El circuito de la lectura
Saturday October 13th 2007, 8:34 pm
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ET

Mario Granda

Un post titulado “Leer en la combi es paja”, escrito por Juan Manuel Robles en su interesante blog Santa Lima, comprobó el hecho de que muchísimos limeños, si no peruanos, leen durante su trayecto en la combi. Y para sorpresa de muchos, los comentarios que le siguen al texto (invito a leerlo) ratifican el hecho de que el viaje en la ya tradicional coaster puede ser uno de los momentos más placenteros para la lectura. Desde los periódicos chicha hasta la Biblia (recordemos la campaña “LEA LA BIBLIA”), una amplia gama de textos son leídos y hasta devorados por los silenciosos pasajeros. Sin embargo, los lectores también aseguran que puede haber muchos contratiempos. Allí están los se marean y no pueden leer ni una línea, los que se desconcentran por los bocinazos y los baches se lo impiden, los que lamentablemente realizan un trayecto muy corto desde su casa hasta su trabajo y no pueden leer más de una página y extrañan esos días universitarios en los que sí podían terminar un libro por semana. Y si salimos de Lima podríamos añadir también aquellos viajes interprovinciales, ideales para leer porque hay espacio, luz y sobre todo buenas carreteras, pero, maldita sea, ponen una película a todo volumen —algo así como Speed o Rápidos y Furiosos 2— y fin de la historia, porque no se puede leer absolutamente nada… Y resulta que uno es el único loco que quiere leer porque sabe que es el momento perfecto, aunque ninguno de los más de sesenta pasajeros estaría igualmente de acuerdo.

El propósito de este artículo es proponer el Circuito Vial de la Lectura, un proyecto que consiste brevemente en crear un plano en el que se señalen las mejores calles para leer dentro de la ciudad de Lima mientras se viaja en una combi, micro o cualquier otra empresa de transportes. Si se lograra crear un plano de las calles y avenidas en los que se señale en qué lugares hay o no hay baches, aquellos que gusten de la lectura sabrían cuándo abrir su libro y leer plácidamente. Pero como no existe tal mapa, a veces sacamos el libro y por las puras, pues ninguna de las cuarenta cuadras de la avenida nos lo permite. Es cierto que el tema de los baches no es el único, pues, como ya se señaló, también son negativos los malos amortiguadores, la baja luz, el incómodo asiento (el de la llanta o aquel que se desfonda y produce escoliosis). Pero en gran parte el problema de la lectura en la combi se produce las calles, algo que bien podrían tener en cuenta los alcaldes.

Para comenzar, podemos decir que las vías más cómodas son la Panamericana (sur y norte), Circunvalación y Evitamiento. Luego, la Javier Prado en su tramo desde la avenida Arequipa hasta Santa Patricia (de Este a Oeste y viceversa). En lo que se refiere a esta misma vía, no se puede decir lo mismo del tramo desde la Arequipa hasta Pershing, llena de huecos y baches. Mejor que la Javier Prado en este trayecto son Pershing, La Marina y Guardia Chalaca.

A ver si podemos formar el plano del doble viaje (el del espacio y el de la lectura) para poder realizar una señalización en verde, amarillo y rojo (de mejor a peor). Cualquier añadido para Lima o para otras ciudades es bienvenido. Las correcciones también.

En la foto: Concentrado lector aprovechando las comodidades de la E-10 en la avenida Brasil.


13 Comments so far
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Añadiría el tramo Brasil-Ejército y viceversa. Y si no hay prisa, dar la vuelta a la plaza Bolognesi y seguir por Alfonso Ugarte.
Otra ruta tranquila es la Av. Sucre (empezando por Magdalena), y de ahí por Arica hasta llegar al Centro Cívico (da unos 45 minutos de cómoda lectura).

Comment by el primo Levi 10.14.07 @ 2:40 am

Lo más extraño que me ha pasado es darme cuenta de que la costumbre de leer en el micro es tan fuerte que a veces es imposible leer de otra forma. Me pasó hace poco con Rosa Cuchillo. Intenté empezar la novela un par de veces durante un fin de semana, y no pude, pero el lunes en la mañana, ya en el micro, legañoso y todo, no tuve problemas en avanzar unas diez páginas.

Comment by LuchinG 10.14.07 @ 4:37 am

Debo corregir al Sr. Mario Granda, quien afirma que desde la Av. Arequipa hasta Santa Patricia puede leerse bien durante todo el tramo. Me refiero, específicamente, a la parte que va desde el Trébol de J. Prado hasta San Luis (bajando hacia la Arequipa), donde, no sé por qué, han hecho la pista en champas de cemento –ni siquiera asfalto–.

IB

Comment by Incondicional de Britney 10.15.07 @ 6:06 pm

Yo creo que también depende de las horas en las que uno se traslade, ya que por ejemplo, llegar a cualquiera de esos tramos entre 7 y 8y30 de la mañana es insufribe, mientras que una salida diferida, como a las 10 te brinda el espacio y tiempo más productivos. El micro va lento, la música no es fuerte, no hay demasiados gritos, etc. El bus se convierte en una sala de lectura rodante, y si te sientas adelante,al lado del chofer, puedes alternar a Proust con la malcriada del diario El Trome.

Comment by El Rufian Melancólico 10.15.07 @ 6:10 pm

Y ¿qué hace el ministro de educación que no aprovecha tal fenómeno de lectura?

A veces me sorprende -solo a veces- cuando se dice que en el Perú no se lee.

No por gusto tenemos una vigorosa empresa de libros piratas.

(todo es broma)

Saludos

Comment by El hombre de la luna 10.16.07 @ 1:49 am

la cosa, primero, es averiguar la línea y la hora en que se agarra el carro vacío. si no te sientas, todo lo demás no sirve de nada.

Comment by michelín 10.16.07 @ 5:52 am

no entiendo por qué coral se mete con la gente de El Hablador, ahora la víctima es Pancho Izquierdo, que ha puesto a Ribeyro en su sitio.

Comment by cuñado lavi 10.16.07 @ 7:14 pm

Pero habría que ver qué lee la gente en la combi. Como bien dice Rufián Melancólico, los casos van desde libros de literatura hasta prensa chicha y no chicha. Sobre esto último propongo una encuestra: ¿Tenemos más lectores de prensa “seria”, fanáticos de Chichi y esa burrada? ¿O tenemos más lectores del Trome, fanáticos de Risas de América?

Comment by Papá Chuiman 10.16.07 @ 9:05 pm

Si hay música, bulla y no hay luz igual no se puede leer, es relativo, por más “buenas” pistas que haya.

Comment by Joven de la casaca ploma avance 10.17.07 @ 2:35 am

Gracias Primo Levi, LuchinG, Incondicional y Rufián. A ver si seguimos armando este mapa. Lamentablemente, no se puede responder por todas las avenidas que uno quisiera, ya que uno no siempre se desplaza por muchos lugares.

Por cierto, quería apuntar algo sobre la relación entre los escritores y los autobuses. Borges cuenta que leyó la Divina Comedia en un tranvía de Buenos Aires. Como tenía una edición bilingüe, leía en español y luego en italiano, y así, dice, aprendió este idioma. Lo chistoso es que, también bien borgesiano, un amigo también me contó que había leído el mismo libro “a punta de combis”.

Luego, aparte de la lectura en los autobuses, está el cuento “Ómnibus” de Julio Cortázar y el libro de relatos y ensayos “Antrobus”, de Lawrence Durrell.

Pero un relato muy cómico sobre un personaje en un autobús es la historia de Ignatius J. Reilly, el personaje del libro “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole. Luego de subirse a un autobús interestatal para viajar por primera vez por los EE.UU., Ignatius confiesa en uno de sus diarios que esta fue una de las peores experiencias de su vida. Chistoso demais.

Por último, cabe recordar que en su ensayo “The decay of lying”, La decadencia de la mentira, Óscar Wilde utiliza los autobuses como la ultrametáfora del realismo. Esto es, uno de los peores artefactos de la modernidad. Cuando hace un comentario sobre los escritores realistas de su época, a quienes acusa de “faltos de imaginación”, compara sus novelas al humo que botan los escapes de los autobuses.

Comment by Mario Granda 10.17.07 @ 1:52 pm

Con motivo del premio Nobel para Doris Lessing, se han reproducido algunos artículos suyos en diversos medios. Me parece que un texto, sobre el hombre culto, tiene algo (o mucho) que ver con lo que leemos y por qué se debería leer. En fin, ahí va:

“La extinción del hombre culto

DORIS LESSING

Érase una vez un tiempo -y parece muy lejano ya- en el que existía una figura respetada, la persona culta. Él -solía ser él, pero con el tiempo pasó a ser cada vez más ella- recibía una educación que difería poco de un país a otro -me refiero por supuesto a Europa-, pero que era muy distinta a lo que conocemos hoy. William Hazlitt, nuestro gran ensayista, fue a una escuela a finales del siglo XVIII cuyo plan de estudios era cuatro veces más completo que el de una escuela equiparable de ahora: una amalgama de los principios básicos de la lengua, el derecho, el arte, la religión y las matemáticas. Se daba por sentado que esta educación, ya de por sí densa y profunda, sólo era una faceta del desarrollo personal, ya que se esperaba de los alumnos que leyesen, y así lo hacían.

Este tipo de educación, la educación humanista, está desapareciendo. Cada vez más, los gobiernos -entre ellos, el británico- animan a los ciudadanos a adquirir conocimientos profesionales, mientras no se considera útil para la sociedad moderna la educación entendida como el desarrollo integral de la persona.

La educación de antaño habría contemplado la literatura e historia griegas y latinas, y la Biblia, como la base para todo lo demás. Él -o ella- leía a los clásicos de su propio país, tal vez a uno o dos de Asia, y a los más conocidos escritores de otros países europeos, a Goethe, a Shakespeare, a Cervantes, a los grandes rusos, a Rousseau. Una persona culta de Argentina se reunía con alguien similar de España, uno de San Petersburgo se reunía con su homólogo en Noruega, un viajero de Francia pasaba tiempo con otro de Gran Bretaña, y se comprendían, compartían una cultura, podían referirse a los mismos libros, obras de teatro, poemas, cuadros, que formaban un entramado de referencias e informaciones que eran como la historia compartida de lo mejor que la mente humana había pensado, dicho y escrito. Esto ya no existe.

El griego y el latín están desapareciendo. En muchos países la Biblia y la religión ya no se estudian. (…) Hay un nuevo tipo de persona culta, que pasa por el colegio y la universidad durante veinte, veinticinco años, que sabe todo sobre una materia -la informática, el derecho, la economía, la política-, pero que no sabe nada de otras cosas, nada de literatura, arte, historia, y quizá se le oiga preguntar: “Pero, entonces, ¿qué fue el Renacimiento?” o “¿qué fue la Revolución Francesa?”.

Hasta hace cincuenta años a alguien así se le habría considerado un bárbaro. Haber recibido una educación sin nada de la antigua base humanista: imposible. Llamarse culto sin un fondo de lectura: imposible.

Durante siglos se respetaron y se apreciaron la lectura, los libros, la cultura literaria. La lectura era -y sigue siendo en lo que llamamos el Tercer Mundo- una especie de educación paralela, que todo el mundo poseía o aspiraba a poseer. Les leían a las monjas y monjes en sus conventos y monasterios, a los aristócratas durante la comida, a las mujeres en los telares o mientras hacían costura, y la gente humilde, aunque sólo dispusiera de una Biblia, respetaba a los que leían. En Gran Bretaña, hasta hace poco, los sindicatos y movimientos obreros luchaban por tener bibliotecas, y quizás el mejor ejemplo del omnipresente amor a la lectura es el de los trabajadores de las fábricas de tabaco y cigarros de Cuba, cuyos sindicatos exigían que se leyera a los trabajadores mientras realizaban su labor. Los mismos trabajadores escogían los textos, e incluían la política y la historia, las novelas y la poesía. Uno de sus libros favoritos era El
Conde de Montecristo. Un grupo de trabajadores escribió a Dumas pidiendo permiso para emplear el nombre de su héroe en uno de los cigarros.

(…) Vivimos en una cultura que rápidamente se está fragmentando. Quedan parcelas de la excelencia de antaño en alguna universidad, alguna escuela, en el aula de algún profesor anticuado enamorado de los libros, quizás en algún periódico o revista. Pero ha desaparecido la cultura que una vez unió a Europa y sus vástagos de ultramar. ”

Sale perdiendo Doris Lessing, hoy en día la gente prefiere tener calle (o esquina) en lugar de cultura…

Comment by el primo Levi 10.17.07 @ 10:31 pm

Bueno, lo de Lessing es cierto, pero creo también es cierto que el mundo ha cambiado muchísimo. Como dice Ítalo Calvino, la biblioteca explotó. Esa biblioteca de Rousseau, de Leopardi y los otros dieciochescos está por los aires. Ahora el lector lee de todo y podemos encontrar una frase de Cervantes o Platón en el reverso de un boleto de combi o en un aviso publicitario.
Tal vez el tema de este cambio y la pérdida del homme des letres se deba a la desvinculación de la lectura del libro. Libro como algo de 200 páginas, frente a la lectura de muchos artículos, buenos artículos de ensayos, cuentos, poemas, etc., que pueden ser buenísimos pero no son el libro. Digo tal vez porque digamos que todo esto también puede equivaler 200 páginas. Pero en el libro hay una sensación de unidad –narrativa o argumentativa– que tal vez no la dan los textos de hoy, los fragmentados textos de hoy.

Comment by Mario Granda 10.18.07 @ 3:08 pm

Estimado Mario, justamente ese cambio del mundo no ha sido para mejor, siempre y cuando nos circunscribamos a lo ocurrido con los libros. Es cierto, la internet permite ahora acceder a textos que hace tan solo unos años eran rebuscadísimos, y uno de los dilemas que conlleva esto es la legalidad de las copias digitales (originalmente tuve una posición contraria, ahora no estoy seguro).
Pero el artículo de Doris Lessing apuntaba más a la actitud del hombre contemporáneo frente a lo que llamamos “cultura”. Ahora y siempre hay quienes leen y quienes no. Pero hoy en día nos han volteado la tortilla: los pocos lectores que quedan no son considerados como ciudadanos ejemplares a imitar, sino todo lo contrario. Es el capitalismo combi de Fujimori entronizado en nuestra mentalidad: la cultura es cosa de vagos y maricones.
Diría que, a nivel peruano, Fujimori llevó a su perfección este embrutecimiento cultural (iniciado desde antes, sino pregunten qué hizo Patria Roja todo el tiempo que tuvo en sus manos a las universidades nacionales). Y los gobernantes que le siguieron y seguiran no harán nada por revertir las cosas, parece que así funcionamos mejor.
Sobre lo que dices al final, la unidad de los libros frente a textos fragmentarios: ¿no crees que hay una relación entre el auge de los nuevos medios de entretenimiento (videojuegos, tv por cable, internet) y la cada vez menor capacidad de concentración de los escolares peruanos? Por ahí parece que iban los tiros de Doris Lessing.

Comment by el primo Levi 10.19.07 @ 3:16 am



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