LOS CABALLEROS NO HABLAMOS DE ESAS COSAS (PERO SÃ LAS ESCRIBIMOS)
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Por: Leonardo Aguirre
Mi primer libro, Manual para cazar plumÃferos, se cierra con una pieza titulada “Mi vida en Beatles” y subtitulada “Ticket to ride across the universe of my golden slumbers”. Honestamente, escribà ese cuento con la intención medio tramposa de tapar el sánguche y darle un barniz de coherencia y continuidad a una colección más bien heterogénea. Por eso, además de contar anécdotas verÃdicas de mi infancia y adolescencia vinculadas con la discografÃa beatle, me las arreglé para incluir el making of (también verÃdico) de cada uno de los relatos anteriores. Y sucede que, en la mayorÃa de los casos, ese making of comprometÃa la decencia de alguna mujer. Sin embargo, una está en Italia y de ninguna manera leerá ese libro. Otra está en Trujillo y, hasta donde sé, será imposible que lo consiga pues allá no se vende mi Manual. Una tercera sà vive en Lima y, aunque no puedo asegurar que haya leÃdo las pestes que dije de ella, intuyo que, por lo menos, algo le habrán chismeado: después de la presentación del Manual, me la he cruzado tres o cuatro veces en sendas fiestas y nunca aceptó bailar conmigo.
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Pero la cuarta, quizá la más perjudicada, sà que me armó un berrinche. Aunque tampoco le sirvió de mucho; como resulta evidente, una vez más escribiré sobre ella.
Sucede que un año antes del bendito libro, G. y yo tuvimos una especie de romance. Y no digo romance a secas porque se trataba de una relación extraña, hÃbrida, clandestina y culposa. Algo asà como amigos cariñosos o amigos con privilegios. Y no podÃa ser de otra manera pues G. ya estaba casi comprometida. Yo me metà por los palos sabiendo que el famoso novio estudiaba una maestrÃa en Contabilidad al otro lado del charco.
Ya escribà antes sobre un taller de narrativa informal animado por un puñado de amigos de Comunicaciones y este servidor. Y también mencioné que los mejores ejercicios de ese taller se convirtieron después en un volumen de cuentos titulado Papel cometa: 6 cuentos y 1 bonus track que publicó la propia Facultad de Comunicaciones de la PUC en el 2004, con prólogo de Abelardo Sánchez León. Pues bien, mi amiga con privilegios se encargó, precisamente, de diagramar los textos y diseñar la portada. Dado que G. era la diseñadora oficial de la facultad y yo, digamos, era el vocero del taller, resultaba natural que trabajáramos juntos. De hecho, ella acudió tres o cuatro veces a nuestras reuniones dedicadas exclusivamente a discutir la selección final. Y, lo más importante, pasé muchas noches en su casa revisando la diagramación y corrigiendo las tildes. Asà surgió el romance y asà lo conté en el relato susodicho. Con pelos y señales, con puntos y comas. Describiendo, paso a paso, el largo y tortuoso camino de las teclas al catre y de los (dos) paréntesis al punto final.
Pero el novio, intempestivamente (parece que ya se las olÃa), decidió regresar a finales del 2004, dÃas antes de la presentación de Papel cometa (el fruto el taller, el fruto de su vientre), y pasó la navidad con G. No lo soporté. Ella no sé si tal vez. El caso es que dimos por cancelada nuestra inconfesable relación la misma tarde de la presentación del volumen, en un salón del pabellón Z, mientras compartÃamos un pisco sour más frÃo que nunca. Terminamos de forma muy civilizada. Nada de besos, nada de abrazos, nadie lloró. Hubo fuego pero no quedó ni un solo punto de ceniza.
Ésa fue la última vez que la vi. Pero no fue la última vez que supe de ella. Un año más tarde, y una semana antes de presentar el Manual, G. me llamó al celular. Yo estaba tirado en el sillón, viendo un partido insulso de la premier league, y ella, según me explicaba, seguÃa trabajando en la oficina de la facultad y en ese mismo instante estaba mirando el monitor y corrigiendo un párrafo de mi libro. SÃ, mi libro. La versión final en un archivo adjunto que me envió Ezio Neyra la noche anterior.
Entonces recordé que Don Huevón le habÃa dado el password un año antes, cuando todo era felicidad entre nosotros (y cuando el otro Don memorizaba números mientras yo disfrutaba de una mayúscula ortografÃa). Aquella vez, como aún no tenÃa internet, el muy amarrete de Don Huevón se ahorraba una luca llamando a G. para que le leyera todos los correos por teléfono. Bueno, sÃ, era un huevón, pero también estaba enamorado (es lo mismo, en realidad). Y lo peor de todo es que a Don Huevón nunca se le ocurrió cambiar el password. ¿Don Huevón? Reverendo Huevón.
Asà que la doña, según parece, nunca dejó de vigilar, sistemáticamente, mi buzón. Y entonces encontró el correo de Ezio y encontró el libro y encontró “Mi vida en Beatles” y encontró un largo párrafo que versaba, con lúbrica prolijidad, sobre todas aquellas noches en su casa dizque trabajando en la corrección de Papel cometa.
Esa llamada terminó con una amenaza: “Si no borras ese párrafo, yo misma lo haré. Y mañana o pasado publicaré tu libro con ése y otros cortes, antes de la publicación de Matalamanga.”
No lo hice. Pero esa llamada me dejó sicoseado y resolvà operar algunas modificaciones destinadas a proteger la identidad de la vÃctima. Nada importante: otro color de pelo, un chaplÃn en vez de apellido, lunares y no pecas, ese tipo de cosas. No alteré la historia. No suprimà al contador. Quité las pecas, dejé los pecados. Y supuse que con esas enmiendas serÃa más que suficiente. Además, cómo no, injerté tres lÃneas de teorÃa literaria para dummies sobre la naturaleza de la ficción.
Sin embargo, la doña no se contentó con eso (Don Huevón le mandó de inmediato un adjunto con los retoques) y su segunda llamada fue una segunda amenaza: “Además del libro cortado, iré a tu presentación y te haré un escándalo. O quitas todo el párrafo o ya sabes qué.”
No lo hice. Peor aún, sin hacer un censo previo de toda la concurrencia, esa noche de la presentación del Manual me armé de valor (o conchudez) y agoté mis veinte minutos de micrófono contando, grosso modo (sin detalles gruesos), la misma anécdota de este post.
G. no se apareció. No hubo brindis con pisco sour. Nunca más volvió a timbrar mi celular. Y yo me olvidé el asunto hasta que, una mañana, meses después, mientras paseaba por Quilca, me tropecé con mi segundo libro. Mi segundo libro y yo ni me habÃa enterado. En la sección de remates de china de una librerÃa especializada en libros de computación, junto a números pasados de PC world y Mecánica popular, descubrà veinte ejemplares de un volumen de relatos escritos por Leonardo Aguirre cuya portada era negra con letras rojas. No habÃa solapa, no habÃa foto, no habÃa currÃculum. Revisé el Ãndice y, obviamente, faltaba el último relato. Como soy medio exquisito, me negué a aceptar la existencia de ese libro artesanal y mutilado y, en el acto, compré esos veinte ejemplares y otra docena más que el anciano guardaba en la trastienda.
Y luego, cómo no, apenas llegué a mi jato apliqué la técnica de mi pata Soria.Â
23 Comments so far
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Si una dama ha tenido la generosidad de brindarle su cariño (por algún oscuro motivo quizás, mezcla de piedad, simpatÃa y ganas de jugar con lo prohibido, puesto que usted, Loenardo, algo de sesos tiene, mas no cordialidad ni encanto ni pinta); repito, si una dama se le ha entregado con la mejor de las intenciones, es de caballeros no solamente callar al respecto, si el honor de dicha dama está en peligro, sino negarse también a escribir sobre el asunto. ¿Por qué mancillar reiteradamente, en una novela y luego en un testimonio oral y finalmente en este artÃculo, el prestigio de una chica que no solamente le hizo a usted el favor, sino que además, siguiendo las normas del buen gusto, le estaba pidiendo que borrara un fragmento que le hacÃa daño a su propio estilo? Probablemente el Lector con lupa, que no tuvo amorÃos con usted, le hubiera sugerido el mismo corte. Y el Bravo del Llauca, en cuyo código figura el respeto inquebrantable a la mujer, no dudarÃa en ejecutar en usted otro tipo de corte, emasculatorio digamos. Dice nuestro más insigne aforista que el amante termina siendo el cornudo con frecuencia, y es probable que tal haya sido el caso en su historia, de lo contrario por qué habrÃa de alimentar un cuento suyo con anécdotas que resucitan viejos rencores, despechos, heridas todavÃa abiertas. Seguramente el novio venció en la batalla y usted quedó como plato de segunda mano, lo cual los amantes desgraciados de sensibilidad exquisita convierten en materia de buena poesÃa, mas usted en episodio de CorÃn Tellado. O como canta el buenazo de José José: terminó usted siendo paloma, queriendo ser gavilán. Le recomiendo que no vuelva a tocar este asunto, vergonzoso no solamente para usted, sino también para sus lectores, por eso de la verguenza ajena.
Comment by La quiceañera 06.08.07 @ 1:37 pmsÃ, cuñao, y seguro después la tal g se casó con wilson dormani
Comment by tostado 06.08.07 @ 6:35 pmDudoso que Quinceañera sea en efecto tal.Su argumentaciòn es bastante buena y algo incompatible con el razonar promedio,generalmente algo estùpido, de una quinceañera corriente.Pienso y siento que la supuesta quinceañera es mà s bien un macho envidioso de Leonardo.PERO OJO, no estoy defendiendo a Leo, a quien en este blog lo veo como un huevòn (es su autodenominaciòn)de un narcisismo tan galopante como acomplejado.Ademà s,no “desperdiciar” un hecho vivido con alguien,sabiendo que puede hacer daño, indicarìa una real pobreza de recursos literarios y vitales. Dudo que se cumpla la “profecìa” de Alonso Alegrìa,otro narciso.
Comment by el tercer ojo 06.08.07 @ 8:07 pmCompletamente de acuerdo con La quinceañera. El texto es lamentable. Y, efectivamente, da vergüenza ajena. Qué loser.
Comment by Pancho, el mecánico 06.08.07 @ 8:59 pmCuñao, no estoy de acuerdo que la tires asà a esa flaquita, por muy tramposa que haya sido. Pero tu artÃculo no está mal. Es lo tuyo, brother. Escribir de ti. No pienses más. Recuerda cosas y escrÃbelas, ok? Acá la gente te sigue.
Comment by El surferito Ilustrado 06.08.07 @ 11:02 pmPor lo visto, Leonardo Aguirre con tal de escandalizar y llamar la atención no se preocupa ni siquiera en contar una anécdota que deberÃa quedar entre los implicados.
Ya bastante daño hace al meterte en una relación para ir por ahà aireándola.
¿O es que te has inspirado en Bayly echándole barro a Diego Bertie? ¿Todo se vale con tal de ser el centro de atención, Aguirre?
Comment by Robbie, el apicultor 06.08.07 @ 11:18 pmo sea que tú queres crear, a la prepo, a tu propia julia urquidi
Comment by félix d. 06.09.07 @ 1:38 amParece que anoche llegaste borracho y escribiste como sea tu columna. Ya, pues, Leo, asà no juega Perú, más respeto con tus fans.
Comment by Soraya 06.09.07 @ 1:47 amBorracho y todo, Leo escribe mejor que el resto de columnistas. Además no sé qué tanto defienden a la chica esa. También tiene su parte de culpa, no? Acaso no estaba dobleteando de lo lindo?
Comment by paola de la pamer 06.09.07 @ 2:04 ampor las puras se jalan los pelos. para mì que esa flaquita no existe, igualito que el wilson dormani.
Comment by jhonnhy 06.09.07 @ 5:10 amBueno, qué decir de esta columna. Aguirre mal no escribe, pero allá que ciertos temas agarren carne, como este, no debe llamar la atención, sobre todo viniendo de él. Prueba de ello son los personajes que se han manifestado (algunos miembros de la farándula latinoamericana, como Maricruz y Pancho, y la finadita Soraya) y cuyos puntos de vista, expresados tajantemente en ciertos casos, van con todo en los comments. Aquà podrÃa resultar interesante una respuesta por parte del autor, porque es obvio que el texto no se defiende por sà solo.
Comment by Bravo del Llauca 06.09.07 @ 2:25 pmA fin de cuentas, Leo va a resultar siendo nuestro Truman Capote, con la diferencia que éste funcionaba por atrás y tenÃa un mayor mercado mientras que a LeÃto le sobra la testosterona y su bolsillo no debe ser, me sospecho, demasiado solvente. Si la damisela efectivamente existe, entonces el diplomado en “expertise comptable” se ve que no sabe karate y le falta adrenalina como dinero a Leo. Lástima para el propietario de la cornamenta que en los predios que nos ocupan no hagan mella los galicismos ni los anglicismos ni los italianismos ni quizás los germanismos. Pero cuidado caballero Leonardo que el terreno que le atrae es cenagoso y podrÃa usted pisar en falso alguna vez. Yo también pienso que, como decÃa el cÃnico Wilde, nada más sabroso que la mujer casada y es una verdadera lástima que los maridos no lo sepan. Adelante, pues, amigo Leo y sáquese usted el Cervantes en el futuro, como lo merecerÃa al decir del entusiasta e infartado AlegrÃa Jr. no tan junior por culpa de los años. No exponga a la vista sus armas secretas y reflexione: el artÃculo que comentamos es un error de juventud divino tesoro. Suerte en la vida, poeta.
Comment by El tercer ojo 06.09.07 @ 2:30 pmPero qué están hablando muchachos? Ya dejen tranquilo a mi pata Leo, que como artista merece respeto y consideración de parte nuestra. Sino porqué tanta chilla al enterarse que Aguirre ha tenido también a sus flaquitas? No se maleen pues, que el hombre también sabe su cuento.
Comment by Batero de Makaha 06.09.07 @ 7:34 pmde verdad existe ese libro “papel cometa”? ya sé dormani y la tal g. pueden ser embustes, pero y el libro? cómo conseguirlo? tanto ha hablado leo de él que ya se impone una reseña de mr. ángeles(y que no se deje llevar por la amistad, que siga como ha hecho hasta ahora con los disidentes)
Comment by burton fink 06.09.07 @ 8:15 pmEl post mas atorrante del blog. Insuperable.
Comment by Chepito 06.10.07 @ 12:10 amLeo te maleas con la chibolada. ¿Qué culpa tiene la costilla de tener un gil estudiando una maestria en no sé qué carajo y chotearte después por segundón? Caballero nomás compadre, quédate treanquilo y respeta las decisiones de las mujeres. Procura también no ridiculizarlas.
Comment by Papá de Maricruz 06.10.07 @ 6:23 amLeonardo, cuenta bien la huevada pues. Cuenta que te traÃas a la hembrita acá para emborracharla y meterle letra. Que le rogabas para que te haga la taba a la jato desocupada de tu abuela y que te preste 20 lucas para la chela (en esos tiempos estabas sin chamba). En otras palabras, cuenta la historia completa pues narizón.
Comment by Barman del Pollo Pier 06.10.07 @ 6:38 amY cómo fue tu calentado con Cecilia Zero? También fuiste mal tercio? Cuenta,pe
Comment by Lam-pa-rin 06.10.07 @ 5:03 pmAqui todos, caletamente, son hinchas de Leonardo. Pero G lo sera?
Comment by becario 06.10.07 @ 10:27 pmLeo, cuenta lo de MarÃa Luisa Calle, una protagonista de Mi vida en Beatles.
Comment by Vladimir 06.11.07 @ 1:18 ameres una rata negra, gorda y peluda. eso no se le hace a una mujer.
Comment by mariel 06.11.07 @ 1:44 amtienes razón, pero no era negra. lo que pasa es que las luces estaban apagadas.
Comment by L. 06.11.07 @ 5:01 amPaola de Pamer habla inexactitudes, hasta ahora todos los columnistas (fijos o invitados) que he leÃdo tienen buen nivel. Este blog busca que el lector se entretenga.
Comment by Anónimo 06.11.07 @ 3:36 pmLeave a comment
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