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Griselidis Réal: literatura y prostitución
Por: José Rosas Ribeyro
En littérature, tout est permis, même le crime.
Grisélidis Réal
Ya no recuerdo cuando exactamente entré en contacto por primera vez con la escritura de Grisélidis Réal. Debe de haber sido hace cuatro o cinco años. Y fue a través del teatro. Vi en algún lugar que en una pequeña sala -para mí, hasta entonces, desconocida-, unos jóvenes actores presentaban una pieza basada en textos de una mujer que era a la vez escritora, artista plástica y prostituta. He olvidado también el título de dicho espectáculo, pero no la fuerza, la belleza, el humor y el poder trasgresor de las palabras de Grisélidis Réal. Allí mismo compré un ejemplar de Le noir est une couleur, la novela autorreferencial con la que se dio a conocer como escritora en 1974. Ese ejemplar que tengo aquí sobre mi escritorio es de la reedición realizada por Verticales, una filial de la casa Gallimard, en 2005. De ese libro, como también de La passe imaginaire y Les Sphinx, sé que existen ediciones españolas en castellano que yo, sin embargo, nunca he tenido entre las manos: El negro es un color, El polvo imaginario y Las esfinges (Bellaterra, Barcelona, 2008 y 2009).


La obra literaria de Grisélidis comprende además los diarios Carnet de bal d’une courtisane (Libreta de baile de una cortesana) y Suis-je encore vivante? (¿Estoy viva todavía?), publicados por Verticales en 2005 y 2008, respectivamente. En todas esas obras se conjugan la calidad de la escritura con una vida dedicada a la prostitución más o menos entre los treinta y tantos y los sesenta y seis años, el arduo trabajo cotidiano para constituir el Centro Internacional de Documentación sobre la Prostitución, con sede en Ginebra, que hoy lleva su nombre, y su labor con la Aspasi, una asociación de ayuda a las trabajadoras del sexo, que ella fundó.
Grisélidis Réal nació en Lausana, Suiza, en 1929, en el seno de una familia de intelectuales acomodados. Siendo niña vivió en Alejandría, Egipto, donde su padre fue director de la Escuela Suiza, y también en Atenas, donde éste falleció cuando ella tenía nueve años. De regreso a su país natal, vivió en permanente enfrentamiento con una madre autoritaria que no soportaba el espíritu libérrimo de la joven Grisélidis, quien decidió hacer estudios en la Escuela de Artes Decorativas de Zurich, donde se diplomó en 1949. Tenía, pues, veinte años cuando, buscando una manera de irse de casa, contrajo matrimonio y en 1952 tuvo un primer hijo. Esta relación no duró, sin embargo, mucho tiempo porque el marido, que no soportaba su libertad, la maltrataba. Ella decidió abandonarlo y tener un hijo con otro hombre, lo cual, en la sociedad suiza de los puritanos años cincuenta, le valió la pérdida de la custodia de los niños. Y así, Grisélidis, que quería vivir de su creación pictórica, se vio confrontada con otra vida: recuperó ilegalmente a sus hijos del centro de acogida en el que habían sido confinados y huyó con ellos a Alemania. En Munich, para sobrevivir y mantener a sus hijos empezó a prostituirse, y, al mismo tiempo, descubrió el jazz, la música gitana y los ritmos latinoamericanos que la acompañarían durante toda su vida junto con la música clásica y el flamenco. Esta aventura vital la narra magistralmente en El negro es un color, bajo un estilo muy suyo en el que se oyen ecos de Henry Miller y Jean Génet, dos de sus escritores preferidos, además del poeta belga Henri Michaux. En una entrevista realizada por la Televisión Suiza Romance en 1970 dice: “Admiro mucho a Michaux, por supuesto. Lo admiro sobre todo debido a la potencia de su visión interior que se acerca al espíritu de las artes primitivas en lo que tienen de más extraordinario, de más abstracto. Y Henry Miller, ¡ah, es el papa de la literatura y de la vida! Una persona que comprendió lo que era vivir. Y lo que escribe es sencillamente lo que vive, lo que todo el mundo debería vivir, tanto los hombres como las mujeres y los niños, de todas las razas de la tierra. Miller tiene el sentido de la magia, tiene el sentido del amor, el sentido de la mujer y, sobre todo, la inteligencia del espíritu.” Por otra parte, en una foto del pequeño departamento que ocupaba en Ginebra se ve sobre un librero, como en exposición, un libro de Jean Genet.
El negro es un color no es sólo el relato de la vida de una mujer que empieza a prostituirse sino también -y sobre todo- un canto de amor. Por un lado, de amor por un soldado estadounidense negro y, por otro, por un patriarca gitano, sobreviviente de los campos de la muerte, que con su familia la acoge y la protege. “Esta historia la he escrito en memoria y por la gloria de Rodwell, mi amante negro que vive en Chicago, en la Michigan Avenue, en el barrio negro”, escribe Grisélidis Réal para empezar yendo en contra de todos los prejuicios raciales. Luego, ya entrando de lleno en la historia, dice: “Siempre me han gustado los negros. El negro, el color del misterio, se inscribe en la sombra de todas las cosas y las penetra como un filtro, las devuelve a la gran noche de los orígenes.” Y más adelante: “Tú a quien tanto he besado la verga que se yergue como una cobra en la sombra azul de tus muslos, Rodwell, cuyo néctar negro he bebido, te veo ahora con tu uniforme de preso, ajado por el sueño.” Grisélidis siempre reivindicó, además, que por sus venas corría sangre gitana y durante el tiempo que estuvo en Alemania pasó periodos de su vida en un campamento de nómadas y fue adoptada por Tata, un jefe de tribu, y su mujer Sonja. Un día la policía ingresó al campamento para hacer una inspección: Grisélidis narra los hechos y se inflama: “¡Sobrevivientes de Dachau y de Auschwitz! ¡En caravana, al borde de los basurales! ¡Con todos los gases, fosas comunes y hornos crematorios ustedes no pudieron nunca destruir el corazón gitano!”
La novela El negro es un color no es, sin embargo, el primer trabajo literario de Grisélidis Réal, pero sí es lo primero que publicó, tras una década dedicada sobre todo a la pintura. Su inicio en la escritura lo hizo en verdad en 1963, entre el 2 de abril y el 31 de agosto, cinco meses durante los cuales escribió un diario íntimo en la cárcel de mujeres de Munich, donde estuvo presa por haber vendido marihuana en los cuarteles del ejército estadounidense en Alemania. Este “diario de una desesperada” fue descubierto entre sus papeles por sus hijos, tras la muerte de ella en mayo de 2005. Y fue publicado en 2008 con el título Suis-je encore vivante? (¿Estoy viva todavía?), título que remite a “Bin ich tot? Bin ich noch am Leben?”, frase que figura así, en alemán (su segunda lengua de escritura), en un autorretrato que dibujó en la cárcel. A través de este texto descubrimos a una mujer que sufre debido a la separación de su progenitura y la insoportable falta de libertad. Una mujer que se deprime e intenta suicidarse, pese a que ha escrito que no lo hará porque desea vivir para amar, proteger y alimentar a sus hijos. “Envejeceré y me volveré fea, pero viviré por ellos”, escribe. Y si, a fin de cuentas, logra sobrevivir es gracias a la pintura y el dibujo, la escritura y la lectura. Grisélidis lee en prisión a Stendhal, Flaubert, Dostoievski, Balzac, Dante, Maurois, Hesse, Nietzsche, Chejov, Mann, Montaigne, Twain, Zweig, Rilke, Bernanos, Hoffmann…, tanto en francés y en alemán y sin más orden que el de su propio deseo y las limitaciones de la cárcel. “La lectura es la única ebriedad que nos hace olvidar nuestra maldición de prisioneras. Uno ‘vive’ el libro y todo el resto se olvida”, escribe. “Concluí la lectura de La cartuja de Parma, que me ha hecho pasar momentos divinos, deliciosos, de felicidad auténtica. Durante todo el tiempo en que he estado leyendo los dos tomos de este libro maravilloso, dejé de sufrir y hasta me olvidé de la existencia de Rodwell”, anota luego. Y mientras escribe su diario y confiesa los deleites que le procuran leer, escribir, dibujar y pintar, comienza ya a pensar en la escritura de una novela: “…he empezado a escribir una ‘verdadera’ novela. Pasé así media hora de perfecta alegría y me olvidé por completo de que estaba aquí. No he hecho plan alguno y avanzo lentamente, con suma precaución, pensando cada palabra, yendo al descubrimiento de una historia de la que ignoro todo y que se va creando ella misma a través de un procedimiento del que quiero conservar todo su misterio. Por supuesto, es muy riesgoso y el resultado puede ser un bodrio tan espléndido como incoherente.”
Grisélidis Réal no es, pues, una escritora ingenua, ya que posee un bagaje cultural y literario importante, y sus obras no son documentos testimoniales sobre la prostitución sino creación literaria de no ficción. Y cuando aborda la escritura no olvida la lección de su admirado Henry Miller: hacer que la literatura y la vida no se alejen una de otra. La cineasta Harmonía Carmona, que la conoció y entrevistó para un documental sobre ella que no pudo realizarse debido a su desaparición, pero que dio lugar a Muerte de una puta (filme para Televisión Española que puede verse por Internet), opina sobre la escritura de la autora de El polvo imaginario: “Creo que es una escritora muy potente, muy original. Y tiene una cosa rara de ver que es cómo maneja ella lo agridulce. Puede ser muy cruda explicando una realidad y a la vez extremadamente poética. Su manera de escribir es muy auténtica, no está en la impostación cultural, su obra está hecha con la entraña y esto le da dos miradas: una mirada muy cruda de la realidad y otra con mucha ternura.” La actriz Annie Papin, quien la encarnó en el espectáculo Grisélidis, la catin révolutionnaire (Grisélidis, la ramera revolucionaria) señala por su parte que “es una bella escritura, muy rica, un poco preciosista, un poco como del siglo XVII: un francés muy bien bordado (…) La manera como cuenta las cosas es de una extrema elegancia. Son frases muy largas, que exigen una buena respiración.” Annie Papin destaca, además, el humor: “El humor para ella es no tomarse demasiado en serio, por eso es fuerte. Se burla de sí misma. Nunca hay pathos en ella. Lo importante es que es una mujer libre. Todas las prostitutas no lo son, pero Grisélidis precisa claramente que no es una víctima. Pone distancia y frescura en lo que dice y no se queja. Es una persona popular que no trabaja sólo por el dinero. Ella se considera una trabajadora social y es un poco eso. Esa es la fuerza de esta mujer, alguien sorprendente, extraordinaria.”
Otra obra mayor de Grisélidis Réal es La passe imaginaire (El polvo imaginario), un libro en forma de cartas dirigidas al escritor francés Jean-Luc Hennig, un amigo muy querido. Esta singular correspondencia, prácticamente en un solo sentido, se inicia en 1980 y va hasta 1991. Y tendrá una prolongación en Les Sphinx (Las esfinges), que reúne las cartas de la prostituta ya jubilada. Pese a su origen social, su gran belleza y su educación, Grisélidis Réal eligió ser puta en el popular barrio de Pâquis, en Ginebra, y la frecuentaban sobre todo humildes trabajadores españoles, portugueses, italianos, franceses, turcos y árabes. El ambiente de ese barrio y su frecuentación de la clase obrera inmigrante es lo que nos entrega a través de su brillante escritura esta mujer que reivindicó su trabajo como un servicio a la sociedad y luchó por la dignidad, los derechos y el respeto de las prostitutas. De esta manera la encontramos, una vez más, leyendo y escuchando música, saboreando vinos y buena comida, comentando las películas que ha visto, participando en cuanto coloquio o debate haya en el mundo sobre el tema de la prostitución y combatiendo con las armas del humor y la ironía contra el feminismo mojigato y retrógrado que ha optado por defender el abolicionismo y se opone con argumentos moralizantes a la regularización legal de los trabajadores del sexo. En Canets de bal d’une courtisane Grisélidis Réal escribe: “Digan lo que digan nuestros detractores de uno u otro sexo, esos integristas de la moral que defienden una ‘virtud’ que los ahoga, nosotras reinamos sin competencia alguna en nuestro terreno que es compasión, elegancia y un conocimiento debidamente adquirido tanto del alma como del cuerpo humanos.”
El lenguaje de Grisélidis Réal es crudo y a la vez elegante, y nada detiene a la prostituta literata en la descripción de su actividad sexual. “Empecé las preliminares, la felación, por supuesto, tan suave y lenta como era posible para despertar y recalentar el artefacto, ayudarlo a tener paciencia, domarlo, hacer retroceder la angustia, envolverlo en olvido”, escribe en La passe imaginaire al describir la visita como cliente de un distinguido y elegante caballero suizo dotado de un pene de un largo y un ancho excepcionales. Y en otro momento, un martes, 10 de mayo de 1988, dice: “Cada uno de los hombres que vienen aquí es único y yo los quiero cada vez más incluso si es muy duro, insoportable, terrible y sabiendo que ellos vienen a vaciar en mí no sólo su esperma sino también sus furores, sus dolores, la amargura, la dulzura, la desesperanza de los pobres y los heridos. Soy una urna secreta, tan llena que hasta puede romperse, loca y sorda, impotente… y lúcida.”
Contra el orden moral y las supuestas feministas que lo defienden, Grisélidis Réal combatió de dos formas: por un lado fue activista del movimiento en defensa de los derechos de las prostitutas, y en ese combate fue una de las líderes de la rebelión de 500 trabajadoras del sexo que, en 1975, ocuparon la capilla Saint-Bernard, en el parisino barrio de Montparnasse. Como “cortesana revolucionaria” estuvo en Nueva York, Ámsterdam, Francfort, Bruselas, Stuttgart y en cuanto lugar se hacía necesaria la voz de una “puta intelectual”, como ella misma se calificaba. Por otro lado, pero íntimamente ligado al primero, fue una escritora que abordó el erotismo en su literatura con plena conciencia de lo que hacía. En la ya mencionada entrevista de la Televisión Suiza Romance, en 1970, decía: “Lo que guía el verdadero erotismo es, de todas formas, la mente. Es la sublimación de ciertos actos sexuales, con una parte de sentimiento y mucho de mental. Sade era un guía espiritual pero en negativo. Lo que lo salvó fue su genio. Pero creo que debió sufrir mucho, porque es difícil celebrar la crueldad en los hechos o en la mente. No es algo agradable, es incluso un sacrificio. Sin embargo, para mí la crueldad puede tener también algo muy positivo pero de una manera diferente. Por ejemplo, en la vida cuando alguien nos hace daño uno no se puede rebelar, uno no puede matarlo, no puede morderlo, no puede escupirle sin recibir represalias nefastas. Uno se contenta entonces con ser gentil y responder sólo con el silencio o una sonrisa. Al contrario, cuando se escribe se puede mostrar otra cara. Al escribir o al dibujar uno se puede vengar y ser extremadamente cruel, y entonces es como respirar de nuevo, es una curación, es algo casi médico. Se vuelve una obra de arte con una pizca de ironía y entonces eso me impulsa, me pone alas.”
Poco antes de que muriera, en 2005, se publicó en forma de libro el Carnet de bal d’une courtisane (Libreta de baile de una cortesana), un texto en el que describe y clasifica a los clientes que tenía como prostituta. Con otro título, Carnet noir (Libreta negra), había sido publicado por primera vez en 1979 en una magnífica e incorrecta revista de arte, literatura y humor llamada Le fou parle (El loco habla) y después, en 1981, como apéndice del libro de Jean-Luc Hennig Grisélidis courtisane. En aquel momento causó escándalo incluso en el medio de la prostitución, ya que algunas trabajadoras del sexo pensaban que revelar públicamente los hábitos de los clientes y los precios de las prestaciones no era bueno para la profesión. En enero de 2005, sabiéndose condenada por un cáncer, le añadió una introducción que tituló “Treinta años de oficio”. En ella dice Grisélidis: “Esto es en cierta forma un testamento. Un adiós a los muertos, un adiós a los vivos”. Y más adelante: “La Prostitución es un Arte, un Humanismo y una Ciencia. Lo he dicho y repetido ya y lo diré y escribiré todavía hasta mi último suspiro, tanto en francés como en inglés y alemán, e incluso, si fuera necesario, en italiano y en español. (…) La única Prostitución auténtica es la de las grandes artistas que dominan la técnica y son perfeccionistas, las cuales practican este particular artesanado con inteligencia, respeto, imaginación, corazón, experiencia y voluntariamente, por una especie de vocación innata: verdaderas profesionales, conscientes de su poder y de los límites de éste, sabiendo meterse en la piel del otro, descubrir lo que se espera de ella, su angustia, su deseo y cómo hacer para liberarlo de eso sin daño para ella misma ni para él.”
Grisélidis Réal falleció en Ginebra en mayo de 2005. Tenía entonces 75 años y ya llevaba una década alejada del ejercicio de la prostitución, aunque no de su combate en defensa de dicho oficio. El 9 de marzo de 2009, sus restos fueron trasladados al Cementerio de los Reyes, donde reposan las personalidades ilustres de la ciudad de Ginebra, como son Juan Calvino, el puritano reformador protestante que Grisélidis no podía ver ni en pintura, y el inmenso Jorge Luis Borges, que ella seguramente alguna vez leyó.
Esta crónica termina con la foto en la cual se observa en un primer plano la tumba del autor de El Aleph y detrás, a unos metros, florida, la de la autora de El polvo imaginario. Ambos deben decirse, no me cabe duda, que están en buena compañía y que disfrutan siendo vecinos en el jardín de los muertos ilustres de Ginebra.
13 Comments so far
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Qué desverguenza !!!
Comment by Fan de Giovanna Pollarolo 02.08.10 @ 10:04 amSeñor Rosas, lo que dice respecto a los diarios de Griselidis es algo sumamente interesante: un género poco cultivado en la actualidad pero al parecer con muchos adeptos. Al menos en la tradición narrativa peruana solo se conoce el caso de Ribeyro. ¿Qué piensa usted al respecto?
Comment by Raúl Tola 02.08.10 @ 10:25 amJosé HERMANO, ¿cuándo vienes por Lima para sentarnos a conversar sobre los viejos tiempos?
Comment by Presidente del Regatas 02.08.10 @ 11:02 amAsí como hay literatura y prostitucion hay literatura y otras profesiones. Conozco el caso de un escritor brichero en el Cuzco, no me acuerdo el nombre pero leí unos cuentos suyos y estaban bien. En fin, a lo que iba era a la compatibilidad del trabajo de escribir con otro complementario, en el caso de Griselidis ser prostituta, en mi caso por ejemplo trabajar en un banco. Saludos.
Comment by Cajero del Scotia 02.08.10 @ 11:29 amManya, no conocía a esta tía, pero el próximo mes me quito a Suiza y comprobaré tus detalles, estimado Rosas. ¿Dices que está en el mismo cementerio que Borges?
Comment by Seré tu amante bandido 02.08.10 @ 11:43 am¿Por qué este tema ahora, señor Rosas Ribeyro? ¿Cuál es su afán de denigrar a la mujer con este tipo de temas y personajes?
Comment by María Emilia DIGNIDAD 02.08.10 @ 12:52 pmRESPUESTAS DE JRR:
A comentarios 1 y 6: No puedo creer que sean mujeres quienes han escrito semejantes comentarios. Qué desvergüenza y qué indignidad hay en admirar a una mujer que fue magnífica escritora y luchó por la dignidad de las mujeres aunque éstas fueran prostitutas. ¿O es que las prostitutas no merecen el respeto como cualquier otra mujer?
Comentario 2: el diario es un género que me interesa particularmente pese a que en el Perú casi no se practica. El de Julio Ramón Ribeyro, “La tentación del fracaso” es, sin embargo, de lo mejor de su obra. Yo desde hace ya como veinte años escribo uno cuyo título es “Los días ordinarios”.
Comentario 3: A Lima iré este año, de seguro. Tengo una novela que publicar allá y amigos que ver.
Comentario 4: Grisélidis siempre fue artista y escritora, y además fue prostituta así como otros escritores y atistas han sido profesores, periodistas, publicistas, empleados bancarios o burócratas.
Comentario 5: Los restos de Grisélidis Réal fueron trasladados al Cementerio de los Reyes de Ginebra al serle reconocido oficialmente su valor como escritora y artista y su labor en defensa de los trabajadores del sexo. En ese mismo cemenerio se encuentran los restos de Borges, sí, atrasito nomás.
!Otro poeta que se mete a novelista! ¿Es que ya se les acabó la inispiración poética¿ ¿Es que piensan ganar el dinero y la fama como novelistas que no ganaron como poetas? Si la novela estaba en su mundo imaginario, expresivo, entonces por qué no las escribieron cuando eran jóvenes, cuando estaban en el máximo de su potencialidad creativa. Vamos a la lista poetas que han escrito malas novelas: Rodolfo Hinostroza, Mirko Lauer, Abelardo Sanchez León, Carmen Ollé, Oscar Málca, Patrick Rosas, Jorge Nájar, Enrique Verástegui. Giovana Polarollo y siguen más nombres. Zapatero a tus zapatos. Aprendan del ejemplo de poetas como Antonio Cisneros, Carlos Germán Belli, Marco Martos, José Pancorvo, Domingo de Ramos, grandes poetas que siguen construyendo su obra poética sin caer en el figurretismo de pasar por novelistas cuando no lo son. Como dice el sabio Marco Aurelio Denegri, la naturaleza otorga dones, pero no muchos, a cada quien le da un don. Si eres poeta haz honor a ese don, no acumules más malas novelas de la que ya hay, que escritas por un viejo poeta para lo único que sirven es para desmerecer su obra poética, como es el penoso caso de Sánchez León, buen poeta, pésimo novelista.
Comment by Pata anti-posero 02.11.10 @ 5:10 amSeñor Rosas, llevo más de un mes esperando me responda ¿cuándo va a hablar de la antología de Hora Zero? Aquí sigo.
Comment by Hora Zero Forever 02.11.10 @ 5:36 am¿Y cuándo vas a publicar tu diario Los días ordinarios?
Comment by La novia negada de Jorge Pimentel 02.11.10 @ 12:08 pmPepe la estás rompiendo bróder, leo tu columna recién hoy y veo que has vuelto al estilo que nunca debiste abandonar por rencillas tontas y aclares de más. ¿Sigues en la segunda temporada del Hablablog o te vas a quitar como Calderon Fajardo? Un saludazo de Illinois, USA, donde se te sigue.
Comment by Marco Antonio Solís 02.11.10 @ 2:05 pmRESPUESTAS DE JRR:
A “Pata antipatero”: Mira, no soy un poeta metido a novelista sino una persona que escribe sin importarle demasiado lo de los géneros. Lo que yo hago son textos híbridos, y mi “novela” (así, con comillas) tiene que ver con mis dos libros de “poesía” (con comillas), crónicas, diario u otras cosas.
A Hora Zero for ever: Yo he sido incluido e esa antología y me es difícil comentarlo siendo de alguna forma juez y parte. En París hice una pequeña presentación del libro, pero era algo meramente descriptivo.
A la novia negada: Tengo ya listos para su publicación las tres primeras partes de “Los días ordinarios”, mi diario. En España hubo el proyecto de incluirlo en una colección dedicada a diario pero ésta unca se hizo porque, según los análisis de mercado, no sería suficientemente rentable. Si alguien está dispuest a hacerlo en el Perú, ¡bienvenido sea!
A Marco Antonio Solís: Gracias por tus palabras. Ojalá que mi crónica anime a alguien a leer a Grisélidis Réal. Si los amigos de El Hablador están de acuerdo, seguiré colaborando. Y ojalá que mis próximos textos te gusten
grande JRR. esta es la mejor columna que te he leído. esperaré las demás.
desde El Bronx,
R,
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