El arte poética de Mario Bellatin
Wednesday January 06th 2010, 1:18 am
Filed under: Reseñas

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Por: José Carlos Banda

Biografía ilustrada de Mishima (Lima, 2009) es la última novela de un autor que no necesita mayor presentación. En las siguientes líneas me propongo la complicada tarea de presentar los elementos más importantes de esta novela corta, concentrándome en sus 53 páginas (y las fotografías posteriores), y dejando de lado en mayor medida la obra del autor. La novela usa la figura de Yukio Mishima, y a la obra y persona del propio Mario Bellatín solo como una superficialidad que encubre una reflexión sobre el acto de escribir. Lo autobiográfico y la reflexión sobre las demás novelas del autor son una apariencia tras la cual se oculta algo bastante mayor, una suerte de arte poética en la que el autor nos da sus impresiones sobre la literatura en general.

La novela posee como eje central una conferencia que ofrece un profesor experto en el escritor japonés Yukio Mishima (1925–1970). Lo particular es que el propio Mishima, ya muerto y sin cabeza, se encuentra junto a él. El narrador está sentado en el público, y desde ahí nos describe lo que Mishima ve en la exposición del profesor, que no es otra cosa que su propia biografía. La exposición es bastante particular, ya que el profesor utiliza un aparato que puede “mostrar una especie de película de la realidad”. Así es como nosotros, junto al narrador, vamos descubriendo lo que el personaje de Mishima va redescubriendo.

Pese a su corta extensión, la novela posee una gran cantidad de momentos dignos de resaltar. Entre ellos, es de particular interés cuando Mishima y Morita (un buen amigo suyo, quien le cortó la cabeza) compran un auto que no querían comprar a un vecino que no lo quería vender.

Otro momento notable, sobre el que es importante detenernos, es cuando Mishima viaja a Europa. Mishima siente vergüenza debido a la ausencia de su cabeza. Por ello culpa a un medicamento que su madre consumía cuando lo llevaba en el vientre. Presenta un reclamo ante el laboratorio que produjo ese fármaco y obtiene de forma gratuita un viaje a Europa para poder tratar su caso con un científico de renombre. Sin embargo, su reclamo falla a último momento. La secretaria del científico se da cuenta del ardid, del verdadero motivo por el cual Mishima no posee una cabeza. “Decapitado”, es lo que ella concluye. A partir de ahí, a Mishima solo le queda cubrir el vacío sobre su cuello. Tras algunos intentos, decide que lo mejor es usar el artificio del arte para ocultar esa falta. Mishima entonces se aleja de la gente y se esconde a las afueras de la ciudad. Empieza a frecuentar lugares donde su presencia (o ausencia) no puede ser advertida.

Es evidente la intención del autor de dejar bastante claro el artificio literario. La novela abandona los campos de la verosimilitud para detenerse en un lugar de juego y experimentación que solo es posible en un extremo ficcional. El autor, en un afán desestabilizador, pone a prueba las teorías de lo fantástico en la literatura. Con todo ello, el lector se sitúa en el mismo lugar del narrador en la historia; en otras palabras, en el lugar de un espectador más de esta conferencia. El lector no se introduce en el relato, pero gracias al magnifico artificio se mantiene siempre al tanto de lo que le ocurre a este hombre sin cabeza, quien ya está muerto, pero se encuentra experimentando su propio futuro.

En algunas ocasiones, este juego entre la realidad y la ficción a veces desemboca también en lo irónico, como en el caso de la cámara de fotos. La experimentación fotográfica de Mishima consistía en tomar fotos que nunca serían reveladas. Luego nos damos cuenta que esta práctica se dio en un lugar con un “sistema político particular”, donde estaba permitido fotografiar, pero no había posibilidad de revelar. Así se pasó dos años de su vida, tomando fotos que se volverían en espectros de esa ciudad.

De a pocos, en el propio texto, se descifra la reflexión del narrador. La figura de Yukio Mishima torna una relevancia distinta cuando nos topamos con tres de sus libros: Damas chinas, Salón de belleza y El jardín de la señora Murakami. A partir de este momento confirmamos lo que ya se venía sospechando, la figura de Mishima está creada de modo semejante a la de Mario Bellatín. Sin embargo, al concluir la novela el lector tiende a desacreditar la opción de una lectura autobiográfica. La reflexión del narrador es tan profunda que excede la mera biografía.

Por un lado, en la existencia acéfala de Mishima encontramos la recurrencia a la enfermedad, rasgo característico de Bellatín. Sin embargo, esta particularidad también se vuelve una reflexión sobre la figura del escritor, trascendiendo la autorreflexión del autor sobre su obra. La presencia de Mishima (o Bellatín) nos ofrece la idea del escritor como una presencia inestable e indeterminada en nuestros tiempos. Alguien que debería estar muerto, pero que está vivo, y quien además tiene la posibilidad de experimentar su propia existencia futura. Sin embargo, ese escritor vive avergonzado de sí mismo. La literatura, bajo la figura del escritor, oculta su falta mediante el artificio, pero esa falta se vuelve una presencia perturbadora para ella.

Tal vez esa falta sean las imágenes posteriores al texto, que se muestran como un soporte gráfico para la historia, aunque siempre dependientes del texto. Estas imágenes abren nuevas posibilidades de lectura, reflejan la experimentación del autor, y también evidencian el artificio característico de la literatura para ocultar lo que no posee. La literatura pierde su vigencia en tiempos donde lo que prima es la imagen visual. Pero siempre recurre a estrategias innovadoras para ocultar esta deficiencia. El problema está en que estas deficiencias pueden hallar retiro, mas no solucionarse.

Así es como en Biografía ilustrada de Mishima se mezclan biografía y literatura en un juego donde el producto final no es ni la mera autobiografía ni la total ficcionalidad, sino una profunda reflexión sobre la vigencia de la labor literaria.

La literatura como un objeto ya muerto, decapitado, que sin embargo sigue con su vida para reflexionar sobre su muerte. Pero esta existencia supone un nuevo tipo de vida. Lo literario ahora se sitúa en un nuevo lugar, cumple funciones distintas. Entonces, esta reflexión sobre la muerte es una reflexión también sobre el propio acto de escribir que se encuentra en total plenitud y vigencia.

Este divagar, sin dejar de lado una crítica (o autocrítica), también evidencia un futuro alentador. La literatura escribe desde la muerte, sin cabeza, y esa escritura es una búsqueda por encontrar lo que pueda llenar ese vacío, esa falta de cabeza. La existencia de la literatura se remite entonces a una eterna queja, un lamento perpetuo. Pero ese mismo lamento, desde una nueva perspectiva, puede ser el acto capaz de llenar el vacío que tanto perturba.


5 Comments so far
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Dilo Banda, dilo: LA PEOR NOVELA DE BELLATIN

Comment by Tanque Arias 01.06.10 @ 8:46 am

Ahora Thays escribe sobre la vaina con los tucos y Bellatin un libro autobiográfico. Cómo han cambiado estos dos patitas. ¿Dónde dejaron su rollo de los 90s?

Comment by Fela Martínez 01.06.10 @ 9:22 am

No fluye. La novela. a pesar de ser corta, se atraca por todos lados. La metaficcionalidad en ele libro espera mucho del lector.
En Shiki Nagaoka: una nariz de ficción, Bellatín fue más rotundo. Incluso tuvo mucho más cuidado en elegir las fotografías del dossier, cosa en donde “especuló” mucho en Biografía ilustrada de Mishima.
Es decir: no pasa.

Comment by el hombre de la luna 01.06.10 @ 10:02 am

Yo si creo que es la mejor novela de Bellatin, siempre innovando, muy lúdica, agil, y con una narración que te atrapa en la primera página.

Comment by Lector del Comercio 01.06.10 @ 10:07 am

la reseña se explaya en las relaciones entre biografía y literatura de manera desmesurada. sería bueno que el reseñista nos hablara un poco más del texto, los personajes y los escenarios entre otras cosas. habrá que leer la novela de todas maneras, para ver el cambio de los noventeros. saludos habladores.

Comment by NN 01.07.10 @ 11:18 am



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