Segregación N°1

Olimpiada Mundial de Matemática

 

Por Francisco Izquierdo-Quea

 

 

La primera sentencia que Bertoldsbrunnen dio a su regreso fue: Todos fuman pero no lo dicen.

En eso se resumía la teoría que maquinó durante su estadía en Inglaterra, en plena Olimpiada Mundial de Matemática. Ya en París nos encontramos en Gare du Nord. Llegó con una mochila de camping sobre la espalda y con la misma fuimos a un bar cercano al Canal de la Villete. A pocos metros de nosotros, pequeños botes y gente tomando sol completaban la escena del día. Ni bien terminamos de acomodarnos en la mesa, Bertoldsbrunnen empezó con los circunloquios de siempre. Mis padres son alemanes, nací en Alemania, tengo pasaporte alemán pero no hablo alemán, por lo tanto no soy alemán. Fumé y bebí algunos sorbos del vaso, mientras él continuaba con la historia de su identidad y así, durante un buen rato, es verdad. Luego pasó al tema del tabaco: No fumo pero estoy interesado en las reflexiones que hicieron Molière y Svevo. Dije: ¿Te pasaste pensando eso en tu viaje, Bertoldsbrunnen? Respondió: Debes de saber que en cada olimpiada hay tiempo de sobra como para pensar en otras cosas que no sean ecuaciones ni teoremas. Si no haces eso, es decir, si no piensas en algo distinto, puedes volverte loco. ¿Entiendes? Dije que sí. Bertoldsbrunnen terminó su vaso y pidió otra cerveza. Al primer trago se quedó mirando el canal en silencio, con expresión de dilema. Le pregunté qué le pasaba. Giró la cabeza. Habló entonces de un experimento sobre gordos.

     ––No iba a Londres desde hace tres o cuatro años. Antes me parecía una ciudad normal, ya sabes, buenos bares, conciertos, buenas fiestas. Pero en este último viaje me percaté de un detalle malsano: que Londres está llena de gente obesa. Y eso lo tengo comprobado.

     ––¿Había chicas lindas?

     ––Ninguna, de forma idéntica que en Copenhague, pero eso es de siempre, así que no me sorprendí. Allá jamás ha habido una chica bonita ni la habrá. Todas son unas vikingas monstruosas. ¿Sabías que hace siglos los vikingos invadieron Inglaterra? No me respondas, ese es otro tema, estaba explicándote lo de los gordos…

     ––Ajá.

     ––Resulta que cuando llegué a la ciudad lo que me asombró fue eso, ver tantos gordos. Gordos por todos lados. Te decía que no recordaba a Londres así, pero ahí estaba yo, en medio de todo ese espectáculo que me seguía a donde fuera. Sin embargo, como estaba inmerso en la comitiva y en la competencia de la Olimpiada, decidí no sacar conclusiones apresuradas, así que esperé mi día de descanso y ese día fui al Kensington Gardens. Al llegar, me senté en un banco y decidí hacer un experimento: contar cien personas. De las cien, conté cuarentaicinco gordos. Luego fui a la Brithish Library y comparé mi estadística con la oficial, que dice que de cien londinenses cuarentaiocho son gordos. ¿Nada mal, eh?

     ––Nada mal.

 

***

 

Se llama Toute une histoire, es un talk show que es emitido de lunes a viernes a la hora de almuerzo. El programa del día se llama «Familias Ovnis» y se ha invitado a cuatro familias repletas de hijos. La primera tiene siete. La segunda ocho. La tercera nueve. La cuarta tiene trece hijos.

La cuarta familia está en el set. El auditorio no puede evitar mostrarse asqueado. Los padres, unos tipos de campo dedicados al comercio de vacas (o de algo parecido), se ven acribillados de preguntas y comentarios hirientes. El graciosín de Jean-Luc Delarue se regodea con su programa y pide mayor participación de la audiencia presente en el estudio de TV2. Una adolescente del público, delgada y con rostro pálido, toma el micrófono y le dice a la madre: Sin duda ustedes vienen de otro planeta. Señora, ¿qué es lo que usted y su esposo tienen en la cabeza? La madre permanece en su asiento sin inmutarse.

Los trece hijos andan desperdigados en todo el set. Los menores juegan a llaves de lucha libre y dan vueltas por ahí. Los mayores permanecen sentados junto a sus padres. La hija mayor tiene 17 años y cuando toma la palabra dice que se quiere largar de su casa porque no tiene privacidad. Jean-Luc Delarue dice que en Francia se tiene solo uno o máximo dos hijos, tres no porque no hay tiempo ni dinero. Ustedes son extraterrestres, les dice a los padres. Momento momento, a nosotros no nos va a venir a insultar, dice el padre. Tengo plata para mantener a mis trece hijos y hacerlos felices.

«Familias Ovnis».

Máximo un hijo. Dos es un exceso. Tres ya no. No hay tiempo ni dinero.

El graciosín de Jean-Luc Delarue se regodea con su programa y pide mayor participación de la audiencia presente en el estudio de TV2.

Retiro mi vista de la pantalla y miro a un lado. Marion permanece absorta frente al televisor, comiendo azúcar y sal al mismo tiempo. Es la quinta tarde consecutiva que estamos juntos. Desde que Pelletier la dejó, Marion me llama todos los días para que la acompañe a almorzar. No me agrada la idea pero hay cosas que deben hacerse. El asunto, en realidad, me resulta fácil: salgo del trabajo, compro pan, queso y caminando un poco llego hasta la casa de Marion. Ella me recibe con los ojos hinchados y apenas tomo posición en uno de los sofás trae el tema de Pelletier.

El episodio de su infidelidad es común y muy simple: En un lapso de dos meses y medio Marion engañó a Pelletier con un barman colombiano (la clase de sujeto que cree que hablar castellano en Francia es importante). Al enterarse del hecho, Pelletier la perdonó y todo parecía marchar bien entre ellos, hasta que se fueron descubriendo una serie de hechos que Marion no pudo ocultar: la exposición del affaire frente a un sinnúmero de personas, muchos sms, cartas, mailes, y una serie de correspondencia en donde Marion le detallaba al barman aspectos personales de su relación con Pelletier.

Marion cambia de canal, mantiene la vista fija, como en trance, y sonríe un poco. En la pantalla aparece un programa de dibujos animados con animales zoquetes que se hacen daño los unos a los otros.

 

***

 

Llego y me detengo frente a los buzones de correo. Abro la puertita. Carta del chino Masahide. El chino me envía cartas y yo le envío mailes. Así se han dado las cosas.

De un momento a este, he perdido la noción del tiempo. Uno o dos meses vienen a ser lo mismo para mí. Hace un millón de años teníamos una banda que era la banda más sucia de la historia del rockabilly, ¿recuerdas? Pero en ese lapso todos nos fuimos al carajo y terminamos muriendo. Lo único que quedó fueron las canciones zombis que teníamos y que ahora están penando en alguna dimensión, esperando revivir desde ultratumba como Mumm-Ra y sus enemigos los gatos superdesarrollados.

¿Por qué te digo esto? No lo sé. Antes de escribir esta carta quería hablarte de poesía, pero ya no tengo ganas. En fin, seguí tus consejos y vi el documental sobre los Saicos en el cine Julieta. En la película hay una canción que canta Papi Castrillón que me trae muchas cosas a la cabeza. En la película dicen que en los 60’s los Saicos se presentaron en todos los teatros y programas de televisión pero que no hay ningún video que testifique eso. No me jodan. ¿Quién tiene los videos? Es posible que Delgado Parker o uno de los militares que nos gobernaron en aquella época. Qué triste es la historia del Perú.

Cuando acabó el documental, los Saicos hicieron una tocada en pleno cine y las personas del público se pusieron a bailar y aplaudir como retrasados mentales. Yo quería armarla con los abuelos, que la estaban destruyendo en el escenario, así que comencé a saltar y a meter empujones y como que la gente se contagió y pogueó un poco. Salió más o menos bien la cuestión.

Luego de eso volví a casa y escuché todas las canciones de los Saicos en internet. Me gusta “Ana”. A veces pienso que Ana es la misma mujer de la que se habla en “Besando a otra”, y que es por eso que ella corre de su amor. ¿Tú qué crees? He estado pensando que con la letra de “Ana” hubiera conquistado a todas las Anas del mundo, pero nunca hubo una Ana en mi vida. ¿La habrá?

Voy a comprarme dos discos de los Saicos; uno para mi colección privada y otro para romperlo en la cabeza de mi viejo por escuchar mariconadas como Calamaro, Sabina o Il Divo.

Un abrazo.

P.D. ¿Cuándo aparecerán los videos de los Saicos tocando en vivo en los 60’s? ¡¿Cuándo, mierda?!

 

***

 

Me aburro frente a internet. Pero hoy es sábado y los sábados reviso algunos diarios y entro al Facebook. Lo de siempre: la gente cuenta su vida, hace denuncias contra sus ex jefes o contra el gobierno, postea videos, artículos, todo cómodamente desde alguna computadora. Así es el mundo, me digo, todos hacen lo que se les da la gana y está bien. No hallo nada interesante, salvo la convocatoria que Serrano ha puesto en su muro: «Si eres mujer cambia tu foto de perfil entre el 22 y el 28 de setiembre por una de ti desnuda. Si eres fea estarás luchando contra el calentamiento global y si eres linda estarás luchando contra la pornografía infantil».

Relevo en la música. Sale Masacre 68 y entra Comisario Pantera. Prosigo, ahora con los titulares de dos diarios peruanos. En la web de El Comercio: «La selección peruana de panaderos se prepara para la Copa Mundial» y «Markarián confesó que su esposa lo engríe con comida peruana». En la web de Depor: «Campeón de valetodo Pitbull te enseña a driblear cogoteros».

El timbre. Soy yo, dice Marion por el interfono. ¿Qué hace acá? Luego de subir las escaleras, entra sonriendo y arrastrando una maleta. Besos en los cachetes, un qué tal tarará jijiji, y luego pasa a acomodarse sobre el sofá. Marion trae el cabello sujeto en dos trenzas y finge con esfuerzo una actitud serena que le sienta fatal. Abre la maleta y comienza a sacar una serie de animales de peluche. Su propósito (lo recordé de golpe): darme una función especial de Grease con los muñecos.

La detuve con frases suaves. Un momento, Marion, ahora no estoy de ganas para bailes ni coreografías. ¿Quieres un café? Ella permaneció incrédula sobre el sofá, rodeada de los animales. No respondió. Segundos después comenzó a llorar. Dijo que yo tenía razón y que ella no podía disponer de mi tiempo para tonterías como la de los peluches, luego volvió a lo de Pelletier, el episodio de la infidelidad, el abandono y etcétera.

     ––Teníamos una casa y una vida juntos y todo se fue al desagüe porque yo dejé que se fuera al desagüe. Mi mamá dice que me vaya con ella a veranear a Niza pero yo no quiero. Mi hermana me llamó ayer para recomendarme una clínica de reposo. ¿Puedes creerlo? Como si yo estuviera enferma.

     ––Lo de la clínica quizá sea una buena opci…

     ––¡No estoy loca!

     ––Marion, por favor, ya eres una persona adulta, y la primera regla de ser una persona adulta es que tienes que pasarte la vida haciendo porquerías que no quieres hacer. Justo como esto: no quiero hablar contigo pero lo hago, Marion.   

Ella hizo pucheros y se acomodó en un rincón del mueble. Recordé cuando la conocí. Eso sucedió en dos ocasiones, pero yo solo recuerdo una, en la boda de Anthony. Yo estaba en el jardín mirando la piscina y ella se acercó a ofrecerme una copa de un nosequé rojo. Se la acepté y la quedé mirando con una expresión seria. Le dije: A ver, déjame adivinar, te criaste en Normandía, tus padres tenían plata pero ya no, odias a Sarkozy, haces teatro y eres disléxica. Rió. Lo de siempre. Tomé impulso y bebí un poco del vino. No estaba mal. Volví con otro temple, fumamos. Le dije después que su rostro me parecía familiar y que si nos habíamos visto antes en algún otro lado. Respondió que sí.

     ––Nos conocimos en una fiesta cerca a Belleville, me preguntaste si me gustaba chupar.

     ––Chupar qué, ¿cerveza? ––señalé.

     ––No ––dijo ella.

     ––Ah ––dije yo.

Y así nos hicimos amigos. Luego de eso conoció a Pelletier, se enamoraron como pichones, se mudaron a vivir juntos, lo engañó, y Pelletier se fue. Ahora Marion está en mi casa, sobre el sofá, llorando y comiendo azúcar y sal que no sé en qué momento hizo aparecer.  

Trato de animarla un poco. Le digo vamos a ver Youtube, Marion, lo único valioso que existe en internet. Más lágrimas. Más azúcar y sal. Me afirmo frente al ordenador y trato de recordar alguna secuencia graciosa. Busco videos del Chavo. Detesto al Chavo pero hay dos videos que me hacen reír siempre. El primero presenta un festival en la vecindad donde el profesor Jirafales aprovecha el momento para manosear a Doña Florinda. El segundo es más o menos célebre: luego de cierto jaloneo con el Chavo (muy común en la serie, por supuesto) Kiko falla un puñete, le pega en las bolas al Señor Barriga y se arma la de reflauta.

Marion escucha mi traducción de los videos, no ríe pero ha parado de sollozar, y esa es una buena señal. Decido poner toda la carne en el asador y me la juego por el video estelar, el del chino Fujimori diciendo: SOY INOCENTE.

Ella se pone de pie, seca sus lágrimas frente al espejo, expresa algo ininteligible y se va, dejando la maleta en el suelo y todos los peluches encima del sofá.

 

***

 

     ––Por otro lado, ¿cómo puede ser que los alemanes tengan tantos nobeles en literatura siendo tan poquitos? ––dijo Bertoldsbrunnen.

No supe qué responderle. No llevo estadísticas de nada. Tampoco he leído a todos los premios nobel, lo cual creo que es bueno (eso de acaparar cierto cosmos está bien para la etapa infantil de la universidad, es decir, cuando hay cosas que valen la pena). Bertoldsbrunnen cambia de registro, habla ahora de su poema eterno, un poema inconcluso que tiene ocho o diez años y que él deja y retoma cada cierto tiempo. Luego dice: La poesía y las matemáticas son lo mismo, el infinito. Seguimos en la mesa y la gente a nuestro alrededor parece haber mutado. Veo a Bertoldsbrunnen y sus dos metros contraídos en esa silla de mimbre, moviendo la boca y gesticulando con las manos. Ahora dice que nació en Alemania pero que no es alemán, que con sus padres habla francés, que con sus abuelos habla ruso, que con sus primos habla inglés, que con sus tíos no habla nada. Luego que la Olimpiada Mundial de Matemática ha perdido el vigor de antaño. Bertoldsbrunnen: Gracias a la Olimpiada he conocido medio mundo. Conozco tu país, fui al Callao y a Iquitos, pero no soy capaz de leer a Vallejo en español ni a Goethe en alemán. ¿Hay algo más lamentable que eso? Yo: Cambiemos de tema, Bertoldsbrunnen, no hay que deprimirse en vano.

Noche, luces artificiales. Nuestra risa se ha apagado como el sol sobre la ciudad.

     ––Me peleé con Justine. ¿Te dije que habíamos hablado de casarnos en un futuro no muy lejano?

     ––Sí.

     ––Justine me invitó a su casa la vez pasada. Me dijo voy a estar sola, mis padres se van a Rennes. Le dije Justine, por tu casa hay buenos restaurantes, ¿qué vamos a comer?, ¿comida hindú, china, sushi? Ante mi comentario, posiblemente de tono escéptico, me dijo que para la ocasión ella iba a preparar algo especial. ¿O es que acaso no confías en mis dotes culinarias, Bertoldsbrunnen? Le dije si tuviera que elegir, francamente, Justine, confío más en los dotes de tu culo. Entonces se ofendió, me dijo imbécil y colgó el teléfono.

     ––¿De cuándo a acá tienes esa filosofía de cagarla así por así, Bertoldsbrunnen?

     ––¿Pero de qué filosofía hablas? Mi única relación con cualquier tipo de filosofía es la literatura, eso porque antes veía la literatura como si fuera filosofía. Leía novelas porque quería ser una mejor persona, entender el mundo. Ahora lo que quiero es abrir más los ojos. Ahora escribo para leer mejor. Claro que aún no sé cómo resolver lo de mi poema inconcluso, maldita sea.

     ––¿No se supone que es al revés, que uno lee para escribir mejor?

     ––En mi caso no. ¿Y qué busco al leer? No sé qué busco. Lo que sí sé es que ya no me interesa alcanzar ideas ni saber lo que hay que hacer. Ahora tengo una ampliación de conciencia, de percepción.

     ––Algo muy propio de un artista, Bertoldsbrunnen, de un creador.

     ––Eso me avergüenza en sobremanera. ¿Y sabes por qué? Porque esencialmente todos los creadores son unos idiotas. Y el caso de los escritores es más lamentable: Shakespeare un antisemita, Dostoievski un misógino, Tolstoi decía que salvo él y otros cuantos poetas menores de su época no existía el arte.

     ––No se puede buscar moralidad en la literatura, Bertoldsbrunnen.  

     ––Por eso las matemáticas son la última verdad. 

 

 

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La Bitácora de El Hablador es una web de actualidad cultural y literaria que, desde el 2007, trabaja en base a una propuesta que busca la constante reflexión, discusión y debate entre los autores de los artículos y los lectores de los mismos. Este blog ha sido administrado, siempre desde una propuesta personal, por Francisco Ángeles y Juan Francisco Ugarte. Desde el 2011 hasta la actualidad, el administrador de la página es Lenin Pantoja Torres.
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8 Responses to Segregación N°1

  1. facebookera says:

    “like!”
    pero el de la foto es francisco? Se me figura mas como alditous mariategui subidito de peso.

  2. Nicolas says:

    Brillante! Gran desapego y muy interesante acercamiento a temas tan discímiles como poesía y matemática, pasando por la cotidianidad de la ruptura y el hastío de internet. Intenso y a la vez distante, gracias.

  3. Un lugar llamado Nothing Hill says:

    Buen texto en el Hablador hay buenos columnistas en general. Ojalá pronto vuelva uno de los ex calichines, me refiero al gilerito de Jack Martínez que me dicen que ahora anda metiendo chamullo en USA, a ver si regresa con sus entrevistas de antaño. Felicitaciones por la chamba a todos los de este blog.

  4. fan de segregacion says:

    este texto es uno de los mejores que le he leido a francisco izquierdo quea en este espacio. espero que siga colaborando con la misma calidad.

  5. Kitty says:

    Eso! Queremos leerte mas seguido por favor no abandones la columna

  6. barth says:

    caramba!
    gran texto

    lastima la irregularidad de publicaciones en este blog. me refiero a que despues de un texto tan bien trabajado como este se publique los microrelatos del post siguiente. no pasa nada.

  7. mexican girl power says:

    pero qué le ha pasado a Marion en esta ocasión??

  8. yo mero says:

    jajaja primera vez que veo que alguien acepta que no hay chicas lindas en Copenhague!!

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