Por: Lenin Pantoja Torres
Desde hace unos días se inició la Feria del Libro Ricardo Palma. Una tradición que congregaba a vecinos cercanos y lejanos al Parque Kennedy. Precisamente esa es la desconcertante sorpresa: la feria de Miraflores ahora está en San Borja. Pues gracias a las intransigentes aptitudes de un alcalde, se tuvo que buscar una irremediable -porque la tradición se resiste a desaparecer- solución. Aunque el nuevo espacio (el Vértice del Museo de la Nación) no sea hostil, sí se ha perdido una serie de aspectos que han marcado el desarrollo de anteriores ediciones. Por ejemplo, el pequeño espacio que proponía el Parque Kennedy implicaba que la visita sea un acto vecinal y no un acto, digamos, oficial. Lo reducido del espacio desplegaba una sensación calorífica propia de los lugares familiares porque, precisamente, darse una vuelta entre los libros en un ambiente abierto y caluroso era un acto familiar.
La edición 30 de esta feria ha intentado conservar artificialmente lo perdido. Nos percatamos de ese intento al solo ingresar al recinto. Una banca entre una especie de matorrales que trata de dar una sensación de frescura y respiro conforma una suerte de bienvenida. También algunas bancas acomodadas en lugares específicos intentan imitar las áreas verdes perdidas. Ingeniosamente las calles que forman las posiciones geométricas de los diversos stands han sido organizados con nombres alusivos a la vida y obra de la figura homenajeada en esta oportunidad: Julio Ramón Ribeyro. Uno tiene la sensación de navegar entre un espacio ficcional mientras va esquivando a los transeúntes que buscan desesperadamente el libro correcto. El viaje desemboca si no en otra calle ficcional, sí en un espacio marcado por la figura de nuestro narrador. Por ejemplo, tenemos el auditorio “Julio Ramón Ribeyro”; y las dos salas: “La palabra del mudo” y “Los geniecillos dominicales”.
Pero como todos sabemos, el principal atractivo de esta feria son los libros. Revisemos algunas novedades. Y cuando nos referimos a novedades aludimos a aquellos títulos que esperamos encontrar y, por supuesto, a un precio cómodo. Es inocultable la tristeza por la ausencia del último libro de Rodrigo Fresán, El fondo del cielo, publicado por Mondadori. Ausencia predecible por la prontitud de la publicación. Pero sigamos con una presencia concreta, me refiero a Missing. Una investigación (Alfaguara) de Alberto Fuguet. Parece que al narrador chileno le obsesionan las historias de familiares “distintos” aunque esto se transforme en rencillas hogareñas y no precisamente en el mundo ficcional. En todo caso, creo que esta publicación es de las más importantes en esta feria. Pero para cerrar Chile, en medio de un clima marcado por espías mujeriegos y diplomáticos ariscos, no podemos dejar de mencionar el libro de Pablo Simonetti La barrera del pudor (Norma). Esto a propósito de los problemas que tuvo en la Embajada de Chile al presentar su libro días antes.
Dejemos a los políticos y a los espías, y sigamos con la literatura. Entre los poemarios tenemos al antitético título, tomado de un verso de Blanca Varela, Silenciosa algarabía de Paolo de Lima. Libro marcado por una, también antitética, opinión de este poeta. Dice que salir de un espacio físico enriquece al escritor, pero que él siente que “se escribe” más que “escribir sobre” (Fuente Andina). En todo caso, ahí tenemos los diez poemas que conforman su último libro. No podemos, por otro lado, dejar de mencionar el libro de Tulio Mora: Hora Zero. Los broches mayores del sonido que más que tener una autoría tiene una inmensa carga espiritual colectiva. Entre estos espíritus inefables está, sin duda, Enrique Verástegui del que podemos encontrar su libro Teorema del anarquista ilustrado.
Respecto a la narrativa, ha sonado mucho la noticia del libro ganador del Premio Cámara Peruana del Libro Novela Corta 2009, es decir, Segunda persona de Selenco Vega. Una novela que se iba configurando como una historia polifónica de setecientas páginas y que terminó transformándose en una sola aventura de ciento veintidós páginas o algo por ahí. Luego, se reeditó la novela Rosa Cuchillo de Óscar Colchado Lucio. Festejo la reedición de la mejor novela sobre la violencia política que se ha escrito hasta ahora. Creo que entre los textos nacionales esta presencia es de las más resaltantes. Pero estos textos no se quedan en narrativa y poesía, también tenemos la compilación de estudios en torno al siglo XIX con La república de papel de Marcel Velázquez Castro y, por otro lado, ¡Usted fue aprista! Bases para una historia crítica del APRA de Nelson Manrique.
Y como el homenajeado es nuestro narrador Julio Ramón Ribeyro, no podían faltar publicaciones alusivas a su figura. Tenemos, por ejemplo, Las respuestas del mudo con la selección, prólogo y notas de Jorge Coaguila. Texto que reúne entrevistas al autor de Los geniecillos dominicales. También tenemos a Julio Ramón Ribeyro: penúltimo dossier con la selección y prólogo de Néstor Tenorio Requejo y Jorge Coaguila. Sumado a lo anterior, y como es lógico, la fama de la narrativa de Ribeyro ha traspasado nuestras fronteras. Por esta razón, se ha presentado el texto Para entender: Julio Ramón Ribeyro (Nostra Ediciones) de la mexicana Vivian Abenshushan.
Sin duda, se me escapan muchos títulos importantes como Cervantes en el Perú de Carlos Eduardo Zavaleta o Gato encerrado de Fernando Ampuero. Son muchos libros para pocas líneas. Pero las ventas han arrancado con muchas novedades e interesantes datos. Hasta hace el libro más vendido era Todas las aventuras del cuy de Juan Asevedo. Un libro que conmemora los treinta años de creación de su tan entrañable personaje. Esta edición, que incluye la totalidad de las historietas (aunque no de las tiras diarias), ya ha sobrepasado los 250 ejemplares vendidos. El texto se puede encontrar en la Librería Contracultura con un descuento de casi el 50%.
También hay otros títulos a tomar en cuenta por la demanda que han generado. Como era de esperarse, La palabra del mudo (tomo I y II) del homenajeado Ribeyro ha pasado los 120 ejemplares en la Editorial Planeta del Perú, y también goza del mismo protagonismo en Crisol. En Santillana, como no podía faltar, los lobos y los vampiros de La saga de Crepúsculo de Stephanie Meier viene derrotando a Anti-agenda de Renato Cisneros y Caín de Saramago que son las que le siguen los pasos. Estos también están presentes en otros stands como textos más vendidos. Todo sigue un cause variado, como es lógico. Lo importante es que aparentemente los títulos pueden llegar a colmar los requerimientos de un público variado y no necesariamente literario.
Creo que hay para todos los gustos ya que las librerías han mantenido los títulos que nos suelen ofrecer en estas ferias. Y como toda feria es atractiva por sus precios, esto ha sido un punto gratificante. Nos han informado que hay rebajas desde el 60%. He podido comprobar que, por ejemplo, Santillana ofrece descuentos de hasta el 50% en sus títulos, Alfaguara hace algo similar al vender dos libros al precio de uno. Muy animado por las ofertas quise comprar solo uno y el librero me pidió que me uniera a una persona más para comprar ambos títulos, “como dice la oferta”, comentó. Otros stands de pequeñas casas editoras, como La Familia, tienen descuentos variados. Desde el 30%, pasando por 20% e incluso 10%. Hay pocas librerías de viejos, pero hay. Esto quiere decir que no hay excusa posible para dejar de adquirir un libro, irse a casa y leerlo inmediatamente. Y como ya saben la feria finaliza hoy, así que apresúrense a alcanzar ese libro tan ansiado que, a veces, nos quita el sueño.
Me gustaría saber si el tomo de Hora Zero está en oferta o no. También ya que se refieren a Ribeyro, saber si todos sus libros están disponibles.
Comment by Tatiana López 12.10.09 @ 2:49 pmHola: esos dos libros que mencionas, Rosa cuchillo y Segunda persona a cómo cuestan, ha? A ver si los compro hoy.
Comment by Anonymous 12.10.09 @ 3:00 pmPor lo visto la feria no es muy buena que digamos. Vénganse a la que se hace en octubre en la Estación Mapocho de Santiago amigos de Perú, esa feria sí es buena y tiene mucha más variedad.
Comment by Zamorano 12.10.09 @ 3:17 pmMucha vaina, lo único que vale la pena en esa feria es el libro de Juan Acevedo, el resto es puro refrito monse, no pasa nada. Ya pues Pantoja métele más garra a tu post compare.
Comment by Tanque Arias 12.10.09 @ 3:38 pmEsa feria es un fraude, no pasa nada, no hay ofertas, los títulos son malos y encima cobran una luca la entrada. Al menos en la feria de julio uno pagaba su sol y podías ver por ejemplo hasta a Claudio Narea tocando.
Comment by Rubén 12.10.09 @ 3:53 pmSeñores periodistas, ¡nosotras no hemos ido ni iremos a esa falsa feria! Nosotras nunca pisamos San Borja, pues solo vamos a Miraflores o San Isidro. Pero gracias por los consejos, Lenin. Hoy mandaremos al chofer a que compre algunas de tus recomendaciones, además de los últimos poemarios de nuestros sobrinos Rafael Robles y José Carlos Yrigoyen.
Comment by Las Viejas de La Molina 12.10.09 @ 4:23 pm1) Las bajas ventas no pueden achacarse a la ubicación de la Feria del Libro. Si bien se extraña el espacio miraflorino, no es más accesible que el vórtice del Museo de la Nación.
No se entiende bien eso de que en Miraflores “la visita era un acto vecinal”. ¿Se entendía que era sólo para miraflorinos?
Y yo no entendí a qué se refiere con “vecinos lejanos”. Me rompió el coco.
Comment by Fito 12.11.09 @ 11:14 amTiene razon mi compare Daniel “Futurama” Salvo, ¿que es eso de una visita vecinal ah??? Mucha añoranza criolla Pantoja, muchas tradiciones peruanas y en salsa verde, si el baboso de Masias la embarró alla el pero no te dejes ganar el bobi ni por eso que el pasdo fue mejor.
Comment by 2 más y nos vamos 12.11.09 @ 8:05 pm



