En la boca del miedo
Monday January 09th 2012, 10:57 am
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Cine,
Columnas
UNOS, DOS, TRES, LAS LISTAS OTRA VEZ
Por Martín Mauricio
Bueno, volvemos a las listas de las mejores del año, aunque ahora la elección ha sido más difícil, no por haber encontrado o visto grandes películas, sino por la ausencia de las mismas. Todas se encuentran en un nivel medio, no hay quienes sobresalgan nítidamente, así que lo que van a encontrar es puro y únicamente de gusto particular. Puede llamar la atención no encontrar tal vez a Rito Diabólico, Scream 4, Novias en Fuga, Más allá de la Vida, Super8 o Lazos de Sangre. También, cómo no, habría podido estar dos muy buenas, decentes y entretenidas cintas como Misión Imposible 4 o Las Aventuras de Tin Tin. En fin, para empezar la polémica, estas son las 10 mejores películas del año.
1. Temple de Acero (True Grit) de Joel y Ethan Coen

A pesar de los logros cinematográficos y sus múltiples premios –Fargo, entre sus obras más conocidas- hubo un tiempo en que los hermanos Coen eran considerados como hábiles artesanos que sabían contar historias entretenidas pero carentes de emoción. Puede ser que la opinión haya cambiado en Sin Lugar para los Débiles, la novela de Cormac McCarthy llevada al cine supuso un quiebre en su carrera, un western postmoderno narrado con excelsa capacidad visual y mucha fluidez narrativa. En su última película los Coen vuelven a esas dos fuentes que le dieron tantas satisfacciones. Primero, dejar nuevamente los guiones originales y adaptar la novela de Charles Portis del mismo nombre; y segundo, la vuelta al western pero desde un clasicismo tanto narrativo como estético.
Después del asesinato de su padre, Mattie Ross (Hailee Steinfeld) contrata los servicios de un asesino a sueldo: un vaquero alcohólico, pero de innegable sabiduría (Jeff Bridges). Ambos recorrerán el oeste americano en un extraño viaje donde lo mítico se confunde con la realidad. En Temple de Acero, la venganza es el factor principal, es el motor que da sentido a la vida en el pequeño cuerpo de Mattie, y eso es relativamente nuevo en el cine de los Coen. Ese nihilismo, muchas veces desesperante de los hermanos más famosos del cine americano, en Temple de Acero se deja de lado por una historia más humana, hasta en algunos casos sentimental, pero valiente y jubilosa.
2. Escritor Oculto (The Ghost Writer) de Roman Polanski
El regreso de Polanski a nuestras salas de cine es el retorno del mejor cine. Todo lo que realiza el director polaco-francés es siempre objeto de atención no solo por ese amarillismo que lo persigue por sus condenas policiales, sino por esa claridad y capacidad para construir relatos modernos, así estas se desarrollen en cualquier época de la historia. El Escritor Oculto no es la excepción. Un ex Primer Ministro Inglés –cualquier parecido con Tony Blair si es coincidencia-, Adam Lang (Pierce Brosnan), contrata el trabajo de un escritor “negro” (Ewan Mc Gregor) para que le ayude a elaborar sus memorias.
Basada en la novela de Robert Harris, este guión se convierte en las manos de Polanski en una película de suspenso, de aventuras y de secretos de estado, donde cada secuencia de la cinta encierra lecciones de cine de un director en plena forma.
3. El Cisne Negro (Black Swan) de Darren Aronofsky
Darren Aronofsky es un director polémico, tiene tantos detractores como fervientes entusiastas defensores de su cine, sobre todo de esa cualidad muy propia que es su estética visual, y si hay algo que no se le puede negar es el constante compromiso de un cineasta apasionado por las imágenes. Nina (Natalie Portman) es una eximia bailarina que se presenta a una audición para dar vida al Cisne Negro en “El Lago de los Cisnes”. Su falta de audacia y malicia la hacen caer en una metamorfosis destructiva que no es más que un deseo reprimido que lleva por años, sumado esto a la continua vigilancia de una madre castradora. Esa conversión que busca Nina de Cisne Blanco a Negro es en las manos de Aronofsky una pesadilla inquietante con un desenlace mortal.
4. Triste San Valentín (Blue Valentine) de Derek Cianfrace
Si bien la película de Derek Cianfrance no era una sorpresa –sí su estreno en la cartelera peruana- por los premios y nominaciones que había conseguido, es un respiro diferente dentro de los vicios comunes del cine indie americano, en muchos casos snobista o demagógico. Michelle Williams y Ryan Gosling no son una simple pareja que se encuentra en el ocaso de un matrimonio, es una pareja desconsolada por el fracaso y la pérdida de sus deseos en común. Cianfrance nos muestra -en un gran montaje- ese desamor, con la intimidad y dulzura de los primeros encuentros. Pocas veces se ha visto con tanta intensidad dentro de una pantalla de cine, esas tinieblas que surgen en las crisis matrimoniales que no son más que retratos puros y sinceros del fin de la vida en pareja.
5. Camino a la Libertad (The Way Back) de Peter Weir
La libertad siempre ha sido una de las características del cine de Peter Weir. Eso es lo que buscaba Jim Carrey en el Show de Truman o Jeff Bridges en Sin Miedo a la Vida. Esos grandes espacios naturales donde el ser humano se siente diminuto como las estepas siberianas en Camino a la Libertad o el inmenso océano de Capitán de Mar y Guerra, son lugares de escape y de enfrentamiento con su destino. Janusz, Valka, Zoran, han logrado huir de los Gúlag siberianos, pero deambulan por un maravilloso territorio que es propiedad de un Stalin que se encuentra en constante presencia dentro de la película, como un gran obstáculo que se tiene que sortear para ser por fin libres. Todos ellos emprenden un camino de supervivencia tan irreal para la conciencia humana, pero que Peter Weir logra llenar de coraje y espíritu.
6. Medianoche en París (Midnight in Paris) de Woody Allen
Desde que Woody Allen dejó Nueva York hace más de seis años –o siete películas para ser exactos, recordemos su propósito de realizar un filme por año- para hacer un viaje por el continente más antiguo, sus fervientes admiradores esperaban con muchas ansias ese encuentro con una de las ciudades más románticas y poéticas de Europa: París. Y ese encuentro devino en una película que rinde homenaje no solo a las diversas y maravillosas épocas y mitos de los cuales se ha construido la ciudad luz a lo largo de los años, sino también al cine más puro y emblemático. Medianoche en París es sin lugar a dudas la película que siempre pensó realizar Woody Allen y a sus 75 años se le nota más vital y jovial que nunca.
7. El Planeta de los Simios (Rise of The Planet of The Apes) de Rupert Wyatt
Desde un comienzo la expectativa por ver esta película fue aumentando no solo por el hecho de que en un momento se esperaba un remake de la gran obra de Franklin J. Schaffner, sino de la alta propuesta de tecnología digital de Rupert Wyatt, un joven director Inglés que había realizado una aceptable película que pasó desapercibida al ojo crítico: El Escapista. El resultado más que sorprendente fue gratificante, El Planeta de los Simios es la perfecta simbiosis de tecnología, acción y dramatismo. Esta precuela, que recoge de varias otras cintas que se hicieron después de la de Schaffner, se acerca a temas mucho más modernos como el contrabando científico, el abuso de poder, la trata de personas y la libertad.
8. Rango (Rango) de Gore Verbinski
Gore Verbinski es un cineasta que sorprende, tal vez en muchos casos se menosprecie su obra –tampoco es que tenga un gran legado–, pero para algunos siempre da un poco más de lo que uno espera. Así pasó con Piratas del Caribe hasta que las segundas y terceras partes hundieron al barco, también con la comedia negra en El Hombre del Tiempo o con la aceptable adaptación de El Aro para su versión americana. Rango es un western divertido, con grandes escenas de acción, con diálogos del mejor cine del oeste. Hay villanos y anti-héroes y si la ves en su idioma original un reparto de lujo. Por primera vez en varios años, Pixar va a tener que ceder sus premios a la mejor película animada.
9. El Peleador (The Fighter) de David O. Russell
El deporte más cinematográfico por excelencia siempre ha sido el Boxeo. Sus personajes han contribuido generosamente a ampliar la gama de los grandes personajes del la industria. Cada uno de ellos tiene una historia de vida que va desde el drama hasta el espectáculo, de la gloria a la sobrevivencia. La película de David O. Russell tal vez no esté dentro de las mejores del género, pero tiene algo de lo cual carecen muchas: profundiza de la mejor y más brutal manera ese mundo del white trash americano. La historia de Micky Ward y la relación tirante con su medio hermano y su familia es un intenso relato dramático con un gran actor -que repetimos con insistencia- no es lo suficientemente valorado como debería ser: Mark Whalberg.
10. Un lugar en el Corazón (Somewhere) de Sofía Coppola
Sofía Coppola regresa al tema de las relaciones ahora con la historia de una estrella de Hollywood y su hija preadolescente. Como en sus anteriores películas, Las Vírgenes Suicidas, Perdidos en Tokio o María Antonieta, el trazo de la cineasta ganadora del Oscar es siempre audaz, cómico y dramático a la vez. Su mirada en tonos pausados y contemplativos la ponen como una de las principales representantes del cine indie americano. Somewhere es un film íntimo, narrado desapasionadamente, pero con la sabiduría de una directora a punto de hacer su gran obra.
El día que mi hermano nazca, yo voy a morir
Wednesday November 16th 2011, 10:44 am
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Cine,
Reseñas
Por Jorge Ruesta
Las Malas Intenciones (2011) de Rosario García-Montero es un ejercicio rico e interesante en forma y contenido, así como en el cuidado del detalle técnico. Es una película realizada con gran oficio, obsesión y acaso por eso también con altibajos que no la desmerecen de ser la mejor película peruana en lo que va del año.
Cayetana, una niña asmática de instintos tanáticos, es el personaje que nos guía por una historia ambientada en la Lima de 1983, cuando el terrorismo comenzaba a ganar terreno y los apagones provocados por los coches bomba sembraban el miedo en la ciudad capital, ésa que prefería voltear la mirada y creerse siempre ajena al problema. Cayetana teme convertirse en un ente ignorado más. Cree que morirá el día que nazca su hermanito menor, producto de la relación de su madre con otro hombre; se identifica con los mártires de la independencia, aquellos que a pesar del sacrificio están destinados a perder en la batalla. Pelea contra la invisibilidad, contra el olvido al que está condenada por la cercanía del hermano menor. Cayetana actúa perseguida por sentimientos que se mecen entre la inocencia y la perversidad. Y esto, a la vez, resulta ser la manera como la directora García Montero pone también el tema de fondo frente a nosotros: la clase alta limeña y su temor al “menor”, que está acercándose, cuyo arribo es inminente y ante el que opta por el desplazamiento, el encapsulamiento.
Cayetana es un personaje en constante conflicto interno, ello se ve cuando pretende compartir sus afectos, pues su círculo social es ajeno a ella. Su padre solo aparece algunos domingos. No consigue una verdadera empatía con las empleadas o con los trabajadores que construyen la nueva piscina de la casa. Su única amiga es su tía Jimena, etérea y tan o más frágil que ella. Porque todo el amor que tiene para dar está destinado a hacer daño a los que quiere o a los que considera vulnerables. Su manera de actuar resulta ser la contraparte de la clase que la rodea y la protege. La clase alta limeña de los 80, que como peces de agua turbia que con el tiempo se vuelven ciegos, elegía cerrar los ojos y las ventanas de sus autos, a los “otros”, a los “diferentes”, al migrante que comenzaba a inundar sus vidas, como los niños subiendo al bote en las playas de Ancón, o los terroristas que transgreden la casa de Chaclacayo. Cayetana parece ser la única que quiere ver realmente más allá de eso y termina siendo consumida por la invisibilidad. Su tia-amiga la desconoce luego de una enfermedad que la deja postrada y sin memoria y solo le queda la reconciliación con la madre.
“Cayetana, Cayetana, Cayetana”, le repite al oído para que no la olvide. Esta invisibilidad y la muerte del chofer, que compartía con ella sus aspiraciones, terminan quebrándola dentro del auto oscuro de lunas polarizadas, “más seguro” le dicen. El último viaje, en el que ahora un agente de seguridad reemplaza al viejo Isaac, pone punto final a un rito de paso de la niñez, rodeado de pintas senderistas, perros colgados en las calles y héroes masacrados que dejan la impresión de haber muerto en vano. Rito de paso marcado además por la inesperada lluvia en Lima y los inminentes cambios sociales que devendrían luego en nuestro país.

Pero Las Malas Intenciones también es un film realizado con un cuidado técnico especial, producto de los apoyos conseguidos a través de todo el proceso de creación del proyecto. La fotografía fúnebre y fría de los espacios cerrados, de las casas neo-coloniales y la pulcra dirección artística dan cuenta de ello. La recreación de los años 80, mediante la atención al vestuario y al maquillaje, es digna de una producción tan ambiciosa como su guión.
Y es por el lado del guión, sin embargo, donde Las Malas… encuentra irregularidad. Puesto que el film entero es un compilado de narraciones que ayudan a construir la personalidad de Cayetana, que en ocasiones aportan, en otras redundan y otras saturan. No se gana demasiado con las escenas de los héroes en el cerro de Ancón, un exceso alegórico de la batalla cuesta arriba contra el olvido, donde la cima entraña la despedida de Jimena, o en el hospital y las apariciones melodramáticas de héroes resignados a la derrota. Tampoco se gana demasiado con las ideas sueltas salidas tal vez de algún cuaderno de notas. La obsesión de Rosario García-Montero con Cayetana termina traicionándola en ocasiones. Lo que deja la sensación de ser una película demasiado calculada y rígida, con poco espacio al riesgo.
Como se indicó al inicio, estos traspiés no desmerecen el talento de la directora. Si bien no es posible hablar todavía de una nueva ola de cine peruano ni mucho menos de industria a partir de una lista de logros personales y aislados, complemento de un debate mucho más complejo aún, Las Malas Intenciones es un film de visión obligada, uno de los mejores estrenos de este año y una obra artística que merece un mejor trato en las salas de su país, y de sus exhibidores. Pero ese… es otro tema.
Las malas intenciones (2011)
Dirección: Rosario Garcia-Montero
Reparto: Fátima Buntinx, Katerina D’Onofrio, Paul Vega
País: Perú
El surreal encanto de las apariencias. “Él” de Luis Buñuel
Sunday October 02nd 2011, 7:44 pm
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Cine
Por Jorge Ruesta
En varias encuestas realizadas en los últimos meses, se escogieron las mejores películas latinoamericanas de todos los tiempos, listas donde el director español es mencionado más de una vez. Los olvidados es para muchos de nosotros su mejor película hecha en México; sin embargo, este texto lo dedicaré a Él, esa pequeña joya que también suele ser incluida, y que pese a conocerse menos, es una de sus obras más poderosas y personales.
Buñuel solía decir que de olvidar alguna parte de su guión durante el rodaje, o previo a él, colocaba un sueño. Desde que filma El perro andaluz en 1928, junto a su compinche Salvador Dalí, el universo de Buñuel se conforma por una cadena de conceptos ilógicos y represiones extasiadas, fundados en el onirismo, el cual pronto tomó el nombre de corriente surrealista. Es cierto que existieron otros directores e intelectuales involucrados en el proyecto surrealista, incluso el maestro Hitchcock incluyó a Dalí en la dirección de arte en su película Spellbound. Sin embargo, es Buñuel realmente el fundador, máximo representante y el artista por antonomasia del surrealismo en el cine. Su recorrido dejó huella tanto en su natal España como en México y, finalmente, Francia, países en los que destacó tanto su cine como su compromiso con la nación que lo acogió. Es además en México donde realiza dos de las películas más importantes del cine latinoamericano: Los olvidados y Él.
En Él, Francisco Galván es un hombre soltero, de buena posición, admirado y respetado por todos. Es el tipo que se gana la admiración por herencia, casi en forma gratuita, así como la fortuna familiar. En Galván (interpretado por Arturo de Córdova), Buñuel encuentra además un sujeto de estudio y acaso un alter ego ideal. La paranoia detrás de las formas. El hombre a punto de estallar dentro de un mundo que ya lo ha encasillado. Pronto comenzará a revelarse como un hombre impaciente, indolente y machista. Gloria, la prometida de su amigo, termina cayendo a los pies del magnate sin imaginar que la pesadilla de los celos y la psicología de su cónyuge podría llevarla incluso a perder la vida. Francisco se toma en serio su papel de dueño del mundo. Grita, hace pataletas, manipula, desprecia y ataca como un animal que en realidad siente más miedo que sus víctimas; campo fértil para que Buñuel aplique su máxima y convierta todo en una intervención onírica, pero ahora más reposada, sin los aspavientos de sus inicios, dosificándola, pero sin dejar de hacerla presente.

Desde el inicio, esa conocida fascinación por los pies, pies puros, dignos de ser lavados y besados solo por hombres como Francisco, hace su intromisión y nos dice que la obsesión ha sido marcada. Si los pies de los niños merecen los besos de los sacerdotes, los de Gloria solo merecen los suyos. En adelante la historia se mueve como una anécdota más, pero luego una elipsis nos despierta para recordarnos que ésta es una película de Luis Buñuel: Gloria, en un flashback detallado, nos cuenta el proceso de degeneración de Francisco y cómo los celos lo llevan a acusar a su mujer de infiel, a insultar a sus amigos cercanos, a dispararle con balas de salva (una de esas escenas que te dejan frío) y, por último, a confesarle su desprecio por la especie humana en lo alto de un campanario, donde está a punto de lanzarla al vacío (esta escena homenajearía luego Hitchcock en Vertigo, quien se declaraba su gran admirador). A manera de un ciudadano Kane en el DF, Francisco se consume en su propio infierno, dentro de un mundo en el que aparentemente lo tiene todo, está limitado por sus miedos y sus inseguridades. Ese mundo finalmente se limita al espacio marcado por el bastón con el que golpea las escaleras de su enorme mansión, en una gratificante secuencia. La paranoia de Francisco encuentra sus picos más altos cuando concluye que coser la vagina de su esposa es la mejor solución para vigilarla o, por último, cuando escucha las supuestas risas de quienes antes lo respetaban.
Buñuel reescribe la novela de Mercedes Pinto y se compromete con el personaje, lo convierte en él mismo y desmonta el oficio cinematográfico buscando el despertar del espectador, siempre pasivo y cómodo, a quien le puede lanzar huevos desde la pantalla como en Los olvidados o, en el caso de Él, a través del montaje que lanza burlas y mofas, en cortes atrevidos, hacia el personaje de Francisco. Personaje que no puede ser completamente odiado porque después de todo es parte de nosotros como seres humanos, tanto que hasta provoca cierta empatía. Ello lo convierte además en uno de los grandes antihéroes del cine. En este caso, el director español, quien se declaraba tan celoso y arrogante como su Francisco Galván, dejó los sueños de lado para rellenar los vacíos de su obra, y los completó con su propia personalidad, esa que provocaba respeto y aversión a la vez.
En la boca del miedo
Monday September 19th 2011, 9:26 am
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Cine,
Columnas
Lima Independiente
Por Martín Mauricio
Es indudable que el Festival de Lima es la atracción cinematográfica más importante del año, sin embargo, casi paralelamente se desarrolló, y con mucho éxito, el Festival de Cine Lima Independiente. Un total de 112 trabajos, la mayoría nunca estrenados en el país, llegaron de diversos lugares de aquí y del extranjero, además con retrospectivas de Richard Kerr, Raúl Perrone y Armando Robles Godoy.
Este espacio va a comenzar con una serie de artículos dedicados a las obras cinematográficas, un tanto ocultas, aquellas que no se estrenan en el circuito comercial peruano, dándole la importancia necesaria para que volteemos un poco a un cine que quiere decir algo nuevo. Esta es una primera entrevista que se realizó a Sebastián Pimentel, director de la revista godard! y crítico de cine de El Comercio, que fue jurado en este certamen y del cual extraemos, más que ideas, conceptos muy claros.

Cuando hablamos de cine hecho en el Perú, el público en general afirma que se habla del cine que se estrena en el circuito comercial. ¿Es eso cierto, desde cuándo hay un cine lejos de los circuitos comerciales?
No, es falso. Desde el abaratamiento de los costos de producción -debido a la extensión y abaratamiento de las cámaras digitales de buena definición-, se produce una significativa cantidad de películas peruanas -tanto en Lima como en provincias- que no se exhiben en el circuito comercial ni en multicines, sino en un circuito alternativo sin fines de lucro (cine clubes, cines universitarios, donde se realizan funciones gratuitas). En provincias hay un circuito de exhibición comercial distinto al de Lima, habría que estudiar ese caso también.
¿El término independiente como nosotros lo conocemos es el mismo también para este nuevo cine hecho en el Perú?
La diferencia podría estar en cuanto a recursos económicos y costos de producción. Las películas peruanas que suelen exhibirse en circuito comercial (las útlimas son “Bolero de noche” y “El inca, la boca y el hijo del ladrón”) son producciones que han contado con un presupuesto considerable dentro del mercado latinoamericano. La mayoría de estas producciones –marcadas en algunos casos por un costo de post-producción donde se incluye el traspaso de la imagen digital al soporte clásico del celuloide- se acercan a un promedio de medio millón de dólares. Muchas de ellas lo hacen juntando financiamiento externo (Fundaciones europeas) y subsidios del Estado (premios del Consejo Nacional de la Cinematografía, ahora Ministerio de Cultura). Películas como “Paraíso”, “Octubre” o las de Claudia Llosa se financiaron de esa manera. Estamos hablando de costos de producción totales que bordean el cuarto de millón o el medio millón de dólares. Las películas de Claudia Llosa, que cuentan con una casa productora española detrás, están cerca del millón de dólares, o lo superan. A escala norteamericana, se trata de una cifra irrisoria, pero a escala nacional es una suma que a veces se alcanza luego de muchos años de búsqueda de financiamiento. A veces, solo así se permite completar el proceso de post-producción, por lo que no es raro que algunas películas peruanas se demoren cinco, siete o más años en terminar de hacerse (es el caso de “El inca, la boba y el ladrón”, y de “Y si te vi, no me acuerdo”, por ejemplo).
En cambio, el cine que no pasa por el circuito comercial se hace agenciando medios propios, algunas veces sus costos son casi nulos, ya que se hacen con la complicidad de amigos y conocidos (el presupuesto puede ser de 100 o 200 soles, según algunas declaraciones de estos cineastas, ya que el trabajo del equipo es gratuito). La tecnología digital es la que permite esta posibilidad. Las películas se proyectan en este soporte, y, claro, se trata de hacer de su menor definición de imagen parte del componente expresivo. Por lo general, estas películas no cuentan con actores profesionales, ni con un equipo técnico clásico. Buscan otras formas de hacer, y un equipo mínimo. El hecho de que sean consideradas “amateurs” tiene que ver con su calidad, tanto técnica como artística, y esto ya es materia de discusión. Sin embargo, hay películas extraordinarias que se consideran .-para algunos críticos- impecables y mucho mejores que otras más costosas y “profesionales”, como “Los actores” de Omar Forero, “Detrás del mar” de Raúl del Busto, o “4” de Eduardo Quispe.
¿Qué tan importante es que este nuevo cine sea un poco más masivo, es decir, que llegue a más gente y no solo a un pequeño círculo?
Es importante en cuanto a que son películas a veces mucho más creativas, conmovedoras, interesantes, originales y entretenidas que las que se hacen con más dinero y se pasan en el circuito comercial. Además, al ser este cine más visto, podría dar pie a un mayor incentivo para la generación de diversos estilos de cine y supondría un impacto cultural que podría incentivar a sus autores a seguir haciendo cine.
¿Quiénes son para ti los nuevos nombres de este nuevo cine?
Fernando Montenegro, Javier Bellido, Ana Balcázar, Eduardo Quispe, Rafael Arévalo, Omar Forero, Juan Daniel, Malena Martínez, son algunos de ellos.
…..
En el próximo artículo echaremos un vistazo a la obra de estos nuevos nombres con películas que ya están dando que hablar como “Alienados”, “Los Actores”, “4”, etc.
El cine es la vida
Wednesday August 24th 2011, 3:02 am
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Cine,
Reseñas
Por Jorge Ruesta
Una de las mejores películas vistas en el Festival de Cine de Lima, acaso la mejor, es La vida útil de Federico Veiroj. La segunda cinta del realizador uruguayo es una película pequeña, sobria, que pareciera faltarle metraje y, sin embargo, no le sobra ni un plano para contar una historia que observa la cinefilia desde una perspectiva diferente y más profunda.
Jorge trabaja desde hace 25 años en Cinemateca (nótese la ausencia del artículo la en todo momento, lo que le da el aire de ser viviente, orgánico), en diferentes labores técnicos; además conduce un programa de radio sobre cine. Cinemateca agoniza, y los trabajadores buscan la manera de salvarla de la crisis ante la que finalmente sucumbe.
Durante esta primera media hora se nos revela el personaje de Jorge (Jorge Jellinek, crítico de cine en la vida real). Él es un hombre de 45 años que ha dedicado buena parte de ellos a Cinemateca, dejando de lado su vida sentimental y familiar, incluso para dedicarse por completo al cuidado de ese refugio de latas viejas llenas de contenido apasionante donde las cajas de cintas de VHS sirven más que todo para guardar las llaves del recinto sagrado. Como acota en un momento uno de los personajes, el exitoso director de cine invitado, también ha sido la fuente de inspiración y aprendizaje para muchos directores nóveles, y que en la vida real ha formado verdaderos talentos uruguayos como Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella.
Una forma de vida rutinaria, pero no por eso aburrida, es la que Veiroj filma con mucho oficio y sin virtuosismos. El formato 4:3 le permite encuadrar a Jorge en espacios pequeños a pesar de su contextura, y los primeros planos acusan una minuciosidad y quietud propias de un empleado contento, aunque serio con lo que hace. Jorge es un feliz ratón atrapado en su jaula llena de queso.
Además conduce un programa de radio donde habla sobre cine y comenta las actividades de Cinemateca. Curiosamente el último ciclo de cine que anuncia es el de nuevos directores uruguayos y la retrospectiva de Manoel de Oliveira, el portugués centenario que deja un legado de una forma de hacer cine.
La segunda mitad de la película es una sucesión de momentos sublimes que empiezan a comunicar el verdadero mensaje de la película. ¿Qué hacer después de dedicar la mitad de tu vida al cine? El blanco y negro y la banda sonora de Eduardo Fabini le dan el aspecto de cine clásico a las secuencias de Jorge caminando por calles y espacios anacrónicos. La cinefilia no se acaba en la sala de cine sino que sigue en el bus, en la peluquería y hasta en las facultades de Derecho.
Para algunos la escena más recordada la encuentran en el salón de clase en el homenaje a Mark Twain y el elogio a la mentira, el oficio por antonomasia del cine, e irónicamente también del Derecho. Sin embargo hay dos escenas más sobrias y logradas en el film. La primera es la lección de cine de Martínez, acaso por filmar de la manera menos cinematográfica posible (un plano estático en ángulo de perfil) el discurso “para educar al espectador” sobre el ritmo de una película y la música que la acompaña. Y la escena de la peluquería, en la que Veiroj se dedica a observar los cabellos, la papada, los ojos grandes de Jellinek, el proceso cotidiano del lavado de cabello con el que Jorge pretende conquistar a su amada Paola. La secuencia remite al cine de contemplación de un acto aparentemente ordinario para el resto pero no para él.
La vida útil es una película que economiza en recursos, en diálogos, en pensamientos grandilocuentes, y se apoya en el talento del director, en las referencias cinematográficas, en la música de Fabini y sobretodo en la presencia de Jellinek, un actor de andar lento y parco, con un solo gesto en la cara, como el gran Buster Keaton, y de sonrisa esquiva pero tierna. Es el gigante de gran corazón que sabe que la nostalgia por el cine de antaño se alivia caminando al ritmo de las trompetas de la caballería de las películas de John Ford o bailando tap al estilo de los grandes musicales de Vicente Minelli en los años 40.
La vida útil
País: Uruguay, 2010
Dirección: Federico Veiroj
Protagonistas: Jorge Jellinek, Manuel Martínez Carril y Paola Venditto