“SÓLO PARA ASESINOS(AS)”: ANOTACIONES Y REGLAS PARA MATAR
Friday December 23rd 2011, 10:44 am
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Reseñas
Por Regina Martínez García
Mixha Zizek estudió Literatura en la UNMSM, colaboró con la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y se ha desempeñado como profesora en diversos colegios de Lima y en los Estados Unidos. Su desempeño artístico no solo se centra en la poesía, también en la narrativa: como cronista y columnista digital. Su última publicación, el poemario Balada del asesino (Tranvías editores, 2011), es una muestra clara de la manifestación sicopatológica social que aqueja a nuestra humanidad.
El tema que aborda es el asesinato como un ente que se aleja de lo académico y de los círculos filosóficos, pues el espacio y el tiempo se han visto copados y envueltos por sucesos “artísticamente” dolorosos. En la literatura el tema ha sido abordado múltiples veces. Un ejemplo es el trabajo de Albert Camus que en una de sus obras puso en discusión la constante infertilidad de la lucha por la vida, manifestándolo con la aprobación de una de las frases de Píndaro: No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible. Mixha Zizek afirma, en sus poemas, que sus personajes poéticos, considerando sus “yo” poéticos, son unos excelentes protagonistas para representar una parte de la humanidad.
Abordar una de las “formas” de asesinar tendrá que ser, desde el primer estamento del ciclo de vida, aquella partícula de los humanos, es decir, un “Embrión”, nombre del poema que refleja una voz indefensa que describe su final siendo la muerte su destino. Esto implica quedarse bajo la mirada del lector como un objeto inerte que yace en una vasija fría:
Embrión
¿quién invocaría mis cantos fuera de aquí
si oyera mis latidos?
vi la luz al caer la noche
sentí el quebrar de mis órganos
el ruido de mi ablación
sentí el quejido de mis partes
crujir dentro de una vasija de plástico
perezca el día de mi origen
concebido como niño roto antes de nacer
La ruleta del ciclo continúa. Así, la víctima resulta ser un joven. Por otro lado, en el poema “Sueño telearañas”, se toma como metáfora a los hilos de las arañas para fomentar miedo y silencio, ya que cubrir un cuerpo resulta ser la invisibilidad de éste. La pregunta sería “¿por qué?”, pues al parecer es el goce de tener en frente tal resultado porque en los versos se refracta la crueldad con la piedad:
Sueño telearañas
completamente cubierto
amortajado
subiendo la cuesta
enredado en silencios
siente la pulsión
que rompe el aire al tejer las sombras
lo veo acelerado
mirándome de frente
mis dedos tejidos
atrapados
no hay necesidad de girar el cuerpo
no hay prueba de existencia
solo el vestigio imborrable.
Los espacios no quedan fuera; el lugar perfecto para un asesinato son los laberintos, es por esa razón que el poema “Laberinto 2” toma preso a un ser indefenso, pues el laberinto se adueña de todos los lugares tranquilos. Su predilección son los sueños, la finalidad es dar a conocer la muerte de un embrión.
Laberinto 2
incrustado ante lo inagotable
una puerta puede llevarte a circular
nubes que se tornan sierras
vientos invertidos en tajamar
abriéndose como peldaños
uno tras otro porque tú lo tocas
repicantes aldabas vibran
puedes sentir el aliento
cerca de tu oído
y el crepitar de tu piel
un embrión se ha quebrado en tu cuerpo
cual pústula infecta
no deja de estallar
hasta llenar el último espacio
de tu cuarto.
Estos poemas son una muestra de la primera parte denominada Origen. La visión del tiempo y otros personajes serán propios de la segunda parte llamada Perturbaciones. El poemario se prepara para definir a los asesinos pues el epígrafe ya es un primer acercamiento: El verdadero terror del hombre no es la muerte. Es el hombre (Valentine Penrose).
Se perfilan los espacios y acciones más vertiginosas; al parecer, el adjetivo conveniente sería el horror, pues cada cuerpo sufrirá cambios tenebrosos. Es por esa razón que el poema “Coma” se perfila bajo la descripción y el uso de la memoria, sin embargo, su intención es salir de aquella escena, para ello busca la anhelada cúspide:
Coma
arrastro cuerpos en mi memoria
grito muda bocas sin lenguas
manos cual espigas estiran mis huesos
serpientes lagartija hipocampos
aprietan mis sueños
¿dónde están los otros?
nadie oye
recojo mis labios
traspaso la esfera
busco la salida en la cúspide
Los poemas tienden a definir otras formas de asesinar, al parecer son un reflejo de casos famosos de los medios policiales y círculos sociales. Vemos, por ejemplo, títulos como “De los ojos volteados”, “Little Brunella´s nigthmare”, “Canción de la pequeña Molly”, “Vigilia de Jane”, etc.
En muchos de ellos encontraremos versos perturbadores, como “los muertos no lloran” (poema “Ras”), o referencias a las medicinas y los males que más caracterizan, en este mundo estereotipado, a los posibles asesinos. La probabilidad de manejar, entre estos versos, una imagen de aquellos seres asesinos nos muestra que los espacios son familiares, que los asesinos son, en mayor proporción, mujeres y que las formas pueden variar de acuerdo a la imaginación turbulenta de los que deciden acabar con una vida.
Como una canción, el poemario atraviesa los versos para llegar al coro, pues en el poema Balada del asesino se reflejan los temores del ser que es atacado y, nuevamente, la memoria resulta ser la mejor arma para enfermar a dicho ser, pues con ella se logra definir su final:
…ata tu memoria
trasforma el sello
acuchilla todo lo que quieras
pero ya sabes que tienes que morir. (“Balada del asesino”)
Es recomendable leer el poemario, entre otras razones, porque en estos tiempos las sociedades no pueden escapar de la realidad anómala; así, la poesía se ha permitido explorar las posibles estancias perturbadas. Por otro lado, la edición está muy bien cuidada y logra el objetivo de dejar huella en el lector, pues evidencia una descarnada atención, para compartir por un momento la mente de un(a) asesino(a), sin embargo, retornando a la frase de Penrose, lo que causa terror no es la muerte sino el hombre o la mujer que genera el horror y el miedo ante tanta (des)humanidad.
Una antología personal
Tuesday December 20th 2011, 10:47 pm
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Reseñas

Por Lisandro Gómez
Carlos Meneses (Lima, 1930) nos entrega una colección de cuentos, El fracaso llega puntual, que brindan un panorama de su no breve trayectoria narrativa. El conjunto reúne cuentos de distintas épocas, escritos entre 1967 (“Historia de Kid, el campeón”) y el 2007 (“La belleza de la traición” y “Fiesta canina”, por ejemplo). Existe un silencio de dos décadas, aquellas que van entre los ochenta y noventa, en la recopilación de textos. No sabemos si se trata de un abandono temporal de la narrativa o son el producto de una muy severa autocrítica. El volumen posee una breve presentación, “Motivos para escribir”, que no da luces sobre este vacío, aunque bosqueja un criterio de selección bastante subjetivo: “En las siguientes páginas encontrarán una docena de cuentos pertenecientes a diferentes épocas, lugares y tipos de personas. Aparentemente no hay uniformidad […] No obstante, hay un elemento asociativo en todo este material […] Todos representan un alivio para la memoria” (pp. 7-8, cursivas nuestras). Además, ofrece una concisa poética que justifica en parte la escritura de los relatos (elaborada en base a una afirmación de Gabriel García Márquez: la escritura como denuncia).
Un primer reproche a esta antología personal de relatos es el poco cuidado que se ha tenido en la organización del libro. El título alude principalmente a la primera sección, “Mundo criollo”, no a la segunda (o por lo menos en mucha menor medida), “Otros mundos”. Existe una evidente transformación en los motivos y en la perspectiva narrativa, también en los recursos. Pasamos de un narrador cuasicriollista y, a veces, excesivamente dramático a un narrador de temple irónico y con una destreza técnica importante (Cfr. “Nadie lo debe saber”, donde la narración parece asumir, por instantes, una voz colectiva, sin entorpecer el trabajo del narrador en primera persona). Esta transformación del imaginario y la apropiación de un arsenal técnico propicio para el trabajo narrativo es crucial, pero lamentablemente no queda constancia de él en la elección del título. En este sentido, podemos decir que la lectura que se impone es que estamos frente a dos recopilaciones distintas. El conjunto se presenta fracturado por este motivo. No obstante, si bien es cierto que la falta de unidad del libro es un detalle que desmerece la edición, también es necesario recalcar que existen algunas marcas de estilo, ciertos modos en la narración, que permiten afirmar que los textos no son tan ajenos, como parece en una primera impresión. El gusto por la descripción dilatada en algunos momentos de acción narrativa —como si el narrador creara un intersticio para detenerse a contemplar lo que sucede—, y el dominio, la mayoría de veces, acertado del ritmo de la narración (los clímax son elaborados limpiamente y con bastante precisión) son recursos que se mantienen constantes a lo largo del libro.
En la primera sección, “Mundo criollo”, es explícita la organicidad del texto; los cinco relatos agrupados poseen una atmosfera semejante y un bagaje de estereotipos narrativos que permiten organizar narraciones coherentes. Un claro ejemplo de lo que afirmamos se observa en el relato que abre el conjunto, “El desahucio”, en donde Ambrosio —un provinciano pobre que está a punto de ser desalojado del cuarto que alquila y que no posee sino la quinta parte de lo que adeuda— se ve envuelto por las artes del Zambo Carrizales en una borrachera y en una gresca, para finalmente perder el poco dinero que aún poseía. “El desahucio” es un relato que se inserta en una tradición de denuncia. Con fuertes rasgos costumbristas, este relato anhela ofrecer una imagen “realista” (lo cual es llevado al plano del lenguaje con mediano acierto) y crítica de los sujetos sociales que conviven en la nueva Lima de los años sesenta, una ciudad que no puede seguir negando la presencia de los migrantes.
La imagen del Zambo Carrizales así como la de Ambrosio pertenecen al imaginario social de la época, los personajes han sido creados a partir de los estereotipos que circularon en su contexto: el zambo hablador, embustero y ruin, que solo busca aprovechar el momento y beber a costa de otro, sin importarle realmente lo que suceda con aquel, por un lado, y el provinciano de voluntad endeble que se deja arrastrar por las mentiras de los habitantes de la ciudad, por otro. El relato concluye con la imagen esperpéntica de Ambrosio abandonado por los amigos de juerga, endeudado y en peligro de ser encarcelado: “Ya no quedaba ninguno de los amigos en la cantina. La mirada lánguida de Ambrosio buscó lentamente, con torpeza, al Zambo Carrizales, al Chino Jacinto, al gasfitero, al negrito ex boxeador. Solo escuchaba la voz cada vez más urgente, del mozo: ‘Son doscientos diez soles’. Y la mano del muchacho del delantal blanco apretaba como una garra el brazo de Ambrosio” (p. 20).
En “Otros mundos”, segunda sección del libro que comentamos, tanto la atmósfera, el ambiente y los personajes cambian. Estamos ahora en un nuevo horizonte donde la ironía se impondrá con mayor recurrencia. La denuncia explícita queda relegada a un segundo plano. A partir de este momento las preocupaciones son distintas: se busca profundizar en el universo psicológico de los personajes, las tramas se complejizan y la alegoría y la metáfora enriquecen la narración. Dos de los ejemplos más notables de esto que venimos mencionando son los cuentos “Nadie debe saber” y “Fiesta canina”. En el primero de ellos se relata la relación amorosa entre el narrador protagonista y Emma, la cual se complica por la intromisión de otras personas. Uno de los mayores aciertos de este cuento radica en la pluralidad de miradas que intervienen en él; Emma se convierte en una creación colectiva de las otras voces que se incorporan al relato. Los amigos del narrador contribuyen en la fabricación de una imagen global de Emma: “Para Violeta la vida de Emma era extremadamente licenciosa, pero lo decía llevándose la mano a la boca y ahuecando la voz. ¿Qué hacía una mujer, digamos que más o menos atractiva como ella, en la oficina de un notario, de noche y cuando todo el personal de la notaría ya se ha ido? O sea que le recitaba versitos a un viejo libidinoso, se reía Lucho” (p. 114). Entre todas van descubriendo la identidad real, la misteriosa vida de Emma, con lo cual la relación que mantiene con el protagonista entra en crisis. Si por un lado, se incorporan diferentes voces al relato, por el otro, el narrador se preocupa en describir los vaivenes de la relación que mantiene con Emma.
El fracaso llega puntual de Carlos Meneses es un libro de lectura amena y, cuando se desprende de los lugares comunes, es capaz de ofrecer una mirada profunda sobre la realidad humana. Aunque el libro en su conjunto es irregular, posee algunos cuentos que merecen estar en cualquier antología de la narrativa peruana (Cf. “Fiesta Canina” o “Historia de Kid, el campeón”).
Carlos Meneses
El fracaso llega puntual
Lima, Editorial San Marcos, 2011. 206 pp.
Los anteojos de azufre
Monday December 19th 2011, 3:05 am
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Columnas
Martín Rodríguez-Gaona:
la rebelión de lo mínimo y lo mayúsculo
Por Mario Granda
A veces, cuando los jóvenes poetas querían acercársele, Martín Adán levantaba la mano con la palma abierta hacia ellos para detenerlos y, sin mirarlos, seguía concentrado en su mesa, garabateando algunas palabras en una libreta de notas.
‘¿Qué le pasa al poeta? ¿Por qué no quiere atendernos?’, preguntaban, sorprendidos, los seguidores del legendario maestro.
‘Está con ella’, les respondían los parroquianos de El Cordano, que ya conocían al vate.
‘¿Quién ella?’
‘¡La poesía!’
Martín Rodríguez-Gaona recuerda esta anécdota a los estudiantes de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, a la que ha sido invitado para una lectura de su poesía y una conversación. Los primeros poemas leídos son los de Efectos Personales y Pista de Baile, para los que hace antes una corta introducción.
“A fines de los años ochenta y comienzos de los noventa, las bombas y las amenazas de bombas eran casi de todos los días. Había mucho miedo y poco trabajo. La poesía fue para mí una manera de rebelarme, de asumir que no había perdido la juventud, pues en el Perú y en el mundo las cosas estaban muy convulsionadas. Aquí los campesinos sufrían el terrorismo y en Irak el ejército de EE.UU. destruía ciudades y ejércitos enteros. Ante todo esto, fue necesario para mí querer rescatar lo que era mío: la calle, la ciudad, lo que me pertenecía. ¿Por qué los jóvenes no podíamos ser solo eso, jóvenes? El poeta tiene que rebelarse en lo mínimo y en lo mayúsculo para ser libre”.
Rodríguez-Gaona ya no es el pelucón ochentero de la foto que aparece en la contratapa de Efectos Personales, como muchos lo recuerdan todavía en el Perú. El tiempo, es obvio, tiene que pasar.
En voz baja, en voz casi inaudible pero segura, habla de Charles Baudelaire, del colombiano Raúl Gómez Jattin, de 24 hour party y Roberto Bolaño. “La poesía no es lejana del conocimiento, de la biblioteca, del estudio de la sociedad”, apunta el invitado. “El poeta descubre sensibilidades que poco a poco comienzan a ser parte de la realidad; esa sensibilidad abierta por libros como Las flores del mal termina difundida tiempo después por medio de otras formas como la literatura de terror, los cuentos de Edgar Allan Poe o hasta la música de Marilyn Manson”.
Pero no todo es poesía. “Lo que más se promociona del Perú en el extranjero es la comida –que no es de las mejores— y a las vedettes. Todo es consumo y poca cultura. Los periódicos son instrumentos publicitarios y toda novedad tecnológica –con internet a la cabeza— es en realidad una nueva modalidad de comercio. Si antes el instrumento de dominación era la religión, ahora es la economía”.
“Un país como el Perú está en desventaja ante el primer mundo. Aquí se cree que si todo el Perú fuera como Lima o como Miraflores, seríamos del primer mundo. Pero en realidad estamos a años luz. Y si se quiere hablar de cultura, igual la diferencia es grande. Shakespeare, Victor Hugo, Cervantes, todos estos escritores son mundialmente conocidos. ¿Y el Inca Garcilaso, Guamán Poma, Vallejo? Nadie los conoce en París, solo unos pocos. Somos pequeños en relación a la capacidad de diálogo que nuestra cultura tiene con las otras, y este es el problema”.

Detalle de la carátula de Codex de los poderes y los encantos (Ed. Olifante, Zaragoza, 2011)
Los dos últimos libros de Rodríguez-Gaona son Parque infantil (Pre-Textos, 2005) y Codex de los poderes y los encantos (Olifante, 2011), ambos publicados en España. El primero es un recuento a la relación con su fallecido padre, y el segundo (cuya versión en PDF se puede encontrar en Letras5) es un canto épico que, sobre la base de los Comentarios Reales y Nueva corónica y buen gobierno, busca establecer este diálogo aún ausente entre Europa y los “marginales de occidente”, y reflexionar sobre su propia elección de vivir en España. “Son pocos los escritores los que han deseado integrarse al país al que han emigrado. Los cuentos de Ribeyro siempre trataron de la Lima de los cuarenta o cincuenta y los poetas del siglo XX que pasaron por Europa siempre se quedaron mirando el Perú de lejos. En Codex… hay un deseo de entablar un intercambio entre historia americana y europea que, de algún modo, yo también he vivido al escoger vivir fuera de mi país”.
“A mí me dijeron que viajara a España porque allí iba a ser feliz. Pero fue justo este el momento en el que el mundo vivía una vorágine consumista, una soberbia de nuevos ricos, y a comienzos del siglo XXI todo explotó. La crisis que hoy ha golpeado a España la obliga a redefinir su posición en Europa”.
Martín continúa, lee el Canto I de su libro, La dueña y los altos oficios, y luego vienen las preguntas. Sus respuestas evocan de nuevo a Baudelaire: “El poeta busca las correspondencias, un orden ficticio que pueda explicar el caótico universo. Este sistema de relaciones, de espejos, permite al poeta entender el mundo”. Sus respuestas también tratan sobre los momentos para la reflexión y los momentos para la escritura: “Hoy trato de darme el tiempo necesario para entender las cosas. Así también es el arte: busca conciliar lo efímero con lo trascendente. Hoy no creemos en la eternidad, pero tenemos el ansia de eternidad”.
“¿Crees tú que los temas de tu poesía se deben tratar con seriedad o con humor?”, le preguntan. “¿Depende tu poesía de la opinión que tengas de los temas que tratas?”,
“Yo creo que ya no me detengo mucho a pensar si tengo una opinión buena o mala, en si algo me parece bien o mal o si me gusta o no. De lo que tengo ganas es de interpretar… Esto me entusiasma. Gustar o no gustar algo depende de la edad que se tenga o de las relaciones particulares que se tienen con un objeto, un libro o una persona. Lo que más me entusiasma es saber que algo despierta mi curiosidad”.
“¿Y cómo escribes? ¿Cuándo sabes que un poema tuyo está listo?”
“Sé que hay poemas míos que están bien escritos y eso me alegra. Pero el poeta nunca podrá saber si mañana podrá alcanzar la poesía. Es cierto que las lecturas y las traducciones –sobre todo las traducciones— que he hecho me han permitido aprender nuevas cosas, estilos, ir hasta la profundidad de las palabras utilizadas por los poetas en su obra. ¿Se escribe siempre? Puedo escribir un ensayo sin problemas, pues se trata, ante todo, de una labor intelectual y lógica. Pero creo que para escribir poesía uno tiene que tener su espacio, su lugar. Poesía se escribe cuando uno está cargado, y cuando aparece el detonante, ya eres otro. Pero el poeta siempre se pregunta lo mismo: ¿lograré ser digno de la poesía? Y allí está lo más emocionante de esta elección”.
Tímido e intenso, mínimo y máximo, Rodríguez-Gaona termina sus palabras y se gana el aplauso. Al día siguiente parte a España. No tuvo oportunidad de presentar Codex… en Lima, pero ya regresará. ¿Cuándo? No se sabe. Pero seguramente con otro libro de diálogos, ideas y más poesía.
Carta abierta para Alfonso Cisneros Cox
Friday December 16th 2011, 11:05 am
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Homenaje

A partir de la reciente desaparición del poeta Alfonso Cisneros en el mes de octubre, le pedimos a José Carlos Collazos, quien fuera amigo cercano suyo, nos escribiera algunas líneas sobre su persona. Aquí tenemos su carta en la que no nos habla de su poesía sino del profesor que conoció en la Universidad de Lima: aquel maestro de apreciación musical quien enseñó a sus alumnos tanto la belleza de las melodías de Brahms como la alegría de la música popular de España o Irlanda.
Cisneros fue autor de los libros Láminas (1979), Cantigas (1986), El pez muerto (1986), Casa deshabitada (1992) y El agua en la ciénaga. Antología poética: 1978-2008 (2008), en la que compila treinta años de su obra lírica.
En el año 2001 ganó el primer premio de la revista electrónica “El rincón del haiku” con el poema “Un charco: / la calle inundada / de cielo” (ver Urbanotopía). En internet aún se encuentra en línea el blog que abrió en el año 2009: “El agua en la ciénaga”.
Querido Fonchín,
Me propusieron escribir una nota para la bitácora de la revista virtual El hablador. El tema es realmente singular: eres tú. Debo confesarte que he aceptado la invitación de inmediato.
Si la tarea encomendada hubiera sido realizar un análisis sobre tu poesía, habría rechazado la idea porque es fácil encontrar a estudiosos más capaces que yo para ejecutar un trabajo tan preciso y objetivo. Sin embargo, me ofrecieron elaborar un artículo a partir de nuestra amistad. Como comprenderás, no tenía derecho a negarme.
Creo que empezaré por el inicio, cuando me trasladé a una nueva universidad y me inscribí de manera casual en una materia impartida por un catedrático de quien no tenía mayor referencia. Recuerdo que no confiaba mucho en tu entusiasmo. La manera en que percibías la vida y el arte me parecía muy poco lógica, nada metódica y resultaba incompatible con mis ideas escolásticas. Imagino que esos prejuicios se reflejaban en mi discurso. Nuestras discusiones durante las clases eran periódicas.
Una tarde me pediste que te ayudara a explicar al resto de los alumnos ciertas definiciones relativas a la estética. De manera muy humilde, me explicaste que no sabías mucho sobre aquellas cuestiones. Accedí a tu pedido con la condición de que leyeras uno de mis libros de cabecera. Llegado el día, formamos un buen tándem; te habías preparado a conciencia, demostrando ser una persona abierta y receptiva. Naturalmente, dejé de cuestionarte y la contienda cesó. Tiempo después coincidimos en un segundo curso. Todo transcurrió con normalidad hasta que llegamos a la primera lección de la parte dedicada a la música en el cine.
Creo que no podré realizar una descripción adecuada de ese instante. Se proyectó un mediometraje y aparecieron, de manera sucesiva, fundidos parciales que daban paso a primeros planos de pintura seca sobre una paleta sin lavar, pinceles manchados y tubos exprimidos. Las imágenes adquirían mayor fuerza y unidad por el acompañamiento de una melodía de carácter sublime. En mis últimos años como estudiante de pregrado, repetí la experiencia cuatro veces más, trabajando como tu asistente.
Realmente disfrutaba aquella labor. El proceso incluía preparar el material, compartir el dictado, corregir trabajos y exámenes. Las tardes que destinábamos para cumplir con esas obligaciones finalizaban invariablemente con sesiones de música y coloquios sinceros. Creo que esos sencillos intercambios de expresiones claras y la comodidad de muchos silencios me procuraron un ambiente propicio para descubrir los diferentes matices de tu persona. Finalmente, pude entender y respetar al profesor, quien estaba genuinamente interesado en sensibilizar a sus jóvenes estudiantes. Compartí muchos pensamientos con el poeta, quien me formulaba preguntas constantemente; yo me esforzaba en disipar sus dudas para luego manifestar las mías, generando una dialéctica libre y espontánea. Aunque no pude conocer al músico siempre lo imagino sobre un malecón, solemne, ensayando su trémolo preferido.
Maestro, no sé cómo resolver este texto. Estoy acostumbrado a que revises todo lo que escribo. Nunca te niegas, no te molestan mis intentos más torpes. Con cuánto cariño me indicas que algo es imposible de enmendar y con cuánta emoción señalas mis éxitos; no me refiero solo al aspecto creativo. Quiero que sepas que tus opiniones son invaluables; sin ellas estaría perdido.
En este momento, la razón es insistente. Me asegura que no estás, que no podrás leer esta carta. Replicaré sin rabia, con los ojos cerrados, susurrando: “mi mejor amigo me enseñó cómo avivar mi mundo interior. Él habita en sus playas, ahora que el mar está azul.”
Hasta siempre,
José Carlos
“Rito verbal: muestra de poesía peruana: 2000 – 2010″ y “Humus” de Leslie Lee Crosby

El día de hoy, viernes 16, se realizarán dos encuentros de mucho interés para los aficionados a la poesía.
Rito verbal: muestra de poesía peruana: 2000 – 2010, trabajo realizado por Raúl Heraud y editado por Elefante Editores, se presentará el viernes 16 de diciembre a las 6:00 pm. en la Casa de la Literatura Peruana. Los comentarios estarán a cargo de Hildebrando Pérez Grande, Miguel Ildefonso y César Pineda Quilca. El ingreso es libre.
Entre los cuarentaidós poetas antologados se encuentran Andrea Cabel, Claudia Cáceres, Arianna Castañeda, Cromwell Castillo, Ana María Falconí, Giancarlo Huapaya, Diego Lazarte, Giuliana Llamoja, Melissa Patiño, Víctor Ruiz y Denisse Vega.
El otro libro es Humus, del reconocido pintor y profesor Leslie Lee, quien incursiona por primera vez en la poesía. Sandro Chiri, Luis Millones, Rafael Hastings y –¡también!— Hildebrando Pérez Grande se harán cargo de los comentarios del joven poeta de 69 años. La publicación está a cargo de Ediciones La Casa de Cartón y el encuentro será en la Sala de Conferencias del Centro Cultural PUCP (Av. Camino Real 1075, San Isidro) a las 7:30pm.
Vagamente muchos peruanos
Monday December 12th 2011, 10:02 am
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Columnas
Lima, “la más extraña y triste ciudad que usted pueda ver”,
y las limeñas hechiceras en Melville y Bernhard
Por Alejandro Neyra
Lima, antigua ciudad de los Reyes, otrora ciudad jardín y hoy más cerca de ganarse el epíteto de Salazar Bondy, ha sido mencionada en diversas obras de ficción. Quizás quien más lo haya hecho, probablemente porque además pasó como marinero por nuestro mar y por nuestra capital, fue Herman Melville[1], quien debió llegar en la época más odiosa del año –entre junio y agosto, se aceptan apuestas– si nos remitimos a su famosa y terrible descripción sobre la blancura de la ballena en Moby Dick, donde dice que es Lima “la más extraña y triste ciudad que se pueda ver.[2]”

Lima aparece mencionada así, al paso, pero con mucha precisión por Melville, como una ciudad seca, sin lágrimas, como una ciudad “blanca”, entendiendo ese color como símbolo de algo profundo, incomprensible y, por qué no -disculpen el oxímoron- oscuro. Pero es también en “The Town-Ho’s Story” y en Benito Cereno que aparece nuevamente Lima y los limeños, y también en una brevísima historia “policial” de Thomas Bernhard, el enigmático autor austriaco, en donde aparece nuevamente nuestra ciudad capital. Pero antes de seguir, y para no perder la costumbre, presentamos también un pequeño entremés que esta vez nos conduce a la más famosa viñeta europea: las aventuras de Tintin… ¡en el Perú!
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Tintin y el templo del sol
Como ya es costumbre, proponemos un pequeño entremés, en esta ocasión para revisar una de las aventuras del personaje más conocido de la historieta europea: el aventurero belga Tintin (Tantán si quieren lucir su francés), quien además llega muy pronto a la pantalla grande (en 3D) gracias a la colaboración de Steven Spielberg y de Peter Jackson.

Tintin es un joven reportero creado por el caricaturista belga Hergé en 1929. Tintin tiene el pelo rubio y un peinado peculiar, y va por el mundo acompañado de su perrito Milou, metiéndose en problemas pero también desfaciendo entuertos. En 1944 aparece la edición de Tintin et el temple du soleil (Tintin y el templo del sol) en el que el joven llega al Perú para encontrar a uno de sus compañeros de aventuras, el doctor Tournesol, quien está a punto de ser sacrificado al sol (Tintin es un viajero un poco atemporal y atípico y en esta historieta específica se mezclan detalles históricos y tiempos reales y ficticios). En el Perú, Tintin y sus amigos son ayudados por el indio Zorrino (curioso nombre ¿quechua?) y al final libera a su amigo gracias a una treta de esas que aparecen en tantas obras de ficción. Los incas no saben nada acerca de eclipses (¡por favor!) y al predecir uno Tintin llega a salvar al profesor Tournesol.
Detalles curiosos: un mapa mutilado del Perú (en favor del Ecuador), huacos y momias extrañas por decir lo menos, la velocidad del viaje en los andes en los belicosos años cuarenta y muchos más que pueden atribuirse tanto a Hergé mismo como a nada más y menos que Gastón Leroux. ¿Quién es Gastón Leroux? Un famoso escritor francés de novelas detectivescas entre las que destaca sobre todo El fantasma de la ópera y, para el propósito que nos convoca, la novela L’épouse du soleil o La esposa del sol, que es la historia en la que se inspiró Hergé para esta específica serie de su saga tintiniana. ¡A leer se ha dicho!
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Melville en Lima
En 1844 pasa Herman Melville por Lima y debe haber causado en él gran admiración encontrarse con la antigua capital del Virreinato del Perú, la catedral, el puente sobre el río Rímac y la forma de vestir de los limeños y de las limeñas –sobre todo estas últimas- a las que vuelve en diversas oportunidades en sus obras. La más famosa de todas, la descripción que está en Moby Dick, como ya vimos, pero sobre todo el orden colonial aparece reflejado en Benito Cereno. Es esta una obra corta que aparece publicada por entregas en 1855 en la revista Putnam y que a su vez tiene base en un relato histórico de 1817, efectuado por parte del capitán que constituye con Benito Cereno el eje de la historia, el navegante de curioso nombre: Amasa Delano.

El relato de Melville transcurre en 1799 y ya desde el inicio encontramos una referencia curiosa a la “Lima intrigante”, en una larga metáfora que de alguna manera compara un clima sombrío y vaporoso, por el que queda un resquicio de luminosidad, con el ojo de una intrigante limeña vestida con saya y manto. En la historia, Delano encuentra un barco aparentemente siniestrado en las costas de Chile y se aproxima a él para brindar ayuda. El capitán del navío, Benito Cereno –acompañado siempre de un negro esclavo, Babo, que parece ser su mano derecha-, se muestra siempre reticente, parco y melancólico al hablar, y explica la mala suerte de peste y tempestades que los ha llevado a esas costas y que los dejó en tan mala condición física y espiritual.
Se trata de un excelente relato en el que poco a poco vamos acercándonos a la verdad: los esclavos del barco han asesinado a casi toda la tripulación y obligan a Cereno y a los otros blancos sobrevivientes a llevarlos a Senegal. La intervención de Delano y el coraje de Cereno, muestran finalmente la verdad y permiten que el “San Dominick” –cuya insignia reza “Seguid a vuestro Jefe”- sea llevado a Lima, donde las cortes del Virreinato se ocuparán de juzgar a los negros rebeldes y resarcir a los sobrevivientes dando cristiana sepultura a los blancos asesinados. Como puede apreciarse, hay varias versiones de los hechos y hacia el final leemos la deposición judicial de Benito Cereno, quien describe la hordalía sufrida pero no resiste el drama y decide recluirse en el convento de Monte Agonía, en Lima, donde muere al poco tiempo.
Benito Cereno ha sido visto, por algunos, como esclavista y, por otros, como abolicionista. En todo caso, su lectura y la aparición de algunos personajes menores limeños hacia el final del relato bastan y sobran para que sea recomendable. Como lo es también un artículo del que probablemente se guió Melville para componer sus paisajes y personajes. Se trata de un artículo que aparece en 1851 en Harper’s y que lleva por título “Lima and the Limanians[3]”. La descripción de la vida en Lima y de algunas costumbres de la Lima recientemente independizada (algunas que aun permanecen como las corridas de toros) así como los dibujos y descripciones de los caballeras y de las limeñas “hechiceras” vestidas con saya y manto, constituyen una joya histórica de la cual solo rescatamos la siguiente frase, que quien sabe continúe gozando de validez:
“En Lima, así como en todo Sudamérica, las mujeres son, intelectual y físicamente, muy superiores a los hombres. Todos los visitantes de Lima hablan con cálida admiración de la gracia de las Limeñas, quienes son las más encantadoras y graciosas mujeres de Sudamérica”.
La Lima de Thomas Bernhard
Thomas Bernhard es un autor austriaco que para muchos sigue la línea trazada por otros escritores en alemán como Kafka y Mann. Su visión sombría y al mismo tiempo irónica del destino humano (y de su propio país, con el que muere irreconciliado) lo hacen uno de los autores más importantes del siglo XX. Apenas conociendo muy poco de su obra (Gárgolas, El Perdedor, El sobrino de Heidegger) nos aventuramos a ver si entre su vasta obra había alguna referencia al Perú. Y he aquí que presentamos un texto que también nos aventuramos a traducir, que está en su colección de relatos El imitador de voces y que regalamos para que ustedes mismos saquen sus conclusiones sobre: 1) la calidad de Bernhard; 2) la extraña idea de un austriaco que busca a su mujer en las antípodas de los Alpes (¿los Andes?) en una insólita variante de “Marco, de los Apeninos a los Andes” (aunque ojo, las antípodas del Perú en realidad están en Camboya); 3) la impresionante capacidad analítica de la benemérita policía nacional peruana, conocedora de los secretos de los montes salzburgueses. Todo para disfrutar de este bizarro relato limeño.
“En Lima”
En Lima un hombre fue arrestado, porfiando tercamente que quería ir a los Andes para buscar a su esposa que había desaparecido en las montañas de Tauern el año anterior y que, como señala el hombre detenido por la policía en Lima, había aparentemente perdido la ruta y caído en una grieta en las inmediaciones de Tappenkar. Pero como las montañas de Tauern, y a decir verdad también Tappenkar, quedan en los Alpes salzburgueses, como hasta los oficiales de policía de Lima sabían, no sorprende que los policías peruanos inquirieran al sujeto, a quien en estado de negación total, y usando solo unos pantalones raídos y una chompa de pastor Carintia habían arrestado en el centro de Lima con actitud sospechosa, qué hacía realmente en el Perú. El hombre detenido nació en realidad en Ferlach en Carintia y es un próspero comerciante dueño de una armería en esa ciudad. Nuestro diario local no ofreció mayores detalles.
[1] En 1844 con el navío USS United States.
[2] Moby Dick, Capítulo XLII: La blancura de la ballena.
[3] Maravillosamente el artículo completo puede ser encontrado en: http://books.google.com/books?id=OYwCAAAAIAAJ&pg=PA598&dq=lima+limanians+harper&hl=en&ei=S-x_TommGrHH0AGMsvjoDw&sa=X&oi=book_result&ct=book-thumbnail&resnum=2&ved=0CDQQ6wEwAQ#v=onepage&q=lima%20limanians%20harper&f=false
El discreto encanto de la clase media
Wednesday December 07th 2011, 9:54 pm
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Reseñas
Por Rómulo Torre Toro
Emaús (Anagrama, 2011) es una novela sobre la clase media y sobre la soledad de la clase media. La última novela de Alessandro Baricco (Turín, 1958) nos cuenta la historia de cuatro adolescentes que están, como sus familias, agradecidos de vivir en la niebla. De hecho, Emaús dibuja la mentalidad de familias clasemedieras que aspiran, en primer lugar, a una vida normalizada, una vida que sea como la sociedad exige que sea: sin excesos, mesurada, con los límites bien delineados. Así: una vida en la niebla. Pero no solo es esto. La novela de Baricco nos traza, también, un proceso: el descubrimiento que hacen estos cuatro adolescentes de una vida distinta, alejada de los criterios de sus familias. Es decir, descubren su propia locura. La novela, desde la mirada angustiada del joven narrador, nos da un panorama muy particular de la dinámica social italiana.
Tenemos a cuatro adolescentes: Bobby, el Santo, Luca y el narrador. Como sus hábitos lo exigen son católicos y no hay otra alternativa: la fe es algo incuestionable, sin ella nada tendría sentido. Forman el grupo musical en las misas, animan la liturgia, la gente los trata con respeto y su decencia está fuera de discusión. Su piedad religiosa los lleva a extender sus servicios: asisten a los ancianos hospitalizados en la unidad de urología, les cambian las bolsas de orina, les conversan, tratan de hacerles la vida más llevadera. Por lo menos lo que les queda de ella. La fe es, entonces, uno de los elementos centrales en su educación, porque alrededor de ella constituyen su modo de entender la vida. Los actos piadosos son un factor importante, pues suponen “dominar no poco asco, debido a la suciedad, los olores y los detalles” (p. 25). También su vida sexual: sus relaciones se limitan a las caricias por debajo de las sábanas. Nada más. El placer es ajeno a sus intereses porque lo que prima es el deber: no importa lo desagradable que resulte lo que se está haciendo, los muchachos hacen lo que deben hacer. Este deber-hacer está dictado por sus costumbres familiares y las de su clase. Costumbres que los adolescentes, en un primer momento, no quieren romper, no les interesa siquiera “porque todos somos chicos que llegan puntuales para la cena –nuestras familias creen en las costumbres y en los horarios” (p. 28).
De esta manera, el narrador caracteriza en pocos trazos a los sectores de clase media. Sus costumbres, su educación, los lugares en los que se desplazan, los detalles de su vida, tienden a ocultar lo extraño, a aceptar el dolor, las desgracias y entenderlas como algo natural, como parte de la vida, y que es imposible evitarlas. Más aún: resulta imposible no vivirlas. Pretender escapar es una señal de locura, porque intentos de ese tipo significarían quedar al margen, fuera de la normalidad. De ahí que, como dije al principio, prefieran vivir en la niebla. El sentido del título del libro encuentra su explicación en esa misma línea: en la historia bíblica, dos discípulos que van a Emaús se encuentran en el camino con un viajero con el que conversan y comparten los alimentos sin reconocer en él a Jesucristo. Viven sin saber qué pasaba a su alrededor:
¿Cómo hemos podido no saber, durante tanto tiempo, nada de lo que era y, a pesar de todo, sentarnos a la mesa de todas las cosas y personas que íbamos encontrando a lo largo del camino? […] y al final del proceso caminamos igual que discípulos hacia Emaús, ciegos, al lado de amigos y amores que no reconocemos –fiándonos de un Dios que ya no sabe nada sobre sí mismo. Por eso conocemos la marcha de las cosas y luego recibimos el final de las mismas, pero siempre ausentes de su corazón. Somos aurora y, no obstante, epílogo –perenne descubrimiento tardío (p. 65 – 66).
La vida es una constante repetición y una constante convivencia con la ignorancia. Ahí radica la felicidad y el equilibrio: con la familia y, por extensión, con la sociedad.
Sin embargo, estos adolescentes llevan cierto germen, algo de esa locura mencionada líneas arriba. Por ejemplo, quieren formar una banda que vaya más allá de la música de misa. Pero lo que enciende su íntima capacidad para desbordarse proviene de un mundo alejado y extraño al suyo: de los ricos. Es sumamente interesante ver cómo el narrador nos da la imagen de ellos:
“Más lejos, más allá de nuestras costumbres […] están esos otros […]. Lo que salta a la vista es que no creen –aparentemente no creen en nada. Pero también cierta desidia ante el dinero […]. Lo más probable es que, simplemente, sean ricos […]. No son morales, no son prudentes, no sienten vergüenza, y son así desde hace un montón de tiempo” (p. 17).
La normalidad que viven estos muchachos empieza en sus familias y en la jerarquía que reina en ellas. La clase alta, por el contrario, tiene cualidades distintas, tiene derechos más amplios. Ellos, los ricos, tienen derecho, por ejemplo, a destinos trágicos. Los clasemedieros no pueden permitirse lo trágico, “tal vez ni siquiera un destino” (p. 30). Los ricos no tienen límites o parámetros por respetar. De ese mundo proviene Andre.
Andre vive deprisa: tiene una sexualidad demasiado libre, va por el mundo con una comodidad absoluta, nada puede sorprenderla. Parece conocer el sentido de las cosas y las trata con familiaridad. De ella se desprende originalidad. Esta cualidad es lo que define su diferencia y la forma en que la miran el resto de muchachos de clase media: Andre no finge, como ellos, sino que simplemente hace lo que quiere y no le interesa escandalizar a alguien. Es vista con envidia por las chicas y con una mezcla de recelo y deseo por los chicos. Es inalcanzable.
Es el factor que propicia la ruptura. Como dije, en los cuatro adolescentes ya existe cierto germen de locura, de alejarse de los caminos ya conocidos. De manera más o menos directa, en diferentes niveles, Andre afectará a estos muchachos. Sus historias, a partir de ella, se irán uniendo y, a la vez, se irán desligando paulatinamente, pero de forma cada vez más irreversible. Los cuatro amigos quedarán de pronto como completos extraños, aislados en un mundo que se presenta hostil. Bobby se convertirá en un consumidor indiscriminado de heroína, imagen que recuerda mucho, en el modo cómo el narrador la describe, a las escenas del film Trainspotting. El narrador y Luca descubrirán el sexo con ella. De hecho, Luca es, junto al Santo, uno de los personajes que más siente trastocada su vida. Lo primero que Luca entiende es que su padre es un sujeto anormal, un tipo enfermo al que todos consideran una pesada carga para el resto de su familia. La magnitud de esta ruptura la expresa el narrador: “Tenemos una fe ciega en nuestros padres, lo que vemos en casa es la justa y equilibrada marcha de las cosas, el protocolo de lo que consideramos una salud mental” (p. 35). En efecto, Luca entiende la debilidad de su padre y, ante la perspectiva de haber dejado embarazada a Andre, decide que no le puede hacer eso y se tira desde el balcón de su casa. Se tira de espaldas, como uno de los personajes infantiles de la novela Océano mar (1993), sin saber que él no tiene ninguna culpa y, como dice el Santo después, se ha llevado “toda la muerte y todo el miedo”.
El Santo lo afirma porque es el padre del niño que espera Andre. Tomando en cuenta que además asesina a Sylvie, una prostituta homosexual, por lo que es encarcelado, y que su religiosidad es la más fuerte de entre los cuatro muchachos, la transformación que sufre el Santo es inmensa. Su postura, más ligada al discurso de la fe, hace que al final de la novela su posición sea la más dramática. El Santo es quien afirma que la fe que ellos profesan es un credo vacío, porque son “los únicos que adoramos a un dios muerto” (p. 145) y quien llega a la conclusión de que sus vidas estaban marcadas, desde antes, por la locura: “dice que nunca ha existido un antes de Andre, porque éramos así desde siempre” (p. 145). Vidas perdidas para una sociedad que crea las condiciones para la reproducción de la mentalidad de sus ciudadanos. Vidas perdidas porque han optado por destruirse en la búsqueda de originalidad.
Alessandro Baricco
Emaús
Buenos Aires, Anagrama, 2011. 150 pp.