Desde los Buenos Aires

 

Esta semana refuerza la Bitácora de El Hablador, como nuevo columnista, Carlos Germán Amézaga (Lima, 1958). 

Él ha presentado colaboraciones de crónicas de cine y de poesía en la revista virtual Versiones, editada en Portugal, y en la revista virtual El Hablador. Es ganador del Primer Premio del “Cuento de las 2000 Palabras” de la revista Caretas en el año 2003 con el cuento “Ventanas opuestas” y del Concurso “Ganarse la Vida Bien o Mal” de la editorial Edinexus de España. Publicó Ventanas opuestas y otras ficciones verdaderas (Lima, San Marcos, 2007) y Fábulas de JJ y Ben-Yí (Bs.As., Dunken, 2011). Actualmente es Ministro y Cónsul General Adscrito en Buenos Aires.

Aquí va su primera columna: 

 

 

El calor, mi perro y Vallejo

 

 

Por Carlos Germán Amézaga

 

 

Camino por la callé Paraná y el sol me ataca desde arriba y desde abajo. Cuando llego a la altura de Corrientes casi no puedo avanzar más, el pavimento me quema las suelas de los zapatos y el calor es sofocante. Me meto a un café con aire acondicionado. No tengo nada que leer, pero sí algo donde escribir.

Como todos los veranos, Buenos Aires se muda a la costa. Las altas temperaturas hacen que buena parte de sus habitantes se vayan de la ciudad, huyan de esta atmósfera irrespirable y busquen el consuelo de las aguas del mar, aunque para llegar a ellas tengan que andar muchos kilómetros y les signifique toparse con miles de veraneantes que han tenido la misma idea. El tráfico disminuye, las calles están semivacías, negocios y librerías cerradas por vacaciones. Los teatros, símbolo del Buenos Aires culto y alegre, disminuyen su actividad en forma notable, pues las compañías se van a trabajar a la costa.

Mientras tanto, yo extraño a mi perro. Un domingo, hace poco, me acerqué a él, lo abracé y le hablé al oído. Mientras jugaba con sus grandes orejas de murciélago, le dije que lo quería mucho, que esos once años en su compañía habían sido muy felices. Al día siguiente, muy temprano, su corazón no pudo más y nos dejó. A veces me pregunto si no lo despedí antes de tiempo. A él no le gustaba el verano. A mí tampoco. Ahora lo echo de menos en las mañanas cuando solía sacarlo a pasear y cuando me siento en el sillón a leer, al no contar con su silente compañía.  Descansa amigo.

Los que nos tenemos que quedar en la ciudad, condenados al calor y la humedad, nos tropezamos felizmente, a veces, con algunas joyitas como ésta, aparecida en el diario Página/12, del 16 de enero. Son variaciones sobre temas de César Vallejo, de Juan Sasturain, que me permito glosar a continuación:

“I

Hoy me gusta la vida mucho menos,

pero siempre me gusta vivir: ya lo decía

el cholo Vallejo / poeta que solía

morir en París pero ya no:

                hoy es apenas un equipo

peruano de fútbol que juega / a veces /

                la Copa Libertadores

 

Hoy me gusta la vida enormemente

pero -dijo el poeta, y perdonen la tristeza-

con mi muerte querida y mi café / mi mate amargo.

Le doy / le cambio al César lo que es suyo/

                / le pongo a Vallejo lo que es nuestro:

salen frondosos castaños de bulevar

entran palmeras desplumadas de la Plaza.

 

¡Tantos años y siempre mis semanas!

hacía cuantas sin don, el perulero.

¡Tantos años y siempre, siempre, siempre!

recontaba el peruano sin Perú.

 

(….)

 

III

 

Niños y / o dueños del mundo:

si España cae –dijo y dice y tose todavía-

si la Argentina cae –yo digo, es un decir- si le toca

tropezar una vez más con la misma piedra vieja o nueva

sembrada / recalcada en su camino

si le toca que le toquen el culo y la vergüenza

 de haber sido y el dolor

                (déjà vu)

                               de ya no ser.

Si se cae o se cayera –mas digo un maldecir-

si el (otro) César le bajara el pulgar /

                el índice le subiera en las pizarras / si

                el mayor la recogiera en la desgracia.

Si se cayese –digo, que no se va a caer-

qué tarde la lectura de proclamas / qué pérdida las cartas sin correo

qué pretexto el contexto de aquel texto

qué tono el tono del esclarecido / qué triste el tango

                del solicitante

                      que ya nada ni a nadie solicita

 

Yo creía hasta ahora dice el cholo sutil

que todas las cosas del universo eran / inevitablemente /

padres o hijos

La esperanza es huérfana, caro Vallejo, pero tiene estos nietos.”

 

Por eso, pese a sus veranos y a la desaparición de mi perro bulldog francés nacido en Praga, me gusta vivir en Buenos Aires y desde acá iré encontrando otras historias para poder contar. 

 

About webmaster

La Bitácora de El Hablador es una web de actualidad cultural y literaria que, desde el 2007, trabaja en base a una propuesta que busca la constante reflexión, discusión y debate entre los autores de los artículos y los lectores de los mismos. Este blog ha sido administrado, siempre desde una propuesta personal, por Francisco Ángeles y Juan Francisco Ugarte. Desde el 2011 hasta la actualidad, el administrador de la página es Lenin Pantoja Torres.
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6 Responses to Desde los Buenos Aires

  1. barth says:

    increíblemente deliciosa. no encuentro otro adjetivo para describir esta columna que dice mucho en tan poco. esperaré la segunda columna con ansias!

  2. Alejo says:

    Qué alegría encontrar otro doble colega en esta exraordinaria bitácora!
    Un gran abrazo y larga vida
    A

  3. jugador número 12 de alianza says:

    buen texto y buen poema también, solo que siento que la conexion entre ambos no está bien definida

  4. Karen Ruiz says:

    Me gustan los bulldogs franceses, que pena que su perrito haya muerto.

  5. Siouxsie & the Banshees says:

    Vienen poetas argentinos a Lima.

    http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-24352-2012-02-14.html

    (entre creer y no creer, es mejor creer)

  6. Lichi says:

    se puede ser algo lúcido y tan ingenuo a la vez con esta historia del calor y del perro; querer ser niño en el fondo y pretender reconocimientos de adulto escritor de nimiedades. Bueno y el poema retocado y recreado de Saturain: si se puede banalizar a Vallejo el grande de esa manera tan idiota. (como puede escribir que “solía morir en parís pero ya no” y otras sandeces más:Oiga Saturaín deje tranquilo a Vallejo y escriba bajo su propia responsabilidad todas las trivialidades que quiera) L.

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