Respuesta a Diana Miloslavich

butaca vaciaA continuación, publicamos el siguiente texto remitido por el poeta José Rosas Ribeyro, en relación con el debate acerca de la poesía de María Emilia Cornejo. Anteriormente, publicamos una entrevista y la respuesta a dos conocidas poetas que en sendos medios periodísticos comentaron las revelaciones de Rosas Ribeyro. Las reacciones a la referida entrevista se encuentran señaladas aquí, con ví­nculos que se actualizan continuamente. El interés de El Hablador y su bitácora es mostrar los diversos puntos de vista al respecto, por lo que este espacio está abierto a la discusión (nota de los editores).

Por: José Rosas Ribeyro

En el mundo globalizado de hoy, lo que se dice en Lima, entre los cuatro muros de una universidad, en el auditorio de la Facultad de Letras de San Marcos, llega con cierta rapidez a los oí­dos de alguien que en Parí­s se prepara, como yo, a afrontar con algo de creatividad el ocio estival. El marco fue un conversatorio realizado por los jóvenes redactores de la revista Discursiva el 3 de julio pasado y el tema, una vez más, Marí­a Emilia Cornejo y sus tres poemas reconocidos ampliamente por la crí­tica y los lectores. Yo vivo lejos, en Parí­s, pero cuánto me hubiera gustado tener el poder de presionar un botón y aparecerme en Lima de repente, como en las novelas y pelí­culas de ciencia ficción. Y me hubiera gustado poder hacerlo porque creo que en mi presencia la señora Diana Miloslavich no se hubiera permitido lanzar las infamias que salieron de su boca en esa reunión, y yo por mi parte hubiera podido de viva voz reiterar la explicaciones que ya expuse en mi artí­culo en Intermezzo Tropical 5 y en la entrevista en El Hablador 15. Pero la realidad no es ciencia ficción y todo lo que se dijo ese día en Lima se dijo en mi ausencia y yo me enteré poco después de ello a través de lo que han comentado en privado diversos asistentes al conversatorio. Si he tardado en responderle a Diana Miloslavich es porque no quería hacerlo desde el fuego de la ira, sino desde una indignación fría.

No voy a entrar a comentar detalles de lo que dijeron ese día Hildebrando Pérez y Diana Miloslavich en relación con los tres textos “redondos” de María Emilia Cornejo, pero sí quiero, para empezar, dejar en claro cuatro aspectos que me parecen importantes:

1. No existen manuscritos de los tres poemas en cuestión tal y conforme se les conoce y, en consecuencia, nadie podrá presentarlos. Quien diga lo contrario está mintiendo. Tal vez alguien (¿quién?) haya conservado las hojas con los tres poemas mecanografiados en mi máquina de escribir que le fueron entregados a Isaac Rupay para ser publicados en la revista Eros y, en ese caso, sí sería extremadamente interesante que salieran a luz.

2. No existen ni estnciles ni hojas mimeografiadas de esos tres poemas por la sencilla razón de que nunca fueron distribuidos ni discutidos en el taller de poesía de San Marcos. Repito lo que ya dije en las revistas arriba mencionadas: los tres poemas fueron estructurados por Elqui Burgos y yo, a base de apuntes de María Emilia Cornejo, cuando ella, lamentablemente, ya se había suicidado.

3. No tiene interés alguno que la señora Diana Miloslavich mecanografíe los poemas de María Emilia Cornejo y dé a conocer esas copias mecanografiadas. Lo que sí interesa, en cambio, es poder ver los manuscritos reales o facsimilares de todos los otros textos de María Emilia Cornejo para poder compararlos con los famosos tres poemas.

4. Yo no pude hacer propuestas para “mejorar” los textos de María Emilia Cornejo en el taller de poesía de San Marcos por la sencilla razón de que yo no asistía a dicho taller y recién, años después, fui invitado a leer en él algunos de mis propios textos y a debatirlos con los demás talleristas. Elqui sí participaba en el taller, pero nunca “discutió” en él esos poemas de María Emilia Cornejo por la simple razón de que aún no existían.

Dicho esto, puedo pasar a la parte estrictamente infame del asunto. Todas las personas que me han informado de lo que ocurrió en el conversatorio de San Marcos coinciden en destacar que Diana Miloslavich, responsable del movimiento Flora Tristán, durante su exposición se refirió todo el tiempo a “Patrick Rosas” como la persona que había escrito el artí­culo en Intermezzo y respondido a las preguntas de El Hablador. Luego, siguiendo esa lógica, reveló que ese “Patrick Rosas” había intentado alguna vez “violar” a una poeta peruana, lo cual le permitió decir luego que no le extrañaba que quien alguna vez pretendió “violar” sexualmente a una poeta “violara” ahora, con un artículo y unas declaraciones, también a María Emilia Cornejo. De dos cosas una: o Diana Miloslavich es tonta y de manera irresponsable se presenta a un acto público sin haber leído los diferentes elementos en debate y termina diciendo cualquier cosa, por grave e infame que sea, o no es tonta y su “confusión” entre “Patrick Rosas” y José Rosas Ribeyro es deliberada, infame también, pero deliberada. Yo creo, por mi parte, que Diana Miloslavich no es tonta, que antes del 3 de julio aquel había leído los diferentes documentos y que, por tanto, lo que dijo lo dijo a propósito, con total conocimiento de causa y sabiendo perfectamente bien que lo que decía, pensando que, por más mentiroso y calumnioso que fuera, alguna “duda” dejaría en quienes siguen de lejos o de cerca el debate.

Para explicar lo que digo prefiero ir por partes. La señora Diana Miloslavich conoce bien, muy bien, al señor Patrick Rosas, tan bien como para saber que nada tuvo que ver con los poemas de Marí­a Emilia Cornejo y que no es él quien escribió y respondió en las revistas mencionadas. ¿Por qué entonces vincula con un intento de violación a esa persona que ella conoce bien y con la que yo comparto el apellido paterno, pero con quien no mantengo relaciones desde hace más de diez años? Eso habrá que preguntárselo a ella o a él, porque sobre ese asunto yo no sé nada ni me interesa saberlo. Pero, más allá de todo, me parece en sí una canallada que la señora Miloslavich acuse a alguien en público de intento de “violación” porque se le pasa por la cabeza y no tiene argumentos sólidos para argumentar algo coherente en el conversatorio en el que participa sin que nadie la obligue. Sin embargo, tal “confusión” no es gratuita y le permite luego decir a Diana Miloslavich que quien ya quiso “violar” una vez a una poeta puede hacerlo de nuevo y, en el caso concreto que se discute, violar, aunque sea simbólicamente, a Marí­a Emilia Cornejo. Si el supuesto “violador” se llama “Patrick” o José, poco le importa a Diana Miloslavich (ni el rigor ni la ética son sus fuertes), ya que lo que quiere es, sobre todo y como sea, proteger los agrietados muros del búnker-mito María Emilia Cornejo que ella erigió con el amparo del movimiento Flora Tristán y recurriendo a algunos colaboradores, hoy silenciosos, que aceptaron abundar en la mentira.

El tipo de maniobra al que recurre Diana Miloslavich es bastante conocido y se resume en la frase: “miente, miente, que algo queda”. Y es, precisamente, para evitar que algo quede que me doy el trabajo de responder con estas líneas a unas infamias que no merecerían sino una indiferencia cargada de indignación.

Ahora que he podido por fin revelar el lado oculto del mito Marí­a Emilia Cornejo, gracias a valiosos intelectuales y escritores jóvenes que no se sienten obligados a respetar la ormeta establecida tácitamente desde hace más de tres décadas sobre el tema, lo he hecho de manera respetuosa para con todos y en especial para con Marí­a Emilia Cornejo. Mi intención no es otra que ayudar a responder a múltiples interrogantes, a transformar los rumores en cosas dichas con claridad y sin esconderse, y a abrir la posibilidad de emprender de manera seria y rigurosa el análisis de lo que representan realmente los tres poemas famosos de Marí­a Emilia Cornejo en el marco general de la poesí­a peruana contemporánea y dentro de la llamada “escritura de mujeres”. Hasta ahora, lamentablemente, las intervenciones de Rocí­o Silva Santisteban, Giovanna Pollarolo y Diana Miloslavich no van en ese sentido, sino en el de la acusación gratuita, el odio ciego, la ceguera voluntaria, el feminismo sectario y oscurantista, y llega francamente a la infamia con la pachotada de la lideresa del movimiento Flora Tristán.

Creo que había que decirlo. Y dicho está, en Parí­s, el 25 de julio de 2008.

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