El mundo de Salinger

Por: Juan Francisco Ugarte
Salinger ha muerto.
Salinger ha desaparecido ahora de verdad. Entre las pocas cosas que nos queda de él encontramos (y es lo primero que se me viene a la mente) aquella fotografía difusa y antigua de su rostro, la imagen acaso más difundida (en la que aparece joven y con la mirada fija a un lado) de aquel escritor que luego del inesperado éxito que suscitara su primera novela, El guardián entre el centeno, decidió aislarse del mundo y escribir solo en su casa de New Hampshire, sin entrevistas ni ningún contacto inmediato con el público, para sacar algunos años después libros tan impactantes y bien logrados como Nueve cuentos y, en menor escala, Franny y Zooey o Levantad, carpinteros, la viga maestra y Seymour: una introducción; ahora esa imagen, ese rostro aún joven, sereno pero indescifrable, constituye uno de los exiguos materiales sobre un personaje que pocos entendieron y que hoy entienden mucho menos.
Los detalles acerca de su vida son escasos. Su hija, Margaret Salinger, publicó hace algunos años una especie de biografía, en la cual revelaba ciertas “manías” o enfermedades que sufría el escritor. El resto de datos resultan muy vagos (un par de películas y un libro de cartas dirigidas hacia él, además de otras declaraciones, como la de su ex amante Joyce Maynard). Sobre Salinger se ha dicho y se seguirá diciendo bastante. Algo que, me parece, intentaba evitar. Por ello, desde un principio detestó la atención, aquella necesidad de las personas por conocerlo, por saber acerca de su vida, sobre quién era y qué pensaba, Salinger siempre detestó la cámara, el flash, las preguntas. Nadie como él para dejar en claro su rechazo hacia la idea del ídolo: la idea del escritor que sale en los diarios hablando de cualquier cosa, aquel escritor que pretende ser admirado y reconocido y escuchado. Salinger pudo hacer lo que nadie, y sobre todo en estos tiempos, puede y quiere hacer: esconderse.
Todo esto incrementa el morbo y eso es algo inevitable. Pero si existe un lugar en donde podemos encontrar al Salinger que el propio Salinger quería mostrar es evidentemente en sus libros. En 1951, a poco más de los treinta años, el escritor publica El guardián entre el centeno (The catcher in the rye), novela que narra la historia del adolescente Holden Caulfield, mítico personaje que marcó a los jóvenes de la época. Y marcó, precisamente, porque Caulfield no era un simple rebelde, sino un muchacho en continua búsqueda, un muchacho que quería encontrar algo y que el mundo parecía negárselo, un muchacho insatisfecho. Entonces los adolescentes de los años cincuenta se vieron a sí mismos en la figura de Caulfield. La novela significó de esta manera una puerta abierta para identificarse con lo no dicho, con aquellas pulsaciones que todos parecen reprimir e ignorar. El guardián entre el centeno es así una historia de contracultura y esto se hizo irresistible para los lectores de esos años.
Esta novela fue lo primero que leí de Salinger. Lo primero pero no lo mejor. La originalidad y maestría la encontré sin duda en Nueve cuentos. Aquí Salinger desata todo el mundo sórdido, extraño y oculto de sus personajes. ¿Alguien puede cuestionar relatos como “Un día perfecto para el pez plátano” o “Para Esmé, con amor y sordidez” o “El hombre que ríe”? Historias en las cuales la infancia es vista no desde la inocencia y pureza, sino a partir de un enfoque en cuyo centro se percibe cierta perversión del estado de las cosas. Así, el orden convencional es invertido para restituir un nuevo código cifrado por las sensaciones retorcidas y difusas, pero no por ello moralmente censurables. La moral en Nueve cuentos es otra, regida por símbolos totalmente ajenos a los ya establecidos. El mundo de Salinger no es el nuestro y creo que ahí radica su genialidad.
El último miércoles ese mundo se marchó. Salinger tenía 91 años y una vida que había rozado el anonimato voluntario. Ese mundo desapareció, pero luego de cuarenta años de mutismo parece habernos dejado más retazos de su existencia. Ahora todos comentan lo poco, mucho o demasiado que Salinger debe haber escrito en las últimas décadas, distante, en silencio, oculto para todos menos para sí mismo.
Pero para esto habrá tiempo. Por lo pronto, nos queda rendirle homenaje. Y quizás en este caso el mejor homenaje sea el silencio.
Convocatoria

Como saben, hace un par de semanas se implementó una nueva sección en el calendario de la bitácora: la de creación literaria. Hasta el momento ésta ha sido desarrollada como una idea piloto de lo que en realidad se pretende; por ello, a partir de hoy se hace oficial una convocatoria para que envíen sus trabajos y, luego de pasar por el respectivo filtro, ser publicados. Sólo se admitirán poemas (de tres para arriba) y cuentos relativamente cortos (de preferencia menos de 1500 palabras). Se debe también adjuntar al archivo una pequeña reseña biográfica con datos puntuales y específicos sobre el autor. Al margen de estos detalles, no existen restricciones de ningún tipo.
Los trabajos serán recibidos en el correo del blog: bitacora@elhablador.com
Están todos invitados a participar.
En la boca del miedo
Sunday January 24th 2010, 9:38 pm
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Columnas
Ranking de la década
Por: Martín Mauricio
Tarea difícil la de hacer esta lista. Resumir en diez películas una década donde el mundo se ha globalizado y en el cual tenemos más acceso a diferentes propuestas cinematográficas resulta más que complicado, ya sea por las comparaciones entre éstas o porque nos hemos vuelto más propensos al análisis exhaustivo.
Elaboré este ranking –si así lo podemos llamar- basado en tres premisas fundamentales que las he intentado cumplir de manera eficaz y solemne. Primero: tratar de no repetir ningún director en la lista, no por desmerecer el trabajo de éstos, sino que al realizarla pude delimitar mejor los nombres de los filmes más representativos de la década. Segundo: escoger películas que se han realizado a partir del 2000 y no estrenadas en la década, es decir, las que se han producido antes de ese año y por algún motivo se estrenaron después en Lima, no las he considerado. Y tercero y más importante: la emoción y satisfacción, el deslumbramiento y en algunos casos la agonía que me produjeron la primera vez que las vi sentado en una sala de cine y que con una segunda visión han seguido reflejando lo mismo.
El camino de los sueños (2001) de David Lynch
Quién mejor que David Lynch para llevarnos al fondo del subconsciente, para mostrarnos nuestros miedos, alucinaciones y pesadillas. Mullholland Drive (título en inglés) supone un paseo entre la realidad y la imaginación; los sueños y la vigilia. Concebida en un inicio como un piloto con el nombre de la carretera de Los Ángeles, la cual la ABC rechazó, Lynch nos presenta una atmósfera áspera, incómoda, perturbadora, heredera de sus anteriores largometrajes: Carretera Perdida y Twin Peaks. Lynch logra emocionarnos con un simple accidente, que es el comienzo de un recorrido de una mujer que pierde la memoria y el de una joven rubia que la ayuda a recuperarla. Todos los personajes que desfilan después y los sucesos oníricos que enfrentan rompen toda lógica narrativa, para ir poco a poco ordenándose en una historia delirante e hipnótica.
Petróleo sangriento (2007) de Paul Thomas Anderson
Así como David Lynch presenta esa deformada y surreal american way of life, Paul Thomas Anderson hace lo mismo con la construcción de un país en plan de metáfora donde converge la avaricia desenfrenada, el puritanismo religioso y el petróleo: los pilares de la sociedad americana contemporánea. Basada en la novela del ganador del Pulitzer, Upton Sinclair. Petróleo Sangriento es una película grandiosa en todo el término de la palabra: por su historia ambiciosa, por la formación ética del hombre, por la evolución económica de un país, y por la actuación de Daniel Day Lewis, que siguiendo la estirpe de Charles Foster Kane, impregna toda su grandeza en una película impecable.
Río místico (2003) de Clint Eastwood
Sin exagerar esta ha sido la década de Clint Eastwood, por estos años hemos pasado de la inmensa Golpes del destino hasta las notables Cartas de Iwo Jima o Gran Torino. La consistencia en la obra del viejo Clint podría resumirse en esa mirada introspectiva a sus personajes, ese hurgar en sus pasados para explicar sus actitudes futuras y todo eso en una narración clásica y sencilla. La fuerza del novelista Dennis Lehane es retratado con profundo dramatismo y sensibilidad a través de una historia de tres individuos maltratados por los castigos del destino y su camino a una desagradable y desoladora madurez.
Hipnosis Mortal (2003) de Chan-wook Park
Hipnosis Mortal es un viaje a la eternidad, es el relato de la pasión más desenfrenada que es la venganza. Oh Dae-Su es eterno, porque aun estando vivo, deambula en un mundo desconocido para él, por permanecer encerrado en un pequeña habitación por quince años. ¿Injustamente? No lo sabemos, al igual que Oh Dae-Su desconocemos quién lo metió ahí, y es esa búsqueda lo que convierte a la película de Chan-wook Park en un camino a descubrir la más terrible tragedia de su existencia. Remontándonos al mejor Tarantino, esta adaptación del manga del mismo nombre nos descubre como el deseo del amor verdadero, la venganza y el rencor, son los elementos esenciales de las pulsiones humanas
Elefante (2003) Gus Van Sant
La soledad del individuo, la soledad de los jóvenes. Van Sant va siguiendo a sus protagonistas con una cámara y los desnuda observándolos. Ahí en silencio, mostrando su hábitat: el secundario, o la High School, como quieran llamarlo. Indudablemente nadie entiende mejor a esta generación que Van Sant, pero a diferencia de sus demás películas donde la trama se va desarrollando por una acción planificada o furtuita, Elefante nos muestra la historia de un hecho real, donde Van Sant va buscando el germen de la masacre de Columbine, pero que estamos tan ciegos que no podemos ver. La sociedad para Van Sant son esos muchachos, la rutina, el individualismo, la familia, la educación y por supuesto la violencia como forma de manifestarse.
Hable con ella (2002) de Pedro Almodóvar
A pesar de ser considerado –y con mucha certeza- el gran director de personajes femeninos en casi todas sus películas, Hable con ella es un film de hombres. Hombres que se van y vuelven, llevados por la pasión, hombres que desean y que están solos, hombres que necesitan de otros hombres para perennizar la amistad como Marco y Benigno. Todo esto para llegar a contar una historia de amor o más bien, es la historia de hombres que necesitan amar, que al fin y al cabo de eso tratan las historias de amor.
Zodiaco (2007) de David Fincher
Obsesiva, calculadora, laberíntica. Fincher filma de día y de noche, con la misma naturalidad que el asesino del zodiaco ejecuta sus muertes. No utiliza artificios ni efectismos, en Zodiaco no hay engaños ni sustos, todo es retratado con una atmósfera turbia y opresiva. Sin embargo, más que una película sobre un serial killer, Zodiaco es un film sobre la ciudad, es el cambio de una época, el adiós a una generación ingenua y la entrada a los setenta y los ochenta. La bienvenida al desencanto, la desilusión y la derrota.
La Dama y El Duque (2001) de Eric Rohmer
Las memorias de Grace Elliot, la inglesa que vivió el terror en el París de la revolución es una obra pictórica, un arte plástica sobre los recuerdos de una persona que padeció esa época. Recreada con la tecnología digital Rohmer vuelve a sus acostumbrados diálogos, a su belleza estática, a su delicadeza en la puesta en escena. A poco tiempo de su partida, Eric Rohmer supo comprender mejor que nadie que la belleza del cine no solo radica en la observación sino en el diálogo y la elegancia.
Inteligencia artificial (2001) de Steven Spielberg
Existen muchas opiniones para la obra de Steven Spielberg, considerado para unos solo un maquinista de taquillazos y para otros un autor no reconocido, lo que es cierto es que su obra guarda una profunda crítica y desconsuelo a la base de la sociedad. Nacida a partir de una idea de Stanley Kubrick, Inteligencia artificial es una alegoría de la evolución del ser humano en su parte más significativa: los sentimientos. A partir del recorrido del pequeño robot, Spielberg reflexiona sobre la condición humana y sobre los límites a los que podemos llegar.
Vuelo 93 (2006) de Paul Greengrass
Con actores desconocidos, con escenarios pequeños, con la cámara en mano, Paul Greengrass logra impregnar el mejor relato de intensidad y emoción en lo que va de la década pasada. Con el perfil bajo que le caracteriza Greengrass construye una historia tantas veces vista y conocida por todos: la del vuelo del United 93 secuestrado por los terroristas del once de setiembre. La mejor manera de contar la realidad para Greengrass es la verdad, y de eso se ocupa en sus escasos noventa minutos. Con la movilidad de su lente y la brillantez del montaje, los hechos sucedidos en los últimos minutos del vuelo de ese día, llegan al espectador como una ola de angustia y desesperación como no se han repetido en varios años.
Sin dejar de mencionar a otras películas como Golpes del destino y Cartas de Iwo Jima de Clint Eastwood, Capitán de mar y guerra de Peter Weir, La profesora de piano de Haneke, El asesinato de Jesse James de Andrew Dominik, Dogville de Lars Von Trier, El empleo del tiempo de Laurent Cantet, Vida acuática de Wes Anderson, Ratatouille de Brad Bird o El viaje de Chichiro de Hayao Miyazaki.
Esta es la lista (¿polémica?) de estrenos que acaban de pasar en la década. Dirán ustedes que faltaron más películas, bienvenidos sean sus comentarios, trataré de disuadirlos que no es verdad, que las que están ahí, han sido de lo mejor o en todo caso son difíciles de superar.
Otro dato importante es que esta lista corresponde a las películas que se estrenaron en el circuito comercial; sobre aquellas que no pudieron verse en los cines, pero que las hemos visto en festivales, circuitos alternativos o DVD, será para la próxima vez. Mientras tanto, ¿alguna sugerencia al respecto?
Lanzamiento de la revista Fix100

El Centro Peruano de Estudios Culturales (CPEC) ha publicado Fix100, revista hispanoamericana de ficción breve. Se trata de una publicación virtual que busca ser un marco de consulta para la investigación y producción del microrrelato en Hispanoamérica y, en particular, el Perú. Con esto, se intenta dar a conocer la obra creativa de autores de toda la región.
En este primer número encontramos entrevistas a los escritores Julia Oxtoa y Rogelio Guedea. Participan, además, destacados especialistas en el tema, como Violeta Rojo, David Lagmanovich, Lauro Zavala, Raúl Brasca y Javier Perucho. Asimismo, se reseñan libros de Carlos Eduardo Zavaleta, Carlos Meneses y Lorenzo Osores; y se rinden homenajes a Julio Ramón Ribeyro y Dolores Koch. Respecto a la creación, se cuenta con textos de Nilo Espinoza, Carlos López Degregori, Armando Ayala Santos, Maritza Iriarte, Katya Adaui Sicheri y Leonardo Dolores Cerna.
La revista puede ser descargada de forma gratuita mediante el siguiente enlace:
Fix100
El Hablador en la Casa de la Literatura

El Hablador ha sido invitado por la Casa de la Literatura para dar una charla sobre las relaciones sobre el mundo virtual y el arte literario. La conferencia, que será presentada por Christian Elguera, Juan Francisco Ugarte y Mario Granda, tendrá como título “Literatura y los nuevos medios de difusión: el caso de Internet”. Saludamos la invitación de la Casa, a través de su directora, Karen Calderón, por ofrecer la ocasión para compartir ideas no solo sobre la literatura en sí misma sino también sobre las formas de difundirla y compartirla en nuestro medio.
La cita será mañana jueves 21 de enero en el auditorio principal de la Casa de la Literatura, que se encuentra en la Estación Desamparados, a las 5:30 pm.
www.elhablador.com
Laurel & Machete
Sunday January 17th 2010, 11:58 pm
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Columnas

A propósito de Haití
Por: José Carlos Yrigoyen
“Oh país mío, tan triste es la estación / que ha llegado el tiempo de hablarse en señas”, escribía el poeta haitiano Anthony Phelps a finales de la década del sesenta en su vibrante poema “Mon pays que voici”. Phelps, nacido en Puerto Príncipe en 1928, ya por entonces había publicado dos libros fundamentales para entender la poesía haitiana contemporánea: Éclats de silence, en 1962, y el que da nombre al poema antes citado, en 1968. Había pasado años en las infernales prisiones del duvalierismo, iniciado unos años atrás su exilio en Canadá, el cual se remontaría hasta mediados de los ochenta; era parte de esa generación de poetas cuya voz había surgido casi al mismo tiempo que la llegada del torvo Francois Duvalier, y al igual que sus compañeros, había elegido convertir su poesía en un arma y su obra en la denuncia del régimen que hacía padecer horrores medievales al pueblo haitiano. “Quién no duda ante el esfuerzo por cumplir / ante la ostentación de un mundo por construir o reconstruir / cuando la podredumbre febril lo roe hasta su síntesis / hasta su profundo desdoblamiento.” Se preguntaba Rony Lescouflair en la cárcel, donde había ido a parar por sus poemas contra el autonombrado presidente vitalicio, el que mandó erigir un enorme panel en la bahía de Puerto Príncipe compuesto por gigantescas letras rojas donde se leía esta frase pronunciada en alguno de sus inacabables y paranoicos discursos: “Yo soy la bandera haitiana, una e indivisible”, aquel que un día lo mandó matar mediante su brutal policía al darse cuenta que ni las amenazas ni las torturas podían silenciar sus llamados de pasar a la acción para destronar al opresor: “No basta tener sed para hacer brotar la fuente. Es necesario escarbar la tierra hasta lo más profundo de sus entrañas, y con los propios dedos”. La poesía haitiana coincidía en que había temas urgentes que tratar, y que no sólo era su misión describirlos sino ser parte activa del cambio de las cosas. Rehuyó el puro lamento y el miserabilismo –al menos en sus poetas más destacados- y el terror la volvió lúcida, aguda y muchas veces hasta paródica, en un intento de reflejar una realidad que a veces no se podía tomar de otra manera: “Tres veces cantó el gallo; / Pedro no traicionó: / se hizo diplomático”, escribió Lescouflair unos meses antes de convertirse en uno de los tantos mártires que la poesía haitiana cuenta en sus filas.
Lescouflair no dejó una obra muy amplia, pero sí un libro rotundo, Notre amour, le temps, les espaces, de 1965, que marca una época en la resistencia literaria de su país. Luego de su muerte, Notre amour… se convertiría en uno de los poemarios haitianos más reeditados de las siguientes décadas, y los versos que contiene tornarían en cantos de batalla para los intelectuales y estudiantes en la oposición: “Tengo la angustia de las tinieblas en mi nuca / Tengo el calor de los golpes / ignorado bajo mi piel. / Que se levante al fin el sol / y ahuyente mi miedo.” La historia es parecida con otro poeta y narrador víctima de las huestes de Papá doc, Jacques Stephen Alexis (1922–1961), que a pesar de haber desaparecido bastante joven dejó un par de novelas ya clásicas en Haití y Francia, Mi hermano, el general sol y Les Arbres Musiciens, además de una gran cantidad de poemas de corte izquierdista, entre las que destacan algunas piezas conformadas por imágenes despojadas que sin necesidad de propaganda retratan notablemente el inhumano estilo de vida del ciudadano haitiano. Es interesante que la dictadura, de alguna manera bastante retorcida, eso sí, haya intentado combatir la poesía de estos y otros autores con una lírica ínfima, mesiánica y totalitaria. A finales de los cincuenta la Imprenta Nacional distribuyó elegantes folletos en cuyos forros aparecía la bandera del país con el rostro de Duvalier. En la publicación se incluían cánticos y poemas divididos en secciones tituladas Sacramentos Duvalieristas, Los Diez Mandamientos del Duvalierismo, Actas de Fe y Esperanza de Papá Doc, Letanías a la gloria del Presidente Vitalicio. Ningún tirano de América fue tan lejos en su voluntad de deificarse.
Porque vivió más que la mayoría de sus compañeros y tuvo tiempo para forjar con paciencia una obra personal y sólida, además de poseer un talento poco común, Anthony Phelps es aquel que con mayor fortuna repasa en sus libros el destino de Haití en el tiempo de la dictadura de Duvalier y su tormentosa historia posterior. Durante los setenta entregó el bellísimo Motifs pour le temps saisonnier, de 1976, donde encontramos la confirmación de una madurez y el hallazgo de una serenidad contemplativa que busca soluciones ante una autocracia que se va eternizando: “Todo un pueblo agobiado de silencio / Se desplaza en el mutismo arcilloso de los abismos / e inscribiéndose en las retinas / el movimiento verbalista reemplaza al verbo / Dondequiera la vida se queda en suspenso.” Su mejor libro es Orquídea negra, publicado un año después de la caída del hijo de Duvalier. Es uno de los pocos libros de Phelps que se han traducido íntegramente al español, gracias a la editorial mexicana Plural.
Ayer lo extraje de mis libreros y me puse a hojearlo, luego de releer las noticias del terremoto que ha destruido Puerto Príncipe y las principales ciudades haitianas. Contrastar la esperanza de los versos de poemas como “Tipografía Celeste” con las imágenes de estos días ha sido, quizá, una forma de rezo, una invocación por una tregua para una nación a la que desde su fundación le resulta imposible dejar de sufrir.
Poemas de Luis Salvatierra Tovar*
04:37am
la madrugada te descubre que el cielo es un cerillo
consumiéndose frente al espejo
de fin a inicio
el fuego retrocede y desdibuja
igual e incontenible
sobre tu cabeza
la distancia entre tú y tu vida
entre la exhumación del sueño
y la situación de tu cuerpo que existe
estos bostezos son gestos ya inadecuados
extenuados no consiguen extinguir
el fuego que es retroceso
es que el cuerpo ignora
que el sueño no es de otra forma
sino desde él hacia otros
como una culpa
como un expiro
como la materia de la materia
es que el cuerpo ignora lo imposible
de un bostezo hacia adentro
asiendo lentamente
cual ballena que se alimenta y muere
sabiendo cada parte que no lo rodea
con los ojos de la boca
los oídos de la nariz
es que el cuerpo ignora
que hasta eso desdibuja el fuego
que se retira lerdo
inevitable
como un árbol de edad indecente
inevitable
porque ahora encuentras que se engancha a ti
de alguno de tus cabellos que no se resisten
de algún jirón de ropa
del reloj que se aferra a tu muñeca
…y poco a poco se invierte tu situación de alma
poco a poco se hace tu situación de cuerpo.
Enrarecimiento de una laptop
soy el lugar frenético de los dedos que no experimentan lo sensual
un poco fuera de la mente
que sabe que no es un cuerpo lo que toca con tanto placer
en mí
es usual o humano la lógica de los agujeros negros
donde una pantalla se perpetúa una y otra vez
donde al fin no vale la pena hablar del hombre en si
sino solo de sus dedos
o lo que de ellos desaparece…
* Luis Salvatierra Tovar: estudia Literatura en la Universidad Católica. Ha participado en grupos poéticos organizados por estudiantes de distintas universidades. Ahora se dedica a labores alejadas de lo literario.