En busca del rock perdido

DemolerPor: José Carlos Banda

Si una novela puede obtener su correlato en un filme de ficción, Demoler busca ser el correlato de un filme documental. Bajo la advertencia de una mirada netamente subjetiva, el autor busca hacer un recuento de ese periodo olvidado en el que el Perú se convirtió en una potencia del rock. De antemano debemos advertirle al lector que tras terminar de leer este libro es probable que reclame con impaciencia la salida al mercado de su banda sonora.

Antes de partir, el autor se encarga de prepararnos para comprender mejor este viaje. Lo primer que hace es situarse a sí mismo como un ex miembro de la escena subte que se formó alrededor de la “jato hardcore”, en el Barranco de fines de los 80. De este modo, podemos entender a Torres Rotondo como un ex militante que guiado por la pasión (porque para hacer esto hay que tener bastante pasión) anda en busca de los precursores de este movimiento. El siguiente paso es aproximarnos a una serie de factores sociales y políticos que desembocaron en el surgimiento de lo que hoy conocemos como el rock. Finalmente el autor traza los lazos entre este fenómeno anglosajón y Latinoamérica, para así poder concentrarse en nuestro país.

Lo que sigue no es solo una mera acumulación de datos biográficos sobre, tal vez, todas las bandas nacionales del periodo que supieron dejar algún tipo de rastro. En vez de ello, estamos ante el esbozo de interpretación de una mega historia, elaborado a partir de varios casos específicos donde se repite un elemento común.

Cada uno de los capítulos, que van a estar dedicados a una banda en particular, van a ser elaborados a partir de retazos de información, combinados con recuerdos de los propios actores que en muchos casos van a gozar de todo menos de objetividad. Entonces, de la dificultad para reconstruir esta historia inferimos una característica decisiva para la primera escena del rock nacional: la falta de profesionalismo, el no tomarse las cosas en serio, un mal del que padecemos frecuentemente. He ahí también la importancia de la labor de Torres Rotondo para no simplemente recopilar datos o testimonios, sino también hacer una interpretación de los mismos. Si hay algo que reclamarle a los rockeros peruanos de la época es que se contentaron con tomar la música como un pasatiempo, y precisamente esa falta de profesionalismo, junto a algunas otras adversidades más (la dictadura de Velasco expulsando del país a Santana es algo que vuelve constantemente sobre nosotros) fueron el factor desencadenante para que estos años de buena música terminaran en el olvido.

Resumir la totalidad de bandas abarcadas sería un trabajo obsoleto. Solo debo aclarar que aquí hay de todo. Desde los conocidos Shains y los glorificados Saicos, hasta los bastante olvidados Mads o los charapas Teddys. Este libro busca abarcar tres corrientes. La primera es el rock y la nueva ola (aclaremos de una vez que ambos estilos provienen de una misma estirpe y por ello no es extraño que, tal como ocurría en la realidad, se hable a la vez de Jimmy Santy y de Pablo Luna, el vocalista de los Yorks, que fue algo así como la versión nacional de Iggy Pop). Las demás son la psicodelia y el hard rock, y la fusión y la cumbia.

A lo largo de estas páginas la pasión del autor nos contagia a sumergirnos en este tiempo donde los rockeros peruanos se codeaban con bandas tan grandes como los Rolling Stones. Si esto les suena poco verosímil, ahí está la anécdota en que Mick Jagger y Keith Richards vieron tocar a los “Mads” en el mítico Galaxy y los invitaron a Inglaterra para que sean sus teloneros en algunos conciertos. Incluso estuvieron a punto de tocar con Hendrix y con The Who en el Festival de Wight. Para el público local esta clase de historias son bastante conocidas, sino habría que recordar los grandes momentos de gloria del “cholo” Sotil en el Barcelona.

Por otro lado, si bien el trabajo de Torres Rotondo no es pionero en lo que se refiere al rock en el Perú, es un trabajo monumental para esclarecer todo un panorama sobre el periodo. Además, Demoler surge en un momento en que los peruanos estamos redescubriendo el Perú. En un momento en que a través de cosas tan dispares como nuestra comida, el “loco” Vargas, Machu Picchu, o Sofia Mulanovich, el Perú se ha puesto de moda (y no solo para los peruanos), Demoler está próximo a convertirse en otro eslogan para Promperú. No nos debería llamar la atención, entonces, que este periodo glorioso del rock nacional haya permanecido oculto tanto tiempo y que precisamente ahora haya salido a la luz.

Es cierto que para una élite subte algunas de las bandas mencionadas en este libro han sido música de todos los días. Pero las pocas y bastante malas (en la mayoría de casos) grabaciones que ellos poseen han contribuido a crear un mito ficticio sobre el cual se habla mucho y se conoce poco. Ahí recae la importancia de un libro como Demoler. Ahora, gracias a esta nueva perspectiva que busca abarcar toda la escena, podemos obtener una idea clara de lo que fue esta prehistórica movida, de la que ni sus propios miembros tuvieron una clara noción.

Antes de terminar me gustaría sugerir un método de lectura para este libro que resulta quizá bastante descabellado. Propongo que leamos Demoler como un libro de cuentos, en vez de como una narración documental. No solo las estrategias narrativas del autor, sino también la propia temática, nos impulsan a ver cada capitulo como una apasionante historia donde lo que subyace es el fracaso. Cada banda posee una historia que para un peruano desinformado en la materia es increíblemente inverosímil o ficticia (no muchos conocen la gloria de Los Saicos, las peripecias de Los Mads por Europa, la gira internacional de Traffic Sound, el apogeo de las bandas locales tanto en radio como en televisión, la existencia de una verdadera comunidad hippie en Barranco, “El show de los York´s” transmitido por canal 13, etc.). Pese a las distancias entre cada uno de estos, digamos “cuentos”, tenemos la idea general del rotundo fracaso, que a su vez trajo consigo el inminente olvido total.

Esta clase de lectura puede complementar la autodenominación del autor sobre su propio trabajo como una “investigación literaria”, ya que Demoler, de manera objetiva, tiene más de investigación que de literaria. Este problema se remite a la larga discusión sobre cómo entender lo literario, sobre la cual no quiero explayarme. Solo pretendo sugerir que en este caso corremos el riesgo de que lo literario suponga más una acumulación de referencias, que algún tipo de estilización del lenguaje (que se debe reconocer que sí existe en el libro).

Concluyamos diciendo que para quienes están al tanto de lo que ocurrió en esta época de gloria, Demoler es una herramienta clave para obtener una visión panorámica y ordenada. Para quienes no conocen ni a los Shains, ni a los Saicos, ni a los Yorks, el libro puede cambiarles totalmente su manera de ver el rock nacional. Y para aquellos que no les interesa la música, Demoler es un interesante trabajo de investigación histórica, social y, por qué no, literaria, que vale la pena tomar en cuenta.

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7 Responses to En busca del rock perdido

  1. Profe Pre San Marcos says:

    Sobre esa onda de Demoler y la música de esos años hay un documental de los Saicos que se supone debe salir, si es que ya no salió.
    Se llama Saicomanía y este el link de su website: http://www.saicomania.com/

  2. Tanque Arias says:

    Si dices que hay una carga literaria es porque hay ficción, pero tengo entendido que el libro tienen una base de crónica y de investigación periodística y documental. ¿Entonces por qué el término de “literario(a)”? ¿Solo por la técnica narrativa empleada por el autor? ¿Porque escribe paja?

  3. Barth says:

    Tanque, hijo mío, lo literario no es necesariamente ficcional. Teoría literaria 0.

  4. Anónimo1 says:

    Totalmente de acuerdo con Barth. Por otro lado, si las fuentes son crónicas y demás aspectos similares, el libro debe estar paja. La historia seria es interesante, pero los testimonios y crónicas personales le dan un tono más íntimo a lo narrado. Buscaré el libro.

  5. Calisto says:

    Me da la impresión que el autor de este artículo es bastante novel al afirmar que “Demoler surge en un momento en que los peruanos estamos redescubriendo el Perú”. Y a continuación cita como ejemplos de ese ¿redescubrimiento? al “loco” Vargas, Machu Picchu o Sofia Mulanovich, al punto de decir que el libro en referencia será pronto un eslogan de Promperú (¿?). Esa es justamente la visión de turista que habría que en todo caso poner en tela de juicio en una reseña. Que nos conste, para empezar, que el rock nunca ha sido prioridad para una entidad del Estado. Todo lo contrario. Ni siquiera lo es para las radios, que prefieren en todo caso la masividad de la cumbia, dado su arraigo (y no olvidemos el infausto episodio de la technocumbia fujimorista). No nos engañemos. Está bien que un fanboy se emocione cuando cae en la cuenta que los Saicos podrían ser la primera banda de punk de la historia, pero de ahí a afirmar categóricamente que esto forma parte de un “renacimiento peruviano” es bastante jalado de los pelos. Suficiente tenemos con el rostro de Gastón Acurio, otro invento mediático bien aprovechado por el discurso oficial, haciéndonos creer que la gastronomía es la gran esperanza de unión de los peruanos. Por favor.

  6. Tanque Arias says:

    ¿Teoría literaria cero? Bajo ese criterio todo discurso es literatura, hasta las canciones de la Trinchera. Estamos hablando del libro de la reseña, Barth. A veces la gente delimita su campo referencial para dar una opinión.

  7. ¿ Lo literario no es necesariamente ficcional? Entonces, es periodismo. Ja, Equivocado Barth. Lo que Rotondo hace es periodismo narrativo a secas.