Una rapsodia desafinada
Thursday April 12th 2012, 11:51 pm
Filed under: Reseñas

 

Por Danilo Raá

Juan Carlos Guerrero es un joven autor limeño que, hasta la fecha, ha publicado dos libros de cuentos –Algunos cuentos para ti y otros para el mundo (2004) y Un lateo por el Cusco (2006)– y un poemario –Poemas para demorar el viaje (2008)–. Además de ello, ha tenido una activa participación en algunas revistas literarias de Argentina y de España, y actualmente dirige Espartako, su propia publicación. Rapsodia vagabunda (Lima, Atalaya Editores, 2011) es su primera novela. Pese a lo que uno podría pensar, la experiencia que Guerrero debiera haber adquirido tanto en el campo de la narrativa como en el de la lírica no se siente en las páginas de su último libro, que presenta una prosa excesivamente inmadura, digna de un mal principiante. Lamento no tener reparos en decir que se trata de una mala novela.

Rapsodia vagabunda intenta construir el recorrido vital de Tipo Galván, un joven provinciano que, dada su poca disposición al trabajo y su vocación de poeta, actúa como un pícaro para poder sobrevivir en la Lima de finales del siglo XX, marcada por la corrupción política y literaria. A esta línea principal del relato se suman otras historias que terminan acumulándose de forma quizá exagerada. Las que más resaltan son dos. Por un lado, las aventuras amorosas de una pareja de holandeses que, por temporada de vacaciones, ha decidido distanciarse: ella, M. Cramer, se va a la Costa Brava y él, Luc, viene al Perú. En el otro lado tenemos la frustración de un “escritor, catedrático y crítico literario” que, en su intento por ser reconocido gracias a una antología de nuevos escritores, se da con un mercado editorial que sigue la lógica del favoritismo. Los temas que Guerrero intenta abordar son, como bien señala Alexis Iparraguirre en la contraportada de la edición de Atalaya, “la pobreza endémica del artista popular, la volatilidad del amor en las urbes globalizadas, la experimentación de los placeres efímeros pero sofisticados, la suciedad y el éxtasis de las movilizaciones políticas, y la actividad delincuencial como forma de subsistencia”. A ellos debemos sumar el de la corrupción del mundillo literario limeño, cuyos máximos exponentes son Thiago Caracciolo (en clara alusión a Santiago Roncagliolo), Miguel Falcón (Daniel Alarcón) y en menor medida Jaime Kelly (Bayly). Digo que estos son los temas que el autor intenta abordar porque sin duda alguna está muy lejos de conseguirlo. Una serie de inconsistentes tramas hace imposible que el lector logre captar de modo certero la condición del artista popular, la sensibilidad de las grandes urbes o la atmósfera de las manifestaciones políticas.

Uno de los asuntos que con mayor insistencia y, quizás, acierto se tratan en Rapsodia vagabunda es el de la lucha que sostiene Tipo Galván contra la pobreza. Hay un conjunto de acciones en que se pone de manifiesto la necesidad y la desesperación del personaje: se traslada de su natal Cañete, donde vendía fierros robados, a una sobrevalorada capital; trata ingenuamente de publicar sus poemas en una revista literaria; vuelve, decepcionado, al negocio de los fierros; intenta, con ayuda de sus amigos, asaltar la casa de un viejo adinerado; fracasa y vuelve a la vida miserable. Hay un abordaje progresivo de esta parte del relato y el lector logra involucrarse en una atmósfera de degradación y de angustia frente a la pobreza. Ya con menor efectividad, también se insiste en la condición de pícaro del protagonista, sobre todo por su faceta de mujeriego empedernido. La representación del seductor desarrapado es más bien caricaturesca. La manera en que Tipo Galván establece relaciones con el sexo opuesto carece de todo tipo de ingenio. La lógica que sigue se funda en una desproporcionada atracción física que las mujeres sienten por él y en el desarrollo de algunos diálogos insulsos. Cuesta mucho aceptar este rol del personaje sin tomarlo como una broma. Sin embargo, lo que más cuesta es asumir al personaje como un artista, rasgo que, después de todo, es el que más debiera resaltar. Si bien leemos algunos poemas de Tipo Galván y sabemos de sus intenciones de publicar, su vida parece transcurrir muy lejos de la literatura y del arte en general. No sabemos qué lee, o, en todo caso, si lee o no; no sabemos en qué dimensión valora la poesía; no sabemos si halla relación entre su forma de vida y la literatura; en fin. El intento de retratar la vida de Galván en Lima como una especie de habitar poético queda sin fundamento alguno por estas falencias.

En cuanto a los demás temas, su abordaje es igual de pobre. La volatilidad del amor en las grandes urbes, cuya representación tendría que estar dada por las acciones de la pareja de holandeses, cae en el mismo problema de caricaturización. M. Cramer se derrite por un chulo español y Luc por una peruana de ombligo tatuado. Al final, ella lo descubre a él, a él no le importa demasiado y todo termina. De las “urbes globalizadas” no tenemos mayor información, su sensibilidad se nos escapa de las manos y solo nos queda una pequeña anécdota que no merece tantas páginas como invierte Guerrero. Las movilizaciones políticas se ecuentran retratadas en lo que el narrador llama la Gran Marcha y que no es sino la Marcha de los Cutro Suyos. El tratamiento de esta escena es maniqueo e insustancial. Sabemos que hay un caudillo (el intelectual Evaristo de la Puente), un candidato a la presidencia que aprovecha la indignación popular y, principalmente, una serie de demócratas que están en contra de un régimen dictatorial. La documentación es muy pobre y de la atmósfera de revuelta obtenemos muy poco. Salvo algunos matices, es una multitudinaria lucha de buenos contra malos. Finalmente, por lo que se refiere a la imagen que se presenta del entorno literario limeño, todo queda en lo superficial. El escritor, catedrático y crítico literario no habla en ningún momento de literatura, sino más bien de éxito editorial, de reconocimiento. Sus críticas a Roncagliolo, Alarcón y Bayly se fijan más en los escritores que en los textos que ellos producen. Tal vez lo único que se puede rescatar de esto es el retrato de la envidia de un personaje que, tras el fracaso de su antología, termina en decadencia.

Las novelas que no se preocupan demasiado por moldear una trama sólida suelen situar sus intereses en la exploración de la mirada de los personajes. No es necesario contar con una fuerte anécdota para validar una novela. Hay muchos libros fascinantes en donde descubrimos que nunca pasa nada (En busca del tiempo perdido o Al faro son claros ejemplos de ello). Sin embargo, el caso de Rapsodia vagabunda está muy lejos de inscribirse en esta línea. La gama de personajes que presenta Juan Carlos Guerrero parece tener como principio articulador el estereotipo. ¿Cuáles son los personajes de esta novela? Ya hemos hablado del protagonista, que es, básicamente, un poeta joven, mujeriego, vago y pobre. Dorgus, su fiel amigo, es menos talentoso, menos seductor, menos decidido y, como buen segundón, admira al protagonista y lo sigue en todo. Mauricio es amigo de ambos y su principal rasgo es el racismo y la proclividad al crimen. Es uno de los malos. Akeni es una chica japonesa, romántica e ingenua, que tiene por amor platónico a Tipo Galván. Muy parecida a ella es María Pía, novia cañetana de Tipo, que se ve abandonada tras el viaje del protagonista. De la pareja de holandeses sabemos que ambos son rubios, drogadictos y promiscuos. El amante español de M. Cramer es un chulo pijoapartesco de endiablado talento sexual solo comparable con el de la amante peruana de Luc. Don Manuel es un viejo ermitaño, un sabio cañetano que vive apaciblemente y que no trasciende demasiado en la novela. Y hay varios más. La cantidad de personajes en Rapsodia vagabunda es francamente abrumadora (pasan dos tercios de la novela y siguen las presentaciones). Y como muchos de ellos están a su aire, es difícil asumir el texto como una unidad. Quizá esto explique en parte el tratamiento superficial que se les da. Aunque la tendencia al estereotipo parece ser el punto de partida.

Por último, no se puede dejar de lado el que quizá sea el aspecto más débil de la novela: el lenguaje. Juan Carlos Guerrero echa mano de un narrador omnisciente –decimonónico– y con él intenta desplegar una prosa reflexiva y cercana a lo poético. Esta pretensión fracasa rotundamente. Rapsodia vagabunda es un libro armado con frases hechas, una galería de lugares comunes que modelan un estilo acartonado, un estilo artificial y falso. Pero esto no es lo peor. Es una pena que la primera novela de Guerrero presente una prosa que no llega siquiera a la corrección gramatical. Los errores están a la orden del día. Por ejemplo, así se narran los recuerdos de infancia del crítico literario: «Cuando niño, sus padres en una ocasión le llevaron al teatro del barrio donde vivían. Ver a los actores mostrando su drama y su comicidad frente a él, no hicieron otra cosa que espantarlo, era como verse en el espejo, los desgraciados, discutían, como lo hacían a veces: papá y mamá.» La falta de concordancia y la puntuación completamente arbitraria son dos de los vicios que más se presentan en el libro. Pero volvamos al estilo. La artificialidad de la prosa de Guerrero es incluso más alarmante cuando de construir diálogos se trata. Tipo Galván le dice a su madre: «Por lo que más quieras, madre, necesito dinero, quiero unos mangos, sólo unos cuantos». El crítico literario se recuerda de niño llorando frente a su padre: «Creí que se peleaban de a de veras, padre mío». María Pía inquiere a Tipo: «¿Me amas, Tipo?, yo sigo creyendo que no, pues esto lo que nos está sucediendo, no es precisamente amor o una secuencia de amor, no me lo parece». Hay muchísimos ejemplos. El habla de los personajes termina por hacerlos risibles a los ojos del lector.

Mallarmé decía que la poesía no se escribe con ideas sino con palabras. Como es natural, esta afirmación no es igual de tajante para la narrativa, donde hace falta mayor equilibrio. Las deficiencias de Rapsodia vagabunda pasan justamente por ser una novela que carece de ideas y  que no encuentra sus propias palabras. Su propuesta es difícil de distinguir, o, mejor dicho, es difícil distinguir si tiene o no una propuesta. En todo caso, Juan Carlos Guerrero no logra hacerse escuchar,  su voz se pierde entre los ruidos de una rapsodia desafinada.

 

Juan Carlos Guerrero

Rapsodia Vagabunda

Lima, Atalaya Editores, 2011, 286 pp.

 



Ciclo de Conferencias
Wednesday April 11th 2012, 1:00 pm
Filed under: Noticias,Presentaciones

 

Un idioma universal:

La poesía de Rubén Darío, T.S. Eliot y Stéphane Mallarmé

 

 

En ocasión del mes de las letras, el Centro Cultural del Británico realizará desde este viernes 13 de abril un ciclo de conferencias sobre la vida y la obra de los poetas Rubén Darío, T.S. Eliot y Stéphane Mallarmé. Hay muchas formas de conocer un idioma, y una de ellas es la poesía. De este modo, el presente ciclo tiene como fin acercar al público a la tradición cultural y poética del español, el inglés y el francés desde esta perspectiva. Cabe señalar, también, que cada charla será precedida por una performance que buscará acercar la poesía al público por medio del teatro. Esta presentación estará a cargo de Fabiola Alcázar.

Todas las conferencias se realizarán los días viernes de abril a las 7:30 pm. en el auditorio del Centro Cultural Británico de Miraflores (Jr. Bellavista 527, Miraflores). El ingreso es libre, pero la capacidad es limitada. El cronograma es el siguiente: 

Viernes 13 de abril: “Los sueños errantes: vida, viajes y poesía de Rubén Darío”, a cargo de Mario Granda. 7:30 pm.

Viernes 20 de abril: “La tierra baldía de T.S. Eliot: el enigma de lo mágico y de lo terrenal”, a cargo de Moisés Sánchez Franco. 7:30 pm.

Viernes 27 de abril: “Stephane Mallarmé: la angustia por el azar y el vacío”, a cargo de Christian Elguera.  7:30 pm.

 

Mayor información en la página web del Centro Cultural Británico.

 



Los anteojos de azufre
Monday April 09th 2012, 8:52 am
Filed under: Columnas

 

Media tarde en Lima

(Anticrónica)

 

 

Por Mario Granda

 

Los que estábamos un poco lejos tratábamos de llegar al Centro como podíamos: por la ruta más rápida, en el micro más grande pero más seguro, en el micro más apretado pero que más nos acercara a nuestro destino. Tal vez no pensábamos en cómo llegar sino solo en llegar, en lograrlo.

 

*

 

No obstante, tampoco se podía decir que estuviéramos en la ciudad. Estábamos dentro de la Casona, dentro de Pancho Fierro, dentro de tal o cual Ministerio o, si era de noche, dentro de tal bar. O sea, en un lugar que, al final, podía ser cualquier lugar. Ir al Centro era ir corriendo y salir huyendo, tomar los cortes de camino más rápidos, si no el taxi. ¿La calle? No la mirábamos. Caminar era no ver la ciudad. La calle se había olvidado.

 

*

 

Las grúas giran por los cielos de San Isidro y Pueblo Libre, pero también por los de Jesús María y Breña. Su espacio de trabajo es pequeño, pues son apenas una o dos cuadras las que las empresas suelen comprar. Sin embargo, ¡hay tanto espacio en el aire! Sube el acero colgado de las poleas, tira el puntal, gira la pequeña cabina hacia un lado y hacia el otro. Primero hacen un hueco profundo, muy profundo, y después lo llenan todo de cemento. El gancho empieza a bailar por el aire, de arriba abajo, de abajo arriba con el peso de la carga… Sube el acero en las finas poleas, caen los escombros desde el decimocuarto piso, domingos y feriados. En menos de lo que se piensa, las grúas llegaron y se fueron. Así está hecha la urbanística de hoy.

 

*

 

Desde fuera, la antigua casa ha sido encerrada por uno de esos gruesos biombos metálicos de las constructoras o tan solo por un triplay con alguna advertencia en tiza. Los obreros entran y salen por una puerta y se acomodan el casco amarillo. Montes de arena, montes de piedra, montes de desmonte. Desde afuera, en la vereda que se desfonda, sorteamos las grietas, llenas de tierra.

 

*

           

Hasta hace poco, los billetes de 20 soles mostraban a Porras Barnechea acompañado de uno de los patios de la Casona de San Marcos. Apacibles tardes de los estudiantes alrededor de la fuente de letras y las palmeras de los jardines. Pero la vista a profundidad que ofrecía esta viñeta se ha reemplazado por un frontis –no sé cuál— que olvida los claustros de antaño.

 

 

Nuevos billetes, nueva ciudad, pues los cambios no solo son interiores sino también exteriores. El Palais Concert, que está en el billete de 50, será pronto un Ripley, y le sigue la cuerda a los cambios del jirón y alrededores. El del Banco Internacional, ahora un Oeschle; el de una quinta, ahora de la marca de calzado Passarella; el de la Casa Wiese, ahora el Urban Hall.

 

*

 

Lástima que las empresas no puedan entrar a las iglesias, que se caen a pedazos. Tal es la Iglesia de Nuestra Señora de La Soledad, que, en Semana Santa, más que el luto por la soledad de la virgen al pie de la cruz pareciera que se estuviera rogando por la soledad de la iglesia. Un incendio en junio del 2005 acabó íntegramente el retablo de la Virgen del Carmen, incluida la imagen de la santísima Titular, e hizo caer la bóveda de la nave principal. A los devotos solo les queda un tercio de la Iglesia para orar. Ecce Lima tua.

 

*

 

Una tía me ha escrito para decirme que pasará unos meses en casa de su hijo porque acaba de vender su casa. Allí pasará dos meses o el tiempo que fuera necesario, pues allí está su nieto y quiere pasar un rato con él. Después, cuando se termine el edificio que construirán en lo que era su casa, volverá a su misma calle porque ha comprado el primer piso.

 

*

 

Alberto pasea en auto a un invitado suyo por la ciudad, incluido el centro de Lima y el Callao. ¿Caminar? ¿Para qué? Suficiente con hacerse una idea…

 

*

 

Cirros y altocúmulos anaranjados y morados conectan el Centro con la Isla de San Lorenzo y el morro de Chorrillos. El aire es fino y no hay peso de nubes bajas. El sol no ha dañado nuestros ojos pues, con cuidado, lo dejamos atrás, en el mar. Sale la gente, llega otra, pero ya se hace de noche, noche de avenidas que marcan el fin del día y el fin de la caminata. 

 

 

 

Nota: Fotografía tomada del blog La Lima que se fue.

 

 



Una encuesta sobre la vigencia de José María Arguedas
Monday April 02nd 2012, 10:56 am
Filed under: Columnas,Entrevistas,Revista

 

Voces Arguedianas

Sobre la vigencia literaria de José María Arguedas

 

 

Por Jack Martínez Arias

 

Indudablemente, el Centenario de José María Arguedas (1911-2011) se presenta hoy como el acontecimiento ideal para preguntarnos por la vigencia de la obra literaria que nos legó. Aquí buscaremos responder a esta cuestión a través de una encuesta dirigida a los especialistas. Así, dicha encuesta abarcará tres ángulos específicos: en primer lugar, las razones sobre el amplio y creciente interés de la crítica en torno a nuestro autor, donde también nos preguntaremos por el lugar que ocupa Arguedas en el contexto literario latinoamericano; segundo, la existencia o no de una influencia del autor de Los ríos profundos en escritores posteriores; tercero, el estado actual de la recepción de la obra arguediana por parte de los lectores contemporáneos.

Estas cuestiones son válidas en un contexto como el actual, pues nos ayudarán a comprender qué celebramos realmente cuando recordamos los cien años del nacimiento de Arguedas. Las respuestas vendrán de cinco reconocidos investigadores que han trabajado (y continúan haciéndolo) en torno a la obra de nuestro autor. Ellos han escrito, recopilado y editado textos muy valiosos para los estudiosos y lectores que buscan acercarse con mayor profundidad al universo arguediano.

 

 

Julio Ortega (Casma, 1942) estudió la Doctoral de Literatura en la Universidad Católica del Perú y vive en Estados Unidos desde 1969. Es profesor de la Universidad de Brown desde hace 20 años, donde dirige el Proyecto Transatlántico, y es autor de alrededor de 40 libros de crítica literaria, ensayo y ficción, además de ediciones y antologías. El más reciente es El sujeto dialógico. Negociaciones de la  modernidad conflictiva (México: FCE, 2010). Su trabajo crítico ha  merecido elogios de José Lezama Lima, Octavio Paz y Julio Cortázar.

Sergio R. Franco es profesor en Temple University. Obtuvo el grado de Doctor en la Universidad de Pittsburgh. Es autor de A favor de la esfinge. La novelística de Jorge Eduardo Eielson (Lima: Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2000) y ha editado el libro José María Arguedas: hacia una poética migrante (Pittsburgh: IILI, 2006).

Aymará de Llano es docente e investigadora en el Centro de Letras Hispanoamericanas de la Universidad Nacional de Mar del Plata en Argentina. Es autora de  Pasión y agonía. La escritura de José María Arguedas (2004), coautora de Navegación por la palabra (2000) y de Saberes de escritura (2000) y coeditora de Animales fabulosos. Las revistas de Abelardo Castillo en 2006. Su última publicación es No hay tal Lugar. Literatura latinoamericana del siglo XX (2009).

Fernando Rivera es profesor en Tulane University, New Orleans, Estados Unidos. Obtuvo el grado de Doctor en Princeton University. Asimismo, es autor de Escritura envenenada y novela de la traducción en El zorro de arriba y el zorro de debajo de José María Arguedas. También es editor de Encuentro y diálogo: Arguedas y la Literatura Andina. Conversaciones en Princeton con William Rowe y Peter Elmore. Acaba de publicar recientemente Dar la palabra: ética, política y poética de la escritura en Arguedas (Iberoamericana, 2011).

José A. Portugal (Lima, 1955) obtuvo el grado de Bachiller en Lingüística y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú y el de Doctor en Literaturas Hispánicas en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos. Es profesor de Español y Literaturas Hispánicas en New College of Florida. Ha publicado el libro Las novelas de José María Arguedas. Una incursión en lo inarticulado (PUCP 2007), y ensayos sobre Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique y Miguel Gutiérrez.

 

 

I

La vida de José María Arguedas terminó hace cuatro décadas con un disparo en la sien. La obra que escribió, sin embargo, parece inagotable. Esto se hace evidente si tomamos en cuenta las diversas lecturas críticas que se vienen ocupando de ella y —tal como Sergio R. Franco apuntó recientemente en la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, los distintos lugares desde donde se estudia su obra en la actualidad: cultura, traducción, transculturación, autoficción, afecto, poesía, erotismo y sexualidad, recepción, ética y epístolas. Y así, las primeras preguntas caen por sí mismas:

Desde una perspectiva actual, ¿cuál es la importancia de la obra de Arguedas en el panorama histórico de la Literatura Latinoamericana? ¿Qué es lo que la hace atractiva para la crítica?

Julio Ortega: La obra de Arguedas es la más entrañablemente concernida en el gran debate sobre la formación nacional de América Latina. Equivalente, en ese sentido, a las alegorías nacionales elaboradas por Sarmiento (Facundo) o Echeverría (El Matadero), pero en una versión más cultural, que se remonta a las definiciones latinoamericanas de Martí (Nuestra América) y Mariátegui (la alternativa comunitaria nacional). Es, por ello, una obra irresuelta, abierta, porque acompaña a la irresolución de un proyecto cultural crítico, que es la definición de lo moderno en términos latinoamericanos. Y quizá sea intrínseco a lo moderno, precisamente, este debate sobre las formaciones que son procesales, que no necesariamente deben culminar en un modelo completo y acabado, lo que equivaldría a un modelo autoritario. Se trata, en definitiva, de la definición del Sujeto latinoamericano, como alguien que en la definición del Yo incluye la parte del Otro.

No hay otro modo de ser Yo modernamente en América Latina sino siendo, al mismo tiempo, ese Otro. Seguimos debatiendo sobre los turnos, protocolos y relevos de ese drama y dilema.

 

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Festival Internacional de Poesía de Lima 2012
Wednesday March 28th 2012, 4:01 pm
Filed under: Noticias

 

Acerquemos la poesía

 

 

Por Rómulo Torre Toro

 

Escuchamos muy a menudo que la tradición poética peruana es una de las más interesantes, sólidas y ricas del continente. Es cotidiano ensalzar la figura de poetas como Vallejo, Martín Adán o, entre los vivos, Cisneros. Pero hace falta algo más que eso. Hace falta estrechar los lazos entre la sociedad y la literatura, entre el ciudadano de a pie, la creación y la lectura. No es suficiente repetir una y otra vez algo que para algunos es obvio, pero que para otros, digamos la gran mayoría, no es siquiera importante. No es suficiente hablar de la literatura peruana como algo terminado, como una actividad que ha caído en desuso. Aproximar lo que se hizo, y se hace, es necesario. Acercar al gran público esa tradición y esa práctica cotidiana de alfarería. Y enseñar las manos sucias del alfarero. Para alcanzar dicho objetivo, la asociación Fórnix–Poesía ha organizado, con el apoyo de la Municipalidad de Lima y otras instituciones, el I Festival Internacional de Poesía de Lima.

Este evento tiene dos rasgos muy definidos. El primero apunta precisamente a homenajear  nuestra tradición que, según palabras de Renato Sandoval, es una de los referentes de las letras hispanoamericanas. Es decir, confirmar su espacio, su historia y su continuidad. El segundo cae casi por su propio peso: conectar la poesía peruana con otras tradiciones, establecer un diálogo entre escritores que enriquezca no solo el panorama literario, sino también la forma de entender la poesía, la literatura y las nuevas dinámicas que a este nivel se vienen desarrollando. El I Festival Internacional de Poesía de Lima quiere animar la discusión sobre la actividad de la escritura. Problematizar la naturaleza misma de la alfarería a través de los alfareros. En esta búsqueda, la institucionalización es uno de los requisitos básicos. De poco sirve gestar un gran evento si no permanece y se trasforma, poco a poco, en un eje seguro sobre el que giren varios intereses y crezcan las expectativas. Sandoval, director de la asociación Fórnix–Poesía, lo ha entendido así y pretende organizar el festival anualmente, contando en cada una de las siguientes versiones con mayor apoyo, tanto gubernamental como privado. Un mayor apoyo que se traduzca en auspicios que financien la llegada de los poetas más representativos del continente.

Al respecto, en la versión que se nos viene, uno de los poetas más esperados es, sin duda, el brasileño Ledo Ivo (1924), quien a sus ochenta y ocho años es una de las leyendas vivas de la literatura hispanoamericana. Pero no es el único. Tenemos también al argentino César Bisso, al español Juan Carlos Mestre y al uruguayo Jorge Arbeleche como alfareros mayores que muchos esperan escucharlos leer y reflexionar sobre su propia obra. Entre los poetas peruanos, tendremos a Antonio Cisneros, Roger Santiváñez, Rossella di Paolo y Carlos López Degregori, entre los mayores; a Mario Pera y José Carlos Yrigoyen, entre los jóvenes. Esta mixtura entre poetas de distintas edades y latitudes promete un resultado muy interesante de cómo se han ido modificando las concepciones estéticas e ideológicas en las últimas décadas. El I FIP Lima, entonces, permitirá vernos a través de varios espejos. Aproximarnos a entender cuánto hemos cambiado y cuánto mantenemos. Pero sobre todo, el Festival de Poesía significa la posibilidad de tender puentes entre la opinión pública y la intelectualidad, abrir los terrenos a veces herméticos del arte al ciudadano común y corriente. Democratizar: algo que se dice, pero no se hace. Es un primer paso, pequeño, pero muy importante.

La participación de la Municipalidad Metropolitana de Lima en la organización del evento es sintomática. La comuna limeña inaugura en nuestra ciudad una práctica que existe, por ejemplo, en Bogotá o en Granada, Nicaragua. No se trata aquí de exaltar a la actual gestión o de criticarla hasta rozar la mezquindad, nada de eso. Pero siendo justos, en el sector cultural se ve una mayor preocupación por la inversión, por la elaboración de proyectos, como la Bienal de Fotografía, y por la creación de nuevos espacios para el esparcimiento artístico/educativo de los vecinos de la ciudad. Si esos esfuerzos generan cambios positivos en los modos que éstos tienen de relacionarse con su medio y con las demás personas, se verá en el tiempo. La apuesta, de por sí, ya es valiosa.

Si bien en el programa se establece que la inauguración propiamente dicha se realizará el viernes 30 de marzo a las seis de la tarde en el Parque de la Exposición, con los conciertos de Frágil y Daniel F, el jueves tendremos la primera fecha del Festival. Se desarrollará en dos momentos, mañana y tarde, y en diferentes locales. Por la mañana, tendremos en la Universidad de San Marcos a César Bisso, Enrique Verástegui, Jerónimo Pimentel, Rodolfo Häsler, Mario Pera, entre otros, recitando en dos mesas que se iniciarán a las 10 am. y a las 12 m. Paralelamente, se realizarán recitales en la Universidad Católica, en la del Callao y en Ricardo Palma. En la PUCP se presentará el brasileño Ledo Ivo por primera vez, al día siguiente lo hará en la Embajada de Brasil, a las 10 am. Por la tarde tendremos recitales en diferentes puntos del Centro Histórico, como la Casa de la Literatura y la Casona de San Marcos. Dejar pasar la oportunidad, no asistir, sería tan imperdonable como errar un remate en un arco sin portero.

No desaproveche. El ingreso, demás está decirlo, es gratuito. 

 

 



Vagamente muchos peruanos
Monday March 26th 2012, 12:19 am
Filed under: Columnas

 

Maurice Leblanc: Los dientes del tigre (1920)

Arsenio Lupin y la corrupción peruana. C’est ne pas le Pérou

(Entre paréntesis: de los muchos Perúes y un comentario final

sobre Michio Kaku y la civilización del espectáculo)

 

 

Por Alejandro Neyra 

 

El verdadero rival de Sherlock Holmes no es el Doctor Moriarty, es Arsenio Lupin, el caballero ladrón, el encantador anti-héroe francés surgido de la imaginación de un autor que, como el propio Conan Doyle, ha quedado casi relegado al olvido por la fama de su personaje. El escritor es Maurice Leblanc. El enfrentamiento entre Holmes y Lupin nunca fue directo, pero ambos veían crecer su prestigio en las dos costas del Canal de la Mancha y era tal el sarcasmo de Leblanc que, provocando la ira de Conan Doyle, publica en Francia Arsene Lupin contre Herlock Sholmes[1]

Pero más allá de ese enfrentamiento, ¿qué tiene que ver ese siniestro pero maravilloso personaje francés con el Perú? Mucho. Tanto que en uno de los libros de la saga, escrito en 1920, Arsenio Lupin[2] se convierte en un valiente peruano gracias a un diplomático corrupto que, por veinte mil francos, vende documentos falsos al seductor cambrioleur, campeón de jiujitsu, abogado con conocimientos de medicina, políglota y prestidigitador. Con ustedes Luis Perenna, Juan Cáceres y Los dientes del tigre[3].

 

 “Lupin/Perenna” por Martín Ruiz

 

En Los dientes del tigre, la extraña muerte de un millonario francés, llamado Cosmo Mornington, trae consigo los asesinatos de algunos de sus parientes que podrían haber quedado como únicos herederos de una fortuna de nada menos que doscientos millones de francos de la época. Uno de los sospechosos de estos homicidios es el legatario de la fortuna, un caballero de doble nacionalidad, peruano-española, que acaba de regresar del norte de África, donde había sido secuestrado por tribus bereberes. Es 1919, la Gran Guerra acaba de terminar y el nombre del honorable e ilustre peruano es Luis Perenna. 

Por supuesto, Luis Perenna, compruébenlo, es un anagrama de Arsene Lupin y, evidentemente, es el mismo caballero ladrón que cambia de personalidad y que reaparece después de los años de la guerra, cuando se presumía que en realidad había muerto calcinado en un atentado en 813 -el libro que parecía el final de la serie del criminal más buscado de Francia-. Esta es solo una de las diversas historias rocambolescas de la saga, en la que un seductor Lupin se escabulle de la justicia gracias a mil triquiñuelas y busca, él mismo, descubrir quién es el autor de esos enrevesados crímenes que a la larga ponen en peligro su propia herencia (Perenna, amigo de Mornington durante la guerra, es el legatario en caso no aparezca ningún otro pariente pero, claro, si todos terminan asesinados es evidente que Perenna será el sospechoso número uno y terminará en chabola).

Por supuesto que cada capítulo –siguiendo el principio de las seriales y de las sagas detectivescas –deja a Perenna al borde de una encrucijada mortal y moral. Al retomarse la acción, el genio de Lupin permitirá salvar el escollo y seguir en el largo camino rumbo a la verdad. Pero ¿cómo Lupin, que es también el rey de los disfraces, llega a obtener una identidad que es descubierta en el primer capítulo por el elegante y distinguido señor Juan Cáceres (“Cacérès” en la ortografía gala de Leblanc), honorable miembro de la legación diplomática peruana en Francia? Lamentamos informarle que el hombre, que lleva el apellido de uno de los más grandes héroes de la patria y presidente del Perú, es un corrupto diplomático que ha vendido papeles falsos por una bicoca.

No solo eso. Cáceres, al enterarse de que está de por medio una fortuna, chantajea a Lupin y le pide cincuenta mil francos para no revelar la verdad. Lupin conoció a Cáceres en Argelia, cuando ambos estaban de paso en ese país, y allí ambos decidieron la venta de la identidad por veinte mil francos. De ese modo, Lupin podía cambiar de personalidad y engañar a todos a su vuelta a París. Eso no es lo peor. Llegado el momento, Cáceres, quien no recibe la suma solicitada, acude a la justicia y acusa a Perenna de ser el verdadero criminal Lupin.

Por suerte, para el amable criminal, esa doble traición del miserable peruano es extemporánea, ya su identidad no importa. Perenna/Lupin ha resuelto, para la policía, todo el extraordinariamente complicado enigma de “los dientes del tigre”, que era la marca de la dentadura de una de las acusadas de los asesinatos, prueba grabada en una manzana encontrada en el cuarto del heredero asesinado.

¿Por qué Leblanc escogió a un diplomático peruano para que se transforme en un infeliz y traidor corrupto? Después de todo, era mucho más creíble que don Luis Perenna usara solo la identidad española, un país europeo con funcionarios que podrían viajar más tranquilamente por el norte de África. Y en este caso, Cáceres no trae consigo ninguna seña que lo haga un personaje particularmente exótico ni profundo. Su peruanidad no parece ser más que un hecho anecdótico, aunque siempre resulta mejor darle algunos tintes simpáticos a una historia para hacerla aún más rocambolesca. Y quizás Leblanc pensó en eso.

O quizás sea que resulta más sencillo acusar de corrupto a alguien venido de una lejana nación sudamericana que a un cuasi-coterráneo europeo. Después de todo, Leblanc sabe que su novela se leerá seguramente en España –y es mejor no tener problemas de ningún tipo ni herir susceptibilidades en un potencial mercado-, pero probablemente nadie lea policiales –menos en francés- en ese Perú tan lejano.

En todo caso, quizás incluir un ciudadano de ese país, con el que los franceses acuñaron la frase “c’est le Pérou”[4], para referirse a una riqueza incalculable (luego popularizada como “c’est ne pas le Pérou” para decir “no es gran cosa”) sea la mejor razón en el caso de una herencia cuantiosísima. Y quién más que un diplomático puede ser de ese país, estar en París y hablar francés, la lengua diplomática por excelencia.

Y, sin embargo, quien escribe esto tiene un sentimiento encontrado al relatar sobre un caso –el de la venta de identidades y pasaportes- que lamentablemente se ha repetido (no frecuentemente, por supuesto) luego en miembros del servicio diplomático peruano, al que yo mismo pertenezco. Más aun cuando por estos días se discute sobre la idoneidad de los diplomáticos para desempeñar funciones económicas y de la necesidad de dejar esa parte de la carrera, lo que parece un despropósito.

En todo caso, quizás no estaría mal que los jóvenes diplomáticos peruanos vuelvan a esta novela, como para practicar el francés al tiempo de olvidar viejas y perniciosas prácticas, y poder seguir diciendo con orgullo “c’est le Pérou”.   

 

Entre paréntesis: De los muchos Perúes

Nos preocupa. En la edición del New York Times del 12 de marzo de 2012 leemos que ha habido una invasión de cerdos salvajes en Peru. Las autoridades temen porque los cerdos ferales (feral pigs) son una especie invasora agresiva y relativamente peligrosa que está mermando los cultivos de frutas y vegetales de la localidad. Pero no se preocupen tanto, no se trata de una conjura norteamericana para invadir el país ni una contraofensiva para contrarrestar la invasión de cuyes gigantes (guinea pigs) que sufriera la localidad de South Park[5] y que causaron músicos folklóricos peruanos. Si se han percatado, es Peru sin tilde, una localidad rural en Nueva York, cerca de Pittsburgh y a quince kilómetros de la frontera con Canadá.

 

 

 

Dicen nuestros sociólogos, para hablar de las diferencias de clases, que hay muchos Perúes. Habrá que preguntarles, a los gringos, ya que en su extenso territorio hay más de diez Perúes, ¿por qué los genios de la “marca Perú” escogieron Peru/Nebraska y no Peru/Nueva York o Peru/Illinois? No lo sabemos. En todo caso, este servidor se permite señalar que hubiera preferido que la campaña comience en otro Peru, del que habla el genial escritor Michael Chabon en su cuento The God of Dark Laughter[6]. Se trata de Peru/Indiana, una pequeña ciudad que es conocida como la “Capital Mundial de los Circos”, de ahí que el cuento –sobre el asesinato de un payaso a manos de una milenaria secta anti-clauns, en un guiño borgeano– se ubique en ese otro Peru, más festivo pero tan lejano como Peru/Nebraska y que, lamentablemente, a veces puede que esté igualmente lejos de muchas otras localidades andinas, esos otros Perúes que sufren heladas, no tienen acceso a servicios básicos y muchas veces ignoramos en pleno siglo XXI.  

 

Entre paréntesis: Michio Kaku y la civilización del espectáculo

Un breve remate a nuestro “positivo” comentario sobre la civilización del espectáculo. Michio Kaku, científico y divulgador, en su reciente libro llamado Física del futuro, habla de lo que sucederá con el hombre y el mundo en el año 2100. Más allá de que este libro científico sea un lujo para los fanáticos de lo fantástico, lo interesante es que él tiene una teoría –la del “Hombre de las Cavernas”– que desarrolla en el libro, donde dice que hay condiciones naturales y atávicas que seguirán permaneciendo aún cuando en el 2100 usemos lentes de contacto-computadoras, autos que vuelen magnéticamente y estemos cada vez más cerca de la fórmula para detener, con mucho más éxito, el envejecimiento. Dice Kaku que desde el inicio de los tiempos el hombre busca chisme y entretenimiento, y la multiplicación de las máquinas y la eficiencia en el trabajo deja más tiempo libre para eso, para satisfacer la necesidad de divertirse, pero también para interesarse por la vida de los otros -artistas, políticos, deportistas– así como para juntarse y compartir en casas, cines, estadios, etc. La sensación real y directa no cambiará la sensación virtual e indirecta. Bien por todos. La tecnología avanza igual que la civilización del espectáculo. La estupidez, que muchos temen, la trae la tecnología para la sociedad del espectáculo, esto es una condición natural multiplicada por los medios. No hay vuelta atrás.

Pero comparto mi propia experiencia para que se vea que hasta en la multiplicación de la prensa basura y de los medios sensacionalistas hay sabiduría que puede encontrarse si uno tiene curiosidad. La primera vez que vi a Michio Kaku –look de héroe japonés de manga, con el pelo largo y canoso y un rostro enigmático- fue en la carátula de un diario chicha en el que decía algo así como “Sabio japonés pronostica fin del mundo”. Por supuesto, la noticia era inventada y hacía una lejana y dudosa referencia a algo dicho por Kaku, quien para mi sorpresa no solo existía sino que además era un extraordinario científico especializado en física cuántica e investigador principal de la Universidad de Nueva York. Como diría un positivo RBC, en todos lados se puede encontrar una pastilla de sabiduría. El que quiera ver que vea.

 


[1] Publicada en español como Arsenio Lupin versus Sherlock Holmes, con todas sus letras, pero con nombres distintos en Gran Bretaña y los Estados Unidos, para no infringir derechos de autor.

[2] Gracias a mi gran amigo Martín Ruiz, aquí una versión peruanísima de Lupin/Perenna.

[3] Versión gratuita en francés: http://fr.wikisource.org/wiki/Les_Dents_du_tigre

[4] Para una versión francesa de la frase: http://www.mon-expression.info/ce-n-est-pas-le-perou.

[5] Recordarán los aficionados que los músicos peruanos organizaron una http://www.southparkstudios.com/full-episodes/s12e10-pandemic

[6] Gratis en inglés aquí: http://byliner.com/michael-chabon/stories/the-god-of-dark-laughter.

 

 



La creación de un estilo propio
Thursday March 22nd 2012, 11:12 pm
Filed under: Reseñas

 

Por Lisandro Gómez

 

La segunda novela de Evelyn García, La casa del sol naciente, ha sido galardonada por los lectores con el Premio Luces de El Comercio como la mejor novela del 2011 no sin justas razones. La segunda obra de García amplía el espectro de su universo ficcional pero conserva un trasfondo religioso y un gusto por los epígrafes que la emparentan con Un talismán para Liu, deliciosa nouvelle con la cual inicia su producción literaria. Es evidente la meticulosidad y el cuidado que han gobernado el diseño de la trama, la elección de símbolos y nombres, así como de las alegorías y de las metáforas.

El punto fuerte de la novela se da en el nivel de la intriga y en la construcción de la trama, además de un arriesgado empleo de técnicas y recursos estilísticos, que, por lo general, se emplean de manera apropiada. Sin embargo, la novela adolece de un explícito (y a veces desmedido) deseo de significación. Existe un desfase evidente entre la dimensión de la escritura del autor implicado y el comportamiento de los personajes. Al nivel de la trama nos encontramos con una arquitectura de símbolos y citas elaborada sistemáticamente; desde el poema de Martín Adán que abre el libro, “Sol”, hasta la cita de Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski existen términos que se reiteran constantemente: sol, aves, hermano y niño, elementos que volverán una y otra vez a lo largo de toda la novela por medio de epígrafes y escenas preparadas explícitamente para consolidar el sentido de dichos elementos. Esta práctica satura la lectura y desgasta la eficacia de algunos pasajes de la novela. Probablemente una disminución de los epígrafes y citas a pie de página no trastocaría la composición de la novela que, como conjunto, es bastante sólida.

Una de las mayores fortalezas de La casa del sol naciente radica en el empleo de la intriga: ¿qué sucedió con Daniel, el hermano de Mina? Esta pregunta domina la lectura y obliga al lector a considerar todos los elementos y rastros que encuentra a partir de la ausencia de información explícita. Se ofrecen pistas, símbolos y apariciones que confluyen en una combinación de elementos del thriller psicológico y fragmentos de novela policiaca. El rol de “detective” recae en Geri Croizen, psicoterapeuta de orientación psicoanalítica, quien debe revelar el misterio que encierra la muerte de Daniel Stutzman y sus secuelas en la conducta desviada de su hermana, Mina Stutzman, la principal sospechosa del crimen. Desde la primera escena, el lector es avisado de los extraños acontecimientos que suceden en el pueblo de Salem. La intriga se complementa con dos recursos: las reduplicaciones (un fascinante juego de espejos entre los personajes, en especial entre Martin y Daniel, lo cual se convierte en uno de los ejes principales de la novela) y la mitificación del relato (con este procedimiento se establecen nexos entre los personajes y las referencias bíblicas que aparecen en la novela, sobre todo el mito de Caín, Abel y Set). Un ejemplo del primer procedimiento, la reduplicación, lo encontramos al inicio de la novela cuando Ernest, uno de los encargados de cuidar a Martin, le dice lo siguiente: “Hace un año, Ryta y yo nos preguntábamos por qué las aves no se estaban reproduciendo, hasta que un niño nos avisó que un zorro encontraba a los polluelos y se los comía. Nunca te lo dije, pero aquel chico, aunque algo mayor, era tu vivo retrato…” (p. 38). Este mecanismo se volverá recurrente: los personajes identifican a Martin como Daniel, al punto de que las reminiscencias míticas y los lazos intertextuales se basan en este dato previo.

La sección más extensa del libro lleva por título “Abel”, se trata de una larga conversación–explicación entre el cura Juan de la Cruz y Mina; en la charla se discute sobre el sentido del mito de Abel, Caín y Set, en el antiguo testamento. En este pasaje, en mi opinión, se percibe con claridad el principal problema de la novela: la poca verosimilitud de los personajes. La excesiva búsqueda de significación desemboca en tipos que actúan según las prioridades de la conciencia textual que organiza el libro. Esta “manipulación” de los personajes resta verosimilitud y, por momentos, nos presenta una imagen autoritaria del autor implicado. Se trata de una decisión por lo menos cuestionable. Las relaciones se establecen según las necesidades simbólicas; al igual que las escenas, que obedecen al mismo esquema. Casi para finalizar la novela, en su diario, Daniel relata su despedida de Claudia, ella le obsequia una pequeña efigie del Niño Jesús. Mina se apodera de dicha figura:

—¡Eh!, ¡Claudia! —gritó Mina que había avanzado sola hasta el borde del estanque de carpas-. Te apartaste de mí, angustiada. Mi hermana extrajo al Niño que me habías regalado de su bolsita de lana y, mostrándotelo con el brazo en alto, lo aventó, sonriendo, al centro del estanque.

Claudia lanzó un grito animal:

—¡Lo ha matado! —aulló— ¡Lo has matado! (p. 186, cursivas mías).

Si consideramos que en la presentación de Claudia se menciona que “habla lenguas”, que “alaba y agradece a Dios en lenguas distintas” (Cf. p. 32), no sería extraño conjeturar que en la destrucción de la efigie ella anticipa la próxima muerte de Daniel. Sin embargo, a lo largo de la novela no tenemos indicios claros de sus capacidades de vidente. La acción de Claudia, sus palabras, se convierten en una premonición de lo que va a suceder, del secreto que será revelado más adelante. El matiz de la expresión (“has” por “ha”) surge por la necesidad de brindar coherencia a todo el artefacto textual más que por las posibilidades que genera el personaje de Claudia. Este es solo un indicio dentro de las frases. A un nivel macro, como mencionamos, toda la conversación entre el cura Juan de la Cruz y Mina, así como algunas escenas y apartados (“¿Qué te dice la noche?”, “Formas de nieve”, “Los inocentes”, por mencionar los más explícitos), obedecen a esta lógica. No sé hasta qué punto esta decisión es acertada. El resultado concreto, no obstante, es la falta de verosimilitud de los personajes, sus a veces inusitadas reacciones y su frágil coherencia interna. Los personajes no interactúan entre ellos sino “obedecen” los lineamientos de esta conciencia ordenadora del mundo ficcional.

Otro elemento destacable es la solvencia con la que se consiguen fundir dentro de la novela distintos formatos y tiempos narrativos. En La casa del sol naciente parte importante de la narración la obtiene el lector del mismo diario de Daniel Stutzman; los acontecimientos que forman parte de este microuniverso textual están ubicados en otra línea temporal, y sirven de base para comprender lo que sucede en el presente de la narración. Es un acierto la simultaneidad de la lectura: nos enteramos de las consecuencias y de las causas por fuentes distintas. En el presente es la perspectiva de Geri y Martin la que domina; en el pasado, la de Daniel. También se incluyen una carta y una pequeña obra de teatro (con dos finales), Los inocentes, que ofrece, tal vez, el mejor ejemplo, de la conjunción acertada de elementos disímiles dentro del entramado de la novela. Los inocentes funciona como una pequeña alegoría de lo que sucedió, sucede y sucederá. Los dos finales alternativos remarcan los destinos de Martin y Daniel de forma sugerente. De todos los símbolos empleados es el de mayor eficacia, en mi opinión. 

La casa del sol naciente es una novela de lectura ágil, con una trama elaborada de manera minuciosa y un trasfondo simbólico cuidado. Sus principales problemas surgen por el exceso y no por la carencia de recursos. La segunda novela de Evelyn García nos muestra a una narradora que va en busca de un universo más amplio y con un mayor abanico de posibilidades estilísticas. Novela que revela una escritura en formación, pero no por eso carente de calidad y de riesgo, elementos imprescindibles en cualquier obra.   

  

Evelyn García

La casa del sol naciente

Lima, Borrador editores, 2011, 199 pp.

 

NOTA: se pueden descargar las novelas de la autora en la web.

La casa del sol naciente 
 
Un talismán para Liu

 




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