DESENCANTOS
Friday April 13th 2007, 5:45 am
Filed under: Columnas, Hablablog

guich.jpgREIVINDICACIÓN DE PROCOL HARUM
      (O EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO)

 

Por: José Güich Rodríguez

Si me plantara en medio de alguna reunión -de las escasas a que asisto- para afirmar, con profunda convicción, que soy devoto de Gary, Robin, Dave, Matt y B.J. (y Keith, el poeta hermético), muchos bienpensantes me mirarían con un perfecto rostro de “y quiénes son esos”. Algunos probablemente me escanearían como se hace con las alimañas y las especies ponzoñosas. Es el desprecio que los “no asimilados” y “apocalípticos” recibimos en esta aldea. Qué se le va a hacer…

Nadie, es obvio, estaría obligado a tejer explicaciones si es que, moviéndose dentro de la corrección social o política, sostuviera que como John, Paul, George y Ringo no habrá nada sobre este planeta, hoy rumbo al desastre climático. O que Mick, Keith, Ron, Bill, Brian y Charlie  son los verdaderos dioses de esa mezcla dionisiaca y apolínea, bien sazonada con  managers y productores -astutos como hienas-, que es la industria del rock. A continuación, uno de esos cuarentones y treintones integrados, dándome la espalda en señal de desaire, entablaría una discusión banal sobre si ganó Liverpool o Londres en esa carrera por el predominio musical a fines de la dorada y lisérgica década de 1960. Y yo quedaría como uno de esos hinchas de equipos tradicionales y legendarios, pero con escasos seguidores.

Debo a los territorios virtuales -y a Galerías Brasil- conocer hoy más acerca de Procol Harum, banda de culto contemporánea de las aludidas líneas arriba, así como de otros colectivos célebres como Pink Floyd, Jethro Tull, Yes, Genesis y King Crimson. Me ahorro la lista de todos los guerreros del brit-pop nacidos para la eternidad entre el grito de los mods, el incienso, las flores, alucinógenos, las incitantes minifaldas, las chicas descalzas -o con botas de color blanco- y cabello larguísimo que infestaron las ciudades del Reino Unido entre 1966 y 1969. Tres años de farra inolvidable, de excesos barrocos en todos los ámbitos y, especialmente, de música…. sobre todo de divina y excelsa música, de un nivel jamás concebido por los siempre conservadores estándares de los adultos-aguafiestas de todos los tiempos.

En esos años, exactamente en 1966, se forjaron los Procol. Sí, así los llamamos con afecto nosotros, autocalificados como “palers”, una no muy original referencia a “A whiter shade of pale” (”Con su blanca palidez”), el maravilloso tema con que la banda se estrenó mundialmente en 1967. Esta composición es la única por que el grueso de los no iniciados recuerda al barco capitaneado por Gary Brooker (música) y Keith Reid (letras). Que un grupo de rock respondiera a esa sofisticada división del trabajo ya era un atractivo por sí mismo en aquel desenfadado y suelto de huesos “Swinging London” del período sicodélico. Con una inteligente paráfrasis del “Aria” -segundo movimiento de la famosa suite No.3 de Bach-, que combinaba el poder melódico de Brooker, los oscurísimos versos de  Reid y los teclados esplendentes de Matthew Fisher, el éxito musical y monetario estaba asegurado. Las grupies cayeron rendidas al piso, en orgasmos interminables.

El verano del amor nunca pudo ser más numinoso. Hasta los grandiosos John, George, Paul y Ringo saltaron a las esferas celestiales, ebrios con la magia del inmortal himno, considerado en 1977 como “canción del siglo” según prolija encuesta. De inmediato, los chicos de Liverpool prohijaron a los de Essex, y los incorporaron al exclusivo parnaso del  pop. Era una nueva realeza, según el agudísimo Guillermo Cabrera Infante, testigo privilegiado de esos años entrañablemente desaforados y creativos.

A esa tríada -Gary, Keith y Matt- se sumaba el muy buen guitarrista Robin Trower, y los eficientes David Knights en el bajo y B.J. Wilson en la batería (fallecido en 1992). Todo anunciaba que unos nuevos Beatles, mistéricos y poéticos, tomaban la posta por los siglos de los siglos, amén. Pero la historia juega algunas malas pasadas.

En realidad, según los eruditos, el único e inobjetable éxito de ventas fue “A whiter shade of pale”. A continuación, Brooker y compañía lanzaron una batería de tres discos extraordinarios, impresionantes, de una calidad musical muy sobre el promedio, que no tenían nada que envidiar a los vuelos de los Fab Four: Procol Harum (1967) -la versión norteamericana incluía la canción vendedora-, Shine on brightly (1968) y A salty dog (1969). Después de este álbum conceptual de reminiscencias marinas, pieza cumbre de la historia de la música rock e injustamente excluida en los recuentos, Matthew Fisher se despidió de los amigos para enfrascarse en sus propias búsquedas. Terminó como productor, aunque siguió grabando obras en solitario. Él inventó el sonido de la banda.

También se fue David Knights,  hoy agente de músicos.  Esas partidas marcan el fin de la primera etapa del grupo, especialmente en el caso de Matt.
Los tecladistas que reemplazarían a Fisher, como Chris Copping, un antiguo compinche de Brooker y Trower en los tempranos sesentas, bajo el rótulo de The Paramounts, nunca tuvieron la versatilidad, talento y lirismo de su predecesor. Intuyo -aunque ninguna página virtual o texto panegírico de los cuadernillos que acompañan a los discos lo sugiere- que el genial tío Gary conducía a la tribu con mano de hierro, como señor feudal suelto en plaza o gamonal peruano del siglo XX. Es probable que los egos estéticos hayan colisionado, propiciando así el primer descoyuntamiento y recomposición de la pandilla.

No contaremos para esos efectos el paso efímero del baterista Bobby Harrison (ilustre apellido) y del guitarrista Ray Roger, quienes participaron de la grabación de “A whiter shade of pale” para luego formar Freedom, un efímero y hoy olvidado apéndice de los Procol. ¿Los habrá echado a gritos, golpes y puntapiés Brooker, en medio de una borrachera regada de ginebra? Sospecho que sí. No en balde  recibió el ambiguo y preocupante apelativo de “Comandante”.

Desde 1970, con el disco Home, Broker, Reid y Trower enrumban el navío por mares menos mediáticos y más esteticistas. Experimentan con todas las posibilidades del rock progresivo y sinfónico, anunciada en las primeras entregas, y lo alternan con frecuentes retornos a sus raíces rocanroleras, gospel y de rhtym and blues. Aún es posible escuchar con fruición obras como Broken barricades (1971)-marcó, su vez, la partida de Trower-, Grand Hotel (1973) y Exotic birds and fruit (1974). Parece que, como las malas lenguas murmuran, el negocio nunca fue del todo rentable, lo que aceleraría la cancelación de Procol Harum en 1977. Sin embargo, era una marca largamente establecida en el imaginario musical de su tiempo. De ahí que resulte muy extraño que en ciertos sitios web se insista en el hecho de que los discos de los Procol no generasen utilidades. Sea en los setenta o en los salvajes años neoliberales que vivimos, considero improbable que una compañía discográfica apostara  por un grupo o artista que no llenase las arcas en términos suculentos o, al menos, razonables. Para despejar la duda, habría que preguntarle a los leones de las disqueras, como EMI o Chrysalis, por qué siguieron en la brega ¿Sería Brooker el capitalista oculto? ¿O alguno de los exbeatles?

A inicios de los noventa, después de catorce años de ausencia, Brooker, Reid, Trower y Fisher volvieron por sus viejas glorias con The prodigal stranger. Y el Comandante, alentado por los comentarios de la crítica, los fans viejos que salían debajo de las piedras a la caza de autógrafos, y las nuevas generaciones en pos de su cuota de encantamiento, empezó a salir de gira. Y prosigue hasta hoy, cuando los palers se desplazan para seguir a dónde sea al tantas veces reciclado grupo (solo quedan Brooker y el poeta hermético Reid) en sus conciertos europeos. Y a eso añadiremos el dato de que las reediciones de todos los álbumes desaparecen con celeridad de las bandejas. Incluyo a las siempre oportunas y queridas Galerías Brasil, donde he conseguido, espero, versiones originales.  En 2003, lanzan The well´s on fire. Hurra por la cuentas bancarias de los Procol -al menos, de la dupla Brooker&Reid-.

Concluyo esta excursión a los predios del tiempo perdido recordando con melancolía que yo escuché por primera vez a Procol Harum en 1972, a los nueve años. A mi hermano mayor, Gustavo, le obsequiaron un disco LP editado en Argentina. Era del sello Polydor; llevaba por título “Ruidos desde la Casa del Puente”. Se trataba de una recopilación de canciones exitosas. El lado B de la antología de marras se iniciaba con “A whiter shade of Pale”, que me hechizó para siempre. Del resto, no me acuerdo. Pero sí de la chica de la portada, bellísima y angelical, que posaba con atuendo hippie junto a un inmueble que en verdad tenía la curiosa forma de un puente. Un casto amor platónico… Mucho tiempo después, me enteré, por un programa del cabe, que esa vivienda de excéntricos se localizaba en la ciudad de Mar del Plata. Algún día iré a visitarla, en una suerte de viaje sentimental -me refiero a la casa, porque la preciosa chica ha de ser ahora una atractiva señora de cincuenta y siete años, casada y quizás hasta con nietos; además, ya estoy comprometido-.  

En 1987, mi buen amigo Pedro Pérez del Solar, un paler adelantado, me prestó, en viejo formato de casete, el notable Grand Hotel. Gracias, Pedro: mi conversión fue de acción retardada. En esa época ya lejana, nos preguntábamos como locos qué significaba el nombre de la banda. Sé, por indagaciones obsesivas, que así se llamaba el gato de un amigo de Brooker. Los vocablos parecen proceder del latín, pero un tanto macarrónico. Significaría algo así como “más allá de estas cosas”. Al final, no importa si es latín deformado por la ingesta de sicotrópicos o por un capricho o desliz del dueño del felino (un sujeto poco aventajado en sus estudios de lenguas clásicas).

Si alguien se ha interesado en mis modestas líneas de homenaje, solo le recomiendo buscar estas joyas delicadas, apagar la luz, encender velas en un candelabro, o lo que les plazca -así como incienso, lo usual en las presentaciones aurorales del grupo-, e imaginar que se encuentran en Londres durante el remotísimo verano del amor de 1967, vestidos con trajes que parecen jardines ambulantes. Que se deje llevar a un largo viaje por Gary, Matthew, Robin, Dave, B.J. (y Keith, el denso poeta). Estoy seguro de que me dará la razón, porque  Procol Harum nos traslada a la velocidad de la luz más allá de todo lo conocido. Y cuarenta años después, suenan mejor que nunca.
    


11 Comments so far
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¿Galerías Brasil?
¿Me parece o este texto hace apología a la piratería?

Comment by Raúl 04.13.07 @ 6:49 pm

Señor Güich, solo una aclaración: ud.usa el término “britpop” como un equivalente a pop británico aplicable a cualquier época, cuando en verdad dicho término hace referencia específicamente a cierto pop inglés -herederos, sí, de grupos de los 60′ y 70′- surgido en la década de los noventa, con grupos como suede, pulp, blur, oasis, etc.
Ya que ud. recomienda escuchar a Procol Harum, yo le recomiendo -de todo corazón- buscar la música de las dos primeras bandas que he mencionado.
Saludos,

Richard Kimble

Comment by Richard Kimble 04.14.07 @ 2:13 am

¿Qué hace Guich hablando de música? No digo que no pueda hacerlo, pero no es lo que se espera de él. ¿O será que quiere imitar a Cortázar cuando hablaba de jazz o a Borges cuando hablaba de milonga?

Comment by Pie de atleta 04.14.07 @ 4:19 am

Bien por Pepe Guich. Ya era hora que deje sus “desencantos” políticos y se mande con algo más interesante. Y al payaso que firma cachosamente como “Pie de atleta”, cómo es eso que Guich “puede pero no puede” escribir sobre música? Defínete pues compadre.

Comment by Sargent Pepe 04.14.07 @ 4:40 am

Saludos Pepe. Te sigo desde la Pacífico y siempre me has parecido un tipo lúcido y mejor escritor y profesor. Te he encontrado por acá buscando datos tuyos en google y me han sorprendido tus columnas, muy bien escritas por cierto. Mucha suerte.

Comment by Jaime Rondón 04.15.07 @ 2:56 am

No seas monse pues Pie de atleta. Qué tiene que ver que un escritor hable de música o de lo que se le ocurra. ¿En qué chifa has estudiado?

Comment by Osito Bimbo 04.15.07 @ 3:16 am

No seas superficial pues, Bimbo (-rracho?). Y encima poco inspirado. Lee bien mi comment. Dije: “No digo que no pueda hacerlo, pero no es lo que se espera de él”. Es decir, Güich tiene todo el derecho de escribir de lo que le plazca, pero corre el riesgo de desconcertar a sus lectores (entre los que me cuento). ¿En qué me baso para decir esto? En las declaraciones que, con motivo de la presentación de los columnistas, Güich dio al Hablador. Allí dijo: “Siempre partiré de lo cultural y de allí quizá desemboque tangencialmente en lo político. Me interesa tratar temas culturales con proyección sociopolítica”. Y eso era justamente lo que venía haciendo, hasta que se le ocurrió esta columna musical, de corte confesional e intimista. No faltará quienes digan que por lo menos es cultural, pero realmente es un texto muy personal, de poco interés. Si los columnistas dejan de hablar de aquellos temas que dominan (como el tío Calderón hace, y muy bien)y dejan de ser consecuentes con la dirección que -según sus propias declaraciones- tendrían sus columnas, entonces se corre el riesgo de llegar al (como diría el lobo doméstico) “sancochado”, a la intrascendencia, y las columnas perderían el buen nivel que muchas veces ostentan (sobre todo las de Güich y CF). Y entonces tendríamos a Aguirre hablando de cocina novoandina; a “espejito” Cabrera hablando de Nikolas Sarkozy, candidato de la UMP a la Presidencia francesa; y a CF hablando del último chiste de Kike Suero en Risas de América.

Comment by Pie de atleta 04.15.07 @ 4:59 am

Estimado Pie de atleta: déjame decirte que tu observación es muy radical. Vamos,hombre, en realidad esta columna sobre Procol Harum no está mal, no? Es informativa para quienes no conocemos al grupo.
Guich: te leo siempre. Sigue adelante, a pesar de las zancadillas de cierta gente.
Slds.

Yo, Robot

Comment by Yo, Robot 04.15.07 @ 6:05 pm

no te preocupes, pie de atleta, que pronto hablaré de cocina, fútbol, caballos (como paco y “promoción”) y todo lo que sé me dé la regalada gana. total, acaso un escritor solo escribe sobre literatura? la meta-literatura es el único género posible? hay temas “buenos” y temas “malos”? uno debe escribir lo que otros esperan leer? por favor… si no te gusta lo que escribo, pues pasa al siguiente post y se acabó.

Comment by leonardo recontra sancochado 04.16.07 @ 7:30 pm

Me va a disculpar Raúl, autor del primer comment, pero centrarse sólo en el detalle de Galerías Brasil dentro de una columna interesante y bien escrita resulta superficial. El texto habla de información intimista y musical de manera solvente; por tanto detenerse en el detalle de Galerías me parece mal intencionado.
El texto no hace apología de la piratería y además en Galerías Brasil venden también discos originales.

Comment by Anónimo 04.17.07 @ 4:25 pm

tiene razón leonardo. hay que pasar al siguiente post nomás. eso es lo que justamente yo hago cada vez que veo en este blog una de sus columnas. y es que, desde que lei su libro, me juré nunca más leer algo suyo porque sabía que volvería a perder mi tiempo…
y ahora acabo de leer sin querer un comment suyo, horrooor!!!

Comment by el agnóstico 04.17.07 @ 5:16 pm



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