Andrea Cabel García

Ximena Lazarte

Paul Cañamero Álvarez

José Cárdenas Jara

Daniel Maguiña Contreras

Natalia Molina Alanoca

Ramón Peralta

Augusto Rodríguez

Moisés Sandoval Calderón

Diana Sánchez Hernández

Gabriel Amador

Luis Angel Condori Mamani

Gustavo Marcelo Galliano

Giancarlo Andaluz Queirolo

Javier Alejos Guerrero

 

 

____________________________________________________________

Para comprarme unas horas en la cama

por Gabriel Amador

 

Llegaste antes que yo. Te parás en mi esquina. Pantalón. Chaquetita. Desbotonado, todo normal. Ahí nomás ves pasar al fanfarrón del barrio con tu próxima novia. A los besos. Pantalón negro. Chaquetita algo medio vieja. Pateás una piedrita, a falta de bota de vino en el hombro y facón en el cinturón de cuero. ¡Qué va ser! En las comisuras sentís la saliva pegarse al bigotito, tierno y espeso, como manda el invierno. Pegás la vuelta, las mismas piedritas. Zapato. A las once el laburo va a llegarte, no hacés nada para detenerlo. En la casa dejaste las causas. Adentro sentís algo, algo, algo que te morterea el corazón, la panza, los genitales. No hay duda: estás perdido, hermano. De vos todo lo sé.

Veo que te arreglás, te estás preparando para algo. Anillo, te tocás el anillo de plata dándole vuelas así con el pulgar, hasta que te sude el dedo anular, hasta que te raspe y ya no lo puedas hacer más, sin lastimarte. Tenés la mirada como estúpida. Sabés que no es nada, porque nada va a pasarte, lo sabés. Arriba, mirás para arriba. Casi nunca las buenas ideas te ocurrirán sentado. Te alborotás, llega, llega... llega. No, no llega, te cuesta. Sacás un chispero negro y al vuelo encendés el cigarrillo, como esperanzado de picarte el alma con el envase chamuscado del humo, para que la puerca vida se pinte de gris y no joda más No lo sé. Eso es lo que aparentás. No lo sé. Lo adivino, te confieso, porque ya antes lo he adivinado en mí. Pantalones caqui. Con costo me mirás la falda. En realidad no mirás nada: ni siquiera la carne de esta manzana mordida te puede ya salvar de ese infierno Fumás con la velocidad de una venganza. Tu placer te evade, radiándose en los otros animales de la calle. Perro. Paloma castilla. Perro. Pantalón gastado al talón. Chaquetita German. Paquetito Francis rojo, porque sos hombre. La encarnación trompeada del gran tuleque. Ruda esa amargura. Si así sobrevivís todos los días, sos mi héroe. Más todavía: sos mi artista. Ludópata a fuerza de la naturaleza. ¿Qué te enojaría más ahora que te dijera: te amo o te odio? Me tiento. Levás la cabeza. Anillo. Por algún poro tapado sentís el instinto de platicar, te llamea el poro ese, te grita, querés hablar con alguien. Claro, yo te entiendo, flaco. Me gustaría entenderte. Sí, te entiendo pero solamente porque me importás bien poco.

Sos de afuera, lo adivino, tu peinado lo promete. Te decidís a irte. Por fin. Mal acompañarse es mejor que mal soledarse. No sabés estar solo, apuesto mi nombre por eso. Lo que buscás no está ni en el aire, ni en la arena, ni en los libros, tampoco está en mi culo. Me mirás el culo, pero nada. Tu sangre te calienta, sentís que por inteligencia una buena urgencia te va a suceder. Te vas como media cuadra. Qué sabias son las mariconadas del destino. Volvés. No hay caso. Volvés a sentarte acá, a pocos metros. Te está faltando el coraje para resolver tu soledad de la forma más fácil, poco a poco te vas llenando de medias mentiras, de ensueños para magnates, de amores violentamente fofos. Pero no te das por vencido, entendés que sos una criatura hecha para podrirte soñando. ¿Qué soñarás? ¿Qué estarás soñando? Yo misma pagaría por ver eso. Ser soñada y que te sueñen. Soñar sin malabares, bañar las frugalidades del alma con las mejillas calientes, rosadas, la sonrisa en boca y las manos húmedas, una para la vida y otra para la muerte. Que en la calle escampe. Pero a vos te falta mucho. Necesitás un refugio, eso necesitás: un lugar donde sea imposible frustrarse, un refugio. Qué sexi que te queda el papel de odiador. Te vas levantando con el silencio rumiado, ahora me querés hacer trampa mirándome por el rabo del ojo. Te irás. No te cuadra mucho el frío. No te queda bien el rezongo ni la escupida amarga, ni el puterío a Dios. Te alborotás, te llega... te llega. No. Manos sobre el pantalón. Limpiándose.

Taxi. Mañana no me encontrarás acá, ni sabrás que me llamarías Claudia. Tampoco tendrás los dineros para comprarme unas horas en la cama. Aunque los tuvieras, no te las vendería. Tu sangre me daría vergüenza, tus sueños me arruinarían, tu semen me sabría a lava, magma, o cualquier otra cosa ignífera. Quemante. También tendría un miedo gordo de ser la odiada en un momento de amor. Llámale como vos quieras. Pero no. Yo no estoy con animales. Vamos a fumar, si querés. Por separado. Vos acá, te dejo este espacio, te heredo esta esquina del invierno, este latido en el plumaje, esta chanchita para que le pongas, allí sentado y ofuscado, todos los días unas moneditas al alma. Aunque no vengas más. Yo, desde otra vida, te hago el aguante. Lo sabés, lo adivinás, mis caderas lo prometen.

Te fuiste. Almorzando de seguro. Comés porque soñás que comes para algo –al fin y al cabo, comés porque soñás-. Así, de una vez por todas. Tus brazos alados, la boca seria, la lengua con olor a nicotina, un pff. Me mirás de reojo con una sorna incurable, pero no me importa porque eso ya es arañazo en saco roto. Tampoco me dirás puta, lo presiento. Ahí está. Espalda de camisa. Lejos con tus pasiones pírricas, envenenantes. Por fin. Te dejo. Pienso en todo lo que duró lo nuestro. Y ahora te pienso ya no más. Te beso con una profundidad que nunca puedo encontrar. Que vuelvas nunca. Y suerte, suerte, mucha suerte.

 

© Gabriel Amador, 2007

___________________________________________________

Gabriel Amador(Managua-Nicaragua, 1980) Después de un perverso periplo, se radicó en Montevideo, Uruguay, donde residirá por muchos años más. Ha publicado “Caballos de arena”, Montevideo, 2006, en prensa escrita, y próximamente “El espejo” en La Siega Revista, medio electrónico. Es estudiante de las carreras de Doctor en Medicina (Quinto año) y Licenciatura en Filosofía (Primer año) en la Universidad de la República, el centro estatal de educación terciaria en Uruguay

___________________________________________________
Para citar este documento: http://www.elhablador.com/cuento14_3.htm
home / página 1 de 1

contacto | quiénes somos | colaboraciones | legal | libro de visitas | enlaces | © el hablador, 2003-2006 | ISSN: 1729-1763
:: Hosting provisto por Hosting Peru ::
Hosting