué difÃcil es lograr un buen nivel en el debate intelectual.
Comment by Fénix 04.08.07 @ 2:48 amLuciano de Samósata, no es un escritor desconocido. Existe una amplia bibliografÃa en español en español sobre el autor, y la hay también en inglés y en otros idiomas. Yo recuerdo, si la memoria no me falla, que Marco Martos escribió un artÃculo sobre Luciano, me parece que en la revista “Ómnibus.” Veo que Grigólatra y Fénix, han pasado del debate a los insultos, lo que es una pena. Y he leÃdo, con cierta extrañeza, que Selenco Vega acusa a escritores de escribir en blogs. Paolo de Lima, en su Zona de noticias, subraya estas declaraciones de Selenco Vega ¿Es un terrible pecado escribir en un medio? ¿Es diferente hacerlo en un periódico que en un blog? Muchos escritores hace tiempo que escriben en blogs. ¿Por qué ahora, de pronto, la protesta airada de Selenco Vega? Además apoyado por Pedro Escribano. ¿Por qué Calderón Fajardo escribe en blogs? La solución es sencilla, simplemente a la gente que no le agrada leer a Calderón Fajardo, que no lo lea. Hay cientos de otros blogs. El Internet permite libertad para elegir entre muchas opciones. Cada blog tiene públicos restringidos. El que no simpatiza con el estilo de El Hablador no está obligado a entrar en la página. Además me parece que Calderón Fajardo no permanecerá mucho tiempo en el blog, porque El Hablador le dará la posibilidad a otros escritores de no tener sy columna. Una buena idea serÃa darle a Selenco Vega una oportunidad de tener una ventana dónde opinar.
Comment by Un escritor tÃo 04.08.07 @ 12:24 pmCurioso lo de Selenco Vega. Con su comentario no hace otra cosa que dispararse a los pies. Veamos.
1) Sin ánimo de ningunear a nadie, ¿quién se acuerda de los últimos premios COPE, o de algún cuento memorable premiado? Nadie. Los de COPE simplemente se dedicaban a publicar unos librotes inmensos con los cuentos dizque seleccionados, y a ver cómo los consigues.
2) Es recién ahora, con la internet, que el premio COPE está en posibilidad de ser un premio literario realmente trascendente. A ver si publican el cuento ganador en la red, a ver si mereció ganar.
Ahora, sobre este COPE en particular, hubo una espectativa mayor que los anteriores. ¿Y eso por qué? Precisamente por que en algunos blogs hubo quien se tomó la molestia de preguntar para cuándo y para quien. Eso rebotó en otros blogs y medios escritos, y es por eso que esta versión ha tenido más atención que las anteriores.
3) Gracias a la internet y a los blogs, entonces, es que el escritor Selenco Vega ha sido entrevistado por la Republica, por que de otro modo, su premio COPE habrÃa sido tan opaco como las anteriores veces.
4) Conclusión: gracias a los blogs que Selenco Vega considera tan supérfluos o dañinos es que su actividad como escritor se ha puesto de manifiesto. Digan quién se acordaba de él en estos dÃas.
5)Irónicamente, el gran beneficiado de la actividad blogger literaria, lo primero que hace es criticar esa actividad y a quienes se dedican a ella. Es posible que aún no haya asumido el cambio que implica la internet y los blogs. Le ha ocurrido a más de uno, que un dia ninguneaban a la internet y al dÃa siguiente sólo eran conocidos… en la internet.
Moraleja: el que escupe al cielo, en la cara le cae.
Concuerdo contigo,Fènix:en el Perù prevalece la baja estofa y en consecuencia (lo dices tù) es muy difìcil lograraltura en el debate intelectual.
Serà por eso que tù no la logras, por supuesto que no. Desengà ñate por favor que tù pareces creer que sì y estàs siendo vìctima de un colosal espejismo.En tu peleita de comadres culturosas con Grigolatra,èl ganò.Admitelo.
Es lamentable que un intercambio desangelado de opiniones no nos lleve al punto que plantea Carlos Calderón Fajardo: la vigencia de la literatura denominada realista en el Perú. Las razones de esta vigencia son de todo tipo, aunque básicamente se puede señalar que son de origen historiográfico. Hace unos dÃas Abelardo Oquendo se preguntaba en su columna habitual de La República si existÃa verdaderamente un canon literario peruano (también se trasladaba la pregunta a si existia uno latinoamericano y bajo qué criterios estaba conformado).
Pues bien, los historiadores de la literatura peruana han privilegiado ciertas formas que han otorgado el cénit de este llamado canon peruano a la novela y cómo ésta plantea los irresueltos problemas del Perú. En cierto modo, la novela -llevando al extremo la metáfora del espejo de Balzac- cuenta con mayor preponderancia frente al relato corto y la poesÃa. La imperiosa necesidad de solucionar y tratar esta problemática se encuentra en el sustrato de la novelÃstica peruana de los siglos XIX, XX y XXI.
En la entrevista que Johnny Zevallos y yo le hicimos a Enrique Congrains, él comprueba la existencia de un desgaste en la narrativa “realista”, cuyo máximo exponente es Mario Vargas Llosa. Quizás en este momento donde parece imperar una “falta de dirección” en el canon, que algunos lamentan, es interesante comprobar que narradores como Calderón Fajardo o Congrains apuesten por incursionar en vetas poco consideradas -o, mejor dicho, soslayadas o ninguneadas- por los guardianes de la ciudad letrada. Quizás sea el momento de cambiar de paradigma y augurar, como lo hizo Ribeyro en una ocasión, que la literatura peruana rompa sus moldes tradicionales y comience a explorar una nueva galaxia de voces, tensiones y dinámicas.
Comment by Giancarlo Stagnaro 04.11.07 @ 3:01 amGiancarlo: en primer lugar, serÃa interesante que indicaras a quiénes te refieres cuando dices “los guardianes de la ciudad letrada”. Me exprimo el cerebro y la verdad que no se me ocurre ningún nombre. ¿Me están fallando los lentes de contacto que no veo nada?
Es cierto que algunos autores tienen mayor presencia mediática que otros (eso es imposible de ocultar, y además es normal), pero de ahà a hablar de “guardianes de la ciudad letrada” me parece que se te va la mano. Tengo la impresión de que Angel Rama está demasiado presente en ti cada vez que hablas de literatura, ya que siempre lo andas citando, y quizá por eso no pudiste resistir la tentación de hablar de “ciudad letrada”. Y con “guardianes” quedaba bonito, ¿no?
Por otro lado, esa canción de la literatura realista como modelo a derribar ya es vieja. No contradigo el texto de Calderón Fajardo, puesto que él no se refiere a estos años. Pero tú sà lo haces (hablas del siglo XXI), donde curiosamente la mayorÃa de jóvenes narradores no está haciendo novela realista. Los ejemplos son muchos y ya todos los conocemos. Y desde los noventa, escritores como Thays y Bellatin (que nadie nos quite la ilusión de seguir considerándolo, aunque sea un poquito, peruano)habÃan roto con esa lÃnea. Me gustarÃa que indicaras qué narrador joven escribe a lo Vargas Llosa. O, más ampliamente, literatura realista en toda la regla. Alguna vez lo mencioné y hoy lo repito: eso de decir que ya basta de realismo se ha convertido en una fórmula que se repite sin razonar mucho. Hace rato que nuestra literatura sigue otros caminos. Quizá la explicación sea que cada uno quiere atribuirse a sà mismo el mérito de una ruptura que hace tiempo que ya ocurrió.
Comment by Francisco Angeles 04.11.07 @ 4:40 amFrancisco: Con “guardianes de la ciudad letrada” no me estoy refiriendo a una persona o un grupo de personas en particular. En concreto, me refiero a los mecanismos y los procedimientos a partir de los cuales los libros y los autores son ordenados en determinado espacio simbólico del campo cultural. Si mal no recuerdo, Walter Mignolo ha echado algunas luces al respecto.
SÃ, el magisterio de Rama está presente, de eso no hay duda. Pero me interesa anotar algo que tú ya señalas. En efecto, el paradigma “realista” ya ha sido quebrantado hace tiempo. Incluso te diré que no viene de los 90, con los autores que tú señalas. Viene desde el inicio de la literatura peruana misma. Quizás recuerdes el folletÃn Lima de aquà a cien años, de 1834, cuyo autor es Julián M. Portillo. Pues bien, ese folletÃn, que plantea una de las primeras utopÃas literarias en la literatura peruana, sobre la visión del Cusco y Lima en un siglo, ha sido mirada por encima de parte de esos procedimientos y mecanismos que mapean esta ciudad letrada. La pregunta es: ¿por qué?
Y principalmente, mi interés en este punto es notar el déficit en la enseñanza de la literatura (y la enseñanza en general), que es de donde extraemos estos términos de “realismo”, “realismo urbano”, etcétera. La educacÃón es un mecanismo de dominación, como lo sabemos todos. Mi crÃtica va hacia la enseñanza de la literatura, en todos sus niveles, ya que nos acostumbra a las etiquetas, dejando de lado o minimizando la posibilidad de disentir.
Concuerdo contigo en que decir “basta de realismo” no es suficiente. Hay que empezar a trabajar en ese sentido. Pero te planteo lo siguiente: los concursos literarios (el Copé, por ejemplo), las editoriales y, en cierto modo, el gusto de los lectores están planteados bajo ese paradigma. Hay un hálito que busca, sobre todo en la novela, como lo mencioné, encontrar soluciones a los problemas del Perú. Es una de las demandas de Oswaldo Reynoso, por ejemplo. Y también es consecuencia del auge de la crónica y el reportaje en estos dÃas, que sin duda alguna impregnan las novelas actuales, de carácter “policial”, como La hora azul y Abril rojo, dado que la década anterior, la fujimorista, ha sido leÃda en esos términos. Sin embargo, aunque en términos globales no hemos salido de la predominancia del realismo, vale la pena señalar que hay autores que sà lo han hecho. Quizás no lleguen a ser hegemónicos, pero su capacidad de disentimiento es lo que cuenta.
Comment by Giancarlo Stagnaro 04.11.07 @ 3:54 pmSobre el texto de Mignolo, sorry pero “desconozco mayormente”. Y por supuesto que la tradición realista no ha sido la única desde el origen de la literatura peruana (¿será también porque el realismo, tal como lo entendÃa Balzac, por ejemplo, obviamente no existÃa desde siempre?)
Nunca dije que Thays y Bellatin son los primeros en romper el esquema (cómo olvidar, entre muchos otros, al gran Clemente Palma). Pero estábamos hablando de una ruptura con la novela realista con pretensión de totalidad; es decir, el modelo Vargas Llosa. Porque es evidente que cuando se habla de romper el paradigma realista se piensa, y con toda justicia, en Vargas Llosa. Por ello, los ejemplos que puse son los de escritores posteriores a Vargas Llosa.
Comment by Francisco Angeles 04.11.07 @ 5:52 pmCurioso. La columna de Leonardo Aguirre les dá la razón a ambos. De un lado, la intención de Aguirre de escribir una novela de fantasÃa (a lo Lovecraft y no a lo Cortázar, como parece inferirse) es coherente con lo expresado por Francisco Angeles, a saber, que desde hace tiempo ya se ha roto el “paradigma realista”. Pero el relato de algunas intimidades de Aguirre, (sus lecturas a escondidas, el clima universitario, el hecho que llame “sancochado” a su futura novela) pone de manifiesto la vigencia del “paradigma realista”, ya no tanto como única expresión literaria posible y válida, sino como lo que actualmente es la Iglesia Católica: presente, influyente, con buena cantidad de adeptos, pero sin el poder de antaño. Es por eso, supongo, que la llamada literatura urbano marginal tuvo cierto repunte: en apariencia, era la heredera de la tradición pro realismo, solo que en lugar de denunciar los males de la sociedad burguesa, parecÃa refocilarse en ellos.
Comment by El primo Levi 04.12.07 @ 10:42 pmPertinente la analogÃa con la Iglesia católica, aunque eso de su poder es relativo, como lo ha demostrado la reciente disputa por la PUCP y el sentido del testamento de Riva Agüero (otra vez los viejos conflictos de la interpretación). Aún pueden dar coletazos.
Pienso que hay que sacarnos la venda de los ojos y dejar de pensar en la literatura peruana como netamente “realista”. Hay otras posibilidades que se han explorado, están la herencia de los mitos que trabajan algunos autores del norte del paÃs, la literatura no realista que hacen tanto mayores como jóvenes. En fin, un panorama diverso que no debe caer en reduccionismos ni hegemonismos de ningún tipo. Aunque a los adalides de la solemnidad, como dice José B. Adolph, eso les suene a herejÃa o blasfemia.
Comment by Giancarlo Stagnaro 04.14.07 @ 12:45 amLa internet es el sueño de los libertarios y la pesadilla de los represores (también llamados adalides de la solemnidad).
Comment by El primo Levi 04.14.07 @ 4:44 amYo entro a la página de El Hablador para leerte, soy tu fan. Me encantan tus broncas con Rocky Balboa. Pero a veces dices cosas que me dejan out, ¿explÃcame qué vaina es esa del sueño de los libertarios? ¡Por Dios! ¿Cuál es la pesadilla de los represores? ¿Y aquiénes consideras adalides de la solemnidad? ¿A Stagnaro? ¿El que has escrito es un aforismo, un pensamiento libertario, represor o solemne, una boutade? ¿Asà se dice no? Boutade, qué huachafa que soy, pero asà me crió mi mama. Te encantarÃa conocerme, mi mamá me hizo estudiar francés, piano, y ballet. Mi padre le echa la culpa a mi vieja que se me haya dado por ser poeta. Soy alumna de Cueto y Thays en el taller de narrativa de la Católica. ¿Tú en qué categorÃa te consideras Primo: ¿Libertario, represor o solemne? Tu último comment suena a las tres cosas.
Comment by Claudia 04.14.07 @ 11:46 amHola Claudia, gracias por el mensaje, lástima que Rocky Balboa ya no esté entre nosotros.
Sobre el sueño de los libertarios y demás: supongo que a uno le viene a veces un ánimo medio huachafoso/mayo del 68 y quiere inventar su aforismo. Pero a grosso modo, tu misma puedes darte cuenta que para alguien que disfruta con todo lo que se produce y difunde en el ámbito de la cultura, un medio como la internet es un paraÃso. Dime tu si hace unos años podÃas hacer un click y encontrar información sobre Primo Levi, por ejemplo. O dejar un comentario sobre ese autor o cualquier otro.
Pero hay quienes tienen una idea muy precisa de lo que es cultura, de lo que es polÃticamente correcto, de lo que “debe ser”. Para esas personas, el que un menor de edad pueda descargarse “Las once mil vergas” de Guillermo Apollinaire es algo execrable… como si la literatura tuviera edad o eso que llamamos decencia. Esos serÃan los represores. Para ellos, la pesadilla no es tanto que los pobres niños se vean expuestos a contenidos impropios (¿y cuáles son los propios?), sino que haya cosas fuera de su CONTROL. ¿Capisce?
¿Considerar a Stagnaro adalid de la solemnidad? ¿Qué es un adalid? ¿No serás pariente de Stagnaro?
También hice un taller en la PUCP, con Enrique Planas, buenos recuerdos, no le gustó mi cuento.
Sobre si soy libertario, represor, solemne, pues según la ocasión, Sandra. Y manda foto para la próxima.
Sorry, quise decir Claudia.
Comment by El primo Levi 04.24.07 @ 5:08 am


