Vagamente muchos peruanos
Monday January 16th 2012, 9:45 am
Filed under: Columnas

 

De las revoluciones en el Perú: peruanos de (ciencia) ficción

Julio Verne: Martín Paz (1852)

Olivier Rolin: Un cazador de leones (2008)

 

“Pero como las agencias de noticias solo prestan

atención a la gente que habla mucho

y no saben que los hombres solitarios,

que siempre están leyendo y aprendiendo,

son los más peligrosos a la hora de revolucionar  el mundo,

nadie escribe un solo informe sobre ese hombre

que pasa desapercibido (Lenin)”

Stefan Zweig, Momentos Estelares de la humanidad

 

Por Alejandro Neyra

 

En nuestra insaciable cacería de peruanos en la literatura, hemos intentado también  dirigir nuestra búsqueda aproximándonos a los diferentes géneros de ficción. La pregunta que nos hacíamos desde hace algún tiempo era si había alguna aparición del Perú en un texto de ciencia ficción. Recordamos entonces que alguna vez alguien mencionó que el gran Julio Verne había hecho aparecer al Perú en De la tierra a la luna. Comenzando por ahí encontramos que, efectivamente, Verne había citado al Perú como uno de los países sudamericanos que contribuyeron con el Gun-Club para financiar la construcción del artilugio que permitiría al hombre conquistar la luna con la tecnología del siglo XIX –que el Perú haya contribuido a un proyecto internacional quizás sea ya de por sí ciencia ficción. Sin embargo, y pese a que las referencias al Perú o a elementos peruanos en Verne son numerosas (para ello recomendamos la lectura de Verne y el pueblo de los incas[1]) pronto nos alejamos de ese lado de la investigación y terminamos encontrando un texto de juventud en el que Verne narra las visicitudes del Perú apenas nacido a la vida independiente. Hacemos por eso aquí un contrapunto entre ese texto -Martín Paz- y una novela que lamentablemente no ha sido aún traducida al español, de otro francés, Olivier Rolin –Un chasseur de lions– que narra de manera fidedigna el intento golpista de los hermanos Gutiérrez en la Lima de 1872. Dos franceses que narran desde sus peculiares puntos de vista y con ciento cincuenta años de diferencia dos revoluciones del siglo XIX creo que resultan de por sí bastante interesantes, más aun cuando en sus textos encontramos algunos elementos que nos remiten inexorablemente a nuestro Perú que hoy, en pleno siglo XXI, del oro versus el agua, sigue enfrentando sus propias revoluciones.

 

Martín Paz, un indio enamorado

Una de las primeras publicaciones del jovencísimo Julio Verne en la revista Musée des Familles es este cuento (nouvelle) en el que en el Perú post independiente, en medio de las guerras entre Gamarra (sic.) y Santa Cruz, es una buena mezcla de relato de aventuras y novela romántica. Inspirado por las acuarelas de Ignacio Merino expuestas en París hacia 1850, Verne utiliza en este relato todos aquellos referentes peruanos que son extremadamente sorprendentes y literariamente explotables: indios, mestizos, tribus de selváticos salvajes, aristócratas españoles en desgracia, hermosas tapadas, mares infestados de tiburones, altas e inaccesibles montañas, selvas con ríos y cataratas inmensurables.

 

 

Cada uno de los capítulos es así un pretexto para incluir uno de aquellos escenarios mágicos o las peculiaridades de aquellas razas que se enfrentan trágicamente. Sin embargo como suele suceder en las novelas de aventuras, el rol de pivote de la acción queda fijado en el paradigmático antagonista que causa todos los males y desgracias a los aventureros: Samuel, un judío ambicioso, quien precipita a la larga el drama. Él es el supuesto padre de la hermosa limeña Sara, quien en realidad es hija del marqués de Vegal, protector del indio Martín Paz, quien se enfrenta al malicioso mestizo Andrés Certa por el amor de Sara y a su propio padre, “el Zambo”, y a sus indios revolucionarios, quienes pretenden derrocar el orden impuesto y recuperar la honra de los incas, pero no entienden que no hay revolución más grande que la del amor.

Una historia enrevesada, sí, que no solo es muestra temprana del interés de Verne por las aventuras y por los escenarios exóticos sino por las costumbres de otros pueblos y razas. Por algo el título original con el que fue publicada esta obra fue: América del Sur. Costumbres peruanas. Martín Paz, relato histórico[2].  Julio Verne pretendía hacer, sin haber visitado nuestro país, claro, un cuadro de costumbres que, a la manera de las acuarelas de Ignacio Merino, presentara al Perú como un lugar en el que las revoluciones son pan de cada día -algo no tan alejado de la realidad en el siglo XIX- y en el que aun así, las historias de amor interracial se dan naturalmente, con duelos, muertos y heridos, como en todo el mundo. Lo curioso es que estos enfrentamientos forman también parte de conjuras en el que los descendientes de los incas, cuyo líder indio lleva el nombre poco representativo de “el Zambo,” quieren retomar el poder aprovechando el conflicto entre españoles y mestizos. Así, Andrés Certa, el mestizo que pretende a Sara, en realidad la quiere más que por su belleza, por la posibilidad que le dará de “blanquearse” y ganarse así el respeto de la aristocracia decadente, que conserva aún sus títulos españoles pero va cayendo cada vez más en la pobreza material. Y Martín Paz, el idealista protagonista del relato, está dispuesto a hipotecar su rol de líder revolucionario por el amor de aquella limeña, modelo de la gracia sin par de estas sudamericanas que se las traen y que visten delicadamente, haciendo que hasta las revoluciones más auténticas puedan colapsar:

“(Sara) vestía falda de color oscuro con pliegues medio elásticos y muy estrechos por abajo, lo que la obligaba a dar pasos muy menudos con esa gracia delicada, particular de las limeñas. Aquella saya, guarnecida de encaje y de flores, iba en parte cubierta por un manto de seda que subía hasta la cabeza, cubriéndola con un capuchón. Bajo el gracioso vestido aparecían medias finísimas y zapatitos de raso; rodeaban los brazos de la joven brazaletes de gran valor, y toda su persona tenía ese poderoso atractivo a que en España se da el nombre de ‘donaire’”. 

Lástima pues que Sara hubiera sido hija de Samuel, ese engendro del mal, otro ejemplo de la vileza de una raza espuria como la judía (Verne dixit), quien se ocupa de todo para entregar la mano a Certa –contra una buena suma de dinero– y al mismo tiempo chantajear al marqués de Vegal, un español de buen corazón que no ha sido feliz desde la desaparición de su esposa y de su pequeña hija en un naufragio. El final dramático en que Martín y Sara sucumben a las flechas de los selváticos, luego de una rocambolesca huida por desiertos, montañas y selvas, es quizás lo más cercano a la aventura que todos asocian con Verne, aunque matizada con elementos románticos que hacen de esta nouvelle un texto aun más curioso.

Verne, un joven idealista y soñador, el maestro y padre del género de ciencia ficción, escribió así en sus inicios sobre uno de esos países en los que la realidad siempre parece superar a la ficción (o al menos a la que pueden imaginar los franceses). Las noticias que llegaban entonces desde Lima y la que podían llevar aquellos personajes peruanos que visitaban París –como aquellos que menciona Loayza en su ensayo– seguramente decoraban nuestra ya de por sí colorida realidad con aquellas tradiciones y mitos que aun hoy llenan nuestros textos escolares y que todos aprendemos de memoria. Pero seguramente ellos mismos contaban también sobre las características violentas de los indios y de los mestizos, reacios al orden y siempre peligrosos, dispuestos a poner al Estado contra las cuerdas por buscar su propio beneficio en lugar de pensar en que es mejor mantener el statu quo que algún día llegará a igualarlos a todos (ellos). Una lástima que Verne haya elegido el nombre de Martín Paz en lugar de otro como Gregorio Santos, por ejemplo. Cualquier parecido con la realidad del siglo XXI es mera coincidencia. 

 

Un chasseur des lions, una historia funambulesca de revolución en el Perú 

Para escribir esta novela (lamentablemente no traducida al español, pero de la que se puede al menos saber un poco gracias a una entrevista hecha por Alfredo Vanini)[3] Olivier Rolin fue generosamente apoyado por su editorial e hizo un viaje por Sudamérica en el que siguió los pasos de Eugene Pertuiset, un aventurero y mercenario francés que además fue retratado por Edouard Manet como cazador de leones, lo que da título a la novela.

 

 

La historia en este caso es real, aunque suene incluso más ficcional que la de Verne. Eugene Pertuiset llegó a Sudamérica buscando oportunidades para sus oscuros negocios de venta de armas y encontró en el Perú un grupo de gente amigable y dispuesta a hacerse de al menos unas cuantas escopetas para su revolución: los hermanos Gutiérrez. Luego de que estos asesinaran al presidente Balta y fueran defenestrados –y Tomás y Silvestre además colgados en la catedral de Lima como atestiguan algunas foto-postales de los hermanos Courret, que el propio Rolin menciona en la novela– Pertuiset se queda en Lima y entabla relaciones de amistad y de negocios con altos funcionarios del Gobierno y con otros ilustres extranjeros negociantes, como Henry Meiggs y Malinowski. En una de aquellas celebraciones organizadas por el buen polaco, conoce el aventurero a ciertos personajes exóticos, entre ellos a una mujer hermosa de quien se enamora, y que, presa de las más fabulosas visiones en una sesión de ocultismo, lo convencen de que el gran tesoro de los incas –aquellas muestras de “El Dorado”– está enterrado en la Tierra del Fuego; un tal Yupanqui, descendiente de los incas fue quien se deshizo de los tesoros que salieron de la tierra de sus dueños y terminaron en territorio más que enemigo. Lo increíble es que esta expedición es verdadera y está documentada, y fue llevada a cabo casi al mismo tiempo que peruanos, chilenos y bolivianos entrábamos a la guerra más violenta y traumática entre nuestros países y que aún hoy genera disputas jurídicas, entredichos e impasses diplomáticos. 

Por supuesto, la aventura de Pertuiset –digna de Tintín, como el propio Rolin también se ocupa de recordarnos cada cierto tiempo– fracasa estrepitosamente, pero eso no le priva de granjearse cierta reputación a su vuelta a Francia, y el honor de estar retratado con un pie sobre un león nada menos que por Edouard Manet, en una pintura enorme que hoy puede verse en el Museo de Arte de Sao Paulo en el lejano Brasil.

Rolin fue un revolucionario, miembro del partido maoísta francés; y narra la historia intercalando su visita al Perú y Chile en pleno siglo XXI y aquellas revoluciones y guerras fratricidas que quizás añore como militante en retiro. Lo cierto es que Un chasseur de lions es una excelente novela de aventuras que poco tiene de ficción y que hoy en el Perú debiera ser traducida para beneficio de todos aquellos que parecen olvidar que la historia es cíclica, que hay que cuidarse de aquellas extranjeros que vienen a vendernos armas -o ideas– sin fundamento y sin conocernos, que las revoluciones y los revolucionarios de pacotilla aun no son cosa del pasado, y que la palabra orden no siempre significa lo mismo para el militar y para el civil. Después de todo Tomás Gutiérrez, quien lideró aquella revolución de una semana, fue apresado mientras, disfrazado de paisano e intentando huir de una muerte segura, gritaba ¡Viva Pardo!

 


[1] http://www.jverne.net/articulos/verneperu.htm Agradecemos a Cristian Tello, ilustre peruano, quien mantiene la página web más completa y visitada sobre Julio Verne en nuestro idioma.

[2] L’Amérique du SudMoeurs péruviennesMartin Paznouvelle historique. El texto completoen español puede encontrarse en: http://www.scribd.com/doc/14244471/Julio-Verne-Martin-Paz

[3] www.youtube.com/watch?v=p66OEXEe2gM

 

 



“Arguedas: Perú Infinito”
Saturday January 14th 2012, 10:45 am
Filed under: Noticias,Presentaciones,Publicaciones

 

 

Un libro dedicado a la vida y obra de José María Arguedas escrito por Carmen María Pinilla será presentado el lunes 16 de enero a las 7pm. en el foyer Los Incas del Museo de la Nación (Av. Javier Prado Este, N° 2464, San Borja). El libro, Arguedas: Perú Infinito,  será presentado por el Ministro de Cultura Luis Peirano, Rodrigo Montoya y Alonso Cueto. Ingreso libre.

El título se inspira en uno de los principios que, según el propio Arguedas, dirigió su vida: considerar al Perú como una fuente infinita de creación. La publicación se basa en la muestra del mismo título que se inauguró el año pasado en el Centro Cultural PUCP y luego comenzó a viajar por el país. 

 



Tercer Seminario de Tradición Oral y Culturas Peruanas
Wednesday January 11th 2012, 9:43 pm
Filed under: Noticias,Presentaciones

 

 

Por Lenin Pantoja Torres

 

Hace veinte años, en 1992, un conjunto de intelectuales del norte del Perú propuso evaluar el tema de la tradición oral en el marco de las culturas contemporáneas. Se buscaba examinar la recuperación de la cultura popular, los métodos de trabajo y las tradiciones como expresión de representaciones, sin embargo, se enfrentaron a un Perú que padecía los estragos de la lucha armada, lo cual impidió un debate más profundo sobre la producción de la tradición oral. Diez años después se desarrolló una nueva reunión que buscaba revisar qué pasó hasta ese momento, la necesidad de hacer un balance era gravitante. El interés se centró, en ese segundo encuentro, en torno al testimonio oral, la oralidad quechua del Manuscrito de Huarochirí, los universos amazónicos y los del Valle del Mantaro.

Hoy, nuevamente reunidos, estos intelectuales convocan al público interesado a ser parte de una reflexión en torno a temas como las tradiciones orales, la memoria que genera la violencia política, las ideas de desarrollo del país, las tecnologías de la información y comunicación que influyen en la naturaleza de las comunidades orales, entre otros. De esta manera, el Tercer Seminario de Tradición Oral y Culturas Peruanas tiene un matiz internacional y parte del espíritu de una época que asume las encrucijadas que enfrenta la tradición oral y lo que se avizora de forma decisiva para su proyección como un quehacer interdisciplinario y arraigado en sus fuentes de origen. Así, por su naturaleza misma, el evento busca asimilar los temas y las inquietudes de los investigadores, los estudiosos y los propios narradores orales de los diversos confines de la América nuestra.

Respondiendo a un tema de suma importancia para el enriquecimiento, el respeto y el fortalecimiento de la tradición oral en nuestro país, la revista virtual El Hablador ha tratado de sumar trabajos en torno a los temas vinculados a las culturas peruanas. Así, basta revisar los sólidos trabajos y las interesantes recopilaciones de literaturas orales que posee nuestro Dossier de Literatura Amazónica en el N° 18 de la revista. En ese sentido, el evento que se viene organizando es un argumento más para convencernos de la importancia de trabajos como los ya aludidos. Finalmente, dejamos una lista de los temas del seminario y les recordamos que pueden revisar las cuestiones formales del mismo en el blog del evento.  

 

Ejes temáticos:

1. La reflexión teórica sobre la tradición oral y la memoria.
2. La violencia del caucho y la memoria indígena amazónica.
3. Encuentro de Narradores Orales.

 

Temario:

1. Tradiciones orales y literaturas orales.
2. Historias populares, memorias y testimonios.
3. Interculturalidad y tradición cultural.
4. Memorias indígenas sobre la violencia del caucho.
5. Culturas amazónicas y tradiciones orales.
6. Balances y perspectivas de las tradiciones orales en el Perú.
7. Intersecciones, influencias y relaciones de fronteras en tradiciones orales.
8. Epistemes del sur: propuestas teóricas.

 

 



En la boca del miedo
Monday January 09th 2012, 10:57 am
Filed under: Cine,Columnas

 

UNOS, DOS, TRES, LAS LISTAS OTRA VEZ

 

Por Martín Mauricio

 

Bueno, volvemos a las listas de las mejores del año, aunque ahora la elección ha sido más difícil, no por haber encontrado o visto grandes películas, sino por la ausencia de las mismas. Todas se encuentran en un nivel medio, no hay quienes sobresalgan nítidamente, así que lo que van a encontrar es puro y únicamente de gusto particular. Puede llamar la atención no encontrar tal vez a Rito Diabólico, Scream 4, Novias en Fuga, Más allá de la Vida, Super8 o Lazos de Sangre. También, cómo no, habría podido estar dos muy buenas, decentes y entretenidas cintas como Misión Imposible 4 o Las Aventuras de Tin Tin. En fin, para empezar la polémica, estas son las 10 mejores películas del año.

 

1. Temple de Acero (True Grit) de Joel y Ethan Coen

 

 

A pesar de los logros cinematográficos y sus múltiples premios –Fargo, entre sus obras más conocidas- hubo un tiempo en que los hermanos Coen eran considerados como hábiles artesanos que sabían contar historias entretenidas pero carentes de emoción. Puede ser que la opinión haya cambiado en Sin Lugar para los Débiles, la novela de Cormac McCarthy llevada al cine supuso un quiebre en su carrera, un western postmoderno narrado con excelsa capacidad visual y mucha fluidez narrativa. En su última película los Coen vuelven a esas dos fuentes que le dieron tantas satisfacciones. Primero, dejar nuevamente los guiones originales y adaptar la novela de Charles Portis del mismo nombre; y segundo, la vuelta al western pero desde un clasicismo tanto narrativo como estético.  

Después del asesinato de su padre, Mattie Ross (Hailee Steinfeld) contrata los servicios de un asesino a sueldo: un vaquero alcohólico, pero de innegable sabiduría (Jeff Bridges). Ambos recorrerán el oeste americano en un extraño viaje donde lo mítico se confunde con la realidad. En Temple de Acero, la venganza es el factor principal, es el motor que da sentido a la vida en el pequeño cuerpo de Mattie, y eso es relativamente nuevo en el cine de los Coen. Ese nihilismo, muchas veces desesperante de los hermanos más famosos del cine americano, en Temple de Acero se deja de lado por una historia más humana, hasta en algunos casos sentimental, pero valiente y jubilosa. 

 

2. Escritor Oculto (The Ghost Writer) de Roman Polanski 

El regreso de Polanski a nuestras salas de cine es el retorno del mejor cine. Todo lo que realiza el director polaco-francés es siempre objeto de atención no solo por ese amarillismo que lo persigue por sus condenas policiales, sino por esa claridad y capacidad para construir relatos modernos, así estas se desarrollen en cualquier época de la historia. El Escritor Oculto no es la excepción.  Un ex Primer Ministro Inglés –cualquier parecido con Tony Blair si es coincidencia-, Adam Lang (Pierce Brosnan), contrata el trabajo de un escritor “negro” (Ewan Mc Gregor) para que le ayude a elaborar sus memorias.  

Basada en la novela de Robert Harris, este guión se convierte en las manos de Polanski en una película de suspenso, de aventuras y de secretos de estado, donde cada secuencia de la cinta encierra lecciones de cine de un director en plena forma.

 

3. El Cisne Negro (Black Swan) de Darren Aronofsky

Darren Aronofsky es un director polémico, tiene tantos detractores como fervientes entusiastas defensores de su cine, sobre todo de esa cualidad muy propia que es su estética visual, y si hay algo que no se le puede negar es el constante compromiso de un cineasta apasionado por las imágenes. Nina (Natalie Portman) es una eximia bailarina que se presenta a una audición para dar vida al Cisne Negro en “El Lago de los Cisnes”. Su falta  de audacia y malicia la hacen caer en una metamorfosis destructiva que no es más que un deseo reprimido que lleva por años, sumado esto a la continua vigilancia de una madre castradora. Esa conversión que busca Nina de Cisne Blanco a Negro es en las manos de Aronofsky una pesadilla inquietante con un desenlace mortal.

 

4. Triste San Valentín (Blue Valentine) de Derek Cianfrace

Si bien la película de Derek Cianfrance no era una sorpresa –sí su estreno en la cartelera peruana- por los premios y nominaciones que había conseguido, es un respiro diferente dentro de los vicios comunes del cine indie americano, en muchos casos snobista o demagógico. Michelle Williams y Ryan Gosling no son una simple pareja que se encuentra en el ocaso de un matrimonio, es una pareja desconsolada por el fracaso y la pérdida de sus deseos en común. Cianfrance nos muestra -en un gran montaje- ese desamor, con la intimidad y dulzura de los primeros encuentros. Pocas veces se ha visto con tanta intensidad dentro de una pantalla de cine, esas tinieblas que surgen en las crisis matrimoniales que no son más que retratos puros y sinceros del fin de la vida en pareja.

 

5.  Camino a la Libertad (The Way Back) de Peter Weir

La libertad siempre ha sido una de las características del cine de Peter Weir.  Eso es lo que buscaba Jim Carrey en el Show de Truman o Jeff Bridges en Sin Miedo a la Vida. Esos grandes espacios naturales donde el ser humano se siente diminuto como las estepas siberianas en Camino a la Libertad o el inmenso océano de Capitán de Mar y Guerra, son lugares de escape y  de enfrentamiento con su destino. Janusz, Valka, Zoran, han logrado huir de los Gúlag siberianos, pero deambulan por un maravilloso territorio que es propiedad de un Stalin que se encuentra en constante presencia dentro de la película, como un gran obstáculo que se tiene que sortear para ser por fin libres. Todos ellos emprenden un camino de supervivencia tan irreal para la conciencia humana, pero que Peter Weir logra llenar de coraje y espíritu.

 

6. Medianoche en París (Midnight in Paris) de Woody Allen 

Desde que Woody Allen dejó Nueva York hace más de seis años –o siete películas para ser exactos, recordemos su propósito de realizar un filme por año-  para hacer un viaje por el continente más antiguo, sus fervientes admiradores esperaban con muchas ansias ese encuentro con una de las ciudades más románticas y poéticas de Europa: París. Y ese encuentro devino en una película que rinde homenaje no solo a las diversas y maravillosas épocas y mitos de los cuales se ha construido la ciudad luz a lo largo de los años, sino también al cine más puro y emblemático. Medianoche en París es sin lugar a dudas la película que siempre pensó realizar Woody Allen y a sus 75 años se le nota más vital y jovial que nunca.

 

7. El Planeta de los Simios (Rise of The Planet of The Apes) de Rupert Wyatt

Desde un comienzo la expectativa por ver esta película fue aumentando no solo por el hecho de que en un momento se esperaba un remake de la gran obra de Franklin J. Schaffner, sino de la alta propuesta de tecnología digital de Rupert Wyatt, un joven director Inglés que había realizado una aceptable película que pasó desapercibida al ojo crítico: El Escapista. El resultado más que sorprendente fue gratificante, El Planeta de los Simios es la perfecta simbiosis de tecnología, acción y dramatismo. Esta precuela, que recoge de varias otras cintas que se hicieron después de la de Schaffner, se acerca a temas mucho más modernos como el contrabando científico, el abuso de poder, la trata de personas y la libertad.

 

8. Rango (Rango) de Gore Verbinski

Gore Verbinski es un cineasta que sorprende, tal vez en muchos casos se menosprecie su obra –tampoco es que tenga un gran legado–, pero para algunos siempre da un poco más de lo que uno espera. Así pasó con Piratas del Caribe hasta que las segundas y terceras partes hundieron al barco, también con la comedia negra en El Hombre del Tiempo o con la aceptable adaptación de El Aro para su versión americana. Rango es un western divertido, con grandes escenas de acción, con diálogos del mejor cine del oeste. Hay villanos y anti-héroes y si la ves en su idioma original un reparto de lujo. Por primera vez en varios años, Pixar va a tener que ceder sus premios a la mejor película animada.

 

9. El Peleador (The Fighter) de David O. Russell

El deporte más cinematográfico por excelencia siempre ha sido el Boxeo. Sus personajes han contribuido generosamente a ampliar la gama de los grandes personajes del la industria. Cada uno de ellos tiene una historia de vida que va desde el drama hasta el espectáculo, de la gloria a la sobrevivencia. La película de David O. Russell tal vez no esté dentro de las mejores del género, pero tiene algo de lo cual carecen muchas: profundiza de la mejor y más brutal manera ese mundo del white trash americano. La historia de Micky Ward y la relación tirante con su medio hermano y su familia es un intenso relato dramático con un gran actor -que repetimos con insistencia- no es lo suficientemente valorado como debería ser: Mark Whalberg.

 

10. Un lugar en el Corazón (Somewhere) de Sofía Coppola

Sofía Coppola regresa al tema de las relaciones ahora con la historia de una estrella de Hollywood y su hija preadolescente. Como en sus anteriores películas, Las Vírgenes Suicidas, Perdidos en Tokio o María Antonieta, el trazo de la cineasta ganadora del Oscar es siempre audaz, cómico y dramático a la vez. Su mirada en tonos pausados y contemplativos la ponen como una de las principales representantes del cine indie americano. Somewhere es un film íntimo, narrado desapasionadamente, pero con la sabiduría de una directora a punto de hacer su gran obra.

 



“SÓLO PARA ASESINOS(AS)”: ANOTACIONES Y REGLAS PARA MATAR
Friday December 23rd 2011, 10:44 am
Filed under: Reseñas

 

Por Regina Martínez García

Mixha Zizek estudió Literatura en la UNMSM, colaboró con la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y se ha desempeñado como profesora en diversos colegios de Lima y en los Estados Unidos. Su desempeño artístico no solo se centra en la poesía, también en la narrativa: como cronista y columnista digital. Su última publicación, el poemario Balada del asesino (Tranvías editores, 2011), es una muestra clara de la manifestación sicopatológica social que aqueja a nuestra humanidad.

El tema que aborda es el asesinato como un ente que se aleja de lo académico y de los círculos filosóficos, pues el espacio y el tiempo se han visto copados y envueltos por sucesos “artísticamente” dolorosos. En la literatura el tema ha sido abordado múltiples veces. Un ejemplo es el trabajo de Albert Camus que en una de sus obras puso en discusión la constante infertilidad de la lucha por la vida, manifestándolo con la aprobación de una de las frases de Píndaro: No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible. Mixha Zizek afirma, en sus poemas, que sus personajes poéticos, considerando sus “yo” poéticos, son unos excelentes protagonistas para representar una parte de la humanidad. 

Abordar una de las “formas” de asesinar tendrá que ser, desde el primer estamento del ciclo de vida, aquella partícula de los humanos, es decir, un “Embrión”, nombre del poema que refleja una voz indefensa que describe su final siendo la muerte su destino. Esto implica quedarse bajo la mirada del lector como un objeto inerte que yace en una vasija fría:

 

Embrión

¿quién invocaría mis cantos fuera de aquí

si oyera mis latidos?

 

vi la luz al caer la noche

sentí el quebrar de mis órganos

el ruido de mi ablación

sentí el quejido de mis partes

crujir dentro de una vasija de plástico

 

perezca el día de mi origen

concebido como niño roto antes de nacer 

 

La ruleta del ciclo continúa. Así, la víctima resulta ser un joven. Por otro lado, en el poema “Sueño telearañas”, se toma como metáfora a los hilos de las arañas para fomentar miedo y silencio, ya que cubrir un cuerpo resulta ser la invisibilidad de éste. La pregunta sería “¿por qué?”, pues al parecer es el goce de tener en frente tal resultado porque en los versos se refracta la crueldad con la piedad: 

 

Sueño telearañas

completamente cubierto

amortajado

subiendo la cuesta

enredado en silencios

siente la pulsión

que rompe el aire al tejer las sombras

 

lo veo acelerado

mirándome de frente

mis dedos tejidos

atrapados

 

no hay necesidad de girar el cuerpo

no hay prueba de existencia

solo el vestigio imborrable.

 

Los espacios no quedan fuera; el lugar perfecto para un asesinato son los laberintos, es por esa razón que el poema “Laberinto 2” toma preso a un ser indefenso, pues el laberinto se adueña de todos los lugares tranquilos. Su predilección son los sueños, la finalidad es dar a conocer la muerte de un embrión.

 

Laberinto 2

incrustado ante lo inagotable

una puerta puede llevarte a circular

nubes que se tornan sierras

vientos invertidos en tajamar

abriéndose como peldaños

uno tras otro porque tú lo tocas

 

repicantes aldabas vibran

puedes sentir el aliento

cerca de tu oído

y el crepitar de tu piel

 

un embrión se ha quebrado en tu cuerpo

cual pústula infecta

no deja de estallar

hasta llenar el último espacio

de tu cuarto.

 

Estos poemas son una muestra de la primera parte denominada Origen. La visión del tiempo y otros personajes serán propios de la segunda parte llamada Perturbaciones. El poemario se prepara para definir a los asesinos pues el epígrafe ya es un primer acercamiento: El verdadero terror del hombre no es la muerte. Es el hombre (Valentine Penrose).

Se perfilan los espacios y acciones más vertiginosas; al parecer, el adjetivo conveniente sería el horror, pues cada cuerpo sufrirá cambios tenebrosos. Es por esa razón que el poema “Coma” se perfila bajo la descripción y el uso de la memoria, sin embargo, su intención es salir de aquella escena, para ello busca la anhelada cúspide:

 

Coma

arrastro cuerpos en mi memoria

grito muda                              bocas sin lenguas

manos cual espigas              estiran mis huesos

serpientes lagartija                hipocampos

aprietan mis sueños

¿dónde están los otros?

nadie oye

recojo mis labios

traspaso la esfera

busco la salida en la cúspide

 

Los poemas tienden a definir otras formas de asesinar, al parecer son un reflejo de casos famosos de los medios policiales y círculos sociales. Vemos, por ejemplo, títulos como “De los ojos volteados”, “Little Brunella´s nigthmare”,Canción de la pequeña Molly”, “Vigilia de Jane”, etc.

En muchos de ellos encontraremos versos perturbadores, como “los muertos no lloran” (poema “Ras”), o referencias a las medicinas y los males que más caracterizan, en este mundo estereotipado, a los posibles asesinos. La probabilidad de manejar, entre estos versos, una imagen de aquellos seres asesinos nos muestra que los espacios son familiares, que los asesinos son, en mayor proporción, mujeres y que las formas pueden variar de acuerdo a la imaginación turbulenta de los que deciden acabar con una vida.

Como una canción, el poemario atraviesa los versos para llegar al coro, pues en el poema Balada del asesino se reflejan los temores del ser que es atacado y, nuevamente, la memoria resulta ser la mejor arma para enfermar a dicho ser, pues con ella se logra definir su final:

 

…ata tu memoria

trasforma el sello

acuchilla todo lo que quieras

pero ya sabes que tienes que morir. (“Balada del asesino”)

 

Es recomendable leer el poemario, entre otras razones, porque en estos tiempos las sociedades no pueden escapar de la realidad anómala; así, la poesía se ha permitido explorar las posibles estancias perturbadas. Por otro lado, la edición está muy bien  cuidada y logra el objetivo de dejar huella en el lector, pues evidencia una descarnada atención, para compartir por un momento la mente de un(a) asesino(a), sin embargo, retornando a la frase de Penrose, lo que causa terror no es la muerte sino el hombre o la mujer que genera el horror y el miedo ante tanta (des)humanidad.

 



Una antología personal
Tuesday December 20th 2011, 10:47 pm
Filed under: Reseñas

 

 

Por Lisandro Gómez

Carlos Meneses (Lima, 1930) nos entrega una colección de cuentos, El fracaso llega puntual, que brindan un panorama de su no breve trayectoria narrativa. El conjunto reúne cuentos de distintas épocas, escritos entre 1967 (“Historia de Kid, el campeón”) y el 2007 (“La belleza de la traición” y “Fiesta canina”, por ejemplo). Existe un silencio de dos décadas, aquellas que van entre los ochenta y noventa, en la recopilación de textos. No sabemos si se trata de un abandono temporal de la narrativa o son el producto de una muy severa autocrítica. El volumen posee una breve presentación, “Motivos para escribir”, que no da luces sobre este vacío, aunque bosqueja un criterio de selección bastante subjetivo: “En las siguientes páginas encontrarán una docena de cuentos pertenecientes a diferentes épocas, lugares y tipos de personas. Aparentemente no hay uniformidad […] No obstante, hay un elemento asociativo en todo este material […] Todos representan un alivio para la memoria” (pp. 7-8, cursivas nuestras). Además, ofrece una concisa poética que justifica en parte la escritura de los relatos (elaborada en base a una afirmación de Gabriel García Márquez: la escritura como denuncia).

Un primer reproche a esta antología personal de relatos es el poco cuidado que se ha tenido en la organización del libro. El título alude principalmente a la primera sección, “Mundo criollo”, no a la segunda (o por lo menos en mucha menor medida), “Otros mundos”. Existe una evidente transformación en los motivos y en la perspectiva narrativa, también en los recursos. Pasamos de un narrador cuasicriollista y, a veces, excesivamente dramático a un narrador de temple irónico y con una destreza técnica importante (Cfr. “Nadie lo debe saber”, donde la narración parece asumir, por instantes, una voz colectiva, sin entorpecer el trabajo del narrador en primera persona). Esta transformación del imaginario y la apropiación de un arsenal técnico propicio para el trabajo narrativo es crucial, pero lamentablemente no queda constancia de él en la elección del título. En este sentido, podemos decir que la lectura que se impone es que estamos frente a dos recopilaciones distintas. El conjunto se presenta fracturado por este motivo. No obstante, si bien es cierto que la falta de unidad del libro es un detalle que desmerece la edición, también es necesario recalcar que existen algunas marcas de estilo, ciertos modos en la narración, que permiten afirmar que los textos no son tan ajenos, como parece en una primera impresión. El gusto por la descripción dilatada en algunos momentos de acción narrativa —como si el narrador creara un intersticio para detenerse a contemplar lo que sucede—, y el dominio, la mayoría de veces, acertado del ritmo de la narración (los clímax son elaborados limpiamente y con bastante precisión) son recursos que se mantienen constantes a lo largo del libro.  

En la primera sección, “Mundo criollo”, es explícita la organicidad del texto; los cinco relatos agrupados poseen una atmosfera semejante y un bagaje de estereotipos narrativos que permiten organizar narraciones coherentes. Un claro ejemplo de lo que afirmamos se observa en el relato que abre el conjunto, “El desahucio”, en donde Ambrosio —un provinciano pobre que está a punto de ser desalojado del cuarto que alquila y que no posee sino la quinta parte de lo que adeuda— se ve envuelto por las artes del Zambo Carrizales en una borrachera y en una gresca, para finalmente perder el poco dinero que aún poseía. “El desahucio” es un relato que se inserta en una tradición de denuncia. Con fuertes rasgos costumbristas, este relato anhela ofrecer una imagen “realista” (lo cual es llevado al plano del lenguaje con mediano acierto) y crítica de los sujetos sociales que conviven en la nueva Lima de los años sesenta, una ciudad que no puede seguir negando la presencia de los migrantes.

La imagen del Zambo Carrizales así como la de Ambrosio pertenecen al imaginario social de la época, los personajes han sido creados a partir de los estereotipos que circularon en su contexto: el zambo hablador, embustero y ruin, que solo busca aprovechar el momento y beber a costa de otro, sin importarle realmente lo que suceda con aquel, por un lado, y el provinciano de voluntad endeble que se deja arrastrar por las mentiras de los habitantes de la ciudad, por otro. El relato concluye con la imagen esperpéntica de Ambrosio abandonado por los amigos de juerga, endeudado y en peligro de ser encarcelado: “Ya no quedaba ninguno de los amigos en la cantina. La mirada lánguida de Ambrosio buscó lentamente, con torpeza, al Zambo Carrizales, al Chino Jacinto, al gasfitero, al negrito ex boxeador. Solo escuchaba la voz cada vez más urgente, del mozo: ‘Son doscientos diez soles’. Y la mano del muchacho del delantal blanco apretaba como una garra el brazo de Ambrosio” (p. 20).

En “Otros mundos”, segunda sección del libro que comentamos, tanto la atmósfera, el ambiente y los personajes cambian. Estamos ahora en un nuevo horizonte donde la ironía se impondrá con mayor recurrencia. La denuncia explícita queda relegada a un segundo plano. A partir de este momento las preocupaciones son distintas: se busca profundizar en el universo psicológico de los personajes, las tramas se complejizan y la alegoría y la metáfora enriquecen la narración. Dos de los ejemplos más notables de esto que venimos mencionando son los cuentos “Nadie debe saber” y “Fiesta canina”.  En el primero de ellos se relata la relación amorosa entre el narrador protagonista y Emma, la cual se complica por la intromisión de otras personas. Uno de los mayores aciertos de este cuento radica en la pluralidad de miradas que intervienen en él; Emma se convierte en una creación colectiva de las otras voces que se incorporan al relato. Los amigos del narrador contribuyen en la fabricación de una imagen global de Emma: “Para Violeta la vida de Emma era extremadamente licenciosa, pero lo decía llevándose la mano a la boca y ahuecando la voz. ¿Qué hacía una mujer, digamos que más o menos atractiva como ella, en la oficina de  un notario, de noche y cuando todo el personal de la notaría ya se ha ido? O sea que le recitaba versitos a un viejo libidinoso, se reía Lucho” (p. 114). Entre todas van descubriendo la identidad real, la misteriosa vida de Emma, con lo cual la relación que mantiene con el protagonista entra en crisis. Si por un lado, se incorporan diferentes voces al relato, por el otro, el narrador se preocupa en describir los vaivenes de la relación que mantiene con Emma.

El fracaso llega puntual de Carlos Meneses es un libro de lectura amena y, cuando se desprende de los lugares comunes, es capaz de ofrecer una mirada profunda sobre la realidad humana. Aunque el libro en su conjunto es irregular, posee algunos cuentos que merecen estar en cualquier antología de la narrativa peruana (Cf. “Fiesta Canina” o “Historia de Kid, el campeón”).

 

Carlos Meneses

El fracaso llega puntual

Lima, Editorial San Marcos, 2011. 206 pp.

 



Los anteojos de azufre
Monday December 19th 2011, 3:05 am
Filed under: Columnas

 

Martín Rodríguez-Gaona:

la rebelión de lo mínimo y lo mayúsculo

 

Por Mario Granda

 

 

A veces, cuando los jóvenes poetas querían acercársele, Martín Adán levantaba la mano con la palma abierta hacia ellos para detenerlos y, sin mirarlos, seguía concentrado en su mesa, garabateando algunas palabras en una libreta de notas.

‘¿Qué le pasa al poeta? ¿Por qué no quiere atendernos?’, preguntaban, sorprendidos, los seguidores del legendario maestro.

‘Está con ella’, les respondían los parroquianos de El Cordano, que ya conocían al vate.

‘¿Quién ella?’

‘¡La poesía!’

Martín Rodríguez-Gaona recuerda esta anécdota a los estudiantes de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, a la que ha sido invitado para una lectura de su poesía y una conversación. Los primeros poemas leídos son los de Efectos Personales y Pista de Baile, para los que hace antes una corta introducción.

“A fines de los años ochenta y comienzos de los noventa, las bombas y las amenazas de bombas eran casi de todos los días. Había mucho miedo y poco trabajo. La poesía fue para mí una manera de rebelarme, de asumir que no había perdido la juventud, pues en el Perú y en el mundo las cosas estaban muy convulsionadas. Aquí los campesinos sufrían el terrorismo y en Irak el ejército de EE.UU. destruía ciudades y ejércitos enteros. Ante todo esto, fue necesario para mí querer rescatar lo que era mío: la calle, la ciudad, lo que me pertenecía. ¿Por qué los jóvenes no podíamos ser solo eso, jóvenes? El poeta tiene que rebelarse en lo mínimo y en lo mayúsculo para ser libre”. 

Rodríguez-Gaona ya no es el pelucón ochentero de la foto que aparece en la contratapa de Efectos Personales, como muchos lo recuerdan todavía en el Perú. El tiempo, es obvio, tiene que pasar.

En voz baja, en voz casi inaudible pero segura, habla de Charles Baudelaire, del colombiano Raúl Gómez Jattin, de 24 hour party y Roberto Bolaño. “La poesía no es lejana del conocimiento, de la biblioteca, del estudio de la sociedad”, apunta el invitado. “El poeta descubre sensibilidades que poco a poco comienzan a ser parte de la realidad; esa sensibilidad abierta por libros como Las flores del mal termina difundida tiempo después por medio de otras formas como la literatura de terror, los cuentos de Edgar Allan Poe o hasta la música de Marilyn Manson”.

Pero no todo es poesía. “Lo que más se promociona del Perú en el extranjero es la comida –que no es de las mejores— y a las vedettes. Todo es consumo y poca cultura. Los periódicos son instrumentos publicitarios y toda novedad tecnológica –con internet a la cabeza— es en realidad una nueva modalidad de comercio. Si antes el instrumento de dominación era la religión, ahora es la economía”.

“Un país como el Perú está en desventaja ante el primer mundo. Aquí se cree que si todo el Perú fuera como Lima o como Miraflores, seríamos del primer mundo. Pero en realidad estamos a años luz. Y si se quiere hablar de cultura, igual la diferencia es grande. Shakespeare, Victor Hugo, Cervantes, todos estos escritores son mundialmente conocidos. ¿Y el Inca Garcilaso, Guamán Poma, Vallejo? Nadie los conoce en París, solo unos pocos. Somos pequeños en relación a la capacidad de diálogo que nuestra cultura tiene con las otras, y este es el problema”.

 

Detalle de la carátula de Codex de los poderes y los encantos (Ed. Olifante, Zaragoza, 2011)

 

Los dos últimos libros de Rodríguez-Gaona son Parque infantil (Pre-Textos, 2005) y Codex de los poderes y los encantos (Olifante, 2011), ambos publicados en España. El primero es un recuento a la relación con su fallecido padre, y el segundo (cuya versión en PDF se puede encontrar en Letras5) es un canto épico que, sobre la base de los Comentarios Reales y Nueva corónica y buen gobierno, busca establecer este diálogo aún ausente entre Europa y los “marginales de occidente”, y reflexionar sobre su propia elección de vivir en España. “Son pocos los escritores los que han deseado integrarse al país al que han emigrado. Los cuentos de Ribeyro siempre trataron de la Lima de los cuarenta o cincuenta y los poetas del siglo XX que pasaron por Europa siempre se quedaron mirando el Perú de lejos. En Codex… hay un deseo de entablar un intercambio entre historia americana y europea que, de algún modo, yo también he vivido al escoger vivir fuera de mi país”.

“A mí me dijeron que viajara a España porque allí iba a ser feliz. Pero fue justo este el momento en el que el mundo vivía una vorágine consumista, una soberbia de nuevos ricos, y a comienzos del siglo XXI todo explotó. La crisis que hoy ha golpeado a España la obliga a redefinir su posición en Europa”.

Martín continúa, lee el Canto I de su libro, La dueña y los altos oficios, y luego vienen las preguntas. Sus respuestas evocan de nuevo a Baudelaire: “El poeta busca las correspondencias, un orden ficticio que pueda explicar el caótico universo. Este sistema de relaciones, de espejos, permite al poeta entender el mundo”. Sus respuestas también tratan sobre los momentos para la reflexión y los momentos para la escritura: “Hoy trato de darme el tiempo necesario para entender las cosas. Así también es el arte: busca conciliar lo efímero con lo trascendente. Hoy no creemos en la eternidad, pero tenemos el ansia de eternidad”.

“¿Crees tú que los temas de tu poesía se deben tratar con seriedad o con humor?”,  le preguntan. “¿Depende tu poesía de la opinión que tengas de los temas que tratas?”,

“Yo creo que ya no me detengo mucho a pensar si tengo una opinión buena o mala, en si algo me parece bien o mal o si me gusta o no. De lo que tengo ganas es de interpretar… Esto me entusiasma. Gustar o no gustar algo depende de la edad que se tenga o de las relaciones particulares que se tienen con un objeto, un libro o una persona. Lo que más me entusiasma es saber que algo despierta mi curiosidad”.

“¿Y cómo escribes? ¿Cuándo sabes que un poema tuyo está listo?”

“Sé que hay poemas míos que están bien escritos y eso me alegra. Pero el poeta nunca podrá saber si mañana podrá alcanzar la poesía. Es cierto que las lecturas y las traducciones –sobre todo las traducciones— que he hecho me han permitido aprender nuevas cosas, estilos, ir hasta la profundidad de las palabras utilizadas por los poetas en su obra. ¿Se escribe siempre? Puedo escribir un ensayo sin problemas, pues se trata, ante todo, de una labor intelectual y lógica. Pero creo que para escribir poesía uno tiene que tener su espacio, su lugar. Poesía se escribe cuando uno está cargado, y cuando aparece el detonante, ya eres otro. Pero el poeta siempre se pregunta lo mismo: ¿lograré ser digno de la poesía? Y allí está lo más emocionante de esta elección”.

Tímido e intenso, mínimo y máximo, Rodríguez-Gaona termina sus palabras y se gana el aplauso. Al día siguiente parte a España. No tuvo oportunidad de presentar Codex… en Lima, pero ya regresará. ¿Cuándo? No se sabe. Pero seguramente con otro libro de diálogos, ideas y más poesía. 

 




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