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Cynthia (fragmento de novela)
Allá está JJ solito en su mesa, como siempre. Estará leyendo seguro alguna novela. Casi no lee las separatas para nuestros cursos, se la pasa leyendo literatura, nada más. Hay algo que no se lo ha dicho a nadie, solamente a mí, quiere ser escritor. Pero hasta donde yo sé hasta ahora no ha escrito nada. Sólo lee, para ser escritor hay que ser antes un buen lector, me ha dicho siempre. Por eso, por ahora, se dedica a leer a Cortázar, a Borges, a Vargas Llosa, a Bryce, a Ribeyro y a otros que no conozco. Una vez, sí, una vez me dijo que había escrito algunos poemas, pero no me los quiso mostrar, más bien se puso un poco rojo cuando le pedí que me los enseñara. No, me dijo, son algo muy personal y además no creo que estén bien escritos. Entonces para que me dijo que había escrito poemas si no me los quería enseñar. Recuerdo que me molesté con él y no le hablé durante dos días. El pobre se la pasaba mirándome de lejos y yo cruzaba por su lado como si él no existiera. Pero después se me pasó y lo perdoné. Le dije, JJ no me importa que no me enseñes tus poemas, puedes guardártelos para ti nomás, pero si algún día decides mostrarlos prométeme que me los enseñarás a mí primero. Sí, me dijo, te lo prometo y vi su cara otra vez alegre y sonriente y me pidió que lo acompañara a la biblioteca pues tenía que devolver un libro. Y en el camino pasamos por el Paraíso y le propuse sentarnos un rato a conversar y ese día..., caray, porque me estoy acordando de estas cosas sólo porque lo veo en su mesa y no me ha visto todavía, porque si no ya estaría sentado aquí a mi lado. Creo que tiene un radar y me detecta apenas aparezco en escena. No es que me moleste, pero a veces quiero estar sola, o con otra gente y él siempre está allí proponiendo cosas como estudiar juntos o ir a la cafetería de Artes o irnos a Derecho para ver como es por allá. Casi siempre le gusta estar solamente conmigo y con nadie más, pero nunca me ha dicho nada, algunas como Vicky me dicen que está templado de mí, pero yo no estoy segura. Si estuviera templado ya me lo hubiera dicho ¿no? Quizás es muy tímido, pero no me parece tampoco, porque lo he visto hablando con otras chicas y he notado como se le van los ojos, especialmente con una de ellas y como les dice cosas pero nunca delante de mí. Cuando está conmigo se cuida y no mira a nadie más, pero únicamente me habla de libros y de estudios y nunca me ha acompañado a mi casa, hemos ido hasta el paradero del bus nomás. Creo que no se atreve a salir conmigo fuera de la universidad. A veces veo que sus amigos también lo fastidian un poco cuando me ven con él o, cuando yo aparezco, los otros empiezan a decirle ahí está Cynthia y él siempre se pone un poco colorado. Alguna vez incluso me ignora o me saluda así muy distante como si no le importara, entonces yo sigo de largo y no le hablo por un tiempo y él se preocupa y me busca y yo nada, lo castigo, aunque me ría por dentro, pero me da rabia que pase de mí, así que ahí tiene. Pero ahora no lo voy a molestar a JJ, además, ya no me acuerdo si estamos peleados o no, ah si, estamos peleados por lo de ayer, cómo me he podido olvidar. Es que no lo entiendo a JJ, quedamos en vernos a las 8 para estudiar en la cafetería antes de entrar a la clase, llego 5 minutos tarde y lo encuentro en su mesa nada menos que con la pesada de la Maritere, y además me dice que le ha regalado una rosa linda y me la enseña la muy babosa. Por supuesto que me molesté y me fui y lo dejé ahí sentado con su café y sus libros, Que se ha creído, pero de repente esa rosa me la había cortado para mí, bueno pues, no importa, total se la dio a la otra y a mí no me gusta que me hagan esas cosas. Lo único que JJ no entró al examen, no sé que habrá hecho y después no lo vi en el resto del día. Seguro que se puso triste y se fue, así le pasa cuando ocurre algo entre nosotros, pero esta vez él tuvo la culpa, por tonto, por dejarse agarrar esa rosa que seguro era para mí y estaba muy bonita, de donde la habría sacado. No me ha visto, así que me tomo mi té con limón y ni me acerco, porque estamos peleados. Se le ve tan tranquilo así leyendo, parece que nada en el mundo puede distraerlo. Creo que me gusta un poco, pero él no me dice nada y, además, yo tengo enamorado, y él lo sabe, quizás por eso no se manda. Es tímido, pero es idiota también, como se le ocurre regalarle una flor a Maritere delante de mí, como si no supiera que yo voy a aparecer en cualquier momento. Ya está, no le hablo hasta mañana por lo menos, Uy, se está levantando, qué hago, ahí está Vicky, que se venga a mi mesa. Se ha sentado de nuevo, falsa alarma, y sigue leyendo. Mejor, así no tengo que levantarme e irme a la clase. No me provoca a esta hora. Y que le digo si se me acerca, que me consiga otra rosa, pero más bonita y roja, porque a mí las amarillas no me gustan, aunque sí me gustan, un poco. Pero no importa, le digo que no me gustan y punto y que me consiga una roja y recién lo perdonaré. Aunque se ve tan tranquilo allí, tan concentrado, no debo ser tan mala con él. En fin, veremos, a ver como se porta y si no vuelve a hablar con Maritere, ya veremos. Además, por qué me sigo acordando como cojuda del día del paraíso. JJ, sigue leyendo, creo que mejor me voy a mi clase y no voy a voltear para que no creas que ya se me pasó, chau JJ.
***
JJ
JJ, JJ, se repetía, ¿Juan José?, ¿Julio Julián?, ¿Jorge Jimeno?, se entretenía jugando con sus nombres, ¿Tenía realmente alguno?, Siempre había sido JJ, para la familia, para los amigos, ¿Realmente tenía un nombre? ¿Jesús Jaime?, ¿Javier Justo?, ¿Jeremías Jilberto?, no, ese no, Gilberto era con g. Le gustaba sin embargo, la jota, letra rara, en casi todos los idiomas se pronuncia como la i, en el castellano no, su sonido es fuerte, viril, jota, duplicado además suena mucho mejor: jota jota, jota de joder, jota de jodido...
Te acuerdas entonces de la famosa frase del inmortal "¿y cuándo se había jodido el Perú JJ?". No dudas en aplicártela a ti mismo, ¿Cuándo te jodiste JJ?, te jodiste doble, por jota y por jota. Te sientes mal, hace tiempo que te sientes abatido, cansado, tristón, y ¿Por qué JJ?, ¿Cuándo te jodiste?
"Me jodí el día que la conocí” piensas. Aun lo recordabas, estabas en el patio de letras, con tus amigos, riéndote, dudando entre entrar a clase o no, y pasó ella, nadie se volteó a mirarla, solo tú, sólo tú JJ te sentiste un poco atraído hacia aquella figura de chica aplicada. ¿Por qué nadie más volteó a mirarla?, ya la conocían quizás, pero no, recién andaban en la primera semana de clases, ¿Tenía muchas pecas quizás?, o era muy flaca, o llevaba el pelo muy corto, o usaba lentes, no sabes porque JJ, pero solo tú volteaste y te la quedaste mirando y la perdiste cuando se metió a la clase. Allí mismo decidiste, recuerdas, que si querías entrar a clase y dejaste a los amigos hueveando y te metiste a la clase.
Buscaste un lugar no muy cercano, hacia su izquierda y por detrás. Desde allí podías observarla casi sin que te viera, que solapa eres JJ, como te gusta mirar sin que te vean. y te pasaste casi toda la clase, ¿la de lengua?, ¿la de matemáticas? sin tomar apuntes, atento más a sus movimientos, a su concentración, que a los esfuerzos de la profesora allá enfrente junto a la pizarra. La admiraste, la aprehendiste, la cataste, la investigaste, y ella en algún momento sintió algo raro y volteó y te miró y se miraron y tu cambiaste la vista para otro lado y todavía no sabías como se llamaba.
Allí te jodiste, piensas. porque después de esa clase siguieron muchas y supiste luego que se llamaba Cynthia, nombre de niña pensaste, de niña-mujer, y se te quedó grabado: Cynthia y ya no te lo pudiste sacar de encima, ni al nombre, ni a ella, te templaste allí mismo, te jodiste.
Esto no iba a ser tan fácil, sigues recordando, como lo que pasó en la academia antes de entrar a la universidad, ese sí fue tu gran triunfo, el gran machito te sentiste cuando en un rapto de audacia desconocido aseguraste que le caerías a la más guapa de la clase del nuevo ciclo de verano, a esa sí la veían todos, hasta un profe de esos medio sinvergüenzas le estuvo aplicando una marcación estricta, pero tu saliste con la tuya, los atrasaste a toditos, ni tú mismo te lo creías cuando ella te metía letra y te pedía que le encendieras el cigarro, sin que los hubieran presentado todavía, y cuando pasaron los días y era evidente que contigo era la cosa, todos los otros se abrieron y te dejaron solito y tu suave nomás la conquistaste y te paseaste de la mano con ella frente a todas las miradas de envidia, buena choche, te decían y tú sacando pecho con tu lotecito made in Magdalena nomás, pero muy bien, feliz de la vida, claro, nadie sabe que el asunto duro sólo dos meses y que luego te chotearon feamente, pero no importaba, porque ya habías entrado a la universidad y la gente de la academia se había dispersado y aparecían otros panoramas.
Y tú ahora jodido, verdaderamente jodido esta vez, porque lo de la academia había sido sólo un paseo, ahí no habías puesto nada de ti, eran sólo las ganas de lucirte con tu hembrita, con la más rica, para que todos te miren, pero ahora, ya no era la más rica, ya no todos la miraban, ahora sólo eras tú, y algún otro despistado, el que se fijaba en ella y ella no te pedía que le prendieras ningún cigarro, ni te metía letra así nomás sin conocerte y de sólo pensar de andar de la mano con ella en el patio de letras se te encendía la cara de vergüenza, y que dirían tus patas y las otras hembritas...
Y lo peor fue que pasando y pasando las semanas y tú sin darte cuenta de lo que ocurría adentro tuyo, los otros despistados empezaron a aparecer. Joder, ya no eras solo tú el que trataba siempre de estar a su lado como quien no quiere la cosa, sino que empezaron otros, algunos más avezados, y la verdad no tan despistados, pues la chica empezó a mostrar algunas otras cositas que la hacían atractiva, su geniecito tenía y su chispa y esa cierta altivez. Y entonces...
“Allí fue cuando realmente me jodí”, piensas, el día del “Tiburón”. Sí, fue ese día, o esa noche más bien, porque al fin te diste cuenta que andabas perdidamente enamorado, templadazo, eras un arrastrado, un pisado, un sacolargo, estabas jo-di-do.
Como casi todos los viernes se reunieron en casa de Beto, los solteros del grupo, incluso esa noche también se unió el Toni, que ya tenía hembrita pero que andaba medio peleado. Primero las cervecitas, algunos humos, un poco de Yess, Sui Generis, Supertramp y luego, ¿A dónde vamos cuñau? Las opciones eran las de siempre: el Mac Bar, el QV7, el Colinita, pero no, a alguien se le tuvo que ocurrir: vamos al Tiburón.
Casi nunca íbamos al Tiburón, el Tiburcio como le decíamos con cariño, en primer lugar, porque había que llegar en auto y no siempre el Beto lo tenía disponible y, en segundo lugar, porque algo de billete había que tener, y en esos tiempos tampoco abundaba. Pero esa noche, ¡ay esa noche¡, el flamante VW de Beto estaba en la puerta y sus viejos de viaje, y - la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida- todos andábamos con algo de plata en el bolsillo, así que la moción fue aceptada de inmediato, por u-na-ni-mi-dad.
Fue sólo llegar y darte cuenta que allí pasaba algo raro. Ni bien habían pedido las primeras cervezas y empezado a chequear el panorama, cuando el Toni se acerca y te dice que mejor nos quitamos que la cosa no está muy bien esa noche. Tú no le crees y le reprochas que seguro se pone así porque está sin su hembrita y que parece un pisado y que debería buscarse algo por ahí para pasarla bien. Y después llega el Beto y lo mismo, que vámonos mejor a otro lado, que el ambiente anda medio bajetón. Y tú JJ que no, que por que nos vamos a ir si la música está sonando bien y hay algunas hembritas sueltas.
Entonces ocurrió todo, la viste, sí, por supuesto era ella, Cynthia allí, en el mero Tiburón, en medio de la pista bailando con un tipo, conocido además, un grandazo de barba que paraba por Letras y que no saludaba a nadie. Y tus amigos se dieron cuenta que la habías visto y dejaron de insistir en eso de que nos vamos. Pediste otra cerveza y volteaste hacia otro lado, pero ya no podías estar tranquilo. Y fue peor, porque pusieron un lento y no pudiste evitar mirarla otra vez, bailando pegadita y con la cabeza apoyada en el hombro del tipo.
Ese día te jodiste JJ, porque te diste cuenta que ya no podías más, que algo tenía que pasar, para bien o para mal. Y fue para mal JJ, ahora lo sabes, porque nada te hubiera costado aceptar la invitación y decirles a tus amigos para irse a otro lado y ellos hubieran entendido. Pero no, seguiste chupando y cuando el alcohol empezó a ponerte eufórico te apareciste delante de la parejita y le dijiste a Cynthia que querías bailar con ella y el tipo te miró raro y Cynthia te dijo que no, que estaba bailando con el otro, y tu insististe y el tipo te empujó y tú lo insultaste y él te golpeó y tú te caíste, estabas borracho JJ, y paró la música y vino la seguridad y tus amigos trataban de sacarte de allí y tú seguías gritando ¿Con qué derecho JJ?
Un escándalo más de los tantos que ocurrían diariamente en el Tiburón, pero esta vez eras tú JJ. Tú metido en un lío de borracho celoso por una chica que ni siquiera era tu chica, que estaba allí con un tipo que la había invitado y estaba bailando de lo más normal y que no tenía por qué darte cuenta de nada, porque no era nada tuyo y podía hacer lo que le diera la gana con quien le diera la gana.
“Ahí me jodí”, recuerdas, ahora con una media sonrisa, ya ha pasado un tiempo y ya Cynthia no sale con ese tipo y tres semanas después aceptó tus disculpas y te dejó que la acompañaras a su casa como antes y que la dejarás, en la puerta no más, sin el beso ese que hubieras querido, dejándote jodido como siempre, ahora más jodido-jodido que nunca.
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