Testimonio de parte

fotoadolph.jpgPor: Giancarlo Stagnaro

Pude conocer a José B. Adolph en 2003, a propósito de la salida de su reciente libro para entonces: la novela Un ejército de locos, continuación, si cabe el término de La verdad de Dios y JBA. Tocando nuevamente los terrenos de la distopí­a y la crí­tica a la religión, Un ejército de locos revela la pugna mundial por el control del mundo de dos corporaciones: Unisoft y Macrosoft. Este conflicto enmarca, con cierto aire new age, los debates entre ciencia, religión, sexualidad, los orí­genes y fines del mundo, entre otros tópicos.

Nos citamos en el famoso restaurante Las Mesitas, de Barranco, e hicimos unas fotos en los pasajes colindantes a la avenida Grau. A la cita también asistieron su pareja, la pintora Delia Revoredo, y Daniel Salvo. La conversación, amenizada por un potente plato de tacu tacu con milanesa, giró en torno a la ciencia ficción, la crítica literaria peruana, el cine y temas colindantes. Adolph siempre obsequiaba a su conversación preguntas y observaciones absurdas y sarcásticas que volví­an nuestras verdades asumidas absurdas y sarcásticas.

Es decir, la personalidad de Adolph siempre se dedicó a socavar nuestra centralidad como sujetos, las pocas seguridades que nos quedan, mediante un sarcasmo provocador e implacable. Maestro del humor negro, Adolph siempre cuestionó los criterios de autoridad y cómo éstos eran naturalizados a través de la educación, los medios de comunicación, la tradición, la literatura canónica (y la manera de comprenderla).

De ahí­ que resultara normal hasta cierto punto “aunque se podrí­a decir que ‘normal’ era un término desconocido para el vocabulario adolphiano” que la revista El Hablador lo entrevistara para su tercer número, a propósito de un dossier sobre ciencia ficción en marzo de 2004.

En esta ocasión, la cita fue en su casa de la calle Ocharán, en Miraflores. La conversación parecí­a prolongarse horas. Cierto es que hablar de ciencia ficción en el Perú se asemeja a la búsqueda de una aguja en un pajar. Para el alemán Wolfgang Luchting, el género es irrealizable en el paí­s debido a nuestras endémicas carencias modernas y tecnológicas. Sin embargo, los años se han encargado de rebatir este aserto cargado de eurocentrismo (como aquella versión de que las Lí­neas de Nazca fueron hechas por extraterrestres y no por una civilización andina). Hay escritores de ciencia ficción en el Perú, pero requieren de mayor difusión, como muchas manifestaciones artí­sticas en el paí­s. El interés por este género sigue latente.

En todo caso, Adolph no prefirió el encasillamiento. Practicó distintas formas literarias. Antes de conocerlo recuerdo haber leí­do la magistral “Marita en el parque”, en la antologí­a del cuento fantástico peruano de Harry Beleván, en el que la verdad de un infanticidio se muestra tan insoportable que es mejor no decirla. Otro relato memorable es “Impunidad”, aparecido inicialmente en el número 38 de Hueso Húmero, en el que el narrador asume el punto de vista de un cazador de nazis camuflado como periodista en Lima, en busca de uno de los responsables por la matanza de miles de seres humanos en los campos de concentración del nazismo, un ser diabólico: el mismísimo Josef Mengele. El fugitivo se oculta en la Selva amazónica peruana. Cuando el cazador de nazis finalmente arriba al pueblo donde se encuentra el asesino para ajusticiarlo en nombre de sus ví­ctimas europeas, los pobladores señalan a un ser beatí­fico, un médico que prodigaba atención y cuidados a los más necesitados y olvidados del Perú.

El Hablador le agradece muchas cosas a Pepe Adolph. Estuvo en primera fila durante nuestra presentación en el centro cultural de España, allá por abril de 2004. También ha sido lector conspicuo de la revista y comentó positivamente esta bitácora en un artí­culo de su columna “El señor de los colmillos”, en la revista Caretas.

Hay muchas cosas que aproximan a Adolph con “otros habladores”, como Pablo Guevara. Considero que ambos son los mayores representantes del humor literario en el Perú en los últimos años. El primero desde la narrativa, el segundo desde la poesí­a. El primero, dueño de un sentido corrosivo y crí­tico; el segundo, de í­ndole más rabelesiana y menos cáustica. Pero ambos compartían ese afán desmitificador e iconoclasta que los volví­a tan solicitados y escuchados por las jóvenes generaciones.

Precisamente, muchos de ellos han venido reivindicándolo en los últimos años. No es casual que en el reciente congreso de narrativa en Huanchaco se organizara una mesa en torno a la ciencia ficción en el Perú, con tres ensayos de Jorge Luis Obando (Universidad Federico Villarreal), Ronny Vásquez y Elton Honores (UNMSM) sobre la obra de Adolph, más uno de Christian Elguera sobre Clemente Palma. Todos ellos estudiantes de no más de 25 años. Muestra más que suficiente sobre el impacto que el autor de Mañana, las ratas ejerce en los lectores contemporáneos y que, estamos seguros, continuará en los años venideros.

Hasta entonces, Pepe.

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3 Responses to Testimonio de parte

  1. Daniel Salvo says:

    Muy buen artículo, Giancarlo.
    Aunque no es el tema, quisiera dedicar algunas líneas al editorial de Aldo Mariátegui en la edición del diario Correo de hoy martes, en la que lamenta la muerte de Adolph pero le enrostra su “furibundo velasquismo”. En lo personal, creo que es una obligación y un deber la discrepancia sobre cualquier tema, no todos podemos estar de acuerdo con lo mismo. Pero también cabe preguntarle a Aldo Mariátegui por qué no le hizo esos cuestionamientos a Adolph cuando estaba vivo. El mismo Pepe Adolph era consciente de que no era monedita de oro, que le cae bien a todo el mundo, pero siempre estaba ahí para responder por sus opiniones literarias, políticas o lo que fuera. Qué fácil es exigirle cuentas a alguien que ya no se encuentra entre nosotros.

  2. X says:

    “Por ejemplo, lamento la reciente desaparición del novelista José Adolph, pero uno queda horrorizado al leer el furibundo velasquismo que lo animó, llevándolo a defender los peores excesos de esa dictadura en la capturada La Crónica. La verdad, dice mucho de la generosidad de Enrique Zileri que últimamente le haya dado una columna después. Que yo sepa, nunca he leído una autocrítica de Adolph sobre eso. Espero que la haya por allí y alguien me la alcance. Que Dios se apiade de su alma”.
    Aldo Mariátegui.

    Lamentable. Lamentable. Lamentable.

  3. Alfonso says:

    Y miren quién lo dice, ¿no? No creo que el tal Aldo Mariátegui -me disculparán los responsables de este blog y sus diversos lectores- sea inmaculado y limpio como para señalar un defecto a alguien.