LA PAPAYA MECÁNICA
Friday April 06th 2007, 4:56 am
Filed under: Columnas,Hablablog

cabrera.jpgESPEJITO, ESPEJITO

 

Por: Diego Cabrera

Uno de los placeres culposos más placenteros y menos culposos de mi vida diaria consiste en dilapidar mi tiempo de ocio frente a dos de los mejores exponente de la tele basura: FX y VH1 Latinoamérica. Dos canales por suscripción, con menos de un año en las pantallas locales, se han ganado las preferencias del espectador más vulgar y desinteresado gracias a sus reality show.

Son cadenas jóvenes, con menos de un lustro de creación, que se derivan de emporios de las comunicaciones como la Warner y la Fox, respectivamente. Sus programaciones están orientadas a un público adulto, recio y sexista, en el caso de la primera; y melómano ochentero en el caso de la segunda. Lo más suculento de sus parrillas podemos disfrutarlo por las madrugadas, justo cuando escasean las alternativas para telespectadores insomnes. Y, en mi caso, son la única salida ante el hartazgo cinematográfico y mi modorra intelectual nocturna.

A diferencia de los reality show convencionales, donde el protagonista de dentro y fuera de la pantalla es el vulgo, los de FX y VH1, al igual que el grueso de sus congéneres transmitidos por canales hermanos como MTV o FOX Life, tienen como protagonistas, o al menos como actores de reparto, a rostros relativamente conocidos. 

No estamos hablando de Beckhams, Hiltons, Richies, Osbournes, o demás eminencias mediáticas. Las estrellas de estos programas forman o han formado parte brevemente de la industria del entretenimiento occidental. Si pocos los recuerdan o nadie los conoce es lo de menos. Ellos adoran la pantalla y la desean más que nada en el mundo. Ellos, a diferencia del participante más ramplón, llegan antecedidos de miles de dólares y tienen asegurados los aplausos de la platea.

Ron Jeremi, Vanilla Ice, Briggite Nielsen, Sandy Denton, Verne Troyer, Tracy Binghamn, Flavor Flav, Jodie Moore, Seymore Butts, Matt Hughes, por mencionar solo algunos, son expertos del show business dispuestos a entretenernos (“distraernos impidiéndonos hacer algo”) a partir de un exhibicionismo que es complaciente con espectadores que anhelan la comodidad audiovisual, la pasividad intelectual, o la poca exigencia diegética.

Habría que recalcar que programas fundacionales de la “hiperrealidad televisiva”, como Survivor o Big Brother, tienen una manufactura distinta que potencia el suspenso a partir de la cotidianidad, el anonimato y la participación activa de la teleaudiencia. En el caso de los realities en cuestión -Las Olimpiadas de la vida surrealista, Flavor of love, I dream of Jodie, G-string divas, Family business, Sin cities, y Ultimate fighter 2- el espectador es pasivo (aunque esto puede ser discutible en el caso de los programas de corte erótico), y las “tramas” están exentas de actividades de alto riesgo y esfuerzo físico.

A pesar de estas diferencias, todos los realities comulgan en su esencia contradictoria. A diferencia de  otros géneros televisivos como las telenovelas, los noticieros, o las comedias de situación, éstos fueron concebidos in situ y no se derivan de alguna otra práctica cultural mediatizada. Y es precisamente por el hecho de ser hijo biológico de la televisión que fue concebido a merced del rating. De ahí sus “maquiavélicas” formas de engatusar al público.

Sin embargo, tampoco se trata de que nos vendan gato por liebre, sino, antes que nada, de satisfacer al consumidor. Uno no espera encontrar la piedra filosofal en este tipo de programas. A diferencia de otros medios de comunicación, los códigos televisivos son lo suficientemente diáfanos como para que cualquier individuo al menos los intuya. En el cine la polémica es mayor y los estafadores más difíciles de identificar. Por eso, Alejandro Gonzales Iñarritu, responsable de Babel, es entendido por algunos como un sentido retratista del dolor humano, y para otros como un maestro de la ornamentación. Al menos ante la caja boba no nos sentiremos tan timados.

Por otro lado, así como la propuesta de estos shows es consabida, su línea programática es más ambigua, en la medida en que pretenden hacer pasar por cierto lo incierto. La realidad jamás será realidad si está mediatizada. Por ello, resulta quimérico sugerir la existencia de lo real cuando hay un instrumento que lo transmuta en virtual. En todo caso, lo verdadero será siempre subjetivo, relativo y poliforme. Lo cierto es que, más allá de lo indiscernible, los realities vanaglorian su propio medio de acción y nos recuerdan que solo existimos a través de una pantalla, un monitor o un ecrán; que somos un ente que se materializará una vez representado y convertido en ícono (así sea solamente por  quince minutos). El pienso luego existo cartesiano, en la era de la democratización tecnológica, se ha convertido en un “me miran, luego existo”.

Pero este nuevo género no solo es capaz de satisfacer nuestros deseos de ser vistos, sino que es oferente con el voyeur que todos llevamos dentro, y que suele manifestarse ante el dolor ajeno (de ahí la exitosa formula de los talk shows). En el caso de los realities, hay un reconocimiento de la cotidianidad de un grupo de desconocidos, o una proyección de normalidad de parte de personajes icónicos, que funciona como elemento asociativo para un público que es, además, muchas veces dueño de su destino.

Mucho se habla de la tele basura, de su carácter parasitario y estéril, pero siempre desde ópticas privilegiadas, por no decir intelectuales. Habría que reflexionar más sobre sus contenidos que sobre su demanda, y la conveniencia de un consumidor gregario y fronterizo. Las industrias culturales se manejan en su mayoría por intereses económicos, y un público instruido es lo menos lucrativo para sus intereses. Así como los cinéfilos locales nos sentimos en permanente estado de insatisfacción gracias a una de las peores carteleras de Sudamérica, un televidente instruido es capaz de reclamar una programación más digna. Habría que preguntarnos si estamos dispuestos a exigirnos más para que nuestro reclamo tenga asidero. Mientras tanto, yo seguiré consumiendo televisión chatarra cuando mi mente y mi cuerpo pidan chepi.




HABLA CHATO!!

Comment by gabriel 04.06.07 @ 4:17 pm

Felicitaciones! my bueno el análisis y el enfoque que le has dado. “Me miran, luego existo”… genial.

Comment by Nello 04.06.07 @ 4:20 pm

Ya pues, Cabrera, deja tu obsesión con Babel, que tan mala no es.

Comment by alejandro 04.06.07 @ 6:05 pm

Sí pues. Así son los tiempos. Hay quienes odian Babel porque dizque engaña pero que les gusta la tele chatarra por sincera. Hace años que leí un artículo muy bueno en Letras libres, sobre ese cementerio de la cultura que la gente mira crecer con complacencia en los Estados Unidos. ¿Vieron la peli de Milos Forman? Si así como la gente aspira a su derecho de difundir y consumir pronografía luchara por acceso a la cultura, probablemente en la tele no ganaría millones de dólares un salvaje como Howard Stern, o cantidades más modestas un chulo como Seymore Butts (su nombre, traducido libremente al castellano, es “pidan más culos”). Lo más llamativo del caso es que el autor de la nota dice que sufre de modorra intelectual en las noches. Y cómo no va a ser, si se la pasa viendo estos engendros, o estas “huevaditas” como les llama mi pata Alejo.

Comment by tio rico 04.06.07 @ 7:04 pm

Acabo de ver en el blog de Marco Sifuentes que ustedes son considerados el blog del momento y quiero felicitarlos por eso a pesar de que hemos tenido discrepancias.
El blog de Sifuentes cumple un papel destacado en cuanto a investigación y denuncias, como hemos visto en los últimos meses. Si el popular OCRAM dice que ustedes son un blog bueno, deben serlo. Muchos saludos y seguimos con las polémicas constructivas.

Comment by InterNeto 04.07.07 @ 5:43 pm

el blog de Ocram????? Ese que acusó sin prueba alguna a Gustavo Faverón! Bah, está lleno de chistes e información superficial. No creo que ganen nada con ser reconocidos por ese señor Sifuentes, si es que no es InterNeto el mismo Sifuentes!!!

Comment by anonymous 04.07.07 @ 6:25 pm

Y ojo que esa lacra de Gonzales Iñarritu con toda la gente de Babel le han dado la espalda al guionista, Guillermo Arriaga, quizá el verdadero artífice de lo que ha conseguido el director (ex trabajador de Televisa) dentro del ámbito cinemero. Hasta donde sé Arriaga figura como productor de El búfalo de la noche, película estrenada recientemente en Sundance y que se basa en su novela homónima. ¿Alguien sabe algo al respecto? Habla pues Cabrera.

Comment by Bravo del Llauca 04.07.07 @ 6:49 pm

Exijo que Max Palacios, Víctor Coral y Gabriel Ruiz Ortega estén como ponentes en la conferencia sobre bloggers peruanos que El Hablador hará en el Británico el próximo lunes. Ustedes deben tomar en cuenta que ellos también tienen voz. ¡Abajo el elitsmo! ¡Viva Arguedas!

Comment by El conciliador 04.09.07 @ 2:27 am

Disculpa la demora Bravo del Llauca, y tal como dices, Arriaga es, además de guionista de Iñarritu, productor y cuentista. Felizmente para su integridad artística, así como Iñarritu se ha llevado todas las palmas por una “trilogia del dolor” que les pertenece a ambos, también se ha ganado el rechazo desmedido de un gran sector del público y la crítica especializada.

Te recomiendo “Los tres entierros de Melquiades Estrada”. Ahí Arriaga está contenido por un director talentoso y honesto como Tommy Lee Jones.

Comment by Diego Cabrera 04.09.07 @ 6:24 pm

Gracias Cabrera.
Me parece que con esa película Arriga recibió un Cannes, verdad?
¿Encontraré “Los tres entierros” en Polvos Azules?

Comment by Bravo del Llauca 04.10.07 @ 10:06 pm





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