Una encuesta sobre la vigencia de José María Arguedas
Monday April 02nd 2012, 10:56 am
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Voces Arguedianas

Sobre la vigencia literaria de José María Arguedas

 

 

Por Jack Martínez Arias

 

Indudablemente, el Centenario de José María Arguedas (1911-2011) se presenta hoy como el acontecimiento ideal para preguntarnos por la vigencia de la obra literaria que nos legó. Aquí buscaremos responder a esta cuestión a través de una encuesta dirigida a los especialistas. Así, dicha encuesta abarcará tres ángulos específicos: en primer lugar, las razones sobre el amplio y creciente interés de la crítica en torno a nuestro autor, donde también nos preguntaremos por el lugar que ocupa Arguedas en el contexto literario latinoamericano; segundo, la existencia o no de una influencia del autor de Los ríos profundos en escritores posteriores; tercero, el estado actual de la recepción de la obra arguediana por parte de los lectores contemporáneos.

Estas cuestiones son válidas en un contexto como el actual, pues nos ayudarán a comprender qué celebramos realmente cuando recordamos los cien años del nacimiento de Arguedas. Las respuestas vendrán de cinco reconocidos investigadores que han trabajado (y continúan haciéndolo) en torno a la obra de nuestro autor. Ellos han escrito, recopilado y editado textos muy valiosos para los estudiosos y lectores que buscan acercarse con mayor profundidad al universo arguediano.

 

 

Julio Ortega (Casma, 1942) estudió la Doctoral de Literatura en la Universidad Católica del Perú y vive en Estados Unidos desde 1969. Es profesor de la Universidad de Brown desde hace 20 años, donde dirige el Proyecto Transatlántico, y es autor de alrededor de 40 libros de crítica literaria, ensayo y ficción, además de ediciones y antologías. El más reciente es El sujeto dialógico. Negociaciones de la  modernidad conflictiva (México: FCE, 2010). Su trabajo crítico ha  merecido elogios de José Lezama Lima, Octavio Paz y Julio Cortázar.

Sergio R. Franco es profesor en Temple University. Obtuvo el grado de Doctor en la Universidad de Pittsburgh. Es autor de A favor de la esfinge. La novelística de Jorge Eduardo Eielson (Lima: Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2000) y ha editado el libro José María Arguedas: hacia una poética migrante (Pittsburgh: IILI, 2006).

Aymará de Llano es docente e investigadora en el Centro de Letras Hispanoamericanas de la Universidad Nacional de Mar del Plata en Argentina. Es autora de  Pasión y agonía. La escritura de José María Arguedas (2004), coautora de Navegación por la palabra (2000) y de Saberes de escritura (2000) y coeditora de Animales fabulosos. Las revistas de Abelardo Castillo en 2006. Su última publicación es No hay tal Lugar. Literatura latinoamericana del siglo XX (2009).

Fernando Rivera es profesor en Tulane University, New Orleans, Estados Unidos. Obtuvo el grado de Doctor en Princeton University. Asimismo, es autor de Escritura envenenada y novela de la traducción en El zorro de arriba y el zorro de debajo de José María Arguedas. También es editor de Encuentro y diálogo: Arguedas y la Literatura Andina. Conversaciones en Princeton con William Rowe y Peter Elmore. Acaba de publicar recientemente Dar la palabra: ética, política y poética de la escritura en Arguedas (Iberoamericana, 2011).

José A. Portugal (Lima, 1955) obtuvo el grado de Bachiller en Lingüística y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú y el de Doctor en Literaturas Hispánicas en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos. Es profesor de Español y Literaturas Hispánicas en New College of Florida. Ha publicado el libro Las novelas de José María Arguedas. Una incursión en lo inarticulado (PUCP 2007), y ensayos sobre Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique y Miguel Gutiérrez.

 

 

I

La vida de José María Arguedas terminó hace cuatro décadas con un disparo en la sien. La obra que escribió, sin embargo, parece inagotable. Esto se hace evidente si tomamos en cuenta las diversas lecturas críticas que se vienen ocupando de ella y —tal como Sergio R. Franco apuntó recientemente en la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, los distintos lugares desde donde se estudia su obra en la actualidad: cultura, traducción, transculturación, autoficción, afecto, poesía, erotismo y sexualidad, recepción, ética y epístolas. Y así, las primeras preguntas caen por sí mismas:

Desde una perspectiva actual, ¿cuál es la importancia de la obra de Arguedas en el panorama histórico de la Literatura Latinoamericana? ¿Qué es lo que la hace atractiva para la crítica?

Julio Ortega: La obra de Arguedas es la más entrañablemente concernida en el gran debate sobre la formación nacional de América Latina. Equivalente, en ese sentido, a las alegorías nacionales elaboradas por Sarmiento (Facundo) o Echeverría (El Matadero), pero en una versión más cultural, que se remonta a las definiciones latinoamericanas de Martí (Nuestra América) y Mariátegui (la alternativa comunitaria nacional). Es, por ello, una obra irresuelta, abierta, porque acompaña a la irresolución de un proyecto cultural crítico, que es la definición de lo moderno en términos latinoamericanos. Y quizá sea intrínseco a lo moderno, precisamente, este debate sobre las formaciones que son procesales, que no necesariamente deben culminar en un modelo completo y acabado, lo que equivaldría a un modelo autoritario. Se trata, en definitiva, de la definición del Sujeto latinoamericano, como alguien que en la definición del Yo incluye la parte del Otro.

No hay otro modo de ser Yo modernamente en América Latina sino siendo, al mismo tiempo, ese Otro. Seguimos debatiendo sobre los turnos, protocolos y relevos de ese drama y dilema.

 

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Las frustraciones de un tiempo inevitable (entrevista a Rodrigo Núñez Carvallo)
Wednesday February 29th 2012, 9:45 pm
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Por Juan Francisco Ugarte

 

Cero 

En toda historia hay siempre un encuentro. A veces son dos tipos y una conversación en medio de la nada. A veces es algo que empieza a suceder hasta el infinito, lentamente, en la cabeza de uno de ellos como un recuerdo, como una forma de testimonio de lo que es y no dejará de ser nunca.  

En esta hay alguien que se llama Rafael Delucchi. Un gordo aventurero, un actor extra, un guionista, un tipo bonachón que soñó siempre con dirigir películas, un criador de otorongos, un papá cool. Y está también el hombre que lo imagina, el que lo coloca al centro de un mundo anárquico, delirante, lleno de terror, aquel que una noche, después de muchos años, lo encuentra por cosas del azar en un bar y decide escribir una novela. Su nombre es Rodrigo Núñez Carvallo y es también muchas imágenes: alguien unido a un cigarro al interior de una habitación llena de cuadros, alguien sentado en un mueble frente a una pantalla de laptop, alguien que recibe a los amigos y se pone a pintar, despreocupado, absorto, nunca solo. Pero es sobre todo la imagen de un hombre que aguarda gran parte de su vida para escribir.    

 

Uno. El lugar

La cita la habíamos pactado para un jueves a las 5:30 de la tarde. En su casa de Barranco. Su respuesta había sido “Normal”, “Los espero”, y la dirección del lugar. Era simplemente yo, pero no quise hacer la aclaración en ese momento. Algo tarde, aquel día, llegué a un pequeño edificio y pregunté por él en la puerta. Llevaba conmigo una grabadora, algunos cigarros y una mochila cuyo contenido se reducía únicamente a Sueños bárbaros, la novela que acababa de leer y por la cual decidí entrevistarlo. Conocía sus otros libros, La comedia del desierto y El sembrador de huarangos, publicados ambos en la década pasada, pero desde el principio intuí el carácter ambicioso de Sueños bárbaros, algo que iba más allá de un simple relato, una novela que podía ser muchas más novelas a la vez, un documento testimonial sobre una época traumática del Perú, un libro que se leía, en el fondo, como una película. La lectura no de un guion, sino de las propias escenas de la cinta, de muchas imágenes superpuestas, mezcladas entre sí, de los colores moviéndose continuamente, de la viva representación de un mundo que olvidamos ha sido construido por palabras. Es la novela más película que he leído. Y a mí me interesaba saber sobre los hechos reales, los personajes reales, las historias ocultas detrás de ese libro.  

El tipo de la puerta me dice que puedo entrar. No toques, sólo abre, me indica, y eso hago. Lo primero que observo es una sala y un hombre sentado en un mueble rojo frente a su laptop. Nos saludamos. ¿Vienes solo?, pregunta. Sí. Conversamos un rato. Tienes cara de ser de la Católica, dice. Se ríe un poco, y yo también. Le respondo que no, que soy de San Marcos. Mejor, bromea. No, mentira. Siéntate. Me invita algo de tomar. Para los cigarros, me dice, eso de fumar sin líquido jode la garganta. Afirmo con la cabeza.  
Bien, ¿de qué quieres hablar? 
Esto no será exclusivamente sobre el libro, le digo, pienso algo más biográfico, general. Ya sabes, cosas tuyas, familia, cómo empezó todo.  
Ok. 

Él cierra la laptop. Yo me acomodo en la silla y enciendo la grabadora. 

 

Dos. Umbral 

Pero no comenzamos desde el inicio. Núñez Carvallo me cuenta acerca de una revista que sacó hace varios años, llamada Umbral, junto a su amigo Alberto Benavides.  

“Era una publicación de ideas, literatura, crónicas. Estuve metido poco más de ocho años, desde 1999 hasta 2008. Fue una gran experiencia, viajé por todo el Perú.” 
“Sí, es que se nos ocurrió que cada número fuera una región, un departamento, y aprovechar esto para conocer y divulgar aportes nacionales que no llegaban a Lima (y que siguen sin llegar).”  
“Paralelamente, comencé a pintar. O sea de forma oficial, porque antes sólo dibujaba cuando estaba borracho. Y nada más. Entonces Alberto me dijo: oye, deberíamos ilustrar la revista con tus dibujos. Lo pensé y me di cuenta que podía hacerlo. Pero siempre con algo. En realidad, me bastaba solamente una copa de vino para dibujar.”  
“No solo el alcohol, también los tronchos.”  
“Lo que sucede es que para mí la pintura se encuentra vinculada con lo fortuito. En cambio, desde niño siempre dije que quería ser escritor. Yo sentía que me dictaban, como si una voz detrás me ordenara las palabras.” 
“Claro, eso de la inspiración me pasaba a mí. Es que escribir es una de las cosas más jodidas que existen en este planeta. Siempre vas a perder plata, nadie lo duda, porque hacerte de un mercado resulta verdaderamente difícil. Las posibilidades de éxito, digamos, son tres entre mil escritores. Me refiero a aquellos que pueden vivir de sus libros. Es un riesgo que sencillamente uno corre, y que mucho tiene que ver con el mercado que tenemos en este país, donde todos quieren su buen pedazo de la torta.”  
“Además la gente lee poco, eso también es cierto. Se publica demasiado, y la mayoría son malos libros. No hay control de calidad. Alguien tiene que hacer algo. Lo peor es que se ha llegado a una situación extrema en la que el autor debe pagar por su edición. Entonces cualquiera puede escribir cuatro líneas y piensa que eso es poesía. No lo sé. Para mí la poesía tiene que entroncarse con alguna tradición. Yo diría que en la actualidad se asemeja mucho a la filosofía. Idea concentrada bellamente o también de manera arisca, violenta, crítica. Se trata de nuevas formas de ver el mundo, de percibirlo.” 
“Por eso, encontrar lo nuevo. Llevar a cabo descubrimientos. La poesía no puede ser una repetición de viejos estereotipos.” 
“He leído bastante poesía de gente joven, porque en Umbral me llegaba una cantidad enorme de textos. Como no podíamos publicarlos a todos, debíamos seleccionar con rigor. Pero, para serte honesto, a veces nos era difícil encontrar buenos poemas, o un simple verso siquiera. Se trataba en muchos casos de la búsqueda de una línea, ¿me entiendes? Creo que eso es lo que hace falta en las editoriales: mayor seriedad al escoger a sus autores.”  
“Sí, al final la revista se acabó, como todo. Las cosas deben terminar en algún punto para que cada uno pueda continuar con su camino. No me quedé en el aire, sin embargo. Esta vez, me puse a pintar de verdad.”

 

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Libros que no llegan, lecturas que se retrasan(1)
Monday January 30th 2012, 10:40 am
Filed under: Columnas,Revista

 

 

Por Lenin Pantoja Torres

 

¿Por qué no llega ese libro? ¿Por qué se demora tanto en llegar? Estas preguntas nos las hemos hecho en alguna ocasión ya que responden a uno de los problemas que afronta nuestro pequeño circuito literario: la poca y tardía presencia, en Lima, de libros publicados en el extranjero. Esto es lo que ha ocurrido con libros como Blanco nocturno de Ricardo Piglia, Los sinsabores del verdadero policía de Roberto Bolaño, Formas de volver a casa de Alejandro Zambra, Aeropuertos de Alberto Fuguet(2), libros de narrativa contemporánea que aparecieron en España y/o en los países de origen de sus autores pero que se demoraron o, en algunos casos, aún no llegan a Lima.

La presente crónica intenta describir, desde mi propia experiencia y a partir de las opiniones de algunas personas relacionadas al circuito editorial, el desconcierto que provoca tener lecturas atrasadas, reseñas tardías e ideas ya comentadas y discutidas en otros lugares.

Q trabaja como vendedor de libros en Quilca desde hace varios años y conoce muy bien la relación entre las distribuidoras y las librerías en Lima. P tiene un amplio conocimiento sobre el tema de las librerías así como de la importación de libros a Lima. Estas personas me ayudarán a comprender mejor el problema señalado en el rubro de libros de literatura contemporánea.

 

Internet y distribución

Internet ha redefinido las formas de acceso a la información sobre los libros que se publican en el extranjero. Desde que tenemos ingreso a noticias inmediatas, a páginas web de escritores, sellos editoriales y las redes sociales, no hay excusa para no saber si algo se ha publicado o no en el extranjero. Por supuesto, a Internet se suman las noticias de revistas y periódicos –y las conversaciones entre amigos-. Por todo esto sorprende en demasía la poca presencia, en las librerías más conocidas de Lima, de los libros de escritores que están dando la hora en el medio literario internacional.

“Los clientes creen que porque han visto un libro en Internet ya lo vamos a tener todos los vendedores de Quilca”, se queja Q frente a los diversos pedidos que recibe a diario en su puesto. Lo que hace es recibir el pedido y verificar si las distribuidoras con las que trabaja ya poseen el ejemplar. Su experiencia le dice que nada es preciso en este terreno: “Algunos libros llegan rápido, otros se demoran mucho y algunos nunca llegan”, dice. ¿Qué decir de las librerías como Crisol o El Virrey? El stock que poseen va de acuerdo con las relaciones que establecen con las principales distribuidoras en Lima. Esto explica la razón de que un vendedor en Quilca tenga mayor diversidad de sellos editoriales que una librería grande como las citadas, ya que mientras Crisol o El Virrey trabajan con una o dos distribuidoras, un vendedor de Quilca, como Q, trabaja con muchas distribuidoras. Su stock es pequeño pero más variado.  

 

Desconocimiento y desconsideración

Dos de las principales distribuidoras en Lima son Océano e Íbero. Ellas son las encargadas de traer los libros, las que deciden qué traer y cuándo traerlo. Actualmente Íbero tiene la responsabilidad de los sellos de Random House Mondadori, es decir, traen los libros de Mondadori, Debolsillo, Grijalbo y Sudamericana. Los distribuyen a las principales librerías y libreros de la capital. Asimismo, Océano tiene la responsabilidad de los libros de Anagrama. Entonces, la cuestión es saber quién o qué tipo de persona es la que decide un pedido. Así, sintetizan las irregularidades de estas elecciones dos adjetivos: desconocimiento y desconsideración.

El perfil de la persona encargada de tomar decisiones está, generalmente, inclinado a aspectos puramente comerciales. Hay que comprender que la venta de libros es un negocio pero ello no implica, necesariamente, dejar de lado a un pequeño sector de clientes que gusta y accede a libros de temática como la que señalamos al inicio. A las decisiones comerciales se le une, por consecuencia, el desconocimiento de lo que aparece y se publica afuera. Como dijimos al inicio, no hay excusa para no estar enterado.

P contó algunas anécdotas respecto a este punto. Cuando en abril de 1997 se publicó Seda, de Alessandro Baricco, en Anagrama, rápidamente se convirtió en uno de los libros más vendidos. Era de esperarse pues el libro, que apareció en 1996, en Italia, fue traducido a diecisiete idiomas y en España tuvo 40 ediciones. Durante la visita de Jorge Herralde a Lima, en una reunión privada, una persona le preguntó por las razones de la ausencia de Seda en las librerías limeñas, pues infería que en España no lo habían vuelto a reeditar. El editor español, entre incómodo e indignado, respondió que no era cierto, que en España había millones de ejemplares. Esto nos grafica muy bien el problema: no es que no haya libros disponibles para traer, sino que no hay decisión de traerlos.

Hace unos años se produjo el redescubrimiento de la obra de Irène Nèmirovsky. Así, el sello Salamandra publicó las obras completas. La gente buscaba sus libros en las librerías más conocidas. Cuando P le preguntó a los distribuidores sobre la llegada de los libros a Lima, ellos no sabían quién era la autora ni si se había generado un pequeño “boom” por sus obras. Este caso se condice directamente con un tema de ignorancia y, en consecuencia, con un desconocimiento que traduce en una indignante desconsideración.

Son pocas las personas encargadas de las decisiones que poseen un perfil o formación literaria dentro de las librerías, las distribuidoras e, incluso, las editoriales. Quizá remediar este problema podría ayudar a que las pequeñas demandas de grupos minoritarios puedan ser atendidas. Se deben enfrentar con la incertidumbre de la venta, pero son riesgos propios del negocio. Por ejemplo, hace unos años llegó a Lima el primer libro de la trilogía Tu rostro mañana de Javier Marías. Pero como para los distribuidores y vendedores “no funcionó comercialmente”, nunca llegaron los otros dos libros. Al respecto, P contó que cuando tuvo una reunión con un representante de la librería El Virrey le revelaron que Antonio Muñoz Molina vendía mucho en España pero no tenía mucha acogida en Lima. Por eso, no se debe realizar un pedido excesivo de ejemplares (de 1000, por ejemplo) sino de 20 o 30 y, de esta forma, ya se satisface una demanda pequeña. Esta es la forma más justa y realista de pensar las cosas, una forma de sopesar lo comercial con algo más literario.    

Es cierto que nuestro medio literario, en términos editoriales, es incipiente a diferencia de otras capitales extranjeras, pero eso no justifica que no se puedan encontrar algunos títulos de suma importancia para la literatura mundial. Con suma indignación, P comenta otro caso. “El hombre sin atributos, de Robert Musil, que es considerado como uno de los libros más representativos del siglo XX, en España lo han reeditado muchas veces pero hasta hace unos años era imposible encontrarlo en Lima”, dijo. Hoy, después de una larga espera, ya lo podemos encontrar en algunas librerías. Casos como este y los anteriores deben haber muchos, por eso, las librerías no solo deberían estar más al tanto de lo que se publica actualmente, sino también de los pedidos que ese pequeño grupo de lectores hace, pedidos de libros que no tienen nada de extraño, lo único extraño es que no estén en las librerías. 

 

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1.- Esta crónica fue pensada, reflexionada y escrita antes de la FIL 2011 de Lima. Algunas cosas han cambiado, pero el problema sigue latente.
2.- En este número de la revista hay reseñas sobre algunos libros referidos como inhallables. El Hablador tuvo que conseguirlos, no sin dificultad, desde el extranjero.
 
 
 
 



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