Nunca es nada para siempre
Wednesday February 02nd 2011, 2:32 am
Filed under: Reseñas

Por Regina Martínez García

Morir es un arte (Tranvías Editores, 2010) es el último poemario de Mariela Dreyfus (Lima, 1960) que tiene la finalidad de retornar a la temática e intensidad del poemario Memorias de Electra (1984). Para lograr este objetivo, el poemario tendrá la intención de reflejarse como un objeto de recuerdos, pues mostrará aquella vida familiar enmarcada en fotografías, en la concepción de la muerte y en la antítesis de la vida, vista –para muchos(as)- como la fuente de disturbios y conflictos. Asimismo, no dejará la oportunidad para rendir un homenaje a las mujeres más relevantes en su vida, como su madre, Sarah Kane, Elizabeth Siddal y Alfonsina Storni.

Temáticas como la fugacidad del amor, el cuerpo como agente de la crueldad del tiempo y la muerte, en su expresión natural, serán espacios repetitivos a lo largo del poemario, así en la división tripartita se encontrará la diversidad de sensaciones sin un orden estructural. La primera parte tiene la función de “crear” o “(re)crear” un sujeto –importante inicio- que tendrá la labor de concebir la idea de la muerte desde una perspectiva particular: el cuerpo femenino que articula y replantea una realidad doméstica y cultural. En poemas como “Marina” y “Lied Negra” se detectará a este sujeto que avanza sin temor a identificarse con espacios de condena como la certeza de encontrar el final, también la dicha de reconocerse en la soledad para repetirse: “Yo estoy sola/ Yo no me amo/ Yo me odio” (pág. 11).    

Este reconocimiento permitirá al yo poético jugar con roles de una diosa y una mortal, pues en los poemas “Pareja” y “Escena” tendrá la potestad de dirigir acciones propias del amor carnal y sentimental proponiendo, de esta manera, la necesidad de seguir siendo sumisos(as) ante la muerte simbólica y real, con diversas manifestaciones como una necrosis, un desamor o la asepsia que adquiere rasgos antitéticos hasta la inevitable ruptura.

En la segunda parte del poemario, el sujeto poético se verá envuelto en la reflexión de sucesos cotidianos que llegarán hasta la implacable muerte; desde la fritura de un huevo, la muerte de una mosca y la observación de un cuerpo humano “real” bajo los regímenes anatómicos. Hasta este punto la filosofía de la muerte parece jugarnos una necesidad de compenetración de conciencia, para evitar la ruptura con los dos mundos y qué mejor cuando este sujeto es identificado como un sujeto poético femenino para que el sentir sea mayor, ya que sólo ésta puede entender el rol que le toca vivir y sentir, pues el vientre –tema recurrente- será el espacio de inicio y fin.

En la tercera y última parte – a mi parecer, la más importante- veremos que las primeras propuestas, el de la imagen inofensiva y de razonamiento inevitable por las acciones de la muerte, caerán en una contradicción de frialdad, de nombrar lo “innombrable” y de ponerse en el lugar de poetas como Vallejo, logrando generar una inmemorable diferencia con el vate peruano. Asimismo, la materialización de la madre en el texto poético será pues la verdadera razón por la que el sentido de ritmo del poemario se verá trastocado por imágenes descriptivas del final fáctico. En los poemas “Di tú”, “Reina del corazón” e “Instantánea” el tiempo será el perfecto argumento para plantear la importancia de un reconocimiento con un semejante que sirve de modelo para calmar las ausencias del yo poético (madre – hija) con la esperanza de darle a conocer a la madre que ella, la hija, continuará con el círculo de creación vital y buscará el perdón por la angustia y el llanto que derramó al materializarla.

Algunos versos expuestos conjugarán perfección numérica: “son las nueve y cincuenta y siete de la noche/ del año dos mil siete. A tus setenta y siete” (pág. 51), como una muestra de que la perfección no solo está en la dualidad y que, en los números primos se albergará calma, esperanza y también resignación. Por otro lado, los colores serán espacios de transición por la fuerza y la intensidad que se manifestará en cada estado, como el duelo, la esperanza, el final del encuentro amoroso, etc., tentando las tonalidades de negro a gris, y de manera contraria de oscuridad a claridad.

El poemario cumplirá con su objetivo temático ya que el recurrente corpóreo será ese ente activo que sumerge al yo poético en su reconocimiento de creador(a), dominante y maduro(a), al asumir que el amor va acompañado de la decadencia y ésta, a la vez, servirá como escudo para asumir las otras realidades como la muerte natural, biológica, espiritual y carnal.

Es sumamente interesante como se manifiesta el yo poético femenino, pues asume una ubicación diferente al yo poético masculino–usualmente presente- ya que al nombrar, diríamos “materializar”, el concepto semántico de “la madre”, causaría un trauma, pues evocarla genera una doble muerte de la madre. Esto es, la madre ya no es la madre, por lo que muchos de ellos prefieren tomar en cuenta los “recuerdos” de una madre buena, hermosa, tierna, protectora e irrepetible. Una gran diferencia –diría extrema- del yo poético femenino de este poemario, que contempla a su madre en su lecho de muerte, es decir, corre el riesgo de “nombrarla” y rompe con el temor de mostrarla, a pesar de que el dolor la gobernará, en diversos versos, es que asume, a diferencia de los otros “yo poético(s)” –como el masculino-, un carácter más humano pues su madre no se comporta como una diosa, ella es solo una mujer como ella, que entiende que el dolor más grande es perder a sus hijos antes que la propia vida, algo que solo será entendido por dos pares conceptuales (madre-hija/ mujer –mujer). Este acontecimiento hace del poemario una versión distinta a la usual manifestación del recuerdo vallejiano y nos permite observar una dualidad paralela a la visión cuidadosa de los poemarios antecesores.

Definitivamente, el lenguaje es propio al espacio que sólo es conocido por una mujer. La sensibilidad se rompe y permite dibujar en cada verso una realidad personalizada, una verdad que “se escribe en una servilleta, en la penumbra de un bar y que huele a cerveza y orín” (pág. 21).

La crítica deberá ser permisible con esta versión de ruptura respecto al horror a la muerte y apostar un mejor avistamiento estético. Esto permite enmarcar a dicho poemario en una contemporánea poética femenina, ya que no sólo se expresa la temática corporal –un tema recurrente entre las poetas- sino también a la muerte como personaje global en los márgenes poéticos porque se articula el discurso universal de la muerte con la esencial visión del género femenino.

Recomiendo la lectura del poemario, pues ese yo poético femenino, por su doble identidad, permite reconfirmarse como una mujer -desde su género y su discurso- pues evoca una postura reflexiva de la muerte. La doble articulación permite concluir que la idea del límite del pensamiento, ya sea mágica, omnipotente o mística nos posiciona en una idea: “Nunca es nada para siempre”, por lo que nuestras acciones no nos convencen de tener una estabilidad o una certidumbre, ya que cualquier tipo de adquisición puede trastocarse, perderse y variar. Finalmente, este poemario apertura nuevas concepciones temáticas a las próximas publicaciones con aspectos aún no explorados por las poetas femeninas, asimismo abre la entera posibilidad de confirmar una tradición sin tabúes para la generación poética contemporánea.

Mariela Dreyfus. Morir es un arte. Lima, Tranvías editores, 2010. 55 pp.




Buena reseña pero no pasa nada con esa tía. Respondan: ¿cuándo la ha hecho?

Comment by Duro pero sensible 02.02.11 @ 11:56 am

Esta chica escribe bien y tiene talento. ¿De dónde salió, de San Marcos también? No me gusta la poesía pero sí la reseña.

Comment by Lo que no dijo Varguitas 02.02.11 @ 6:28 pm

“Finalmente, este poemario apertura nuevas concepciones temáticas a las próximas publicaciones con aspectos aún no explorados por las poetas femeninas, asimismo abre la entera posibilidad de confirmar una tradición sin tabúes para la generación poética contemporánea”

¿Hablas en serio, Regina?

Comment by Galanazo de Letras 02.02.11 @ 7:03 pm

Bien con la reseña. Regina, ahora me conseguiré el libro para leerlo, me has convencido

Comment by LUchita 02.02.11 @ 10:53 pm

si dices que este pomeario puede confirmar una tradición poética sin tabúes es porque intuyes que ya tenemos una tradición poética sin tabúes?, te refieres a los temas tratados?, pero si desde los setentas las mujeres poetas se han ido desvistiendo poco a poco creo que ya no deberíamos hablar de tabúes, usa otra palabra, Regina, esta ya no convence o en todo caso a quedado demasiado atrasada.

Comment by El liberal 02.02.11 @ 10:56 pm

ay, la poesía femenina se ha vuelto muy obscena, prefiero algo más conservador. además, ya no creo que los chicos solo lean a las poetas solo por ver qué dicen o qué se quitan. Regina, debes explicar la última parte, no comprendo eso de que ya no hayan tabúes en la poesía contemporánea, eso que este poemario es obsceno, si es así no lo leeré

Comment by Corderita la purita 02.02.11 @ 11:00 pm

Estudié en la UNFV -Literatura. Mi última idea mencionada, es una “tentativa” a las nuevas poetas mujeres (especificamente), ya que usualmente tenemos temáticas que abarcan desde sus propias existencias, y claro, manejan todo un discurso plegado al erotismo, lo corpóreo, etc. Sin embargo,pregunto yo,¿No es posible que estas poetas construyan discursos poéticos desde temas universales, como la muerte, para expresarse en ese campo “prohibido” manejado por la tradicional poética masculina?

Comment by Regina Martinez 02.02.11 @ 11:05 pm

muchas veces…creemos en un madre..que todo lo puede..pero nunca nos damos cuenta como hijos…que una madre..es un ser humano siente piensa y sigue cometiendo errores…. de los cuales ella va aprendiendo…

obscena…diria que antes de dar un critica de obscenidad
La definición de obscenidad difiere según las culturas y también entre los individuos de esas mismas culturas y comunidades.

……..Muchas culturas han producido leyes que definen lo que es considerado obsceno, y la censura se usa a menudo para intentar suprimir o controlar los materiales que resultan obscenos según esas definiciones, incluyendo normalmente, pero no sólo, material pornográfico.
por eso muchas veces confundimos lo obsceno……
tabúes…. aun existen en esta sociedad…aun no a tal magnitud porque muchas veces nos vemos obligados a esconder….cosas que simplemente en el ahora ….ya están mas que marcados….pero aun así lo ocultan….
Regina mi pequeña critica solo es el comienzo de lo que piensas encaminar…juzgar por tu portada no diría nada aun ….pero lo espero con ansias

Comment by Angel(oso) 02.03.11 @ 12:45 am

¿Por qué insisten con la poesía femenina peruana si no existe? Está Blanca Varela y se acabó el chiste, señores. Lo que falta en la crítica literaria peruana es que se digan las cosas claras en lugar de crear tanto mito viviente.

Comment by Toto Terry, la Saeta Rubia 02.03.11 @ 9:41 am

Buena reseña. Pero señores amantes de la poesía, aquí deben debatir también el rochezazo que está habiendo entre la gente de HZ y Chueca y cía.

Comment by Iori 02.03.11 @ 3:45 pm

No, Regina, no es posible. En este país las poetas mujeres todo lo ven falos, tetas y poesía del cuerpo y así no juega Perú. A ver, danos un ejemplo que me contradiga y te creemos.

Comment by Duro pero sensible 02.03.11 @ 10:38 pm

Es una buena reseña.Saludos Regi

Comment by Mumutay 02.09.11 @ 9:51 am





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