El día que mi hermano nazca, yo voy a morir

Por Jorge Ruesta

Las Malas Intenciones (2011) de Rosario García-Montero es un ejercicio rico e interesante en forma y contenido, así como en el cuidado del detalle técnico. Es una película realizada con gran oficio, obsesión y acaso por eso también con altibajos que no la desmerecen de ser la mejor película peruana en lo que va del año.

Cayetana, una niña asmática de instintos tanáticos, es el personaje que nos guía por una historia ambientada en la Lima de 1983, cuando el terrorismo comenzaba a ganar terreno y los apagones provocados por los coches bomba sembraban el miedo en la ciudad capital, ésa que prefería voltear la mirada y creerse siempre ajena al problema. Cayetana teme convertirse en un ente ignorado más. Cree que morirá el día que nazca su hermanito menor, producto de la relación de su madre con otro hombre; se identifica con los mártires de la independencia, aquellos que a pesar del sacrificio están destinados a perder en la batalla. Pelea contra la invisibilidad, contra el olvido al que está condenada por la cercanía del hermano menor. Cayetana actúa perseguida por sentimientos que se mecen entre la inocencia y la perversidad.  Y esto, a la vez, resulta ser la manera como la directora García Montero pone también el tema de fondo frente a nosotros: la clase alta limeña y su temor al “menor”, que está acercándose, cuyo arribo es inminente  y ante el que opta por el desplazamiento,  el encapsulamiento.

Cayetana es un personaje en constante conflicto interno, ello se ve cuando pretende compartir sus afectos, pues su círculo social es ajeno a ella. Su padre solo aparece algunos domingos. No consigue una verdadera empatía con las empleadas o con los trabajadores que construyen la nueva piscina de la casa. Su única amiga es su tía Jimena, etérea y tan o más frágil que ella. Porque todo el amor que tiene para dar está destinado a hacer daño a los que quiere o a los que considera vulnerables. Su manera de actuar resulta ser la contraparte de la clase que la rodea y la protege. La clase alta limeña de los 80, que como peces de agua turbia que con el tiempo se vuelven ciegos, elegía cerrar los ojos y las ventanas de sus autos, a los “otros”, a los “diferentes”, al migrante que comenzaba a inundar sus vidas, como los niños subiendo al bote en las playas de Ancón, o los terroristas que transgreden la casa de Chaclacayo. Cayetana parece ser la única que quiere ver realmente más allá de eso y termina siendo consumida por la invisibilidad. Su tia-amiga la desconoce luego de una enfermedad que la deja postrada y sin memoria y solo le queda la reconciliación con la madre.

“Cayetana, Cayetana, Cayetana”, le repite al oído para que no la olvide. Esta invisibilidad y la muerte del chofer, que compartía con ella sus aspiraciones, terminan quebrándola dentro del auto oscuro de lunas polarizadas, “más seguro” le dicen. El último viaje, en el que ahora un agente de seguridad reemplaza al viejo Isaac, pone punto final a un rito de paso de la niñez, rodeado de pintas senderistas, perros colgados en las calles y héroes masacrados que dejan la impresión de haber muerto en vano. Rito de paso marcado además por la inesperada lluvia en Lima y los inminentes cambios sociales que devendrían luego en nuestro país.

 

 

Pero Las Malas Intenciones también es un film realizado con un cuidado técnico especial, producto de los apoyos conseguidos a través de todo el proceso de creación del proyecto. La fotografía fúnebre y fría de los espacios cerrados, de las casas neo-coloniales y la pulcra dirección artística dan cuenta de ello. La recreación de los años 80, mediante la atención al vestuario y al maquillaje, es digna de una producción tan ambiciosa como su guión.

Y es por el lado del guión, sin embargo, donde Las Malas… encuentra irregularidad. Puesto que el film entero es un compilado de narraciones que ayudan a construir la personalidad de Cayetana, que en ocasiones aportan, en otras redundan y otras saturan. No se gana demasiado con las escenas de los héroes en el cerro de Ancón, un exceso alegórico de la batalla cuesta arriba contra el olvido, donde la cima entraña la despedida de Jimena, o en el hospital y las apariciones melodramáticas de héroes resignados a la derrota. Tampoco se gana demasiado con las ideas sueltas salidas tal vez de algún cuaderno de notas. La obsesión de Rosario García-Montero con Cayetana termina traicionándola en ocasiones. Lo que deja la sensación de ser una película demasiado calculada y rígida, con poco espacio al riesgo.

Como se indicó al inicio, estos traspiés no desmerecen el talento de la directora. Si bien no es posible hablar todavía de una nueva ola de cine peruano ni mucho menos de industria a partir de una lista de logros personales y aislados, complemento de un debate mucho más complejo aún, Las Malas Intenciones es un film de visión obligada, uno de los mejores estrenos de este año y una obra artística que merece un mejor trato en las salas de su país, y de sus exhibidores. Pero ese… es otro tema.

 

Las malas intenciones (2011)

Dirección: Rosario Garcia-Montero

Reparto: Fátima Buntinx, Katerina D’Onofrio, Paul Vega

País: Perú 

 

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6 Responses to El día que mi hermano nazca, yo voy a morir

  1. jugador número 12 de alianza says:

    la pela está en algo pero la chibola actua hasta las patas

  2. Los Cuatro Fantásticos says:

    ¿Será verdad tanta belleza? ¿Señor Ruesta sabe cuándo estará la película en Polvos Azules?

  3. Fan de Yushimito says:

    Creo que habría que preguntarse en donde la mafia de letratenientes y todos sus comechados y figuretis está metiendo más su cuchara, si en la literatura o en el cine peruano

  4. Duro pero sensible says:

    Vi la pelicula ayer, está ahi nomás pero esto es lo que debería llamarnos la atención, que nos conformamos con films que “están ahí nomás”. Por eso el nivel del cine acá está de cabeza y cuando sale algo del tipo de Josue Medez o Claudia Llosa les reventamos cuetes cuando esas películas (Madeinsusa o Días de Santiago) en Brasil o Argentina pasan la valla a las justas. La labor de los criticos debe ceñirse en meter sable y tratar de levantar esta situación.

  5. sebastian says:

    La actuación de la menor no convence, su modo de hablar me parece anodino, pero tampoco podemos exigir encontrar en el Perú una niña que trabaje como Natalie Portman en “El profesional”… no se pasen.

  6. Diana says:

    y por qué no podríamos exigir la existencia de una niña con gran calidad de actuación en nuestro país? Bajo qué criterios las peliculas son buenas o malas? Las pelas tienen varios aspectos que valorar y pocas veces alcanzan el mismo nivel en todas, más aun cuando son operas primas (recordemos q una peli no es una historia contada con imagenes, si no imagenes que cuentan una historia -y eso, cuando los autores escogen contar una historia y hacerlo de la manera tradicional-). Tomando en cuenta esto, por qé razones no le convence la peli a Duro pero sensible? Hay que ser duro para tener un juicio estético y hay q ser sensibles para identificar cuales son los puntos que llevan a una conclusion sobre el valor de la peli.

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