El búho insomne

 

Guillermo Calderón, Chile:

Teatro político de calidad

 

 

 

Por José Rosas Ribeyro

 

Reviso la cartelera teatral limeña y, sin que me extrañe demasiado, constato su patética pobreza. Me digo que en cualquier capital de país latinoamericano que se respete, esta ofrecería mayor cantidad de obras, mayor diversidad de propuestas y, de seguro, mayor calidad en las creaciones. Mentiría si dijera que lo que acabo de afirmar lo he constatado personalmente en todos y cada uno de los países de nuestra América hispanohablante. Pero no miento, en cambio, si digo que con mis propios ojos lo vi en las capitales de México, Argentina y Chile, tres países, además, que, no por nada, son los que suelen enviar de  gira compañías suyas a Europa y, más particularmente, a Francia, país en el que vivo desde hace unas décadas. Haciendo un esfuerzo en mi desmemoriada memoria, recuerdo haber visto en París, Bayona o Creteil, en fechas más o menos recientes, obras de los argentinos Daniel Veronese, Claudio Tolcachir  y Rafael Spregelburd, de los mexicanos Luisa Pardo y Gabino Rodríguez y su compañía de teatro documental Lagartijas tiradas al sol y de los chilenos Cristián Plana, Lorna González y Guillermo Calderón. Y, precisamente, en el Théâtre de la Ville (teatro municipal de París) y dentro de la programación del muy prestigioso Festival de otoño se presentó en el mes de octubre Villa + Discurso, obra escrita y puesta en escena por Guillermo Calderón y su compañía Teatro Playa. Esta presencia chilena proseguirá luego, en el mes de mayo, con las marionetas del Teatro Milagros y la joven compañía La Resentida que darán a conocer, respectivamente, Sobre la cuerda floja y Tratando de hacer una obra que cambie el mundo.

 

 

Hubo una época en que el teatro chileno recorría Latinoamérica y era un punto de referencia esencial. Recuerdo haber visto en Lima, en mi adolescencia, grandes puestas en escena de obras de Brecht por el Teatro de la Universidad de Chile. Y visitando Santiago quedé admirado ante la sala de esta vieja y siempre viva institución del teatro chileno. Con los largos años de la dictadura esta vocación internacional del teatro chileno se perdió, lo cual no quiere decir de ninguna manera que el teatro propiamente dicho hubiera dejado de existir. La dictadura no pudo matar al teatro y el teatro chileno respondió a la dictadura con obras con profundo sentido político.

Pero acerquémonos a Guillermo Calderón, quien vino por segunda vez a Francia con una obra que, como la anterior, Neva, es precisamente de teatro político. Un teatro político de calidad tanto en sus contenidos como en su plasmación escénica. Su autor lo dice claramente y sin rodeos: “Mi teatro es político, eso me inspira y siempre estoy explorando ese tema en todas mis obras. Yo crecí en dictadura, por lo tanto esa experiencia obviamente me marcó mucho y, en una forma muy natural, mi teatro empezó a explorar la historia de Chile, la frustración de crecer durante la dictadura, las aspiraciones de cambio. Mi teatro no busca necesariamente concientizar, mi teatro está interesado en explorar estos temas, volver a pensarlos y también iniciar una conversación política, lo que muchas veces está en un segundo plano. El teatro lo hace muy bien porque el espacio, el escenario, permite una reflexión especial que no se da en otros espacios de la cultura. Siempre, desde el origen yo tuve esa idea. Desde niño, por mi experiencia de crecer en dictadura.”

Ya decíamos más arriba que, antes de la dictadura, Chile tenía un movimiento teatral muy rico y activo que fue como un modelo para muchos países de América Latina. Pero ¿qué pasó concretamente con el teatro en los largos años del pinochetismo? Guillermo Calderón, nacido en 1971 y formado en un principio en el Teatro de la Universidad Nacional antes de ir a estudiar al extranjero, nos responde: “El teatro nunca se detuvo y hubo mucho teatro. Estaba obviamente al margen, muchas veces era censurado y marginado, y no ocupaba un espacio en los medios de comunicación. Sin embargo, el teatro siguió existiendo y surgieron muchos autores importantes. También se hizo mucho teatro en la calle, así que el teatro nunca murió y siempre estuvo preocupado por estos temas. En ese sentido el teatro chileno siempre ha sido muy político, siempre ha estado muy activo, a pesar de todo. Era un teatro muy inspirador. Como digo, había un teatro que ocurría en las salas de teatro, que era intelectual, pero también estaba el teatro de la calle que se enfrentaba con la policía más directamente y esa energía fue lo que yo recibí primero y que me sirve hasta ahora para seguir mi trabajo. Lamentablemente, ese teatro entró en decadencia durante la dictadura, principalmente porque dejó de recibir los fondos. Eran compañías de teatro que tenían un gran elenco estable, un director estable, y hacían producciones muy importantes. La dictadura, entre todos los recortes que hizo a la cultura y a la educación, le suprimió los fondos a ese teatro, por lo tanto, durante mi formación, ese teatro ya era un bonito recuerdo porque ya había perdido la vitalidad de los años anteriores. Por eso, en muchos sentidos, mi generación tenía que volver a inventar el teatro. Y lo hicimos, principalmente, a través del teatro independiente, creando nuestras propias compañías y empezando así a acceder al circuito internacional”.

 

 

Guillermo Calderón ya había venido en otras ocasiones a Francia y con su compañía participó en 2011 en el festival Translatinas de la ciudad de Bayona. En una de esas giras presentaron Neva, obra a la que han seguido después Clase y Diciembre. “Cada una de estas obras es distinta. Neva es una obra que trata de la revolución rusa en relación a la realidad chilena. Clase habla del problema de la lucha de los estudiantes por mejorar la educación secundaria en Chile y Diciembre explora el conflicto que ha arrastrado Chile con los países vecinos, principalmente con Perú y Bolivia”, explica Guillermo Calderón antes de precisar que Villa + Discurso explora, en una primera parte, los sitios de tortura y exterminio en Chile, que son herencia de la dictadura, y, en la segunda, lo que fue el legado de la presidenta Bachelet. Tanto en Villa como en Discurso las tres protagonistas son mujeres. ¿Por qué? Guillermo Calderón responde: “Las mujeres tienen un rol especial en la historia de la dictadura en la medida en que cumplieron un papel muy importante en la lucha contra ella. También sufrieron directamente la represión, pero la represión que sufrieron fue especialmente cruel porque muchas de ellas fueron víctimas de violaciones y muchas quedaron embarazadas producto de esas violaciones. Por lo tanto, son una muy buena forma de entrar en el tema, es como abrir las puertas al tema de una manera muy sensible y especial. Además, se conectaba muy bien con la idea de que la presidenta Bachelet, que aparece en la segunda parte, estuvo detenida junto a su madre, otra mujer, en la Villa Grimaldi durante la dictadura. Es un mundo que me interesaba explorar desde el lado femenino”.

En Villa, las  tres mujeres se llaman Alejandra. Esta opción me extraña. “Durante la dictadura las personas no siempre usaban su verdadero nombre, sino nombres distintos como para no ser identificadas por la represión -dice Guillermo Calderón- y también porque en Chile hay una famosa militante de izquierda, llamada Alejandra, que fue torturada por la dictadura y se pasó al bando de la policía política de Pinochet y es entonces una alusión directa a ella”. Cabe precisar entre paréntesis que la cineasta chilena residente en Francia, Carmen Castillo, realizó un apasionante documental sobre este controvertido personaje: La flaca Alejandra.

Lo de Calderón es teatro político, no cabe duda, pero quizás se pueda decir también que se trata de teatro documental, ya que la base misma en la que se sostiene es la realidad política y social de Chile, la historia reciente. Guillermo Calderón precisa: “Este teatro parte de una investigación de la Villa Grimaldi, de la represión de la dictadura y también de los testimonios que fueron recopilados en el informe sobre la tortura y en otro informe sobre verdad y reconciliación que elaboró el gobierno después de la dictadura. Por lo tanto, hay una exploración de documentos, sin embargo, el énfasis no está puesto en hacer un teatro documental sino en hacer un teatro de discusión política. El énfasis está puesto en los argumentos que se discuten para saber qué hacer, si construir un museo nuevo en la villa o reconstruir la antigua casa que albergó a este centro de tortura y exterminio o si dejarlo como está ahora, que es básicamente un parque”.

 

 

La discusión política que se presenta en Villa se enreda de tal manera y conduce a propuestas tan extrañas que termina en el absurdo. Este término, sin embargo, no parece gustarle a Guillermo Calderón en relación a su teatro. “Es una discusión que ocurre principalmente en las personas que están vinculadas a estos centros y también ocurre en círculos académicos. Esta discusión más que absurda es muy larga y nunca encuentra soluciones. Es casi como estar encerrado entre los argumentos eternamente. Y eso le da una idea de espiral, de que es imposible salir de allí. También es una discusión que se perpetúa en el tiempo, porque a pesar de que la dictadura terminó hace veinte años todavía estos temas no están resueltos y siguen despertando pasiones y siguen despertando distintos argumentos muy apasionados. Por lo tanto, eso le da un contenido de absurdo, pero más que absurdo yo lo llamaría una situación de permanente condena a estar atrapados en una discusión que no se resuelve nunca. Hay varios centros de tortura en Chile y en cada uno de ellos se repite este tipo de discusión: ‘hacemos un museo, reproducimos los elementos de tortura, ¡no!, mejor dejar una imagen positiva, como que luego de la muerte triunfó la vida’. El Museo de la Memoria en Chile se inauguró hace tres años y, por lo tanto, todas estas discusiones siguen totalmente vigentes y activas”.

Aunque parezca inconcebible, sobre todo en el caso de Villa, en este espectáculo hay humor. Un humor que arranca risas en el espectador, el cual, inmediatamente después, como que se siente culpable por haberse reído. “Sí, justamente, porque hay ese conflicto. En la obra se discute eso porque hay un personaje que propone construir en el centro de la Villa un obelisco pintado y con luces de neón y hay otra que se ríe y dice: ‘me estoy riendo pero en realidad la Villa no da risa, es algo solemne y de ninguna manera debería provocar risa’. Y, precisamente, el espectador ya se ha reído un rato antes por los momentos que tienen humor y entonces la idea es demostrar esa contradicción: provocar al público para que se ría y después mostrar la contradicción de lo que significa reírse en el contexto de este tema. Esa es la idea”.

Las tres Alejandras de Villa sospechan unas de otras, lo cual da la impresión de una sociedad chilena en la que la sospecha en relación con el pasado es algo general. Guillermo Calderón añade sobre esto: “Una de las cosas que todavía existen es el miedo y mucho resentimiento. Yo diría que los temas políticos que se discuten en el interior de estos lugares son tan intensos que se producen muchas veces muchos conflictos, pero el conflicto mayor y la desconfianza mayor existe en relación al Estado, al gobierno del país, porque estos temas no están resueltos y menos del diez por ciento de los casos de violaciones de los derechos humanos han sido procesados por la justicia. Por lo tanto, son heridas abiertas que siguen creando mucha desconfianza y mucho miedo. Y eso está presente en la obra. Y en el caso de Discurso existía también mucha expectativa porque era la primera presidenta socialista después de la dictadura y, sin embargo, esa expectativa muchas veces termina en frustración porque es una presidenta que tiene que administrar el Estado chileno, un modelo económico capitalista y un sistema político impuestos ambos por la dictadura. Por eso, las expectativas también son contradicciones y yo quería poner eso en el discurso, cosas que ella no diría pero las dice, pide perdón, se justifica, explica y habla de la tortura, que es algo de lo que ella nunca habló directamente mientras fue presidenta. Un tema como muy secreto para ella. Por lo tanto, yo quería que ella hablara de eso y, obviamente, como no lo va a hacer ella en la realidad, yo me permito hacerlo sobre el escenario. En la obra ella pasa por distintos momentos, pero es en verdad una persona muy humilde, nunca habla de ella misma y nunca valora lo que ha hecho, es bastante sobria. Pero era una de las cosas que yo quería que ella hiciera: decir cosas buenas de sí misma, aunque ella en verdad no lo haría. Pero, además, a mí me interesaba crear una idea de que ella no es en realidad Bachelet sino que es una creación de la dramaturgia. Ellas son tres mujeres jóvenes y están divididas, la opción no fue elegir a una mujer de 60 años que se pareciera a Bachelet, para crear la ilusión de que es ella sino evidenciar el hecho de que ella no es en verdad Bachelet sino una fantasía de la obra”.

 

 

Me pregunto, y se lo pregunto a Guillermo Calderón, si Bachelet ha podido verse convertida en personaje teatral, dividida en tres personas, tres mujeres jóvenes que por momentos no están de acuerdo unas con otras, tres mujeres que llevan cada una uno de los tres colores de la banda presidencial. “Ella no la visto pero su madre y su hija sí, y lo que me pudieron decir es que a ella le gustaría verla y que se tomaría con mucho humor las críticas que se le hacen. Es una persona que entiende el teatro, que entiende el humor así que…  Yo una vez la conocí y hablé con ella dos minutos. Le conté que iba a hacer una obra sobre ella y me dijo, ‘bueno, hazla, pero no sé si la podré ir a ver’. Yo creo que le gustaría verla pero me imagino que para ella puede ser incómodo verla entre el público que va a estar mirándola a ella tanto como a la obra.”

 ¿Y qué piensa en verdad Guillermo Calderón sobre la expresidenta Bachelet, posible candidata a la presidencia, por la Concertación, en las elecciones previstas para noviembre de 2013? ¿Y qué de lo que ha venido después de su gobierno en Chile? “Ella es todo eso a la vez, es todas esas contradicciones, y yo tengo opiniones divididas con respecto a ella. Pienso que ella es una muy buena persona pero que le tocó administrar un modelo económico y un modelo político que ya estaba agotado porque había sido el de la dictadura. Por lo tanto, ella es responsable de muchas de sus falencias, es responsable de muchas cosas, pero la mayor responsabilidad la tiene lo que se heredó de la dictadura. Lo que vino después, para mí, es la vuelta al poder de los funcionarios de Pinochet, por lo tanto, es una gran derrota en el sentido de que ellos fueron capaces de volver al gobierno sin nunca haber sido juzgados por lo que hicieron durante la dictadura. En pocas palabras, es el fin de la ilusión. Bachelet fue la última posibilidad de ilusionarse con que el país se reconciliaba y el Estado podía ser un ente benevolente. Ahora, desde mi punto de vista, hay mucha decepción ante el gobierno”.

Leo en el programa de mano de la obra que ésta fue escrita para ser representada en Villa Grimaldi y que así ocurrió ya que se estrenó allí el 16 de enero de 2011, en el marco del Festival Internacional Santiago a Mil. En otros lugares hubo debates y conversaciones con el público y los espectadores pudieron recorrer el espacio de lo que fue el principal centro de tortura y exterminio de la dictadura pinochetista. Sobre esto dice el dramaturgo chileno: “Fue muy fuerte, sobre todo que mucha gente del público nunca había visitado ese lugar, entonces fue una experiencia muy emocionante. Sin embargo, a mí me gusta también hacerla en un teatro como éste, el Théâtre de la Ville, porque la experiencia es menos emocional pero más racional, más intelectual, y eso también es bueno para la obra,  ya que la emoción puede ser más poderosa que lo racional y esa no es nuestra intención. Yo la escribí pensando en Villa Grimaldi pero cuando la vi en un teatro me dije: ‘esto también funciona acá’. Hicimos debates pero no en la Villa Grimaldi, hubo conversaciones con el públicos pero yo pienso que la mayoría del público lo que prefería era dedicarse a caminar, recorrer el lugar, como que la gente prefería tener una experiencia íntima. El público agradeció que este tema se volviera a tocar y también por poder visitar esos lugares en un contexto de teatro. La obra tiene también mucho interés internacional porque ha viajado ya a varios lugares y vamos a seguir viajando. Se puede decir entonces que ha sido bien acogida”.

Termino de conversar con Guillermo Calderón y vuelvo a pensar en el Perú. ¿Cuándo en el país en que nací el teatro tendrá la vocación ciudadana que tiene en otros lugares? ¿Cuándo el teatro peruano podrá tratar temas políticos sin renunciar a su vocación artística, sin caer en la demagogia y sin ser instrumento de nada ni de nadie? Por el momento, desgraciadamente, no veo respuestas a estas interrogantes. 

 

 

About webmaster

La Bitácora de El Hablador es una web de actualidad cultural y literaria que, desde el 2007, trabaja en base a una propuesta que busca la constante reflexión, discusión y debate entre los autores de los artículos y los lectores de los mismos. Este blog ha sido administrado, siempre desde una propuesta personal, por Francisco Ángeles y Juan Francisco Ugarte. Desde el 2011 hasta la actualidad, el administrador de la página es Lenin Pantoja Torres.
This entry was posted in Columnas, Teatro. Bookmark the permalink.

4 Responses to El búho insomne

  1. Loca pero no sumisa says:

    Primeras dos líneas de su columna y ya rajando de Lima, además de su posición machista que siempre lo delata.

  2. lalita says:

    like like like

  3. inconforme says:

    bien dicho, maestro. nuestro teatro está hasta las patas. parece que no se mirara a sí mismo buscando una elaboración más crítica y reflexiva de lo que ha pasado, pasa y sigue pasando.

  4. Yo soy Luis Fonsi says:

    Tío ¿qué te pasa? Antes armabas buenas polémicas con tus columnas y de un tiempo acá naranjas. Te tengo una pregunta ¿qué opinas del premio FIL a Bryce? He escuchado muchas versiones pero me gustaría saber tu punto de vista, incluso hay una carta firmada por muchos colegas tuyos apoyando al plagiario. La gente está contigo, no lo olvides.

Leave a Reply

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>