Los anteojos de azufre

Nuevas geografías

 

Por Mario Granda

 

Los desastres naturales y los desastres producidos por el hombre tienen estrecha relación con el espectáculo, pues hoy, con tantas cámaras, puede haber un registro cada vez más perfecto de los acontecimientos que sorprenden al mundo de vez en cuando.

No obstante, una cosa es espectáculo y otra cosa una nueva realidad. El reciente accidente de Fukushima ha hecho que recién nos demos cuenta de que la energía nuclear no solo existe en las guerras, el peor de los escenarios atómicos posibles, sino que forma parte de la vida diaria del hombre actual. Es cierto que la llamada “energía limpia” tiene muchos beneficios, pues no agrega ni un átomo contaminante a la atmósfera. Pero de producirse un accidente, las consecuencias de sus desperdicios pueden ser milenarias.

La ciudad abandonada de Pripiat

 

Un ejemplo de ello es la ciudad de Pripiat, que se encuentra dentro de la Zona de Alienación, el área que el gobierno soviético ordenó abandonar después del accidente de Chernobyl en 1986. Las imágenes de esta ciudad son una ventana de lo que podría ser el futuro, si es que ocurren desastres parecidos. De los 43,000 habitantes que había en la fecha, hoy no hay ninguno, si no fuera por los “samosely”, personas que viven ilegalmente en la ciudad pero por voluntad propia. Ellos niegan los efectos que la radiación ha producido en ellos o se resignan a sus consecuencias. Pero no quieren perder el vínculo que tenían con su ciudad, pues creen que no hay otro lugar donde puedan ir. 

Lo que ha pasado en Fukushima nos ha enseñado que el escenario nuclear no solo pertenece a la guerra sino que ya es parte de la vida diaria del siglo XXI. Centrales atómicas se han sembrado en todas partes, y hoy recién parece tomarse cuenta de ello. La parodia de la ciudad atómica de “Los Simpsons” no es tanto una broma: peces de tres ojos pueden comenzar a ser parte de nuestra ecología, mientras los Mr. Burns afirman que estos son solo parte natural de la evolución de la tierra. La cuestión ahora no es cómo evitar la radiación sino cómo convivir con ella, tema que aún no ha entrado en la agenda pública (una aparente o conveniente ignorancia sobre el tema –la “complejidad” de la radiación— acompaña, lamentablemente, la discusión sobre el particular), pero que cambiará, tal vez de modo acelerado, el medio en que vivimos.

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La Bitácora de El Hablador es una web de actualidad cultural y literaria que, desde el 2007, trabaja en base a una propuesta que busca la constante reflexión, discusión y debate entre los autores de los artículos y los lectores de los mismos. Este blog ha sido administrado, siempre desde una propuesta personal, por Francisco Ángeles y Juan Francisco Ugarte. Desde el 2011 hasta la actualidad, el administrador de la página es Lenin Pantoja Torres.
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5 Responses to Los anteojos de azufre

  1. Carlita says:

    Ya que habla de tragedias profesor Mario Granda ¿usted cree que el Perú caerá en un abismo si gana Humala o Keiko? Responda por favor que estoy indecisa para el próximo domingo 10.

  2. Calichín de Camilo Fernández says:

    Mario qué bien escribes, ¡felicitaciones!

  3. Justin Bieber says:

    Me parece que el enlace que plantea entre la última tragedia japonesa y los Simpson es poco afortunado.

  4. ojo de loca... says:

    Ese Calichín es bien mermelero!!

  5. Mario Granda says:

    Justin, lo he estado pensando y creo que tienes razón, Los simpsons no son ejemplo para compararlos con la realidad, con ninguna realidad. Mi intención era poner un ejemplo en el que aparezca la “geografía nuclear”… O de lo rápido que podemos llegar a este tipo de paisajes, tal vez sin darnos cuenta y con discursos que quieren naturalizar este tipo de cambios.