Desde los Buenos Aires

 

Librerías, libros y límites

 

 

Por Carlos Germán Amézaga

 

Estoy en mi librería favorita, en el barrio de Palermo, en la calle Honduras, casi esquina con Fitz Roy. Hay muchísimas librerías en Buenos Aires, pero me gusta Eterna Cadencia porque no es tan grande, aunque tiene unos enormes anaqueles de madera donde se depositan los libros, como si fuera más bien una biblioteca. En una mesa larga están las novedades, se pueden abrir y leer, no están envueltas de una funda plástica censuradora, de esas que sólo nos permiten dar un vistazo a la portada y la contratapa.

 

 

Posee, además, algo que pocas librerías tienen: un pequeño patio interior con unas siete u ocho mesas donde uno se puede sentar a tomar un café para leer y empezar a disfrutar el libro que se acaba de comprar. Por eso, cada vez que estoy por allí,  paso y recorro un rato sus tres salas, reviso las novedades y, casi siempre, compro algo, aunque sea más una excusa para sentarme a tomar un café.

Buenos Aires es una ciudad llena de librerías. Las hay de todo tipo y especialidad y casi en todos los barrios. Hay una muy grande, que ha sido distinguida como una de las más bellas del mundo. Está ubicada en lo que fue el cine y teatro Gran Splendid, en Santa Fe y Callao. Hoy, convertida en  librería Ateneo-Gran Splendid, atiende a 3000 personas diariamente. Es muy linda pero no me seduce, me da la impresión de un gran supermercado.

Prefiero aquellas mucho más pequeñas, en las que se puede conversar con los libreros, quienes comentan  o aconsejan sobre qué ediciones comprar o dónde encontrar lo que uno está buscando. Como esas hay muchas, tanto para comprar lo último que ha salido, como para adquirir saldos o libros clásicos y antiguos.

 

 

Hay sólo una excepción. Es precisamente en este mes de abril cuando se produce la librería más grande bajo techo en Buenos Aires: la feria del libro. Más de un millón de personas pasan por los salones del centro de exposiciones de La Rural para rendir homenaje a los libros, sus autores y toda la industria relacionada con la lectura. Recorrer la feria es uno de los más grandes placeres, aunque al final no se compre nada (cosa que difícilmente ocurre), el sólo hecho de estar en contacto con toda esa parafernalia nos llena todos los sentidos.

Luego de pedir mi café con leche y medialunas, repaso el libro que tengo entre manos: El Museo de la Inocencia de Orham Pamuk. He leído sólo las primeras páginas y ya está empezando a cautivarme, como me encantó Rojo, del mismo autor. Recuerdo entonces que en esta misma librería he comprado todos los últimos libros de Murakami, y los primeros también, con esa ansia que a veces me producen ciertos autores por leer todo lo que han escrito, como me pasó antes con Milan  Kundera, Michel Houellebecq o Amélie Nothomb.

Pero hay tantos autores y tantos libros y tan poco tiempo, que uno se pasaría la vida entera tratando de leer sólo los clásicos y aquello que parece interesante a priori. Aquí, en esta librería, está todo  lo que podría leer en lo que me reste de vida y mucho más. No puedo entonces dejar de traer a la memoria un poema del maestro Borges, el que trata precisamente de los “límites”:

 

Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar. 
Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos, 
hay un espejo que me ha visto por última vez, 
hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo. 
Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos) 
hay alguno que ya nunca abriré. 
Este verano cumpliré cincuenta años; 
La muerte me desgasta, incesante.

 

Menos mal que Borges se equivocó y vivió muchos años más. Es lo que yo también quisiera, para alcanzar a leer aunque sea una parte de lo que me falta y poder seguir disfrutando, sin límites, de mis  librerías, mis ferias y mis libros. 

 

 

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La Bitácora de El Hablador es una web de actualidad cultural y literaria que, desde el 2007, trabaja en base a una propuesta que busca la constante reflexión, discusión y debate entre los autores de los artículos y los lectores de los mismos. Este blog ha sido administrado, siempre desde una propuesta personal, por Francisco Ángeles y Juan Francisco Ugarte. Desde el 2011 hasta la actualidad, el administrador de la página es Lenin Pantoja Torres.
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7 Responses to Desde los Buenos Aires

  1. D says:

    Baires “Aquí, en esta librería, está todo lo que podría leer en lo que me reste de vida y mucho más”, con todo y las nuevas restricciones editoriales impuestas

  2. hincha de messi says:

    bien, maestro, me gusta tu tono nostálgico, me pone feeling y me hace buscar un libro al toque

  3. salsero del callao says:

    lástima que por acá no haya lugares donde uno pueda encontrar libros contemporáneos (autores de hoy, títulos que estén calientes, recién salidos de la impresión, para mí no es contemporáneo un autor de los años 50 o 60) a buenos precios. amazonas y quilca son buenas opciones pero en el primero hay poco y en el segundo a veces el precio no es muy alentador.

  4. Messi de Moyobamba says:

    Grande maestro! Sus columnas nunca desentonan. Ya quisiera estar en esa librería ahora mismo, sentado con un té, leyendo algo nuevo…

  5. Lalita says:

    que lindo escribe Borges

  6. Alejo says:

    Buen destino ese Baires! Buena maestro! =)

  7. Carlos says:

    Gracias a todos por sus comentarios

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