LA PAPAYA MECÁNICA
Friday April 20th 2007, 7:20 am
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cabrera1.jpgPESADILLAS Y UN MILAGRO VERANIEGO

 

Por: Diego Cabrera

El sol comenzó a calentar tarde. En realidad, nunca lo hizo a tiempo completo sino tímidamente. Entre los meses de diciembre y marzo, el clima en torno al mundillo cinematográfico local osciló entre la calentura política, el bochorno crítico, y una cartelera sin atractivo.

A quienes, de una u otra manera, estamos involucrados con el quehacer audiovisual peruano, el verano nos agarró calientes. Luego del denodado esfuerzo del SPIA (Sociedad Peruana de la Industria Audiovisual), APCP (Asociación de Productores Cinematográficos del Perú) y de los miembros más entusiastas de la comunidad virtual administrada por Rosita Rodríguez (Cinemaperú), la campaña “Perú en pantalla” hizo oídos sordos en el actual gobierno y concluyó en una cifra (ochocientos mil soles, menos de lo destinado en el período toledista) que no representa ni siquiera el quince por ciento de lo que por ley le corresponde al cine peruano. A pesar de la gran cobertura mediática que se le dio y de la contundencia de sus argumentos, la Ley de Cine promulgada en 1994 con la finalidad de fomentar la creación y producción de películas en nuestro país sigue siendo una quimera. Es una lástima que nuestros políticos no estén dispuestos a apoyar, a diferencia de sus pares regionales, una industria capaz de generar nuevos puestos de trabajo y de presentarnos ante el mundo más allá del exotismo. El cine también puede ser un producto bandera, de exportación y generador de identidad.

Pero no todo fue tragedia en el mes navideño, también ocurrieron milagros. Gracias a una iniciativa del Secretario General de la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica (FIPRESCI), Klaus Heder, se puso en marcha La Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI). ¿Se imaginan compartiendo amistosamente en una misma sala al tandem Pimentel-Cordero y al triunvirato Bedoya- De Cárdenas-León? ¿No? Sería mucho pedir. Lo cierto es que en el marco del Festival Latinoamericano se juntaron un grupo de críticos locales que luego de un prolongado, interminable y redundante diálogo llegaron a la conclusión de que es mejor empujar juntos el mismo coche. Con el objetivo de discutir los alcances y limitaciones del oficio crítico y fomentar el consumo, y de ser posible la distribución, de películas de difícil acceso en el mercado local, la Asociación se encuentra en su etapa de formalización, con una serie de proyectos interesantes en camino.

Continuando con el tema crítico, los primeros meses del año tuvieron a algunos críticos como protagonistas (¿involuntarios?). El epicentro, como no podía ser de otra manera en estos tiempos cibernéticos, fue una bitácora virtual (la más apátrida de todas) en la que dos de los mejores críticos locales, Mario Castro Cobos y Ricardo Bedoya, dirimieron egos por todo lo alto y bajo, en un espectáculo, si no ridículo, cuando menos infantil. Un poco de criterio para uno y otro poco de correa para el otro hubieran evitado el conflicto. El asunto tenía forma epistolar y, como es costumbre por estos lares, contenido injurioso. De un lado, mal por la difusión; del otro, por el innecesario encono que derivo en vendeta y en un polémico merecido. Yo hubiera optado por la indiferencia. Es más elegante, fina, inteligente y acorde con la grandeza.

Por otro lado, la comunidad virtual fue testigo del nacimiento de una nueva estrella; de un divo no reconocido; de un dios no consagrado: Alberto Angulo Chumacero. Me tomo la libertad de presentárselo, porque estoy seguro, rigurosos lectores literarios, de que ustedes serán mejores jueces que nosotros, los adeptos cinemáticos. No pretendo incitar un linchamiento virtual comunal -de hecho, cada publicación suya lo es- sino reivindicar la figura de un cinéfilo con personalidad, psicótica para muchos, incomprendida para pocos, pero personalidad al fin.

Mucho después de estos acontecimientos virtuales, sucedió uno más bien surreal, digno del partido del pueblo. Haciendo gala de toda la prepotencia que lo caracteriza, Mauricio Mulder calificó nuestro nunca bien ponderado cine como “pacotillero”, no por motivos cualitativos sino temáticos. ¿Cómo puede ser posible que hasta ahora no se haya producido en nuestro país una película sobre la Guerra del Pacifico?, fue más o menos lo que dijo. Como era de esperarse, la reacción de la comunidad cinematográfica no se hizo esperar y, como era evidente, luego de la bulla y el revuelo causado por esas declaraciones ignorantes -en 1926 se prohibió el estreno del segundo largometraje de la cinematografía nacional, Páginas heroicas, cuyo tema era justamente La Guerra del Pacifico- no pasó nada, sólo más de lo mismo: cartas a medios, editoriales de medios, correos electrónicos masificando el tema, y un gobierno ajeno a ‘la causa’. Sin embargo, si el cine peruano muere de inanición es por culpa de quienes deberían proveerlo de alimento, y no me refiero precisamente al Estado, sino a quienes pretenden verlo robusto y sano.

En medio de toda la efervescencia política de fines de marzo, un colega afirmó que los cineastas seguirán siendo ciudadanos de segunda mientras no estén dispuestos a reclamar activamente sus derechos (y no esporádicamente, como suelen hacerlo). Yo soy aún más escéptico: pienso que si bien el cumplimiento de la ley incrementaría la producción nacional, no elevaría necesariamente su nivel. Ya en una columna anterior mencioné la necesidad de implementar escuelas y centros dedicados a la  formación cinematográfica, además de un marco legal y gubernamental apropiado, apoyo empresarial y un público demandante para tener la posibilidad de hacer algo significativo en materia de cine. Conacine es mucho menos que una panacea y el Estado es cualquier cosa menos un benefactor divino. Talento, chicos, talento y buen marketing. Nada más. 
   
Yendo a otro tema, no menos grato, quisiera terminar esta columna comentando la cartelera comercial veraniega (en la próxima, me despacharé sobre la alternativa). La cartelera 2006 se cerraba con broche de oro gracias al sorpresivo estreno de El niño, Palma de Oro en el Festival de Cannes, la película menos redonda de los hermanos Dardenne, pero una de las más atractivas que se han estrenado últimamente en nuestro país. Poco menos de un mes después, se estrenó la que hasta la fecha es la mejor película del 2007 (y de todos los años anteriores hasta llegar a La Profesora de piano, la primera cinta de Michael Haneke que pudo ser “disfrutada” por el público en general): Escondido. Ambas son dos visiones desencantadas del viejo continente y del nuevo mundo, de la inocencia marginal y de la culpa social. Ambas son -parafraseando las palabras del director y crítico francés Jean Claude Biette respecto a Saló o los 120 días de Sodoma y Noche y niebla- dos películas que debería ver todo espectador que aspire a ser ciudadano.

Un poco a las antípodas estéticas de estas dos últimas se encuentra la recientemente reestrenada y ganadora del Oscar Infiltrados. Con ella, Scorsese retorna a sus raíces pero no con el brío de antaño sino desbordado: lo pletórico en Infiltrados termina entrampando una trama que se resuelve de manera facilista y que sugiere un burdo  efectismo que no se corresponde con el genio del responsable de Buenos muchachos. 

Todas éstas, junto con la emotiva Volver, que ya estaba en nuestras salas desde mediados de febrero, fueron la única opción decente de los multicines hasta que llegó el buenote de Clint Eastwood con su díptico bélico bajo el brazo. Primero para conquistar los corazones de espectadores no tan exigentes con la historia de una mentira norteamericana, que se origina a partir de la famosa fotografía que Joe Rosenthal tomó a un grupo de soldados norteamericanos en la cima del monte Suribachi. Y luego con un cúmulo de cartas en cuyo interior reposaban verdades mucho menos artificiosas: rezagos de humanidad en medio de las situaciones más inhumanas. Merecedora del Oscar, Cartas desde Iwo Jima fue una nueva lección del maestro Eastwood.

De no ser por ellas, y por la fantástica El laberinto del fauno y algunos estrenos menores pero dignos como la alegórica Hollywoodland y la a veces entrañable En busca de la felicidad, nos hubiéramos visto obligados a decidir entre las arcadas de Babel o sustos seriales de color amarillo o de acento gringo como Regresiones de un hombre muerto, La maldición 2, Saw 3, o Dos hermanas. Claro que siempre hay quienes están dispuestos a tomarse en serio bromas alucinantes a lo Children of men, o románticos, como yo, que se dejan cautivar por los anhelos de gloria de ilustres miembros de la tercera edad (Rocky Balboa). 




¿”Volver” una película emotiva? Habría que aclarar bien la línea fílmica actual que está cursando el cine de Almodóvar y preguntarse hasta cuándo vamos a tener que soportar tenerlo hasta en la sopa cada vez que saca una película. Yo creo que su cine tiene muchas reminiscencias con su vida, detalles de su crianza y harta mariconada, lo que no lo descalifica, pero si hastía al espectador. Una buena analogía con la literatura la presenta Bryce, que siempre presenta en sus novelas a un pobre diablo y a una malandra que lo hace sufrir. Siempre, salvo excepciones como Julius o No me esperen en abril. Propongo la indiferencia para estos dos sujetos: Almodóvar y Bryce que se vayan a barrer San Isidro junto a Bayly.

Comment by Bravo del Llauca 04.20.07 @ 7:43 pm

No Diego sea malo, tampoco que los otros columnistas de la Bitácora les falte mérito. Todos, creo yo, escriben bien y hacen que mis mañanas sea más agradables. No es fácil vivir en La Victoria, en Mendocita para ser más precisos. Pero entre chaira y morcilla me he dado a la tarea de cultivarme. Gracias a los pocos libros que he leído, puedo entender al tío Calderón, aunque se mande rollos pesados, aunque inteligentes, sobre la naturaleza del realismo. También me gusta Angeles, como entrevistador sobre todo, porque busca abrir yaya y le gusta, como a mí, caminar con un verduguillo de bolígrafo. Los comentarios siempre los disfruto. Me apena sinceramente que Rocky no quiera volver y que renuncie a una familia de la que ya forman parte buenos mozos como el Primo Levi, el Tío Rico, el Bravo del Llauca, y su muy seguro servidor, el maleado. Pero como les iba diciendo al principio, me gustan estas cosas que los muchachos escriben, algunas me gustan mucho, como cuando Diego habló de la televisión que ve de madrugada. Pero si no encuentro a Leo, siento una nostalgia horrible, una pena que es tan dolorosa como la daga que le clavó La China a mi abuelo Tatán en la colonia El Frontón. Leo me hace reír, me pone feliz. Leo a Leo y me convierto en una chiquilla de lo puro contento. Una chiquilla ilustrada, eso sí. Porque gracias a Leo he leído por primera vez a tantos autores, sin sentir culpa por mis antiguos gustitos: Condorito, Estefanía, Susy y Aniceto. Así que le sugiero una cosa, que Leo tenga una columna diaria. No creo ser el único que lo pide.

Comment by maleado 04.20.07 @ 8:52 pm

El problema de la distribucion de películas es un grave problema de política cultural. ¿Quiénes deciden lo que tenemos que ver o no ver? Del cine nortemaricano sólo llega la basura. El 60% no llega. De cine argentino, brasileño, mejicano que han mejorado notablemente, llega muy poco. De cine europeo ni qué decir. Y qué dice el Instituto Nacional de cultura, los críticos de cine. NADA. Parece que los distribuidores le han pasado la mano a la gente. Y el cine club, que en la filmoteca era formidable, ahora en la Católica es de programación pobre y caro.

Comment by Rudy 04.20.07 @ 9:55 pm

Cabrera, pero qué tanto piteas por el rollo contrario al cine peruano si la gente de Godard! ha afirmado mil veces que las peores películas del mundo son las latinoamericanas, además de las peruanas. ¿Qué pasa entonces? ¿Necesitamos que ustedes estén al frente de la crítica para que salgan más Josués Méndez y Claudias Llosas?

Comment by Jamoncito 04.20.07 @ 11:05 pm

Buen comentario, maleado. Acabo de leer una revista que lamentáblemente no circula mucho, la mexicana “Letras libres”. Bueno, hay un artículo de Gabriel Zaid (no se mucho sobre el, a decir verdad) sobre políticas culturales en México, su historia, sus problemas, etc. Al final, plantea una especie de teoría de la cultura, que coincide con lo que escribes No es fácil vivir en La Victoria, en Mendocita para ser más precisos. Pero entre chaira y morcilla me he dado a la tarea de cultivarme. Zaid plantea que existen tres niveles de cultura 1) el animal 2) el antropológico y 3)el relacionado con la creación (Zaid usa otras palabras y es más explícito, yo escribo de lo que recuerdo). Plantea que la mayoría de personas vivimos en los 2 primeros niveles, y que el ideal es llegar al tercer nivel, obviamente superior. De paso, contradice a quienes consideran suficientes los dos primeros niveles, escudándose en la pobreza o “nuestro modo de ser latinoamericano”. Una política cultural (del Estado, pues)buena sería aquella que facilite ese deseo de cultivarse de cualquier persona.

Comment by el primo Levi 04.21.07 @ 5:53 pm

No creo que la casualidad haya llevado al Primo Levi a leer a Gabriel Zaid. De seguro el primo es asiduo de la página de Letras libres, de lejos la mejor revista literaria de latinoamérica. Zaid es un escritor desconocido por muchos de nosotros, porque escribe en Letras libres sólo esporádicamente, pero cuando lo hace sus ensayos suelen ser memorables. Esto lo digo en buena onda, no vayan a creer que lo hago de puro malo, pero leer a Zaid le haría mucho bien a tanto chico empeñoso que no se cansa de arrojarle flores a la academia o de exigir que el zapatero vuelva solamente a sus zapatos. Si hay algo que se aprende de Zaid, es que el zapatero también puede hablar de bicicletas y si lo hace con imaginación y elegancia, eso vale más que todo el conocimiento acumulado en cien universidades. Las teorías pasan, el estilo queda.

Comment by tio rico 04.21.07 @ 9:53 pm

Letras Libres. Claro hombre, hay una edición mexicana y otra española, y sale en físico y en virtual. Allí escriben Jorge Volpi, Enrique Krause, Juan Villoro, Rodrigo Fresán y otros grandes escritores. Justo hubo un especial de cine en el último número. La recomiendo. Me gustó vuestro blog, recién lo puedo ver. Escribo desde Barcelona, muchos saludos.

Comment by John 04.21.07 @ 10:32 pm





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