En la boca del miedo
Friday January 14th 2011, 3:32 am
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Columnas
LOS MEJORES DEL AÑO
Por Martín Mauricio
El Perú siempre va a ser un país de contradicciones, en todos los aspectos, inclusive en aquellos donde tal vez éstas no sean tan decisivas para el común de las personas. Pongamos de ejemplo los cines. Cada año viene aumentando el número de salas y de espectadores que van a ver más y más películas, entonces debiéramos deducir que los últimos doce meses han sido de los mejores en lo que respecta a la actividad cinematográfica. Bueno, sí y no. Sí, porque hay mejores instalaciones, más lugares para ir, y sobre todo muy buenos precios – es una de las entradas más baratas de la región-, sin embargo, el año que se fue nos dejó una de las carteleras más pobres de los últimos tiempos, en un país donde la gastronomía está en todo su esplendor, podríamos afirmar que nuestra cartelera se encuentra, por decirlo, casi desnutrida. Claro que al hacer un balance, el clásico de los 10 mejores estrenos del año, no vamos a caer en el snobismo de poner 2 o 3 películas, hay 10, sí, tampoco mucho más, pero es evidente que nuestra capacidad de escoger cada vez se va reduciendo.
Comenzaremos con lo mejor de la cartelera comercial: Red Social. Lo de David Fincher es sorprendente, puede escoger proyectos que en un principio estarían destinados para un eficaz artesano, pero él los convierte en estupendos relatos de una época determinada de su país: los setenta en Zodiaco, la América de los comienzos de siglo XX en el Extraño Caso de Benjamin Button y esta historia moderna, sombría y áspera que es Red Social. Basado en el libro The Accidental Billionaires, una biografía no autorizada de Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, David Fincher logra una película de un clasicismo depurado, con un ritmo que nunca decae, apoyada con unos diálogos inteligentes que logran explorar el misterio de los nuevos millonarios americanos. Una historia que se nutre del Ciudadano Kane de Welles, Red Social es como su nombre lo implica una película que intenta construir las relaciones humanas y su complejidad con la postmodernidad de la época. A pesar de ser una historia de éxito, nada en el filme intuye felicidad o festejo, todo es más oscuro, depresivo, ambiguo, en fin, más humano.

- Red Social
La Cinta Blanca. Caso curioso el de Haneke, uno de los pocos cineastas europeos que hemos podido ver varias de sus películas en la cartelera local. Cada una de ellas una obra maestra: La Pianista, Escondido, Juegos Macabros y ahora último La Cinta Blanca. La historia se desenvuelve en un pueblo protestante del norte de Alemania años antes al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Todos sus habitantes tienen algo en común: Sus hijos y la Iglesia. Como siempre Haneke vuelve al germen de la crueldad del ser humano. Su narración de planos largos y la fotografía en blanco y negro nos trae la explicación de la violencia en su estado más puro, el desencanto, el sadismo, la perversión, la deshumanización de una sociedad donde sus dogmas sociales y políticos están a punto de estallar.
Los Amantes. Cada película de Gray es un canto a la emoción y la tragedia. Joaquin Phoenix compone el retrato de la aflicción, de la desilusión. Es que la película de Gray es un recorrido por los distintos estados de ánimo del individuo, de esa decisión crucial de escoger un amor que perdure, que sea real por más tormentoso que pueda ser. James Gray todavía cree que el ser humano es impulsado más por la pasión que por el cerebro. Una historia simple con un actor que conmueve con sus gestos, sus miradas.
Atracción Peligrosa. Aunque es muy pronto decirlo, Ben Affleck tiene un clasicismo que recuerda a Eastwood. Sus historias son retratos personales existencialistas y redentoras. Aquí Doug McRay (el mismo Affleck) es un ladrón de bancos que se encuentra atrapado en los suburbios del Boston marginal. Es el acercamiento con una testigo del robo que desencadena este thriller que mezcla eficazmente las escenas de acción con el romanticismo enfocado en primeros planos y suaves detalles que hacen de este joven director una promesa en el nuevo Hollywood.
Criaturas de la Noche. Déjame entrar su título real, es una de las mejores películas sobre la adolescencia de la última década. Lo original se encuentra en la relectura de una historia de vampiros en el frío Estocolmo. Oskar y Eli se entienden desde la primera vez que se ven. La soledad, la incomprensión, la sangre, son elementos usados para entender nuestros propios miedos y que en muchos momentos nos sentimos atrapados en cuerpos que luchan por poder ser liberados.
Toy Story 3. En medio de una crisis cinematográfica en EEUU, con la única idea de crear secuelas y remakes la animación ha cobrado un brillo inigualable en el país del norte, y eso se debe principalmente a Pixar. De la mano de John Lasseter, la primera parte de Toy Story significó un avance extraordinario en ese rubro, no solamente en los trabajos de animación sino en la importancia de la historia y los personajes. 15 años después, esta película regresa con la misma nostalgia, emoción y ternura pero con la evolución que significa lo aprendido en tanto tiempo. Toy Story 3 no es una película cualquiera, nos enseña la entrada a la madurez y lo difícil que se nos hace tomar decisiones una vez que empezamos a crecer. Andy no sabe qué hacer con sus juguetes, y a través de ese desprendimiento llega el fin de la infancia y el comienzo de algo nuevo que nos asusta, pero que tenemos que afrontar.
Zona de Miedo. En Zona de Miedo está presente el día a día de un escuadrón de desactivación de bombas en Irak. Pero es William James (un extraordinario Jeremy Renner) quien postula y retrata a la perfección la adicción de estos hombres a la guerra. Con la cámara en mano, el manejo eficaz de los planos y contraplanos, la adrenalina como motor de la acción, Bigelow ha querido registrar los efectos de esta guerra moderna que no deja lisiados como Vietnam sino personas que tienen como única forma de existencia, el vivir al límite.
La Isla Siniestra. Scorsese siempre está. Se puede admitir que no es la mejor de sus películas, pero es lo suficientemente compleja y por momentos exacta. Esta isla tiene de todo, la atmósfera noir, el cine clase B, el suspenso Hitchckoniano. En sus laberintos encontramos a Tourneur, a Lang, a Füller y al mismo Scorsese, porque Teddy (otra vez un gran Di Caprio) es también un hombre violento, que ha sufrido una pérdida irreparable, y es en la búsqueda de esa memoria que Scorsese construye un laberinto de imágenes y emociones que se complementan y resuelven como si fueran un lento despertar
El Solista. Joe Wrigth, el mismo director de Orgullo y Prejuicio y Expiación, se aleja del pasado pero no del drama con este retrato puro sobre la soledad, el alejamiento, la amistad. El Solista es una película que descubre cosas en vez de enseñarlas, que no se detiene en explicar los hechos sino en comprenderlos. En su apariencia lenta y taciturna, El Solista desprende un lirismo en cada plano como las notas musicales de la música de su protagonista.
Enseñanza de Vida. Es un film estructurado cautelosamente, de extrema finura y de aparente sencillez, pero que desprende encanto e ingenuidad desde sus inicios. Enseñanza de Vida es una película sofisticada, ausente de excesos y giros inesperados, pero con personajes conmovedores y cálidos, que hacen creíble esa “educación sentimental” y que evitan cualquier tipo de lección dramática que la pueda hundir en el más absurdo de los clisés.
Un próximo desencanto
Wednesday January 12th 2011, 1:23 am
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Reseñas

Por Rómulo Torre Toro
Cuando se inicia la lectura de una novela se espera siempre algo cautivante. El origen de esto está en el manejo del lenguaje, en la historia que se desarrolla y en la forma cómo está contada la misma. La conjugación de estos elementos es fundamental para el éxito de cualquier texto de este tipo. Este anhelo natural se incrementa cuando se trata de una novela de Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) porque, desde sus primeras novelas, Pudor (2005) y la premiada Abril rojo (2006), ha consolidado un lugar muy importante en la narrativa peruana contemporánea. Los motivos de este posicionamiento en el panorama literario local son de diferente índole. Pienso, por ejemplo, en la inmensa campaña publicitaria que acompaña la salida al mercado de cada una de sus novelas, en los comentarios sospechosamente aduladores que le prodigan varios medios culturales de nuestro país, etc. Esto ha generado, nadie puede negarlo, que sea uno de los escritores más leídos de los últimos años y que, efecto inmediato, su obra sea considerada como una de las más influyente en las jóvenes promociones de narradores locales. Es decir, una mezcla de mercado y condescendencia periodística que lo catapulta como una figura central. Por eso es importante examinar su última entrega, Tan cerca de la vida (2010), porque solo observando el fenómeno de manera serena, pero aguda, se puede saber certeramente si la escritura de este narrador pasará exitosamente la prueba del tiempo.
La historia de Tan cerca de la vida está basada en la búsqueda de Max, el protagonista, de un sentido que lo ubique en el mundo. Su llegada a Japón es accidentada. Las razones del viaje son laborales pues la Corporación Géminis donde trabaja ha organizado, en el altísimo edificio que ocupa un hotel en Tokio, una convención sobre inteligencia artificial. Aunque no entiende bien por qué está ahí, Max trata de realizar su trabajo cumplidamente, aunque sufre de vacíos en la memoria y tiene chispazos de visiones que le generan miedos y angustias. En el hotel conoce a Mai, una misteriosa mujer que no habla y que, paulatinamente, se irá convirtiendo en su única persona de confianza hasta hacerse su amante. Asimismo, conoce a Kreutz, presidente de la Corporación Géminis, un sujeto silencioso, casi siniestro, que tendrá en Ryukichi, un ejecutivo menor de dicha corporación, a su adversario más encarnizado. Kreutz encarga a Max una tarea delicada de clasificación de información y adaptación legal para llevar a cabo un nuevo plan comercial y tecnológico en la empresa. Es decir, lo vuelve su hombre de confianza. Éste, a su vez, designa a Ryukichi como su ayudante en dicha labor. Será Ryukichi quien siembre en Max dudas atroces sobre la verdadera naturaleza de los planes y le informa sobre la utilización de cadáveres humanos en el proyecto. Finalmente, Max descubrirá que su propia “humanidad” y la de Mai es solo una invención artificial, monstruosa: son suicidas cuyos cuerpos y órganos han sido recuperados para reanimarlos como seres nuevos, es decir, inyectarles vida y, por lo tanto, desprovistos de memoria. Una suerte de nuevos Frankenstein. Así, la novela traza el recorrido de Max, desde la perplejidad de no saber qué hace ahí ni por qué sufre de lagunas mentales, hasta el descubrimiento de su condición de híbrido entre máquina y restos humanos. Condenados a la destrucción recíproca, por su naturaleza de “autómatas”, Max y Mai rompen ese destino predeterminado. Efectivamente, la novela concluye con Max y Mai yéndose juntos del enorme edificio que ocupa el hotel sin saber exactamente hacia dónde van.
De esta manera, la historia narrada busca ser sorprendente, es decir, crear en el lector un suspenso mayor a medida que se avanza en ella, a través de elementos propios de la ciencia ficción y la novela psicológica, además de las propias estrategias del texto. Este suspenso se logra por momentos que son más bien aislados y breves. Técnicamente, la novela sufre de varias carencias, aunque también goza de algunos aciertos. Sus oraciones son cortas, a veces innecesariamente pues interrumpen todo: las afirmaciones del narrador, sus descripciones, y hasta la misma continuidad normal de las acciones. El narrador está construido predominantemente en tercera persona, pero cuando se trata de los capítulos centrados en la relación entre Max y Mai cambia a segunda persona. Este puede ser uno de los pocos puntos a favor de la novela. De hecho, los encuentros entre Max y Mai y las descripciones de sus escenas sexuales son lo más logrado del texto. El narrador, como dije, cambia a segunda persona cuando se trata del personaje femenino y logra, así, un contrapunto de perspectivas: la segunda persona para Mai, la tercera para Max. De este modo, crea una atmósfera de complicidad e intimidad entre ambos que permite fortalecer la sensación de autenticidad que los domina cuando están juntos. A pesar de esto, es importante indicar que en varias ocasiones el cambio de persona del narrador y el inicio del contrapunto puede ser intempestivo, lo que suele restarle fluidez al relato.
Otro punto a favor es la utilización de los diálogos, que son ágiles y sobre todo otorgan aquello que la novela busca explotar, pero que no consolida nunca: la tensión generada por el misterio. Y es claro que no consolida la tensión porque no puede armar situaciones realmente inesperadas y originales. Un ejemplo claro es la escena donde Max llega por primera vez a su habitación y, de un momento a otro, cree ver a otra persona ocupando el baño. Alterado, Max decide enfrentarse al intruso y, al hacerlo, descubre que era su propio reflejo en el espejo. Este recurso es conocido y podemos ubicarlo en cualquier novela de Stephen King e incluso en una película basada en una novela suya, La ventana secreta, que posee una escena de tensión exactamente igual. Sucede lo mismo con la presencia de la niña que, si bien en un primer momento puede ser perturbadora, luego de la explicación que se le da al asunto, el horror que debería generar desaparece. Los personajes son caracterizados de forma más o menos estereotipada. Quizá solo se salve Mai, quien, en su rol de agente pasivo, no requiere una mayor profundidad psicológica. Los demás, son simples y unidireccionales. Esto es así, como dije, porque las situaciones que deben enfrentar no son ni complejas ni francamente sorpresivas. En muchos casos, el narrador busca ahondar en las sensaciones de los personajes, pero no es contundente; por ejemplo al afirmar de Max: “Desde la conversación con su mujer, y a lo largo de su paso por el comedor ejecutivo, se había ido convirtiendo en un fantasma, sin argumentos, sin materia, sin voz” (p. 100), solo cae en lo común cuando se trata de personajes caracterizados como mediocres, abandonados y angustiados.
Los elementos tomados de la ciencia ficción sirven para construir un ambiente que permita el desenlace del tópico básico: el encuentro del personaje consigo mismo en un mundo alienante. Si bien es cierto que este ambiente aporta temas paralelos como la posibilidad de una vida alternativa y artificial después de la muerte (que recuerda un poco a la lógica del film Abre los ojos de Alejandro Amenábar), no escapa de los lugares comunes a los que parece estar condenado el género, un género que busca llamar la atención sobre los riesgos existenciales que atraviesa el hombre en la sociedad posmoderna. Porque, finalmente, lo que busca Max y, a la larga, también Mai, es la posibilidad de elegir en un mundo que lo determina todo de antemano. Esta apreciación se refuerza si revisamos la entrevista que otorga Roncagliolo a El Comercio, donde afirma que “lo que me interesaba sobre todo, más que cómo las máquinas se parecen a las personas, era cómo las personas nos estamos pareciendo cada vez más a las máquinas. Eso me da mucho miedo”. Es muy curioso ver cómo los nexos entre Tan cerca de la vida y otras novelas de ciencia ficción, como de Ray Bradbury o Philip Dick, no vigorizan el relato. Es el efecto contrario: lo condenan a la repetición de viejas estrategias, de personajes accesorios como LUCI, de revelaciones sobre el origen de la vida de Max, que son predecibles. Y es efectivamente así: la historia está plagada de lugares comunes y tratamientos desgastados, tanto en las situaciones que debe enfrentar el personaje, como en sus reacciones y descubrimientos. El suspenso que busca generar en los lectores se vuelve casi nulo y el desenlace, feliz por cierto, se hace predecible con anterioridad.
Las impresiones que consigno son las que considero más importantes por su relevancia en la organización de la novela, en el desenvolvimiento de la historia y en el efecto que produce en el lector. La intención de Santiago Roncagliolo es legítima, incluso interesante dado el contexto de expansión casi universal de la tecnología y la inteligencia artificial en el mundo, pero podría ser mucho más lograda si insertara elementos nuevos en su narración, o un tratamiento distinto sobre los mismos temas. No es posible atrapar al lector ni tejer una historia cautivante con expresiones como “Es más que una máquina, es el mejor amigo que un hombre puede tener” (pg. 124). Esta novela irregular falla en su raíz: la unión de tensión psicológica con la monstruosa realidad de ciencia ficción en la que se desarrolla, y que genera la conocida perplejidad en los personajes, está demasiado manoseada y ha perdido frescura. De este modo, la novela puede ser entretenida, pero nunca buena o siquiera regular. Casi como las clásicas películas románticas de Hollywood donde se sabe cómo termina todo, pero aún así uno puede sonreír un poco y estremecerse de vez en cuando.
Santiago Roncagliolo. Tan cerca de la vida, Alfaguara, 2010. 328 pp.
Los anteojos de azufre
Monday January 10th 2011, 12:11 am
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Columnas
LA DÉCADA DEL SIGLO
Por Mario Granda
Tarea de los historiadores es darle nombre a las épocas o de resumir una forma de ser y de pensar a partir de una década o de una generación. Pero el caso que nos toca ahora es un poco distinto: al acabarse el 2010 no solo termina un año sino también la primera década de este siglo, los primeros diez años de un periodo que tal vez la mayoría de nosotros no verá acabar pero que, de alguna manera, significan el pie con el que hemos entrado –y estamos entrando— al siglo XXI.
Si echamos una mirada a los primeros años del último siglo (1900-1910) encontraremos algunas relaciones no tan casuales con los años que siguieron. En esos dos lustros hubo revoluciones sociales y culturales (la guerra de los bóxers contra las potencias europeas, la revolución comunista de 1905), avances científicos (Psicoanálisis, Teoría de la Relatividad) y avances de la industria (producción del Modelo Ford T). Es cierto que revoluciones y avances científicos y económicos se pueden encontrar en todo momento. Pero pareciera que en estos años ya se anticipa el avance científico-nuclear, el capitalismo industrial, los conocimientos sobre la conciencia individual y la lucha entre poderes imperiales y minorías nacionalistas del siglo XX. Sin embargo, la presencia de la primera década en el siglo no solo la confirma la historia. Bernardo Bertolucci, en su filme Novecento (traducida al español y al inglés como 1900), cuenta la vida de dos amigos que toman el camino del fascismo y comunismo, los dos grandes movimientos que rigieron el mundo hasta la mitad de ese siglo. La leyenda del 900, de Giuseppe Tornatore, trata sobre la vida de un hombre que nació en un barco ese mismo año y del cual nunca bajó; como el hombre del siglo XX, su vida siempre estuvo en idas y venidas, de puerto en puerto. Mientras tanto, 2001: Odisea en el espacio, la película que por mucho tiempo anunció la imagen del siglo que ya vivimos, le hace un homenaje al número en cuestión por medio del nombre de la computadora de la nave espacial, HAL 9000.
Entonces, ¿no habrá en estos últimos (o bien primeros) diez años algo que nos dé algunas pistas sobre el siglo XXI? Repasemos, de modo muy general, los temas que nos conciernen.

- El perfil de Shangai ha reemplazado el perfil de Manhattan
Por el momento, el 11 de Setiembre del 2001 ya está casi considerado como el inicio del siglo, pues prácticamente todos los temas políticos mundiales están relacionados con él. Al-Qaeda y la Guerra de Irak aparecen en medio de este asunto, y el reciente caso de Wikileaks ha vuelto a poner los temas de seguridad en el tapete. Entre tanto, la política global ha adquirido nuevos matices. EE.UU. ha pasado a una etapa de reflexión –inquieto a su vez por el inicio de la hegemonía china—, pero también realiza cambios interesantes. La elección de un presidente de raza negra que, simbólicamente, representa la capacidad a la que puede llegar la representación democrática. En Latinoamérica, Hugo Chávez ha revivido el sentimiento bolivariano, un tipo de latinoamericanismo que no se veía desde los años setenta.
Todo esto puede sonar muy mundial o muy político. Pero hay otros ritmos y aires. Enfermedades infecciosas de dimensiones mundiales como la gripe aviar (2004) y la porcina (2009), avances científicos como el desciframiento del genoma humano (2001) y los experimentos con el colisionador de hadrones (2008), además de cambios económicos como la puesta en circulación del Euro (2001), la crisis financiera mundial del 2008 y la creación de nuevos bloques geopolíticos como la Unasur en ese mismo año. En el plano social, la revolución homosexual (en su sentido cultural y legal) y la aparición del concepto de identidad virtual, gracias a Internet. Más difícil es hacer un balance del arte. Pero para responder a los pesimistas, al menos en el plano literario, no hay que olvidar el éxito de sagas como El Señor de los Anillos y Harry Potter, que obligaron a millares de colegios en el mundo a cambiar su plan lector de Don Quijotes y Mío Cides por libros más actualizados y libres, y el nacimiento de las nuevas editoriales peruanas (c. 2004) que reflejaron la presencia de muchos nuevos escritores.
Sin embargo, el lado verde del planeta también merece su lugar. La fiebre ecológica de mediados de década parece haberse esfumado (como se reflejó en la última cumbre de Dinamarca), mientras que diversos cataclismos han sacudido países como aquellos del sudeste asiático por el tsunami (2004), EE.UU. por el Katrina (2005) y los terremotos en Haití y Chile en este último año. Por lo demás, y como si fuera un 11 de Setiembre medioambiental, una de las plataformas flotantes de la compañía inglesa BP se incendia en el Golfo de México a comienzos del 2010, creando con ello el segundo derrame de petróleo más grande de la historia (después del de la Guerra del Golfo de 1991). Tampoco hay que olvidar el terremoto de Pisco en el 2007.
¿Cuáles son los signos que nos deja la década? ¿Estará en ella resumida lo que vendrá en este siglo? Tal vez hay que cogernos de lo que está a nuestro alcance. En el Perú se ha cumplido una década democrática (siempre celebrada y en contraste al gobierno anterior), pero también la del comienzo de políticas de libre mercado que aún permiten curiosas interpretaciones de lo que significa el trabajo, tales como los empleos tercerizados o “service”. También se habla de desarrollo, pero esto debe alcanzarse también a través de políticas de integración social y de intercambio cultural interno. Esto es, no solo un contacto con el exterior (un país más internacionalizado) sino también consigo mismo (interiorizado). ¿Se necesitan más ingenieros? Es cierto. Pero también más críticos y artistas exigentes, universidades que fomenten la investigación y empresarios con una visión universal y no individualista. Y también ciudades que no estén hechas solo para trasladarnos mecánicamente de un lugar a otro sino para encontrarnos con otros o, en otras palabras, con nosotros.
El regreso

Por Lenin Pantoja Torres
Una de las principales características de esta bitácora ha sido su constante renovación acorde con los cambios, no solo en el plano literario sino en todo el que influya en él. Por esa razón, hoy, luego de una pausa algo prolongada, volvemos renovados, con más fuerza, con rostros ya conocidos y el mismo objetivo: generar discusión, es decir, confrontar ideas antitéticas que enriquezcan nuestra visión de lo literario. Mi objetivo, como administrador del blog, es estimular la aparición de conocimiento novedoso y original. Para todo esto hemos armado un equipo comprometido, un equipo integrado por personas que, en su momento, decidieron, diseñaron y ejecutaron un lejano proyecto de publicación que desde hace buen tiempo es una realidad. Me refiero a los primeros “habladores” que se formaron en las canteras de la revista que le da nombre a esta bitácora. Asimismo, no podemos dejar de lado la presencia de colaboradores que llevan bien puesta la camiseta del blog.
Entonces todo queda muy claro: generar discusión entre los colaboradores y seguidores, y producir ideas que aporten a lo que denominamos, muchas veces inconsciente y acríticamente, literatura.
Sin más, veamos lo que se viene:
Lunes
Día exclusivo de las columnas. Los responsables serán:
Mario Granda Rangel: estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue el director de la revista Cántaro y actualmente es co-director de El Hablador. Se ha desempeñado como docente en el colegio Recoleta y en la Universidad Nacional Federico Villareal; actualmente lo hace en la USIL y en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Asimismo trabaja en el Centro Cultural Inca Garcilaso. Ha participado en diversos coloquios de literatura peruana y latinoamericana.
Francisco Ángeles: estudió Literatura en San Marcos, es codirector de El Hablador y dirigió la primera etapa de esta bitácora. Estuvo a cargo del blog literario Porta9. En el 2008 publicó su primera novela, La línea en medio del cielo. Espera publicar la segunda antes de que otro publique una parecida (piensa que tarde o temprano, alguien lo hará). Su columna se llamará Doble click.
Francisco Izquierdo Quea: es también egresado de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es autor del libro de cuentos Bonitas palabras, codirector de la revista El Hablador y doctorante de la universidad Sorbonne Nouvelle. Asimismo, realiza trabajos de edición y periodismo radial y escrito. Su columna llevará por nombre Segregación Nº1.
José Rosas Ribeyro: reside en Francia desde 1977. Antes de París, vivió dos años en México y participó junto a Mario Santiago y Roberto Bolaño en el proyecto infrarrealista. En Lima, fundó las revistas culturales Estación reunida y Uso de la palabra. Es autor de los libros de poesía: Currículum mortis y Ciudad del infierno. Tiene una novela inédita titulada País sin nombre, el poemario Diario de un sobreviviente y el libro de narraciones No recomendado para señoritas. Su columna se seguirá llamando El búho insomne.
Martín Mauricio: es editor ejecutivo de la revista de cine Godard! Estudió Administración de Empresas en la Universidad de Lima, especialización de Marketing en ESAN y Literatura en San Marcos. Actualmente, trabaja como profesor en la Universidad San Ignacio de Loyola, además de ser consultor en marketing. Como dato a considerar, Martín se encargará del segmento de cine en el Hablablog, el cual se publicará el segundo viernes de cada mes.
Miércoles
Este será el día de las reseñas. Aquí tendremos comentarios sobre libros del medio y el extranjero a cargo de cuatro responsables. La idea es hacer llegar al público textos importantes que, por diversas razones, no son difundidos, así como debatir sobre aquellos más mediáticos.
Los encargados serán Rómulo Torre Toro, Diana Gonzales Obando, Lisandro Gómez y Regina Martínez García.
Viernes
Este será un día variado, con contenidos que irán variando a ritmo fijo. Aparecerán, en este orden, las columnas de cine de Martín Mauricio (arriba mencionado), las crónicas sobre eventos literarios a cargo de Aliza Yanes, las entrevista-reportajes sobre personajes de la literatura o relacionados a ella a cargo de Juan Francisco Ugarte y textos de opinión bajo mi autoría.
Detalles:
1. El blog no se responsabiliza por las opiniones vertidas por sus columnistas, reseñistas y/o colaboradores.
2. Esta etapa de la bitácora culmina a fines de abril de este año. Luego habrá algunos ajustes pertinentes para reiniciar.
3. Reitero una idea muy importante: no es pretensión del blog cerrar ni cancelar ningún tema; por el contrario, como he señalado, el objetivo reside en formar y estimular la discusión.
4. Excepcionalmente el orden de los posts arriba mencionados se modificará por motivo de fuerza mayor.
*Foto de columnistas, Mario Granda, Francisco Ángeles a cargo de Ingrid Pumayalla. Foto de José Rosas Ribeyro por Dany Hurpin.