Curso “Julio Ramón Ribeyro: libertad y literatura”
Monday November 15th 2010, 8:37 pm
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Curso “Julio Ramón Ribeyro: libertad y literatura”

Extensión Universitaria de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

En el presente curso se leerá y se reflexionará sobre la obra literaria y autobiográfica de Julio Ramón Ribeyro, que, luego del intenso realismo que la caracterizó, se convirtió en una búsqueda por la libertad y por el diálogo en medio de las distancias que a veces el mundo moderno produce entre los hombres.

Del viernes 19 de noviembre al martes 6 de diciembre (6 sesiones)

Martes y viernes de 6:30pm a 9:00pm.

Costo:

180 (público general)

100 (estudiantes)

Dirigido a todo público

Informes

t. 719 5990, 424 5322, opción 1.

Av. Paso de los Andes 970, Pueblo Libre

Mario Granda: Licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y con estudios de maestría en literatura peruana e hispanoamericana. También es codirector de la revista virtual de literatura El Hablador (www.elhablador.com).

 

Curso sobre Ribeyro



El búho insomne
Monday November 08th 2010, 12:17 pm
Filed under: Columnas

rosas finalBIARRITZ: CINE Y CULTURA DE LATINOAMÉRICA   

 

Por: José Rosas Ribeyro

  

Biarritz y sus costas en las que los islotes rocosos, clavados en el mar como esculturas gigantes, resisten los embates de las grandes olas desde hace 38 millones de años. Biarritz y sus bellas playas con olas gigantes que atraen a aficionados al surf venidos de todo el mundo para deslizarse sobre las masas de espuma marina que nacen en el horizonte y, aún vigorosas, mueren en la playa. Biarritz y su bello palacio que Napoleón III hizo construir entre 1854-55 para Eugenia Montisco, su esposa española. Biarritz y su encantadora capilla imperial donde se rinde culto a la virgen de Guadalupe. Biarritz y sus jubilados con buena situación económica que aprovechan de los innumerables centros de talasoterapia. Biarritz y los diferentes eventos que acoge a lo largo del año. Biarritz y su vocación latinoamericana que se manifiesta desde hace veintitantos años a través de un festival de cine que durante mucho tiempo fue la única vitrina en Francia de la creación cinematográfica de América Latina. Este año tuvo lugar la 19 edición del Festival Biarritz América Latina, aunque, para ser justos y precisos, el evento hispanoamericano de esta ciudad balnearia del país vasco francés, se inició antes, en los años ochenta, cuando era alcalde Bernard Marie. En verdad que la edición 2010 sea la número 19 corresponde más bien a los años que lleva Didier Borotra como alcalde y marca la refundación del evento. Diecinueve años en los que el festival ha experimentado diversas fórmulas y cambiado de denominaciones y de responsables, pero ha mantenido siempre el objetivo de ser una tribuna excepcional para el cine y la cultura latinoamericanos en Francia.

Actualmente el equipo formado por Marc Bonduel, delegado general, y Jean-Christophe Berjon, director artístico, presentan en lo que respecta al cine tres secciones competitivas, de largometrajes de ficción, de cortometrajes y de filmes documentales, teniendo cada una de ellas un jurado específico. Se suman a ello las películas fuera de concurso, como son la de la clausura, las de los homenajes, las de las retrospectivas y las que se presentan en preestreno, pues ya tienen distribuidor en Francia.

En paralelo con el cine, que sigue siendo la columna vertebral del festival, se presentan exposiciones fotográficas. Este año se pudo ver una muestra del trabajo en Chile y Argentina del fotógrafo francés Jacques Borgetto y, sobre todo, una selección de fotos de la serie Las Maras, de Christian Poveda, fotógrafo franco-español que se introdujo en el mundo de las bandas centroamericanas de jóvenes para entregarnos imágenes inigualables y un filme, La vida loca, que terminó por costarle la vida.

El público que acude al Festival Biarritz América Latina puede asistir también a los Encuentros Universitarios que organiza el Instituto de Altos Estudios de América Latina. Se trata de un día de conferencias y debates sobre un tema de actualidad. Este año el tema fue Brasil, dadas las elecciones cuya primera vuelta tuvo lugar en octubre. Y a quienes tienen más bien afición por la literatura latinoamericana, el Festival de Biarritz les propone los Encuentros Literarios, que este año contó con la participación del escritor venezolano Luis Britto García, la argentina Lucía Puenzo, el chileno Luis Sepúlveda y el mexicano Juan Villoro.

Dicho todo esto y descrito el panorama general del evento de Biarritz, podemos acercarnos ahora más específicamente a lo cinematográfico. Y, sobre todo, a la selección de diez largometrajes que competían por el trofeo llamado Abrazo, además de los premios de actuación femenina y masculina, el premio que otorga el Sindicato Francés de la Crítica Cinematográfica y el que atribuye el público con su voto.

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Lo primero que llamó la atención es la extrema diversidad de las películas de esta selección. No diversidad temática o estética, lo que es normal e incluso deseable, sino diversidad de formatos, lo cual, creo yo, dificulta el juicio del jurado. Formaban parte de ella dos películas de largometraje que, en verdad, no son largometrajes sino el encadenamiento sucesivo de varios cortos. Es el caso de la brasileña 5 x Favela, reunión de cinco cortometrajes producidos por el célebre cineasta brasileño Carlos Diegues y dirigidos por otros tantos realizadores jóvenes provenientes de favelas de Rio de Janeiro. ¿Cómo juzgar como un solo filme cinco cortos de facturas y calidades diferentes? He ahí el problema. A nuestro parecer, el loable esfuerzo de Diegues es, en general, fallido, debido entre otras razones a la necesidad forzada de tener que presentar situaciones con mensaje positivo, realidades difíciles pero cargadas de esperanza. Pero podemos suponer también que fue justamente esto, el mensaje positivo y el derroche de esperanza, lo que llevó al público a votar mayoritariamente por 5 x Favela.

Otra de estas películas que son una reunión de cortometrajes es la mexicana Revolución. Se trata en este caso de diez cortometrajes que, de manera de lo más diversas y variadas, abordan el tema que da título al conjunto. El resultado, según nuestro juicio, es de muy buen nivel y de los diez cortos la mayoría entusiasman. Siguiendo mi gusto personal, creo que destacan “La bienvenida” de Fernando Eimbcke (tal vez el mejor de todos), “Lindo y querido” de Patricia Riggen (muy bien llevado pero con un final a mi parecer fallido), “Este es mi reino” de Carlos Reygadas (un corto frenético que tiene forma de documental filmado con la cámara sobre el hombro) y “La tienda de raya” de Mariana Chenillo (con un humor negro que lleva a recordar Cinco días sin Nora, largometraje con el que ganó en Biarritz el premio Abrazo en 2009). Los otros seis, sin embargo, no desmeritan, a tal punto que Revolución no sólo conquistó al jurado presidido por el actor Patrick Chesnais y se hizo con el Abrazo 2010, sino que también ganó el Premio de la Crítica Francesa.

Otra “rareza” de la selección del concurso fue encontrar entre las diez películas un largometraje de dibujos animados: Boggie el aceitoso, del argentino Gustavo Cova. Buena calidad del dibujo y de la animación, argumento repetitivo, violencia gratuita y un humor que no llega a cuajar, son algunas de las características de este filme que, en verdad, no creo realmente que tuviera lugar en la competencia.

De los otros siete largometrajes destacan, desde mi punto de vista, Cerro Bayo, de la argentina Victoria Gilardi, una película valiente que, entre otros temas, osa abordar un tabú: el de la eutanasia. Excelentes actuaciones de Inés Efrén y Nahuel Pérez Biscayart (a quien acabo de ver y admirar por primera vez en una película francesa: Au fond des bois, de Benoit Jacquot). No está mal tampoco La mirada invisible, adaptación cinematográfica del argentino Diego Lerman de la excelente novela de su compatriota Martín Kohan, Ciencias morales. Sin embargo, a la película le falta la fuerza casi visceral de la novela debido a que tiene una forma extremadamente clásica. El jurado decidió otorgar el premio de actuación masculina a Osmar Núñez por su papel en este filme. Pensamos que el de actuación femenina lo merecía ampliamente Julieta Zylberberg, protagonista de La mirada invisible, compartido tal vez con la peruana Tatiana Astengo por su papel en Contracorriente, de Javier Fuentes León.

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El filme que acabamos de mencionar nos permitirá detenernos un momento en el cine peruano. 2010, año de la muerte Armando Robles Godoy, el cineasta peruano con mayor vocación artística y hasta ahora el de más valía, es también el año de la mejor presencia en Europa del cine del país andino. Después de que se pudo ver en San Sebastián, Contracorriente llegó a la competición de Biarritz, y en este mismo evento, entre las películas en preestreno, después de haber estado en la sección Una cierta mirada del Festival de Cannes, fue posible descubrir Octubre, de los hermanos Diego y Daniel Vega, quizás la mejor película peruana de todos los tiempos. Por fin, me digo, después de las creaciones casi heroicas de Robles Godoy, los logros mayores y menores de Josué Méndez con Días de Santiago y Dioses y los intentos loables pero, según yo, bastante fallidos, de Claudia Llosa en Madeinusa y La teta asustada se realizan dos películas peruanas con plena conciencia del arte cinematográfico. No ha sido éste, lamentablemente, el camino de Francisco Lombardi, quien, después de unas primeras películas irregulares pero con valores propios, se ha dedicado a hacer un cine de consumo rápido, un cine que se parece mucho a los programas corrientes de la televisión. En Biarritz se ha podido constatar, pues, a través de las operas primas de Javier Fuentes León y de Diego y Daniel Vega que quizás el cine peruano esté entrando por un camino fructuoso como lo han hecho antes las nuevas generaciones de cineastas argentinos, chilenos, uruguayos, mexicanos e incluso ecuatorianos.

Siguiendo con los largometrajes que distinguió el jurado hay que mencionar el brasileño Sonhos roubados, de Sandra Werneck, otra película que sitúa su historia en una favela de Rio de Janeiro y otro despliegue de buenas intenciones y mensajes positivos. Ninguna originalidad, nada o casi nada de interesante salvo la presencia de Nanda Costa, Amanda Diniz y Kika Farias, las tres jóvenes actrices que compartieron el premio a la mejor actuación femenina. Premio sobre el cual ya he dado mi opinión más arriba. Sumamente innovadora tanto en su tratamiento cinematográfico como en la historia que cuenta nos parece, en cambio, Zona Sur, filme del boliviano Juan Carlos Valdivia que se hizo con el Premio del Jurado. Nueva vitalidad del cine andino, pues, a través de esta historia de una familia adinerada en decadencia que se ve confrontada con nuevos ricos de origen aymara.

Para concluir sobre los largometrajes de la selección competitiva, cabe añadir que Matias Bize, el realizador de Sábado, una película en tiempo real y En la cama, dos filmes que son hitos importantes en la renovación del cine chileno, decepciona completamente con La vida de los peces, una telenovela lagrimosa de 84 minutos.  Completamente fallida, sin alma ni carácter, nos parece también Los colores de la montaña, coproducción entre Colombia y Panamá realizada por Carlos César Arbeláez.

Y ahora algo sobre la sección competitiva de documentales. Es difícil en Biarritz seguir este concurso y el de largometrajes de ficción debido a que los horarios de proyección se cruzan. Debo decir esto porque de los doce documentales propuestos sólo pude ver cinco y, entre ellos, el que fue premiado por el jurado presidido por el excelente documentalista francés Nicolas Philibert. Se trata de Diário de uma busca, de la brasileña hispanohablante Flavia Castro, una obra que indudablemente posee cualidades pero que, a mi modo de ver las cosas, sigue muy de cerca, demasiado de cerca, la manera utilizada por la chilena Carmen Castillo para realizar La flaca Alejandra y, sobre todo, Calle Santa Fe. De manera general, lo que vi tiene muy buen nivel y a mi gusto destacan documentales con una estética propia muy marcada como La cuerda floja, de la mexicana Nuria Ibáñez y El ambulante, del argentino Eduardo de la Serna. No obstante, mi preferido es Nosotros del Bauen, documental franco-argentino de Didier Zyserman y Jéremie Reichenbach. Este filme retrata la vida de un gran hotel de lujo en el centro de Buenos Aires que después de haber acogido a la élite social y política del país, es retomado por sus trabajadores y administrado de manera autogestionaria. Los realizadores de este filme potente no asumen un punto de vista militante. Lo que hacen es, en cambio, ceder la imagen y la palabra a los propios protagonistas de la historia, los cuales no nos entregan una imagen ideal u “oficial” de ésta sino miradas y opiniones diversas e incluso, a veces, contradictorias. El público, por su parte, quedó cautivado por Nostalgia de la luz, del veterano chileno Patricio Guzmán, documental que ha conquistado luego a la crítica francesa. El diario Le Monde no vacila en declarar que se trata de una obra maestra y, por cierto, de la mejor realización de su autor.

Y ya para concluir no nos queda espacio sino para agregar que el jurado de la competición de cortometrajes, presidido por la actriz y realizadora francesa Agnès Jaoui, otorgó su premio a Los minutos, las horas, de la cubana Janaina Marques Ribeiro y dos menciones, una a No me ama, del argentino Martín Piroyansky, y otra a Un nuevo baile, del chileno Nicolás Lasnibat. El premio Short Tv fue a manos de Jacques Bonnavent por el cortometraje mexicano La mina de oro. Y eso mismo, precisamente, ha sido el Festival Biarritz América Latina 2010: una mina de oro.

Fotos: 1) Zona Sur, de Juan Carlos Valdivia; 2) Contracorriente, de Javier Fuentes León.




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