La musa calculadora
Tuesday October 23rd 2007, 3:48 am
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L.M.T.

 Jack Martínez

Leonardo Aguirre ha vuelto a publicar un libro de cuentos bajo el sello de la Editorial Matalamanga. Sus historias siguen girando alrededor de personajes-escritores ávidos de reconocimiento. Su lenguaje sigue siendo desenfadado. Entonces, ¿qué hay de nuevo en La musa travestida?, o ¿tiene que haber necesariamente algo nuevo?

En este libro Leonardo Aguirre busca aún más libertad en el empleo del lenguaje. Frases como “Dime la verástegui: ¿no tengo pinter de adolescente?” o “Parece que esa fulana lo tiene pizarnik” o “Sírveme un basadre… gracián… sin espuma, pues” se repiten innumerables veces en el libro. Pero es en el primer relato, “W. C.”, en el que desfavorablemente confluyen en mayor número y frecuencia, lo que produce confusión en el lector, pues el carácter formal del lenguaje cargado de jergas se antepone a alguna trama o historia que se supone, se cuenta aquí.

Sin embargo solo es el primer cuento en el que la historia se desvirtúa ante tantas jergas. El resto del libro sí conjuga cabalmente el trato de la anécdota con el lenguaje. Y este último empieza a jugar un papel imprescindible para agilizar la lectura. Aguirre ha insertado los nombres del canon literario -ya sea nacional o universal- en el lenguaje coloquial de los escenarios grisáceos de La musa travestida. Ha extraído nombres representativos de la literatura para descontextualizarlos y establecerlos en conversaciones triviales de collera o cantina. He ahí uno de los méritos del libro. Aguirre se atreve y acierta.

Respecto a los personajes, como ya lo ha advertido el autor en una entrevista, se trata de escritores que, a diferencia del libro anterior, no son tan ajenos a la fama literaria. Entre ellos, Sorrento es el más representativo. Se suicida y gracias a ello sus escritos perviven en el tiempo. Muere joven, como Abraham Valdelomar. ¿Y por qué esta analogía con el Conde de Lemos? Pues porque la ideología de Sorrento está marcada por la vida del autor de “El Caballero Carmelo”. Las alusiones a Valdelomar aparecen constantemente, no solo en “Sublime Sorrento”, donde es denominado “el ídolo del finado”, sino a lo largo de todo el libro. El modelo de escritor es él: un artista que basa su fama no solo en su buena escritura, sino en la extravagancia y algunos escándalos en el “mundillo cultural limeño”.

Es por ello que en cuentos como “Estás conmigo, estás con Dios” o “Sodomización mutua” se resalta la supremacía del autor, en tanto creador, sobre el resto; y el ritual casi religioso que tiene que seguir para iniciar la escritura. Esto, claro está, obedece a la visión romántica del escritor que buscan expresar los personajes de La musa travestida. Paradójicamente, la lectura de los cuentos no muestra esta condición de manera apologética, sino que a través de la exageración -que muchas veces llega al ridículo- la critican.

Los escritores que aparecen en el libro pues, no son seres abstraídos de la realidad, aunque así lo quieran o lo profesen. A ello obedece la atmósfera en la que los sitúa Aguirre. Conversaciones en lugares comunes, todas ellas plagadas de elementos mediáticos como programas de televisión, partidos de fútbol, música y la aparición de elementos coyunturales ya sean políticos o faranduleros, desmitifican el carácter “puro” del escritor.

La musa travestida se lee con gran facilidad. No confundir facilidad con falta de calidad. Aguirre demuestra oficio en la elaboración de diálogos y absorbe al lector, situándolo en un mundo incoherente pero atractivo, donde los personajes, lejos de lo que aparentan, actúan calculadora en mano a fin de obtener los resultados esperados, la fama. Y no escatiman en decisiones extremas para lograr ese cometido.

Finalmente, con La musa travestida, Aguirre confirma sus dotes de buen cuentista, siempre punzante, irónico, divertido e ingenioso.



El circuito de la lectura
Saturday October 13th 2007, 8:34 pm
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ET

Mario Granda

Un post titulado “Leer en la combi es paja”, escrito por Juan Manuel Robles en su interesante blog Santa Lima, comprobó el hecho de que muchísimos limeños, si no peruanos, leen durante su trayecto en la combi. Y para sorpresa de muchos, los comentarios que le siguen al texto (invito a leerlo) ratifican el hecho de que el viaje en la ya tradicional coaster puede ser uno de los momentos más placenteros para la lectura. Desde los periódicos chicha hasta la Biblia (recordemos la campaña “LEA LA BIBLIA”), una amplia gama de textos son leídos y hasta devorados por los silenciosos pasajeros. Sin embargo, los lectores también aseguran que puede haber muchos contratiempos. Allí están los se marean y no pueden leer ni una línea, los que se desconcentran por los bocinazos y los baches se lo impiden, los que lamentablemente realizan un trayecto muy corto desde su casa hasta su trabajo y no pueden leer más de una página y extrañan esos días universitarios en los que sí podían terminar un libro por semana. Y si salimos de Lima podríamos añadir también aquellos viajes interprovinciales, ideales para leer porque hay espacio, luz y sobre todo buenas carreteras, pero, maldita sea, ponen una película a todo volumen —algo así como Speed o Rápidos y Furiosos 2— y fin de la historia, porque no se puede leer absolutamente nada… Y resulta que uno es el único loco que quiere leer porque sabe que es el momento perfecto, aunque ninguno de los más de sesenta pasajeros estaría igualmente de acuerdo.

El propósito de este artículo es proponer el Circuito Vial de la Lectura, un proyecto que consiste brevemente en crear un plano en el que se señalen las mejores calles para leer dentro de la ciudad de Lima mientras se viaja en una combi, micro o cualquier otra empresa de transportes. Si se lograra crear un plano de las calles y avenidas en los que se señale en qué lugares hay o no hay baches, aquellos que gusten de la lectura sabrían cuándo abrir su libro y leer plácidamente. Pero como no existe tal mapa, a veces sacamos el libro y por las puras, pues ninguna de las cuarenta cuadras de la avenida nos lo permite. Es cierto que el tema de los baches no es el único, pues, como ya se señaló, también son negativos los malos amortiguadores, la baja luz, el incómodo asiento (el de la llanta o aquel que se desfonda y produce escoliosis). Pero en gran parte el problema de la lectura en la combi se produce las calles, algo que bien podrían tener en cuenta los alcaldes.

Para comenzar, podemos decir que las vías más cómodas son la Panamericana (sur y norte), Circunvalación y Evitamiento. Luego, la Javier Prado en su tramo desde la avenida Arequipa hasta Santa Patricia (de Este a Oeste y viceversa). En lo que se refiere a esta misma vía, no se puede decir lo mismo del tramo desde la Arequipa hasta Pershing, llena de huecos y baches. Mejor que la Javier Prado en este trayecto son Pershing, La Marina y Guardia Chalaca.

A ver si podemos formar el plano del doble viaje (el del espacio y el de la lectura) para poder realizar una señalización en verde, amarillo y rojo (de mejor a peor). Cualquier añadido para Lima o para otras ciudades es bienvenido. Las correcciones también.

En la foto: Concentrado lector aprovechando las comodidades de la E-10 en la avenida Brasil.



Mujer bonita, mujer ballena
Tuesday October 02nd 2007, 2:35 pm
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lmb

 

Por: Jack Martínez

Alonso Cueto cuenta con un nuevo reconocimiento literario: el de finalista del concurso Planeta-Casa de América de narrativa iberoamericana 2007, por la novela El susurro de la mujer ballena. De ella se ha dicho, entre muchas cosas, que se trata de la mejor novela de Cueto en los últimos años. Pero lo cierto es que la comparación entre ésta y sus antecesoras más renombradas (La hora azul y Grandes miradas) resulta un tanto inapropiada si se toma en cuenta que El susurro de la mujer ballena no es una novela que encierra un argumento –ni un escenario– marcado por la violencia política vinculada al terrorismo en las décadas finales del siglo pasado. El susurro…, lejos de ello, es un melodrama situado en Lima, donde el elemento sentimental de los personajes adquiere dimensiones preponderantes. 

Se trata de una historia de amor-odio entre las dos protagonistas: Verónica, periodista madura, bella y exitosa; y Rebeca, la “mujer ballena”, de cuerpo descomunal, torpe, antisocial y rica. La tensión se instala a través de el reencuentro de estos dos personajes luego de muchos años (ellas fueron compañeras de colegio y en ese entonces compartieron momentos de íntima amistad, entre lecturas y canciones), y el recuerdo del lejano pasado conlleva a despertar un suceso desagradable y traumático en “la mujer ballena”, suceso humillante provocado por quien fuera en aquel tiempo, su única y mejor amiga: Verónica.

Verónica percibe un comportamiento extraño de parte de “la mujer ballena” tras el reencuentro inicial, y evade las constantes apariciones de Rebeca, quien con un halo de misterioso accionar mantiene latente una doble faceta: la amiga nostálgica que desea volver a ser querida, y la ex amiga que guarda aún un gran resentimiento y está buscando el momento propicio para la venganza. En este punto, es preciso señalar el destacado dominio de la voz narrativa femenina (Verónica) por parte del escritor. Sin embargo, este mérito, con el que ya antes ha contado Cueto, se ve opacado por los no pocos errores gramaticales que se presentan en los diálogos, abstrayendo al lector de la atmósfera construida en la ficción y por tanto, de la ilación de la historia misma.

El susurro de la mujer ballena se centra pues, en los encuentros y desencuentros de estas mujeres, con esporádicas intervenciones de otros personajes, como el solitario padre de Verónica, su amante, su marido o sus pretendientes y colegas. Sin embargo la trama, en gran medida, se reduce al conflicto entre “la mujer ballena” y la bella periodista. Se trata de una situación que se muestra insuficiente a lo largo de las más de trescientas páginas, y desemboca en escenas fácilmente predecibles: todos los contratiempos, líos y problemas de Verónica van a estar ligados exclusivamente a la intervención, a veces directa, a veces indirecta, de Rebeca. Así, la monotonía se instala en varios capítulos de la novela.

Sin embargo, al lado opuesto está la descripción de los escenarios -en su mayoría lugares cerrados- que contribuye a la concentración de las acciones y, por tanto, al desarrollo de los diálogos decisivos para el desenlace. A excepción de algunas calles de Miraflores o San Isidro, la novela se desarrolla en espacios como: el interior de un avión, una limosina, cafés, centros de convenciones y la redacción del diario en el que labora la periodista. Esto, por tanto, constituye uno de los principales méritos de la novela en pos de lograr la verosimilitud.

Es sobre estas conversaciones, que son de carácter atípico pero que van acorde con el comportamiento patético de “la mujer ballena” a lo largo de la historia, que se erige la trama. En los diálogos se exteriorizan los sentimientos y resentimientos de ambas mujeres, obedeciendo esto a la característica propia del melodrama como género. El susurro de la mujer ballena pertenece a ese tipo de novelas donde lo afectivo guía el accionar de los protagonistas. Una temática recurrente en la literatura y que cuenta con gran aceptación entre un número considerable de lectores, pero tomada, en este caso, desde una perspectiva particular que deja de lado el amor convencional de pareja para dar lugar al conflicto y la íntima amistad entre dos mujeres.

El susurro de la mujer ballena presenta el tópico que enlaza el presente con un pasado desde el que se arrastra una cuenta pendiente. De allí parte y culmina la historia. En suma, una novela de trama elemental en la que confluye un lenguaje ágil, con algunos momentos intensos, y otros que caen en los baches de lo esperado.

El susurro de la mujer ballena
Alonso Cueto
Planeta
259 páginas.

Publicada originalmente en el suplemento Variedades del diario El Peruano.




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