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	<title>Bitácora de El Hablador</title>
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	<description>BLOG DE LA REVISTA VIRTUAL DE LITERATURA EL HABLADOR</description>
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		<title>Doble Click (6)</title>
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		<pubDate>Tue, 15 May 2012 05:42:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>webmaster</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[  Dos versiones del 15-M: a favor y en contra del movimiento como concepto       Por Francisco Ángeles     1 El 15 de mayo de 2011 numerosas ciudades españoles acogieron un grupo de manifestaciones pacíficas protagonizadas por quienes después, por gentil bautizo periodístico, llegaron a ser conocidos como “indignados”. Aunque este post [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong><a rel="attachment wp-att-1924" href="http://www.elhablador.com/blog/2011/01/06/el-regreso/paco-1%c2%ba/"><img class="alignleft size-medium wp-image-1924" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="paco 1º" src="/blog/wp-content/uploads/2011/01/paco-1º-199x300.jpg" alt="" width="60" height="86" align="left" /></a>Dos versiones del 15-M: </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>a favor y en contra del movimiento como concepto</strong></p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: right;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por Francisco Ángeles</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>1</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El 15 de mayo de 2011 numerosas ciudades españoles acogieron un grupo de manifestaciones pacíficas protagonizadas por quienes después, por gentil bautizo periodístico, llegaron a ser conocidos como “indignados”. Aunque este post sale por coincidencia un año después, su origen no tiene nada que ver con ese aniversario, sino con la lectura de un artículo publicado hace pocas semanas por Luis Moreno-Caballud (simpatizante del 15-M y de Occupy de New York, y profesor del departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Pennsylvania, donde estudia quien estas líneas escribe). Aunque lo ideal sería ir directamente al artículo para evitar las simplificaciones que puedo cometer, me gustaría abordar algunas ideas que dicho texto condensa.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://blogs.publico.es/fueradelugar/2169/desbordamientos-culturales-en-torno-al-15-m">El artículo</a> empieza señalando la necesidad de romper el monopolio en la producción de conocimiento, lo cual implica promover la aparición de nuevos puntos de vista, opiniones e información surgidos desde espacios ajenos a lo oficial. Moreno-Caballud resalta el papel clave que cumple Internet para descentralizar la producción de conocimiento, y menciona algunas experiencias que han sido posibles mediante la Red. Gracias a esta herramienta con la que no se contaba en el pasado, la época actual resulta mucho más propicia para esta especie de <em>emancipación</em> intelectual que, muy en la estirpe de Jacques Ranciere, defiende el movimiento. De esta manera, la <em>elaboración </em>de contenidos propios reemplazaría al simple <em>aprendizaje</em> (proceso pasivo que implica la aceptación previa del conocimiento creado por un Otro no necesariamente representativo).</p>
<p style="text-align: justify;">El segundo cambio que defiende el artículo sigue de cerca al anterior, y señala que el conocimiento emancipado tiene como base el trabajo<em> común. </em>Si en épocas anteriores, mucho más proclives a los oráculos intelectuales o a los genios opinadores, uno supuestamente debía ser capaz de hablar con autoridad de maestro y guía, o caso contrario se veía obligado a guardar respetuoso silencio, el nuevo paradigma manda al tacho la idea romántica del genio individual, y le da una cálida bienvenida a la creación colectiva.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a rel="attachment wp-att-4721" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/05/15/doble-click-6/15-m/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4721" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="15-M" src="/blog/wp-content/uploads/2012/05/15-M-300x198.jpg" alt="" width="300" height="198" /></a> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Hasta ahí mi interés con la filosofía que anima al 15-M. Lo demás, al menos en mi caso, me parecía completamente secundario. Y por eso, aunque varios compañeros de carpeta del vibrante curso que tomamos con Moreno-Caballud el año pasado viajaban siempre a New York para sumarse a las acampadas al aire libre de <em>Occupy</em>, yo nunca fui a tomar ninguna plaza ni levanté una sola pancarta. Mi simpatía, un poco distante, conectaba bien con ciertas ideas que subyacían al movimiento, y no tanto con el movimiento en sí. Y es sobre la base de esta sutil diferencia que voy a intentar ofrecer dos perspectivas opuestas sobre qué significa pensar en el 15-M como concepto. Más concretamente, me interesa preguntarme qué tan productivo es que el 15-M sea llamado 15-M. ¿Cuál es la importancia de mantenerle un nombre (no ese nombre en específico, sino cualquiera que se le hubiera puesto) al movimiento? Aquí mis dos versiones, mis dos miradas sin conclusión sobre un problema que, según creo, puede ser de importancia para futuros debates. </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>2</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Como se puede observar en los comentarios al artículo de Moreno-Caballud, una de las críticas al 15-M es su excesivo interés en producir material sobre sus actividades de 2011 (recopilatorios, libros, documentales, memorias), y también las conferencias en universidades y otras instituciones que algunos de sus miembros han venido realizando a manera de remembranza de unos días que, para sus detractores, se quieren volver históricos a la fuerza para la figuración y el éxito individual de unos pocos.</p>
<p style="text-align: justify;">Me pregunto si es posible darle vuelta a este tipo de crítica. Y no para forzar una defensa, sino porque creo que un cuestionamiento como el arriba mencionado puede abrir un frente productivo de discusión. La pregunta que habría que plantearse es si realmente el 15-M fue un movimiento cuya existencia se inició en las protestas “indignadas” del año pasado, que después se prolongó en las acampadas, y que finalmente se fue apagando en diálogo con el <em>Occupy Wall Street</em> y otras réplicas mundiales. Me pregunto si, acaso más que la toma de plazas y las acampadas de 2011, el 15-M es en realidad lo que está ocurriendo ahora mismo con la producción y circulación de esas memorias, de esa documentación, de toda esa parafernalia que tanto disgusta a los detractores del movimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Bajo esa perspectiva, aunque la creación colectiva de ese material sea presentada como memoria y celebración, como recuerdo y efemérides de un evento concluido, en realidad es el mismo movimiento 15-M el que existe <em>en</em> y <em>a través</em> de esa acumulación discursiva. Desde ese punto de vista, las protestas en las plazas y la posterior acampada habrían sido solo un preámbulo, una manera de volver visible lo verdaderamente importante: la fuerza que les dio origen. No la gente protestando, sino la energía que tenían dentro quienes fueron a protestar (eso que después llamaron “indignación”). En breve, el movimiento como <em>síntoma </em>y no como <em>evento:</em> no un hecho acabado que se quiere recordar, sino un proceso en marcha cuya etapa más importante ocurre, en efecto, <em>después</em> de la toma de plazas: en la discusión epistémica al que dicho acto físico condujo.</p>
<p style="text-align: justify;">Si pensamos que el llamado central del artículo de Moreno-Caballud se concentra en la multiplicación de discursos como punto de partida hacia una <em>emancipación</em>, tiene sentido pensar que lo importante no ocurre cuando una voz levanta sus decibeles para llamar la atención, sino en lo que esa misma voz tiene que decir una vez que ha conseguido la predisposición para ser escuchada. El hecho concreto de las protestas y de las acampanadas habría sido entonces el aspecto visible de lo que después continúa, con más relevancia, por Internet: la discusión permanente sobre lo que pasa y puede pasar. Esa es la etapa en la que nos encontraríamos ahora mismo. Esa es, también, la que definirá la importancia del movimiento. Y esa es, finalmente, en la que no sin modestia pretende inscribirse este post. </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>3</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La mirada opuesta sobre el 15-M parte de una diferencia de sentido común: la que existe entre dos significados de la palabra “movimiento”. La primera sería como <em>agrupación</em>, que es tal como se viene entendiendo al 15-M: un conjunto de personas que funcionan como grupo y realizan acciones conjuntas en cuanto tal. La segunda alternativa, que es la que en realidad me interesa, es entender “movimiento” como algo que está ocurriendo, algo que está pasando; literalmente, como algo que se está <em>moviendo</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a rel="attachment wp-att-4722" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/05/15/doble-click-6/15m1/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4722" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="15M1" src="/blog/wp-content/uploads/2012/05/15M1-300x197.jpg" alt="" width="300" height="197" /></a></p>
<p style="text-align: center;"> <strong><em>Manifestación en Madrid</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Haberle puesto un nombre al <em>movimiento </em>habría sido, bajo esta lógica, trasladarse de la primera acepción a la segunda; habría sido decidirse por la agrupación, y dejar en segundo plano lo que está debajo (o <em>dentro</em>) de ella y es más importante que ella. Ponerle nombre habría sido abandonar el <em>movimiento</em> como algo imposible de captar o definir, y pasar a delimitarlo; claudicar en el esfuerzo de lo inaprehensible, y optar por la más sencilla designación de un evento histórico (conjunto de protestas o suma de eventos), lo que en última instancia limitaría el alcance de lo más importante: la fuerza que lo produjo, y no la forma (temporal, transitoria, circunstancial, contingente) que toma ese fondo que continúa más allá de encarnaciones específicas. Mientras que el <em>movimiento</em> como <em>agrupación</em> seguirá su camino (y su fin) temporal, quedando reducido a una entrada en Wikipedia, o en el mejor de los casos a un significante más o menos abierto que en el futuro pueda designar rebeldía pacífica y colectiva, el poder inmanente del segundo, el realmente importante, el que está más allá del recipiente temporal que lo contenga, estaría quedando en segundo plano.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué tanto se pierde al darle nombre y convertirlo así en un territorio con límites, con un afuera (lo que <em>no es</em> 15-M) que contradice su propósito inclusivo? ¿Implican esos límites cierto tipo de domesticación? ¿Suponen seguirle el juego a las estrategias neoliberales que reclaman que un producto sin nombre, concepto y marketing no puede tener ninguna importancia? ¿O, como algunos de la vieja escuela podrían alegar, siempre hay que recapturar las armas de la hegemonía para redirigirlas contra ellas mismas? Si aceptamos esta última alternativa, el 15-M como concepto sería la puerta de entrada, la etiqueta reconocible que permitiría hacerse escuchar, el mecanismo necesario de visibilidad. Como en el cuento de Borges sobre Judas que parafraseo en el título de este post, el 15-M como concepto sería un sacrificio, el sacrificio de optar por la indignidad del fin para cumplir un papel tan oscuro como imprescindible: la propia muerte sin gloria a cambio de algo que será más grande y más duradero.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>4</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Dos versiones contradictorias, ninguna conclusión, ninguna pretensión de mi parte de llegar a ella ni de encontrar el punto conciliador. Lo más importante que nos puede estar dejando esta discusión es la libertad de mostrar las propias dudas, las contradicciones, las heridas argumentales que esperan cicatrizar (y también la validez de dejarlas abiertas). No más silencios por no ser capaces de llenar todos los vacíos ni tener respuestas a todas las preguntas. Si la certeza de que el conocimiento es un viaje de largo alcance, y que nunca se debe esperar ser capaz de transitarlo en su totalidad para después sentarse a recibir los aplausos de una tribuna asombrada. Es desde el reconocimiento de las propias limitaciones que se debe empezar a recorrer esta construcción colectiva que de otra manera sería imposible.<span id="_marker"> </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span> </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span> </span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Vagamente muchos peruanos</title>
		<link>http://www.elhablador.com/blog/2012/05/09/vagamente-muchos-peruanos-14/</link>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 17:29:14 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[  Rex Stout: Under the Andes (1914) Incas y bestias salvajes bajo los Andes de un Pulp Perú Touching the void (2003), documental de montaña y de suspenso bajo el Siula Grande       Por Alejandro Neyra   La lanza disparada por el rey de los incas atraviesa el blanquísimo cuello de Desirée Le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong><a rel="attachment wp-att-1671" href="http://www.elhablador.com/blog/2011/07/25/vagamente-muchos-peruanos-6/neyra-final-5/"><img class="alignleft size-medium wp-image-1671" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="Neyra Final" src="/blog/wp-content/uploads/2010/07/Neyra-Final-276x300.jpg" alt="" width="80" height="97" align="left" /></a>Rex Stout: <em>Under the Andes</em> (1914)</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Incas y bestias salvajes bajo los Andes de un <em>Pulp </em>Perú</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong><em>Touching the void (2003),</em> documental de montaña y de suspenso bajo el Siula Grande</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por Alejandro Neyra</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;">La lanza disparada por el rey de los incas atraviesa el blanquísimo cuello de Desirée Le Mire, la bailarina más sensual y hermosa sobre la faz de la tierra. Sus ojos verdes se cierran para siempre y su cuerpo semidesnudo y sin vida cae sobre una roca, su cabellera rubia parece querer cubrir aquellos senos níveos y perfectos, que poco a poco van cubriéndose de sangre. Los hermanos Lamar, Paul y Harry, han sentido aquella lanza clavarse en sus corazones y con la fuerza de cien hombres se abalanzan sobre esos pigmeos peludos y espantosos, y especialmente sobre el más horrible de todos: aquel rey asesino al que desean quitarle la vida con sus propias manos. Para ellos que han sufrido mil golpes, y que tienen sus cuerpos cubiertos de heridas abiertas, ampollas y suciedad, ya la muerte no es de temer. Solo la venganza los hará libres y están dispuestos a dejar la piel a más de mil metros debajo de los Andes con tal de olvidar a aquella mujer que ambos a su manera aman. Bienvenidos a <em>Pulp</em> Perú.   </p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Rex Stout, Nero Wolfe y la novela <em>pulp</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Rex Stout (1886 – 1975) es reconocido como uno de los más exitosos escritores de novelas de detectives de todos los tiempos. Nero Wolfe, el protagonista de gran parte de su obra, también conocido como el “Falstaff” de los investigadores, es un gordo bueno y culto que -como muchos años después haría Pepe Carvalho– intercala sus deducciones lógicas, lectura de pistas y comentarios jocosos, con recetas de cocina.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong><a rel="attachment wp-att-4711" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/05/09/vagamente-muchos-peruanos-14/under_the_andes/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4711" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="Under_the_Andes" src="/blog/wp-content/uploads/2012/05/Under_the_Andes-180x300.jpg" alt="" width="180" height="300" /></a></strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Pero muchos años antes de la aparición de Wolfe, Rex Scout ya estaba escribiendo novelas de aventuras del género que se denomina “pulp” (llamadas así porque eran hechas con papel muy barato, la pulpa apenas de la madera convertida en libro). Ediciones sencillas, carátulas llamativas y aventuras llenas de muerte, violencia y mujeres sensuales. Resulta conmovedor que una de esas novelas, apenas la segunda del buen Rex, ocurra en nuestro querido país, aunque ciertamente no es tan idealista la imagen de los descendientes de los incas como feos salvajes de no más de metro y medio, llenos de pelos hirsutos y deformados por la falta de luz en aquellos canales subterráneos debajo de los andes de Huánuco.    </p>
<p style="text-align: justify;">El argumento de la novela es de por sí curioso. Un joven millonario de Nueva York, Paul Lamar, conoce en París a la vedette de moda, la mujer más deseada por la aristocracia y nobleza europea, que tiene a sus pies a reyes, príncipes y duques –nada de barones o caballeros-. Ella es Desirée Le Mire, única entre las mujeres. Coinciden ambos en el viaje en barco a Estados Unidos donde ella será la sensación de Broadway. Pero aquel Paul Lamar también tiene a sus pies a las mujeres que desea (o quiere, aunque esto es infrecuente) de modo que no hace mucho caso a la Le Mire, hasta que descubre que se ha fugado con su hermano menor, Harry, a la costa oeste de su país. Hasta allá tiene que ir el buen Paul a ver que Harry no gaste la fortuna familiar ni ponga en riesgo la reputación de su apellido, pero una vez allí, quizás un poco celoso, decide regalar a Le Mire un viaje en yate por el Pacífico, partiendo desde San Francisco y caleteando por todos los puertos más importantes de América, hasta llegar al Callao.</p>
<p style="text-align: justify;">En Lima, “una ciudad en la que la blancura es considerada sinónimo de belleza entre las mujeres”, Desirée llama la atención de todos los hombres y mujeres que quedan deslumbrados por su hermosura, personalidad y simpatía. Pero ella desea una aventura más, y convence a Paul y Harry de ir hacia los Andes a visitar las famosas ciudades de los incas (recuerden que es 1914, apenas tres años después del descubrimiento científico de Machu Picchu). Por supuesto, nuestros héroes van y acceden a Cerro de Pasco y desde allí hacia Huánuco, desde donde parten en la expedición que acabará por llevarse la vida de Le Mire y los enfrentará a los descendientes de los incas y a otras bestias salvajes nunca antes vistas.</p>
<p style="text-align: justify;">No es esta una novela de grandes ambiciones. Lo que vale es la forma en que se encadenan las aventuras desde que los tres héroes caen en un túnel debajo de la cordillera y se encuentran con unos seres pequeños, hediondos y llenos de pelos en medio de la oscuridad de las cavernas subterráneas. Aquellos descendientes de los incas se han degradado hasta lo más bajo de la evolución humana y son simples simios que, sin embargo, parecen reconocer la belleza de Desirée Le Mire, a quien raptan para convertirla en reina de los incas. Desde aquel momento los hermanos Lamar pierden y vuelven a rescatar unas seis veces a su escurridizo objeto de deseo. En medio de aquellos enfrentamientos, lo más alucinante son las apariciones de monstruos antediluvianos –criaturas gigantescas y anfibias, mezcla de reptiles y crustáceos, pecaríes salvajes, peces con hocicos de cerdo-, que viven en los ríos subterráneos de la cordillera, y, sobre todo, la erudición de Paul Lamar, quien es capaz de descifrar el lenguaje de los quipus sin mayor problema, como si la lectura de aquellas pitas y nudos multicolores fuera un juego de niños.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de tantas idas y venidas, ya en el último enfrentamiento contra los incas, los héroes pierden a su doncella. Desirée Le Mire es asesinada por aquel horripilante rey de los incas. Poco después, un terremoto abre, para los Lamar, una salida de aquel infierno bajo tierra y pueden escapar dejando atrás lo peor del Perú. Sin embargo, al final queda la duda de si todo fue verdad o un simple sueño de Paul Lamar, quien al final “jura que la historia es verdadera, con su palabra de cínico y filósofo”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Un poco de racismo en el Perú</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Más allá del interés por esta novela “pulp”, llena de aventuras <em>a lo</em> Indiana Jones –o mejor, <em>a lo</em> Harry Steele en <em>El secreto de los incas</em>, interpretado por Charlton Heston y filmada a techni-cholo-color en la ciudad de Cusco y en Machu Picchu, en 1954- en una civilización inca perdida debajo de la cordillera de Huánuco, sobre todo resultan interesantes los detalles de la llegada a Lima de aquellos héroes anglosajones.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong><a rel="attachment wp-att-4712" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/05/09/vagamente-muchos-peruanos-14/secret/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4712" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="Secret" src="/blog/wp-content/uploads/2012/05/Secret-300x235.jpg" alt="" width="300" height="235" /></a></strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Paul Lamar se encuentra con un compañero que ahora estudia algo de climatología nada menos que en nuestra querida Universidad de San Marcos y es él quien los introduce a la libertina y relajada vida capitalina, y quien los ayuda a arreglar el viaje en tren a Cerro de Pasco y, en burro, hacia Huánuco –todo por el capricho de la mujer a la que nada se le puede negar, quien desea conocer los Andes-. Y claro, esto se mezcla con el galante flirteo de los Lamar con Desirée -el elemento romántico y sensual infaltable en cualquier novela del género-. Todo ello ocurre en las primeras treinta páginas y, desde entonces, la novela se convierte en un ir y venir de inagotables caídas, peleas, rescates, secuestros, pérdidas y enfrentamientos entre los dos superatletas gringos y los cientos o miles de incas que son capaces de dominarlos.</p>
<p style="text-align: justify;">Eso es, sin duda, de lo más interesante en esta novela, la forma en que los Lamar se refieren a esos pequeñuelos salvajes que han perdido incluso la capacidad de emitir sonidos coherentes o de comunicarse más allá de los quipus. Los incas son espantosos, feos y su vida es una muestra de degradación. Los dos norteamericanos, por el contrario, son hermosos, de buena figura, ultra-resistentes a cualquier tipo de castigo, y ni qué decir del epítome de la belleza femenina, la rubia y blanquísima Desirée Le Mire.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1914, época en la que aún los negros no están siquiera cerca de ganar sus derechos civiles en los Estados Unidos aunque Lincoln –y Ramón Castilla– les diera la libertad. Los latinoamericanos, y más aún la gente de los Andes, no están muy lejos de ese sub-nivel lamentable de la raza humana. Theodore Roosevelt, en 1904, apenas pocos años antes, hablaba libremente en sus discursos de los pueblos menos civilizados de nuestra región. Y Rubén Darío le respondía con un poema incendiario<a href="http://www.elhablador.com/blog/wp-includes/js/tinymce/plugins/paste/pasteword.htm?ver=327-1235#_ftn1">[1]</a> que no estaría de más volver a leer hoy, a ver si las cosas han cambiado tanto como creemos.</p>
<p style="text-align: justify;">En todo caso, lo cierto es que la novela de Rex Stout tiene una verdad incontestable que también parece cercana a nuestra realidad cotidiana, en pleno siglo XXI, casi cien años después de que se editara este libro. En Lima, más allá de los bronceados estivales, la blancura (y hasta la palidez, si queremos ponernos exagerados) es sinónimo de belleza. Quizás esa sola frase sirva para reflejarnos más allá del “pulp”, y hacernos pensar que si hoy llegaran Stout y sus héroes Lamar junto con Desirée Le Mire probablemente pasearían tranquilamente y muy a gusto por Lima, viendo que tal vez las cosas no han cambiado tanto en cien años y que seguimos amando a los gringos aunque vengan de Peru-Nebraska. O quizá sí, si llegaran en pleno verano y los llevaran al boulevard de Asia donde seguramente encontrarían a la gente un poco más bronceada y, sin duda, se verían libres de aquellas criaturas horrendas de los Andes para quienes funciona el <em>apartheid</em> <em>económico</em> en pleno siglo XXI. A quien le caiga el guante…   </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Touching the void: Simpson en los Andes</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Como para darnos la contra y confirmarnos que la realidad puede superar la ficción y es posible escapar desde la profundidad de los Andes del Perú, presentamos esta miscelánea fílmica y documental. Un andinista británico (Joe Simpson, 25 años) se rompe la pierna en pleno descenso de un nevado nunca antes conquistado: el Siula Grande, en la cordillera de Huayhuash. Estamos en junio de 1985. Su compañero lo empieza a bajar con un sistema de polea que pone en riesgo su propia vida, hasta que en un momento, cuando la vida de Simpson pende literalmente de un hilo, toma una decisión fatal: tiene que cortar la cuerda y dejar que su compañero caiga en una grieta de más de 50 metros si quiere salvar su propio pellejo. Y lo hace.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong><a rel="attachment wp-att-4713" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/05/09/vagamente-muchos-peruanos-14/touching-the-void/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4713" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="touching-the-void" src="/blog/wp-content/uploads/2012/05/touching-the-void-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a></strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Se trata del documental <em>Touching the void</em> (<em>Tocando el vacío</em>), premiado por la Academia Británica como mejor documental en 2003 y filmado por el renombrado Kevin Mc Donald<a href="http://www.elhablador.com/blog/wp-includes/js/tinymce/plugins/paste/pasteword.htm?ver=327-1235#_ftn2">[2]</a>. Está basada en la biografía, del mismo nombre, de Joe Simpson, best seller británico publicado en 1988 que relata cómo este sobrevivió a la caída en lo profundo de los Andes y cómo, arrastrándose, salió de las entrañas de un glaciar en la falda del Siula Grande para llegar, luego de casi cinco días, al campamento del que había salido, y en el que increíblemente encontró a aquel compañero que había cortado la soga en el abismo andino. Si cabe algo más sorprendente, es que Joe Simpson no solo no le reprochó nada a aquel amigo de aventuras, sino que por el contrario le agradeció haberlo hecho, pues al fin y al cabo era la única milagrosa forma de que, como sucedió, ambos sobrevivieran.</p>
<p style="text-align: justify;">En el documental aparecen ambos, de vuelta casi veinte años después, en esos parajes perdidos de nuestras alturas andinas, que en el documental se vuelven más desolados y, si cabe, más hermosos. No aparecen esta vez ni los guías ni los amables peruanos que los recibieron en 1985 y, otra vez, en 2002, cuando filmaron el documental. Eso no importa. Si existe un personaje en verdad sólido, guapo y complejo en nuestra filmografía, es ese paisaje extremo de ricas montañas de nuestra cordillera, aquel Siula Grande casi inconquistable que, sin duda, es un personaje principal en la larga lista de peruanos de ficción (y realidad) que ofrecemos. El que quiera ver que vea. (Spoiler: &#8220;Los paisajes son peruanos pero la acción de montaña se filmó en Chamonix, Francia, cerca de la frontera con Suiza, de modo que los andinistas de la realidad fueran alpinistas en la ficción&#8221;).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<hr style="text-align: justify;" size="1" />
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.elhablador.com/blog/wp-includes/js/tinymce/plugins/paste/pasteword.htm?ver=327-1235#_ftnref1">[1]</a> A Roosevelt: <a href="http://www.poesi.as/rd09025.htm">http://www.poesi.as/rd09025.htm</a></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.elhablador.com/blog/wp-includes/js/tinymce/plugins/paste/pasteword.htm?ver=327-1235#_ftnref2">[2]</a> Director de <em>The Last King of Scotland</em> (2006), de la ganadora del Oscar a mejor documental <em>A day in September</em> (1999) y la reciente <em>Marley</em> (2012), entre otras.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
]]></content:encoded>
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		<title>Doble Click (5)</title>
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		<pubDate>Tue, 01 May 2012 11:27:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>webmaster</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Debate]]></category>

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		<description><![CDATA[  Literatura, mercado y autonomía: Sobre Calderón Fajardo y los “subsistemas” de la literatura peruana     Francisco Ángeles     1 Quienes lo conocemos de cerca, sabemos que Carlos Calderón Fajardo siempre ha estado atento al funcionamiento del sistema literario: cómo se publicita y circula un libro, a través de qué mecanismos se produce [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong><a rel="attachment wp-att-1924" href="http://www.elhablador.com/blog/2011/01/06/el-regreso/paco-1%c2%ba/"><img class="alignleft size-medium wp-image-1924" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="paco 1º" src="/blog/wp-content/uploads/2011/01/paco-1º-199x300.jpg" alt="" width="63" height="90" align="left" /></a>Literatura, mercado y autonomía</strong><strong>:</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Sobre Calderón Fajardo y </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>los “subsistemas” de la literatura peruana</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Francisco Ángeles</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>1</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Quienes lo conocemos de cerca, sabemos que Carlos Calderón Fajardo siempre ha estado atento al funcionamiento del sistema literario: cómo se publicita y circula un libro, a través de qué mecanismos se produce la entrada a la “oficialidad”, qué condiciones textuales y extratextuales permiten la canonización de un autor o una obra, etc. Es desde esa posición, como parte involucrada en el fenómeno, que en <a href="http://letras.s5.com/gro130911.html" target="_blank">una entrevista</a> que le hizo Gabriel Ruiz-Ortega hace algunos meses, Calderón Fajardo construye una especie de tipología de la literatura peruana contemporánea que quiero comentar en este post.</p>
<p style="text-align: justify;">CCF ubica tres “subsistemas” como componentes de nuestra narrativa. El primero, al que llama “nacional”, tendría como objetivo “expresar la realidad social peruana”, y estaría compuesto por escritores sobre todo realistas, cuyo interés central son “los valores nacionales, culturales, peruanos”. Agrega que estos escritores son los favoritos del medio académico y que tienen el respaldado de críticos que “comparten los mismos valores”. El segundo subsistema, al que llama “comercial”, incluye otros narradores realistas que también escriben sobre el Perú, pero lo hacen con el objetivo de publicar y ser difundidos en España. No se han decantado por esta vertiente literaria porque tengan interés en representaciones “sociales” ni “testimoniales” del país, sino “porque a las editoriales españolas les interesa este tipo de tema”. El tercer y último subsistema, al que denomina “marginal” y en el que previsiblemente se ubica, se define sobre todo por oposición a los dos anteriores: rechazo tanto del escritor “comprometido” como del “comercial”. La pretensión de los narradores de este último grupo es, sigue Calderón Fajardo, alcanzar una “excelencia literaria” que pueda ser reconocida en su mismo territorio; es decir, entre otros escritores marginales.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a rel="attachment wp-att-4673" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/05/01/doble-click-5/oswaldo-reynoso-2/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4673" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="oswaldo reynoso" src="/blog/wp-content/uploads/2012/04/oswaldo-reynoso-300x158.jpg" alt="" width="300" height="158" /></a></p>
<p style="text-align: center;"> <strong><em>Oswaldo Reynoso, representante del subsistema nacional, </em></strong><strong><em>según la clasificación de Calderón Fajardo</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Cada uno de los “subsistemas” es identificado con conceptos que el mismo Calderón Fajardo utiliza: lo “patriótico”, lo “económico” y lo “estético”, respectivamente. El primer problema es la falta de definición de un término tan ambiguo como “estética”, concepto que merecería una reflexión mayor. A pesar de que CCF pasa por alto este problema, no tiene reparos en sugerir la superioridad de esta esfera con respecto a las de nación y mercado, que en su mirada serían menos profundas e incluso “extra-artísticas”. Prueba de la implícita superioridad del subsistema estético-marginal es que CCF ubica a los “jóvenes escritores” en su trinchera. Este llamado casi gonzálezpradiano a la juventud intenta reforzar la idea de que este subsistema conserva una pureza que los otros dos no tienen, lo que implicaría que es el terreno exclusivo de la “verdadera” literatura. Pero, más allá del natural deseo de reforzar las propias filas, Calderón Fajardo no se detiene en explicar que “jóvenes escritores” es una abstracción bastante arbitraria, ya que asume que todos ellos son iguales o que al menos conformarían un grupo relativamente cohesionado.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, CCF defiende que cada subsistema es independiente; es decir, cada uno cuenta con sus lectores, sus críticos, sus espacios de circulación y su aparato de prensa. Pero lo extraño es que esa autonomía se pierde cuando se trata de juzgar el valor de las obras, momento en el cual las reglas <em>estéticas</em> pasan a convertirse en la medida oficial para calificar también a los otros dos subsistemas; en consecuencia, la esfera estético-marginal termina convertida en la única con derecho a otorgar legitimidad a la “patriótica” y a la “económica”. El problema no es tanto la naturalidad no cuestionada de la conclusión (la superioridad de lo estético), sino la pérdida de la autonomía de las dos primeras esferas al llegar al momento de la valoración.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo que es recomendable mantener la autonomía incluso en este punto, y por tanto no deberíamos tener problemas al comprobar que las obras “comerciales” son juzgadas de acuerdo a sus índices de ventas. Pero si, por el contrario, seguimos empeñados en aplicar la regla estética como medida única de valor, lo que en el fondo estamos añorando es una totalidad encabezada por la “verdadera literatura”. Y esta totalidad y el consecuente debilitamiento de las fronteras tiene como uno de sus peligros el hipotético reclamo desde el segundo subsistema de medir a la literatura estética a acuerdo a sus parámetros neoliberales (algo que de hecho ocurre, como saben muy bien los libreros, los editores y los escritores que tienen que financiar sus propias publicaciones).</p>
<p style="text-align: justify;">En conclusión, habría que dejar a la literatura comercial con su propia lógica, y de esa manera evitar una totalidad que a la larga resulta más dañina que productiva. Intentar aplicarle la lógica del valor estético implicaría aceptar que, por natural interacción, la obra escrita al margen de la presión del mercado pueda ser valorada también de acuerdo a cuántos libros vende y a qué número marca el cheque de adelanto. Y en la mutua contaminación que implica esta transferencia de parámetros de un subsistema a otro, por el mismo hecho de que su naturaleza consiste en resistir esa presión que le viene encima, la literatura escrita contra el mercado será la que termine más dañada. En la segunda parte de este post, voy a analizar cómo la misma tipología de Calderón Fajardo sería un síntoma de que esa contaminación ya ha sido ocasionada.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a rel="attachment wp-att-4674" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/05/01/doble-click-5/santiago-roncagliolo-p1170009p/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4674" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="Santiago-Roncagliolo-P1170009p" src="/blog/wp-content/uploads/2012/04/Santiago-Roncagliolo-P1170009p-300x168.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a></p>
<p style="text-align: center;"> <strong><em>Santiago Roncagliolo, representante del subsistema comercial</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>2</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En la primera parte de este post señalaba el peligro, implícito en la caracterización que Calderón Fajardo hace de la literatura peruana contemporánea, de aplicar criterios inherentes a uno de los subsistemas a otro de los mismos. Sin embargo, existe una contradicción incluso más problemática: CCF defiende implícitamente la superioridad del subsistema estético cuando él mismo está clasificando a la literatura peruana desde fuera de lo estético, desde un espacio sobre todo atento a los aspectos económico-comerciales. Es decir, el autor de <em>Playas </em>construye su tipología bajo los mismos parámetros que quiere combatir: en qué mercados circulan los libros, cuánta gente los lee, qué medios lo promueven, etc. La contradicción es, en suma, la defensa de un paradigma estético a través de una perspectiva mercantil.</p>
<p style="text-align: justify;">Para demostrar cómo su mirada es en última instancia económica, empecemos observando que el mismo autor, a pesar de que su literatura ha circulado por géneros tradicionalmente reconocidos como “anticanónicos”, como lo gótico y lo fantástico (con picos de muy alta calidad, por cierto), está siempre fuertemente atada a lo peruano. Un par de ejemplos: el gótico de <em>El viaje que nunca termina</em> cuenta el peruanísimo mito de Sarah Hellen, y el policial de <em>La conquista del límite último </em>es, por su lado, una nítida alegoría de la violencia política peruana de los ochenta. Por no hablar ya directamente del realismo social peruano de, por ejemplo, <em>El huevo de la iguana</em>. Y así podríamos seguir.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cómo entonces tanta peruanidad termina lejos de la categoría de los escritores “patriotas”? La única respuesta posible tiene que ver con el mercado, los niveles de difusión, el éxito de ventas e incluso la acogida académica; es decir, pura medida económica, material y cultural (cuánta plata, cuántos ejemplares vendidos, cuántas tesis sobre su obra). La literatura reducida a las frías estadísticas, a los resultados y a la eficiencia. Este es el punto de partida del modelo tripartita de Calderón Fajardo, y esa es su gran contradicción: denunciar el avance del mercado desde una posición que ya ha sido contaminada por ese mismo mercado. </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a rel="attachment wp-att-4675" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/05/01/doble-click-5/vargas-llosa2/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4675" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="vargas-llosa2" src="/blog/wp-content/uploads/2012/04/vargas-llosa2-300x204.jpg" alt="" width="300" height="204" /></a></p>
<p style="text-align: center;"> <strong><em>Mario Vargas Llosa, encarnación perfecta de los tres subsistemas</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">¿Significa eso que debemos olvidar sus tres subsistemas, decir que están equivocados o que no sirven para nada? Por supuesto que no. Pero sí sería conveniente decir que la defensa del espacio “marginal”, al que quizá habría que cambiarle de nombre por uno más afirmativo, viene inscrita en un marco equivocado. Por eso, más que proteger su medida de valor (lo estético), habría que defender la autonomía de su territorio y volverlo campo de una literatura más allá del mercado y de otras instancias corruptoras. Para eso, en vez de buscar una totalidad en la cual lo marginal se ponga a la cabeza de las otras dos prácticas de escritura, habría que cerrar el territorio con mayor firmeza y mantenerlo a salvo de cualquier avance exterior.  </p>
<p style="text-align: justify;">La búsqueda de la totalidad del sistema literario, el derrumbe de las fronteras de cada subsistema para seguir manteniendo distintas prácticas de escritura bajo el concepto único de “literatura”, sería consecuencia de la añoranza del <em>boom</em> (de ahí la mención a Vargas Llosa como la encarnación perfecta de todos los subsistemas, el escritor que está más allá de todas las calificaciones). Pero el <em>boom</em>, ese momento idílico en que el mercado, la estética y la nación iban de la mano, el instante perdido cuyos esplendores todavía se añoran, ya ha terminado. Y una de sus consecuencias, como diría Idelber Avelar, es la derrota de la literatura y el duelo que esta ha producido. Sin embargo, como el mismo crítico sostiene, habría que aceptar la derrota y, a la manera de Holderlin, ver en esos trozos desintegrados la promesa de una futura recomposición.  </p>
<p style="text-align: justify;">Calderón Fajardo da un buen primer paso en ese sentido: acepta que cada uno de los subsistemas puede ser relativamente independiente. Ese es el valor de su propuesta. Lo que habría que hacer a continuación es dejar que los dos primeros campos definan sus propios criterios de valoración y no imponerles los “estéticos” que rigen el campo que se intenta conservar. Esa será la única manera de preservar las reglas al interior del subsistema propio. Por tanto, más que competir contra las otras esferas, especialmente contra la gran amenaza neoliberal de la literatura “comercial”, deberíamos centrarnos en el sector “marginal”, defender su autonomía y no permitir la contaminación que amenaza desde el exterior. Y esto implica no competir con las otras esferas, no jugar en sus terrenos, dejarlas de lado. Solo de esa manera este tercer subsistema podrá sobrevivir. Y en él quedará la esperanza de una escritura que no sea un simple eco de los discursos oficiales.<span id="_marker"> </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span> </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span> </span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Periódico El Hablador N° 2</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Apr 2012 03:19:42 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Presentaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Publicaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[    Cuando publicamos el primer número del periódico El Hablador recibimos diversos comentarios. Algunos positivos, otros negativos y también estaban los malintencionados. De todos ellos aprendimos mucho y los tuvimos presentes durante toda la elaboración de este nuevo número. Asimismo, con esta publicación seguimos consolidando el cumplimiento de nuevos desafíos: acercar nuestro trabajo al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p style="text-align: center;"><a rel="attachment wp-att-4665" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/04/29/periodico-el-hablador-n%c2%b0-2/ehp2-periodico/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4665" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="EHp2 periódico" src="/blog/wp-content/uploads/2012/04/EHp2-periódico-214x300.jpg" alt="" width="214" height="300" /></a></p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;">Cuando publicamos el primer número del periódico <em>El Hablador</em> recibimos diversos comentarios. Algunos positivos, otros negativos y también estaban los malintencionados. De todos ellos aprendimos mucho y los tuvimos presentes durante toda la elaboración de este nuevo número. Asimismo, con esta publicación seguimos consolidando el cumplimiento de nuevos desafíos: acercar nuestro trabajo al lector de a pie, a ese que no había podido revisar lo que <em>El Hablador</em> hace en la web, e incursionar en un formato distinto a la naturaleza de la revista. Ahora, luego de constantes reflexiones y muchas discusiones, mostramos al público los textos que integran este número. Los contenidos son variados, pero la esencia sigue siendo la misma: generar debate en torno a todos los temas que nos competen.</p>
<p style="text-align: justify;">El periódico <em>El Hablador</em> N° 2 contiene las columnas de Nicolás Rodríguez Galvis, donde reflexiona acerca de los cafés parisinos; Mario Granda, quien realiza una mirada crítica sobre la ciudad del Cusco; Alejandro Neyra, que comenta la presencia de peruanos en las obras de dos escritores franceses; y José Rosas Ribeyro, quien narra su encuentro con cuatro escritores latinoamericanos que ganaron el Premio Nobel de Literatura. Esta vez la entrevista es a Enrique Vila-Matas, en ella Christian Elguera le pregunta, entre otras cosas, sobre su interés por la autobiografía y el diario como géneros literarios. José Picón Pinto reseña un poemario de Teresa Cabrera y la parte creativa está garantizada con un cuento de Carlos Yushimito y unos poemas de Dante Ayllón Bulnes.</p>
<p style="text-align: justify;">Como ya saben, el periódico <em>El Hablador</em> es repartido de forma gratuita en puntos estratégicos de la ciudad: universidades, librerías y centros culturales. Asimismo, se puede revisar el formato completo en <a href="http://www.elhablador.com/pdf-periodico2/EH-impreso_2.swf" target="_blank">la web de la revista</a>. </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;">…..</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>NOTA: Mañana vuelve “Doble Click”, la columna de Francisco Ángeles.<span id="_marker"> </span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span> </span></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>Una tradición agotada</title>
		<link>http://www.elhablador.com/blog/2012/04/25/una-tradicion-agotada/</link>
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		<pubDate>Wed, 25 Apr 2012 23:15:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>webmaster</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[    Por Rómulo Torre Toro   Miguel Ruiz Effio (Lima, 1977) ha obtenido el primer premio del concurso convocado por la Asociación Peruano Japonesa y, en consecuencia, ha publicado su segundo libro titulado Un nombre distinto (2011). Al igual que su primer libro, La habitación del suicida (2006), los relatos que conforman esta última [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong><a rel="attachment wp-att-4660" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/04/25/una-tradicion-agotada/un-nombre-distinto/"><img class="alignleft size-medium wp-image-4660" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="Un nombre distinto" src="/blog/wp-content/uploads/2012/04/Un-nombre-distinto-172x300.jpg" alt="" width="201" height="317" align="left" /></a></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por Rómulo Torre Toro</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Miguel Ruiz Effio (Lima, 1977) ha obtenido el primer premio del concurso convocado por la Asociación Peruano Japonesa y, en consecuencia, ha publicado su segundo libro titulado <em>Un nombre distinto </em>(2011). Al igual que su primer libro, <em>La habitación del suicida</em> (2006), los relatos que conforman esta última entrega poseen un lenguaje que intenta ser poético, que tiende a construir imágenes y a dibujar estados anímicos en sus personajes. Las historias están marcadas por la violencia y la muerte, sea real o simbólica, y ambientadas en una ciudad hostil, una ciudad que oculta pequeñas vidas que tienen en común su carácter trágico y miserable. Vidas que pretenden exhibir los problemas de la colectividad, sus anomalías y fracasos. En ese sentido, podríamos encontrar la huella de Ribeyro en estos relatos urbanos. Más interesado en centrar su atención en la confección de la prosa, en el tono de la narración y en el poder de la imagen, los cuentos de Ruiz Effio están escritos de forma correcta y cuidada, pero no logran la intensidad que toda buena historia requiere. Por momentos lo consigue, es cierto, pero la constante es que las acciones se pierdan entre descripciones y explicaciones que empantanan la narración.</p>
<p style="text-align: justify;">Un primer aspecto a analizar es el eje que articula los relatos de Ruiz Effio. Desde los epígrafes queda claro que debemos entender la maldad como algo inherente al hombre, como una propiedad que está a priori en la naturaleza humana. Y que es impulsada por el medio en donde se desenvuelven sus personajes o las situaciones límites que deben afrontar. De hecho, las historias están compuestas por rupturas en la vida de sus protagonistas, momentos en donde eliminan su juicio moral y buscan nuevos modos de acción, para atacar o protegerse. En el primer caso encajan perfectamente personajes como el de los cuentos “Laura” y “Descifrando a Lulú”, pues ambos llevan a cabo cierta violencia que destruye al otro. Lo contrario sucede con los personajes de “Dos pájaros, un tiro” y “Raimondi 904”. Ellos intentan defenderse de la agresividad de los demás, de personas que en algún momento fueron muy próximas pero que ahora han mostrado su verdadero rostro. Todo apunta en una sola dirección: la fragilidad del individuo frente a la fiereza de la sociedad. La soledad del hombre en –recordando a Lavoe- esta selva de cemento. Sin embargo, la perspectiva desde la que Ruiz Effio aborda el problema es bastante convencional. Por momentos llega al maniqueísmo y a la simple degradación ética para sostener sus argumentos, apela a la descripción de lugares pobres, a la necesidad económica, al fanatismo deportivo para sacar a exponer el lado oscuro de sus personajes. Como dije líneas arriba, las situaciones límite exigen de ellos poner en marcha su perversidad. Y eso puede ser superficial.</p>
<p style="text-align: justify;">Ejemplo significativo es “Dos pájaros, un tiro”, cuento que ya he mencionado. La protagonista del relato es una adolescente que es violada por su padre. Soporta además insultos y otras vejaciones. La casa en la que viven es misérrima y descubren una rata que se esconde en una grieta en la pared. Por otro lado, la muchacha tiene un novio, Luis, quien es descrito como alguien delicado y bueno, incluso con inclinaciones literarias. Ella parece someterse a la voluntad del padre sin protestar, con dolor y sufrimiento, sí, pero soportándolo lo mejor que pueda, aunque los deseos de matarlo son grandes y se manifiestan en todas las reflexiones de la muchacha. Hasta que la rata que ha aparecido en su casa le da la oportunidad de escapar. El padre le ordena matar al animal y ella aprovecha para envenenar la comida del “ogro” que morirá, mientras la muchacha observa cómo también el roedor se aproxima al bocado de veneno que le ha dejado en el suelo. Hay aquí un claro paralelo entre el padre y la rata, no solo en la muerte que comparten, sino en su condición: “A la muchacha le causa gracia ver a aquel monigote exasperándose por un bicho menos asqueroso que él” (p. 25). Podemos encontrar, también, una oposición bastante maniquea entre la figura del padre y la de Luis:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">“Nunca mirar cuando ese títere grotesco se arrastra sobre ella, cuando pasea su nariz y sus labios por su cuerpo tembloroso, intentando aprehender su aroma. Mejor pensar en el rostro amable de Luis, en su voz clara. Luis entregándole un papel doblado que contiene algunos versos escritos la noche anterior. Imaginar a Luis escribiendo, muy lejos de aquí, mientras el tipo hurga debajo de su vientre, mientras se introduce en sus entrañas” (p. 26).</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">La muerte del padre es, finalmente, la posibilidad de realizar un cambio en la vida de la muchacha: desechar la miseria, escapar de la violencia. Al constatar que el veneno ha cumplido su cometido, ella considera que “La casa luce más amplia y con unos pocos cambios, piensa, se asemejaría mejor a la del programa de televisión” (p. 30). Lo que tenemos, en resumen, es una mirada maniquea y reductora de una vida traumática.</p>
<p style="text-align: justify;">Un segundo aspecto problemático es el estilo. Como mencioné líneas arriba, la sugerencia de la imagen y la descripción minuciosa  son las dos características fundamentales del lenguaje de Ruiz Effio. Notamos un gran cuidado por dominarlo, imponerle un ritmo y explorar sus capacidades plásticas. Por momentos, esta intención logra buenos resultados, como en el cuento “Raimondi 904”, donde describe una casa que el tiempo arruinó “hasta deslucirla: el color verde de la pared se diluyó con la sucesión de estaciones y los fragmentos de pintura, desprendidos durante meses y años, han dejado cicatrices blancas y multiformes, bosquejos de mapas, siluetas indescifrables” (p. 60). Lamentablemente, esto llega a ser más una excepción que una constante. Por momentos pareciera que el narrador desconfía de su capacidad para transmitir información y proyectar imágenes al lector; entonces cae en repeticiones que entorpecen la lectura y le restan intensidad a la narración. Este temor genera una indefinición que conduce, por ejemplo, a caer en frases como “la habitación donde prepara los alimentos” (p. 41) para evitar la repetición de cocina. O como “Bebo el líquido caliente de la taza despostillada y sigo hablando…” (p. 42) para remarcar por enésima vez que el narrador está bebiendo té en la humilde casa de su interlocutor.</p>
<p style="text-align: justify;">En algunos pasajes de libro, encontramos detalles que le restan verosimilitud a lo que intenta contar. En “Seguridad ciudadana” observamos cómo unos ladrones se detienen a revisar el contenido de un maletín y, al no encontrar nada valioso, se lo devuelven bramando “Ni para el té” (p. 75). Más allá de algunos insultos que profieren, los asaltantes tienen una actitud poco convincente. Se muestran, incluso, un poco ingenuos: no encuentran el dinero que la víctima llevaba en la billetera y al enterarse entablan una pelea entre ellos. Poco importa, en verdad, si lo que se cuenta es real o no, pero sí que lo parezca, que las acciones generen la sensación de la posibilidad inmediata, cotidiana. Del mismo modo, en “Aunque la muerte nos espere”, se indica sorpresivamente que una de las partes del relato es un informe. Esta idea, que podemos encontrarla en las novelas de Piglia, pierde efecto porque el registro no es ni policial ni periodístico, y solo es una mención que aparece de improviso, de forma aislada.</p>
<p style="text-align: justify;">El punto alto de <em>Un nombre distinto</em> es “Raimondi 904”. Aquí vemos que el lenguaje logra una mayor concisión, una capacidad sugestiva que hace del texto uno de los más interesantes. Los protagonistas, un carpintero y su hijo, deben desalojar el local que ocupan en la dirección que da título al cuento. Aquellas personas que han sido sus vecinos, amigos y ayudantes del carpintero se muestran ahora arrogantes con el vencido, desagradecidos. El viejo se siente solo, como el árbol que está frente a la puerta del taller, y su hijo no puede compartir su tristeza y mucho menos ser el apoyo que necesita. Estos desencuentros proporcionan buenas dosis de tensión, como el gordo que esquiva el pedido de ayuda del padre, o la cuota que éste debe pagar a un ex aprendiz por cuidar sus cosas. Asimismo, la precisión de las frases aumenta la sensación de desamparo y soledad que nos atrapa. Frases como “Maldito gordo” que remata una serie de recuerdos que definen al personaje:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">“el gordo trabajando junto a mi padre, pidiéndole la camioneta prestada, antes de que fuese necesario venderla para comprar comida y pagar las pensiones del colegio. Yo manejo, compadrito, yo se lo llevo a guardar a la playa, yo le ayudo a cambiar esa llanta […], cuenta mi madre. Ahora ya no se acuerda de eso, está sobrado con su camioneta, termina diciendo siempre. Maldito gordo” (p. 61).</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">La revisión del último libro de Ruiz Effio nos permite afirmar que la evolución de su proyecto de escritura y su forma de entender la literatura sigue patrones que van envejeciendo paulatinamente. Su mirada sobre la ciudad mantiene un modo de entender la dinámica social y un modo de representarla que ha sido, durante mucho tiempo, el hegemónico en la narrativa peruana, pero que está siendo desplazada por narradores que exploran por otros caminos, otras <em>posibilidades</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Miguel Ruiz Effio</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>Un nombre distinto</em></strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Lima, Ediciones Altazor/APJ, 2011, 112 pp. </strong></p>
<p style="text-align: right;"><span><span id="_marker"> </span></span></p>
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		<title>Último número de la revista &#8220;Fix100&#8243;</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 04:18:38 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Publicaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[    Acaba de aparecer el 3er número de Fix100. Revista hispanoamericana de ficción breve gracias al Centro Peruano de Estudios Culturales. En este número, entre otras cosas, encontramos una interesante entrevista a David Roas; una miniantología del microrrelato brasileño, preparada por Nelson de Oliveira (Premio Casa de las Américas 2011); un merecido homenaje al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a rel="attachment wp-att-4652" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/04/22/ultimo-numero-de-la-revista-fix100/fix100-numero-3/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4652" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="fix100 número 3" src="/blog/wp-content/uploads/2012/04/fix100-número-3-230x300.jpg" alt="" width="230" height="300" /></a></p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;">Acaba de aparecer el 3<sup>er </sup>número de <em>Fix100. Revista hispanoamericana de ficción breve </em>gracias al Centro Peruano de Estudios Culturales. En este número, entre otras cosas, encontramos una interesante entrevista a David Roas; una miniantología del microrrelato brasileño, preparada por Nelson de Oliveira (Premio Casa de las Américas 2011); un merecido homenaje al maestro del cuento brevísimo peruano, Carlos E. Zavaleta, con artículos de Carlos Yushimito, Sonia Luz Carrillo, Antonio González Montes y Óscar Gallegos; reseñas de algunas últimas publicaciones sobre el género minificcional; y microrrelatos de Cecilia Podestá, Jorge Ramos Cabezas, Carlos E. Saldívar, César Klauer y Sarko Medina.</p>
<p style="text-align: justify;">La revista, como saben, es virtual, y se puede descargar desde <a href="http://cpecperu.org/docs/index.php?option=com_wrapper&amp;Itemid=79" target="_blank">aquí</a>.<span id="_marker"> </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span> </span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Desde los Buenos Aires</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Apr 2012 06:52:36 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[  Librerías, libros y límites     Por Carlos Germán Amézaga   Estoy en mi librería favorita, en el barrio de Palermo, en la calle Honduras, casi esquina con Fitz Roy. Hay muchísimas librerías en Buenos Aires, pero me gusta Eterna Cadencia porque no es tan grande, aunque tiene unos enormes anaqueles de madera donde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p style="text-align: center;"><a rel="attachment wp-att-4388" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/02/13/desde-los-buenos-aires/amezaga-paint1/"><img class="alignleft size-medium wp-image-4388" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="Amézaga paint1" src="/blog/wp-content/uploads/2012/02/Amézaga-paint1-206x300.png" alt="" width="51" height="70" align="left" /></a><strong>Librerías, libros y límites</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por Carlos Germán Amézaga</strong></p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;">Estoy en mi librería favorita, en el barrio de Palermo, en la calle Honduras, casi esquina con Fitz Roy. Hay muchísimas librerías en Buenos Aires, pero me gusta Eterna Cadencia porque no es tan grande, aunque tiene unos enormes anaqueles de madera donde se depositan los libros, como si fuera más bien una biblioteca. En una mesa larga están las novedades, se pueden abrir y leer, no están envueltas de una funda plástica censuradora, de esas que sólo nos permiten dar un vistazo a la portada y la contratapa.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a rel="attachment wp-att-4620" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/04/16/desde-los-buenos-aires-3/1-5/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4620" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="1" src="/blog/wp-content/uploads/2012/04/1-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Posee, además, algo que pocas librerías tienen: un pequeño patio interior con unas siete u ocho mesas donde uno se puede sentar a tomar un café para leer y empezar a disfrutar el libro que se acaba de comprar. Por eso, cada vez que estoy por allí,  paso y recorro un rato sus tres salas, reviso las novedades y, casi siempre, compro algo, aunque sea más una excusa para sentarme a tomar un café.</p>
<p style="text-align: justify;">Buenos Aires es una ciudad llena de librerías. Las hay de todo tipo y especialidad y casi en todos los barrios. Hay una muy grande, que ha sido distinguida como una de las más bellas del mundo. Está ubicada en lo que fue el cine y teatro Gran Splendid, en Santa Fe y Callao. Hoy, convertida en  librería Ateneo-Gran Splendid, atiende a 3000 personas diariamente. Es muy linda pero no me seduce, me da la impresión de un gran supermercado.</p>
<p style="text-align: justify;">Prefiero aquellas mucho más pequeñas, en las que se puede conversar con los libreros, quienes comentan  o aconsejan sobre qué ediciones comprar o dónde encontrar lo que uno está buscando. Como esas hay muchas, tanto para comprar lo último que ha salido, como para adquirir saldos o libros clásicos y antiguos.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><a rel="attachment wp-att-4621" href="http://www.elhablador.com/blog/2012/04/16/desde-los-buenos-aires-3/attachment/3/"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4621" style="margin-left: 5px; margin-right: 5px; border: black 1px solid;" title="3" src="/blog/wp-content/uploads/2012/04/3-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Hay sólo una excepción. Es precisamente en este mes de abril cuando se produce la librería más grande bajo techo en Buenos Aires: la feria del libro. Más de un millón de personas pasan por los salones del centro de exposiciones de La Rural para rendir homenaje a los libros, sus autores y toda la industria relacionada con la lectura. Recorrer la feria es uno de los más grandes placeres, aunque al final no se compre nada (cosa que difícilmente ocurre), el sólo hecho de estar en contacto con toda esa parafernalia nos llena todos los sentidos.</p>
<p style="text-align: justify;">Luego de pedir mi café con leche y medialunas, repaso el libro que tengo entre manos: <em>El Museo de la Inocencia</em> de Orham Pamuk. He leído sólo las primeras páginas y ya está empezando a cautivarme, como me encantó <em>Rojo</em>, del mismo autor. Recuerdo entonces que en esta misma librería he comprado todos los últimos libros de Murakami, y los primeros también, con esa ansia que a veces me producen ciertos autores por leer todo lo que han escrito, como me pasó antes con Milan  Kundera, Michel Houellebecq o Amélie Nothomb.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero hay tantos autores y tantos libros y tan poco tiempo, que uno se pasaría la vida entera tratando de leer sólo los clásicos y aquello que parece interesante <em>a priori</em>. Aquí, en esta librería, está todo  lo que podría leer en lo que me reste de vida y mucho más. No puedo entonces dejar de traer a la memoria un poema del maestro Borges, el que trata precisamente de los &#8220;límites&#8221;:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar.</em><em> </em><em><br />
</em><em>Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos,</em> <br />
<em>hay un espejo que me ha visto por última vez,</em> <br />
<em>hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.</em> <br />
<em>Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)</em> <br />
<em>hay alguno que ya nunca abriré.</em> <br />
<em>Este verano cumpliré cincuenta años;</em> <br />
<em>La muerte me desgasta, incesante.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Menos mal que Borges se equivocó y vivió muchos años más. Es lo que yo también quisiera, para alcanzar a leer aunque sea una parte de lo que me falta y poder seguir disfrutando, sin límites, de mis  librerías, mis ferias y mis libros.<span id="_marker"> </span></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
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