Por Juan Francisco Ugarte
Cero
En toda historia hay siempre un encuentro. A veces son dos tipos y una conversación en medio de la nada. A veces es algo que empieza a suceder hasta el infinito, lentamente, en la cabeza de uno de ellos como un recuerdo, como una forma de testimonio de lo que es y no dejará de ser nunca.
En esta hay alguien que se llama Rafael Delucchi. Un gordo aventurero, un actor extra, un guionista, un tipo bonachón que soñó siempre con dirigir películas, un criador de otorongos, un papá cool. Y está también el hombre que lo imagina, el que lo coloca al centro de un mundo anárquico, delirante, lleno de terror, aquel que una noche, después de muchos años, lo encuentra por cosas del azar en un bar y decide escribir una novela. Su nombre es Rodrigo Núñez Carvallo y es también muchas imágenes: alguien unido a un cigarro al interior de una habitación llena de cuadros, alguien sentado en un mueble frente a una pantalla de laptop, alguien que recibe a los amigos y se pone a pintar, despreocupado, absorto, nunca solo. Pero es sobre todo la imagen de un hombre que aguarda gran parte de su vida para escribir.
Uno. El lugar
La cita la habíamos pactado para un jueves a las 5:30 de la tarde. En su casa de Barranco. Su respuesta había sido “Normal”, “Los espero”, y la dirección del lugar. Era simplemente yo, pero no quise hacer la aclaración en ese momento. Algo tarde, aquel día, llegué a un pequeño edificio y pregunté por él en la puerta. Llevaba conmigo una grabadora, algunos cigarros y una mochila cuyo contenido se reducía únicamente a Sueños bárbaros, la novela que acababa de leer y por la cual decidí entrevistarlo. Conocía sus otros libros, La comedia del desierto y El sembrador de huarangos, publicados ambos en la década pasada, pero desde el principio intuí el carácter ambicioso de Sueños bárbaros, algo que iba más allá de un simple relato, una novela que podía ser muchas más novelas a la vez, un documento testimonial sobre una época traumática del Perú, un libro que se leía, en el fondo, como una película. La lectura no de un guion, sino de las propias escenas de la cinta, de muchas imágenes superpuestas, mezcladas entre sí, de los colores moviéndose continuamente, de la viva representación de un mundo que olvidamos ha sido construido por palabras. Es la novela más película que he leído. Y a mí me interesaba saber sobre los hechos reales, los personajes reales, las historias ocultas detrás de ese libro.
El tipo de la puerta me dice que puedo entrar. No toques, sólo abre, me indica, y eso hago. Lo primero que observo es una sala y un hombre sentado en un mueble rojo frente a su laptop. Nos saludamos. ¿Vienes solo?, pregunta. Sí. Conversamos un rato. Tienes cara de ser de la Católica, dice. Se ríe un poco, y yo también. Le respondo que no, que soy de San Marcos. Mejor, bromea. No, mentira. Siéntate. Me invita algo de tomar. Para los cigarros, me dice, eso de fumar sin líquido jode la garganta. Afirmo con la cabeza.
Bien, ¿de qué quieres hablar?
Esto no será exclusivamente sobre el libro, le digo, pienso algo más biográfico, general. Ya sabes, cosas tuyas, familia, cómo empezó todo.
Ok.
Él cierra la laptop. Yo me acomodo en la silla y enciendo la grabadora.
Dos. Umbral
Pero no comenzamos desde el inicio. Núñez Carvallo me cuenta acerca de una revista que sacó hace varios años, llamada Umbral, junto a su amigo Alberto Benavides.
“Era una publicación de ideas, literatura, crónicas. Estuve metido poco más de ocho años, desde 1999 hasta 2008. Fue una gran experiencia, viajé por todo el Perú.”
“Sí, es que se nos ocurrió que cada número fuera una región, un departamento, y aprovechar esto para conocer y divulgar aportes nacionales que no llegaban a Lima (y que siguen sin llegar).”
“Paralelamente, comencé a pintar. O sea de forma oficial, porque antes sólo dibujaba cuando estaba borracho. Y nada más. Entonces Alberto me dijo: oye, deberíamos ilustrar la revista con tus dibujos. Lo pensé y me di cuenta que podía hacerlo. Pero siempre con algo. En realidad, me bastaba solamente una copa de vino para dibujar.”
“No solo el alcohol, también los tronchos.”
“Lo que sucede es que para mí la pintura se encuentra vinculada con lo fortuito. En cambio, desde niño siempre dije que quería ser escritor. Yo sentía que me dictaban, como si una voz detrás me ordenara las palabras.”
“Claro, eso de la inspiración me pasaba a mí. Es que escribir es una de las cosas más jodidas que existen en este planeta. Siempre vas a perder plata, nadie lo duda, porque hacerte de un mercado resulta verdaderamente difícil. Las posibilidades de éxito, digamos, son tres entre mil escritores. Me refiero a aquellos que pueden vivir de sus libros. Es un riesgo que sencillamente uno corre, y que mucho tiene que ver con el mercado que tenemos en este país, donde todos quieren su buen pedazo de la torta.”
“Además la gente lee poco, eso también es cierto. Se publica demasiado, y la mayoría son malos libros. No hay control de calidad. Alguien tiene que hacer algo. Lo peor es que se ha llegado a una situación extrema en la que el autor debe pagar por su edición. Entonces cualquiera puede escribir cuatro líneas y piensa que eso es poesía. No lo sé. Para mí la poesía tiene que entroncarse con alguna tradición. Yo diría que en la actualidad se asemeja mucho a la filosofía. Idea concentrada bellamente o también de manera arisca, violenta, crítica. Se trata de nuevas formas de ver el mundo, de percibirlo.”
“Por eso, encontrar lo nuevo. Llevar a cabo descubrimientos. La poesía no puede ser una repetición de viejos estereotipos.”
“He leído bastante poesía de gente joven, porque en Umbral me llegaba una cantidad enorme de textos. Como no podíamos publicarlos a todos, debíamos seleccionar con rigor. Pero, para serte honesto, a veces nos era difícil encontrar buenos poemas, o un simple verso siquiera. Se trataba en muchos casos de la búsqueda de una línea, ¿me entiendes? Creo que eso es lo que hace falta en las editoriales: mayor seriedad al escoger a sus autores.”
“Sí, al final la revista se acabó, como todo. Las cosas deben terminar en algún punto para que cada uno pueda continuar con su camino. No me quedé en el aire, sin embargo. Esta vez, me puse a pintar de verdad.”
1 Comment so far
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se cree malo con su cigarrillo el tío… bah.
Comment by yuir saenz 03.11.12 @ 10:35 pmLeave a comment
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