La idea de estos encuentros académicos no sólo radica en el intercambio, común a este tipo de simposios, sino en resaltar el carácter de mirada “de afuera hacia adentro” a los problemas y desafíos del Perú

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Peruanismo al pie del orbe

por Giancarlo Stagnaro

 

Definir el peruanismo en dos palabras no es sencillo. Quizás la mayor dificultad radica en el propio origen del término “Perú” —en desmedro de “Tahuantinsuyo”— para definir a la sociedad que surgió, luego de la Conquista, en los Andes Centrales. Desde fines del siglo XVIII y principios del XIX, asociamos el peruanismo a la labor de la Sociedad Amantes del País y Alexander von Humboldt por cumplir la inmensa tarea de describir el país no sólo a la gente que habitaba en él, sino también al mundo. A mediados del siglo de la modernidad, le correspondería al sabio Antonio Raimondi asumir un compromiso peruanista de enorme magnitud. Esa estela de toma de conciencia prosigue incansablemente hasta nuestros días.

En un artículo de 1999, en la revista sanmarquina Alma Máter, el historiador Teodoro Hampe realiza in extenso una recopilación de las secuelas del peruanismo, como se afirma, “en su dimensión internacional y multidisciplinaria”. Con la migración de la comunidad peruana al exterior, así como por una necesidad de diferenciación respecto a otras agendas latinoamericanas —sin, por supuesto, ser excluyente con otras líneas de trabajo—, es posible hablar de peruanismo en el siglo XXI. La Asociación Internacional de Peruanistas (AIP), constituida en Estados Unidos en 1995, sirve a este propósito.

La idea de estos encuentros académicos no sólo radica en el intercambio, común a este tipo de simposios, sino en resaltar el carácter de mirada “de afuera hacia adentro” a los problemas y desafíos del Perú. Esto se cumplió notablemente en las reuniones de Cambridge (Estados Unidos, 1999), Sevilla (España, 2004) y Nagoya (Japón, 2005). Una memoria amplia de la primera y segunda reunión se puede encontrar en la página de la AIP. Sobre este último encuentro, el poeta y crítico literario José Antonio Mazzotti, fundador y presidente de la AIP, publicó en el suplemento identidades del diario El Peruano una crónica al respecto, que bien puede servir de antecedente para la reunión de abril de 2007, en Santiago de Chile.

Es la primera vez que una reunión de peruanistas contemporáneos se realiza en suelo latinoamericano, y la elección no podía ser más estimulante. Con el país sureño compartimos, lamentablemente, además de la ominosa Guerra del Pacífico, una secuela común de desencuentros, agravios y enconos mutuos; pero a la vez de esfuerzos por tender puentes en ambos lados de estas fronteras mentales. En nuestros días, esa carga histórica, para bien o para mal, está más presente que nunca, dado el debate sobre la soberanía peruana en la zona marítima que corresponde al límite entre ambos países. No obstante las desavenencias, nuestros actores culturales han ido a contracorriente de la política y el denominado “sentido común”. El premio de poesía Pablo Neruda al poeta peruano Carlos Germán Belli, entregado por la propia presidenta chilena, Michele Bachelet; la participación peruana del Perú en la Feria del Libro de Santiago 2006 —a la que acudieron dos miembros de esta revista virtual, Francisco Ángeles y Francisco Izquierdo—; el anuncio de devolución por parte de Chile de los libros tomados como botín de guerra a la Biblioteca Nacional del Perú; y el encuentro poético Chile Poesía —con un recital a bordo del monitor Huáscar que desató toda una polémica — fueron, en cierto modo, los antecedentes más próximos a la realización del Cuarto Congreso Internacional de Peruanistas en el extranjero.

La reunión se realizó del 25 al 27 de abril en el centro cultural Estación Mapocho, antigua estación de trenes que funge ahora como importante punto de encuentro cultural en Santiago. Tres salas del edificio fueron habilitadas para albergar las ponencias y conferencias magistrales de los peruanistas. En la ceremonia inaugural participaron, además de la ministra de Cultura chilena, Paulina Urrutia; el embajador del Perú en Chile, Hugo Otero; el antropólogo Luis Millones; y distintas personalidades académicas de ambos países.

Encuentro con Reynoso

Quien suscribe estas líneas participó en una de las primeras mesas del congreso, dedicado a la literatura del narrador Oswaldo Reynoso. Fue una mesa interesante por las personalidades que se daban cita en la mesa. Citaremos a nuestro presentador, José Falconí, doctorando peruano de la Universidad de Harvard, poeta y experto curador de arte. Oswaldo Reynoso, como se sabe, es un incansable escritor peruano de mil y una lides. Y finalmente, el narrador chileno Pedro Lemebel, quien a pesar de su tardanza entregó una curiosa crónica sobre su paso por Lima y la grata compañía que recibió de uno de los chicos que deambulan por la plaza San Martín: quizás un avatar de Cara de Ángel, personaje de Los inocentes de Reynoso.

Fue una mesa de intercambio de anécdotas y recuerdos personales; sin embargo, terminó siendo una de las más comentadas por la prensa chilena (1). Tras señalar algunos rasgos generales de la narrativa del autor de En octubre no hay milagros y El goce de la piel —donde se puede intuir el nuevo giro que le está dando a su narrativa, una sintaxis más fragmentada a manera de videoclip—, el autor de esta nota recordó las declaraciones que Jack Martínez, editor de esta revista, recogió de Reynoso cuando tuvo que suplantar a los encargados del pabellón peruano en la presentación de la Feria del Libro de Bogotá (2004). Pero también recordamos su muy comentada participación de la mesa de narradores peruanos en la Feria del Libro de Guadalajara (2005), al sostener su opción política y sexual como un gesto libertario. Un par de pinceladas para describir la intensa relación que vive Reynoso con la literatura.

El veterano escritor, a su vez, correspondió los gestos de la mesa haciendo hincapié en lo que sabe hacer mejor: dar a conocer su talento narrativo. Por ello brindó un adelanto de su próxima novela. La visita que efectuó Reynoso a la Feria del Libro santiaguino motivó un encuentro con un viejo camarada y colega en el afamado Rincón de los Canallas, restaurante de reminiscencias allendistas y guevaristas. Ese recuerdo, a la manera proustiana, nos devuelve en el tiempo a los años en que el narrador fue docente de la Universidad San Cristóbal de Huamanga, cuando esta casa de estudios, en la década de 1960, convocó a numerosos profesores de todo el país e inició un proceso de apertura en la sociedad huamanguina. Fueron años de continuo enfrentamiento con el oscurantismo religioso imperante en Ayacucho (2).
                                                                                  
En suma, fue una mesa bastante redonda, donde no faltó el humor, transmitido por la atípica personalidad de Pedro Lemebel, y las pertinentes observaciones de Falconí. Pero sobre todo, por tratarse de Reynoso, un narrador emblemático peruano que, por esas cosas editoriales (recordemos que en más de una ocasión ha dicho que se “autopiratea”), no posee la difusión que merece ni menos aún la atención concienzuda de la crítica. Sin embargo, haberlo traído a Santiago de Chile para un encuentro académico puede resultar a todas luces productivo, sobre todo si es posible concretar la edición local del algún libro. Sin duda, Oswaldo Reynoso, por sus méritos narrativos, merece mayor reconocimiento del pùblico, la crítica y la actividad editorial; y eso lo sostuvimos durante nuestra participación en este congreso peruanista.
               
Días de Santiago

El primer día en Chile fue muy peculiar. En la mañana del martes 24, con el reconocido pintor Enrique Polanco y su esposa Yani recorrimos las calles del centro de Santiago. Grande fue nuestra sorpresa al ubicar distintos restaurantes y puestos de comida peruanos en este peculiar perímetro, conformado por las avenidas Bernardo O’Higgins, San Antonio, Parque de los Reyes y San Martín. Incluso en un mercado a pocas cuadras del centro cultural Mapocho, un compatriota nos ubicó por el logo de una marca peruana. Para sorpresa nuestra, almorzamos en un restaurante de comida peruana a pocos metros de la Plaza de Armas y la Catedral, en el que había banderas peruanas y chilenas cruzadas, así como televisores con conciertos de Eva Ayllón y otros cantantes criollos.

En efecto, Santiago está repleto de peruanos. Por lo general, el prototipo corresponde al peruano emprendedor, que comienza con una pequeña o microempresa, y que luego va expandiendo el negocio. Ese es el caso de los restaurantes, en particular de Marcos Barandiarán, un exitoso chiclayano dueño de una de las más famosas cadenas de comida peruana en esta ciudad, al punto de haber sido reconocido como Ciudadano Peruano Residente Honorable en 2002.

Recorrer los restaurantes de Barandiarán, a manera de visita guiada, implica también visitar algunos de los barrios más pudientes de Santiago. En cierto modo, la ubicación de estos locales va de la mano con la imagen que los mismos chilenos proyectan de sí mismos: un país más cercano, en su globalización, al primer mundo que a la cruda realidad latinoamericana. Sin embargo, esa misma imagen, que muchos peruanos consideran digna de imitar sin dudas ni murmuraciones, no cae en la cuenta de las penurias que atraviesan muchos chilenos que no cuentan con carta cabal de ciudadanía. Por ejemplo, los mapuches que luchan contra las aserradoras, las cuales depredan el medio ambiente. Lamentablemente, estas personas deben apelar a la violencia para ser escuchadas: han ocurrido casos de toma de empresas y amenazas al personal.

Otro problema de otro cariz, que más tiene que ver con la cotidianidad santiaguina, es el servicio de metro, el Transantiago, que muchos dolores de cabeza le ha ocasionado y le sigue ocasionando a la administración Bachelet. Muchas veces, en las tardes, los accesos al metro son cerrados y es necesario tomar “buses clones”, que se desplazan por las mismas rutas que el metro. Este sólo es un paliativo, pero no soluciona el problema del tráfico. Debido a estos retrasos, muchas veces las estaciones se sobrecargan de transeúntes, quienes se encuentran atosigados por el horario, el mal servicio y los carteristas. Los medios chilenos dedican buena cantidad de páginas a las consecuencias que puede implicar los malos manejos en esta concesión, que ya le han costado dos ministros al actual gobierno, e incluso el futuro político de la Concertación.

(En un recorrido por Paseo Ahumada, a la salida del Transantiago, nos llamó la atención un titular a todo lo ancho de El Mercurio, que en la portada daba cuenta de las preferencias electorales de los chilenos, a sabiendas de que aún faltan varios años para que concluya la administración actual. La mayoría de dichas preferencias se inclinaba por el candidato de la derecha.)

Compartir saberes

En rasgos generales, las mesas del Cuarto Congreso de Peruanistas en Chile estuvieron bien organizadas. Se abordó, con criterio amplio, numerosas aristas del campo peruanista contemporáneo en vinculación con los estudios andinos y poscoloniales, los aportes a la historiografía peruana, los temas de género en la creación literaria y la problemática de la migración.

Los fuegos se iniciaron con los vínculos transculturales entre el Viejo y el Nuevo Mundo: las crónicas toledanas. El puente cultural tendido entre ambos continentes en el siglo XVI tuvo en Cristóbal de Molina (1495-1578) a la figura que encarna el reconocimiento del otro, en este caso, la cultura andina vencida, sobre todo en las crónicas Relación de la conquista y población del Perú y Fábulas y ritos de los incas (Molina, dicho sea de paso, estaba fascinado con el conocimiento curativo incaico). Paloma Jiménez del Campo, Esperanza López y Evangelina Soltero —las tres especialistas de la Universidad Complutense de Madrid— se explayaron en las aproximaciones a esta crónica que aún tiene mucho por revelar.

Uno de los ejes más interesantes del congreso consistió en para plantear miradas comparadas entre los casos peruano y chileno a lo largo de su historia, desde los años en que se escribían las crónicas. Ejemplo: la más que interesante mesa sobre La Araucana de Alonso de Ercilla y los Comentarios reales de Garcilaso. En ambos casos, se trató el tema de la fuente, en el que Leonardo León, de la Universidad de Chile, dio a conocer la hipótesis de que Ercilla escribió este poema en homenaje a la misteriosa mujer indígena que le salvó la vida al interceder por él ante García Hurtado de Mendoza. Una hipótesis sugestiva por la cantidad de documentación reunida sobre el incidente y osada para los presupuestos de la crítica literaria chilena.

Uno de los siglos poco tratados en la historiografía peruana es el XVIII, que sin embargo resulta fundamental para entender los procesos en los cuales se inscriben la conciencia criolla y mestiza, así como las primeras inquietudes reformistas y, posteriormente, independentistas. El Congreso de Peruanistas se ha dedicado a brindar más luces al respecto en la mesa redonda presidida por el crítico chileno Nelson Osorio, en la que se discutió la influencia de la Ilustración en el área andina, desde las reformas borbónicas hasta la difusión de las nuevas ideas emprendida por el Mercurio Peruano, por ejemplo, aspecto que trató en su intervención Catherine Poupeney-Hart, de la Universidad de Montreal.

En relación con este siglo, hubo otra mesa sobre los lazos entre comunidades indígenas y la corrupción del poder colonial. Por ejemplo, Elías Toledo Espinoza (Municipalidad de Santa Eulalia, Huarochirí) trató sobre la muy poca conocida sublevación de Felipe Velasco Túpac Inca Yupanqui en Huarochirí. A su vez, Julissa Gutiérrez (Universidad de Piura) discutió sobre el uso del puerto de Paita como puerta de entrada al contrabando y de sus efectos en la economía mercantilista de la Colonia. El chileno Nelson Castro (Universidad de Valparaíso) escudriñó las políticas de castellanización de las poblaciones indígenas de la audiencia de Charcas durante la segunda mitad del siglo XVIII.

Un acápite también pendiente, que sigue atrayendo a numerosos estudiosos, es la manera en que se inscriben los imaginarios sobre una comunidad o un país a través del testimonio que proporciona un recorrido o un viaje. En ese sentido, la mesa sobre intercambios, viajeros e imaginarios en el siglo XIX establece un contrapunto entre las miradas local y foránea. Martín Motta García (Universidad Nacional Federico Villarreal) formuló un recuento sobre las tradiciones de Lima vistas por viajeros y cronistas. Marco Chandía (Universidad de Chile) trató la construcción de lo espacios imaginarios urbanos y porteños en las respectivas trayectorias de Valparaíso y el Callao. Finalmente, Alejandro Reyes Flores (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) trató un siglo en la vida (1820-1920) de los Barrios Altos, emblemático barrio del Centro de Lima. 

Otro tema sobre la relación entre Chile y el Perú recae en las “ramificaciones de la Guerra de la Pacífico”, como se llamó a la mesa que reunió a los historiadores de ambos lados. Estos encuentros resultan fructíferos, porque posibilitan las miradas mutuas y no el diálogo de sordos. En realidad, sorprendió por su dedicación la ponencia dedicada a describir “el botín de guerra chileno”: el uso simbólico de la Biblioteca de Lima en manos del ejército sureño; así como la configuración del cautiverio de esos libros (cautiverio que, dicho sea de paso, se asemeja a la situación que pasó Tacna). Esta ponencia estuvo a cargo de los investigadores chilenos Marjorie Mardones y Alejandro Oyarce.

Ya entrado el siglo XX, se ha preferido incidir en los cambios del campo cultural peruano desde las décadas de 1950 hasta nuestros días, en particular por la recombinación de imaginarios sociales y culturales a raíz de la migración del campo a la ciudad; y porque desde 1980 en adelante se ha producido una segunda oleada migratoria, pero esta vez fuera del Perú.

En esa medida, tratar aspectos como las oleadas migratorias, la violencia política, la gastronomía, la impronta de la literatura escrita por las mujeres en el campo cultural y el debate sobre la narrativa y la poesía peruana contemporáneas sigue marcando el pulso de las reflexiones de numerosos expertos y estudiosos. El congreso no fue ajeno a estas discusiones. Las aproximaciones creativas, de algún modo u otro, contribuyen a esclarecer posiciones y alimentar opciones.

Como ejemplo, varios paneles fueron dedicados a tratar la compleja red de entramados que subyace a la migración peruana: por qué y para qué migran los peruanos, qué buscan con migrar, a qué tipo de sociedad se adaptan, qué nuevos imaginarios vienen configurando los hijos de los migrantes, los vínculos entre Estado y migración.

A una de esas cuestiones, la de los hijos de los migrantes en bordes culturales, se le añaden distintas inquietudes. Ello quedó demostrado con el panel Nuevas narrativas para fronteras en expansión, en el que tres docentes de la Universidad Alberto Hurtado analizaban los casos de  Daniel Alarcón, Rubén Millones y Santiago Roncagliolo, que despertaron cierta polémica entre los asistentes. Oswaldo Reynoso criticó la aparente permisividad con que se representa al Perú y el pasado reciente en la nueva narrativa; y que a veces los narradores descuidan el nivel de trabajo con el lenguaje.

En cuanto a la reflexión sobre la crítica, otra mesa muy comentada se dio en torno a la figura del crítico literario peruano Antonio Cornejo Polar. En realidad, se trató de un debate (viejo) sobre las conveniencias y las inconveniencias de pertenecer a la Academia norteamericana. Si bien es cierto que permanecer en el país natal a seguir estudiando sería lo ideal (ya que nuestro objeto de estudio sigue siendo el hábitat natural, en este caso, el Perú); no menos cierto es pensar que resulta limitante no acercarse a los estándares que plantean las universidades del extranjero. Mucha de la crisis de las universidades en los años reciente se debe a ese provincianismo que hace gala de aislamiento burocrática entre los unos y los otros, mientras cada vez más peruanos comienzan a engrosar los staff universitarios del mundo. En esa dinámica o, mejor dicho, tensión entre lo local y lo foráneo se instauran los numerosos y valiosos aportes de Antonio Cornejo Polar para interpretar la movediza y siempre sutil realidad latinoamericana.

Algunas instantáneas: la presentación de los poetas peruanos, que abarcaron numerosas promociones líricas, en la casona de la Universidad de Chile, en el centro de Santiago. Asimismo, la noticia de la muerte de José Watanabe se propagò mientras nos informábamos de la actualidad en el coffee break del congreso, en la mañana del 25 de abril. La conferencia del presidente de la Academia Peruana de la Lengua, Marco Martos, sobre la poesía de Carlos Germán Belli; sólo faltaba que el poeta estuviera presente. El muy bien logrado DVD acerca de la obra del pintor Enrique Polanco, uno de los máximos representantes de la plástica peruana en los últimos años, en una de las mesas finales del congreso, con testimonio de otro notable: el poeta Róger Santiváñez. Pero, sobre todo, resalta la camaradería que se encontraba a cada instante entre los participantes.

Algunas conclusiones y alusiones

La globalización en la que vivimos inversos nos obliga, una y otra vez, a participar en la gestión del capital simbólico que traemos consigo, en este caso, las numerosas manifestaciones de lo peruano. El Perú es un país que mueve bien su imagen ante el resto del mundo, pero podría ser mejor de lo que es, siempre y cuando podamos administrar adecuadamente conocimiento y el ya mencionado capital simbólico.

Pues bien, este congreso de peruanistas sirve para identificar distintas líneas de acción en cuanto al campo simbólico se refiere. La idea es trazar cartografías, mapas del pensamiento sobre el Perú cuya riqueza se encuentren no sólo en no haberse planteado con anterioridad, sino en penetrar en zonas que la mirada interpretativa no conoce (por ignorancia) o desprecia (por arrogancia o porque no le conviene).

En ese sentido, el congreso de peruanistas cumple un fin sumamente valioso: coloca al Perú sobre el tapete, no de lo meramente comercial, sino en la construcción de un lugar que cautive al mundo y también a los propios peruanos, que tanto tienen por aprender de su propio país, sobre todo en el campo cultural. Cuánta literatura o cultura ha estado presente, ha pasado ante nuestros ojos y no se manifiesta.

Por ello, estos encuentros deben convocar las mayores voluntades y esfuerzos posibles. No sólo de público y publicidad, sino que estos encuentros bien pueden convertirse en plataforma para discusiones mayores, de alcance tanto retrospectivo como presente. La idea es alentar ese futuro, ejemplificado por Luis Millones en la conferencia final como una respuesta a la muerte de los niños en el mundo andino.

Walter Benjamin solía decir que el ángel de la historia avanza hacia el futuro pero mirando hacia el pasado. Este Cuarto Congreso Internacional de Peruanistas mira en numerosas direcciones, diseminando en todas sus direcciones un hecho fundamental: su profunda preocupación por el Perú, su gente y sus enormes posibilidades de desarrollo.

Coda

Quisiera agradecer con estas líneas la enorme generosidad y predisposición de dos personas: José Vadillo Vila, periodista del diario El Peruano, por sus buenos oficios. Y, sobre todo, a Elvis Tuesta y su familia, quienes tuvieron la enorme gentileza de acogerme en las instalaciones de su hogar y me atendieron como si fuera un miembro más de la misma. A ambos mi agradecimiento permanente porque con su ayuda pudimos acudir al centro cultural Mapocho y, en especial, sobrellevar el otoñal frío chileno. El próximo congreso peruanista será en Ottawa (Canadá). Ojalá nos veamos ahí.
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(1) Otra reseña sobre el acto también puede encontrarse en el periódico Las Últimas Noticias)

(2) Mientras aguardamos la publicación de esta novela, denominada tentativamente Huamanga, Huamanga, se pueden hallar mayores datos sobre el contexto ayacuchano de aquellos años, la reacción católica y la posterior insurgencia senderista en el artículo “Ayacucho, entre la hoz y la cruz”, del escritor Rodrigo Núñez Carvallo. En la revista Umbral Nº 17 (2006), especial dedicado a la Amazonía.

1 - Anexo

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