Reseña a “Las constelaciones oscuras” de Pola Oloixarac


Las constelaciones oscuras


Por Eleonora Lo Giudice


La segunda novela de la argentina Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977) resulta particularmente adecuada para amantes de la ciencia y tecnología, y también para esa clase de lectores que no se tiran para atrás ante los desafíos de una prosa mayormente oscura. Oloixarac utiliza un lenguaje científico donde la informática y la botánica proveen un inmenso repertorio de metáforas: “la computadoras forman capas geológicas recientes” (151).



La obra está dividida en tres capítulos que corresponden a distintas épocas históricas (1882, 1983 y 2024) y a tres diferentes protagonistas (Niklas, Cassio y Piera). ¿Qué tienen en común estas tres partes? Todas se centran en los avances de la ciencia en el transcurso de pocos siglos y las historias que conciernen a Niklas y Cassio no terminan en sus respectivos capítulos sino que se retoman en los siguientes. Como sabemos, el XIX fue un siglo de investigaciones científicas, especialmente por parte de biólogos que recorrían el mundo para estudiar las especies. Este es el caso del botánico Niklas, quien participa de la expedición para estudiar una planta denominada Crissia Pallida. Cassio, en cambio, vive en la época del desarrollo de las computadoras y se especializa como hacker. Piera es una bióloga como Niklas, pero en 2024 la biología ha cambiado totalmente y, junto a Cassio, participa en un grupo de investigación que recolecta ejemplares de ADN humano.

Los tres científicos son presentados como personas solitarias, aisladas e incomprendidas por el resto del mundo. En el diario de Niklas, podemos por ejemplo leer que “jamás hay presencia de personas, de nada que pueda semejar una relación personal” (136). Piera, por su parte, parece haber perdido del todo su lado humano: “la mano de la recién llegada se eleva maquinalmente, acentúa el robot en ella” (152). Incluso el sexo se describe en términos meramente científicos, y de esa manera las mujeres quedan reducidas a agujeros que pueden ser penetrados, en lo que constituye una clara analogía con lo que ocurre en el universo teconológico. Como dice Cassio, “todo está abierto para ser franqueado y penetrado” (67). Nada permanece oculto, todo se puede hackear (penetrar) y conocer.



Si hoy las redes sociales tienen acceso a información sobre nuestros intereses, nuestras búsquedas, nuestros familiares y amigos, ¿qué pasará en 2024? La escritora argentina crea un mundo distópico en el cual los gobiernos sudamericanos vigilan a la población a través de su material genético, sin que ellos se enteren. Son una especie de nuevos hackers, pero ya no de redes sino de ADN. Así como en el siglo XIX Mary Shelley en Frankestein advertía al lector sobre la posibilidad que tenían los científicos de crear seres monstruosos, dos siglos después será otra escritora, Pola Oloixarac, quien nos hará reflexionar sobre el hecho de que apropiarse de los secretos del ADN humano, así como de los secretos de la vida de las plantas y de los animales, podría posibilitar la creación de mezclas asombrosas entre especies distintas. Porque oscuras no son sólo las constelaciones que aparecen en el título, sino sobre todo las intenciones de los seres humanos.



Las constelaciones oscuras

Pola Oloixarac

Por Eleonora Lo Giudice

La segunda novela de la argentina Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977) resulta particularmente adecuada para amantes de la ciencia y tecnología, y también para esa clase de lectores que no se tiran para atrás ante los desafíos de una prosa mayormente oscura. Oloixarac utiliza un lenguaje científico donde la informática y la botánica proveen un inmenso repertorio de metáforas: “la computadoras forman capas geológicas recientes” (151).

La obra está dividida en tres capítulos que corresponden a distintas épocas históricas (1882, 1983 y 2024) y a tres diferentes protagonistas (Niklas, Cassio y Piera). ¿Qué tienen en común estas tres partes? Todas se centran en los avances de la ciencia en el transcurso de pocos siglos y las historias que conciernen a Niklas y Cassio no terminan en sus respectivos capítulos sino que se retoman en los siguientes. Como sabemos, el XIX fue un siglo de investigaciones científicas, especialmente por parte de biólogos que recorrían el mundo para estudiar las especies. Este es el caso del botánico Niklas, quien participa de la expedición para estudiar una planta denominada Crissia Pallida. Cassio, en cambio, vive en la época del desarrollo de las computadoras y se especializa como hacker. Piera es una bióloga como Niklas, pero en 2024 la biología ha cambiado totalmente y, junto a Cassio, participa en un grupo de investigación que recolecta ejemplares de ADN humano.

Los tres científicos son presentados como personas solitarias, aisladas e incomprendidas por el resto del mundo. En el diario de Niklas, podemos por ejemplo leer que “jamás hay presencia de personas, de nada que pueda semejar una relación personal” (136). Piera, por su parte, parece haber perdido del todo su lado humano: “la mano de la recién llegada se eleva maquinalmente, acentúa el robot en ella” (152). Incluso el sexo se describe en términos meramente científicos, y de esa manera las mujeres quedan reducidas a agujeros que pueden ser penetrados, en lo que constituye una clara analogía con lo que ocurre en el universo teconológico. Como dice Cassio, “todo está abierto para ser franqueado y penetrado” (67). Nada permanece oculto, todo se puede hackear (penetrar) y conocer.

Si hoy las redes sociales tienen acceso a información sobre nuestros intereses, nuestras búsquedas, nuestros familiares y amigos, ¿qué pasará en 2024? La escritora argentina crea un mundo distópico en el cual los gobiernos sudamericanos vigilan a la población a través de su material genético, sin que ellos se enteren. Son una especie de nuevos hackers, pero ya no de redes sino de ADN. Así como en el siglo XIX Mary Shelley en Frankestein advertía al lector sobre la posibilidad que tenían los científicos de crear seres monstruosos, dos siglos después será otra escritora, Pola Oloixarac, quien nos hará reflexionar sobre el hecho de que apropiarse de los secretos del ADN humano, así como de los secretos de la vida de las plantas y de los animales, podría posibilitar la creación de mezclas asombrosas entre especies distintas. Porque oscuras no son sólo las constelaciones que aparecen en el título, sino sobre todo las intenciones de los seres humanos.

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La Bitácora de El Hablador es una web de actualidad cultural y literaria que, desde el 2007, trabaja en base a una propuesta que busca la constante reflexión, discusión y debate entre los autores de los artículos y los lectores de los mismos. Este blog ha sido administrado, siempre desde una propuesta personal, por Francisco Ángeles y Juan Francisco Ugarte. Desde el 2011 hasta la actualidad, el administrador de la página es Lenin Pantoja Torres.
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