Carlos Germán Belli
Roger Santiváñez
Chrystian Zegarra
Ezequiel D’León Masís
Alessandra Tenorio Carranza
Melania Menéndez Salazar

El profesor malgeniado / Jorge Eslava
Un instante para Aída / Rafael Sánchez Villegas
Don Quijote contra las trasnacionales / Giancarlo Stagnaro
La Estatua de Bronce / Roberto Roig
El adversario ambiguo / Martín Palma Melena
Sueño desde la jaula / César Pajuelo Moore
Heriberto El Enfermo / Manuel Aguirre

 

____________________________________________________________

La Estatua de Bronce

por Roberto Roig

 

Voy con unos amigos ––intuyo que son amigos; no los conozco y tampoco puedo ver sus rostros–– en busca de una historia sobre unos asesinatos y encontramos algunas pistas a lo largo de una playa. Al parecer la policía había llegado primero y nosotros nos limitamos a tomar solo unas cuantas fotografías. La playa, en lugar de arena, tiene unas piedras regulares, negras, redondeadas y húmedas. A pocos metros de la orilla hay una autopista por donde pasan algunos automóviles. Pienso que si la marea sube, la autopista se inunda.

Luego corremos y abordamos la parte trasera de un camión que no transporta carga. A medida que avanzamos vamos subiendo por un cerro lleno de vegetación y entonces empieza la llovizna. Cuando el polvo se oscurece la llovizna se detiene. Se pueden ver, esporádicamente, casas de adobe y paja ofreciendo gasolina y comida; sin embargo, la niebla empieza a cerrarse cada vez más y temo que el avión choque con un cerro o con un tren, pues volamos casi al ras de la línea del ferrocarril.

Cambiamos varias veces de vagón hasta llegar al último y allí encontramos momias envueltas en mantos de lana, cerámicas, vasijas, cacharros con representaciones de figuras aladas y cráneos, costillas, vértebras y otros tipos de huesos. Algunos están en repisas, otros amontonados en cajas llenas de polvo y cubiertas de barro seco. Continuamos husmeando y hallamos varias estatuillas de bronce de aspecto incaico, enmohecidas, verdes por el óxido y sin lustre y decimos que es una lástima que se encuentren en ese estado. Tomamos algunas y las guardamos en un saco, entonces, de un rincón oscuro, aparece otra estatua de bronce mucho más grande y robusta, pero su aspecto ahora es de guerrero espartano. Nos ataca. Ahoga a mis amigos y yo, que suelo reaccionar con rapidez, ––estoy seguro de tener los reflejos más rápidos de todo el mundo; con suerte se podrá encontrar a unos cuantos hombres que me igualen–– me vuelvo estúpido y lento: no puedo huir. La estatua me toma de una pierna y me la rompe con facilidad y, aparte del dolor, siento que mi pierna se convierte en metal.

Me quedo como una piedra; casi inanimado. Sé que estoy aquí sólo por mi respiración; temo haberme convertido ya en una estatua también. Todo está oscuro y por miedo no quiero moverme. Puedo permanecer así durante horas; con la mirada puesta en una mancha de luz en la oscuridad, escuchando mi respiración y sin pensar.

Recuerdo que en mi niñez, cuando no podía dormir, me metía por completo dentro de la cama e imaginaba que iba dentro de una nave espacial indestructible que chocaba permanentemente con meteoritos. O si no me imaginaba dentro de una estrecha cueva junto a una fogata protegiéndome del frío, de la nieve y de animales salvajes. Ahora solo escucho mi respiración, cuento números lentamente, y espero el amanecer.

© Roberto Roig, 2005

 
___________________________________________________

Roberto Roig (Santiago-Chile, 1981) En 1994 se trasladó a vivir a Lima. En el año 2000 ingresó a la escuela de Física en la facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Abandonó sus estudios en 2003.

___________________________________________________
Para citar este documento: http://www.elhablador.com/cuento8_4.htm


home / página 1 de 1

_____________________________________________________________________________________________________________________________________________________
contacto | quiénes somos | colaboraciones | legal | libro de visitas | enlaces | © el hablador, 2003-2004 | ISSN: 1729-1763
:: Hosting provisto por Hosting Peru ::
Hosting