Jorge Franco en la Feria del Libro

Hoy se presenta en la Feria del Libro la última novela del escritor colombiano Jorge Franco, titulada Santa suerte, lo que significará uno de los eventos más importantes de la programación. El libro cuenta la historia de tres hermanas (Amanda, Jennifer y Leticia) condenadas a un destino lleno de frustración y dolor, en medio del cual se van articulando una serie de obsesiones y patologías, propias de los personajes de Franco.
Cabe destacar que la novela aún no ha sido publicada en Colombia, cuya presentación se realizará los primeros días de agosto.
La cita entonces será hoy a las 7 de la noche, en el auditorio José María Arguedas. Imposible faltar.
Dos días con Vila-Matas

Día 1. “Toda mi literatura es la historia de una búsqueda constante”
Por: Christian Elguera
Luego de la estadía en Argentina y Colombia, la visita de Enrique Vila-Matas se inició públicamente en Perú el 6 de julio en el Centro Cultural de la España, con una rueda de prensa previa a la presentación de Dublinesca, que se llevaría a cabo al día siguiente. El autor manifestó que el viaje a Lima le había resultado muy alentador para su creación.
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Las declaraciones del autor comenzaron destacando la diferencia entre una literatura para cine y una literatura como la suya, donde el elemento literario es muy profundo. En este punto Vila-Matas ha cumplido una labor de dinamitero haciendo estallar los límites genéricos, allí tenemos la diseminación de obras como El mal de Montano o Dietario voluble, donde aquel tópico de la acción se desvanece ante el viaje interior, la reflexión ensayística.
Pero el cine no es un aspecto desconocido para él, tenemos allí sus cortometrajes Todos los jóvenes tristes y Fin de verano (la cual se conserva en la Filmoteca Nacional de Cataluña), y la adaptación cinematográfica El viaje vertical. Sobre este tema adelantó que París no se acaba nunca se llevará prontamente a la pantalla grande.
Luego vinieron las respectivas preguntas sobre Dublinesca (Seix Barral, 2010). El autor sostuvo que el protagonista, el editor Samuel Riba, fue un gran hallazgo, y que lo considera uno de los mejores personajes de su obra. Relevó además su categoría ficcional ante posibles confusiones con la realidad. La posición del libro dentro de su producción podemos entenderla como la parte de un gran todo, de una novela o tratado sobre la identidad, que el autor destacó como el tema central de su obra.
La identidad se aborda de manera profunda, abismal. La búsqueda se afronta con la conciencia de estar dirigiéndose hacia lo aneblado; aquí la figura del sueño y el fantasma resultan trascendentales en Dublinesca. Una búsqueda asumida donde cada novela es la huida del ser y el intento por aprehenderlo. Al respecto el autor especificó: “Toda mi literatura es la historia de una búsqueda constante”. Pero no es esta búsqueda ingenua o segura, sino una llena de riesgo, donde no hay psicopompo y “lo oculto” signa la senda. Cada novela de Vila-Matas es una katabasis al alma, una perfomance del yo: shandy, hikikomori y ahora un fantasma.
Dublinesca a la vez que un texto de navegación del ser, es también un metatexto: el tema de la literatura se torna medular. En este sentido destacamos que la novela se presenta, para nosotros, como un ritual de purificación a partir del viaje a Dublín, el Bloomsday, y la alegoría de la procesión mortuoria. El intento de Riba es configurar un espacio distinto, opuesto al caos que lo rodea, tender un puente que lo reinserte a una vida auténtica. A semejanza de Rabelais o los surrealistas, unas de las formas de Vila-Matas para esta liberación es el humor.
Al respecto el autor dijo: “La literatura tiene que ofrecer un camino distinto de la versión oficial de la realidad (…). La literatura ofrece un vía diferente; por ejemplo, la de decir la verdad o de intentar decir la verdad, es imprescindible para la salvación de nuestro espíritu.” Esto define la concepción literaria de Vila-Matas, aquella donde la palabra es laberinto y cepo, pero también, y sobretodo, una oportunidad de trascendencia.
Sostuvo que Dublinesca propone un lector activo, pues busca ser “leída con morosidad y detenimiento”. A los lectores de Vila-Matas el encuentro con su última novela significará una extraña quintaesencia: por un lado hay temas identificables y de un estilo inconfundible; y por otro, se trata de un giro, de un cambio: otredad de estilo, huella del genio.
En la actualidad Vila-Matas resalta la importancia comunicativa. Esto, en parte, desmitifica la creencia de verlo como un autor exclusivo de sectores intelectuales. De esta manera nos habló del “esfuerzo por compaginar lo legible con lo complejo y lo difícil sin perder nunca las exigencias máximas de mi literatura”. Al reflexionar sobre esta postura sostuvo que durante años costó mucho que se le leyera debido a que iba en busca de un lector. Y es en este punto en que radica uno de los logros de su obra: haber logrado configurar un público propio.

Día 2. Todo es una historia (a manera de crónica)
Por: Juan Francisco Ugarte
Son las siete de la noche y me encuentro en una cola que estoy seguro no me llevará a donde debo ir. Son las siete de la noche en el parque Washington, con un clima helado, crudo, y por demás espantoso, y no me queda otra cosa que imaginar. Entonces imagino lo que está ocurriendo allá adentro, en algún lugar de alguno de esos salones pequeños y cerrados del Centro Cultural de España. Imagino a Enrique Vila-Matas quedando en los últimos detalles para la presentación que está a media hora de empezar, conversando con uno y con otro, algo aturdido, seguramente, y también cansado; quizá tomándose un poco de vino para el frío y la garganta. Quizá simplemente esperando.
Vila-Matas ha llegado al Perú para hablar de Dublinesca, su última novela, publicada esta vez por Seix Barral, pero también para contarnos un poco de todo. Porque Vila-Matas (lo sabré en unos minutos) tiene mucho que relatar. Sobre Bolaño y las últimas frases que intercambiaron en España, un tiempo antes de su muerte; sobre Pitol y Varsovia y el hijo de Lenin; sobre la buhardilla que le alquilaba Marguerite Duras y París no se acaba nunca; sobre Paul Auster; sobre Rodrigo Fresán; e igualmente sobre Ribeyro, Vargas Llosa y hasta sobre Enrique Prochazka, a su juicio uno de los autores peruanos más interesantes y enigmáticos. Vila-Matas más parece hablar sobre el resto que de sí mismo, pero es precisamente al referirse a los otros que se muestra en su generalidad, de esta manera nos narra su escritura, y se relata. Como en su obra, la idea del escritor se encuentra tan fuertemente interiorizada que todo en él, absolutamente todo, es literatura. No es que no exista nada más allá, sino que no es necesario ni siquiera indagar: el mundo entero está dentro, todas las cosas parten de aquí.
Pero esto aún no ha sucedido. Vila-Matas todavía no aparece y yo sigo esperando que algo increíble ocurra para ingresar. La cola es inmensa y al parecer el auditorio ya está repleto. “No creo que entre nadie más”, me dice por celular un amigo que está bien sentado, a pocas butacas de la mesa en la que en unos minutos se encontrará Vila-Matas. Todos entonces comenzamos a pensar que aquel proyector que han colocado al lado de la puerta principal es para nosotros.
Pasan quince minutos y nada. Mientras tanto, me he percatado de algunas personas, de varios muchos escritores, jóvenes, no tan jóvenes y viejos, de poetas, editores, también de los infaltables groupies y de aquellos muchachos y muchachas (los más) que no saben muy bien qué es lo que están haciendo aquí. La gente de pronto se pone algo inquieta y es en este instante en el que observo que Vila-Matas desciende por las escaleras del fondo junto a Sergio Vilela y otras personas que no logro reconocer. Vila-Matas siempre serio, siempre inexpresivo, con el rostro firme y la expresión dura, fija, casi imperturbable, acaba de sentarse en la mesa principal al lado de Gabriel Ruiz-Ortega, quien es el encargado de la presentación y la entrevista.
Ambos se ponen cómodos. Prueban los micros y empiezan.
Lo que pasa cuando no pasa nada
Enrique Vila-Matas es un tipo que a pesar de todo siempre intentará estar del otro lado. No ser el centro. No estar en el centro. Raro y contradictorio en un escritor que tiene más de veinte libros publicados, bastante visibilidad pública, tantas giras y premios y etcétera. Como muchos otros, sentirá predilección por aquellos escritores que vivieron y viven un poco al margen del mundo. Pero esto no es gratuito. Vila-Matas nunca se cansa de repetir (con o sin razón) que el cánon literario español, “las mafias”, como ha señalado en una entrevista, no le permitió realizarse como escritor. Si en algún lugar las puertas se le abrieron fue precisamente en Latinoamérica. Para Vila-Matas, España no fue jamás su centro literario, no tanto como Argentina o México, por ejemplo. Sus vínculos artísticos se efectuarán, en la mayoría de casos, con personajes de estos países: Sergio Pitol, a quien por lo demás considera su maestro “tanto en vida como en obra”, Roberto Bolaño, Juan Villoro, Rodrigo Fresán, entre otros. “América Latina tiene una vitalidad muy fuerte, que me gusta mucho, además le debo el hecho de que me descubriera como escritor”, señala el autor a propósito de su visita a Lima. De una forma u otra, Vila-Matas se ha sentido al margen desde sus inicios, fuera del eje, de su eje, y es a partir de este extrañamiento que construye toda su obra. Por ello no sorprende que su escritura tenga algo (o mucho) de autismo y autoexilio, de reclusión en lo propio, de un hablar para sí. Sin alcanzar a ser una literatura demasiado compleja ni meramente intelectual, la suya es un intento inagotable por romper con lo rígido y estricto, llegando incluso a reformular las mismas entidades narrativas.
Por otro lado, su afán contracorriente le hace decir cosas como: “Cuando me dijeron que con Bartleby y compañía pasaría a la historia decidí que el siguiente libro debía ser totalmente distinto, justamente para no pasar a la historia. Cada obra que escribo lo hago con la intención de no pasar a la historia”. Y sin embargo con cada libro parece confirmar su vigencia en la literatura y el mundo, cada novela resulta al final un modo de insertarse en el centro, aquel en el que no se siente muy cómodo y desde donde le gusta pensar que es posible todavía la invisibilidad literaria. Quizá para Vila-Matas el centro sea otra forma de hablar del margen, de estar siempre a un lado, otra posibilidad de escapar a la historia y convertirse ya no en el protagonista, sino en un simple extra.
O transformar a ese personaje secundario en principal. Acaso no sucede lo mismo con Samuel Riba, el protagonista de Dublinesca. Pocas veces hemos visto que un editor sea la figura preponderante de una novela; y pocas veces este editor se asemeja tanto a un escritor que es muy probable que en el fondo lo sea: aquel autor genial que siempre buscó y que no encontró jamás.
Pero dejando esto un poco de lado, vuelvo a la mesa en la que están Vila-Matas y Ruiz-Ortega. Estoy quieto mirando aquel proyector. Hay bastante gente que se ha quedado fuera, algunos, por cansancio, comodidad y frío están sentados en el jardín, otros como yo nos hemos quedado de pie, no sé muy bien por qué. La bulla de la calle resulta fastidiosa, pero de todos modos se escucha. La conversación dura aproximadamente hora y media y gira en torno a diversos temas. Como ya dije, Vila-Matas parece estar ansioso por contar anécdotas y al menos la primera hora transcurre en esto: la más interesante podría ser aquella en la que relata las últimas palabras que se intercambia con Bolaño en España. O más que palabras, una risa. Vila-Matas cuenta que tras salir de un lugar con Bolaño y una amiga de Bolaño, éste le dijo si quería que lo llevaran en el auto y le preguntó hacia donde iba, ante lo cual Vila-Matas respondió que no sabía, no sé a donde voy, dijo y Bolaño no paró de reírse durante un buen rato. “Creo que le gustó que no supiera a donde tenía que ir, y eso fue lo último, una risa, era imposible para alguno de los dos adivinar que aquel sería nuestro último encuentro”, dice ahora Vila-Matas.
Tras las anécdotas literarias que a todo el mundo le encanta escuchar, Ruiz-Ortega se centra en lo que es la novela. Y esta es, por cierto, la parte menos atractiva de la conversación. Pocos son los que han leído Dublinesca y como que la gente empieza a aburrirse. Luego de un rato, se da por concluida las preguntas e inicia la intervención del público.
Vila-Matas, con el semblante igual de serio, igual de inexpresivo, contesta a todo lo que se le pregunta con un ingenio tan propio y original. Además de todas aquellas virtudes que posee su obra, añadiría ese modo tan sutil y “literario”, pongamos el término, de decir las cosas, esa ingeniosa forma de ver el mundo a través de los libros, a través de las historias. Vila-Matas vive y respira literatura, vive y exuda relatos, fábulas, invenciones, cada acto es para él un acto literario, todo puede convertirse en una historia. Todo es una historia, al final.
En uno de los textos de Dietario voluble, Vila-Matas se refiere a una frase de Georges Perec, “lo que pasa cuando no pasa nada”, y señala que él intenta hacer lo mismo; es decir, sentarse en el café donde Perec solía observar aquellas increíbles cosas que no se ven, que en apariencia no importan y que nadie parece notar; y justamente eso sucede: nada. Luego se refiere a Catherine Deneuve, a la sorpresiva aparición de Catherine Deneuve en aquel café. Vila-Matas al verla pasar se queda mudo, pasmado, y por un momento, se pregunta, si Deneuve no ha sido, o lo es continuamente, “lo que pasa cuando no pasa nada”. Sin embargo, esta noche, mientras observo aquel proyector espantoso que no deja de sacudirse con el viento, y presto atención no tanto a lo que dice, sino a su rostro, al modo en que plantea las cosas, pero sobre todo al escritor, aquel sujeto que no está conforme, que detesta los moldes y que siempre busca algo, para quien, como señaló en la rueda de prensa, toda su “literatura es la historia de una búsqueda”, me he dicho seriamente si no es él mismo, en este momento, en este lugar, “lo que pasa cuando no pasa nada”, ese suceso extraordinario que significa su visita a un país, a un espacio literario, en el cual nunca ocurre nada (la nuestra), salvo el paso del tiempo y las personas y los libros y nada más.
Fotos: Ingrid Pumayalla.
El efecto Monsiváis

Por: Giancarlo Stagnaro
Me preguntaba el día en que me entero de la muerte de Carlos Monsiváis (1938-2010) si había alguna manera de definir su obra y, por ende, definirlo a él como personalidad cultural e intelectual. Tarea ardua como pocas. Por ello, y sin mayores pretensiones, este texto será un recuento de las oportunidades que tuve de departir con él y de la impresión que me dejó en ambas facetas.
Tuve la oportunidad de conocer a Carlos Monsiváis en el año 2004, en Lima, con motivo de la Feria del Libro. Al ser el último de los periodistas en llegar y entrevistarlo, le tocaba esperar al agregado cultural de la embajada mexicana, que lo iba a recoger y llevarlo al entonces Centro de Convenciones del Jockey Plaza. La entrevista giró en torno a la formación de las ciudades latinoamericanas y en ella comparábamos la forma del tráfico tanto en Lima como en Ciudad de México. Fui invitado por el propio agregado a seguir la conversación hasta llegar a la feria. En un momento dado, la charla giró en torno al machismo latinoamericano, que impregna las prácticas culturales de manera sutil y del cual no estaban exentos —aunque aseguren lo contrario— ni escritores ni cantautores de nuestras latitudes.
Al año siguiente, y en otro contexto similar, como lo fue la Feria del Libro de Guadalajara, en la que el Perú fue invitado de honor, encuentro a Monsiváis husmeando entre los libros desperdigados del pabellón peruano. Nos reconocimos y conversamos fragmentariamente, mientras me preguntaba por títulos de libros, algunos de ellos francamente inhallables porque o no se volvieron a publicar o simplemente no figuraban en el catálogo que los editores peruanos llevaron. Como asiduo asistente a la FIL de Guadalajara, entidad que le otorgó su premio de lenguas romances hace un par de años, su ausencia en la edición de finales de este año será bastante notoria.
En 2008, Monsiváis estuvo de nuevo por Lima y El Hablador aprovechó para entrevistarse con él. Nuestra “biblioteca” giraba en torno al melodrama latinoamericano y la conversación no podía evadir ese tema, del cual el mexicano es un gran conocedor: “Es un género que no pasa de moda. Se renueva, pero no pasa de moda porque la catarsis al mayoreo es uno de los ideales de la escritura”.
La última vez que vi a Monsiváis fue en la Feria del Libro de Trujillo de 2009. En aquella ocasión observé un decaimiento que no había notado las veces anteriores. Posteriormente, en un reciente congreso académico celebrado en la Universidad de Brown (Estados Unidos), me entero que el autor de Días de guardar había sido internado en Ciudad de México debido a complicaciones respiratorias. La persona que me dio la noticia no parecía muy optimista acerca de su situación. Hasta antes de su fallecimiento, Monsiváis había estado criticando las actividades por el bicentenario de la independencia de México, en el sentido de haber sido concebidas como “un festejo burocrático”. De hecho, en nuestra última conversación, publicada en la revista Variedades había advertido lo siguiente:
Se perderá una gran oportunidad si se restringe la celebración del bicentenario a los movimientos de independencia de principios de siglo XIX. Tiene que irse, insisto, por el lado del desarrollo de las mujeres, la cuestión indígena y el racismo visto en el Perú y México, que merecen un examen más detenido. No veo que en México hagamos un debate al respecto. A pesar de haberse formado repúblicas independientes y separadas, ahora vemos las coincidencias, como la vida en las grandes ciudades. Me da curiosidad saber cómo se desperdiciará la oportunidad del bicentenario al ver cada proceso por separado y por país.
Si de por sí el bicentenario se presenta como una oportunidad excepcional para reflexionar con base sobre los logros, fracasos y las cuentas pendientes de América Latina, para los burócratas y gobernantes se trata tan sólo de un calendario, una efeméride más en la planicie de la desmemoria y la banalización. En sus escritos, manifiestos y palabras, Monsiváis nada contra la corriente, tratando de alertarnos sobre esa realidad inminente y especial que brilla con colores propios ante nuestros ojos, pero que nuestros prejuicios o nuestros miedos (miedo a lo diferente, a la otredad) suelen reducir a proporciones maniqueas.
Monsiváis era un conversador nato, un humorista sutil, un devoto del cine y la literatura. Aunque pleno de referencias eruditas, poseía una sensibilidad a flor de piel para captar los giros de lo popular, en sus vertientes tanto urbanas con la cultura de masas como de origen rural (véase al respecto su excelente ensayo “Literatura latinoamericana e industria cultural”). Ahora que vivimos en una época en que la distinción entre campo y ciudad ya no es tan clara, así como la diferencia entre “alta” o “baja cultura”, es una verdadera congoja que el faro que suelen llevar personalidades como la de Monsiváis, capaces de detectar las luces y las sombras de lo latinoamericano, ya no nos siga alumbrando con su ironía e impulso. Su obra, a partir de ahora, será la que haga pervivir su magisterio y su visión, ambas singulares en todo el continente.
Enlace: Discurso de aceptación de Carlos Monsiváis del doctorado Honoris Causa en San Marcos
Foto: Carlos Monsiváis en Guadalajara (2005). Por Giancarlo Stagnaro.
Ciclo de cine y fútbol

Martín Mauricio, columnista de este blog, está organizando desde el pasado viernes un ciclo de cine y fútbol titulado “El cine en su cancha”. Aquí la programación.
¿Existe relación entre el fútbol y el cine? Más allá de numerosas y muy conocidas películas sobre deportes, el fútbol por alguna razón en particular no está asociado, para una gran cantidad de espectadores, a una buena y vasta filmografía. Con esta presentación intentaremos romper algunas opiniones pre-establecidas y vamos a darnos cuenta de la importancia que ha tenido el fútbol en el desarrollo de varias y diversas películas a través de los años. Nos enfocaremos en diversos géneros, empezando con el documental y repasaremos películas no estrenadas en nuestro medio como Garrincha, Alegría do Povo (1962), The game of their lives (2002) y Zidane, un portrait du 21 siecle (2006), entre los más conocidos. También podremos observar escenas de autores consagrados que le han dado al fútbol un espacio fundamental en sus films, como Ken Loach, Abbas Kiarostami, Emir Kusturica o Jafer Panahi.
Por último, repasaremos dos géneros fundamentales para el cine como la comedia y el drama y como éstos han abordado al fútbol a lo largo de los años con títulos como Fever pitch (1997), Mike Bassett: england manager (2001), Días de fútbol (2003), Pelota de trapo (1948), Los ases buscan la paz (1954), Two half times in hell (1962), El milagro de Berna (2003), entre los más representativos.
Viernes 11 de junio:
El gran DT. El fútbol y el cine de autor.
¿Es que acaso existe un divisionismo entre la intelectualidad y el fútbol?, como en el caso de la literatura, en el cine también existen vínculos entre este deporte y diversos autores que se han interesado en el fútbol como medio de transmitir sus ideas y propuestas personales. Directores como Wim Wenders (La angustia del arquero frente al tiro penal, 1972 – Subs en ingles), Ken Loach (My name is Joe, 1998, Looking for Eric, 2009), Abbas Kiarostami (Mossafer, 1974), Jafer Panahi (Offside, 2006), Rainer Werner Fassbinder (El matrimonio de Maria Braun, 1978) y Emir Kusturica (La vida es un milagro, Maradona by Kusturica), manifiestan de alguna manera, en un caso su amor y en otros su interés por la popularidad de este deporte.
Viernes 18 de junio:
El gol perdido. La comedia en el fútbol.
A partir de revisar escenas, se comentará el abordaje de este género tan popular en películas de diferentes nacionalidades. Cómo podemos ver el tema del fútbol desde la comedia en diferentes países, la importancia como deporte entre las relaciones personales y la comunidad. Revisaremos películas como Fever pitch (Inglaterra, 1997), Mike Bassett: england manager (Inglaterra, 2001), Días de fútbol (España, 2003), El Presidente del Borgorosso FC (Italia, 1970), La pena máxima (Colombia, 2001), entre otras.
Viernes 25 de junio:
El gol en contra. El drama y la violencia en el fútbol.
Por último, tal vez el género que despierta más sensaciones dentro de una cancha de fútbol: el drama. Aquí revisaremos como algunas películas toman como referencia este deporte dentro de una mirada intima y en algunos casos violenta. A partir de escenas de películas como Pelota de trapo (1948), de Leopoldo Torres Nilsson; Los ases buscan la paz (1954), de Arturo Ruiz Castillo; Two half times in hell (1962), de Zoltan Fabri; L’uomo in piu (2001), de Pablo Sorrentino; El milagro de Berna (Alemania, 2003), de Sonke Wortmann y The football factory (2004), de Nick Love.
Todos los viernes de junio a partir de las 7:30pm en el Centro Cultural Británico. Jr. Bellavista 531, Miraflores.
Ingreso libre a todas las funciones.
Diccionario de Americanismos: ¿qué Academia es la responsable?

Por: Jack Martínez Arias
Hace ciento veinte años se gestó una idea que se concretó hace apenas unas semanas. Me refiero a la publicación del primer Diccionario de Americanismos (Santillana), un proyecto sin precedentes en la historia de la lengua española. En su elaboración, participaron las 22 Academias. Y la dirección general del proyecto estuvo a cargo del lingüista cubano Humberto López, Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española.
En el Perú, la coordinación estuvo en manos del Dr. Marco Martos, Presidente de la Academia Peruana de la Lengua (APL). Fue también en nuestro país donde se llevó a cabo la primera (y hasta hoy única) presentación del diccionario.
La polémica en torno al diccionario se inició cuando un cable de la agencia EFE difundió una noticia a raíz de la mencionada presentación (que tuvo rebote en el Perú a través de la web de El Comercio): “Marco Martos criticó las distorsiones detectadas en los peruanismos registrados en esta obra”. Se añadía que Rodolfo Cerrón Palomino, vicepresidente de la APL se mostró implacable “al criticar las abundantes omisiones entre los peruanismos (…) la etimología errática o incompleta y el caos ortográfico observado en las acepciones peruanas”.
Ante ello, el lingüista cubano López Morales no tardó en mostrarse “completamente sorprendido al ver que se acusa al equipo de Madrid de lo que es responsabilidad absoluta de la corporación limeña”, ya que “es en las Academias (de cada país) donde comienza realmente el proceso de revisión de los lemas y de los demás elementos que constituyen cada uno de sus artículos: uso, definición, marcaciones, etc.”
Así culminó la noticia. Ante la mayoría de lectores, la Academia Peruana de la Lengua terminó mal parada, siendo paradójicamente, ella misma, la única culpable de lo que criticaba.
Mesa de discusión
Tras varios días de silencio, el equipo peruano encargado de la revisión de peruanismos en el Diccionario de Americanismos, a través de la Academia Peruana de la Lengua Española, organizó una Mesa Redonda sobre el tema en la Unidad de Posgrado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Allí, las intervenciones tuvieron un común denominador: señalaban las falencias de la publicación, y luego, éstas se minimizaban porque eran “pequeñas”, situadas en el contexto de una obra monumental y valiosísima como este Diccionario de Americanismos.
Pero, ¿cuáles son las omisiones o errores del Diccionario…?
En su intervención, Mari Carmen La Torre (miembro de la Comisión de Lexicografía de la Academia Peruana de la Lengua) señaló que muchos “pedidos y recomendaciones” no se tomaron en cuenta en la edición final. Es decir, fue en Madrid y no aquí donde se desestimaron. Entre las recomendaciones se encontraban la incorporación de nuevas acepciones a peruanismos ya existentes y se solicitó la intervención de expertos en lenguas amerindias para las observaciones concernientes a las etimologías de las palabras usadas.
Por otro lado, el lingüista Juan Quiroz criticó, entre otras cosas, la estructura del diccionario, el listado de gentilicios internacionales populares (en los que se incluyen Lorcho, Roto, Charrúa, Colocho, Mono) y gentilicios populares locales en los que se lee “Chacarato” en lugar de Characato, por citar un ejemplo.
El español Julio Calvo (autoridad mundial en los estudios sobre el uso de la lengua española en el Perú), fue menos crítico y dijo que en un “acontecimiento de primer orden en la lexicografía”, como éste, se hace muy difícil obtener la información de todos los ámbitos y “por eso se registran algunos desajustes”. Dijo que, además, el Diccionario de Americanismos, para el inicio de su elaboración, juntó la mayoría de diccionarios de peruanismos (así como sus correspondientes en otros países de la región) para tomarlos como insumo base. Entonces, al no contar aquí con un diccionario de peruanismos como referente, sino con muchos diccionarios de peruanismos incompletos, los yerros de éstos fueron transmitidos, tal cual, a la primera versión del Diccionario de Americanismos.
Entonces surge otra pregunta: ¿Con qué criterio, el equipo de Madrid, dejó de lado las correcciones y añadidos posteriores del equipo peruano? Para tratar de dilucidar el tema, hablamos con Marco Martos.
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Antes de responder esta cuestión, Marco Martos aclaró que las supuestas críticas aparecidas en la nota de EFE fueron descontextualizadas. “Entre otras cosas, lo que dije fue que en obras tan grandes como el Diccionario de Americanismos, se suelen encontrar más errores, porque estas publicaciones son observadas con mayor prolijidad”. Además, el cable internacional no habría citado a Martos cuando elogió el hecho de que “por primera vez, 22 países se pusieron de acuerdo en hacer un diccionario que contiene 123 mil voces, más que las 83 mil que están actualmente en el DRAE”. Por todo ello, Marco Martos se mostró mortificado. Porque sabe que “ese artículo tuvo una repercusión muy grande: se leyó en doscientos cincuenta diarios de España. Y en medio de ese ambiente, la respuesta de Humberto López es comprensible”.
Sin embargo, situada la polémica, la pregunta esencial sigue vigente: ¿bajo qué argumentos se desestimaron las modificaciones? Tanto Marco Martos como los ponentes no tienen una respuesta clara. Se desliza la sensación de que ese Diccionario de Americanismos no es también “nuestro”, sino que es una obra de la Real Academia Española acerca de “nuestros usos americanos de la lengua española”. Marco Martos refiere que “ahora, como peruanos, en lugar de reclamar, haremos nuestro propio diccionario. Todos los diccionarios de peruanismos que se han hecho hasta hoy son el fruto de esfuerzos individuales, y la mayoría le pertenece a personas que no son o fueron lingüistas ni lexicógrafos. Necesitamos una obra consolidada”.
El Diccionario de Peruanismos del que habla el Presidente de la APL ya está en marcha. Es dirigido por Julio Calvo (que acaba de publicar un diccionario Español–Quechua con la USMP), y con él “hay un equipo de treinta personas trabajando de forma gratuita”, enfatiza Martos. El Diccionario estará listo el 2010 y “luego de la edición de lujo, se publicará la edición popular y, finalmente, el Diccionario podrá ser consultado a través de Internet”, dice Marco Martos quien, además, ya nos viene entregando adelantos de los peruanismos que incluirá esta publicación, a través de su columna de los jueves en Perú 21.
Con ello, el caso del Diccionario de Americanismos parece estar cerrado para la APL, institución que ahora aboca su atención hacia un proyecto propio e independiente: un Diccionario de Peruanismos que sirva de referente confiable para futuras recopilaciones al respecto.
Antesala de Medellín

Los poetas Renato Sandoval (Perú) e Indran Amirthanayagam (Sri Lanka) realizarán una lectura de poemas el miércoles 26 de Mayo a las 7pm en el Centro Cultural Inca Garcilaso de la Cancillería (Jr. Ucayali 391, Lima) en una mesa titulada “Antesala de Medellín”, como una reunión previa al XX Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia, evento al que ambos han sido invitados y que tendrá lugar entre el 8 y el 17 de julio.
Renato Sandoval (Lima, 1957) ha publicado, en poesía, Singladuras, Pértigas, Luces de talud, Nostos y El revés y la fuga y Suzuki Blues. Tiene en prensa 24 x 1. Poemas suyos han sido traducidos al francés, alemán, italiano, danés y finés. En ensayo, El centinela de fuego, libro dedicado al poeta simbolista José María Eguren, y Ptix: Eielson en el caracol.
Indran Amirthanayagam (Ceilán, 1960) es poeta, ensayista y traductor al inglés y al español. Ha publicado los poemarios en inglés The Elephants of Reckoning (1993), que recibió el Premio Paterson en 1994, Ceylon R.I.P (2001) y The Splintered Face: Tsunami Poems (2008). Se están preparando para su publicación dos nuevas recopilaciones de poemas en español, Sol camuflado y Sin adorno, así como una traducción de su Ceylon R.I.P. y un nuevo poemario en inglés Uncivil War.
Recomendamos visitar la página web del Festival, pues en ella se encuentra el programa de este año, fotografías y videos de los autores invitados leyendo sus poemas.
Foto inédita de Rimbaud

Por: Juan Francisco Ugarte
Rimbaud no siempre fue adolescente, aunque nadie parezca recordarlo. Quizá porque luego se perdió. Quizá porque al abandonarlo todo y desaparecer no hizo otra cosa que marcar el inicio de un mito. Quizá porque el Rimbaud adolescente, el único Rimbaud que conocíamos, es ya de por sí el mito, aquel que habla acerca de un genio que a los veinte años decide marcharse para siempre de Francia y no escribir más.
Entonces Rimbaud dejó la literatura y se convirtió, con los años, en traficante de armas en Adén. Pero antes había estado también en varias partes del mundo, había sido soldado del ejército holandés, obrero en Chipre, y finalmente, mercader en África, lugar en el cual residió hasta meses antes de su muerte, en 1891, cuando un fuerte dolor en la rodilla derecha se le complicó. Volvió entonces a Francia y, tras la amputación de su pierna, murió en un hospital de Marsella. Tenía 37 años.

Del tiempo en el que fue traficante de armas en África no se conoce mucho, menos aún se poseen imágenes. Pero después de ciento veinte años de su muerte, Rimbaud vuelve a aparecer. Todo se inició cuando dos libreros parisinos, Alban Causse y Jacques Desse, encontraron por azar un lote de libros, fotografías y documentos antiguos, en los cuales se escondía la imagen que se observa arriba. No estaban muy seguros del hallazgo, pero algo había en aquella foto que la hacía importante. Acudieron a Jean-Jacques Lefrére, especialista y biógrafo de Rimbaud, quien luego de una larga investigación concluyó y confirmó lo que se esperaba: la figura de Rimbaud, el rostro de Rimbaud, la imagen de alguien que, lejos de la expresión adolescente a la cual nos hemos acostumbrado, presenta un gesto serio, duro, firme, de aparentemente, según esta información, 26 años.
La fotografía fue tomada en la terraza del Hôtel de l’Univers, en Adén, y muestra a un grupo de europeos. Rimbaud es el segundo de la derecha, al lado de la mujer de perfil.
Tras la reciente publicación, la imagen será expuesta desde hoy en el Grand Palais, dentro del Salón del Libro Antiguo.
Artículos relacionados en:
Le Figaro / ABC / AFP