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¿Para cojudos los poetas?
Por: Rafael Robles
¿Para qué escribes poesía? O peor aún, ¿para qué rayos publicas poesía en un país que no te leerá, que no te comprará, que no te devolverá absolutamente nada más allá de un cúmulo de expectativas frustradas y varias deudas por pagar?
La realidad es cruel y dura como una modelo siliconeada, señores: en el Perú, con P de poesía, boom de editoriales independientes, premios internacionales y todo, el triplete de ser joven, nacer aquí y sacar un libro con poemas puede ser considerado una subversión idiota, un disparo en la ingle de nuestra economía personal y, por qué no, uno de los actos menos comprendidos por el hombre.
Recapitulemos, escarbemos un poco dentro de las páginas antiguas de un diario que no escribo: en el 2005 le pagué a Estruendomudo la suma (millonaria para alguien de 22 años) de 1700 soles para ver 14 poemitas míos imprimirse, distribuirse y esperar inútilmente a que un lector-no-familiar-mío llegue a una librería tipo Crisol -repletas de novedades, bestsellers y novelitas para adolescentes sin pierde-, se enamore a primera vista y sin motivo alguno de la portada, de mi nombre o del título y se anime a gastar 15 soles en mí. Iluso.
“¿De qué te sirve publicar?”, me preguntaría mi hermano por ese tiempo. Práctico, directo y totalmente ajeno a eso que los poetas llaman “PO-E-SÍA” (sí, con mayúsculas y pronunciado lentito), él tampoco parecía entender el porqué me tiraba mis ahorros en un libro que inmediatamente pasaría al olvido familiar.
-Por vanidad-, le contesté yo, imitando a tantos otros.
-¿Es que acaso pagar por algo tan inútil te hace sentir bien?- me fulminó.
-…
Como buen hermano menor, tres años después publiqué un segundo libro y esta vez no pagué 1700 soles sino 2300, para lo que organizamos, editorial y yo, un tonazo a lo grande en mi casa (ya perdóname, abuela). La entrada fue 10 soles, derecho a un ejemplar.
No soy el único que pasó por esto.
Ejemplos:
-Para César Gutiérrez, diez años antes de su Bombardero, publicar el poemario La caída del equilibrista tampoco fue sencillo. “En ese entonces tenía plata y pagué 700 dólares por un poemario al que se le caen las hojas. Desde entonces voy de librería en librería comprando mis libros para que no se les sigan cayendo las hojas”, me cuenta.
-Michael Jiménez Melchor, autor de No vales una bala (Zignos, 2009), tuvo mejor suerte (un error en el contrato, para ser sinceros) y gastó solo 350 soles en un poemario que no pudo entrar a librerías ni recibir atención por parte de la prensa. Tampoco recuperó la plata. “Es difícil, la gente no está acostumbrada a comprar libros. Más que nada los di en intercambio con otros escritores, en obsequios y una que otra venta”, confiesa y luego añade que planea publicar un nuevo título en febrero. Con la suya, por supuesto.
-Alessandra Tenorio publicó Porta/ retrato en el 2005, con un costo que no bajó de los 1500 soles, dinero que, en su caso, pudo recuperarse en una serie de presentaciones en Lima y provincias.
-Otra que también puso de su bolsillo fue Josefina Jiménez. Mil cincuenta soles por su poemario Casa de muñecas, con fiesta preventa incluida. La autora, aunque solo haya recuperado 200 soles de lo invertido, asegura que en otras oportunidades se pierde más (mi caso, por mencionar uno).
Josefina dice: “El problema que tuve con la difusión fue editarlo sola. Si no tienes factura no entras a la mayoría de librerías. Sólo he dejado libros en el centro de Lima”.
He ahí otra dificultad, además del presupuesto, por el que atraviesa un poeta en el Perú cuando quiere ver publicada su obra: el poco interés que las librerías le dan a sus libros frente a títulos que de todas maneras resultan más atractivos para el público en general. Es bien sabido que, de no contar con una editorial independiente con los contactos acertados (las otras: Alfaguara, Norma, Planeta y Peisa, ni te miran cuando escribes poesía) lo más seguro es que termines ofreciendo libro a libro entre tus amigos, tíos y contactos del Facebook con cierto gusto por la literatura. En el mejor de los casos, siempre podrás hacerte un sitio en el amontonado estante de Contracultura dedicado a las letras peruanas.
¿Soluciones dijeron por ahí?
No la voy a pegar de creador de planes utópicos que incluyen cambios en la legislación y mayor apoyo del Estado. Me limitaré a enumerar las alternativas que tiene un poeta joven (viejo, muerto, qué más da) a la hora de publicar en el Perú sin perder dinero. Estas son:
1. Ganar un concurso (hay 3 ó 4 al año, a lo mucho).
2. Encontrar una editorial que considere tu libro lo suficientemente bueno y/o atractivo para auspiciarlo.
Dentro de la primera opción se han dado casos como el de Diego Lazarte, quien, según dice, de no ganar el premio “Jorge Basadre Grohmann” la cosa hubiese sido mucho más complicada para sacar Clavícula de Salomón. “Desde algún punto de la escalera”, dice el ejemplar que me firmó hace ya 5 años, en un nebulosa y fortuita borrachera en Yacana Bar (donde también, meses antes, un siempre entusiasta Álvaro Lasso me confesaba su intención de formar una editorial; en la mesa de al lado, Ezio Neyra todavía no era el hombre detrás de Matalamanga y se tomaba un trago de lo más tranquilo).
Denisse Vega Farfán también forma parte de este grupo privilegiado. Ganadora del premio “Poesía Joven del Perú 2008” con Una morada tras los reinos, no pudo, sin embargo, escaparse de pagar el derecho de piso con su primer poemario, financiado a medias con la universidad donde estudia.
En cuanto a la segunda opción, esa en la que las editoriales puedan solventar el libro, los de Cascahuesos Editores son claros en cuanto a la forma de publicar bajo su sello. Resulta que hay dos maneras de hacerlo: la primera, cuando el propio autor se contacta con ellos y está dispuesto a correr con los gastos y la segunda, cuando invitan a un escritor a pertenecer a su staff (a él sí le pagan la edición) ¿Cuánto cuesta publicar con ellos? Aproximadamente 2 mil soles por un poemario de 60 páginas. En cuanto a recuperar lo invertido por alguna de las partes, José Luis Córdova -editor de esta casa- dice que “sólo cuando el autor es de gran trayectoria podría hablarse de una supuesta rentabilidad; sin embargo, más allá de eso, creo que lo más importante para el autor es la satisfacción de publicar un libro. Imagínate, tener 500 libros y venderlos a 15 soles durante un año, ¿de qué rentabilidad hablaríamos?”.
Los integrantes de Mesa Redonda, por su lado, me dicen que financiar un poemario depende de qué tan rentable pueda ser la publicación. “Muchas veces se trabajan coediciones con el autor o con alguna entidad que financie los costos de impresión. El precio depende al final de lo que cotice la imprenta de acuerdo al volumen, pero puede estar entre 850 y 2000 dólares. El precio final depende de los materiales, del acabado, de la tirada y de la cantidad de páginas”, afirma.
Dicho todo este rollazo y contra lo que cualquiera podría pensar, actualmente en el Perú se publica más poesía que narrativa, porque sí, se escribe más (toma menos tiempo, dicen, que hacer una novela o un libro de cuentos) y porque los editores gastan menos en su publicación por eso de que no tienen tantas páginas. La ecuación es simple: a menor inversión, menor riesgo de perder plata con un escritor peruano.
Alessandra Tenorio dice: “Publicar poesía es cada vez más fácil pero encontrar quién financie o que una editorial apueste por financiar la publicación de un poeta joven es mucho más difícil. Hay instituciones privadas que sí financian una parte de la publicación, al igual que editoriales, pero no sé de ninguna que lo haga íntegramente. Hay que recordar también que las grandes editoriales (Alfaguara, Norma) no publican poesía de autores jóvenes. Creo que por todas esas razones a muchos poetas no les queda otro camino que pagar casi toda su edición”.
Fin
¿Para qué escribes poesía? O peor aún, ¿para qué rayos publicas poesía en un país que no lee y mucho menos poesía y mucho menos a un joven poeta? Sinceramente no tengo idea. Puede ser por idiota, por currículum, satisfacción personal, necesidad de comunicarse… En mi caso, ya sé que es por vanidad (y esta vez no estoy imitando a nadie cuando lo afirmo).
28 Comments so far
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tuve suerte en gastar poco, veremos que tanto gastaré para la proxima, creo que organizaré una pollada poética o un concierto pro-libro. Dios salve a los poetas.
Comment by Michael Jiménez 11.30.09 @ 9:08 amUuyuyuy compadre, te has metido en terreno recontra espinozo. Múdate. Lárgate al extranjero. No sabes en lo que te has metido. Has debido recabar más testimonios, eso lo único que te hubiera podido salvar. Te quemaste. Eso de publicar en el Perú es recontra cochinazo. Voy a contarte historias que todo el mundo conoce: un editor que le metió cabeza a medio mundo y que tuvo que cerrar su editorial porque lo amenazaron con pistola. Fue tan atrevido que cabeceó a los machos del barrio. Otro que le dijo al autor que no había vendido un solo libro, cuando el hombre el día de la presentación les vendió a su familia por lo menos 40 libros, mejor dicho le metió la yuca con toda su plata y todos sus libros. Otro que publica a jóvenes escritores, dos por semana, les cobra por la publicación, y a la hora de pagarle por los libros vendidos les mete cabeza, es decir gana cobrando por publicar y luego se tira toda la plata de la venta del libro. Otro que cuando el autor le pide por la plata de sus libros, el editor joven le contesta al escritor joven, que no le puede pagar porque en el Jazz Zone, donde fue la presentación le pagaron todos los libros con billetes falsos de 100 soles. Otro dice, muy orondo, que tenía los libros en el depósito y que le robaron la mitad, furtivos ladrones que probablemente es el mismo editor. Otro que se jamonea por todas partes con su editorial y mete cabeza con la plata de los derechos de autor a quien sea sin respetar canas y pergaminos. No te estoy hablando de las grandes, te estoy hablando de las editoriales alternativas. Porque, che, esos, los grandes tienen también su historia. Nunca te pagan derechos de autor, o te la hacen tan larga que mejor ya no cobras porque quedas como un pordiosero. Y yo conozco una historia de un editor muy afamado que le decía al escritor que había publicado 500 ejemplares y que había vendido 200, cuando en realidad tiraba 2000, o más, que vendía como pan caliente. Cuando el escritor se enteró porque los libros eran diferentes, el editor de marras se negó en todos los idiomas y no hubo manera de probarle la trafa.
Charles Bronson, el Vigilante que mata a todos los choros.
muy bonitas tus historias, pero sin nombres y apellidos solo son más chismes anónimos por internet. saludos.
rafael robles.
Dejando de lado las bromas que, son saludables hasta cierto punto, la proliferación de libros es un problema para todos tanto para escritores como lectores. A leer a Gabriel Zaid y su Los demasiados libros. Y a seguir escribiendo nomás, total, no creo que a alguien que le gusta escribir se detenga solo porque sabe que el mercado es un territoria demasiado incierto.
Comment by Anónimo de las 13:46 11.30.09 @ 1:46 pmUna vez Gustavo Faverón dijo que pedir la opinión de 150 personas del medio literario, es prácticamente hacer un plebiscito. Con un público tan pequeño, debe ser relativamente fácil hacer una lista, agregar nombresde los medios culturales, encontrar por ahí lectores ocasionales de posesía; luego armar la pollada y sólo entonces imprimir y repartir gratis el libro a los miembros de la lista. (No digo ponerlo en internet porque todavía nadie se toma en serio lo que no está impreso en papel.) A la larga puede ser menos costoso y más efectivo que imprimir 500 ejemplares y tratar empujarlos por la cadena de distribución o jalarlos con publicidad gratis. Total, si son malos, de cualquier forma serán olvidados; y si son buenos, es ese pequeño grupo en que hará el rebote en los medios, con lo que la vanidad del poeta quedará satisfecha.
Por otro lado: ¿vanidad? ¡Uácala!
Comment by LuchinG 11.30.09 @ 1:47 pmRobles, pero aparte de los testimonios de poetas suéltate unas pepas pues, sino no es la voz.
Comment by León Peleador sin Ley 11.30.09 @ 2:46 pmTiene razón León Peleador, unas cuantas pepas es las que tienes que soltar, bombitas casreas para que este tu cuento no sea aburrido, sino sería solo una encuestita. Más bacán me parecen las pepas que suelta El vengador, y esperamos que dé nombres, aunque como él dice el de la pistola ya sabemos quién es.
Comment by Cholo del barrio 11.30.09 @ 4:58 pmEse es mi causa Calamaro de los pobres. Así se escribe un reportaje broder, metiendo bowes y poniendo el dedo en la llaga. Vamos a ver que dicen ahora todos esos aprovechados que fungen de editores. ¡Larga vida a la poesía y a Lucho Hernández!
Comment by 2 más y nos vamos 11.30.09 @ 5:05 pmbuenisimo lo de rafael robles. por fin algo de humor e ingenio. creo que no importan las pepitas sino el problema de fondo, que es lo complicado de publicar poemas en el Peru. no se vayan del tema por fijarse en escandaletes.
Comment by Anonymous 11.30.09 @ 5:36 pmOye Rafael les has soltado un billetón a los de Estruendomudo y encima te cambiaron tus poemas. He comaparado los que publicaste en el Hablador con los de Peter Parker y la version del Hablador se los lleva de encuentro. La embarraste feo con esos poserines cuñao.
Comment by Fan de Javier Agreda 11.30.09 @ 6:04 pmdemasiados poetas para mi gusto, para el gusto de todos creo. y todos quieren publicar, y todos quieren tener su librito, y casi todos son olvidables. que escriban poesía, bueno, qué más da, pero que publiquen…
Comment by rita de junco y capulí 11.30.09 @ 6:14 pmTe olvidaste de los narradores, sobrino. Eso que tú también tienes tus cuentos y tus crónicas. ¿Qué pasó? Explícate.
Comment by Kike del Superba 11.30.09 @ 8:26 pmNo entiendo mucho de poesía ni de literatura pero me parece genial que con palabras tan sencillas se pueda llegar a explicar un problema que pasa en el Perú y de forma dinámica que no aburre y se puede leer de principio a fin. Me gusta mucho como escribe Rafael Robles .
campanita
¿Y si destilamos menos pesimismo?
Rafael Robles, valoro tu gesto de compartir tan ilustrativo artículo sobre la situación caótica de la poesía en el Perú. Yo también lo tengo claro porque he investigado la industria cultural del país. Sin embargo, le sugiero que aproveche esta ventana para también emitir propuestas de solución ante tan triste realidad. Así como nos describe el panorama, ni siquiera un millonario aficionado a la poesía se animaría a invertir en ella. Es solo una sugerencia. Me gustaría conocer su opinión al respecto.
Vanessa Del Carpio.
Comment by Vanessa Del Carpio 12.01.09 @ 11:52 am-Yo estuve de acuerdo y participé en los cambios que se hicieron para la publicación de los libros.
- sencillamente solo quise enforcarme en la poesía. quizá para hablar desde la experiencia. la narrativa es otro rollo (menos dramático, dicen) y muchas veces sí encuentra financiación.
-es cierto. las soluciones y futuras medidas a tomar podrían ser motivo de una próxima columna. saludos.
Rafael, como que no dices nada (osea, perogrulladas de colegial), esperaba algo más punzante, pero te quedaste en los pormenores del poeta poserito que busca llamar la atención. Un poco más de agudeza periodística no te haría daño.
Para la próxima.
No veo el problema en publicar, en estos tiempos de internet: http://cifiperu2002.blogspot.com/2009/07/editorial-julio-2005-entre-andinos-y.html
Comment by Daniel Salvo 12.02.09 @ 10:55 pmDaniel: el problema es que nadie escribe para que lo lean nadie, publicar en internet es como no publicar realmente.
Comment by LuchinG 12.03.09 @ 8:39 amLuching, opino exactamente lo contrario, y me baso enla experiencia: ¿qué revista de papel se interesa en la ciencia ficción, por poner un ejemplo? NINGUNA de las conocidas, al menos, hace unos años. Yo comencé a publicar cuentos en la red y si fueron leidos, al menos lo suficiente como para integrar una antología en España y otra que (ojalá) salga en árabe.
Pero ese no es el punto: creo que la internet está adquiriendo más “realidad” que el soporte físico que brindan los libros o revistas en papel. Lo que sucede es que los veteranos (me incluyo), todavía adoramos el papel, nos parece más real que los bits que vemos en pantalla. Qué puedo decir; por el centro de Lima, hay un puesto donde acaban rematando a sol poemarios y “ediciones de autor”. Si eso es “publicar realmente”, pues me quedo con la internet.
Honestamente, creo que hay más posibilidades de ser leído si se publica en la internet que si se publica en papel.
Rafael, te leo siempre en La República.
Me pareces un poeta divertido, periodista entretenido. Pero esperaba que aquí publiques algo más profundo. En verdad, para el diario calzas perfecto; para acá, te falta vuelo. Ojalá me cierres el pico con tu próxima columna.
Ta qué payasos, lo quieren agarrar en mancha a mi pata Rafael. El hombre toca un tema que jode a muchos y al toque saltan por la espalda, puñaleros.
Comment by Loco Vargas 12.05.09 @ 10:28 amInteresante todo, mucho por conocer todavía. ¿En qué medida todas estas epifanías o no epifanías de los poetas con las editoriales pertenecen ya al cuerpo de la poesía? Se trata aquí hasta de un libro no escrito, faltaría la novela de las jóvenes editoriales, una historia o crónica que cuente todo el boom de los años 2004-2007 y que hoy ha hecho que algunas se consolidan y otras pasen (buenas y malas en ambos casos).
Pero felizmente, el boom de las editoriales ya pasó. Solo ahora se puede juzgar mejor este entusiasmo generacional en el que han aparecido poetas-editores, narradores-editores, cosa que antes no había y hoy, cosa curiosa y también interesante, se ha convertido en tema de discusión.
Faltaría, Rafael, hacer la encuesta no tanto con los narradores sino con los poetas mayores. ¿Les sucede lo mismo? ¿Invierten al pierde? Por otro lado, ¿será cierto que el poeta sueña con ser leído por millones, tal como Neruda? Recuerdo un prólogo que escribe O. Paz al libro “Las lecciones de Don Juan” de Jorge Castaneda, en el que recuerda una anécdota con MIchaux. El poeta francés le decía, acongojado, que daría todo por volver a cuando era joven y sus poemas se publicaban en plaquetas en tirajes de sesenta u ochenta, ya que creía que cuando las ediciones llegaban a los miles o decenas de miles había algo –ese algo, pero algo—que se perdía. Está claro que aquí se quiere mejorar la condición del trato entre editores y escritores en general, pero lo digo también para preguntarnos: ¿cuál es nuestro objetivo? Con todo, hacer buenos libros, tener a las partes satisfechas, ver que el libro circule, y este es otro tema. ¿Acaso las editoriales –¡oh, jóvenes editoriales!—no deberían preocuparse por promocionar el libro? Esto parece contradictorio, pero muchas veces pareciera que la editorial se encarga de la presentación, un blog y algo más, pero ahí queda todo. Luego tenemos al escritor encargándose de un trabajo que, realmente, no le compete (con sus variables, claro).
Y por otro lado, y para hacer justicia, son los editores los que deberían responder. Sería interesante ver cuál es su opinión, pues si no todavía estamos hablando de modo parcial.
- Además y todavía. Las preferencias por internet o el libro impreso estarán, creo, siempre en debate. Pero la relación intrínseca es innegable. Muchos poetas comienzan escribiendo en internet y luego publican, y muchos de los que siempre publicaron no han dejado de darse su pasada por internet (y si ellos no “se publican”, los publican, y así encontramos sus textos a un clic).
- Y otro tema. No solo hay que pensar en la escritura sino también en la lectura de poesía, tanto en libro como en internet.
- Y otro tema más por discutir pero aún indiscutido: la edición por internet.
el poeta es por naturaleza marginal rafael, hasta el poeta conocido vivo mas importante del peru, saldra a la calle, y seguro nadie lo conocera, por logica simple ¿sera lucrativa la poesia? lo mas sabio es asumirse al margen, y no hacerse tantas paltas por vender o por el publico, hacerlo es casi como un suicidio
Comment by Anonymous 12.06.09 @ 12:53 amDaniel: ¿Cómo fue que llegaron a tu página? ¿Mediante algún contacto, o por simple azar?
Comment by LuchinG 12.07.09 @ 9:32 amcomo ven, este tema da para mucho más, tanto en narrativa como en poesía. la publicación por internet podría ser el tema de una próxima columna. gracias por leer.
Comment by rafael robles 12.07.09 @ 5:45 pmHola Luching, pues llegaron como todo el mundo en la web: pones “ciencia ficción” en Google, y listo. Además de sendos correos y anuncios en listas y foros afines. Entre nerds nos entendemos.
Comment by Daniel Salvo 12.07.09 @ 8:13 pmLuching, este artículo te será interesante de seguro. Eso sí, adiós al dinero.
http://www.portal-cifi.com/scifi/content/view/3152/114/
Comment by Daniel Salvo 12.08.09 @ 1:16 amEn nuestra cultura hispanoamericana, la publicación de un texto del género implica la única recompensa de poder compartir el trabajo con muchos lectores y escritores y darse a conocer. Esto significa, como punto negativo, que aquí los escritores no pueden vivir de lo que escriben sino que dependen totalmente de otra u otras entradas económicas. Es verdad que sería estimulante en nuestro contexto recibir incentivos económicos, ¿a qué precio? ¿Sería factible que todo terminara girando alrededor de ellos?
Desde la revista pulp de 40 ejemplares que se escriben y se leen solo entre un grupo de amigos hasta la revistas más importantes del género, desde los autores noveles hasta los profesionales, e incluso los aficionados, estamos todos en las mismas condiciones de respeto e igualdad, no clasificados en estratos. La ciencia ficción en español es una fraternidad. Aventajamos a los anglosajones porque no concebimos el valor del dinero del cual ellos dependen y, en cambio, pusimos la CF por delante.
La situación parece la misma que hay en el resto de la literatura, excepto que me suena lógico que un aficionado a la ciencia ficción le parezca aceptable leer en la pantalla, mientras que a alguien que hace poesía, no tanto. Insisto: los lectores asiduos de literatura son poquísimos, habría que hacer una lista y empezar a regalarnos las obras mutuamente.
Comment by LuchinG 01.04.10 @ 2:13 pmLeave a comment
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