Doble click 2

Reseñas El Bocón

Sobre cómo un diario deportivo puede servir de modelo a la crítica literaria periodística

 

Por Francisco Ángeles

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En la columna anterior decíamos que el Facebook ha desbordado la capacidad de respuesta de los bloggers, quienes por el momento no han encontrado un anzuelo preciso (un anzuelo que sea también un flotador) en una época en que tres minutos frente a una misma página es demasiado tiempo. El problema es que el cambio de paradigma en la manera de leer y estar informado (la multiplicación desbordada de las fuentes) ha traído como consecuencia que el formato habitual para comentar libros (la reseña) de pronto luce envejecido y, por tanto, poco útil.

Algo de esto intuí hace casi seis años, en un artículo publicado en 2005 en El Hablador, donde adelantaba una probable crisis de las reseñas y me preguntaba si más que discutir sobre si las reseñas se escribían bien o mal, sería bueno  plantearse seriamente si debíamos seguir con ellas o buscar nuevos formatos para el comentario especializado de libros recientes. Hoy la pregunta, creo, adquiere más validez que nunca. Anotemos, en primer lugar, que las reseñas no dejarán, al menos por ahora, de ser adecuadas a los espacios académicos. Pero no me queda tan claro que mantengan su utilidad en espacios periodísticos y virtuales, donde el mecanismo de lectura habitual de los cibernautas es leer con varias pantallas simultáneas, y con una prisa autoimpuesta  que suele llevarlos directamente al párrafo final, el único que parece interesante porque ahí debería decir, según las convenciones, si el libro es “bueno” o “malo”. Esta manera de leer a grandes saltos se justifica porque, en líneas generales, no se ha cambiado la manera de escribir reseñas, y por tanto se sigue el procedimiento usual de empezar diciendo quién es el autor, luego “contar” el argumento, y después señalar un par de virtudes y/o defectos antes de pasar a la conclusión. Es decir, reseñas escritas como si estuviéramos en la era pre-virtual, como si no hubiera forma de encontrar el argumento o la biografía del autor en otros sitios virtuales. Como si uno esperara no una opinión, no la mirada particular de un sujeto, sino una entrada medio enciclopédica que, solo en el final, diga a través del libro algo también sobre el crítico.   

Sin embargo, este defecto de pretendida objetividad y de extremo formulismo es solo un aspecto de otro más importante y menos visible: se escribe reseñas con la pretensión de algo definitivo, buscando un texto que sobreviva sin apoyo externo. Es decir, se busca una reseña soberbia (en el mal sentido de la palabra), una reseña que cree que tiene que decirlo todo porque asume que sobrevivirá cuando ya no exista ningún otro texto sobre el libro que la motiva, una reseña egoísta que no busca el diálogo ni pretende insertarse en una discusión, sino que se construye como palabra definitiva. Una reseña que quiere ser sentencia, una reseña que, quizá sin que su autor sea plenamente consciente de ello, pretende anular a las demás, y que por eso se asume obligada a incluir los datos del autor y de la misma obra, aunque no quede claro para qué hacerlo cuando lo más probable es que el lector de la reseña ya conozca esos datos de antemano. 

Ese es el tipo de reseña que creo que habría que desterrar o, al menos, hacer convivir con uno distinto. Para ello, sería útil empezar reconociendo que con los cambios tecnológicos se abren paso cada vez más las construcciones colectivas, los hallazgos grupales e incluso anónimos. Creo que gracias a las redes sociales, donde todos por fin nos volvimos productores y ya no simples receptores, no se espera que alguien presente necesariamente un argumento sin fisuras, sino que sea capaz de abrir una ruta interesante de discusión. Y como consecuencia, lo incompleto, lo embrionario, lo parcial e incluso lo contradictorio deberían dejar de ser observados como defectos descalificadores. Por ejemplo, una respuesta débil podría ser percibida valiosa por la pregunta implícita que puede llevar contenida, por la posibilidad de despertar respuesta y llegar a una forma  elaborada sobre la que uno tiene el no escaso mérito de ser vago iniciador.

 

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En este esquema de creaciones colectivas, hay un par de ideas que me gustan y son las que quisiera mencionar aquí, con el deseo (no tan) oculto de que alguien se anime a realizarlas en un futuro cercano. Una forma muy elemental, que puede servir como punto de partida, es el foro. Un foro es lo más parecido a Facebook que había antes de Facebook: se escribe corto, como quien conversa, y con la licencia de pasar directamente a la conclusión sin ser acusado de poco profesional. Pero queda claro que sería absurdo pretender reemplazar las reseñas por comentarios de una o pocas líneas escritos por usuarios con ID y password, y asumir que no vamos a perder nada en el camino. Por tanto, habría que buscar una solución intermedia. La idea que más me seduce, desde hace años, es un tipo de texto crítico que voy a llamar “reseña El Bocón”. Veamos de qué estamos hablando: en los noventa, la época de oro no del fútbol peruano (donde fue la peor) sino la época de oro de la pasión tribunera y de los clásicos llenos y de barras que crecían y eran miradas con igual asombro, temor y fascinación, en esa época el diario deportivo El Bocón utilizó un modelo que podría servir como una estructura perfecta para comentar un libro, y que diecisiete años después no ha sido todavía aprovechado. En esos clásicos noventeros en los que Nunes dejó K.O. a Kopriva, en los que Dolmo Flores se arrodilló frente a la Trinchera a celebrar un gol en Matute, en los que Rossi sacó a Cuto cargado después de su expulsión, en esos clásicos, la gente de El Bocón enviaba a dos de sus periodistas a las tribunas populares, uno a la Trinchera y el otro a la del frente, y el artículo que reseñaba el partido era una especie de conversación, o mezcla de testimonios intercalados, que registraban cómo ambos periodistas observaron el encuentro. Este movimiento, absolutamente nuevo para la prensa deportiva peruana, dejó de lado la mirada única sobre un choque futbolístico, y excluyó para siempre la ilusión de que existía una única forma de narrar el partido. El Bocón entendió que el relato de la historia (la épica historia futbolera que significa un clásico) era finalmente una mezcla de subjetividades, normalmente contrapuestas, y que la lectura final surgía de la tensión entre esos testimonios enfrentados. El Bocón entendió que la realidad (de un partido) era un espacio a interpretar, y que cada “crítico” escribía desde su propia posición de “lector”, desde su propia “tribuna” y desde sus propios juicios de valor.

 (Habría que decir entre paréntesis que un crítico aliancista sería quien pondera las virtudes de la huachita, el taquito, y suele quedar deslumbrado por malabarismos formales inútiles, mientras que un crítico crema sería quien es consciente de que el texto es un pecho caliente y que detrás de una aparente simplicidad o de una jugada heterodoxa se esconde la verdadera sabiduría del juego).

Es cierto que ha habido intentos semejantes fuera del ámbito de la crítica literaria. Por ejemplo, el siempre atractivo “a favor” y “en contra” sobre un tema cualquiera, idea más radical pero que para mi gusto es ya demasiado evidente en su intención de confrontación, lo que puede desviar las opiniones hacia el entusiasmo o el odio impostados o al menos exagerados. Habría, por tanto, que conversar sobre libros a través del intercambio de e-mails, dejar que las opiniones del otro ayuden a despertar ideas propias no lo suficientemente formadas para reclamar atención, y que de ese intercambio surja una opinión con más de un horizonte. En vista de que el avance de las redes sociales están convirtiendo al e-mail (o al menos a un tipo de e-mail, el más personal y privado, el menos profesional y público) en un espacio análogo al de las cartas antiguas, esas que se enviaban en sobre y por correo postal hace no demasiados años, es tiempo de entrar a esa lógica y buscar un tipo de reseña donde el diálogo no sea un valor potencial del texto desplazado hacia el futuro, sino la condición estructural de su producción.  

He intentado hacer reseñas El Bocón, pero hasta ahora no he encontrado el jugador adicional que se necesita para llevarlas a cabo. Si hay un libro interesante y alguien dispuesto, en breve podríamos empezar. 

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La Bitácora de El Hablador es una web de actualidad cultural y literaria que, desde el 2007, trabaja en base a una propuesta que busca la constante reflexión, discusión y debate entre los autores de los artículos y los lectores de los mismos. Este blog ha sido administrado, siempre desde una propuesta personal, por Francisco Ángeles y Juan Francisco Ugarte. Desde el 2011 hasta la actualidad, el administrador de la página es Lenin Pantoja Torres.
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12 Responses to Doble click 2

  1. traUma says:

    paco por qué no dices que eres crema?

  2. ella se arrebata bata bata says:

    acaso crees, amigo ángeles, que un lector promedio se ponga a buscar en otra parte, que no sea la reseña, aspectos como el argumento o la biografía. un lector promedio pretende encontrar estos detalles en una reseña, porque si no fuera ahí, ¿dónde más los encontraría? no conozco otra forma, que no sea entrevistas o wikipedia, donde se puedan encontrar los argumentos o datos biográficos del autor. y, como sabemos, ya nadie lee reseñas en los diarios.
    pienso que igual pueden colocarse estos detalles sin modificar nada de la estructura que propones.
    porque la mayoría de lectores de una reseña como, pongamos el caso mas reciente de este blog, la de karaoke, de aguirre, no han leído el libro y necesitan cierta información para guiarse. estos datos no están de más, aunque muchas veces parezca que sí.

  3. Mi chica veneno says:

    Yo estoy dispuesta

  4. el jinete insomne says:

    Rossi llevándose al negro es una de las imágenes más recurrente del imaginario popular peruano.

  5. Atolondrada says:

    Yo podría intercambiar mails con usted, señor Ángeles. Tengo 17 y estudio periodismo en la san martín. Le voy enviando mi foto y mi cv a su mail y el libro que propongo es La madera del alma. qué dice?

  6. LuchinG says:

    Que yo sepa, quien hacía reseñas-comentario futbolístico era Leonardo Aguirre.

  7. hincha del chemo says:

    (Habría que decir entre paréntesis que un crítico aliancista sería quien pondera las virtudes de la huachita, el taquito, y suele quedar deslumbrado por malabarismos formales inútiles, mientras que un crítico crema sería quien es consciente de que el texto es un pecho caliente y que detrás de una aparente simplicidad o de una jugada heterodoxa se esconde la verdadera sabiduría del juego).

    Un grande Paco!

  8. anonimo says:

    a nadie le interesa los libros que reseñan,ni los que reseñan,informacion,imformacion..el grupo de lectores es selecto y ayayero.su horizonte de vida es limitado y el tiempo y el espacio,es como una cancion de moda que pierde vigencia o queda en obsoleto,es decir,solo son palabras que alimentan la movida literaria y los egos de los autores claro esta

  9. Sophie says:

    ¿Todos los del Hablador son de la U?

  10. Ex de Jack Martinez says:

    Si todos de la U menos Johnny Zevallos

  11. ALacranes says:

    Y no se olviden de Giancarlo, grone hasta la muerte.

  12. Jorge says:

    ¿Y qué esperan, entonces, para cambiar el sentido de esta bitácora?

    1. Las reseñas y notas gigantes
    2. La estructura de sus reseñas
    3. La collera.

    Saludos, gallina fea.