Desde los Buenos Aires

 

Boom, Cortázar, Gíglico

 

 

Por Carlos Germán Amézaga

 

Tuve la suerte de empezar a leer literatura latinoamericana cuando el “Boom” ya se encontraba instalado y sus autores principales estaban en momentos de intensa producción. La primera novela que leí  y que, de paso, transformó lo que yo imaginaba era la literatura, fue “La Ciudad y los Perros”, en el año 1972. Después de haberme pasado muchos años leyendo a los clásicos franceses, Julio Verne en especial, algo de Salgari, Scott, Twain y demás autores de aventuras, leer las historias del Poeta, el Jaguar, el Esclavo, el Serrano Cava y los otros, de manera tan descarnada y tan real, constituyó para mí un tremendo remezón intelectual del cual ya no pude volver a salir.

A partir de allí, intenté leer todo lo que pude de Vargas Llosa, pero, además, empecé con los demás autores peruanos contemporáneos: Bryce, Arguedas, Alegría, Ribeyro, Reynoso, Beleván, Zavaleta  y no paré hasta acabar con la buena biblioteca que había en mi colegio y con los libros que podía conseguir o intercambiar con amigos también lectores. Cuando pensé que ya había leído lo suficiente de autores peruanos, traté de conseguir libros de autores latinoamericanos. Para entonces ya había entrado a la universidad y me hice asiduo de la biblioteca central. Así, pude conocer entre otros a García Márquez, Fuentes, Donoso, Borges, y, por supuesto, a Cortázar.

 

 

Por alguna razón, Cortázar siempre me impresionó bastante. Creo que era su forma particular de contar historias, llenas de vivencias a veces reñidas con lo real, pero siempre absolutamente posibles, gracias a la forma en que eran contadas. Sus relatos, primero, y Rayuela, después, me fueron configurando la idea de un escritor que se encontraba más allá de lo normal, un verdadero gigante de la literatura, capaz de hacer creíble lo inimaginable. Inspirado en el famoso capítulo 68 de Rayuela, cierto día me decidí a intentar crear algo en gíglico, aquel famoso lenguaje inventado por Cortázar, y me quedó esto que les presento a continuación:

 

GIGLICUM  LETTERA

La veía en la clase de literatura de la Universidad, los martes y jueves de 3 a 4:30 pm. Creo que era de otra facultad pues era el único curso que llevaba en Letras. Se sentaba en la primera fila y yo le observaba el perfil izquierdo desde cuatro asientos más atrás. Me enamoré de sus ojos color caramelo y de su pelo corto, en un color que les hacía juego.

En ese entonces era mucho más tímido que ahora y no me atrevía a acercarme a ella. No había nadie tampoco que nos presentara. Un martes, que discutimos en clase el capítulo 68 de Rayuela, noté que prestaba más atención que de costumbre y en un momento dado, a instancias del profesor, empezó a recitarlo de memoria: “Apenas él le amalaba el noema a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias….”.

Esa noche decidí que le diría por escrito todo lo que sentía. Al final de la siguiente clase, me acerqué y casi sin mirarla le alcancé una carta. “Es para ti”, le dije, y sin esperar respuesta me alejé. La misiva aquella decía así:

 

“He intentado desplocar tu frágine puluída, aunque sigo sin poder escalmar el perullo sínfono de tus palumnias. Me dirás que prefago las muslias sin crenovarlas,  pero es que ser portador de una frena tan sutilmente esfriada no me permite perclorar ni preludir como casi siempre.

Imagino que podríamos tratar de cracinar nuestras murrias y así colomer dulcemente, como cuando la suave abrecia se colombea sobre un campo de semellas, pero creo también que un flameo mústigo anitilado –alrededor de una flencia orbitecida- nos llevaría a pletorar intávicos y magnifiáticos, dejando el zumor del oropendio para un esfiazo prenular aquiesentado. En fin…

En medio de mi infomia precital, he hallado una núncima apofítica que recuerda los polardos aganizados que me gustaban. Ahora, cuando las garzias y los meleros me arrucunfunden sigo esfalciando para poder asculnar sin prelomenos.

Me acuerdo del poeta que decía que ‘las frasias son como la prúnura, no escalcean nunca, pero cuando berrinan hacen surgir las más bellas prunias’. Por eso es que yo no solifeo cuando logro profinar una milucia, ni escamito cuando las teras me colundian, ni cuando los olfenios pretenden hilsavar mi salofancia.

Las incopelusas vienen en mi ayuda para que pueda repalitar y decirte que un pecifán amatilado, como yo, no percibe la malacia perintada que bolurda fácilmente, como tú, y si pudiera intopesar mi prifalía, cravaría un desarfe en tu espilón, salvando así la priternia de nuestro crimor.

No me folées con tu tragendia, ni me jamilles con la nosfalgia que te afrecha, pues yo sé que estás atrapada entre mis jundios, ser libre sólo serviría para afolar las pritenencias y pelodiar amargamente, aunque fuera solamente con un presanio.

Te ruego que palfrines mis farengas como si amalciáramos los cireses tontamente. No hay asfelcio que soporte una zolada y si se puede retenir una farencia la ‘clísida agopausa se revolvirá en un profundo pínice’ y los canillos –apolados y lufocos- perencirán amonarrados cuando la tulsa suene hasta el límite de las almondias.

Créeme, hay un falcio en mis almenios que respira frusias cuando espilmas”.

 

El jueves siguiente llegué temprano a clase y me senté en el lugar de costumbre. Poco antes de las 3, ella llegó y se dirigió directamente hacia mí. Sacó de su mochila una hoja de papel, doblada en dos, y me la entregó. “Toma”, me dijo, y no hubo tiempo para más, pues estaba entrando el profesor. Desdoblé la hoja y encontré una nota que rezaba así: “He crilado la malencia con gurucia, sin arsengias. La clísida se revolve. Espilmo.”

Me pasé toda la clase tratando de encontrar un sentido a sus palabras, no lo encontré. Sólo lo supe a la salida, cuando, por primera vez, un joven alto y bien parecido la estaba esperando y se la llevaba, abrazado de su cintura.  

Dejé de asistir al curso de literatura y desde entonces, muy a mi pesar, no he vuelto a leer a Cortázar.

 

 

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La Bitácora de El Hablador es una web de actualidad cultural y literaria que, desde el 2007, trabaja en base a una propuesta que busca la constante reflexión, discusión y debate entre los autores de los artículos y los lectores de los mismos. Este blog ha sido administrado, siempre desde una propuesta personal, por Francisco Ángeles y Juan Francisco Ugarte. Desde el 2011 hasta la actualidad, el administrador de la página es Lenin Pantoja Torres.
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One Response to Desde los Buenos Aires

  1. L says:

    Bien hecho, por plagiario y chamullero.

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