DESENCANTOS
Friday May 11th 2007, 5:02 am
Filed under: Columnas,Hablablog

guich1.jpgLOS MODALES ALTERNATIVOS

 

Por: José Güich Rodríguez

 

De la agitada polémica que agitó los tabernáculos literarios durante el  2005, es francamente escaso lo que a estas alturas se recuerda, salvo la cantidad de material -desechable en cantidades industriales- que yace en las bodegas de la memoria. Aun así, tal masa de textos brinda un pintoresco testimonio sobre que alguna vez la literatura y sus actores fueron objetos de cierto interés para un público, en promedio, bastante ignaro en tales cuestiones. Un diario local, por cierto pluralista, cedió su espacio para el debate; sin embargo, los protagonistas, en la mayor parte de los casos, no estuvieron a la altura de la generosa disposición del periódico para animar un intercambio justo y necesario en un ambiente cargado de envidia gratuita, rencores añejos, anteojeras y mucha  paranoia.

Al margen de que el “diálogo” se redujo a insultos de grueso calibre, acusaciones de todo orden y a severos cuestionamientos sobre la moral de varios escritores -así como al odio visceral entre varios de ellos-, por primera vez en muchos años hubo un intento de esclarecer por fin quiénes dominaban el circuito literario y quiénes se encontraban, voluntariamente o no, en la periferia. “Andinos” contra “criollos”, “resentidos” contra “pitucos”, “marginales” contra “asimilados”, y demás etiquetas horrorosas e irrelevantes saturaron la atmósfera durante esos días.

En realidad, el nivel intelectual de la confrontación fue deplorable. No faltó el editor en jefe de un sello más o menos posicionado que polarizó el asunto con joyitas como “exitosos contra fracasados”, pecando de soberbio y atacando a todos los que, según su parecer, se atrevían a participar en la discusión sin haber sido invitados. ¿De dónde sacó el señor Germán Coronado tanta mala leche?  Dejemos a ese editor tranquilo en su burbuja olímpica. Para ponerle la cereza al pastel, ese caballero aseguraba que su empresa solo publicaba libros grandiosos (sic).

Hay algo que desearía rescatar de esos sangrientos meses, y que probablemente no se destacó tanto como debiera: la existencia de nuevas casas editoriales, dirigidas por jóvenes, que se atreven a lanzar productos por los que un sello “prestigioso” no arriesgaría ni un centavo. La lista de esos nuevos centros de difusión de las letras es amplia, pero me atrevo, sin ánimo de hacer publicidad gratuita, a destacar a quienes han desarrollado con más eficacia el concepto, pese a las dificultades que deben afrontar en el día a día para proseguir la alucinatoria cruzada. Entre ellos figuran Matalamanga, Estruendomudo, Mesa Redonda y Solar.

¿Existe alguna mística o declaración de principios de estas editoriales alternativas? En absoluto. Son sencillamente la mutación espontánea propiciada por un mercado endeble, que se articula en torno de sucursales de sellos extranjeros. Quizá los criterios de selección de los libros todavía no son los más aconsejables y se filtren obras que no llegan a cubrir los requisitos mínimos de calidad. Debe tomarse en consideración que casi todos los autores que tocan las puertas de estas emergentes casas costean su edición (especialmente si son muy jóvenes o desconocidos). Es una suerte de derecho de piso, tanto para los nuevos promotores del libro como para los escritores. Pero ya hay algunos indicios del cambio que podría orientar los rumbos de la literatura peruana en los próximos años: con las aún reducidas utilidades, esos sellos han publicado por su cuenta y riesgo a reconocidos creadores, como Oswaldo Reynoso (Estruendomudo) y Miguel Ildefonso (Mesa Redonda). Y para los próximos meses se aprestan otros lanzamientos de esta naturaleza. Por otro lado, noveles talentosos como Carlos Yushimito o Claudia Ulloa constituyen ilustrativo testimonio de una generación nacida de estos canales.

La razón fundamental para mi entusiasmo, a lo mejor ingenuo y banal, es el método de trabajo de estos editores, basado en la agresiva distribución, así como en la buena relación con la prensa cultural. Nada de promover actitudes de “malditismo”, del improductivo “coloco mis posaderas sobre todo lo existente” o del “yo no me prostituyo ni me arrodillo…escribo para mí mismo” que a veces revela necedad, y en otras, una inseguridad sobre las propias condiciones para la escritura. Por favor, los autores quieren, al menos, recuperar su inversión. Además, los responsables de las siempre sufridas páginas culturales saben que ya no es políticamente correcto ningunear a quienes no se encuadren dentro del paradigma Alfaguara, Norma, Planeta o Peisa.

Mientras los manuscritos rechazados se siguen acumulando en los sótanos de los monstruos de la industria -si así puede llamársele a firmas cuya preocupación básica ahora son los manuales de autoayuda y los testimonios de éxito personal-, los editores jóvenes acogen estos textos segregados por la lógica hamburguesera, y salvan aquello valioso que bien pudo quedar en el olvido. Por supuesto que hacer factible la publicación implica comprometer el aporte pecuniario del autor. Será, al fin y al cabo, el propio sistema literario el que premiará o castigará a quienes tuvieron el atrevimiento de dar a la luz una obra en semejantes condiciones. Ese es el riesgo de la democratización y de los costos mínimos; los buenos libros pasarán la prueba de iniciación y serán la base de carreras promisorias, al tiempo que enriquecerán el espectro de la creación en el Perú para los años que vienen. Los malos serán confinados al limbo, pero se hizo el esfuerzo, concediendo una oportunidad al atrevimiento o a la ambición de ocupar un puesto en el Parnaso criollo.

El mercado peruano del libro ostenta su propia dinámica, y los tonos, por lo que concierne a esta coyuntura, lo marcarán quienes decidan apostar por lo novedoso, es decir, aquello que aún es mirado con recelo por los comités editoriales de los paquidermos. Estos siempre preferirán a personajes como Gianmarco, quien hace poco anunció que Planeta le editará un libro de “historias” (otra vez sic). Insisto en el hecho de que el señor Gianmarco está en su derecho de perpetrar lo que le dé la gana. Y como la sinceridad está de moda, el cantante ha declarado que “sabe poco o nada de literatura”, preparándose con rapidez de reflejos para la andanada de proyectiles que le lloverán de todos los flancos, indignados por tamaña herejía. Yo diría, para consolar a los iracundos de la crítica, que se trata solo de un calculado negocio mediático, y por lo tanto, no hay que enfurecerse tanto. Por otro lado, albergo la vana esperanza de que el libro sea bueno, y que por fin Gianmarco haya encontrado su verdadera vocación y cuelgue para siempre la guitarra y los micrófonos (dioses, a ustedes me encomiendo).

Por otro lado, también Planeta está en plena libertad de lanzar con bombos y platillos a quien le plazca. No obstante, sería perfectamente comprensible que autores o autoras expectorados por la decisión del comité no queden muy complacidos acerca de que un advenedizo sin mayor vocación o compromiso con las letras goce de tantas facilidades, sin hacer el mayor esfuerzo, mientras ellos se pasaron diez años escribiendo la obra maestra para luego darse de bruces con la cruel realidad. Bueno, qué quieren: es Gianmarco, el pasteurizado chico bueno y de nobles sentimientos con quien sueñan  las abuelas para sus nietas, o las madres para sus hijas (o para ellas mismas, cuando ya se cansaron de los maridos mofletudos y cuarentones que solo anhelan ver fútbol, beber cerveza y hablar de automóviles). Es sin duda el yerno perfecto para los sacrificados y conservadores padres de familia: un chico exitoso, con los pies sobre la tierra, que promociona celulares y que ha hecho su carrera en Miami con una música tan “sofisticada” como podría ser un local de Kentucky Fried Chicken o de Pizza Hut. Suficiente carta de presentación para la mesocracia peruana, más conformista y estrecha de horizontes que nunca.

Volviendo a los editores alternativos (hermoso adjetivo), su destino dependerá de cuánto logren adaptarse a las nuevas condiciones. Se abren dos caminos: ser absorbidos por los mastodontes, quienes se demoran siglos en aprobar y publicar una obra, o reincidir en el desafío de construir una verdadera industria paralela, con criterios expeditivos y opuestos a la inoperancia y dilaciones interminables  que caracterizan, por lo general, a los sellos de establishment. Si algo bueno trajo la tecnología, es que publicar nunca había sido tan sencillo. Bastan una computadora y un decoroso conocimiento de los programas destinados a la composición de textos. Su internacionalización es otra posible vía; alguno de los sellos mencionados ya ha dado los primeros pasos en ese sentido. Otros quieren fortalecerse en el frente nativo antes de dar el gran salto. Sea de un modo o de otro, mis mejores deseos para “los alternativos”. En sus manos y capacidad -y algo de romanticismo- está el futuro de una literatura heterogénea, diversificada, con múltiples propuestas, desde el nuevo realismo hasta la fantasía más desaforada. Larga vida y prosperidad.




Interesante su artículo, sobre todo en lo referido a lo de las editoriales. Sobre el debate entre andinos y costeños usted no aporta nada. Pero en el otro asunto saca a la luz, un problema importante. Si bien usted destaca la labor de las editoriales alternativas, no menciona la labor encomiable, se diría vital para la cultura peruana efectuada por instituciones nacionales tales como la Biblioteca del congreso, el Fondo Editorial de la Universidad de San Marcos, La editorial de la Católica o de la universidad San Martin. Tampoco menciona a la editorial San Marcos.

Comment by Academico 05.11.07 @ 11:51 am

Estoy de acuerdo con el Academico, hay que completar la información. Hay que decir que escritores como Oswaldo Reynoso, Miguel Gutíerrez, Oscar Colchado Lucio, Carlos Calderón Fajardo, Enrique Prochaska, Carlos Herrera, no publican en ninguna de las tres editoriales comerciales que existen en el Perú. Es decir la publicación de esos escritores significa un esfuerzo grande de instituciones con presupuestos limitados, y la mayoría de las veces es el mismo autor que paga sus ediciones. Pero si se revisa la lista mencionada, ahí está lo mejor de la narrativa peruana actual. Y si se va a las librerias, los libros de estos autores o están muy mal ubicados, los de las comerciales estan en estantes muy visibles, o los libros de los escritores secretos ni siquiera están. Yo quise comprar un libro de Calderón Fajardo y no había ninguno de sus libros en las librerías Crisol, y lo mismo pasa con Colchado y con Prochaska. Y cuando uno abre los periódicos no aparecen esos mismos escritores y sí grandes reportajes de los escritores publicados por las editoriales comerciales. Entonces cuál es la cacareada libre competencia en el mercado, si en esa competencia unos corren con ventaja. Las editoriales comerciales, sobre todo las españolas, pero Peisa también, son empresas creadas con el afán de ganar dinero y lo ganan, sino no existirían, pero a la vez de ganar dinero le hacen un gran daño a la literatura peruana publicando mediocres escritores y ninguneando a escritores de gran mérito. Eso no pasa en Mexico, en Chile, en Argentina. Estamos en el Perú, señores de El Hablador. En un país donde el deporte nacional es liquidar a sus talentos. Sino se les puede matar se les silencia.

Comment by Rudy 05.11.07 @ 1:33 pm

El lector con lupa ingresa a esta bitácora por primera vez y con la firme intención de no abundar en torno a los contenidos de los escritos, sino a los detalles de su forma, que a tan pocos comentaristas interesa. Surgió el interés a partir de una frase accidental de Guich: “hermoso adjetivo”, en referencia al vocablo “alternativo”.

Sirva la frase para generar conciencia en torno a la manera en que los escritores abusan de los adjetivos. En nuestra pequeña comarca, Mario Vargas Llosa ha sentado cátedra de cómo NO debe usarse un adjetivo, ametrallando al lector con adjetivos totalmente innecesarios en muchos de sus interesantes artículos de Piedra de toque.

El adjetivo, en manos de un escritor talentoso, puede ser una revelación. Lo dice Borges a propósito de Quevedo, que halló la contiguidad milagrosa del valor y las lágrimas cuando alude al “llanto militar”, fragmento de verso que el escritor argentino encontró admirable. Pero si bien tales son los privilegios de la poesía, incluso el autor de una columna periodística tiene que emplear los adjetivos con exactitud y pericia.

Y en el presente artículo me ha dolido mucho encontrar baches traidores que me impiden saltar de una oración a otra. De qué manera, le pregunto a José, que por cierto me parece un excelente escritor, puede uno interpretar la insólita frase “sangrientos meses” a raíz de la polémica de andinos y criollos. Admito el uso trillado de tal adjetivo en artículos periodísticos referidos a actos de violencia, pero en el contexto de una polémica carece incluso del efecto hiperbólico por el cual cabría imaginar a Ampuero desangrándose por obra y gracia de una sentencia liquidadora de Miguel Gutiérrez o a Ivan Thays acuchillado por una declaración de Tulio Mora.

Ahora, pasando al vocablo “alternativo” no encuentro la manera en que pueda elevarse por la magia que encierra el adjetivo “hermoso”. Una opción para los escritores marginales, un circuito que florece al margen de las grandes casas editoriales, revela un empeño admirable, reconfortante y aleccionador, pero de ninguna manera “hermoso”.

El lector con lupa, para no cansar al autor, se limitará a mostrar dos o tres cosas, puesto que el deber de encontrar lo demás le corresponde al autor mismo en el proceso de corrección de su artículo. Dicho esto, me despido y los saludo atentamente. Y ojo, no se enojen. El lector con lupa es buena gente, sabe que ustedes son buenos escritores y cualquiera de sus observaciones lleva la mejor intención de ayuda.

Comment by lector con lupa 05.11.07 @ 3:31 pm

Ildefonso un escritor “reconocido”? ya pues Guich, no te burles así del muchacho.

Comment by anonymous 05.11.07 @ 3:32 pm

En la revista El Hablador no hemos estado ajenos a esta problemática. Invito a los lectores y comentaristas de esta bitácora a revisar los siguientes artículos y entrevistas sobre editoriales “jóvenes”, fondos editoriales universitarios, piratería e industria editorial y otros aspectos vinculados al libro en el Perú. Es cierto que José Güich ha puesto sobre el tapete un asunto relevante para la discusión de la literatura peruana contemporánea. La referencia a la polémica andinos-criollos iba en el sentido de que no aportaba nada para la discusión “real”, el verdadero tema de fondo: el acceso a tal o cual editorial define la posición del escritor en el campo cultural. Ahora, la calidad es una cosa aparte. Que la editorial haga negocio, sí, está en su derecho. Pero que también apuesten por literatura de calidad y no se dejen llevar tan sólo por las prebendas de la industria cultural.

Comment by Giancarlo Stagnaro 05.11.07 @ 3:37 pm

Si como el mismo Guich reconoce, los jóvenes que publican en esas editoriales “alternativas” ponen su billete, entonces cuál es el gran mérito del que estamos hablando?

Comment by elsurferito ilustrado 05.11.07 @ 3:50 pm

Ya, tampoco se crea que esas editoriales son la panacea a todos nuestros males. Rechazan los manuscritos casi tanto como las otras y lo que están formando es una pequeña argolla juvenil. O sea, la misma vaina de lo qeu Guich critica en las editoriales grandes.

Comment by anonymous 05.11.07 @ 3:54 pm

Una cosa que, por ejemplo, sorprende de Planeta-Perú, es que no publica libros que pasen de las 210 pp. Esa una norma y, la vez, un sesgo. O sea así llegaras con un nuevo Ulises o hubieras escrito Rayuela, te fregaste, tu libro no es rechazado por malo, sino porque no se ajusta al formato postal, el cual, además campea en el resto de casas comerciales.
Las editoriales alternativas están abriendo un nuevo mercado por romper con esas tontas normas que por ejemplo tiene Planeta, sin embargo, algo que deben de cuidar es el control de calidad. Sin menospreciar a Estruendomudo, lastimosamente sus libros están muy mal cuidados. Y es un lástima por todo el esfuerzo que implica sacar un libro, pero eso sí, sin faltas de otografía como a veces se encuentra en sus libros. De hecho, esperemos que con el tiempo no les vuelva a ocurrir

Comment by anonymous 05.11.07 @ 4:34 pm

Giancarlo:

No estoy muy seguro de entender una de tus afirmaciones. ¿Dices que el “verdadero tema de fondo” de la polémica entre criollos criollos y criollos “andinos” es que “el acceso a tal o cual editorial define la posición del escritor en el campo cultural”?

La verdad es que no entiendo muy bien la idea, quizá estoy perdiendo de vista algo y te pido que me lo aclares.

Porque sugerir que, por ejemplo, los autores publicados por Peisa comparten una misma “posición” en el “campo cultural” parece una reducción tremenda, ¿no?

Autores publciados por Peisa son: Elmore, Cronwell Jara, Watanabe, Miguel Gutiérrez, Bryce, Oswaldo Reynoso, Nieto Degregori, Carlos Herrera, Vargas Llosa, Gregorio Martínez, Bellatín, Antonio Cisneros, Rivera Martínez, Cueto, Pilar Dughi, Varela, Zavaleta, Thays, Bayly, Carlos Garayar, Castañeda, Urteaga Cabrera, Ampuero, Marco Martos, Adolph, Iwasaki, Ollé, Riesco, Ribeyro.

¿Cuál es la “posición” compartida por esos autores en el “campo cultural”?

Comment by Gustavo Faverón Patriau 05.11.07 @ 4:46 pm

Un post que saca al tapete una discusión interesante. Felicitaciones a Pepe. Ya era tiempo, habladores.
Sin embargo tengo que decir que, lamentablemente, las editoriales alternativas, por su condición, no garantizan en absoluto la promoción exclusiva de buenas novelas o cuentos o poemarios. Al igual que las transnacionales o la editorial peruana más importante, muchas veces no tienen el adecuado criterio o se ven obligadas y publican libros calificados de regulares para abajo. En cuanto al criterio, pues este puede representar un error involuntario. Y en cuanto a la obligación, me refiero a la presión que tienen de obtener recursos (económicos) que les permita sobrevivir. La diferencia radica en que mientras que para las transnacionales los libros “light” representan su principal ingreso; para las alternativas, ese ingreso proviene, a veces (ojo, no siempre y, por supuesto, no en todos los casos) de desprevenidos aspirantes a escritores a quienes les ofrecen publicarlos y les venden las ilusiones de hacerlos famosos a cambio de una suma de dinero que no solo financie su libro, sino los libros que el editor realmente quiere editar sin cobrar y las respectivas utilidades, claro.

Comment by Coqui Terralde 05.11.07 @ 8:34 pm

Coincido con el Surferito Ilustrado, ¿cuál es el mérito de las editoriales alternativas si quien pone la plata es el autor? Así cualquiera. Si un libro es bueno ya depende de las editoriales alternativas hacerlo rentable por su cuenta y riesgo. El capital del autor es su tiempo y esfuerzo y el de la editorial el riesgo comercial. De lo contrario ya no hablamos de editoriales sino de imprentas.

Comment by Decepcionado 05.12.07 @ 1:39 am

Ojo, creo que el asunto de que trata la columna no es tanto el mérito de las editoriales alternativas, sino que actualmente es más posible para un autor convertirse en “edito”. Es decir, en lugar de vivir soñando que algún día Seix Barral toque a tu puerta pidiendote originales, ahora puedes agarrar tu diskette, llevarlo a editorial XXX y tener en una semana tus 500 ejemplares listos. Eso, amigos, antes era impensable, a menos que tuvieras mucho dinero.
Lo que pasa es que ni las editoriales “grandes” ni las “alternativas” pueden dormirse en sus laurles y decir “ya publiqué pues, hasta aquí nomás”. Al contrario, de alguna manera, deben ofrecerte el paquete completo: corrección, edición, publicación y promoción. De repente cuesta un poquito más, pero así es el mercado.

Comment by el primo Levi 05.12.07 @ 2:27 am

Por lo menos hoy en día uno puede publicar con más facilidad. El problema con esto es que “el oceano de publicaciones” se incrementa bombardeando las librerías con libros francamente malos de escritores jóvenes. Yo creo que a la larga este proceso caótico de publicaciones terminará saturando el mercado (si existe algo como eso) o desprestigiando a los escritores jóvenes que quieran salir, con verdadero talento, a la palestra.
Para aliviar este caos se tiene que potenciar las editoriales universitarias con publicaciones de autores jóvenes con talento (que resuelvan con inteligencia un comité editorial serio de académicos y entendidos de las propias casas de estudios). Y me refiero a libros de producción creativa, no a los ensayos que buenamente publican (sobre todo el fondo editorial de la UNMSM).

Comment by El hombre de la luna 05.13.07 @ 1:15 am

Gustavo:

Considero que cada uno de los autores que mencionas posee una posición distinta en el campo cultural y artístico, no obstante haber sido publicados por el mismo sello editorial. Eso es evidente para los lectores. Por tanto, se puede hablar de una diversidad de propuestas (el cubo de Rubik de Carlos Herrera). El tema al que se refiere José Güich es que la polémica andinos-criollos, en vez de alentar esta variedad, se instaló en la diatriba y se alejó de un sentido “verdadero” de discusión: cómo hacer que la amplitud de la literatura peruana se difunda más y mejor, lo cual pasa, en cierto modo, por la responsabilidad de esta industria cultural que se dedica a la publicación y comercialización de textos de ficción. Las editoriales jóvenes son una manera de responder a dicha problemática, de ahí el interés que despiertan.

Comment by Giancarlo Stagnaro 05.14.07 @ 6:32 am

Me alegra encontrar el post de Guich. El fenomeno de las nuevas editoriales peruanas y su esfuerzo por renovar la industria editorial local (y no por crear una industria alternativa, me parece), es loable y ha generado ms impacto del que algunos en el medio creen (al respecto pueden leerse el articulo David y Goliat publicado hace pocas semanas en Babelia, pero tambien Las leyes del libro contra el fanatismo del mercado, de Jorge Herralde, publicado en Letras Libres).
Pero creo que hay que aclarar un par de cosas al respecto:
1.La primera es la confusion que Guich establece entre editoriales alternativas e independientes (confusion usual, ademas). Todas las que menciona, y algunas otras, son editoriales independientes, puesto que no dependen ni de los intereses de ninguna trasnacional o gran corporacion, ni exclusivamete de los intereses del mercado, se publica lo que a los editores de cada una de ellas le parece que sera bueno y, seguramente, vendible; pero ninguna de ellas es alternativa, puesto que no propone caminos distintos, ni en cuanto a los contenidos ni a la forma de publicacion, ni de circulacion, ni de ninguna otra clase. Se me ocurre que la unica editorial alternativa -que conozco al menos-en el Peru seria Sarita Cartonera. Claro que si hablamos de edicion alternativa en el extranjero habria que hablar de Traficantes de suenhos en Espanha (que trabaja con derechos creative commons) o la red internacional de publicaciones callejeras (INSP) u otras editoriales realmente alternativas. Lo que sucede en el Peru es una interesante aunque todavia incipiente reaccion de algunos jovenes ante la pauperrima situacion editorial peruana, que va bien, pero que apenas tiene tres anhos, es decir, esta comenzando, ya sabremos en cinco o diez anhos si tuvo repercusiones reales en la cultura del pais, y en su economia.
2.Segun dice Guich, en estas editoriales los autores noveles deben costear sus publicaciones, y esto es normal, esta bien, es un derecho de piso. Pues no. Ni esta bien, ni sucede tanto como muchos creen. Si bien al principio -sobre todo de la era de Estruendomudo- esto sucedio, la mayoria de los nuevos buenos editores se dio cuenta pronto que -como dice alguien en un comment- publicando asi, cual es la gracia, cual es el riesgo. Un editor independiente lo debe ser tambien de los recursos pecuniarios del autor al que publica y, por lo tanto, debe ser capaz de conseguir sus propios recursos para editar a los autores. Escribir un libro es un trabajo que debe ser recompensado por el editor, quien a su vez trabaja para ser recompensado economicamente por los lectores. Hacer que el escritor, ademas de escribir un buen libro y buscar un editor, costee la edicion, es un acto de conchudez suprema que, felizmente, ya no usan la mayoria de las editoriales mencionadas, probablemente porque saben que ese ha sido el metodo mas usado en la historia de la edicion peruana y que ya ha fracasado demasiadas veces.
3.Finalmente, creo que debe decirse que quien inicia una editorial debe verse a si mismo como un empresario cultural, con dos roles definidos: el de aportar al desarrollo de la cultura, y el de ganar el dinero suficiente para no tener que abandonar el barco, para hacer una empresa viable. Basta leer articulos, entrevistas o libros de los grandes editores independientes del siglo XX: Gallimard, Einuadi o Calasso, Herralde o incluso Manuel Borras o Chus Visor, para ver como, la labor del buen editor independiente consiste en buscar el equilibrio entre publicar libros de calidad con el mayor cuidado y entusiasmo, como si fuesen escritos por el propio editor, e intentar venderlos como si fuesen tomates a punto de podrirse. Quizas el relativ exito de estas nuevas editoriales consista, precisamente, en entender esto un poco mejor que sus antecesesores.

Comment by Fernando Peres 05.14.07 @ 1:32 pm

Cuando hice el Proyecto Quipu (y sé que se trata de un proyecto muy modesto), la intención fue, precisamente, contribuir a la divulgación de la literatura hecha por los autores más jóvenes, o menos atendidos por la industria editorial, sobre todo si además venían del interior del país. Tuve ayudas de distinto tipo de gente como Zein Zorrila, Luis Nieto, Marcel Velázquez y Alonso Cueto. Se han publicado en Internet 64 obras de unos cincuenta autores distintos. El Proyecto Quipu fue una respuesta a la polémica. Yo estoy completamente seguro de que ha sido un éxito, pero también sé que hubiera sido un éxito monumental si hubiera contado con la ayuda desinteresada de más personas: precisamente de las personas que se vieron envueltas en la pelea y que, colocados ante la posiblidad de hacer algo creativo y real a partir de esa polémica, prefieren la pasividad y conservar así la chance de volver a utilizar el status quo como excusa para lanzar más ataques en el futuro. Hasta ese momento, yo pensaba que la responsabilidad en el problema de la difusión era exclusivamente de las empresas editoriales; ahora sé sin duda que no es así: es una responsabilidad compartida por todos en el mundo literario.

Comment by Gustavo Faverón Patriau 05.14.07 @ 1:48 pm

Si bien Oswaldo Reynoso ha publicado en Peisa, él mismo ha declarado que no estaba conforme con las regalías que le tocaban como autor, además de estar en contra con los “elevados” precios en que se vendían sus obras (cuando dijo eso se refería a Los eunucos inmortales). ¿Qué hizo el autor entonces? Pues publicar en la discutida editorial San Marcos, que ofrecía sus libros a precios cómodos y asequibles, algo que sostuvo la intenció masificadora de su obra. Y en algunos casos el propio Reynoso ha hecho ediciones propias, en una especie de autopirateada, con el fin de agarrar un porcentaje mayor para sí mismo. Con el ejemplo de este escritor hay muchos aspectos por tomar en cuenta para debatir (regalías, piratería, derechos de autor), al menos eso creo yo. Saludos.

Comment by Bravo del Llauca 05.14.07 @ 6:43 pm

Hay muchas páginas y blogs que desde hace años publican cuentos de autores noveles, señor Faverón, y ninguna anda diciendo por ahi que es un éxito o que es “el” proyecto del siglo. Ciberayllu, por ejemplo. O la propia Los noveles.

Comment by Memorioso 05.15.07 @ 1:10 am

Claro memorioso, pero esas páginas no nacieron al calor de un debate. La de Faverón nació porque en ese momento se estaba discutiendo con cierta violencia sobre el problema de la marginación intelectual en el Perú. Además Faverón no se atribuye todo el mérito de su página. Siempre ha puesto en claro que recibió ayuda y colaboración de muchas otras personas. Aparte de todo esto, amigo Memorioso, quién se da tiempo para publicar y difundir la producción de jóvenes escritores sin pedir nada a cambio. Puede uno discrepar con Faverón en muchas cosas, pero su labor de difusión cultural es valiosa e innegable. No seamos tan mezquinos pues.

Comment by tio rico 05.15.07 @ 5:39 pm

¿Debate?

Comment by Memorioso 05.15.07 @ 10:38 pm

Faverón dice que es un éxito justamente porque muy en el fondo él es consciente de que Quipu es todo lo contrario. Nadie puede negarle las buenas intenciones, pero la mala calidad de la mayor parte de los cuentos que se publican (en algunos casos hasta con horrores ortográficos) habla por si sola. Dense una vuelta nomás por el blog y verán como ultimamente la mala calidad de los “autores” que Faverón publica queda en evidencia. Probablemente no sea sólo su culpa, tal parece por propias sus palabras que los dos o tres colaboradores lo han abandonado hace tiempo y él no puede darse abasto. En ese caso, lo mejor es que deje el proyecto al margen. Espero que ahora sí tengan la seriedad y el valor de postear esta opinión.

Comment by Anonymous 05.15.07 @ 10:59 pm

el comentario del anonimo de las 10:59 refleja la estupidez y el atrazo mental que ciertas personal tienen. hay que ser bien escaso de mente para “opinar” de esa manera. mas aun si estamos frente a un proyecto desinteresado que lo unico que trata es dar a conocer a escritores noveles.

Comment by benigno niebla 05.16.07 @ 3:43 pm

Mira, yo no he insultado a nadie y no veo porqué tú debes hacerlo, en todo caso quien parece sufrir retraso mental (no atrazo mental) eres tú, que ni siquiera sabes escribir correctamente atraso (no atrazo). Y, fuera de rencillas personales que pareces promover, sólo digo que no me parece que el señor Faverón ande presumiendo de lo que no es, como otros comentaristas han remarcado aquí mismo. Es más, si lees bien (aunque parece mucho pedir), he reconocido las buenas intenciones del proyecto. Pero lo que no basta es que quede en eso, y por eso le he pedido a Faverón que ponga más interés en ello o más trabajo para no dejar pasar trabajos de dudosa calidad que no hacen otra cosa que cuestionar la necesidad de Quipu.

Comment by Anonymous 05.16.07 @ 5:28 pm

Pero no nos desviemos del tema. Guich reconoce la importancia de las editoriales jóvenes, no es la solución, pero sí un paliativo frente al problema. Publicar en Internet puede ser otra salida y se comparte lo que dice Faverón con que no es responsabilidad de la industria editorial, sino del mundo literario en general. Piensen en Oswaldo Reynoso dedicando su tiempo a enseñar literatura y hablar de su narrativa a los escolares del país. Necesitamos generar mayores espacios de intercambio, más opciones de lectura, que la gente se acerque sin temor al libro, que el libro no sea considerado una veleidad más. Con el ninguneo sistemático de una u otra partreno se gana nada, porque al final todo vuelve a lo mismo.

Comment by Bismillah 05.16.07 @ 11:42 pm





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