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Me
encuentro perdido en una calle que sin darme cuenta
no tiene salidas y la entrada se extravió; el
cielo se ve jocoso y las nubes son de color blanco.
Hay un extraño pájaro dentro de una jaula,
¿es de color negro (creo), amarillo, azul?
El
gallo canta, y me doy cuenta que estoy dormido, que
encontré una salida dentro de otra y que llevo
la extraña ave conmigo.
Tras
noches, tras horas, una caminata que ya no recuerdo
(tal vez nunca la di), un paraíso sin dioses,
tan sólo yo y no existe la luna; enseñe
a hablar al pájaro ––dice una nota
dejada a secar–– y este se ve diferente
(maligno), hermoso, macilento.
Las
calles están abarrotadas de oxígeno, me
siento alegre, el ave repite lo que yo digo y entrevera
mi lenguaje.
Olvidé
cómo hablar ––me lo digo mientras
miro correr el agua–– y no he vuelto a pronunciar
palabras. Creo estar cerca de algún lugar o lejos
de otro; el ave pide su libertad y me he dado cuenta
que comienzan a salirme plumas.
Qué
horrible sueño; el sol se ve jocoso y me doy
cuenta de que soy un ave oscura dentro de una jaula.
©
César Pajuelo Moore, 2005
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