Nº21
revista de literatura
 
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creación
 
Mario Wong

 

 

Black Spiritual (back to heart)

Solitarios son los actos del poeta
como aquellos del amor y de la muerte.
Luis Hernández

in memorian David Barahona

A Lucy, Cathy, María José & Brígida

 

Mi amigo guatemalteco, el del
“corazón tatuado” murió ayer (la
enfermedad, un cáncer que padecía desde
hacía un par de años) –hôspital Cochin, pabellón Pasteur,
5è Arr., París, 6:19 p.m.
Mi amigo David Barahona, el del
corazón ardiente partió ayer
y yo escucho, en este instante, “Back to black” (back to the
“heart in fire”; en el video aparece la imagen de N. Mandela) y esos rit-
mos del África, de la América Negra: la New Orleans, la Lousia-
na, Memphis, Alabama’s songs, Kentucky’s blues (R.Q.) “Sum-
mer time”, “Cry Baby”; “don’t cry Baby, please”, no llores
chica, no llores…, te ruego
“Vodoo Lounge Live”,
“Sacrifice of soul”
“Wild thing”
“Horses, horses, hors…”
“Smells like teen spirits”
Me río como un  “espí-
ritu ingenuo”(y el alma quetza
del “dead man”atraviesa las
amplias praderas, las monta-
ñas y las selvas y sus ríos
& el gran río de la me-
moria y el olvido)
y voy con Kaba-
wil a Zacapa
Et Nothing else Matters
“Cry Baby”
Waiting for the sun in
 the house of love (porque la
noche es de los amantes; pero,
el amor es un juego en el que
tú siempre pierdes)
y la America cen-
tral y el Caribe todo (tierra de
piratas, corsarios, filibusteros
& del imaginario barroco;
y, también, del buen ron y el guaro
que le gustaba mucho a mi
amigo David Barahona)
“Yo quiero agua de beber,
Aguanile -Fannia’s
All-Stars y H. Lavoe in Afrike-, yemaya, yema-
ya, yemaya”, llora chica, llora…
“Aguanile, aguanile, yemaye, yema-
ye…, santo fuerte, san-
to inmortal…” “Don’t cry
Baby”, no llores chica,
chica no…, te
lo suplico
Y clavaron a Jesús en la cruz, “muerto
por una traición, aguanile,
aguanile, aguanile, may, may
y al tercer día resucitó de
entre los muertos, aguanile,
¡Hay!, que los esclavos de La Cruz
vayan delante de mí
yemaye, yemaye,  yemaye”
David Barahona, el del cora-
zón en fuego tierno, ha muer-
to in Lucys’ in the sky with diamonds
No llores chica, no llores…
No es el final y…
“Hoy es un día azul de prima-
vera, y pienso que moriré de poesía »
« Un bello día para morir en la
batalla » (Little big  man) en esta
“guerra del fin de los tiempos”
“Tambores rumakumaye, tambores ruma-
kuya; aguanile, aguanile, yemaya, yema-
ye”, bendiceme a la muchacha que la tierra,
en semana santa, va a temblar en
la tierra de Dios y el diablo (« barrueco » de Bahía
y del sertao brasilero; dioses yorubas), del sol
que quema y del fuego
que no se apaga
y está ahí « mi gente para
cantarte y oirte guarachar », chi-
ca del tumbao
« Tambores rumakuya, tam-
bores rumakumaye”
« Don’t cry Baby », te lo su-
plico por D.B.B., que
en paz descanse,
llora chica, llora
África espiritual canta para
ti, David, que partiste ayer
para seguir buscando la
melodía

   

Postes Azules

A Roger Santivañez y Julio León


Los postes azules de la
Calle en que vivo ahora
Azul que es el color de la melancolía
(Melancolía de los bares de Lima, con serrín y ceniza
O de algunas calles de mi infancia en Piura
En el periodo de las inundaciones)
Azul de la melancolía como
En un «mal» verso, del poeta chileno
Jorge Teillier, que ahora recuerdo: «Cuando bebíamos
Las cervezas eran azules».
Miro, a lo lejos, los postes azules,
En sus líneas de proyección y de fuga
Hacia la estación de trenes de Choisy le Roi
Los edificios de una cité, donde viven
Extranjeros como yo
El cielo gris que se aplasta sobre ellos
Una pequeña iglesia, antigua, que suena
Sus campanas, llamando a los fieles a misa.
Miro el color de los postes azules,
Que no es el color de mi nostalgia
Me hallaba en tinieblas y
La culpa me infamaba
No había nada ni nadie que
Pudiese alibiar mis tormentos
Miro en oscuridad mientras
Corro a lo largo de la rue de l’Insurrection Parisienne,
Que ahora es la calle en la que vivo
Sorprendiéndome con el color de los postes
Cuestión de variaciones del tiempo, me digo.

Al atardecer el viento sopla
Y no sé porque me siento como en
Una calle de un pueblo abandonado
De algún film del Far West
(Y no soy yo “El Último Samurai”)
No hay ninguna amenaza de tormenta,
Pero las nubes negras desde este mirador
Que es la calle de l’Insurrection Parisienne
Me hace «presentir» una oscura catástrofe,
Que, talvez, ya sucedió y, sin embargo, no
Puedo decir: «La pesadilla, aunque cercana,
Ha pasado sin apenas tocarnos» (*)
Miro los postes grises, al atardecer,
Miro en oscuridad.y pienso que
La catástrofe es, actualmente, un estado
Permanente y me pregunto, entonces,
Qué puede hacer el poeta sin
Repetirse, sin repetir
El cansancio y el hastío de…
No tengo ninguna respuesta.
Miro los postes azules que es el
Color de la melancolía
Y me acuerdo de las chicas doradas,
Por la avenida Grau de mi adolescencia en Piura
Con sus cabellos sueltos al viento,
Paseándose en las tardes del verano limeño
Por el patio de Letras de la Universidad
Y del poeta R.Q., Av. Roma N° 150, quien, en ese entonces,
Leía y releía Ceremonial contra un oso hormiguero
Y Para acabar con la ira de Dios
Me vienen a la mente, ahora, los títulos
De dos poemarios de A.C.: De Dios y los húngaros y
A propósito de Las inmensas preguntas célestes.
De la edición francesa de este último cito: (…) «C’est
A peine s’il arrive/que les grandes questions celestes
Fassent surgir mon désenchantement et mon ennui.»
Traduzco, traiciono: Apenas me ocurre/que las grandes
Preguntas cósmicas/hagan aparecer mi desencanto
Y aburrimiento

(A. Cisneros, Requiem «3»).

Aveces, en la noche, encerrado en mi habitación
Mientras el viento sopla y el ruido se confunde
Con el vibrar de las tuberías del edificio en la
Calle de l’Insurrection Parisienne, completa-
Mente desolada a esas horas
De la madrugada me siento
Como si estuviese yo y mi hermano
Siamés, el otro, el criminal
Dentro de una nave inter-espacial,
Impulsada sólo por la fiebre que nos hace delirar
Y no sabemos, perdidos como estamos, él y yo
Dónde iremos a…
Y siento la ausencia de tu ausencia
Del imposible Amor
Instante de lo eterno
De lo infinito
Alfabeto ignoto de los astros
Constelación de palabras
El canto cálido del merle moqueur al alba
Es oro en ebullición…
Poesía.

(*) Roberto Bolaño, «Palingenesia»; en: Los perros románticos, Barcelona, Acantilado, 2006, p. 50.

 
 
©Mario Wong, 2014
 
Mario Wong (Piura-Perú, 1959). Escritor peruano. Reside en París desde 1989. Colaboró en la revista de poesía Maestra vida (Perú) y en diversos diarios limeños. Actualmente es corresponsal de la revista latinoamericana Archipiélago (México) y Sieteculebras (Cusco-Perú). Publicó críticas literarias en Librusa, Mula Verde Review, Mirada Malva, Funes, Idéntidades (El Peruano), Casa Tomada, Dorada Apokalipsis, Letras.s5, Sol Negro, Latinoamérica al día, Revista Peruana de Literatura, Sieteculebras, Letralia, Vericuetos, La Otra Rivera, Kebuska y Ciberayllu. Entre sus publicaciones se encuentran: La estación putrefacta (Poesía, Maestra Vida, Lima, 1985), El testamento de la tormenta (Novela, Huerga & Fierro, Madrid, 1997), Moi, je vis à San Miguel, mais je meurs pour Amalia (Relatos, edición bilingüe, Indigo, París, 2002), Cuentos Migratorios, 14 Escritores Latinoamericanos en París (Antología, Linajes, México, 2000), Le Paris latino-americain. Anthologie des écrivains latino-américain à Paris (Indigo, édition bilingue, préface de Claude Couffon, Cood. et présentation de Milagros Palma, París, 2006), y Su majestad el terrror (Novela, Editorial Pasacalle, Lima, 2009).
 
 
 
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