UNOS, DOS, TRES, LAS LISTAS OTRA VEZ
Por Martín Mauricio
Bueno, volvemos a las listas de las mejores del año, aunque ahora la elección ha sido más difícil, no por haber encontrado o visto grandes películas, sino por la ausencia de las mismas. Todas se encuentran en un nivel medio, no hay quienes sobresalgan nítidamente, así que lo que van a encontrar es puro y únicamente de gusto particular. Puede llamar la atención no encontrar tal vez a Rito Diabólico, Scream 4, Novias en Fuga, Más allá de la Vida, Super8 o Lazos de Sangre. También, cómo no, habría podido estar dos muy buenas, decentes y entretenidas cintas como Misión Imposible 4 o Las Aventuras de Tin Tin. En fin, para empezar la polémica, estas son las 10 mejores películas del año.
1. Temple de Acero (True Grit) de Joel y Ethan Coen
A pesar de los logros cinematográficos y sus múltiples premios –Fargo, entre sus obras más conocidas- hubo un tiempo en que los hermanos Coen eran considerados como hábiles artesanos que sabían contar historias entretenidas pero carentes de emoción. Puede ser que la opinión haya cambiado en Sin Lugar para los Débiles, la novela de Cormac McCarthy llevada al cine supuso un quiebre en su carrera, un western postmoderno narrado con excelsa capacidad visual y mucha fluidez narrativa. En su última película los Coen vuelven a esas dos fuentes que le dieron tantas satisfacciones. Primero, dejar nuevamente los guiones originales y adaptar la novela de Charles Portis del mismo nombre; y segundo, la vuelta al western pero desde un clasicismo tanto narrativo como estético.
Después del asesinato de su padre, Mattie Ross (Hailee Steinfeld) contrata los servicios de un asesino a sueldo: un vaquero alcohólico, pero de innegable sabiduría (Jeff Bridges). Ambos recorrerán el oeste americano en un extraño viaje donde lo mítico se confunde con la realidad. En Temple de Acero, la venganza es el factor principal, es el motor que da sentido a la vida en el pequeño cuerpo de Mattie, y eso es relativamente nuevo en el cine de los Coen. Ese nihilismo, muchas veces desesperante de los hermanos más famosos del cine americano, en Temple de Acero se deja de lado por una historia más humana, hasta en algunos casos sentimental, pero valiente y jubilosa.
2. Escritor Oculto (The Ghost Writer) de Roman Polanski
El regreso de Polanski a nuestras salas de cine es el retorno del mejor cine. Todo lo que realiza el director polaco-francés es siempre objeto de atención no solo por ese amarillismo que lo persigue por sus condenas policiales, sino por esa claridad y capacidad para construir relatos modernos, así estas se desarrollen en cualquier época de la historia. El Escritor Oculto no es la excepción. Un ex Primer Ministro Inglés –cualquier parecido con Tony Blair si es coincidencia-, Adam Lang (Pierce Brosnan), contrata el trabajo de un escritor “negro” (Ewan Mc Gregor) para que le ayude a elaborar sus memorias.
Basada en la novela de Robert Harris, este guión se convierte en las manos de Polanski en una película de suspenso, de aventuras y de secretos de estado, donde cada secuencia de la cinta encierra lecciones de cine de un director en plena forma.
3. El Cisne Negro (Black Swan) de Darren Aronofsky
Darren Aronofsky es un director polémico, tiene tantos detractores como fervientes entusiastas defensores de su cine, sobre todo de esa cualidad muy propia que es su estética visual, y si hay algo que no se le puede negar es el constante compromiso de un cineasta apasionado por las imágenes. Nina (Natalie Portman) es una eximia bailarina que se presenta a una audición para dar vida al Cisne Negro en “El Lago de los Cisnes”. Su falta de audacia y malicia la hacen caer en una metamorfosis destructiva que no es más que un deseo reprimido que lleva por años, sumado esto a la continua vigilancia de una madre castradora. Esa conversión que busca Nina de Cisne Blanco a Negro es en las manos de Aronofsky una pesadilla inquietante con un desenlace mortal.
4. Triste San Valentín (Blue Valentine) de Derek Cianfrace
Si bien la película de Derek Cianfrance no era una sorpresa –sí su estreno en la cartelera peruana- por los premios y nominaciones que había conseguido, es un respiro diferente dentro de los vicios comunes del cine indie americano, en muchos casos snobista o demagógico. Michelle Williams y Ryan Gosling no son una simple pareja que se encuentra en el ocaso de un matrimonio, es una pareja desconsolada por el fracaso y la pérdida de sus deseos en común. Cianfrance nos muestra -en un gran montaje- ese desamor, con la intimidad y dulzura de los primeros encuentros. Pocas veces se ha visto con tanta intensidad dentro de una pantalla de cine, esas tinieblas que surgen en las crisis matrimoniales que no son más que retratos puros y sinceros del fin de la vida en pareja.
5. Camino a la Libertad (The Way Back) de Peter Weir
La libertad siempre ha sido una de las características del cine de Peter Weir. Eso es lo que buscaba Jim Carrey en el Show de Truman o Jeff Bridges en Sin Miedo a la Vida. Esos grandes espacios naturales donde el ser humano se siente diminuto como las estepas siberianas en Camino a la Libertad o el inmenso océano de Capitán de Mar y Guerra, son lugares de escape y de enfrentamiento con su destino. Janusz, Valka, Zoran, han logrado huir de los Gúlag siberianos, pero deambulan por un maravilloso territorio que es propiedad de un Stalin que se encuentra en constante presencia dentro de la película, como un gran obstáculo que se tiene que sortear para ser por fin libres. Todos ellos emprenden un camino de supervivencia tan irreal para la conciencia humana, pero que Peter Weir logra llenar de coraje y espíritu.
6. Medianoche en París (Midnight in Paris) de Woody Allen
Desde que Woody Allen dejó Nueva York hace más de seis años –o siete películas para ser exactos, recordemos su propósito de realizar un filme por año- para hacer un viaje por el continente más antiguo, sus fervientes admiradores esperaban con muchas ansias ese encuentro con una de las ciudades más románticas y poéticas de Europa: París. Y ese encuentro devino en una película que rinde homenaje no solo a las diversas y maravillosas épocas y mitos de los cuales se ha construido la ciudad luz a lo largo de los años, sino también al cine más puro y emblemático. Medianoche en París es sin lugar a dudas la película que siempre pensó realizar Woody Allen y a sus 75 años se le nota más vital y jovial que nunca.
7. El Planeta de los Simios (Rise of The Planet of The Apes) de Rupert Wyatt
Desde un comienzo la expectativa por ver esta película fue aumentando no solo por el hecho de que en un momento se esperaba un remake de la gran obra de Franklin J. Schaffner, sino de la alta propuesta de tecnología digital de Rupert Wyatt, un joven director Inglés que había realizado una aceptable película que pasó desapercibida al ojo crítico: El Escapista. El resultado más que sorprendente fue gratificante, El Planeta de los Simios es la perfecta simbiosis de tecnología, acción y dramatismo. Esta precuela, que recoge de varias otras cintas que se hicieron después de la de Schaffner, se acerca a temas mucho más modernos como el contrabando científico, el abuso de poder, la trata de personas y la libertad.
8. Rango (Rango) de Gore Verbinski
Gore Verbinski es un cineasta que sorprende, tal vez en muchos casos se menosprecie su obra –tampoco es que tenga un gran legado–, pero para algunos siempre da un poco más de lo que uno espera. Así pasó con Piratas del Caribe hasta que las segundas y terceras partes hundieron al barco, también con la comedia negra en El Hombre del Tiempo o con la aceptable adaptación de El Aro para su versión americana. Rango es un western divertido, con grandes escenas de acción, con diálogos del mejor cine del oeste. Hay villanos y anti-héroes y si la ves en su idioma original un reparto de lujo. Por primera vez en varios años, Pixar va a tener que ceder sus premios a la mejor película animada.
9. El Peleador (The Fighter) de David O. Russell
El deporte más cinematográfico por excelencia siempre ha sido el Boxeo. Sus personajes han contribuido generosamente a ampliar la gama de los grandes personajes del la industria. Cada uno de ellos tiene una historia de vida que va desde el drama hasta el espectáculo, de la gloria a la sobrevivencia. La película de David O. Russell tal vez no esté dentro de las mejores del género, pero tiene algo de lo cual carecen muchas: profundiza de la mejor y más brutal manera ese mundo del white trash americano. La historia de Micky Ward y la relación tirante con su medio hermano y su familia es un intenso relato dramático con un gran actor -que repetimos con insistencia- no es lo suficientemente valorado como debería ser: Mark Whalberg.
10. Un lugar en el Corazón (Somewhere) de Sofía Coppola
Sofía Coppola regresa al tema de las relaciones ahora con la historia de una estrella de Hollywood y su hija preadolescente. Como en sus anteriores películas, Las Vírgenes Suicidas, Perdidos en Tokio o María Antonieta, el trazo de la cineasta ganadora del Oscar es siempre audaz, cómico y dramático a la vez. Su mirada en tonos pausados y contemplativos la ponen como una de las principales representantes del cine indie americano. Somewhere es un film íntimo, narrado desapasionadamente, pero con la sabiduría de una directora a punto de hacer su gran obra.




